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Full text of "Bosquejo histórico de la República O. del Uruguay"

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BOSQUEJO 
HISTÓRICO DE 
LA REPÚBLICA 
0[R I ENTAL] DEL 
URUGUAY 

Francisco A. Berra 



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THE LATIN AMERICAN COLLECTION 

of 

THE LIBRARY 
THE UNIVERSITY OF TEXAS AT AUSTIN 




THE SIMON LUCUIX 
RIO DE LA PLATA LIBRARY 

Purchased 
1963 

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2721 

CATIN AMERICAN COLLECTION 




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2721 

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AUTHOR AND TITLE 

Berra, 

Bosquejo histórico de la 
República # 0. del Uruguay, 



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RETURN BOOKTO LA 

CARE IN TRIM: FOLD. MATTER 
STUB FOR: T.-P. AND I. 

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LIBROS USADOS, REENCUADERNADOS 
= Y DESINFECTADOS ===== 



BERRA F.A. 

Bos q u e j s historict 

"La Bolsa de los Libros" 

8ARANDI. 441 MONTEVIDEO 



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Dr. F. A.. BERRA 



TERCERA EDICION 



COMPLETAMENTE RENOVADA Y COUREJ1DA 



MONTEVIDEO 
LIBRERIA ARGENTINA DE FRANCISCO 1BARRA — EDITOR 

84 — CALLE CÁMARAS — 81 ) 

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LA TERCERA EDICIO^ 



Agotada la segunda edición del Bosquejo histórico que es- 
cribí cuando aún no había yo cumplido dos decenios de edad, 
y habiéndose propuesto su duefio, el Sr. Ibarra, dar á luz una 
tercera Uin mejorada como le fuera posible, fui invitado por él 
á hacer las correcciones ó ampliaciones que me parecieran 
convenientes. 

La obrita era defectuosa: á las imperfecciones de la forma 
se agregaban deficiencias y errores de consideración. 

Por otra parte, los estudios históricos, que hasta ahora han 
tenido pocos aficionados en este país, empiezan á despertar 
vivo interés, que se manifiesta en el afán, y hasta en la pasión, 
ron que se discuten personas como Artigas y hechos como la 
revolución de los Treintaitres. Y es notorio que la falta de da- 
tos completos, y sobre todo ciertos, ha tenido mucha parte en 
el extravío que han sufrido algunas veces las opiniones com- 
prometidas en la controversia. / 

Si, pues, había de adaptarse el Bosquejo á las necesidades 
actuales, era menester, nó solo correjirlo en la parto narrativa 
y rectificarlo en la critica, sino también aumentarlo mucho, á 
fin de que pudieran hallaren él, quienes lo consultasen, la no- 
ción más completa posible de todos los períodos ó aconteci- 
mientos notables do la historia nacional. 

Se comprenderá sin esfuerzo que no podría llevarse ú cabo 
tal empresa con un trabajo de meras correcciones y ampliacio- 
nes, sino que era indispensable concebir y realizar una obra 
completamente nueva, recurriendo á las fuentes, estudiando 
sus datos y organizándolos de modo que resultara una obra 
verídica, proporcionada en sus partes y sin soluciones de con- 
tinuidad. 

No es esta tarea de las más fáciles: lo saben los aficionados 
ú investigaciones históricas. Mucho auxilian los justamente 
reputados trabajos del general Mitre, del doctor López, del 



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VI 



señor Domínguez y algunos otros; pero los más de esos estu- 
dios apenas pasan del año XX; y, teniendo por principal ob- 
jeto la República-argentina, no se han dedicado á los sucesos 
orientales sino en cuanto concurren al desarrollo de los acon- 
tecimientos que tuvieron su desenlace al otro lado del Plata. 
Había que completar la historia oriental de las invasiones in- 
glesas y de todo el tiempo en que figuró Artigas; y, principal- 
mente, había que componer la historia de la dominación por- 
tuguesa-brasileña y de todo esc tiempo que corrió desde la in- 
vasión de los Treintaitres hasta la jura de la constitución en 
1830, consultando las noticias que parcial ó incidentalmente 
dan las obras que entre nosotros circulan, las monografías, y 
los documentos impresos y manuscritos que á fuerza de per- 
severante voluntad hé podido reunir, ya que tan poco ofrecen 
los archivos públicos. 

No me hago la ilusión de que presento á los lectores una 
obra del todo correcta, porque estoy persuadido de que será 
necesario el concurso de otros esfuerzos, ajenos ó míos, para 
triunfar completamente de las serias dificultades con que he 
luchado al buscar noticias que no se tenían y al querer desen- 
trañar la verdad de documentos oscuros ó contradictorios; pe- 
ro si puedo asegurar que, dado el poco tiempo de que dispon- 
go, no he omitido trabajo, celo, ni sinceridad de propósitos 
por presentar un cuadro fiel y completo, aunque abreviado, de 
la historia de esta República hasta el día en que quedó cons- 
tituida. 

Narro los hechos como los conozco; y formo los juicios con 
arreglo á los hechos. No me he preocupado de halagar, ni de 
mortificar sentimientos; sólo he tratado de ser fiel á la verdad 
y de someterme escrupulosamente á las reglas de la moral y 
de la justicia. Si he conseguido que la obra refleje estas dispo- 
siciones de mi ánimo, quedan satisfechas mis aspiraciones. 

Montevideo, Agosto de 1881. 

F. A. Berra. 



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BOSQUEJO HISTORICO 

DE LA 

REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 



LIBRO PRIMERO 

LA DOMINACION ESPAÑOLA 



CAPÍTULO I 

LA CONQUISTA ESPAÑOLA 
I — Descubrimiento del territorio oriental 

Aunque parece cierto que algunos europeos ha- 
bían llegado ya al continente de América, la Euro- 
pa ignoraba su existencia cuando lo descubrió á • 
fines del siglo XV el genov'és Cristóbal Colon, es- 
i tando al servicio de los reyes de España. 

Los descubridores dieron noticia, cuando regre- 
saron á la península, de las poblaciones indígenas 
que hallaron, y de las cosas que vieron, haciendo 
concebir la esperanza de hallar fácilmente grandes 
riquezas. Se despertó así la ambición de los mo- 

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8 BOSQUEJO HISTÓRICO 1516 

narcas y de los particulares, á cuyo impulso se 
emprendieron expediciones de descubrimiento y 
de conquista. 

Una de ellas es la que partió en 1515 del puerto 
de Lepe, bajo el mando de Juan Diaz de Solis. Se 
dirijió este navegante hacia el Sud del Nuevo-mun- 
do, siguiendo el curso de las costas orientales, y 
llegó á principios de 1516 a la desembocadura del 
rio de la Plata, al que llamó Mar dulce. 

Queriendo tomar posesión de estas tierras á 
nombre de su rey, según entonces se usaba, des- 
embarcó con algunos individuos en la orilla izquier- 
da del rio, antes de la confluencia del Uruguay 
y del Paran a r según se cree, si bien no hay no- 
ticia cierta de este lugar. Las cercanías, como toda 
la margen que se extiende hasta el cabo de Santa 
María, estaban pobladas, en una zona de vein- 
te ó más leguas de ancho, por tribus indígenas, 
salvajes, bravas, denominadas charrúas. Solis se 
encontró con ellas al desembarcar, y fué acometido 
y muerto con algunos de sus compañeros. Han di- 
cho algunos que fué devorado en seguida; pero es- 
critores de mucha autoridad sostienen que los po- 
bladores de la parte oriental del gran río no eran 
antropófagos, por cuya razón niegan aquel hecho. 
Los que salvaron volvieron á España con la noti- 
cia de lo ocurrido. 

Poco después llegó á estos parajes el navegante 
portugués Magallanes, quien puso al Cerro de 
Montevideo este nombre, ó el de Monte-vidl. 

II — Trabajos de Gaboto 

Tras el descubrimiento vino la exploración. Si- 
guiendo los españoles su plan, realizado ya en 
otras partes, enviaron á Sebastian Gaboto con el 
encargo de que tomara posesión de estas regiones 
y las gobernase con el título de Capitán General. 



ál538 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 9 

Llegó hasta el Uruguay v ordenó áJuan Alvarez 
Ramón que lo explorase. Remontó éste el rio hasta 
mas allá de San Salvador, en donde Gaboto habia 
construido un fuerte, y volvía de su expedición 
cuando lo sorprendieron los indígenas y le dieron 
muerte. 

Gaboto se dirijió personalmente al Paraná; lle- 
gó hasta el rio Tercero, fundó en su desemboca- 
dura un fuerte, á que se denominó Sancti-spiritus, 
y continuó su viaje hasta el rio Vermejo, cuya 
exploración hizo practicar. Se dice que aquí reci- 
bió de los indígenas varias piezas de plata, y que 
estas donaciones produjeron tal efecto en el ánimo 
del descubridor, y después en el de los monarcas, 
que dieron motivo á que se llamara rio de la Plata 
al descubierto por Solis. 

III — Trabajos <lc Mendoza 

Sucedió á Gaboto don Pedro de Mendoza, quien 
llegó al rio de la Plata con 2650 hombres de tropa 
en 1535, é inició los trabajos de la conquista fun- 
dando en la márgen derecha la ciudad ele Buenos- 
aires, dispuesto, según parece, á establecer en 
ella el asiento del gobierno que había de ejercer 
con el título de adelantado. Pero no pudo lo- 
grar su fin. Aquellas tierras estaban habitadas 
por indios en estado salvaje, enemigos de do- 
minaciones extrañas y bravos. Desde que los 
españoles se establecieron, fueron vivamente hos- 
tilizados por los naturales del país; de tal modo, 
que no pudieron permanecer á pesar de la fuerza 
relativamente grande que tenían á su disposición, 
y abandonaron la colonia, trasladándose a Sancti 
spiritus. 

Mendoza, desengañado, volvió á España dejan- 
do encargado del gobierno á don Juan de Ayolas, 
que fué muerto por los indígenas poco después de 



10 BOSQUEJO HISTÓRICO 1538 

haber fundado la Asunción del Paraguay, desti- 
nada desde entonces á la residencia de las auto- 
ridades principales del rio de la Plata. 

IV — Elección y trabajos de Irala 

Los conquistadores de estas regiones tenían el 
derecho de elegir sus gobernantes, particularmente 
cuando el poder quedaba acéfalo por un aconteci- 
miento imprevisto, y con calidad de interino. Los 
colonos de la Asunción usaron ese derecho nom- 
brando á don Domingo Martínez de Irala, después 
de muerto Ayolas, para que ejerciera las funciones 
de éste mientras el Rey no proveía al adelantazgo. 
Irala, que ya se había hecho conocer ventajosa- 
mente, organizó por primera vez en estas regiones 
la administración municipal, fundó una iglesia y 
varios otros edificios públicos, señaló los límites 
de la Asunción, y se esmeró por establecer víncu- 
los de amistad y cariño entre sus compatriotas y 
los naturales, influyendo porque se casaran aque- 
llos con las hijas de éstos. Ademas enseñó agri- 
cultura y varios oficios á los indios, con lo que los 
hizo aptos para vivir con dignidad é independencia. 

V — Administración de Cabeza de Vaca 

Estaba comprometido en estos trabajos, cuando 
vino á interrumpirle el segundo adelantado don 
Alvar Nuñez Cabeza de Vaca. 

Cabeza de Vaca se ocupó en los primeros tiem- 
pos en someter las tribus indígenas, empleando 
tan pronto medidas enérgicas como actos de gene- 
rosidad; de modo que llegó á ser respetado por los 
indios en consideración á su poder y á sus senti- 
mientos. Habíale jireocupado, desde que solicitó 
el adelantazgo, el problema de abrir comunicacio- 
nes terrestres entre la Asunción y el Perú. Esta- 
blecida su autoridad en la colonia de la Asunción, 



¿ 1544 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 11 

se propuso poner en práctica sus proyectos. Mandó 
á Irala para que explorase una parte del trayecto, 
como medida previa; y siendo favorables los infor- 
mes que éste le trajo después de algunos meses de 
expedición, se puso el mismo en camino, dejando 
a írala encargado del gobierno interinamente. To- 
dos los esfuerzos que se hicieron no bastaron para 
vencer las dificultades que opusieron la naturaleza 
del terreno y Ja estación lluviosa en que se inició 
la empresa; por manera que tuvo que regresar el 
adelantado sin conseguir su objeto. 

VI — Desórdenes — Nuevos trabajos de Irala 

Este fracaso disgustó á los oficiales que esta- 
ban á su servicio, porque lo atribuyeron á incon- 
veniencia de las medidas tomadas para realizar 
la comunicación . Quejábanse además muchas 
personas de su administración, juzgándola ménos 
acertada que la de Irala. Los descontentos se amo- 
tinaron aprovechando la ausencia de este capi- 
tán, depusieron y engrillaron á Cabeza de Vaca, 
y lo mandaron preso á España, de donde no vol- 
vió , aunque fué absuelto después de mucho 
tiempo por las autoridades que tenían á su cargo 
los asuntos de la América, ó, como entonces se 
decía, de las Indias. 

Los españoles de la Asunción pensaron desde 
luego en suplir la autoridad del adelantado y 
nombraron, para que ejerciera el gobierno, á Ira- 
la. Se dice que este aceptó el nombramiento con- 
tra su voluntad, aunque no faltan quienes lo su- 
ponen el instigador oculto de los hechos ocurri- 
dos, con el ánimo de suplantar al adelantado. 

Sea de esto lo que fuere, el hecho es que asu- 
mió el mando supremo. La anarquía influyó con 
su mal ejemplo en las tribus indígenas; algunas 
se sublevaron, é Irala se vió en la necesidad de 



12 BOSQUEJO HISTÓRICO 1544 

reprimir el desorden, para lo cual empleó medios 
tan severos como blandos eran los que usaba el 
segundo adelantado. Esta conducta le atrajo la 
adhesión entusiasta de sus compatriotas, más 
inclinados á la crueldad que á los miramientos 
humanitarios. Afianzada así su autoridad, pensó 
en llevar á cabo los proyectos de Cabeza de Vaca. 
Los españoles de la colonia se ofrecieron á acom- 
pañarle, persuadidos de que llegarían á su fin con 
tan distinguido jefe, y de que aumentarían su for- 
tuna con los metales y cosas preciosas que ha- 
llaran en los dominios del Perú. Se emprendió la 
expedición y llegó esta á su destino; pero, mal 
recibida por las autoridades, tuvo que regresar 
sin otras ventajas que la de algunas ovejas y gran 
número de indios que tomaron en el tránsito. 

La ausencia de Irala fué funesta para la colonia 
de la Asunción: se suscitaron rivalidades entre 
algunos oficiales que quedaron, estalló la guerra 
civil, y la anarquía llegó á dominar por todas par- 
tes. Cuando volvió Irala, había desaparecido su 
sustituto, y otros habíanse apoderado de la direc- 
ción de los negocios públicos. El Gobernador 
castigó con el suplicio á los culpables, tranquili- 
zó al pueblo y se dedicó en seguida á formar al- 
deas, en las cuales repartió los indígenas, ponién- 
dolos al servicio de las familias españolas, bajo el 
gobierno inmediato de alcaldes y la inspección de 
oficiales españoles. A estas comunidades, cuida- 
dosamente reglamentadas, que constituían un 
sistema de servidumbre en beneficio de los con- 
quistadores, se les llamó encomiendas. Irala las 
extendió hasta la Guairá, ocupada por los tupis, 
al Nordeste del territorio del Paraguay. 

Este hombre, cuyos méritos deben recordarse, 
falleció á los 70 años de edad, en 1557, y fué sen- 
tido por españoles y americanos. 



i 1569 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 13 
VII — Mas desórdenes— Gobierno de Vergara 

Dejó Traía ocupando su puesto á uno de sus 
yernos, que falleció al poco tiempo. Los conquis- 
tadores eligieron entonces (1558) para gobernador 
á otro yerno, que lo era D. Francisco Ortiz de Ver- 
gara. Gobernó éste en paz durante un año, más 
tuvo que sofocar en los dos siguientes la subleva- 
ción de los indios del Paraguay y de la provincia 
de Guairá, que estaban descontentos del trato que 
recibían de las personas á quienes habían sido 
encomendados por la fuerza. Se restableció el so- 
siego en las encomiendas, pero no tardó en inte- 
rrumpirse en la Asunción, en donde las pasiones 
tenían constantemente desasosegados á los que 
veían en el poder la fuente de su bienestar. Ver- 
gara se resolvió á marchar á la capital del Perú, 
con el designio de que el Virey lo confirmase en 
la gobernación, cuyo puesto temió perder por su- 
cesos desagradables, aunque de carácter privado, 
que ocurrieron entre personas de su familia. Su- 
ponen unos que esta determinación fue expontá- 
nea, y otros que fué sugerida por un tal Chaves, 
de acuerdo con Cáceres, con el propósito de pren- 
derle en el camino y arrebatarle el poder. Parece 
más verosímil esta última versión, porque es lo 
cierto que, habiéndole acompañado Chaves en el 
viaje, se sublevó en el camino con las fuerzas que 
mandaba y arrestó á Vergara, mientras Cáceres 
y otros le acusaron de mal gobierno, consiguiendo 
que se le despojase de la autoridad que había ejer- 
cido. 

VIII — Gobierno de Cáceres y de Ortiz de Zárate 

El virey del Perú nombró para reemplazar á 
Vergara, y en calidad de adelantado, á su oficial 
D. Juan Ortiz de Zárate, á condición de que había 



14 BOSQUEJO HISTÓRICO 15G9 

de solicitar de la Corona la confirmación del nom- 
bramiento. Así lo hizo y lo obtuvo, yendo perso- 
nalmente á la Corte, en cuyo ínterin gobernó Cá- 
ceres por disposición del virey del Perú. Sean 
cuales se quiera las condiciones de la adminis- 
tración de Vergara, el hecho es que ejercía legal- 
mente la autoridad y que fué depuesto por un 
motin militar encabezado por traidores, que mere- 
cían ser tratados con todo el rigor de la ley, y que 
sin embargo, fueron premiados con el alto puesto 
que su víctima ocupaba. El precedente que así 
quedaba establecido no podía ser peor: fomentaba 
la insubordinación en las tropas y acostumbraba 
al pueblo á confundir una sublevación de cuartel 
con una revolución popular, una manifestación 
arbitraria de la fuerza con el ejercicio prudente del 
derecho. Por actos como este, repetidos con de- 
masiada frecuencia, empezaron las poblaciones 
del Plata á educarse en esa vida profundamente 
anarquizada de la cual no podemos aun emanci- 
parnos. Una parte de los habitantes de la Asun- 
ción se declaró adversa á Cáceres, y le hizo la opo- 
sición con tenacidad tal, que todo el tiempo de esta 
administración fué una série de desórdenes. Al 
fin, á los tres años, fué Cáceres acometido en la 
Iglesia, arrestado y remitido más tarde á España 
como reo de Estado. 

Zárate obtuvo entre tanto la ratificación del 
nombramiento de adelantado, se comprometió á 
importar en sus dominios «cantidad de ganado 
vacuno, lanar, caballar y cabrío de los que poseía 
en su propiedad del Perú, á extender las conquis- 
■ tas, á fundar poblaciones y encomiendas 'de indios, 
en cambio del adelentazgo para sí y uno de sus 
sucesores, y otras prerogativas. Zárate fué muy 
desgraciado en su viaje de España á la Asunción, 
pues combatido primero en el mar por las tem- 

i 

/ 



i. 15S0 DE LA REPÚBLICA O, DEL URUGUAY 15 

pestades y después en las márgenes del Plata y 
del Uruguay por los indígenas, perdió considera- 
ble parte de los hombres y cosas que traía y salvó 
él mismo con lo poco que le quedaba, debido á la 
protección que le prestó D. Juan de Garay, que 
descendió apresuradamente á lo. largo del Paraná 
con tal objeto, al saber la crítica situación en que 
tenían al tercer adelantado las dificultades de la 
naturaleza y la bravura de los charrúas. 

Salvo de peligros, fundó más ai Norte, sobre 
la márjen izquierda del Uruguay, algo distante del 
lugar que hoy ocupa, el pueblo de San Salvador, y 
se dirijió á la Asunción, dejando en el nuevo pue- 
blo una pequeña fuerza. 

Pero, á los disgustos que llevaba de su viaje se 
agregaron otros en el Paraguay, originados princi- 
palmente por la mala acogida que le hizo el pueblo 
á quien iba á gobernar, y falleció poco después 
(1575) de pesar, según parece, aunque se dice tam- 
bién que fué envenenado por los parciales del que 
le precedió en el gobierno. 

IX — Gobierno Interino de Garay 

Antes de morir dispuso, usando el derecho que 
el gobierno de la Península le había acordado, que 
le sucediera en el adelantazgo el que contrajera 
matrimonio con una hija que tenía en Chuquisaca. 
En virtud de esta disposición vino á ser el cuarto 
adelantado don Juan de Torres de Vera y Aragón; 
pero como no pudiera tomar posesión del cargo 
por el momento, encomendó el gobierno á Garay. 
Este afirmó la autoridad española en el Paraguay, 
fundó poblaciones, y se dirijió después hacia el 
Sud con el pensamiento de establecer una colonia 
en paraje que sirviera de escala á las embarcacio- 
nes que hacían la carrera entre España y la Asun- 
ción, á la vez que sirviera de centro á las comuni- 



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16 



BOSQUEJO HISTÓRICO 1530 



caciones que podían efectuarse por los principales 
ríos que concurren á formar el Plata. El paraje 
elegido fué el del Riachuelo, en donde fundó la ac- 
tual ciudad de Buenos-aires (1580) algo distante 
del punto en que la había fundado Mendoza algu- 
nos años antes. Los querandis opusieron una te- 
rrible resistencia; pero fueron definitivamente ven- 
cidos en una gran batalla, á pesar de las muy 
escasas fuerzas de que disponía el conquistador. 
Esta hazaña, que no se sabe cómo ocurrió, es una 
de las más notables que se realizaron en el curso 
de una conquista llevada á cabo á fuerza de valor 
y de audacia. 

Garay fué , además que valiente , honrado y 
noble. El triunfo alcanzado le aseguraba la per- 
manencia de 4a nueva colonia, pero nó su tran- 
quilidad, pues que los indígenas, raza belicosa, no 
cesarían de molestar á los colonos. Pudo preten- 
der escarmentarlos por la fuerza; pero prefirió so- 
meterlos por la persuasión, mandando cerca de 
ellos misioneros cristianos que los convirtieran á 
la vez á la creencia de la Iglesia y á la autoridad de 
la Corona. Cerca de cuatro años empleó en fomen- 
tar la fundación de Buenos-aires y en asegurar la 
paz, después délos cuales fué sorprendido y muer- 
to por los minuanes, á orillas del Paraná, en viaje 
para Santa-fé. 

X — Trabajos de Torres Navarreie y de Torres de Vera y Aragón 

A Garay sucedió, en ausencia del adelantado, 
el primo de éste Juan de Torres Navarrete, duran- 
te cuya administración se fundaron otras pobla- 
ciones y se repartieron los indios entre encomen- 
deros, en los territorios cercanos al Paraná, que 
pertenecen hoy á la República-argentina. De este 
modo se iba extendiendo la jurisdicción del ade- 
lantado del Paraguay álas regiones que dan sus 



i 1591 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 17 

aguas al rio de la Plata, mientras extendía la suya 
el virey del Perú en el interior del territorio si- 
tuado entre el Paraná y los Andes, por la acción 
de diversos expedicionarios que fundaron sucesi- 
vamente los pueblos que constituyen hoy las capi- 
tales de las más de las provincias argentinas. 

El adelantado Torres de Vera y Aragón llegó al 
Paraguay en 1587, trayendo los ganados que Zara- 
te se había obligado á importar. Halló anarquizada 
y desmoralizada la colonia; se esforzó por restable- 
cer el órden, por exteqder las conquistas, y por lle- 
var á las tribus indígenas la fé del cristianismo; 
pero, cansado de tantas dificultades como eran las 
que se le presentaban y empobrecido, renunció sus 
derechos y se retiró á España (1591). 

Xr— Extensión del Paraguay en 1591 

Terminó con el suyo el régimen de los adelan- 
tazgos. El Paraguay abrazaba en este tiempo todo 
el territorio así llamado actualmente, el de la lla- 
mada provincia de Guaira, y los comprendidos en- 
tre el Paraná y el Uruguay y en una ancha zona 
al occidente de aquel rio y del de la Plata, por 
donde lindaba con Tucuman y Cuyo, y otra ancha 
zona al oriente del Uruguay, por donde lindaba 
con las posesiones portuguesas; por manera que 
formaban parte del Paraguay una porción de los 
dominios actuales de la nación argentina y todo 
lo que abraza ahora el dominio de la República 
Oriental del Uruguay. 

XII— Gobierno de Hernando Arias de Saavedra 

Fué nombrado, después deTorresde Vera y Ara- 
gón, Don Hernando Arias de Saavedra (llamado 
comunmente Hernandarias) por los colonos de la 
Asunción, como gobernador del Paraguay. Es de 
notarse que Arias fué paraguayo, pues nació en la 



18 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1591 



Asunción. Nunca se había visto á un criollo ele- 
vado á esta dignidad, y era cosa que los españoles 
evitaban, tanto por no dar á los hijos del país de- 
masiada autoridad sobre sus conciudadanos, te- 
merosos de que se formara y generalizara el sen- 
timiento de autonomía local, cuanto por no excitar 
los celos de los prohombres españoles que se 
creían con el derecho de gobernar a título de con- 
quistador, que valía tanto como de dueño. Es in- 
dudable que si se hizo una excepción respecto do 
Hernandarias, fué por lo emparentado que este 
estaba con los primeros conquistadores del Rio 
de la Plata, y el alto concepto que por tal razón se 
le dispensaba. 

Durante su administración, varias veces inter- 
rumpida, que fué relativamente duradera, se con- 
tinuó la acción conquistadora sobre los indios; hu- 
bo manifestaciones en el sentido de dar ensanche 
al comercio, excesivamente restringido por leyes 
prohibitivas, en que Hernandarias mostró no cono- 
cer tanto como quería las conveniencias económi- 
cas de su país; se fundar n las Misiones del Para- 
guny, y se expresó el pensamiento de dividir en dos 
gobernaciones la administración de lo que consti- 
tuía hasta entonces el Paraguay. Hernandarias 
es considerado el último de los conquistadores del 
Rio de la Plata, y el primero de sus gobernantes 
naturales. Su gobierno fué laborioso y bien in- 
tencionado, aunque imbuido por sentimientos 
esencialmente españoles. 



«i 1*517 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 19 



CAPITULO II 

LAS CONQUISTAS BRASILEÑAS 
XIII- División del Gobierno del Paraguay 

Buenos-aires , que empezó á existir con 60 ha- 
bitantes, había tomado cierta importancia para 
principios del siglo XVII, á causa de su posición 
y de su clima, favorable la primera á las rela- 
ciones comerciales de las poblaciones del inte- 
rior con España, y el segundo a la comodidad 
de los pobladores. Además habíanse fundado 
otras colonias alo largo del Paraná, que no me- 
nos requerían la atención constante Je las auto- 
ridades. Situado el gobierno en la Asunción, y 
separados por largas distancias sus dominios, 
el poder se ejercía con tanta más irregularidad 
cuanto eran imperfectos y difíciles los medios por 
los cuales se comunicaban gobernantes y gober- 
nados. Tal estado de cosas sugirió el pensamiento 
de dividir en d <s el gobierno del Rio de la Plata, 
cuya división se decretó á fines de 1617. 

Una de las Provincias, llamada legalmente de 
Guaira, pero vulgarmente del Paraguay, compren- 
dió el territorio de Guairá y las dependencias de 
la Asunción. Sus autoridades principales habían 
de residir en esta ciudad, como hasta entonces. 
La otra provincia, denominada de Buenos-aires, 
comprendió los territorios de Corrientes, Entre- 
nos, Santa-fé, Buenos-aires y el oriental del 
Uruguay; y su autoridad principal debería residir 
en Buenos-aires. 

Desde este momento empiezan á tomar otro ca- 
rácter los acontecimientos más notables del Rio 
de la Plata; y el territorio oriental, que ningún 



20 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1617 



papel había desempeñado ántes en la existencia 
de las colonias, comienza á ser el teatro de graves 
sucesos. 

XIV — Colonias del Brasil 

Así como los españoles conquistaron y coloni- 
zaron las márgenes del Plata, del Paraná y del 
Paraguay, los portugueses hicieron otro tanto en 
las costas del Atlántico, en las tierras en que está 
situado hoy el imperio del Brasil. Entre esas colo- 
nias, una de las que más llamaron desde luego la 
atención de los españoles, fué la que se fundó en 
1554 bajo la denominación de San Paulo, la cual 
tomó rápido incremento desde sus primeros tiem- 
pos, debido á que eran recibidos en ella los mal- 
hechores de todas las nacionalidades, y á que, 
libres en cierto modo de la acción de las autori- 
dades portuguesas y fuera de su sistema de colo- 
nización, ejercían el comercio con el extranjero 
sin las trabas que lo limitaban en las demás co- 
lonias. 

Como el fin de estos colonos era enriquecer- 
se y no oponían un freno á sus intereses ni la 
autoridad social, ni los preceptos morales, recu- 
rrieron al contrabando y al robo, que profesaron 
en grande escala en las colonias españolas. Según 
documentos oficiales de la época, los paulistas, 
solos ó acompañados por gentes de las otras co- 
lonias, habían destruido veintidós pueblos, habían 
robado más de ochenta mil cabezas de ganado 
vacuno y usurpado más de setecientas leguas de 
territorio, sólo en el tiempo trascurrido desde 1620 
á 1640, y dentro de los límites señalados ála go- 
bernación del Paraguay. 

XV — El territorio oriental del Uruguay y los paullstas 

El territorio oriental del Uruguay no contenía, 



á 1680 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 



21 



fuera de las tribus salvajes, población digna de 
mencionarse, cuando se creó la gobernación de 
Buenos-aires; pero había en él gran cantidad de 
animales vecunos y caballares que se criaban y 
reproducían libremente, sin que recibieran el me- 
nor cuidado de los hombres. Naturalmente, no 
tardaron los paulistas en apercibirse de la facili- 
dad con que podrían efectuar por estos lados sus 
excursiones y despojos, y empezó el territorio 



colonia portuguesa. 

El gobernador de Buenos-aires, sabedor de ta- 
les hechos, y deseoso quizas de que se vijilara la 
propiedad que se consideraba común del pueblo 
bonaerense, autorizó ,1a fundación de Santo-Do- 
mingo-Soriano que tuvo lugar en 1624 cerca de la 
afluencia del rio Negro en el Uruguay; pero, es- 
casa en población, pobre en fuerzas y cuidada 
por clérigos, lejos de impedir las depredaciones 
de los paulistas, fué saqueada varias veces. 

Agrégase que no estaban señalados los límites 
de los dominios de España y Portugal; que, si 
bien ambas naciones fueron gobernadas por el 
soberano español desde 1580 á 1640, los subditos 
de una y otra continuaron atribuyéndose la perte- 
nencia de las tierras situadas entre el Uruguay, 
el Plata y el Atlántico; y oue los paulistas eran 
tolerados por las autoridades portuguesas en el 
concepto de que se hacían dueños de lo oue ha- 
llaban en sus propias tierras y con beneficio de 
las colonias brasileñas meridionales. 

XVI — Primera invasión de las autoridades brasileñas 

Las cosas marcharon en la Banda-oriental, aún 
después de haberse emancipado el Portugal de 
la dominación española, sin que se produjera 
acontecimiento digno de mencionarse, hasta el 



oriental á ser el teatro 




22 BOSQUEJO HISTÓRICO 1680 

año de 1680, en que el gobernador de Rio-Janeiro 
vino con fuerzas de infantería y artillería y fundó 
la Colonia del Sacramento en nombre de su so- 
berano y para defender lo que pretendía ser parte 
de sus dominios. Lobo empleó como seis meses en 
levantar los primeros edificios y las fortificacio- 
nes destinadas á defender la población. 

Al fin de este tiempo supo Garro, gobernador de 
Buenos-aires, lo sucedido. Intimó al invasor el de- 
salojo de las tierras; Lobo resistió a la intimación, 
alegando con un mapa hecho falsamente ex-profeso 
en Lisboa, que se hallaba dentro de la jurisdicción 
de su soberano; y como no se modificara por es- 
tos medios la pretensión del uno ni la del otro, D. 
José de Garro se decidió á efectuar el desalojo 
por la fuerza. Nombró jefe de la expedición á D. 
Antonio de Vera Muxica, y este marchó sobre la 
plaza con un compañía de soldados que propor- 
cionó Corrientes, con otra que vino de Santa-fé, 
con 4 que dió Buenos-aires, con 3000 indios pro- 
cedentes de las Misiones, y cantidad crecida de 
caballos destinados á recibir el primer fuego del 
enemigo. 

Muxica intimó á la plaza que se rindiera; pero, 
habiendo contestado negativamente los portugue- 
ses, se dió el asalto el 6 de Agosto por la noche 
y se tomaron las fortificaciones y el pueblo el 7. 
Los guaranís se condujeron con gran valor; fue- 
ron los priiheros en saltar las murallas. Los asal- 
tados se consternaron tanto, que muchos de ellos 
se arrojaron al agua por salvarse en un buque 
surto á corta distancia de la orilla; pero se ahoga- 
ron ó cayeron prisioneros, como el resto de la 
guarnición, inclusos los jefes. 

Los portugueses tuvieron 200 muertos y perdie- 
ron toda su artillería y municiones. Los asaltantes 
arrasaron las murallas. El gobernador Lobo fué 



£ 1681 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 23 

conducido preso á Buenos-aires y de allí á Lima, 
en donde murió de pesar, según se dice. 

XVII — Tratadq de paz y limites 

Mientras se desarrollaban estos sucesos en el 
Plata, los dos gobiernos trataban el negocio di- 
plomáticamente, haciendo notar el de España no 
sólo la usurpación del territorio, sino también el 
contrabando á que habían empezado á entregarse 
los pobladores de la Colonia y los hechos van- 
dálicos de los paulistas. El gobierno portugués 
consiguió en estas negociaciones ventajas que no 
se habían esperado en Buenos-aires después del 
brillante suceso de armas que queda narrado. Se 
pactó (7 de Mayo de 1681) que el gobernador de Bue- 
nos-aires restituiría á la Colonia del Sacramento 
todas las armas, artillería, municiones, etc., to- 
mados en Agosto, reprendiéndosele por la con- 
ducta observada; que volviesen á la Plaza todos 
los portugueses que de ella habían salido des- 
pués del triunfo de los españoles; que los por- 
tugueses de la Colonia no tratarían ni negociarían 
con los indígenas; que continuarían en todo su 
vigor para portugueses y españoles los reglamen- 
tos del comercio fluvial y terrestre; que cesarían 
todas las hostilidades miéntras no demarcasen 
los límites entre los dominios de las dos coronas 
los comisarios eme para el efecto se nombrarían, 
6, en caso de discordia de éstos, miéntras no re- 
solviese el punto en último recurso el Papa, á 
uien las partes someterían la cuestión; y que 
. A. el Príncipe de Portugal ordenaría, á nn de 
mantener buenas relaciones, que se averiguasen 
Jos excesos cometidos, por los habitantes de San 
Paulo. 

Nombráronse los comisionados españoles y 
portugueses que habían de resolver la cuestión 



24 BOSQUEJO HISTÓRICO 1681 

de límites en el plazo de tres meses; pero no pu- 
dieron llegar á nada satisfactorio, ni se recurrió 
al Papa, por lámala fe con que los portugueses 
procedieron. Empero, la Colonia fué entregada á 
estos provisionalmente (1683) y con carácter de- 
finitivo algunos años después (1700.) 

XVIII — Reivindicación de la Colonia 

Mas esta cesión fué anulada más tarde por el 
rey de España, con motivo de la guerra que so- 
brevino con Portugal, y el gobernador de Buenos- 
aires, que lo era D.Alfonso Juan de Valdez lu- 
cían, recibió orden de recuperar la C lonia (1704). 
Pidió este v obtuvo 4000 individuos de las reduc- 
ciones del Paraná y del Uruguay, los que llega- 
ron frente á la Plaza, con 6000 caballos y 2000 
muías, el 4 de Noviembre. Por otro lado vinieron 
al sitio trece compañías de tropas regulares pro- 
cedentes de Buenos-aires, Santa-fé y Corrien- 
tes, y todas juntas sitiaron estrechamente la Co- 
lonia, obligando á su jefe á abandonarla con ar- 
tillería y municiones, y á retirarse por agua á 
Rio Janeiro, ñ pesar de Jos refuerzos que oportu- 
namente había recibido. (1705) 

i 

XIX — Restitución de la Colonia — Usurpaciones del Brasil 

Cesó entonces el contrabando, y la Colonia, 
como Buenos-aires y demás poblaciones del Pla- 
ta, continuaron llevando una vida pobre, inactiva 
y monótona, hasta 1715, en que se hizo la paz 
entre Juan V y el duque de Anjou por el tratado 
de Utrecht, restituyendo el segundo al primero 
la Colonia del Sacramento con renuncia, por sí y 
sus herederos, de todos los derechos que la Es- 
paña había pretendido, y reconocimiento de que 
se hallaba en territorio portugués. Se estipuló, 
sin embargo, que dentro de un año y medio po- 



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i 1720 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 25 

dría el rey de España rescatar la Colonia por otro 
equivalente. 

La entrega se hizo á fines del año 1716, pero 
sin conseguir por eso que terminasen las dis- 
cusiones motivadas por los límites comunes 
de las tierras pertenecientes á los dos sobera- 
nos. Apenas vuelta la Colonia al dominio de 
Portugal, pretendió su gobernador Manuel Bar- 
boza cantidad de territorio adyacente á aquella 
posesión, y exijió al gobernador de Buenos-aires 
que retirase las fuerzas que éste mantenía cerca 
ae la Horqueta y del arroyo de Son Juan con el 
fin de vigilar los ganados esparcidos en las in- 
mediaciones y de impedir el contrabando terres- 
tre, á lo que se opuso firmemente D. Baltasar 
García Ros, que desempeñaba entonces la gober- 
nación. 

Las pretensiones portuguesas se renovaron po- 
co después respecto de todas las tierras com- 
prendidas entre el Uruguay y el Plata, á pesar 
de los actos de jurisdicción que había ejercido la 
autoridad española apresando en Montevideo y 
Maldonado buques corsarios franceses que ha- 
bían venido á cargar cueros contra las leyes y re- 
glamentos prohibitivos que regían; y, poniendo 
por obra sus proyectos, intentaron establecerse 
en 1720 en el puerto de Montevideo, sin conseguir- 
lo, porque fueron descubiertos oportunamente por 
fuerzas de Buenos-aires que lo impidieron. No 
obstante la conducta de las autoridades espa- 
ñolas, dirigida constantemente á mantener ba- 
jo su jurisdicción todo el territorio oriental si- 
tuado fuera del tiro de un cañón de 24 colocado 
en la Colonia del Sacramento, los portugueses 
continuaron usurpando terreno y haciendo ex- 
cursiones en el interior, de donde venían con cre- 
cidas cantidades de ganados robados, ú obtenidos 



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26 BOSQUEJO HISTÓRICO 17:0 

en cambio de las mercancías que clandestina- 
mente llevaban á las estancias y á los estableci- 
mientos de indios. ^ 

En 1723 insistieron en su proyecto de poblarse 
en la península de Montevideo, para cuyo efecto 
vinieron un navio y otras embarcaciones menores 
con tropas y artillería. Desembarcaron 200 hom- 
bres, y empezaron á construir un reducto. Los es- 
pañoles s 3 opusieron constantemente á tales em- 
presas, alegando su derecho de descubrimiento y 
de conquista, y el hecho de la posesión probada 
hasta por los nombres que varios rios y arroyos, 
como los de Pando, Solis-Chico, Solis-Grande, 
Maldonado, etc., habían recibido de españoles au- 
torizados por el gobierno de Buenos-aires para es- 
tablecer en aquellos parajes sus matanzas de ga- 
nado alzado, que se consideraba propiedad común 
de los habitantes, ó, mejor dicho, un dominio de 
la autoridad. Así, pues, en cuanto el representan- 
te de esta, D. Bruno Mauricio de Zavala, tuvo no- 
ticia de la fortificación que los portugueses inten- 
taban en Montevideo, mandó intimarles que se re- 
tiraran; pero negándose á ello los intrusos, envió 
fuerzas de mar y tierra, la noticia de cuya aproxi- 
mación bastó para que fuera abandonada la posi- 
ción con el fuerte que se había construido. 

XX — Fundación y progresos de Montevideo 

Estos hechos, que mostraban el empeño de la 
corona de Portugal por apoderarse de las tierras 
que quedaban al Este del Uruguay, y particular- 
mente de las costas del Atlántico y del Plata, indu- 
jeron á Zavala á tomar medidas de seguridad. Puso 
cañones al reducto abandonado por los portugue- 
ses, dejó en él una guarnición de 100 soldados y 
1000 guaranís, mandó una guardia á Maldonado, - 
y fundó en seguida la ciudad de San Felipe y San- 



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á 1730 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 27 



tiago de Montevideo, que fué delineada en 1726, 
confiada al mando de comandantes militares y po- 
blada primeramente por 33 personas procedentes 
de Buenos-aires, á las que se unieron al año si- 
guiente numerosas familias traídas de las islas 
Canarias por don Francisco Alzáybar. Desde este 
tiempo progresó la ciudad con una rapidez rela- 
tivamente considerable; tuvo desde 1730 un cabil- 
do, corporación popular con facultades municipa- 
les, y sirvió para oponer una resistencia eficaz á 
los avances de los portugueses y á las correrías 
de las tribus indígenas. 

XXI— Comercio y progresos de la Colonia 

La Colonia progresó también desde que pasó a 
poder del Portugal, debido al comercio que nacían 
(aunque ilícitamente) sus pobladores con los esta- 
blecimientos españoles de esta banda y con los ne- 
gociantes de la provincia de Buenos-aires. La im- 
portancia de este comercio fué bastante para atraer 
al puerto buques ingleses, franceses y holandeses, 
cargados de mercancías, cuyas expediciones, pro- 
hibidas en los dominios de España, contribuyeron 
á satisfacer las necesidades generales del pueblo 
mejor y más barato que si se hubiese observa- 
do rigurosamente la doctrina prohibitiva que im- 
peraba en Buenos-aires y en todas sus depen- 
dencias. 

Fué favorable también á los progresos de la Co- 
lonia la perseverancia con que sus autoridades y 
habitantes seguían invadiendo terrenos y robando 

ganados que no les pertenecían, pues que así se 
acían ricos á poca costa, y adquirían fácilmente 
del extranjero lo que de otro modo hubieran tenido 
¿jue-pagar mas caro. Puede decirse que,£i bien se 
sacrificaba el derecho en servicio de la$ conve- 
niencias económicas, fué la Colonia el primer pun- 



i 



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28 BOSQUEJO HISTÓRICO 1720 

to del Rio de la Plata en que tuvo algunas mani- 
festaciones la libertad de comercio. 

XXII — Invasiones brasileñas en tiempo de Salcedo 

El gobernador de Buenos-aires, don Miguel de 
Salcedo, sabedor de los abusos que acabo de indi- 
car, se quejó al gobernador del Sacramento, y di— 
rijió contra esta plaza, por órden del soberano, 
una expedición, que sostuvo un estrecho y largo 
sitio. Los resultados no fueron tantos como pu- 
dieron ser: Salcedo se limitó a recuperar las tierras 
que habían sido usurpadas y á establecer algunas 
seguridades contra las violencias que los sitiados 
cometían en los dominios españoles (1734 á 1737,). 

El gobernador de la Colonia no se había limita- 
do a defenderse de los sitiadores; había mandado 
fuerzas y familias al Rio-grande, dominio español 
entónces en parte, para que formaran una colonia 
de acuerdo con los paulistas. Subieron estos has- 
ta el rio Jacuy que lleva sus aguas á la laguna 
de los Patos, lo vadearon, y fundaron el pueblo de 
San Pedro. Situáronse aquí 500 portugueses ar- 
mados, bajo las órdenes del maestre de campo 
Domingo Fernandez; pero pronto fueron atacados 
y vencidos por fuerzas españolas en el centro de 
sus trabajos, y la población desapareció. 

Sin embargo, las fuerzas de Portugal se sostu- 
vieron dentro del territorio perteneciente á Buenos- 
aires; internáronse en una extensión de 60 leguas, 
tomaron y artillaron el fuerte de San Miguel, situa- 
do al Sud de la laguna Merim, levantaron otras 
fortificaciones y se apoderaron de gran cantidad de 
ganados. El gobierno de Buenos-aires no pudo 
reprimir estos avances, porque recibió, en cum- 
plimiento^del tratado celebrado en París el 15 de 
Marzo de 1737 entre España y Portugal, con la 
mediación de Francia, Inglaterra y Holanda, la 



£ 1737 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 29 

órden de suspender las hostilidades, dejando las 
cosas en el estado que tuviesen á la llegada de esa 
órden, cuya suspensión había de durar miéntras 
ambas coronas no arreglasen definitivamente sus 
cuestiones de límites en la América del Sud. 

Las autoridades portuguesas recibieron al mis- 
mo tiempo iguales instrucciones, pero parece que 
no las cumplieron fielmente, porque el 20 de Di- 
ciembre de ese mismo año se dirijió el gobernador 
Salcedo al brigadier Joseph de Silva Paez, co- 
mandante portugués de Rio-grande, invitándolo á 
evacuar el territorio perteneciente á España y á 
suspender las fortificaciones que levantaba en va- 
rios puntos, y haciéndolo responsable de las con- 
secuencias que esos actos produjeran. 

XXIII — Primeras Industrias. IiOH indígena* 

Mientras ocurrían estos hechos de carácter in- 
ternacional, los habitantes de Buenos-aires y de 
su extensa jurisdicción se establecían en laBanda- 
oriental, próximamente á las márjenes del Plata 
y del Uruguay, en donde se entregaban á la ma- 
tanza de ganados y al comercio de carnes, cueros, 
sebo, etc. Los indios no obedecían en general á 
otra autoridad que sus caciques, ni tenían para- 
dero fijo: erraban de un lado para otro, según las 
necesidades de su existencia, v atacaban írecuen- 
temente á los habitantes civilizados de las estan- 
cias, por robar á veces, otras veces por enemistad; 
razón por la cual era poco seguro el vivir de las 
familias civilizadas, si no se mantenían á corta 
distancia de las guardias y "destacamentos que el 

(gobernador de Buenos-aires y el comandante mi- 
itar de Montevideo destinaban á la vigilancia de 
las poblaciones. 

No faltaron, con todo, grupos de salvajes que 
se sometieran á la autoridad de las colonias, ó 



30 BOSQUEJO HISTÓRICO 1737 

que recibieran la pacífica influencia de las misio- 
nes católicas. Muchos de ellos figuraban en las 
tropas, y otros cooperaban en los trabajos públi- 
cos y privados á que se entregaban los colonos, si 
bien sujetos á un réjimen de servidumbre, más 
que como hombres iguales á los demás por su na- 
turaleza. En tal concepto, el trato que recibían era 
duro; sólo puede excusarse atendiendo á que el 
estado de la civilización del Plata en aquellos tiem- 
pos, y aún de gran parte de la Europa, no permitía 
considerar al salvaje con la humanidad á que hoy 
obliga el conocimiento más perfecto que tenemos 
del hombre y de las leves morales y de derecho 
que rijen las relaciones humanas. 

XXIV— Tratado Ue 1T50 sobre límites 

Muerto Felipe V, bajo cuyo reinado se celebró 
el tratado de 1737, vino á ocupar el trono de Es- 
paña Fernandp VI, cuyo interés principal parece 
haber sido el de vivir en paz con los otros mo- 
narcas. Casóse con Doña María Bárbara, hija 
del rev de Portugal, v una hermana su va con otro 
hijo de este, José, que había de sucederlc en el 
reinado. Ligadas por tales vínculos las dos mo- 
narquías, procedieron á arreglar las diferencias 
pendientes con motivo de sus dominios de Amé- 
rica y celebraron el tratado de 13 de Enero de 1750. 
Se restablecen en su preámbulo las pretensiones 
sostenidas por ambas partes y la imposibilidad 
moral de demarcar los límites con arreglo á las 
bases- antes estipuladas; y luego se pacta, entre 
otras cosas: que este tratado sería el único funda- 
mento de la uivision y límites de los dominios de 
Portugal y España en América; y que los confines 
de las dos monarquías, por el lado meridional, se- 
rían, empezando en la barra que forma en la costa 
del mar un arroyo que sale al pié del monte de los 



álTSl DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 31 

Castillos-grandes, las cumbres de los montes que 
dan aguas por un lado al mar y á la laguna Merin, 
y por el otro al rio de la Plata, hasta llegar al orí- 
gen principal y cabeceras del rio Negro, desde 
donde se seguirá hasta el origen principal del Ibi- 
cuy, y luego ej curso de este hasta el Uruguay. 
Pertenecerían, según esto, a Portugal, todas las 
vertientes que bajan á la laguna Merin y al rio 
Grande de San Pedro; y á España las vertientes 
que bajan á los ríos que se unen con el de la Plata. 
Ademas, cedía el Portugal á España la Colonia 
del Sacramento con todos los terrenos adyacentes 
y las plazas, fuertes y establecimientos compren- 
didos dentro de los límites antes indicados; así 
como España cedía á Portugal todos los territorios 
que ocupase fuera de estos límites, con sus pue- 
blos y establecimientos. Las tropas de la Colonia 
saldrían con la artillería, armamentos y rnunicio- 
nes, y los moradores podrían quedarse ó trasla- 
darse á dominios portugueses vendiendo sus bie- 
nes si quisieran. A su vez los misioneros é indios 
de las Misiones del Uruguay saldrían de ellas lle- 
vándose los bienes muebles, pero dejando las igle- 
sias, casas y edificios, así como la propiedad y 
posesión del terreno, para la Corona portuguesa. 
Se prohibía el comercio en la frontera de las dos 
naciones, y el poblarse en Ja misma cumbre de 
los montes que servía de línea divisoria, y se esta- 
blecía que jamás se hostilizarían los vasallos de 
una y otra nación en América, aunque estuvieran 
en guerra los dos monarcas. 

XXV — Sub-gobicrno político y militar de Montevideo. Guerra 

guaranítica 

En consecuencia, se resolvió nombrar comisa- 
rios para demarcar los límites, se hicieron tra- 
tados especiales en 1751 sobre la manera de llevar 



32 BOSQUEJO HISTÓRICO 1751 

á cabo la demarcación, se adoptó el mapa que ha- 
bía de servir á los comisarios, y, por fin, dieron 
principio estos á sus trabajos. 

La importancia política que ya había tomado la 
Banda oriental, y el género de trabajos y de rela- 
ciones á que iban á dar lugar los tratados de 1750 
indujeron al rey de España a instituir en este mis- 
mo año un sub-gobierno político y militar en Mon- 
tevideo, con jurisdicción limitada al Sud por el 
Cuí'ré y Pan-de-azucar y al Norte la cuchilla 
Grande, y dependiente del gobierno de Buenos- 
aires. 

Ya su primer gobernador, D. Joaquín de Vi ana, 
se vió precisado á desempeñar un pape! impor- 
tante al poco tiempo de ocupar el poder en tal ca- 
rácter. El tratado de 1750, como se ha visto, nó 
solo reducía la extencion territorial de la Banda 
oriental del Uruguay y de las demás dependencias 
de Buenos-aires por el laclo de los dominios portu- 
gueses, sino que también despojaba injustamente 
á los misioneros é indios del Uruguay, de sus pro- 
piedades particulares, que eran valiosas y difícil- 
mente ganadas. Los comisarios no hallaron obs- 
táculo de importancia en la colocación de los mar- 
cos divisorios entre el monte de Castillos-grandes 
y el fuerte de Santa-Tecla, situado cerca de los orí- 
genes del Ibicuy, por manera que se trazó con fa- 
cilidad la desmembración de la Banda oriental por 
el lado del Este; pero al llegar á aquel punto los 
comisarios se encontraron con la oposición ar- 
mada de los indios de las Misiones del Uruguay, 
que ocupaban el territorio occidental del Ibicuy; 
oposición dirijidapor los jesuitas, que causó una 
guerra sangrienta con las fuerzas combinadas de 
España y el Portugal, llamada la Guerra guaraní- 
tica y en que los indígenas fueron vencidos. En esta 
guerra, terminada en 1756, tomaron parte el pri- 



á17G2 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 33 

mer teniente gobernador v las fuerzas de Mon- 
íevideo, después de haber sostenido una breve y 
afortunada campana contra algunas tribus de in- 
dios, de las que poblaban la jurisdicción del nuevo 
gobierno. 

XXVI— Anulación del tratado de 1TSO. Mala fé de Portugal 

Las operaciones de deslinde fueron recomenza- 
das después de terminada la guerra guaraní tica, 
pero no pudieron llevarse á cabo por las dudas que 
surgieron acerca de cuáles eran en el terreno las 
corrientes que correspondían á las descritas en el 
tratado de 1750. Estas dificultades vio poco sa- 
tisfechos que estaban las dos partos" con las esti- 
pulaciones hechas, motivaron el tratado de 1761, 
por el cual quedó anulado el anterior y los que fue- 
ron consecuencia de él, quedando todas las cosas 
en el estado que tenían con arreglo á los tratados 
anteriores al de 1750, de modo que se derribarían 
las fortalezas, casas y demás edificios hechos pos- 
teriormente. Volvían á regir, portante, los trata- 
dos de Tordesillas y de Utrecht, el primero de los 
cuales limita el dominio de los Estados por una 
línea meridiana tirada á 270 leguas al Oeste de las 
islas de Cabo-verde, y el segundo cede á Portugal 
la Colonia del Sacramento. Sin embargo, el Por- 
tugal, que no había abandonado la Colonia des- 
pués de 1750, y que había tomado furtivamente po- 
sesión de algunos puntos que quedaban al Este 
de la línea últimamente demarcada, continuó re- 
teniéndolos después del tratado de anulación. 

XXVII — Campaña de CcIx.Ulos 

En presencia de esta ocupación ilegítima, el go- 
bernador de Buenos-aires, D. Pedro de Cebállos, 
se dirigió al conde de Bobadela, que ejercía la au- 
toridad suprema del Brasil, recordándole que ya 



34 BOSQUEJO HISTÓRICO 17G2 

el año anterior había reclamado sin éxito del go- 
bernador de la Colonia del Sacramento y d > otras 
autoridades del Brasil la restitución de fas tierras 
indebidamente ocupadas por los subditos portu- 
gueses, y reclamándole nuevamente la devolución 
de las tierras usurpadas, bajo apercibimiento de 
ocurrir al uso de las armas (1762.) 

Ya para este tiempo había fallecido Fernando 
VI y sucedídole en el trono de España su hermano 
Carlos III (1759) quien había hecho con el rey de 
Francia el llamado Pacto de familia y convenido 
en unir sus armas contra Inglaterra, que ya esta- 
ba en guerra con aquella potencia. En Enero de 
1762 se declararon por consiguiente la guerra In- 
glaterra y España y en Mayo se adhirió el Portugal 
ala primera de eslas, declarando la guerra á su 
vez á España y Francia. La noticia del rompimien- 
to llegó al Rio de la Plata inmediatamente y se 
aprovechó de este hecho Cebállos para romper las 
hostilidades contra las autoridades portuguesas 
de la Colonia del Sacramento y de Rio-grande, 
según lo tenía ya prometido á Bobadela. Ataca la 
Colonia con fuerzas de Bui nos-aires y guaraníes, , 
y la rinde á los veinticinco dias, tomando en el j 
puerto 26 buques ingleses ricamente cargados, y 
en la plaza, armas y mercancías que valían más 
de 20 millones de duros. Es atacado á su vez en la 
misma plaza por una escuadra anglo-lusitana 
(1763); pero se incendia el Lord Clico, navio inglés 
de 54 cañones, perdiendo 262 de los 340 hombres 
que tenía á bordo, se retiran los demás buques y 
Cebállos, libre de enemigos por este lado, se dirije 
con mil hombres en dirección al Este, con el pro- 
pósito de desalojar á los portugueses de las posi- 
ciones españolas que ocupaban en Rio-grande; 
toma el fuerte de Santa-Teresa, defendido por 600 
hombres; en seguida el de San-Miguel, débilmen- 



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41761 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 35 

te guarnecido; y luego el fuerte y la villa de San 
Pedro de rio Grande, capital de la provincia, cu- 
yos defensores y población huyen precipitadamen- 
te á. la aproximación de los platenses, ahog 'mdose 
unos en el río, y cayendo otros prisioneros con to- 
das las municiones, 30 cañones, 400 fusiles, 200 
barricas de pólvora, 7000 balas, etc. (1) El ejérci- 
to expedicionario empleó sólo siete dias en estos 
diversos hechos de armas, desde que se aproximó 
al rio Chuy. 

y XXVIII — Portugal ¡miíiliza las victorias tle Cebállos 

Simultáneamente ocurrían otros sucesos en Eu- 
ropa. La guerra había sido alternativamente fa- 
vorable y adversa á España y sus enemigos; los 
resultados no correspondían á los sacrificios, y se 
prestaron Jos beligerantes á entablar negociacio- 
nes de paz, que fueron concluidas previa una sus- 
pensión de armas, con el tratado de Febrero de 
1763. Se estipuló en él que los españoles y los por- 
tugueses se restituirían todos los países, territo- 
rios y plazas que hubiesen conquistado, en el esta- 
do en que lo fueron, con las armas y municiones 
( |ue en ellos había 4 . 

Al llegar la suspensión de armas á noticia de las 
autoridades del Brasil v del Rio de la Plata, cele- 
braron los gobernad >res Cebáilos y Madureira un 
convenio por el cual se declararon suspensas las 
hostilidades, se estipuló que los españoles domi- 
narían hasta cuatro ó seis leguas al Norte del Rio- 
grande; que los portugueses no podrían pasar de 
estos límites, y que como el puerto de Rio-Gran- 
de era privativo del dominio de España, no po- 
drían comerciar, ni entrar, ni salir de él, sin per- 
miso del gobernador español, embarcaciones de 

O) Estos datos son darlos por el jesuíta Muriel. Otros dan los siguientes: 
^cañones, 3 morteros, machas armas, uius da 300 quintales üe pólvora, etc. 



36 BOSQUEJO HISTÓRICO 1763 

ninguna nación. (Agosto de 1763). Llegó poco des- 
pués la noticia de la paz. Ccballos restituyó la 
Colonia del Sacramento y la isla de San-Gabriel, 
con su artillería y municiones, el 27 de Diciembre 
del mismo año, en cumplimiento del tratado, y 
conservó las posiciones ganadas por las armas en 
Rio-Grande, fundando el pueblo de San-Cárlos, 
para asegurarlas mejor, á poca distancia de Mal- 
donado. 

Mas como los terrenos recuperados no eran 
todos los que la España tenía por suyos, el sucp- 
sor de Cebállos, D. Francisco de Paula Bucarely y 
Ursua, instó á las autoridades lusitanas para que 
los desocuparan. Estas, que se habían mostrado 
sordas á iguales intimaciones de Cebállos, lejos de 
acceder, adelantaron silenciosamente sus fuerzas, 
ocuparon á principios de 1767 la sierra de los Ta- 
pos y atacaron con 800 hombres desembarcados 
de improviso las posesiones septentrionales de 
Rio-Grande, ocupadas por tropas españoles (29 do 
Mayo). Estas tuvieron que retirarse por ser relati- 
vamente débiles para resistir. Los portugueses se 
fortificaron allí, navegaron en la laguna de los 
Patos como en aguas propias, y emprendieron una 
. série de excursiones en los terrenos del Sud y del 
Oeste, con el objeto de llevarse indios y ganados 
en crecidas cantidades. 

XXIX — Inútiles esfuerzos de Verliz y Salcedo 

Bucarely no pudo oponerse seriamente á esta 
nueva invasión, porque se ocupaba en organizar 
los medios con los cuales debía ejecutar la orden 
que había recibido de Carlos III para expulsar del 
Rio de la Plata á todos los jesuítas, que ya habían 
sido expulsados de Portugal, Francia y España, 
como enemigos de los intereses sociales y políti- 
cos de estas naciones. Pero realizada la expul- 



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IWK DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 37 

sion, y reemplazado Buearely por D. Juan José de 
Verfciz y Salcedo, se dirigió este con fuerzas y des- 
alojó á los portugueses de las posiciones que ha- 
bían tomado al Sud y Este del Yaeuy, llevando su 
marcha victoriosa hasta el rio Pardo, que corre 
por el Norte á desembocar en aquel (1774). Vertiz 
dejó guarniciones en algunos puntos de importan- 
cia, mandó fortificar Maldonado y regresó á la 
capi'al de su gobierno. 

Empero, los portugueses no desistieron de su 
empeño. Aglomeraron sobre la frontera délas tie- 
rras disputadas las más considerables fuerzas de 
mary tierra que hasta entonces habían visitado 
aquellos parajes y obligaron á los españoles, des- 

Eues de algunos combates parciales, á abandonar 
iio-grande de San Pedro y todo el territorio que 
queda mas allá de Santa-Teresa, por el Este, y de 
Santa-Ana, por el Norte, en virtud de que las guar- 
niciones eran muy débiles para oponerse con éxi- 
to á tan poderoso enemigo, (1776). 

XXX — Vircinato de Buenos-aires. Su extensión 

La magnitud de estos hechos bastaba natural- 
man te para alarmar á la corona española y para 
decidirla á emplear medios capaces de contener 
á los portugueses dentro de justos límites. Como 
el Brasil estaba ya gobernado por un Virey, y el 
Plata, aunque dependiente del de Perú, estaba ba- 
jo la autoridad de un «gobernador y capitán ge- 
neral», quien mantenía Tas relaciones con las au- 
toridades superiores brasileñas, se resolvió Cárlos 
III á convertir la gobernación en vireinato, lo 
que tuvo lugar por cédula de Agosto de 1776. 

Al cambio de gerarquía se agregó el aumento 
de jurisdicción. La presidencia de Charcas, las 
gobernaciones del Paraguay y de Tucuman, de- 
pendientes del virey del Perú, el territorio de 



38 BOSQUEJO HISTÓRICO 177f> 

Quito, que era part 1 de la presidencia de Chile, y 
los territorios patagónicos, vinieron á formar con 
Buenos-aires el vasto dominio del nuevo vireina- 
to; por manera que entraban en sus límites todo 
loque hoy forma las repúblicas argentina, orien- 
tal, Paraguay, Boiivia, y parte considerable de las 
provincias brasileñas de Rio-grande do Sul, San- 
Paulo y Matto-Grosso. 

XXXI— Aumentos de fuerza militar 

La erección del vireinato tenía importancia po- 
lítica y administrativa; pero era necesario ademas 
que viniese rodeado ele poder y genio militar, 
porque nó con sólo fuerzas morales se hubiera 
podido mantener la integridad de los dominios 
disputados por los portugueses. Comprendiéndolo 
así el gobierno español, nombró á Cebállos para 
virey del Plata, cuyos méritos habían sido ya pro- 
bados, y le encomendó doce ó dieciseis entre na- 
vios delinca y fragatas, otros buques menores de 
guerra, ciento y tantos trasportes y más de nueve 
mil hombres ele desembarco, con abundancia de 
armamento y municiones, cuyo mando inmediato 
fué confiado* al marques de Casa Tilly. 

XXXII — Segunda campana de Cebállos 

Uno de los primeros actos del virey había de 
ser el de desalojar á los portuguesas de las tierras 
invadidas en 1776. Se trató del plan de hostilida- 
des en el camino: Cebállos opinó que deberían 
empezar por el ataque de Santa-Catalina ; Tilly 
juzgó que convenía más comenzar por la Colonia 
del Sacramento. Se adoptó definitivamente la opi- 
nión del Virey. Llegada la escuadra á la ensenada 
das CanaoieirciSy 'próxima á la capital de la isla, 
desembarcaron 4as fuerzas españolas; los jefes 
portugueses evacuaron las fortificaciones sin es- 



4 1777 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 39 

pcrarel ataque, pasando al continente, y Cebállos 
tomó sin disparar un tiro aquella posesión, en que 
halló tropas, 190 cañones y otras armas (Febrero 
de 1777). El Gobernador de la isla firmó una ca- 
pitulación, por Ja cual la cedía, con sus dependen- 
cias, al rey de España. 

Cebállos se propuso dirijir sus fuerzas á Rio- 
grande, para cuyo efecto escribió á Vertiz orde- 
nándole que se pusiese en camino con todas las 
fuerzas disponibles. Vertiz emprendió la marcha 
con dos mil hombres y Negó a Santa-Teresa; Ce- 
bállos emprendió también la ejecución del plan, 
pero no pudo llevarlo á efecto, porque vientos con- 
trarios le impidieron tomar el rumbo que le era 
necesario. Tomó entonces la dirección de la Co- 
lonia del Sacramento, á donde llegaron parte de 
sus fuerzas el mes de Mayo; intimó á la plaza que 
se rindiera antes de las 24 horas, y así se rindió 
con 140 cañones. Las fortificaciones fueron arra- 
sadas; los jefes y oficiales fueron remitidos á Rio- 
Janeiro, y los soldados á Córdoba y Mendoza, en 
donde fueron ocupados en trabajos\agrícolas. 

XXXIII — Tratado de limites de 1?7T 

Cebállos volvió, después de este suceso, á su 
empresa de reconquistar el Rio-grande; pero lle- 
gaba á Maldonado cuando recibió pliegos de la 
Corte que le mandaban suspenderlas hostilidades 
en virtud de tratados que se habían celebrado con 
el monarca de Portugal. 

Este tratado, que lleva la fecha de 1 °. de Oc- 
tubre de 1777, dispone entre otras cosas: que en 
adelante pertenecerían á España privativamente 
las dos bandas del Plata y del Uruguay, limitán- 
dose los dominios de ambas coronas por una línea 
que partiría desde el Chuy, pasaría por el fuerte 
ae San-Miguel y orillas del lago Merim, seguiría 



— 1 



40 BOSQUEJO HISTÓRICO 1777 

por los orígenes del rio Negro y de todos los de- 
mas que van á desembocar en el Uruguay, y 
terminaría en donde el Pepirí ólPepirí-guazú des- 
agua; — que pertenecerían á Portugal las tierras 
que quedan al oriento de una. línea que corre por 
la orilla occidental de la laguna de los Patos ó rio 
Grande y la de Merina, hacia el Sud, y hacia el 
Norte por los orígenes de las corrientes que dan 
amias á dicho rio Grande y al Yacuy, prolongan- 
dose hasta la anuencia del Pepirí-guazúen el Uru- 
guay, etc.; — que Lis tierras que se hallasen entre 
una y otra línea no se considerarían de uno ni 
de otro monarca y sí solo como divisorias; — que 
Santa-Catalina sería restituida á Portugal con la 
condición de que no entraran en su puerto en 
tiempo alguno buques de guerra, ni mercantes, 
sobre todo si los primeros fueran de nación que 
estuviese en guerra con España y los segundos 
tuviesen por objeto realizar contrabandos. 

Según esto, el territorio oriental del Uruguay 
quedaba cerrado entre este rio, el Plata, el Chuy, 
la laguna Merina, la sierra de los Tapes ó Alba'r- 
don de Santa-Ana, y una línea que partía de esta 
altura al punto en que el Pepirí-guazú desemboca 
en el Uruguay. 

XXXIV— Cfcbúijos favorece el comercio 

Cebállos llegó á Buenos-aires después de estos 
sucesos, que aumentaron la gloria que antes ha- 
bía ganado, y se dedicó á los trabajos del gobierno 
interior. Como por la desaparición de la Colonia 
se vieron las poblaciones privadas del comercio 
ue con ella se hacía, y expuestas á serias necesi- 
ades, el Vi rey permitió que en adelante se co- 
merciara con personas de las naciones extranje- 
ras; cuya medida, si bien contraria á la intención 
manifestada por los reyes en cédulas y tratados 



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1777 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 41 

internacionales, fué causa dé bienestar y de pro- 
greso relativamente considerables, pues además de 
abaratarse las mercancías de uso común por efecto 
de la competencia y de Facilitarse la satisfacción 
de necesidades que antes no se satisfacían ó que- 
daban mal satisfechas, empezó á cobrar vida la 
industria interior, con cuyos productos se pagaron 
las importaciones. 

i 

XXXV — Estado de la Industria oriental 

A) 

La banda oriental debió participar naturalmente 
de estas ventajas; y, en efecto, á las comodidades 
que empezaron á gozar sus habitantes, se agregó 
el aumento de exportación de cueros. Pero no 
supieron sacar de sus riquezas naturales todo el 
provecho que hubieran obtenido, si no fuera tanta 
su ignorancia de los procedimientos industriales 
que más tar de se generalizaron. Como ya se ha di- 
cho antes, los campos abundaban muchísimo en 
ganados mayores, que se habían criado y procrea- 
do por sí mismos, sin la guarda y los cuidados del 
hombre civilizado, y en campos que no tenían otro 
dueño que la Corona. Eran, pues, aquellos gana- 
dos completamente salvajes, y se daban á quienes 
los cazasen, en cambio de algunos derechos que 
la autoridad cobraba. Las facilidades no escasea- 
ban, por tanto, para el hombre que hubiera que- 
rido y sabido explotar esa fuente de riqueza. 
¡Cuánta carne se hubiera podido vender para el 
extrangero, ya que nó los huesos, astas y crines 
que hoy tanto valen! Pero no se conocía aún el 
arte de salarlos, de modo que se vendieran por 
poco precio y se conservaran por mucho tiempo, 
razón por la cual sólo se aprovechaba el cuero. Se 
perdía una gran par:e de lo utilizable. 



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42 BOSQUEJO HISTÓRICO 1777 

XXX VI — Proyectos administrativos. Progresos de Montevideo 

El Virey organizó también la administración 
cnanto pudo en los primeros momentos; pero 
como estas mejoras no fueron capaces de satisfa- 
cer cumplidamente las necesidades del vireinato, 
concibió un proyecto de divisiones y subdivisiones 
del territorio, que sometió á la consideración del 
gobierno, demostrando lo mucho bueno que es- 
peraba de su adopción, para los- intereses pú- 
blicos. 

En 1778 se trazaron y denominaron las calles 
de Montevideo, dentro de la periferia que forma- 
ban las fortificaciones, cuyo espacio es el conocido 
hoy por ciudad mofa. Los nombres que recibieron 
no son los que ahora tienen. La del 25 de Mayo se 
llamó de San Pedro; la del Rincón era conocida 
por de San Gabriel; llamáronse : de San Carlos la 
del Sarandí, de San Francisco la de Zavala, de 
San Felipe la de Misiones, de San Joaquín la de 
los Treinta y tres, de San Juan la de ítuzaíngo, 
de San Fernando la de Cámaras, etc. Todas las 
calles tenían nombres de santos, sin otra excep- 
ción que la de Santa Teresa, que no tuvo nombre 
al principio y que se llamó más tarde la del Portón 
nuevo. 

En 1783 se fundó un establecimiento de benefi- 
cencia para los enfermos pobres, cuyos gastos 
fueron pagados en los primeros tiempos por don 
Francisco Antonio Maciel, conocido por sus obras 
de caridad, que le valieron el honroso sobrenom- 
bre de «El padre de los pobres». Dos ó tres anos 
después se hizo en Maldonado un ensayo de sala- 
zón de carnes en grande escala, con procedimien- 
tos que hasta entonces no se habían empleado; su 
autor murió pronto; su establecimiento, falto de 
recursos bastantes, se arruinó, pero dando motivo 

f 



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A 17% DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 43 

para que otros hiciesen más tarde otros ensayos, 
cada vez más afortunados, hasta que resultaron 
los valiosos establecimientos á que llamamos co- 
mún mente saladeros. 

La población habíaatendido hasta estos tiempos 
las necesidades públicas de su culto en la pequeña 
Iglesia, de San Felipe y Santiago, situada en la es- 
quina N. E. de las calles Ituzaíngo y Rincón; pero 
el número de habitantes, que ya llegaba á tres ó 
cuatro mil, empezaba á crecer con rapidez, y el 
servicio de la capilla iba tá ser insuficiente dentro de 
poco. Se pensó en edificar una iglesia de mayor ca- 
pacidad, y se fundó en 1790 la actual Iglesia Ca- 
tedral, cuya construcción duró muchos anos. En 
1794 se fundó el primer teatro, en donde está hoy 
situado el novísimo de San Felipe, y en el año 
siguiente se autorizó la apertura de la primera 
escuela gratúita, que fué sostenida con dineros 
particulares y dirijida por religiosas. Es muy de 
notarse que en esta fecha se formó la primera aso- 
ciación privada de enseñanza primnria. La capilla 
de la Caridad empezó á construirse un año des- 
pués. Por manera que se nos presentan en esta 
época Jas autoridades y pueblo de Montevideo poco 
preocupados de la instrucción y de la educación 
general de la juventud, y empleando grandes con- 
cepciones y fuertes sumas en edificios religiosos. 

XXXVII — División administrativa del vlrelnato 

Entre tanto, habían sucedido á Cebállos el ge- 
neral Vertiz de Salcedo (1778) primeramente, y 
después (1784) Don Nicolás Francisco Cristóbal 
del Campo, marqués de Loreto. El primero de es- 
tos dos vireyes hizo bien especialmente á Buenos- 
aires, y adelantó las fortificaciones de Montevi- 
deo, en previsión de ataques que pudieran venirle 
del exterior. 



44 BOSQUEJO HISTÓRICO 17&6 

El segundo ejecutó el plan de divisiones admi- 
nistrativas que había proyectado Cebállos y que la 
corona hizo objeto de una ordenanza en 1182. Las 
divisiones más extensas del vireinat i fueron las 
intendencias, en número de ocho. Fué Buenos-ai- 
res una de ellas, con derechos de superintenden- 
cia, en virtud de los cuales le quedaron sometidas 
las demás en algunos asuntos administrativos. La 
Banda-oriental hizo parte de esta intendencia. Ca- 
da una de estas extensas divisiones se subdividió 
en partidos; Montevideo y Maldonado lo fueron 
de la de Buenos-aires. Se instituyeron algunos 
gobiernos, uno de los cuales fué Montevideo; y va- 
rias comandancias y de las que hubo tres en el ter- 
ritorio oriental del Uruguay : la de la Colonia del 
Sacramento, la de Maldonado y la de Santa 
Teresa. 

XXXVIII - Represión de Inmoralidades administrativas 

La conducta de este virev influyó también de 
una manera notable en la moralidad administra- 
tiva. El jefe de la hacienda, residente en Buenos- 
aires, se había asociado con funcionarios y co- 
merciantes de Montevideo para monopolizar algu- 
nos ramos de la industria, emplear los dineros 
públicos en provecho propio, y hacer negocios 
escandalosos. El saladero establecido en Maldo- 
nado, á que se ha hecho referencia un poco antes, 
debió su existencia á estos abusos, pues fué sos- 
tenido con valores que se sustraían de las cajas 
públicas y para despachar sus productos á la real 
armada en cantidades que falsamente se abulta- 
ban mucho. El Virey descubrió tales delitos y 
procesó á los culpables. El pueblo se preocupó 
extraordinariamente con motivo de estos hechos 
y se reprimieron por algún tiempo algunos de los 
abusos que se solían cometer. 



41801 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 45 

XXXIX — Invasiones brasileñas 

Vinieron al vireinato, después que el marques 
cleLoreto, en lo restante del siglo XVIII, Don Ni- 
colás de Arredondo (1789), Don Pedro Meló de 
Portugal (1795), D. Antonio Olaguer Feliú (1797), 
que ejerció el gobierno interinamente durante dos 
años, por muerte de su antecesor, acaecida en 
Montevideo, y el marqués de Avilez. La adminis- 
tración de estos vireyes se hizo pacíficamente, sin 
que ocurriera otro acontecimiento notable (pie los 
trabajos de demarcación delimites éntrelos do- 
minios de Buenos-aires y del Brasil, los cuales 
quedaron suspensos en varios puntos, porque, de- 
bido á que el tratado de 1777 no determinaba con 
claridad todos los lugares por donde había de pa- 
sar la línea divisoria, los comisarios españoles y 
portugueses no pudieron entenderse. 

Las autoridades brasileñas tomaron por pretex- 
to esta indeterminación de las fronteras para ocu- 
par las tierras neutrales y parte de las que clara- 
mente pertenecían á España por el tratado predi- 
cho, sin que sirvieran para contenerlos las protes- 
tas que dirijió el virey Avilez. Al contrario, como 
sobrevino muy luego la guerra del año 1800 entre 
las dos Coronas de la Península, los portugueses 
la aprovecharon para adelantar sus posiciones de 
la América meridional hasta más acá de las Misio- 
nes del Uruimav v hasta los fuertes de Cerro-lar- 
e:o, San-Gabriel y Santa-Teresa. El mariscal de 
campo D. Joaquín del Pino y Rozas, octavo virey 
del Rio de la plata, mandó que el marqués de 
Sobremonte, gobernador entonces de Montevideo, 
marchase contra los invasores. Así se hizo : los 
brasileños se retiraron del Cerro-largo y del Sud 
de la laguna Merim al saber que se les acercaban 
fuerzas enemigas, y continuaba el general español 



46 1 BOSQUEJO HISTÓRICO 1801 

su marcha hacia los pueblos de las Misiones, 
cuando recibió noticia de la paz celebrada entre 
los beligerantes. Las hostilidades se suspendie- 
ron, pues, antes que los invasores hubiesen sido 
expulsados de las posesiones del Uruguay. Se 
entablaron reclamaciones para que las desaloja- 
ran, pero inútilmente: los portugueses se conser- 
varon en ellas, hasta hoy, alegando el derecho de 
guerra, no neutralizado por los tratados de paz. 

CAPITULO III 

LAS CONQUISTAS INCLUSAS 
XL — Sobreinoníe en el gobierno de Montevideo 

Murió del Pino y ocupó su lugar Sobremonte, 
(1804), que aún desempeñaba el gobierno de Mon- 
tevideo. Era de familia distinguida; se había hecho 
notar por algunos trabajos miéntras estuvo al 
frente de la intendencia de Córdoba, había recu- 
perado, durante su último empleo, algunas de las 
posesiones usurpadas por los portugueses, aun- 
que sin que llegara la ocasión de poner á prueba 
sus aptitudes militares y políticas; Montevideo ha- 
bía hecho algunos progresos, como que había 
aumentado el movimiento de su puerto; había cre- 
cido la demanda de servicios personales, si bien 
se empleaban hombres esclavizados, con mengua 
de la moral, del derecho y de la dignidad humana, 
á punto que los esclavos formaban la tercera par- 
te de la población ; se habían destinado sumas 
considerables á la continuación de las obras de 
tres ó cuatro iglesias, del hospital y del cabildo; 

Í)ero en todo esto no se vio tanto la iniciativa, ni 
a cooperación del gobernador, como el esfuerzo 
de las autoridades municipales. 



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i 1803 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 47 
XLI — Guerra entre Inglaterra y Espaita 

Ocurrió en este tiempo que como la Francia es- 
taba en guerra con Inglaterra, solicitó el auxilio 
de España; ésta se propuso conservar su neutrali- 
dad, á pesar de los compromisos que tenía para 
con aquella potencia, mediante una indemniza- 
ción que nó porllamarse así dejó de ser un auxilio 
electivo. Inglaterra pretendió á su vez la alianza 
española, y, no habiéndola conseguido, se propu- 
so vengarse atacando las posesiones y propieda- 
des que España tenía en América. Mandó en el 
mismo año 1801 algunos buques dc-guerra á es- 
tas aguas, los cuales tuvieron la buena fortuna de 
apoderarse en Octubre de tres fragatas que iban á 
la Península con cuatro millones de pesos, y de 
echar á pique otra, durante el combate que con 
este propósito se. sostuvo. 

El hecho produjo mala, impresión en el ánimo 
de los españoles; con tanta más razón, cuanto que 
no le había precedido la declaración de guerra que 
es práct'ca entre las naciones civilizadas. España 
se pronunció entonces contra Inglaterra, en alian- 
za con los franceses, por manera que se dió una 
causa regular á la guerra de estas potencias. La 
escuadra aliada fué completamente vencida en Tra- 
falgar (Octubre de 1805). Como este hecho memo- 
rable permitió A Inglaterra obrar con más libertad 
en las aguas, despachó una expedición de más 
de 6500 hombres con la orden de que se apoderára 
de la colonia que los holandeses tenían en el Ca- 
bo de Buena-esperanza. 

X1.II — Pr-msra invasión de Buenos-aires por los ingleses 

Cumplida la orden, el jefe de la escuadra pensó 
extender la empresa por las colonias del Rio de la 
Plata; convino en ello el gefe de la expedición, y 



48 BOSQUEJO HISTÓRICO 1800 

fueron encomendadas las fuerzas de desembarco 
á Guillermo Car Berresford, y á Home Popham 
la flota. Estas fuerzas llegaron al rio de la Plata 
en once buques, á principios de Junio de 1800; 
desembarcaron en Quilmcs, aldea que quedaba al 
Sud de Buenos-aires y á pocas leguas de distan- 
cia, y emprendieron su marcha hacia la capital 
del vireinato, constando de poco mas de 1600 
homares y cuatro piezas de artillería. 

Sobremonte había tenido noticias de que la ex- 
pedición que se dirijió al Cabo de Buena-csperan- 
za había tocado en el Brasil; temió entonces que. 
vinieran á atacar las posesiones del Plata, y, cre- 
yendo más expuesta á Montevideo que á Buenos- 
aires, había mandado á la primera las fuerzis re- 
gulares de la segunda. Pero los ingleses se dirijie- 
ron al Africa y Sobremonte perdió los temores y 
aún toda clase de recelo; tanto, que se sorprendió 
al saber que el enemigo estaba casi á las puertas 
de la ciudad. Su nulidad fué en esta ocasión tan- 
ta como su sorpresa; llamó á las milicias urba- 
nas, pero no supo, ni se ocupó de organizarías. 
Los invasores dispersaron fácilmente los destaca- 
mentos que les salieron al encuentro y entraron en 
número de 1500, sin disparar un tiro, á banderas 
desplegadas y tambor batiente el 27 de Junio en 
una ciudad de cuarentaicinco mil almas, de (pie 

Eoco antes habia huido cobardemente el Virey. 
iOS conquistadores recibieron como tr feo cerca 
de un millón y medio de pesos, y procedieron con 
el pueblo y las pocas tropas que capitularon, con 
moderación y con nobleza. 

XlilII — Preparativos para la reconquista 

El pueblo sufría vergüenza por la presencia 
tranquila del conquistador, 6 indignación por la 
conducta del Virey y de las tropas rendidas. Se 



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1806 DK LA KKPl'BLICA O. DEL IKKlt'AN 19 

resistió á entregar las armas que había recibido 
en los momentos de conflicto, ocultándolas en sus 
domicilios; varias personas se asociaron para reu- 
nir dinero, aumentar el número de armas e* invitar 
á los vecinos de la ciudad y de la campaña á orga- 
nizarse secretamente para llevar á cabo la recon- 
quista; resolvieron abrir dos minas debajo de Iqs 
edificios que ocupaban las tropas inglesas, é invi- 
taron al gobernador de Montevideo á que favore- 
ciera estos trabajos con los elementos de (pie dis- 
ponía. En consecuencia, se hicieron Jas minas, 
se armaron secretamente los vecinos de la ciudad 
y se organizaron, se reunieron fuertes grupos en 
campaña y esperaron que llegara la oportunidad 
para poner en acción estos elementos. 

XI-IV— Reconquista de Bueuos-aires. Auxilios de Montevideo 

El gobernador de Montevideo, que lo era el ge- 
neral D. Pascual Ruiz Huidobro, convino con D. 
Santiago Liniers, jefe que, aun cuando nacido en 
Francia, llevaba muchos años de servicios milita- 
res á la Corona española y era apreciado por 
el pueblo de Buenos-aires, en confiarle el man- 
do de las tropas que el Vi rey había mandado poco 
antes de Buenos-aires, más algunas fuerzas loca- 
les que completarían el número de mil hom- 
bres. 

Partió la expedición desde la Colonia el 3 de 
Agosto, desembarcó el 4 en el puerto de las Con- 
chas, siete leguas al Norte de Buenos-aires, reci- 
bió inmediatamente el refuerzo de quinientos hom- 
bres, y el de más de otros quinientos en los dias 
próximos, y entró el 11 en la capital del virei- 
nato con mas de dos mil hombres no bien arma- 
dos. El 12 se libró el combate decisivo en las 
calles por mas de cuatro mil hombres de las tres 
armas, que fueron auxiliados por vecinos que 



50 



IiOSQUEJO HISTÓRICO 



180.» 



hacían fuego desde los balcones y azoteas. Los 
ingleses se rindieron, después de una brava de- 
fensa, en número de mil doscientos con sus bande- 
ras y estandartes, 124 piezas de artillería y 1600 
fusiles. Beresford y Pack quedaron prisioneros. 

XLV — Primer acto revolucionario de Buenos-aires 

Cuando tuvieron lugar estos sucesos, el Virey 
estaba á cuarenta leguas de Buenos-aires con al- 
gunas fuerzas que recibió de varias intendencias. 
El pueblo le negó obediencia, confiando, contra la 
voluntad de la Real Audiencia y de las clases pri- 
vilegiadas, al vencedor de los "conquistadores el 
mando supremo de las armas. Esta fuó la prime- 
ra vez que el pueblo del Rio de la Plata, represen- 
tado por una mayoría de criollos, medía sus fuer- 
zas propias é imponía de un modo tan solemne su 
voluntad á las autoridades españolas. 

XliVI — Manifestaciones democráticas 

El virey pasó á la Banda-oriental con unos 3000 
hombres; la escuadra inglesa quedó bloqueando 
los puertos de ambas márgenes del Plata, mien- 
tras no llegaran los refuerzos que Beresford había 
pedido á Londres y Cabo de Buena-esperanza 
cuando entró en Buen s-aires; y Liniers, recelo- 
so de nuevos desembarcos, se dedicó con grande 
actividad y acierto á organizar la defensa, sobre 
un plan democrático que contrastaba con las cos- 
tumbres que hasta entonces habían regido, pues 
que repartió armas entre los ciudadanos de todas 
las clases, é hizo que entre ellos nombrasen los 
oficiales y los oficiales á los jefes, de modo que * 
el espíritu y la autoridad fueran populares. 



i 1807 Di: LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 51 
XI/VIl — I..OS Ingleses invaden la Banda-oriental por Maldonado 

Las primeras fuerzas pedidas por Beresford que 
llegaron á las aguas del Plata, fueron las proce- 
dentes del Cabo de Buena-esperanza. Se acerca- 
ron á Maldonado á principios de Octubre, bajo el 
mando del teniente-coronel Backhouse, en nú-* 
mero de tres mil quinientos hombres y treinta y 
cinco á cuarenta buques, y tomaron aquel punto 
1 v la isla de Gorriti sin hallar casi resistencia. 4 
Al saberse este hecho en Montevideo, cundió la 
alarma, se dió aviso al virey Sobremonte, que 
permanecía acampado cerca de la ciudad; se em- 
pezaron los trabajos de reparar las fortificaciones; 
se pidió un empréstito de trescientos mil pesos 
para atender á W§ gastos de la guerra; acudieron 
á armarse los vecinos, entre ellos algunos ex- 
tranjeros, y se hicieron otros preparativos para re- 
sistir al invasor, tales como acopios de víveres, 
padrón de los esclavos que había para destinarlos 
al servicio de la artillería, corte de leña en los 
montes cercanos, concentración cu la ciudad de 
pipas, carnes, sebos, y todo lo que pudiera ser 
útil al enemigo, si llegara á. acercarse, etc. 

XIvVIII— Marchan los ingleses hacía Montevideo. Combate 

sangriento 

El 5 de Enero de 1807 vinieron á Maldonado 
otras fuerzas que bajo el mando de Samuel Auch- 
inuty se habían embarcado, en Agosto, en el 
puerto de Portsmouth, ciudad de Inglaterra, las 
cuales constaban de más de 5300 hombres. Reu- 
'nidas las dos expediciones, resolvieron sus jefes 
(lirijirse á Montevideo. Se pusieron en camino el 
dia 13; llegaron el 14 á la isla de Flores, en cuyo 
«lia se acercó el navio Dtadem a Montevideo con 
eJ objeto de intimar á la plaza que se rindiera; el 



52 BOSQUEJO HISTÓRICO MC 

15 contestó el Virey á la intimación reehazándolt 
en términos enfáticos; los ingleses reconocieroi 
en seguida la costa y el 18 (1) por la mañana des 
embarcaron infantería y artillería hacia el Este d< 
la ciudad, á nueve millas de distancia, en númer< 
de 6000 hombres, sin que se les opusiera un; 
fuerza de caballería y artillería que Sobremont» 
había mandado al lugar del desembarco, si biei 
sostuvo á medio dia un cañoneo de poca inipor 
tancia que excitó en vano el sentimiento de quie 
nes lo oyeron desde la plaza. 

Ante la proximidad del amago, los defensore; 
de esta, y principalmente el Cabildo, aumenta 
su celo patriótico, piden artillería á Sobremontc 
se dirijen á las autoridades de Buenos-aires su 
licitando auxilios, y atienden las necesidades d 
agua, comestibles y leña que sentían alguno 
grupos destacados por el Virey. 

Los invasores no se mostraban menos activos 
El 19 continuaron su marcha por tierra sobr 
Montevideo, formados en dos columnas; la cabd 
Hería y artillería de Sobremonte intentó estorbai 
los, haciendo fuego á la columna derecha, per 
fué rechazada con pérdida de un cañón. El Vire 
pidió entonces refuerzos á la plaza, recibió 13C 
hombres, los dividió en dos columnas para opc 
nerlas á las otras dos del enemigo; mas este cor 
siguió vencerlos rodeando á una parte y desbai: 
dando á la otra, á punto que de los 130Ó hombr* 
que salieron de Montevideo, volvieron solo BOi 
La caballería del Virey huyó hasta las Piedras^ 
el vencedor tomó buenas posiciones á dos m'üfo 
de distancia, estableciendo el sitio déla ciudai 
ya bloqueada estrechamente por la escuadra. | 

i 

(1) Algunos dicen el 1G. lio preferido la fecha del lexto. porque es la <.•< 
signada en el paite de Aucliuiut?. 



uigiiizeo Dy uuu 



iho: ni-: la kepOblica o. del ijkuguay 53 

XI.IX —Desastre del ÍÍO de Enero 

El efecto que estos hechos produjeron en el 
ánimo de los sitiados, fué extraordinario. El Ca- 
bildo, que había recibido ya la noticia de que se 
aprestaban en Buenos-aires 500 hombres desti- 
nados á reforzar la guarnición de Montevideo, se 
dirijió al de aquella ciudad el mismo día de la ac- 
ción, dándole aviso de lo ocurrido y pidiéndole dos 
V> 3000 hombres. El pueblo se apasiona, culpa á 
la ineptitud y cobardía de Sobremonte por las 
pérdidas sufridas, y miéntras las personas carac- 
terizadas, incluso los cabildantes, piensan en la 
conveniencia de mantenerse en una actitud rigu- 
rosamente defensiva, la oficialidad se pronuncia 
m el sentido de una salida con todas las tropas 
disponibles, pensando que con mejor dirección 
torcerían el curso que empezaban á tomar los 
acontecimientos. Los consejos y los cálculos de 
los prudentes nada pudieron contra este parecer, 
y fué forzoso arriesgar de nuevo la suerte de la 
defensa. 

Dos mil hombres formaron el mismo dia 19 en 
la plaza de la Matriz, bajo las órdenes de D. Ja- 
vier de Viana, mayor de la Plaza, y del briga- 
dier don Bernardo Lecoq. Abultóse ese número 
durante el resto del día y en la noche con milicias 
v 1000 hombres de la caballería de Sobremonte, 
hasta completar el de más de cuatro mil(lj¿ y dié- 
ronse á cada pequeño cuerpo en que fueron dis- 
tribuidos, dos cañones volantes. 

Dispuesto todo, el dia 20 por la mañana salió 
Vste pequeño ejército, formando en una columna 
la infantería y en otra la caballería, en la direc- 
ción de lo qué es hoy la calle del 18 de Julio; llegó 

(1) Este es el número que <lá una comunicación del Cabildo. Auchmuty 
dice que eran cerca de seis mil. 



54 BOSQUEJO HISTÓRICO 1807 

á la altura de El Cristo, dobló hácia la derecha 
siguiendo la falsa retirada que hacía el enemigo, 
y á las 7 empezó el fuego con energía de parte á 
parte. Los ingleses empezaron entonces a recibir- 
refuerzos considerables que tenían ocultos de 
tras de unos médanos, á la orilla del rio; la infan- 
tería española se detiene; la caballería huye sin 
entrar en acción; aquella empieza a retroceder, 
pero es sorprendida en este momento por un vivo 
fuego que les viene de entre unos maizales, en 
donde los invasores tenían emboscada una parte 
de su fuerza. Entra la desmoralización en las filas 
de los defensores, se desordenan, se desbandan, y 
entran los que han podido usar libremente de sus 
piernas por los portones de la Plaza, completa- 
mente desmoralizados. La acción duró una hora 
y cuarto. Los montevideanos perdieron un cañón 
y más de 1000 hombres entre muertos, heridos y 
prisioneros. 

Los sitiadores tomaron posiciones, después de 
este suceso, en toda la línea que se extiende de 
Norte a Sud desde el Migueletc hasta el rio de 
la Plata, y empezaron á levantar baterías. La es- 
cuadra se aproximó también y el fuego de canon 
comenzó con insistencia de parte á parte. 

• 

Ii — Espíritu de la plaza después del desastre 

Los sitiados celebraron una junta de guerra á los 
dos ó tres días. Reunidos los informes de las fuer- 
zas que quedaban, resultó que no pasaban de 1400 
los soldados dispuestos para la pelea, muchos 
de ellos sin las aptitudes necesarias y todos vi- 
ciados por la indisciplina, debido en parte á que 
no habían cobrado sus sueldos desde tiempo atrás. 
Faltaban además víveres y combustible. Querien- 
do el Cabildo atender á las necesidades de la de- 
fensa, no obstante estar confiada á autoridades 



1807 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 55 

especiales, se dirijió á Sobremonte pidiéndole tri- 
go por vía delMiguelete é indicándole que reuniera 
los grupos dispersos de caballería, que confiase su 
mando á Suarez y Rondeau, y que adoptase el plan 
de guerra que brevemente le trazaba; á cuya con- 
ducta, que revela lo desconceptuada que ya es- 
taba la autoridad del Virey, contestó este' excu- 
sándose con la insubordinación de la caballería. 
Le pidió además que mandase á la Colonia caba- 
llos para los 500 hombres que venían de Buenos- 
aires; solicitó al Cabildo de esta más hombres v 
2000 fanegas de trigo, y mostró á Huidobro, ^o- 
bernadorde la Plaza, el temor de que el enemigo 
diese el asalto en las noches de luna nueva que se 
acercaban, manifestándole que debía artillar más 
la eiudadela y tener constantemente sobre las mu- 
rallas una mitad de las tropas, mientras la otra 
mitad descansara alternando con aquella. 

I.I — Desórdenes en la plaza sitiada 

No bastaron, empero, estos esfuerzos del Cabil- 
do para salvarse de las sospechas de ciertas gen- 
tes. Se propagó de pronto la voz de eme aquel 
cuerpo había aconsejado al Virey la capitulación; 
los tercios de gentes auxiliares se alarman, des- 
confian, se enfurecen, recorre el pueblo las calles 
gritando que el Cabildo los traiciona, asesinan á 
algunos individuos de quienes concibieron sospe- 
chas y forman por fin el propósito de matar á los 
cabildantes. Salvó por casualidad de ser víctima, 
de las iras populares el mismo Comandante ge- 
neral de la artillería. Sobrecogido el Cabildo en 
vista de tales hechos, pidió al Gobernador el día 
27 una guardia para su defensa. El Comandante 
de los tercios consiguió por fin aquietar lo ánimos, 
á lo que contribuyó la publicación de un oficio 
én que el Cabildo anunciaba al comandante de la 



56 BOSQUEJO HISTÓRICO 1807 

Colonia que Liniers estaba á punto de partir do 
Buenos-aires con una segunda expedición de mas 
de dos mil hombres. 

lili — Trabajos preparatorios para el asalto. Defensa 

Entretanto, los sitiadores activaban sus traba- 
jos de ataque. El 23 levantaron una batería con 
el objeto de cerrar el puerto á las comunicaciones 
que hasta entonces se habían mantenido con el 
exterior, protejidas por 1$, posición de la isla de 
las Ratas y por la escuadrilla de cañoneras que 
tenían los españoles dentro del puerto. El 25 pu- 
sieron por la | >arte del Fisto varias baterías de 
morteros y cañones de á 24, se aproximaron 
cuanto pudieron los mayores buques, y cañonea- 
ron por todos lados la Plaza con ánimo de ren- 
dirla. Empero, como esta contestase con energía 
el fuego eneimgp, abrieron el 28 otra batería de 
seis cañones á novecientos metros del bastión 
S. E., que consideraron el menos capaz de re- 
sistir; y no siendo bastante aún, construyeron 
otra igual á quinientos cuarenta metros, destina^ 
da á abrir brecha en la muralla d^l Sud. 

Mientras las baterías de tierra y la escuadra ha- 
cían un fuego nutrido y constante, la Plaza contes- 
taba no menos enérgicamente con los numerosos 
cañones que tenía por lo?! lados amenazados. Las 
tropas y el pueblo se portaban con valor y ani- 
mados "por la esperanza de recibir refuerzos de 
Biienos-ajres, á tiempo para no sucumbir. Los 
momentos empezaban, con todo, á ser verdadera- 
mente críticos. 

IJII — Actitud de Buenos-aires 

El 21 se supo en la capital del vireinato, por 
medios extraoficiales, la derrota del dia 19, y se 
dispuso en seguida mandar auxilios. El 23 lie- 



1807 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 57 

gó la noticia del desastro del dia 20, con cuyo 
motivo se resolvió aumentar las fuerzas de pro- 
tección. Se dió orden para que se preparasen los 
restos veteranos y un tercio de paraguayos que 
había; se ofreció á los que voluntariamente qui- 
sieran unirse á la expedición, sueldo doble y una. 
pensión vitalicia para la madre, mujer ó hijos de 
k los que fallecieran en la defensa de Montevideo. 
Más de dos mil hombres se presentaron en los 
primeros momentos, pero bajo la condición de 
que serían mandados por Liniers y nó por el vi- 
rey Sobremonte, de cuya incapacidad y cobardía 
no esperaban otra cosa que sacrificarse sin ser- 
útiles á la patria. 

Se temía que Sobremonte no consentiría tal 
cosa; se intentó deponerle para salvar las dificul- 
tades; pero se opuso la Audiencia, cuerpo emi- 
nentemente realista, contra el voto del pueblo y 
del Cabildo, accediendo sólo á que se suplicara 
al Yirey que no obstara á la maijeha de los vo- 
luntarios de Buenos-aires. 

•i * 
— Primera expedición auxiliar. Actitud de! Cabildo de 

Montevideo 

En tanto se daban estos pasos, y sin esperar el 
resultado, partieron el dia 25 los veteranos y para- 
guayos, mandados por el brigadier Arce, en nú- 
mero de 500 y tantos. Al saber Sobremonte que 
venían, dióles" orden para que se dirijieran á su 
campo, situado en las Piedras; pero Arce, des- 
, obedeciendo la orden, se acercó' á- Montevideo, 
rompió la línea de sitio y penetró en la Plaza, 
cuando ios sitiados empezaban á desesperar de su 
suerte. Sábese entonces que otra expedición se 
prepara y los inconvenientes que dificultaban su 
marcha. El Cabildo, participando de los recelos 
que se sentían en Buenos-aires, se dirijíó el 2 de 



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58 BOSQUEJO HISTÓRICO 1807 

i 

Febrero al Virey manifestándole que ei pueblo, 
aleccionado por los sucesos, había perdido toda la 
confianza que tuvo en él y le odiaba; que la de- 
fensa no debía tener otro jefe que Liniers, ni los 
sitiados deseaban sino al vencedor de los primeros 
invasores. El mismo día escribía á Buenos-aires 
' que la noticia de la expedición de Liniers había 
producido grande animación en el pueblo y en las 
tropas, y que se tuviera fé en que la ciudad se re- 
sistiría hasta que los refuerzos llegasen. 

JA r — Segunda expedición auxiliar. Conducta del Virey 

i 

El día 30 salió Liniers de Buenos-aires con 
2600 hombres; desembarcó el mismo día en la 
Colonia, creyendo que estaría pronto cuanto fuera 
necesario para seguir hasta Montevideo por tierra; 
pero se encontró sin caballos, sin muías, sin ca- 
rros v sin víveres. El comandante de la Colonia 
explicó esta falta de elementos, diciendo que el 
Virey había prohibido darles auxilios sin su per- 
miso. Pudo más en este hombre el resentimiento 
para con Liniers, que el interés de vencer al ene- 
migo común. El verano estaba en su momento 
más riguroso, y difíciles y penosas tenían que ser- 
las marchas á pié en tan larga distancia; sin em- 
bargo, se resolvió Liniers á emprenderla y se pu- 
so en camino con sus tropas, esperando llegar á. 
tiempo para salvar á Montevideo. 

IA'I — Asalto y toma de Montevideo 

Pero los acontecimientos marchaban más de 
prisa en el lugar de la lucha. Las baterías ingle- 
sas abrieron al Sud una brecha que ya era prac- 
ticablé el 2 de Eebrero por la tarde; El sitiador- 
intimó rendición ese mismo día, á. la cual nada 
contestó el Gobernador. Se cubre la brecha con 
pilas de cueros y con cuanto pudo servir para le- 



1807 DE LA REPÚBLICA O. DfclL URUGUAY 59 

\antar parapetos; la noche siguiente fue* oscura en 
extremo; los soldados ocupan en actitud de alar- 
ma toda la línea accesible al asalto, pero el sueno, 
mal satisfecho desde varios días antes, empieza á 
poder más que su voluntad; algunos guardias se 
duermen y los ingleses se dirijen á las murallas 
en masas compactas, con el más profundo sigilo, 
sin que oído ni vista alguna los sintiera hasta que 
estuvieron sobre las fortificaciones. 

Eran las dos de la mañana. Al sentirlos sobre 
sí, los defensores de la plaza rompen el fuego; los 
asaltantes yerran la brecha, la buscan pasando 
por delante de los cañones españoles que lanzaban 
balas y metrallas de todas partes, la hallan, trepan 
sobre las trincheras improvisadas, se encuentran 
con bravos que les disputan el paso; pero se agol- 

Í>an en gran número, invaden el interior, atrope- 
lan á la bayoneta los cañones que les hacen fuego 
terrible desde las boca-calles inmediatas, luego se 
corren en todas direcciones, la sangre se derrama 
á torrentes, llegan asaltantes y asaltados hasta la 
plaza de la Matriz entreverados, huyen las clases 

inferiores del pueblo armado val amanecer 

el dia 3 de Febrero estaban la ciudad y las más de 
las fortificaciones en poder de los ingleses. Solo 
se sostenían el parque de artillería, en donde es- 
taba el valiente gobernador Ruiz Huidobro, y la 
ciudadela, defendida por el brigadier Arce. Re- 
sistieron aún valerosamente, pero fueron al fin 
obligados á rendirse. 

Murieron más de 800 hombres de los asaltados, 
incluso casi todos los veteranos y tropa de línea 
que había, y otros tantos ingleses. Los heridos 
fueron muchos. Los que quedaron con vida, como 
2000, fueron prisioneros de guerra; los que hu- 
yeron durante el asalto para el Norte de la bahía, 
pasaban de mil. 



00 BOSQUEJO HISTÓRICO 1807 

El vencedor observó una conducta honorable 
después de la acción: reprimió severamente los 
menores excesos de sus soldados; mandó una 
fuerza para que protejiera al Cabildo; dispuso que 
este se encargara de la policía de la ciudad; hizo 
respetar á todos los que tenían á su cargo alguna 
función judicial ó municipal; prohibió á sus ma- 
rinos y tropas terrestres el andar por las calles, 
muestra delicada del respeto que le inspiraban 
los sentimientos del valiente pueblo vencido, é hi- 
zo cuanto pudo porque el vecindario no tuviera 
razón de queja. 

¥A r II— Conducta posterior de los Ingleses en Montevideo 

Pasados los primeros momentos, fué nombrado 
comandante de la plaza Gore Browne; Auehnmty 
publicó proclamas asegurando que respetaría la 
religión y sus ministros, así como las propiedades, 
fueran particulares ó comunes; puso en libertad 
á los prisioneros que eran casados y á los que 
ejercían el comercio ó tenían su domicilio en la 
ciudad; dió al comercio de importación franquicias 
que hasta entonces habían sido desconocidas, en 
cuyo mérito se introdujeron inmediatamente gran 
número de artículos ingleses de uso común, y se dió 
vida a un comercio activo que restableció pronto el 
ánimo de la población; y fundó un periódico re- 
dactado en castellano, el primero que haya apa- 
recido en esta ciudad, bajo el título de «La Es- 
trella del Sud » , cuyo objeto principal fue" el de 
propagar en el pueblo ideas y sentimientos libera- 
les como medio de hacer simpática la dominación 
inglesa. 

No obstante estos hechos, que debían influir 
ventajosamente en las costumbres, y que dignifi- 
can la conducta general del vencedor, ocurrió 
Auchmuty algunas veces á medios arbitrarios para 



1S07 DE LA REPÚBLICA ü. DEL URUGUAY ()1 

satisfacer necesidades de su ejército. Así, más de 
una vez mandó secuestrar en el mercado los coci- 
neros esclavos que iban á hacer compras, dejando 
á los dueños sin cocinero ni alimentos; dio órden 
al Cabildo para que pusiese tasa á la leche, las 
aves, los huevos, las frutas, etc., so pretexto de 
que se vendían demasiado caros por aprovechar 
la estadía de los extranjeros; se apoderó de casas 
habitadas por familias y las dió á gentes de tropa, 
sin dar tiempo á sus habitantes para mudarse, ni 
permitirles disponer de lo más necesario. Sin em- 
l3argo, estas medidas fueron revocadas ó modera- 
das, debido á la actitud del Cabildo, que no perdió 
ocasión sin demostrar al Gobernador lo inconve- 
nientes que eran. 

I,VIII — Trabajos complementarios de la conquista 

Auchmuty* siguió su plan de conquista tan pron- 
to como ordenó los negocios de la ciudad. Mandó 
á Beresford, que había huido de Buenos-aires, 
para que con 2000 hombres tomase posesión de 
Canelones y otros puebleeillos próximos. Mandó 
á Pack, que también se había librado de la pri- 
sión, con otra columna á la Colonia del Sacramen- 
to, cuyo punto tomó, así como San-José y otros de 
menor importancia, completando la conquista de 
la Banda oriental. 

IíIX — Buenos-aires prepara su defensa 

. Vol vamos á Buenos-aires, cuyos acontecimien- 
tos deben conocerse, siquiera sea sumariamente, 
para explicar muchos de los que ocurrirán más 
tarde en Montevideo. Como se ha dicho ántes, en 
cuanto Liniers reconquistó la capital y fué nom- 
brado por el pueblo su caudillo, armó á todos los 
hombres en previsión de nuevos sucesos. Fueron 
clasificados los españoles por provincias, de mo- 



62 BOSQUEJO HISTÓRICO 1807 

do que se formaron cuerpos de catalanes, do viz- 
caínos, de andaluces, de gallegos, etc. Lo fueron 
también los criollos, que formaron cuerpos de pa- 
tricios, de arribeños, de naturales, etc. En la arti- 
llería entraron naturales y españoles, por cuyo mo- 
tivo se le llamó de la Union. Se esperaba que este 
modo de organizar las fuerzas populares avivaría 
el patriotismo por el sentimiento de la emulación. 
La mayor parte de los comandantes eran bonae- 
renses. Se habían alistado todas las clases de la 
sociedad: médicos, abogados, boticarios, comer- 
ciantes, artesanos, peones, cuantos hombres ha- 
bía, cualquiera que fuese su modo de vivir. El 
sentimiento fué tan universal y vivo, que hasta los 
niños formaron cuerpos bajo el mando de un hijo 
de Liniers. Cada batallón ideó y costeó su unifor- 
me, y todos se distinguieron por la belleza de las 
formas y de los colores elejidos para el traje. Los • 
trabajos se interrumpían con frecuencia con el ob- 
jeto de formarse las tropas, de hacer ejercicios 
y de entregarse a fiestas militares, en las que to- 
maban parte las familias. A los cuatro meses de 
la reconquista contaba Buenos-aires con más de 
seis mil voluntarios dispuestos á ocurrir á su 
puesto de combate al primer llamado. 

IiX— El pueblo impone la deposición <icl Virey 

Las noticias que llegaban de Montevideo hacían 
ver cercano el peligro y activar los medios de de- 
fensa. Al poco de partír de la Colonia, había reci- 
bido Liniers aviso de la caída de Montevideo en 
poder del enemigo, en cuya virtud retrocedió con 
sus fuerzas precipitadamente á Buenos-aires. La 
impresión que causó aquí la noticia del suceso, 
fuó extraordinaria; y no ménos fue la indignación 

Sie inspiró la conducta de Sobremonte. Se reunió 
pueblo en la plaza ba jo el imperio de estas impre- 



1807 DE LA REPÚBLICA O. DKl, l KLÜLA^ 63 

siones el 6 de Febrero, y exijió á gritos la depo- 
sición absoluta del cobarde Vi rey. Cedió la Au- 
diencia á la imposición, confirió al caudillo po- 
pular el mando militar y político y decretó el ar- 
resto de Sobremonte (1). 

1..XI — Se intenta reconquistar la Colonia 

Súpose después la toma de la Colonia por Fack; 
se resolvió desalojarlo de este punto y se le con- 
fiaron con este objeto 1500 hombres al coronel 
don Francisco Javier de Elio, que acababa de 
llegar de España con el título de Comandante ge- 
neral de la campaña de la Banda-oriental. Mas, 
tan nulo como fanfarrón, Elío malogró la empresa 
en dos acciones, en que fué derrotado por Pack 
v obligado á regresar á Buenos-aires. (Mayo de 
1807). 

IíXII— Los ingleses reciben fuerzas. Segunda invasión de 

Buenos-aires 

Al mismo tiempo casi que esto ocurría, llegó á 
Montevideo el teniente general Wlntelocke con 
1630 hombres, con los cuales se había embarcado 
en Inglaterra el mes de Marzo. A mediados de 
Junio llegó el general Crawfurd con otros 4200 
hombres y varios buques de guerra. Reunidas 
todas las fuerzas, se formaron cinco columnas de 
infantería y caballería y tres brigadas de artillería, 
con un total de cerca de 10,000 hombres. Tomó 
Wlntelocke el mando supremo de este ejército, lo 
embarcó en 116 transportes protejidos por 60 y 
tantos buques de guerra que obedecían al contra- 
almirante Murray, y se dirijió con toda esta for- 
midable fuerza contra Buenos-aires, en cuyas in- 

Fué ejecutado este decreto por un oidor y el síndico de la ciudad, que 
salieron de ella con una escolta el 14 de Febrero. Sobremonte fué remitido 
poco después á España. 



í)4 BOSQUEJO HISTORICO 1807 

mediaciones (la Ensenada) la desembarcó en los 
Hias 28 y 29 de Jimio. 

L.XIÜ — Nombramiento de Virej. Acción del Miserere 

En este día llegó una barca procedente de Cá- 
diz, que penetró en el puerto forzando la línea 
enemiga. Era portadora de pliegos en que se apro- 
baba todo lo hecho respecto de Sobremonte y se 
nombraba virey interino á Ruiz Huidobro ó, en 
su defecto, al oficial de más graduación. Venían 
también despachos de brigadier para Liniers. 
Ruiz había sido conducido prisionero á Londres, 
con otros muchos compañeros de defensa; había 
otros jefes de alta graduación, pero estaban pri- 
sioneros ó juramentados; por cuya causa, siendo 
Liniers el que reunía las condiciones exijidas, fué 
este el que recibió el nombramiento. Esto produjo 
gran satisfacción en el pueblo, y especialmente 
en las tropas. 

Al anunciarse la aproximación del enemigo se 
dieron señales de alarma, y corrieron á sus cuar- 
teles los ciudadanos. El dia 1 ? de Julio salieron al 
encuentro del invasor en cuatro divisiones com- 
puestas de mil y tantos hombres de caballería, 
setecientos de artillería y unos cuatro«mil quinien- 
tos de infantería: total, 6200 combatientes, (en los 
que no habían más que 800 veteranos), y 50 ca- 
ñones. . 

Se cometía en Buenos-aires la misma impru- 
dencia que en Montevideo; se salía á batallar á 
un ejército mucho más numeroso y aguerrido, 
con soldados improvisados que no conocían ni 
el arma que tenían en las manos; y se salía por 
obedecer la voluntad de jefes de línea, contra la 
opinión de personas del Cabildo y de las clases 
distinguidas del pueblo. 

Dos veces provocó Liniers una batalla, y otras 



1807 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 65 

tantas la esquivaron los ingleses, á pesar de sus 
muchas probabilidades de triunfo, sin duda por- 
que su interés consistía en llegar á la ciudad y 
asaltarla con el total de sus fuerzas. Creyendo, 
empero, que la vanguardia inglesa se disponía á 
cortarle el paso del Riachuelo, desprendió precipi- 
tadamente una parte de sus tropas con doce ca- 
ñones, se lanzó el 2 de Julio por la mañana con- 
tra los 1700 hombres que le inspiraron temores, 
en el paraje denominado Miserere, distante tres 
cuartos de legua de la plaza Mayor de la ciudad, 
y fuá derrotado con pérdida de tres cañones, des- 
pués de un combate reñido en que ambas partes 
sufrieron pérdidas relativamente sérias. 

L.X IV — Desaliento de los jefes de línea 

Se apoderó tal desaliento de Liniers, y tanto se 
animó el enemigo por este triunfo parcial, que su 
autor, Lewison Gower, intimó la rendición de la 
ciudad, y Liniers, de quien no se habían tenido 
noticias, ofició al Cabildo manifestándole que lo 
creía todo perdido y que se preparaba para una 
segunda reconquista. La misma impresión hizo el 
contraste de Miserere en los jefes de línea que te- 
nían á su cargo los fuertes de la ciudad, quienes 
no pensando sino en la rendición, llegaron ñ cla- 
var algunos cañones para entregarlos inutiliza- 
dos al invasor. 

I.XV — Energía del sentimiento popular 

La ciudad había quedado con sólo un batallón 
y algunos marineros y artilleros, y se hallaba 
sin murallas, trincheras, ni fosos, por manera que 
estaba completamente abierta y casi sin defenso- 
res. Ante esta situación y la proximidad del ejér- 
cito inglés, el suceso de Miserere y la comuni- 
cación de Liniers impresionaron desfavorable- 



66 BOSQUEJO HISTÓRICO 1S07 

mente al pueblo por un momento; pero reaccionó 
en seguida el Cabildo á impulsos del genio supe- 
rior de don Martin de Alzaga, su alcalde de pri- 
mer voto, mandó abrir fosos en las ocho calles 
que concurrían á la plaza principal, colocó en los 
cuatro ángulos de esta cañones de grueso cali- 
bre con sus bocas dirijidas á todas las calles, 
hizo iluminar toda la ciudad como se haría en 
un dia de fiesta, alienta y reorganiza las fuerzas 
dispersas que llegaban, y al día siguiente (3 de 
Julio) dispuesto ya todo para la resistencia, ofició 
á Liniers para que viniera á la ciudad con el resto 
de sus fuerzas y ordenó á Elfo que contestase la in- 
timación de Lewison Gower rechazándola enérgi- 
camente. Así se hizo. La llegada del general au- 
mentó la animación que ya se sentía en el pueblo; 
desde ese momento nadie pensó sino en defen- 
derse de todos modos. 

IiXVl — Ataque y defensa de Buenos-aires 

Los dias 3 y 4 se pasaron en guerrillas, mien- 
tras Whitclock se aproximaba con el grueso de 
su ejército. El 4 por la noche el pueblo armado 
ocupó sus posiciones , particularmente en las 
azoteas y en la plaza Mayor, que era el centro 
de la defensa. Las mujeres y los muchachos se 
prepararon también con tachos de agua hirviente, 
con granadas de mano, con grandes piedras y 
otros objetos, para arrojarlos al asaltante desde 
los balcones y azoteas á su paso por las calles. 
El entusiasmo animaba igualmente á todos. 

El dia 5 á las6j de la mañana emprendió el 
enemigo el ataque con una salva de veintiún caño- 
nazos á bala; penetró en la ciudad á un tiempo 
por varios puntos; Auchmuty y Crawfurd toma- 
ron después de sangrientos combates varias posi- 
ciones distantes de la plaza Mayor; pero, obligados 



1807 DE LA RKPÉHMCA O. DEL UUUl.AY 67 

á sostener combates parciales durante su marcha 
de avance hacia el centro de la defensa con las 
fuerzas diseminadas por las calles inmediatas y 
con el pueblo, que lanzaban balas, metrallas, 
bombas de mano y agua hirviente en cantidades 
terribles, los asaltantes que no murieron ó caye- 
ron heridos se vieron forzados á rendirse unos 
después de otros á discreción. Al ponerse el sol 
el pueblo había asegurado su triunfo. Los ingleses 
habían perdido más de mil prisioneros y cerca de 
dos mil entre muertos y heridos. Se contaba en 
tre los primeros el general Grawfurd y entre los 
. segundos «1 los coroneles Kingston, Cward, Pack, 
y otros jefes. Los oficiales prisioneros eran más 
de ochenta. 

LXVH — Resultados de la victoria 

A la magnitud de la gloria debía corresponder 
la magnitud del éxito. Se propuso á Whitclock, 
que se conservaba con la reserva á corta distancia 
de la ciudad, la evacuación de Montevideo, en 
cambio de lo cual se le permitiría reembarcarse 
con todas sus tropas, y se le devolverían los pri- 
sioneros. Fueron aceptadas estas proposiciones 
el día siguiente á las dos y media de la tarde; se 
ajustó la capitulación en seguida y se la ratificó al 
día inmediato por el General en jefe del ejército y 
por el Almirante de la armada. 

Se celebró el triunfo con salvas y repiques; se 
hicieron honores fúnebres á los muertos, se de- 
cretaron pensiones vitalicias para las viudas y los 
huérfanos, se dieron premios á los inválidos, se 
dio libertad solemnemente á setenta esclavos, y 
se honró la memoria de los enemigos que valien- 
temente murieron en el asalto, asistiendo á sus fu- 
nerales Liniers con su estado mayor, las corpora- 
ciones civiles v cuatro de los batallones de la de- 
fensa. 



68 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1S07 



Los ingleses cumplieron la capitulación con to- 
da puntualidad : salieron de Buenos-aires el 17 de 
Julio y de Montevideo el 9 de Septiembre, entre- 
gando esta plaza á Ello, que había recibido de Li- 
niers para el efecto el nombramiento de goberna- 
dor interino y dos cuerpos formados en Buenos- 
aires bajo la denominación de Voluntarios del Rio 




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LIBRO SEGUNDO 



LA REVOLUCION 



CAPÍTULO I 

LUCHA CON EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO 

DE BUENOS-AIRES 

LXVIII — Tendencias de los criollos y los españoles eu el Plata 

El desenlace de los sucesos que sí; acaba de 
referir no dejó completamente tranquilos los es- 

Í)íritus en el vireinato, ni hizo desaparecer todos 
os peligros. Había en Montevideo homogeneidad 
de sentimiento, parecía que todos sus habitantes 
no obedecían sino á un principio: el respeto de la 
autoridad española, ni aspiraban á otro lin que la 
integridad de los dominios de la monarquía; pero 
no puede decirse otro tanto del pueblo de Buenos- 
aires: aparte de que ya desde tiempos anteriores 
no era completa la concordia entre españoles y 
nativos, á tal punto que con frecuencia surgían de- 
savenencias entre padres é hijos y entre maridos y 
esposas cuando el uno procedía de la Península 
y el otro era americano; y á consecuencia quizás 
en mucha parte de este mismo antagonismo la- 
tente, se había producido cierta excisión, durante 
los años de la reconquista y de la defensa, entre 
las tropas españolas y las patricias: aquéllas se 
mofaban de la impericia de éstas y despreciaban 



70 BOSQUEJO HISTÓRICO 



1807 



sus oficiales improvisados; éstas reprochaban á 
aquéllas su mal proceder cuando la primera in- 
vasión y aún en las tremendas horas en que el se- 
gundo ejército inglés invadía las calles delaciudad. 

Por manera que la desarmonía que hasta en- 
tonces se había manifestado sólo en lo íntimo 
de la familia, adquirió en los años 6 y 7 formas 
nuevas y públicas, que se propagaron y arraiga- 
ron fácilmente, y generaron dos partidos que, sin 
tener fines distintos bien definidos, empezaban á 
mostrarse con caractéres diversos. Así, mientras 
los vemos unir sus fuerzas y su entusiasmo por 
defender los dominios y la autoridad de su Mages- 
tad católica, los vemos también : al uno, animado 
por el sentimiento de la patria española, bajo la 
dirección de su compatriota don Martin de Alzaga; 
y al otro, impulsado por el sentimiento de Ja patria 
americana, rodeando y prestigiando á su caudillo 
don Santiago Liniers.' Además, Liniers se apro- 
ximaba á las clases llanas; elevado por el pueblo, 
tendía á vivir con él y para él. Alzaga, por el con- 
trario, orgulloso y dominador, se sentía mejor al 
lado de las clases elevadas. Este aspiraba á ser 
el representante de los españoles y cíe la aristo- 
cracia; aquél lo era de los americanos y de la de- 
mocracia. 

E .XI X — Proposiciones y amenazas de Portugal 

Esto, en el orden interior. En el exterior, no tar- 
daron los platenses en verse nuevamente amena- 
zados por potencias extrangeras. A consecuencia 
de haber invadido el Portugal las tropas aliadas 
de España y Francia, la familia real de aquella na- 
ción se vió forzada á trasladarse al Brasil, teme- 
rosa de caer en poder de Napoleón I, cuya voluntad 
arbitraria era entónces tan grande como su fortu- 
na. Apénas llegado á su destino, y establecida 



á 1308 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 71 

en él su corte, el Regente de Portugal concibió el 
proyecto de unir á sus dominios el Rio de la Pla- 
ta, con cuyo fin se dirijió en 3 de Marzo de 1808 
su ministro Rodríguez de Souza Coutinho al Ca- 
bildo de Buenos-aires, proponiéndole tomar todo 
el vireinato bajo la protección de su Alteza real 
sin menoscabo de sus derechos y fueros, so pena 
de hacer causa común con su poderoso aliado la 
i Gran Bretaña. El Cabildo respondió á fines de 
Abril rechazando enérgicamente las proposiciones 
y las amenazas, y protestando su fidelidad para 
con los reyes españoles. 

IíXX — Sucesos políticos de la Península 

Al mismo tiempo que se hacían tales tentativas 
en estas regiones, graves acontecimientos se de- 
senvolvían en España. Dominado el Portugal, pen- 
só Napoleón I apoderarse de toda la Península. 
Hizo avivar la enemistad que había entre el rey 
Carlos IV y su hijo Fernando; conspiraron los par- 
ciales de este, en cuyo favor hicieron abdicar la 
corona. Las tropas francesas ocuparon las prin- 
cipales plazas españolas so pretexto de reforzar 
el ejército que obraba en territorio portugués, y 
Napoleón se hizo dueño del trono español (des- 
pués de haber atraido mañosamente á Bayona al 
nuevo rey y su padre) para colocar en él á su her- 
mano José. Ante estos hechos escandalosos, se 
levanta el pueblo de Madrid el 2 de Mayo, se pre- 
paran en seguida todas las provincias para la 
guerra de la independencia, nombra cada una su 
Junta de gobierno por ausencia del rey y de quien 
lo representase legalmente, y sus diputados cons- 
tituyen la Junta suprema de gobierno que residió 
primero en Aranjuez y después en Sevilla. 



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72 BOSQUEJO HISTÓRICO 1S0S 

i 

LXXI — Cuatro pretendientes al gobierno monárquico del Piata 

Es natural que tales hechos tuvieran trascen- 
dencia á la América. El 15 de Julio llegó de Cádiz 
á Buenos-aires una barca que trajo pliegos del 
Consejo supremo de Indias en que se ordenaba 
que se procediera á la proclamación y jura de 
Fernando VII; el 10 del mes siguiente llega á Mon- 
tevideo Mr. Sassenay, enviado por Napoleón y las 
autoridades españolas que le obedecían, con plie- 
gos también para que el vireinato ofreciera fideli- 
dad al usurpador; ya desde mediados de Junio es- 
taba en el Plata el brigadier don Joaquín Curado, 
que había sido enviado por la corte del Brasil 
para que continuara pacíficamente las gestiones 
que comenzó la regencia con su impremeditada 
comunicación del 3 de Marzo; y por fin doña Car- 
lota Joaquina de Borbon, esposa del príncipe re- 
gente de Portugal, había iniciado comunicaciones 
con algunas personas caracterizadas de Buenos- 
aires con el objeto de tomar so pretexto de ser 
hermana de Fernando VII, Ja regencia del Rio 
de la Plata, llamar á cortes á los americanos, y 
constituir en definitiva una monarquía indepen- 
diente de la española. Este cúmulo de pretensio- 
nes contradictorias declaradas simultáneamente 
erizaban de dificultades Ja situación v reclamaban 
tanta mas prudencia, cuanto venían apoyadas 
unas en el poder de respetable autoridad y otras 
en la autoridad de poderes temibles. 

IjXXII — Solución de las rivalidades 

Afortunadamente, la rivalidad, que á todos en- 
volvía, era lo que más había de contribuir á debi- 
litarlas. Napoleón estaba demasiado ocupado en 
España y tenía demasiado que temer á la alianza 
anglo-portuguesa, para empeñarse en sostener 



1S0S * DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 73 

con la fuerza la misión de Sassenay, razón por la 
cual pudieron desoírlo impunemente el Virey, el 
Cabildo y la Audiencia y aún decretar la prisión 
contra el enviado. El Regente d^ Portugal tenía 
en contra suya á la princesa Carlota y quizas al 
gobierno británico, que se interesaba más por la 
independencia de la América española que por su 
anexión á los dominios lusitanos, por lo que se 
vio en la necesidad de retirar del Plata al briga- 
dier Curado á los pocos meses de haberle dado 
la comisión. A su vez la Princesa era contrariada 
por su esposo el Regente, quien temía que si la 
Carlota llegaba á sentarse en el trono que le 
ofrecían algunos prohombres argentinos, fuera 
un sério peligro para el porvenir del Brasil; cu- 
yas consideraciones le indujeron á prohibirle que 
viniera á Buenos-aires con el objeto de asumir 
la regencia. No por esto se suspendieron, em- 

Í)ero, las relaciones políticas de la Princesa con 
os patriotas que trabajaban por independizar los 
pueblos del vireinato: aunque sin probabilidades 
de éxito, continuaron por algún tiempo, inefica- 
ces para ella, pero útiles para la América, por- 
que contribuyeron á mantener vivo y á extender 
el sentimiento deja emancipación. 

Así, pues, lo único que mereció la aceptación de 
la mayoría del pueblo pl aten se fué la orden del 
Supremo consejo de Indias para que se jurara á 
Fernando VII. Se dispuso en Buenos-aires que 
tuviera lugar esta ceremonia el 12 de Agosto, ani- 
versario de la reconquista. Así se hizo en Mon- 
tevideo, pero hubo de postergarse en aquella ciu- 
dad hasta el 21, á pedido del encargado de diri- 
jirla. 



74 



BOSQUEJO HISTÓRICO 1 1808 



L.XXIII — Intrigas que ahondan la división entre criollos 

y españoles 

Los españoles de Montevideo y Buenos-aires 
que,* como se ha dicho, veían en Liniers un po- 
deroso enemigo del partido que formaban, cre- 
yeron notar que había sido sobradamente bené- 
volo con el Sr. Sassenay, que se condujo con 
cierta frialdad en todo lo que se relacionaba con 
el acto de obediencia al nuevo rev, v que esta 
conducta era debida á que Liniers, por haber na- 
cido en Francia, tenía más simpatías por la domi- 
nación francesa que por la independencia españo- 
la. Fundadas en parte estas suposiciones, y en 
parte falsas, eran ya explotadas por Alzaga en 
Buenos-aires y por Elío en Montevideo, cuando 
llegó a esta ciudad el brigadier don José M\ Goye- 
neche, en calidad de enviado de la Junta suprema 
de Sevilla. Intrigante como pocos, animó á Elío 
para que promoviese la deposición del Virey, 
fundándose en que por lo menos había razón para 
sospechar de su fidelidad; pasa en seguida á Bue- 
nos-aires (23 de Agosto), le habla al Virey del peor 
modo de Elío, y á Alzaga del Virey en términos 
análogos á los que había empleado en Montevideo, 
consiguiendo así irritar más que lo estaban los 
ánimos de aquellos tres personajes, que desempe- 
ñaban en la actualidad papeles conspicuos. 

I/XXIV— Elio y el Cabildo de Montevideo se levantan contra 

el Jefe de los criollos 

Se dedicaron entónces los españoles á promover 
la erección de juntas gubernativas, semejantes á 
las españolas, como medio de hacer caer á Liniers 
y de vencer al partido patriota. Alzaga instigó fuer- 
temente á Elío para que se pronunciara el prime- 
ro, ya que no había en Montevideo elementos na- 



á 1S09 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 75 

turales que se le opusieran, y se trasladó á esta 
ciudad, en donde estuvo un mes so pretexto de 
reparar su salud. Elío denuncia entonces á Li- 
niers como sospechoso; éste, herido en su autori- 
dad , lo llama á Buenos-aires y manda á Midióle- 

«y 

na para que cumpla la orden; pero aquel y el Cabil- 
do de Montevideo resuelven que no se obedezca al 
Vircy; proceden á nombrar una Junta para que go- 
bierne como las de España , con independencia de 
la autoridad deLiniers (fines de Septiembre), inti- 
man á éste que se separe del mando, instan al 
Ayuntamiento de Buenos-aires para que siga la 
misma regla de conducta (5 de Octubre), y envían 
ádon José Raimundo Guerra para que dé explica- 
ciones ante la Junta de Sevilla, obtenga la aproba- 
ción de la Junta local y demuestre las inconvcnien- 
cías de mantener á Liniers en el Vireinato (26 de 
Octubre). Salió de Buenos-aires otra comisión 
con un objeto análogo. 

LXXV- L09 españoles siguen el movimiento en Buenos-aires 

Realizado el movimiento en Montevideo, se pre- 
pararon los españoles en Buenos-aires para efec- 
tuarlo también allí, excluyendo de la proyectada 
Junta á toda persona que hubiese nacido en el 
país. Alzaga era el alma de estos trabajos. Fijó 
el día primero del año 1809 para que sus paisanos 
se pronunciaran contra el Virey y dispuso que los 
batallones de catalanes, de gallegos y de vizcaínos 
concurriesen á la plaza á los primeros toques de 
campana, para apoyar con las armas el pronun- 
ciamiento. 

Como los patriotas supieron lo que se inten- 
taba, y como comprendieron que la actitud de los 
españoles tenía por principal objeto privar á los 
nativos de la intervención que habían empezado 
a tomar en los negocios públicos, corrieron á su 



» 



76 BOSQUEJO HISTÓRICO 1809 

vez los batallones de patricios á los cuarteles el 30 
de Diciembre y en ellos esperaron los hechos, dis- 
puestos á mantener el Virey. 

Llega el 19 de Enero, acuden al sonido de la 
campana las tropas amotinadas, y en seguida el 
obispo, Alzaga, los capitulares que en ese día ter- 
minaban su cargo, los que habían sido nombrados 
para desempeñarlo en lo sucesivo, los miembros 
de la Audiencia y varias otras personas, todos 
partícipes de la sublevación. Se dirijen el obispa, 
los capitulares y los oidores al Fuerte, en donde 
estaba solo Liniers, le manifiestan la voluntad de 
nombrar una Junta de gobierno, previa la depo- 
sición del Virey; y éste, protestando que no con- 
sentiría tal nombramiento miéntras tuviese po- 
der, concluye por renunciarlo en favor del jefe 
más antiguo. Los españoles aceptaron esta solu- 
ción como transitoria, esperando que el sustitu- 
to no les opondría resistencia. 

LXXVI — J,os americanos triunfan 

Pero saben con sorpresa los patricios lo ocu- 
rrido, y, aunque ya más de media tarde, se ponen 
bajo las órdenes de D. Cornelio Saavedra, salen 
de sus cuarteles, llegan á la plaza, dispersan las 
tropas allí reunidas, y se apersona Saavedra á 
Liniers, diciéndole que «ni el pueblo, ni los cuerpos 
de la guarnición que lo habían comisionado, quie- 
ren .ni pueden consentir la dimisión á que ha sido 
obligado; que incontinenti debía recogerla dándo- 
la por irrita y nula, prontos como estaban todos 
los comandantes y tropas á defender su legítima j 
autoridad.» Liniers vuelve sobre sus pasos y los 
patricios quedan triunfantes. 

Alzaga y cuatro más de los que encabezaron 
elmotin fueron desterrados en el acto á laPata- 
gonia, se confiscaron sus bienes, se disolvieron 



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1809 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 77 

los batallones europeos y se inició un proceso. 
Los peninsulares designaron a los deportados lla- 
mándolos «víctimas de la lealtad española)). Elío 
los hizo venir á Montevideo, en donde estuvieron 
hasta el 8 de Octubre, fecha en que regresaron á 
Buenos-aires. 

LXXVII — Conducta de la Junta suprema de Sevilla 

1 Entretanto, oía á los comisionados de Montevi- 
deo y Buenos-aires la Junta suprema de Sevilla. 
Su resolución fué ambigua, pues al mismo tiem- 
po que hizo elogios de la Junta montevideana y 
del Gobernador, mandó disolver la una y sustituir 
el otro por el Mariscal D. Vicente Nieto. Conde- 
nó además la sublevación de los españoles y dió 
á Liniers el título de Conde de Buenos-aires; pe- 
ro hizo con él lo que con el gobernador Elío: lo 
depuso, nombrando para que le reemplazase á 
D. Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien entró en 
la capital del vireinato con precauciones inusita- 
das que revelaron el temor de que se descono- 
ciera su autoridad. (Julio 30). Los españoles sa- 
lieron á recibirle con demostraciones de placer; 
los nativos usaron una conducta reservada : se 
abstuvieron. 

L.XXV1II — El virey Cisneros cede á la influencia criolla. 

Libertad de comercio 

Cisneros sobreseyó en la causa de los subleva- 
dos del 19 de Enero, cuyo acto, agradable á los 
españoles, produjo mala impresión en los ame- 
ricanos. 

Pronto se vió sin los recursos mas indispen- 
sables "para pagar los gastos de la. administra- 
ción; y como no p día esperarlos tampoco de la 
Metrópoli, se dinjió al Cabildo y á la Audiencia 
manifestándoles que debiendo hallarlos en el país, 



78 BOSQUEJO HISTÓRICO 1809 

no se le ocurría otra fuente que la libertad del co- 
mercio exterior, á la cual ocurriría si no le indi- 
caban otra. Los españoles divergieron, también 
en este punto, de los americanos. El comercio 
representado por ellos se opuso á la libertad, in- 
teresado como estaba en conservar el monopolio 
que le enriquecía con sacrificio del bienestar co- 
mún. Los labradores y hacendados, contra quie- 
nes iba en gran parte la oposición, solicitaron 
vista del expediente, encomendaron la réplica á, 
D. Mariano Moreno, patriota que hizo gran figu- 
ra desde entonces, y este redactó (Septiembre 30) 
una memoria en pró de la libertad de comercio, 
que se ha hecho célebre y que decidió á Cisneros 
á decretarla. 

Por causa de esta medida, que importaba la 
emancipación del vireinato en el orden económi- 
co, se activó considerablemente el comercio con la 
Inglaterra ; los consumidores estuvieron mejor 
servidos y por ménos precio, y el Erario aumentó 
de tal modo sus rentas, que bastaron para pagar 
el presupuesto y dieron mensualmente sobrantes 
de importancia. Esto demostró lo útil que es .la 
libertad, y enseñó á amarla. Probó además que 
el pueblo del Rio de la Plata podía gobernarse sin 
recibir recursos extraños, lo que abonó la aspi- 
ración á la independencia, presentándola perfec- 
tamente practicable. 

Así terminó el año 1809. 

L.XXIX — El americanismo de Buenos-aires se difunde en 

el Vireinato 

El ejemplo de Buenos-aires había cundido en 
el Vireinato. Tomando origen en disidencias sur- 
gidas en el seno del clero, se declararon enemigos 
el Gobernador- presidente de la intendencia de 
Charcas y la Audiencia. Llamó aquél en su de- 



41810 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 79 

fensa principalmente al elemento europeo, y ésta 
á los hijos del país, por haberles anímemelo que 
se les quería entregar á la dominación portugue- 
sa. Transformada así la cuestión clerical en cues- 
tión política, estalló una revolución el 2b de Mayo 
de 1809; fué vencido el presidente y depuesto, y 
se nombró en su lugar un gobierno, presidido 
por la Audiencia, que se declaró sumiso al Vi- 
i rey de Buenos-aires y á la soberanía de Fernan- 
do Vil. 

Cerca de dos meses después (16 de Julio) hubo 
otro pronunciamiento en la intendencia de la Paz, 
más abiertamente político. Triunfaron los america- 
nos; y, aunque prometiendo lealtad á Fernando VII, 
organizaron un gobierno, dictaron una constitu- 
ción, y emprendieron reformas administrativas, 
como si pensaran en ser un Estado independiente. 
Movimientos análogos tuvieron lu^ar, en esta épo- 
ca, en otras intendencias del Vireinato (Quito), 
pero nó do tanta consideración. 

LXXX--la reacción triunfa en el alto Perú. Efecto que el 
hecho produce en Buenos-aires 

Los sucesos de Chuquisaca y de La Paz se 
supieron en Buenos-aires al poco tiempo de la 
llegada de Cisneros. Se supieron también en el 
Perú, de cuyo territorio distan poco, relativamente, 
aquellas ciudades. Ambos vireyes se apresuraron 
á mandar fuerzas para sofocar los movimietos 
revolucionarios: el del Perú mandó á Goyeneche 
contra la Paz y el de Buenos-aires a Nieto contra 
Chuquisaca ó La Plata. Estos dos generales resta- 
blecieron el anterior orden de cosas; pero Goyene- 
che, cometiendo las más bárbaras atrocidades 
(ordenadas en parte por Cisneros) con los ameri- 
canos vencidos. 

La noticia de estos sangrientos sucesos llegó á 



80 BOSQUEJO HISTÓRICO . 1810 

Buenos-aires en Marzo de 181(5 y produjo tan 
mala impresión en el pueblo, que el Virey fuá 
objeto del odio délos nativos. La juventud qui- 
so lanzarse á la revolución en el acto; Frenen y 
Beruti, dos agentes de una Junta revolucionaria 
secreta que algunos argentinos habían consti- 
tuido y que trabajaba activamente por llegar á 
la independencia del Vireinato, se mostraron re- 
sueltos; pero los contuvo el comadante de los 
batallones patricios, don Cornelio Saavedra, por 
haber considerado prematuro el movimicnto- 
miéntras" no llegaran de España noticias que lo 
favoreciesen. 

IXXXI — Disolución de la Junta suprema de Sevilla 

No tardaron estas noticias. El ejército francés 
siguió triunfando; se apoderó de toda la parte 
septentrional de Sierra-Morena, forzó el célebre 
desfiladero de Despeñaperros que dá paso ala An- 
dalucía, y se extendió por el Sud de la sierra obli- 
gando A la Junta suprema á retirarse de Sevilla á 
la isla de León, en donde se disolvió después de 
pasar todos sus poderes a un Consejo de regencia 
de España é Indias, cuyas funciones deberían i 
empezar el 2 de Febrero de 1810. 4 

Se supo de estos hech s en Buenos-aires el 14 1 
de Mayo, por haber llegado el día anterior á Mon- 
tevideo una fragata con impresos y comunicacio- 
nes. El Virey los publicó sin reserva é hizo circular 
el 18 una proclama en que manifestó su fé en el 
triunfo definitivo de la Metrópoli, á pesar de ha- 
llarse casi completamente ocupada por el con- 
quistador, y prometió no tomar determinación 
alguna, si la Península llegara á perderse del todo, 
sino con el acuerdo de las representaciones de 
Buenos-aires y de las demás provincias del 
Vireinato, mientras no se establezca en América, 



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1S O DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 81 

en unión con los oíros vireinatos, una representa- 
ción déla soberanía de Fernando VIL 

LXXXII — Propósitos revolucionarlos del pueblo el 20 de Mayo 

Así pensaban los españoles, creyendo halagar el 
sentimiento revolucionario de los americanos con 
la promesa de consultar á los diputados provin- 
ciales. Mas los argentinos aspiraban á otra cosa. 
Desde que se propagaron las noticias de la disolu- 
ción de Ja Juntado Sevilla, pensaron que el poder 
del Virey había caducado. Se reúnen en grupos en 
todas partes, recorren las calles, y se comunican 
unos á otros la voz de que la representación de 
la monarquía española había dejado de ser. La 
Junta secreta delibera por otro lado y se prepara 
á convertir en hecho lo que la opinión consideraba 
ya un derecho, comisionando á Bclgrano y Saave- 
dra para que pidan al Cabildo la celebración de un 
congreso popular que declare la cesación del Virey 
y le sustituya por otro gobierno que sea la expresión 
de las aspiraciones comunes. El Cabildo resiste á 
la intimación; pero como se le hiciera comprender 
que si no accedía se reuniría el pueblo por sí so- 
lo, su Alcalde de primer voto expone al Virey lo 
que ocurre; este, sorprendido por tal actitud, con- 
sulta á los comandantes de la fuerza pública, quie- 
nes le responden por boca de Saavedra ' 'que no 
cuente ni con ellos, ni con los patricios, para 
conservarse en el poder; que ya no existe el gobierno 
de quien recibió el mando; que se trata de asegurar 
la suerte de los argentinos y de la América, y que 
por eso quiere el pueblo reasumir sus derechos y 
gobernarse por si mismo." Con todo, el Virey no 
se resolvía á consentir y se creyó necesario apurar 
las medidas. La Junta secreta mandó que se 
acuartelaran las tropas y que se hiciera nueva 
intimación al virey en nombre del pueblo y del ejér- 

6 



82 BOSQUEJO HISTÓRICO 1S10 

cito, dándole cinco minutos de tiempo para con- 
testar. La comisión le fué á las diez de la noche y 
Cisneros prometió que no se opondría. 

IiXXXIII — Trabajos revolucionarios cu los dias 21 y 22 

En consecuencia, el Cabildo le pasó una co- 
municación el día siguiente por la mañana (21) 
solicitando permiso para que el pueblo se reuniera, 
á ñn de « evitar los desastres de una conmoción 
popular»; el Virey contestó en el acto accediendo y 
recomendando al Cabildo que esforzara su celo 
por que «nada se ejecute ni acuerde que no sea en 
obsequio al servicio del amado soberano el Señor 
Don Fernando Vil, integridad de sus dominios y 
constante obediencia al supremo consejo nacio- 
nal,» y se pasaron esquelas de invitación á 450 
personas de las más caracterizadas, convocándolas 
para el siguiente día. 

El 22 se reúnen efectivamente los invitados, 
faltando muchos de los españoles; son proclama- 
dos por el Cabildo, exhortándoseles para que no 
recurran á soluciones violentas, y entran en deli- 
beración. Aparecen en ella francamente los euro- 
peos pugnando por conservar el régimen colonial, 
y los argentinos luchando corno revolucionarios; 
interesantes episodios se suceden; el debate-toma 
giros favorables y adversos alternativamente á ca- 
da una de las partes, pero se mantiene elevado y 
sereno, por instantes sublime, y termina á las do- 
ce de la noche con la votación de que la autoridad 
del Virey había caducado y de que el pueblo dele- 
gaba en el Cabildo la facultad de nombrar una 
Junta de gobierno en el modo y forma que tuviese 
por conveniente, cuya Junta debería convocar 
representantes de las provincias para que, cons- 
tituidos en Congreso, determinasen la forma de 
gobierno que había de regir en adelante. 



18:0 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 



83 



I,XXXIV — Esfuerzos revolucionarios y contrarcvolucioitario» 

del 23 y 24 

Alarmados los españoles por esta medida, in- 
ducen al Cabildo á que la resista, por cuyo motivo 
resolvió éste el dia 23 que el Virey continuase 
ejerciendo el poder, si bien acompañado por va- 
rias personas. La Junta secreta se alarma a su 
vez, dispone oponer á la influencia española el 
poder directo del pueblo, se presenta en público, 
acaudilla á la muchedumbre agitada v obliga al 
Cabildo á que publique por bando la resolución 
de la noche anterior. Así se hizo ese mismo día 
al ponerse el sol. 

Con todo, el Cabildo no desistió de sus preten- 
siones contra-revolucionarias. Impidió que los 
correos llevaran la noticia á las provincias y, aun- 
que nombró el 24 una Junta de gobierno, puso á 
su cabeza al ex-Virey, confiriéndole el mando 
superior de las fuerzas, so pretexto de que conve- 
nía evitar que las provincias desconociesen la au- 
toridad de una junta en que él no apareciera. Es 
razón, prudente en apariencia, decidió á Saaved 
y á otros comandantes á aceptar la constitución 
la Junta, con cuya adhesión se creyeron los reac 
cionarios salvados. 

Pero el pueblo americano se indigna, invade los 
cuarteles, se apodera de las armas, comunica sus 
sentimientos sucesivamente á soldados, oíiciales 
y jefes y se disponen todos á resolver la situación 
por el uso de la fuerza. Afortunadamente, la Junta 
secreta, que celebraba sesión en esos momentos, 
comisionó á algunos de su seno para que tranquili- 
zaran los ánimos mientras disponía que Saave- 
dra intimara al Virey la renuncia de su nuevo 
cargo, y á la Junta de gobierno su disolución, 
y que el pueblo elevara una representación al Ca- 



84 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



bildo para que cumpliera fielmente el mandato 
del 22, indicándole las personas que habían de 
constituir forzosamente la Junta gubernativa 
(Dia 24). 

IXXXV- Triunfa la revolución americana el 25 de Mayo 

Se redactó la representación y se firmó durante 
la noche por gran número de argentinos. Fué en- 
tregada el 25 por la mañana al Cabildo; y este, nó 
sin intentar nuevas resistencias, que fueron ven- 
cidas por el pueblo reunido en la plaza Mayor, pro- 
clamó la Junta impuesta por el pueblo, que no tar- 
daría en hacerse famosa, compuesta de los seño- 
res Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Manuel 
Belgrano, Miguel Az<?>uénaga, Manuel Alberti, Do- 
mingo Maten y Juan Larrea; siendo sus secretarios 
los doctores Juan José Passo y Mariano Moreno. 

Esta Junta asumió la autoridad suprema del 
ex-vireinato para mientras no se reuniesen los 
diputados de las provincias, except > la judicial, 
que se confirió toda entera á la Audiencia, y con 
la restricción de que había de consultar al Cabildo 
toda vez que decidiera gravar al pueblo con algún 
impuesto. Quedaba obligada á ordenar á las au- 
toridades del interior que los cabildos convoca- 
sen la parte principia! del pueblo y éste eligiese su 
representante para que, reunido con los demás en 
Buenos-aires, establecieran la forma de gobierno 
que mas conviniera, bajo la condición de que ha- 
bían de jurar no reconocer otro soberano que Fer- 
nando VII v sus sucesores legales. Pronto veremos 
cómo esta última cláusula, sujeridapor las conve- 
niencias del momento, no entraba en la intención 
ni de los que impusieron la Junta, ni de los que 
entraron en ella. Así se operó la gran revolución 



que todos los pueblos del I 
dia 25 de Mayo de cada año. 




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1510 



DH LA REPÚBLICA O. DEL UKLGIAY 



85 



LXXXVI — Primeros trabajos de la Junta revolucionarla 

Al día siguiente dió la nueva autoridad una pro- 
clama tendente á infundir confianza en los ánimos. 
El 27 lanzó una circular en que desconocía la au- 
toridad del Consejo de regencia que había susti- 
tuido en España á la Junta suprema de Sevilla; 
narraba los hechos ocurridos en Buenos-aires; 
manifestaba confianza en que se conservaría la 
unidad de los pueblos por el reconocimiento que 
todos prestasen al nuevo gobierno; los invitaba á 
nombrar diputados y les anunciaba que salía in- 
mediatamente una expedición de 500 hombres des- 
tinados á conservar el órden. 

El desconocimiento del Consejo de regencia 
que gobernaba en Cádiz á nombre del rey Fer- 
nando VII, importaba un acto de emancipación, 
cuyo espíritu contradecía visiblemente la promesa 
de fidelidad al monarca que se leía en los docu- 
mentos; y la expedición armada significaba la vo- 
luntad de vencer por la fuerza cualquiera manifes- 
tación favorable á las autoridades de la Metrópoli. 

I,XXXVII — Primeras resistencias 

La audiencia de Buenos-aires fué la primera en 
pronunciarse contra estas disposiciones de la 
Junta, exijiéndole que reconociese el Consejo de 
regencia; pero ella, después de cambiar varias 
notas que tenían por objeto eludir una declaración 
definitiva, terminó manifestando que no lo reco- 
nocía. En seguida se pronunció Liniers con otros 
prohombres en Córdoba á favor del partido rea- 
lista, cuya rebelión terminó por el triunfo de los 
revolucionarios y el fusilamiento de Liniers, Allen- 
de, Concha y otros en el lugar llamado Cabeza 
del Tigre (26 de Agosto). Desde este momento fué 
reconocida la nueva autoridad por todas las pro- 



86 BOSQUEJO HISTÓRICO 1810 

vincias del centro, Sud y Oeste del extinguido vi- 
reinato, pero nó por las del Norte y Este. Estalló 
con fuerza la reacción española en las intendencias 
llamadas del Alto Perú (hoy Bolivia), contra la 
cual mandó el poder revolucionario considerables 
fuerzas que iniciaron la larga y gloriosa guerra de 
la independencia. El Paraguay negó su obedien- 
cia, pero no tanto por ser fiel á la Corona como por 
hacerse independiente de ella y de las provincias 
argentinas, por cuyo motivo estableció pronto con 
el gobierno de éstas relaciones amistosas. La Ban- 
da oriental se opuso también al giro que empezaron 
á tomar los acontecimientos en la que fué capital 
de los vireyes, como se verá a continuación. 

L.XXX VIII — El pueblo y las autoridades de Montevideo se opo- 
nen á la actitud de liaeuos-aires 

El último día de Mayo llegó á Montevideo el ca- 
pitan de patricios, Galar, con pliegos de la Junta 
y de la Audiencia de Buenos-aires, en que se daba 
noticia de los sucesos acaecidos y se invitaba á 
las autoridades orientales, como á las demás del 
Rio de la Plata, á que prestasen obediencia al 
nuevo orden de cosas. Se celebra inmediatamente 
cabildo abierto y se resuelve por los vecinos más 
caracterizados, en vista de la mala situación de 
España, aceptar el nuevo estado político y conti- 
nuar las deliberaciones el día siguiente, para con- 
certar los términos en que había de hacerse el re- 
conocimiento y mandar un diputado á la asamblea 
general proyectada. Pero don Joaquín de Soria y 
Santa Cruz, que tenía el mando militar desde que 
se ausentó Elío á principios de Abril, esparció 
ruidosamente noticias muy favorables á la Penín - 
sula, cambió el estado de los ánimos y persuadí ó 
al Cabildo y al pueblo de que préviamente habí a 
de jurar la Junta de Buenos-aires su fidelidad a 1 



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1810 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 87 

Consejo de regencia, y procedió sin demora á 
juramentar á lbs empleados civiles y á los jefes y 
oficiales de mar y tierra. 

La Junta mandó al Dr. Passo para que sin 
aceptar la condición puesta, arreglase las diferen- 
cias suscitadas, y se celebró con este motivo cabil- 
do abierto, áque asistió lo principal de Montevi- 
deo; mas, por haberse intimidado el Cabildo y el 
uieblo ante el aparato militar y las amenazas de 
as fuerzas españolas, tuvo que retirarse el emi- 
sario sin conseguir que la condición fuese re- 
tirada. Soria asumió entonces por sí propio la 
suprema autoridad militar y política, se hizo re- 
conocer tal por el Cabildo y las fuerzas que es- 
taban bajo sus órdenes, destituyó, mediante un 
movimiento militar, por haber sabido que proyec- 
taban pronunciarse en favor del movimiento revo- 
lucionario de la capital, á los jefes y algunos ofi- 
ciales de los dos regimientos de Voluntarios del 
Rio riela Plata que Liniers había mandado de 
Buenos-aires para que tomaran posesión de la 
plaza al evacuarla los ingleses, redujo á prisión 
varias personas que le parecieron sospechosas de 
infidelidad é hizo tomar por la fuerza las plazas de 
la Colonia y Maldonado, que ya habían jurado 
obediencia al nuevo gobierno. A estos hechos, 
que se habrían evitado, ahorrando grandes males 
al Rio de la Plata, si el levantamiento se hubiera 
iniciado con energía, se siguieron la ruptura de 
relaciones con la Junta revolucionaria y el blo- 
queo de Buenos-aires ("Agosto), el cual no tuvo 
efecto páralos buques del comercio inglés , por 
la actitud que asumió el ministro de la Gran- 
Bretaña residente en Rio-Janeiro. 



88 



no SQU E J O H I ST Ó U I C 0 



1811 



LXXXIX — Paso diplomático dé Montevideo. Declaraciones 

de Buenos-aires 

La Junta suprema de España había convocado 
á Cortes extraordinarias, antes de retirarse á la 
isla de León, para el mes de Marzo de 1810. Los 
acontecimientos no permitieron que la reunión se 
verificara en esta fecha; pero, convocadas otra 
vez, se instalaron el 24 de Septiembre en las ca- 
sas consistoriales de la mencionada isla, juraron 
por su legítimo rey á Fernando VII, declarando 
nula la cesión del trono hecha á Napoleón I, y 
empezaron los trabajos de la alta administra- 
ción y de proyecto de la constitución política que 
se proclamó el año doce. 

La reunión de las Cortes se supo en Montevi- 
deo el mes de Diciembre, cuando ya D. Gaspar 
Vigodet ejercía el cargo de gobernador. En los 
primeros días de Enero de 1811 llegó Elío, nom- 
brado virey por el Consejo de regencia, y el 15 se 
dirigió por oficio a la Junta gubernativa de Bue- 
nos-aires, á la Audiencia y al Cabildo, manifes- 
tándoles que las Cortes extraordinarias eran el 
centro de unión de todos los españoles; que las 
divisiones surjidas en el Rio de la Plata debían 
desaparecer, porque á nadie serían útiles sino al 
enemigo común; que por su parte olvidaba todo 
lo pasado y ordenaba la suspensión de las hosti- 
lidades ; y que esperaba que las autoridades de 
Buenos-aires, inspiradas por iguales sentimien- 
tos, reconocerían y jurarían las Cortes generales, 
enviando a ellas sus diputados, así como el alto 
cargo de que Elío venía investido. — La Junta 
contestó el 21 : que el solo título con que Elío se 
presentaba á un gobierno establecido para defen- 
der el derecho de los pueblos libres contra la 
opresión de los mandones constituidos por un po- 



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1311 DE LA REPÚBLICA O. DEL 11U GI AY 8Í) 

der arbitrario, ofendía la razón; que no estaba 
lejano el momento en que los diputados de todas 
las provincias habían de deliberar con todo el po- 
der de su voluntad y de sus luces, cuáles eran los 
derechos y los deberes del pueblo á que obede- 
cen y el poder lejíthno que haya de mandarle; y 
que lo mejor que pudiera hacer para mantener la 
armonía general, era desnudarse de su investi- 
dura de virey, abstenerse do atentar contra la 
dignidad de la respetable asociación política del 
Rio de la Plata, y propender á que entre en buen 
camino el grupo' de refractarios que residen en 
Montevideo. La Audiencia y el Cabildo respon- 
dieron el 22 desconociendo también, tanto la au- 
toridad del virey como la de las Cortes generales. 

XC —Montevideo declara la guerra á Buenos-aires 

En consecuencia, Elío mandó cerrar el puerto á 
las comunicaciones con Buenos-aires, envió fuer- 
zas á la Colonia bajo las órdenes de Muesas, y de- 
claró, luego la guerra (13 de Febrero) al gobierno, 
declarándolo rebelde v revolucionario, v traidores 
á cuantos lo componían y lo sustuviesen. En Mar- 
zo reforzó la escuadrilla que bloqueaba los puer- 
tos enemigos, mandó otra al Uruguay, autorizó 
el corso y confió la comandancia de la Colonia á 
Vigodet, quien partió con tropas de Montevideo. 

CAPÍTULO 11 

TRIUNFO LOCAL DE LA REVOLUCION 

XCI — lia campaña oriental se adhiere á la causa argentina. 

Artigas 

Miéntras así se organizaba en Montevideo la 
resistencia al movimiento revolucionario de los 



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90 BOSQUEJO HISTÓRICO 1811 

argentinos, este cundía en la campaña de la mis- 
ma Banda-oriental, debido en parte á los trabajos 
que hizo Belgrano desde Entre-rios Antes de mar- 
char contra los opositores del Paraguay. El pue- 
blecillo de Belén, situado en la desembocadura 
del Yacuy en el Uruguay, fué el primero en pro- 
nunciarse. Siguióle Soriano, en donde dieron el 
grito Pedro Viera y Venancio Benavidcs, y en 
seguida Mercedes (28 de Febrero), cuyos suble- 
vados, que obedecían al comandante de milicias 
Ramón Fernandez, recibieron la protección del 
batallón 6? llamado de Pardos ¡/ morenos, man- 
dado por Don Miguel E. Soler, que la Junta gu- 
bernativa había situado anteriormente, con otras 
fuerzas, en la margen occidental del Uruguay. 

Con las tropas que llevó Muesas á la Colonia 
había ido, en calidad de oficial, José Artigas, cono- 
cido ya en Montevideo por su insubordinación á la 
familia, y en el interior por sus proezas de terrible 
contrabandista y de implacable guarda de campa- 
ña. No tardó en indisponerse con su jefe; y como 
éste le tratara con severidad, desertó de fas filas 
realistas, cuando tenia ya 51 años de edad, y se 
presentó á la Junta con Rafael Hortigucra, ofre- 
ciéndole ambos sus servicios. Fueron aceptados. 
La Junta incorporó á Artigas en el ejército pa- 
triota con el grado de teniente coronel, le or- 
denó que marchase á sublevar á sus comprovin- 
cianos y le confió tropas, armas y dinero, instru- 
yendo á la vez á Soler para que le auxiliara toda 
vez que fuera necesario. Artigas desembarcó poco 
después cerca del arroyo de las Vacas, y se diri- 
jió hacia el Norte, buscándola incorporación de los 
que ya luchaban por la independencia en el terri- 
torio de Soriano y Mercedes. 



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ISIi DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 91 

XCII — Belgrano organiza los trabajos insurreccionales 

Belgrano, que ya en Marzo había recibido orden 
de ocurrir al nuevo teatro de los sucesos con el 
resto del ejército que había salvado en la expedición 
al Paraguay, v con cerca de novecientos hombres 
mas que se le enviaron de refuerzo, llegó á Con- 
cepción del Uruguay á principios de Aoril y pasó 
á Mercedes en momentos en que estaban divididos 
por desavenencias Artigas, Soler y Benavides, y 
en que varios caudillos se dirijían á la Junta de 
Buenos-airos quejándose unos de otn*s y aspi- 
rando todos a los primeros puestos de la milicia. 
Fué reconocido como representante de la Junta 
en un ejército que ya contaba con más de 3000 
combatientes y dispuso que José Artigas insu- 
rreccionase ef centro de la provincia, Manuel Ar- 
tigas el Norte y Benavides el Sud. Pero no pudo 
seguir el desarrollo de sus planes, porque fué lla- 
mado por el Gobierno y tuvo que partir el 8 de Ma- 
yo, con sentimiento del ejército y del vecindario, 
dejando de general en jefe á Don José Rondeau, 
quien, si bien nacido en la capital del Vireinato, 
había pasado en Montevideo mucha parte de su 
vida y había sido, como Artigas, capitán de blan- 
dengues. 

XCIII — Primeros triunfos de la revolución en la campaña 

oriental 

Los patriotas empezaron con fortuna sus ope- 
raciones de guerra. Ya ántes de la venida de Ar- 
tigas había rechazado Soler un desembarco que 
intentaron los enemigos; después, tomaron en el 
Colla, al Sud de la cuchilla de San Salvador, á 
130 españoles; Manuel Artigas y Benavides, con 
el 6? regimiento que mandaba Soler, vencen en 
San José á 600 realistas; marcha seguidamente 



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92 BOSQUEJO HISTÓRICO 1311 

el segundo á. sitiar la Colonia, y el primero y el 
tercero, bajo las órdenes de José Artigas, toman 
la dirección de Canelones, con el objeto de impe- 
dir que entrasen ganados á la Plaza de Motevideo. 

La popularidad siniestra de que gozaba Artigas 
entre los habitantes de la campaña y los halagos 
ue para ellos tenía la revolución, tanto porque se 
irijía contra los españoles, malqueridos por la 
cruel persecución que habían hecho á los que lle- 
vaban la vida desarreglada propia de la barbarie 
campesina de aquellos tiempos, cuanto por el gé- 
nero de vicia que permitía, sobre todo bajo la di- 
rección del renombrado comandante de milicias^ 
habían atraído á las columnas revolucionarias 
gran número de secuaces, pertenecientes en su 
mayoría á las clases bárbara y semi-salvaje que 
constituían entonces lo mas de la población rural 
del Sud del rio Negro. Al apercibirse de esto el 
virey EIío, mandó en todas direcciones circulares 
amenazadoras; comisionó á Don Diego Herrera 
para que matase a cuantos hallara en actitud hos- 
til, á la hora de conocido el hecho; y escribió á los 
curas «párrocos induciéndolos á que exhortasen á 
sus feligreses á defender al gobierno; pero todo fué 
inútil: las poblaciones se levantaron en masa y los 
curas fueron los que dieron el ejemplo en muchos 
parajes. Se cuentan entre estos : Don Valen tin 
Gornez, cura de Canelones, que fué después nota- 
ble figura de la revolución del Rio de la Plata; su 
hermano Don Gregorio Gómez, cura de San-José, 
y Don Santiago Figueredo, cura de la Florida. 

Sintiendo entonces el Virey la necesidad de 
destruir el centro que tenía el levantamiento en 
Canelones, decidió atacarlo de un modo vigoroso 
y mandó contra él un cuerpo formado de las tres 
armas. Artigas no esquiva el combate : se ade- 
lanta, llega hasta San Isidro (Piedras) y allí se en- 



1811 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 93 

cuentra con una fuerza de más do 1200 hom- 
bres y cinco cañones. Se traba la batalla (18 de 
Mayo) v triunfan los revolucionarios, tomando 
más de 480 prisioneros, incluso su jefe Posada, 
23 oficiales y la artillería. 

Esta victoria, que valió á José* Artigas el lirado 
de coronel, fué de trascendencia: Vigodet aban- 
donó la Colonia á Benavides (26 de Mayo); se re- 
tiraron á Montevideo las partidas destacadas y 
muchas personas más, conocidas por realistas; 
y Elío, temeroso por los enemigos que tiene den- 
tro de ella y por los que tiene fuera, expulsa 
numerosas familias y pide socorros á la Regencia 
del Brasil. 

XCIV — Primer sitio de Montevideo 

No tardó Rondeau en incorporarse á las fuer- 
zas victoriosas con el cuerpo de las que había con- 
servado bajo sus inmediatas órdenes, con las 
cuales compuso el ejercito de la revolución un 
total de 5000 hombres, mandados: la vanguar- 
dia, por el teniente-coronel Benito Alvarez; el 
núcleo, por Molían, Sosa y Benavides; y la re- 
serva, por Hortiguera. El jefe de la infantería era 
Galain; el de la caballería, José Artigas; y el Ma- 
yor general , Soler . — La plaza estaba defendida 
por dieciseis baterías con más de 150 cañones. 
Rondeau marchó con todo el ejército sobre Mon- 
tevideo; llegó á su frente el 19 de Junio y lo pro- 
clamó el mismo día declarando que la Plaza que- 
daba sittada . 

Aunque los sitiados tenían abiertas las comu- 
nicaciones por la parte del río , la escasez se hi- 
zo sentir por la imposibilidad de introducir por 
tierra los ganados que eran indispensables á su 
subsistencia. Las guerrillas se sostuvieron ani- 
madas , causando algunas pérdidas de vidas , pe- 

• 



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94 HOSQLEJO HISTÓRICO 1SU 

ro influyendo en cambio en las costumbres y sen- 
timientos militares de las milicias, muchas de 
las cuales recien se veían comprometidas por 
primera vez en hechos de guerra. Un feliz asalto 
dado por sorpresa, durante una noche, ala pe- 
queña guarnición de la isla de Ratas , es el epi- 
sodio más importante ocurrido en aquel tiempo : 
proporcionó á los patriotas algunos soldados vo- 
luntarios y crecida cantidad de pólvora , que falta 
les hacía. 

Por otra parte se frustraron los fines que Elio 
tuvo en vista al estrechar el bloqueo de Bue- 
nos-aires, por la oposición que le hizo el vice- 
almirante de la escuadra inglesa que mandaba 
los buques surtos en el Plata, quien no permi- 
tió que se estorbase el libre comercio que con sus 
connacionales hacía el mercado bonaerense . 

XCV — Montevideo y Buenos-aires pactan una tregua 

No obstante, la causa de la revolución se ha- 
llaba seriamente contrariada. Los ejércitos que 
obraban en las provincias del Norte sufrieron 
contrastes de consideración en los meses ante- 
riores y fuerzas portuguesas venían por la fronte- 
ra del Brasil con el objeto ostensible de pro tejer 
al virey, respondiendo á las gestiones que este 
había hecho anteriormente . El ejército sitiador 
era impotente para luchar con éxito contra los 
dos enemigos, y Buenos-aires no podía distraer 
del Alto-Perú los elementos de que entonces po- 
día disponer. La necesidad obligó, pues, á cele- 
brar con Elío un tratado, empezado en los pri- 
meros días de Septiembre y concluido el 20 de 
Octubre, en cine se estipuló: que la Junta expli- 
caría su conducta á las Cortes generales y soco- 
rrería la guerra de independencia de la Península; 
que las tropas revolucionarias desocuparían en- 



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á. 1SU DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 95 

toramente la Banda-oriental; que el Virey haría 
retirar las tropas portuguesas á las fronteras de 
su territorio ; que cesarían las hostilidades y el 
bloqueo de los puertos; que so mantendrían rela- 
ciones amistosas, y libres las comunicaciones por 
agua y tierra, etc. 

XCVI — Sc levanta el sitio. Conducta de Artigas 

En consecuencia, el gobierno de Buenos-aires 
ordenó que Rondeau se retirara á aquella ciudad 
con las fuerzas venidas de occidente, y que Ar- 
tigas se dirijiera al Norte y pasara á la margen 
derecha del Uruguay, con las milicias orientales. 
Las fuerzas de Rondeau se embarcaron sin de- 
mora. Las de Artigas emprendieron su retirada, 
arrastrando por la fuerza y el terror cuantas fa- 
milias hallaron á su paso: el número de las per- 
sonas así violentadas alcanzó á catorce ó dieciseis 
mil (1), con cuyo séquito llegó hasta el Salto, no 
sin tener algún encuentro parcial con fuerzas 
portuguesas. 

XC VII— Hechos á que dio motivo la conducía de Ardigas 

Estas habían invadido por el Norte bajo las ór- 
denes de Maneco; y por el Este bajo las de Diego 
de Souza, cuyo cuerpo entró por el frente de Ya- 
guaron y se corrió hacia el Sud hasta Maldona- 
do. Al saber la dirección que tomaba Artigas, 
• Souza resolvió seguirlo ordenando la concentra- 

(1) Los tostimonios do la época así lo aseveran. Don Nicolns de Vcdia, 
oriental, á quien no puede acucarse do parcialidad, dice en una do sus memo- 
rias : « Poique es de saber que, al alzamiento del primer sitio, Artigas 

arrastró con todos ios hahitantes do la campaña sus comandante* ame- 
nazaban con la muerto a los quo oran morosos y no fueron pocos los quo 
sufrieron la crueldad de los satélites do Artigas. Este hombro inflexible pare- 
ce que so complacía en la sangro quo bacía derramar, y en Terso seguido 
do tan numerusa población. Aquí principia una época de desorganización, 
crueldades y anarquía quo nos degradaría si ?o hiciese de ella mención cir- 
cunstanciada. » 

(Cbíeccúm Lamas). 



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96 BOSQUEJO HISTÓRICO 1811 

cion de las tropas del Norte, cerca delArapey, 
atravesó el territorio y fué á situarse á poca dis- 
tancia del caudillo oriental en actitud hostil, obli- 
gándolo de este modo á pasar á la margen derecha 
del Uruguay con el gran número de familias de que 
se hizo seguir, cuyo pasaje se efectuó por el Sal- 
to chico , al Norte de la actual ciudad de este 
nombre. El .campamento se estableció sobre el 
arroyuelo de Ayuy. 

La conducta de los aliados de los españoles era 
notoriamente violatoria del tratado de Octubre, 
pues en vez de evacuar el territorio, avanzaban en 
su interior y se libraban á hechos de armas incom- 
patibles con el estado de paz que se había pactado. 
El gobierno de Buenos-aires había reclamado á 
fines de Noviembre contra la permanencia de las 
divisiones portuguesas ; y con motivo de comu- 
nicaciones en que Artigas le daba cuenta de la 
aproximación del enemigo á su campo (24 de 
Diciembre), había resuelto enviarle refuerzos, to- 
to lo cual puso en conocimiento del capitán gene- 
ral de Montevideo, D. Gaspar Vigodet soli- 
citando que hiciera retirar aquellas divisiones á 
fin de que Artigas pudiera pasar á Entre-rios. 
(Enero 1 ? de 1812). Contestó Vigodet que Arti- 
gas había exajerado la importancia de los hechos; 
y que como ese general hacía uso del terror y de la 
seducción para usurpar propiedades y perseguir 
á los habitantes, con más empeño que nunca, sus 
aliados no volverían al Brasil mientras hubiera 
que terhcr la actitud del caudillo. 

Justo es reconocer que la conducta del general 
Souza, aunque opuesta á las cláusulas del trata- 
do de Octubre, podía invocar como caúsala del ge- 
neral Artigas, que, sobre no conformarse tampoco 

(1 ) El Vircy Elío ya no estaba en la Banda-oriental : faltaba desde No- 
viembre. 



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Á 1312 DE LA UKPIBLICA O. DLL URUGUAY 97 

con lo estipulado, constituía un hecho indisculpa- 
ble ante las leves mas comunes de la civilización. 
Violado el pacto inhumanamente por una de las 
partes, se debilitaba el derecho para quejarse de 
las infracciones de la otra. Entrado en oí terreno 
de las arbitrariedades y de las desconfianzas, era 
difícil salir de él. Así es que á los refuerzos con 
que el Gobierno de Buenos-aires auxilió á Arti- 
gas, opuso Vigodet la renovación del bloqueo á 
mediados de Enero. Inmediatamente se quejó el 
Gobierno de las provincias de tal hecho, que im- 
portaba volver al estado de guerra; abundó en 
consideraciones por demostrar que tanto á los 
españoles como á los argentinos interesaba el ale- 
jamiento de los portugueses, cuyas miras no eran 
otras que las de conquistar este suelo, y terminó 
invitando al Capitán general á un retiro simultá- 
neo de Artigas y de Souza á sus fronteras respec- 
tivas. 

XCVIII — Continúa la guerra con españoles y portugueses 

Ningún resultado dieron estas gestiones; . la 
guerra continuó. El gobierno de Buenos-aires en- 
cargó á Belgrano la organización de un nuevo 
ejército y la fortificación de algunos puntos del 
Paraná y del Uruguay; mandó a Artigas pertre- 
chos, armas y dinero; hizo marchar en su auxilio 
algunas divisiones, incluso el 6? regimiento que 
mandaba Soler, y se dispuso á hacer sitiar por 
segunda vez la plaza de Montevideo. 

Los portugueses á su vez obtuvieron refuerzos 
hasta completar 5000 hombres y 36 cañones; in- 
vade un cuerpo de ejército el territorio de las Mi- 
siones orientales y otro cuerpo avanza hasta lle- 
gar al arroyo de Itapeby, que descarga sus aguas 
en el Uruguay, algunas leguas al Norte del Salto. 

Artigas desprende á Fernando Otorgues, cau- 



98 BOSQUEJO HISTÓRICO 1812 

• 

dillo de segundo órden que mereció la más te- 
terrible reputación por sus hechos feroces, contra 
la división de las Misiones; pero inútilmente, 
porque ni el número, ni la calidad de sus fuerzas 
bastaban para competir con el enemigo. Soler con 
su regimiento, dos cañones y algunos caballos 
salió al encuentro de la columna que se vino so- 
bre el Itapeby, y consiguió que retrocediera hasta 
el Norte del Arapey grande. 

■ 

XCIX — Buenos-aires hace la paz con los portugueses 

No hay duda acerca de que Buenos-aires obe- 
decía en estas circunstancias á la necesidad de- 
terminada por la fuerza de los hechos, más que 
á la conciencia de su propio poder. Belgrano tenía 
que restablecer el predominio de los patriotas en 
el Norte de las provincias, contra un ejército po- 
deroso y animado; no menos poderosos eran los 
elementos combinados de españoles y portugue- 
ses en la Banda-oriental; era difícil vencer simul- 
táneamente tantas resistencias. La paz de Octubre 
desembarazaba la acción revolucionaria de uno de 
sus enemigos temibles; rota la paz, era menester 
buscar el mismo resultado por otros medios. El 
Gobierno de Buenos-aires los halló en la media- 
ción del ministro inglós residente en Rio Janeiro, 
quien por el interés de conservar abierto al co- 
mercio de la Gran Bretaña el mercado de las Pro- 
vincias, indujo al Príncipe regente de Portugal 
á entrar en negociaciones para el retiro de sus 
tropas. Con tal propósito llegó á Buenos-aires, 
el z6 de Mayo, el teniente-coronel Rademaker en 
carácter de enviado extraordinario, y celebró el 
mismo día un armisticio indefinido, "contrayendo 
la obligación de hacer retirar al Brasil las* divi- 
siones portuguesas en el tiempo más breve po- 
sible. 



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I 



1613 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 111 

la Junta municipal encargándole que recolectase 
firmas de adhesión á lo resuelto el 15 de Julio, 
previniéndole que había ordenado á don Pedro V. 
Pérez que hiciese lo mismo entre los vecinos del 
Miguelete, y manifestándole que «ya tenía en su 
« poder las actas repetidas de todoslos pueblos en 
«que se ratifica la elección del 5 de Abril por 
«c compromiso de sus diputados, y que sólo le res- 
ce taba la de esta cabeza de provincia. » 

La contestación del Ministro á Larraliaga, y 
talvez los consejos de este, indujeron á Artigas á 
prescindir de todos esos trabajos ilegales y poco 
serios para entrar en vías mas lejítimas y aptas 
para dar paso á la corriente de la opinión popu- 
lar. Parece que habiendo optado por obtener 

Ijermiso para proceder á nuevo nombramiento, 
o solicitó del General en gefe; mas este se lo negó 
por carecer de facultades, cuyo hecho aumentó el 
disgusto del caudillo. Se dirijieron simultánea- 
mente al gobierno central: Artigas, pidiendo au- 
torización, y el General, dando cuenta de lo ocu- 
rrido. El gobierno accedió en el concepto de que 
sería Rondeau, por la posición que ocupaba, quien 
hiciese la convocatoria de los electores y quien 
presidiera sus juntas con arreglo á las instruccio- 
nes dadas. Rondeau pasó una circulará todos los 
cabildos, disponiendo con arreglo á la ley que el 
pueblo elijiera electores, y que estos se presenta- 
sen al Cuartel general el 8 de Diciembre. Nada 
tenía que hacer Artigas en este sentido; pero, con- 
trariando el tenor de las estipulaciones por apare- 
cer ejerciendo una autoridad que no tenía, expidió 
otra circular ordenando que los electores se pre- 
sentasen en su alojamiento ántes que en el Cuar- 
tel general, afín de instalar allí el Cuerpo elector 
(15 de Noviembre). Supo esto el General, y, de- 
seoso de evitar hechos que podrían ser inconve- 



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112 BOSQUEJO HISTÓRICO J813 

dientes, resolvió el medio conciliatorio de que los 
electores se reuniesen, nú en el Cuartel general, ni 
en el alojamiento del coronel Artigas, y sien la 
capilla de Maciel, cuya determinación hizo saber 
á los electores el 6 de Diciembre, justificándola con 
la reflexión de que debe apartarse del ruido de las 
armas y de toda apariencia de coacción el acto en 
que ha de manifestarse libre y expontáneamente la 
voluntad de los pueblos. 

CIX — lia Junta de electores delibera oponiéndote a Artiga» 

La elección popular vino á poner de manifiesto 
la ambición de prepotencia que extraviaba á Arti- 
gas y el antagonismo que existía entro él y su 
pueblo. Ya el 8 de Noviembre, cuando reunidos 
los emigrados de Montevideo y los vecinos del Mi- 
guelete con el objeto de nombrar sus representan- 
tes para el Congreso que se proyectaba, compare- 
ció ante ellos el ayudante don Gregorio Aguiar, 
con un pliego en que Artigas ordenaba á los elec- 
tores que se presentasen en su domicilio el mismo 
día á fin de (alterarse de las actas del 5 y 21 de 
Abril, resolvieron aquéllos que quedaba sometido 
« á la prudencia y discreción de los mismos elec- 
« tores el concurrir ó nó, según lo estimasen con- 
<( veniente, respecto de no ser este un paso pros- 
cripto en la circular que motivaba la reunión. » 
Esta resistencia enérgica á las intenciones domi- 
nadoras del caudillo se acentuó aún mas en el 
seno de la Junta electora, que se reunió, sin com- 
parecer en el domicilio de Artigas, en la casa de 
don Francisco Maciel, situada á orillas del Miguc- 
lete, el 8 de Diciembre. Sus miembros, en número 
de veinticuatro, designaron para secretario á D. 
Tomás García de Zúñiga y para Presidente al ge- 
neral Rondeau; aprobaron los poderes, algunos de 
los cuales aparecían otorgados por (os emigrados 



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1813 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 113 

de Montevideo; y como otros tres se referían á la 
circular de Artigas, la Junta dispuso que ántes de 
continuar la sesión se citase al Jefe oriental para 
que compareciera al día siguiente á sostener sus 
pretensiones con todos los documentos y antece- 
dentes que fueran del caso. Vueltos a reunirse los 
electores el dia 9, García Zúñiga y Don Manuel 
Francisco Artigas, comisionados cerca del her- 
mano de este último, declararon que el Caudillo 
no quería presentarse á la asamblea; que se sen- 
i tía desairado por los pueblos desde que no habían 
obedecido su mandamiento, y que no tenía docu- 
mento ninguno que exhibir. Se resolvió por con- 
secuencia que continuaran las sesiones en el mis- 
mo lugar, se elijieron tres diputados para la 
Asamblea constituyente, distintos de los que se 
habían nombrado en Abril, excepto Larrañaga, 
y se nombró una Junta municipal gubernativa, do- 
tada con las atribuciones de gobernador de pro- 
vincia, reelejible todos los años, y compuesta en 
el actual por los señores Tomás García de Zúñiga, 
Juan José Duran y Remigio Castellanos, á quienes 
se dió posesión del cargo al día siguiente, y se les 
encomendó que residenciasen á los miembros del 
cuerpo municipal creado por Artigas poco ántes. 

CX — Artigas pretende imponerse á la Junta electora 

Tales hechos produjeron en el ánimo del Cau- 
dillo la más profunda emoción. ^Acostumbrado 
desde su adolescencia á que todos obedecieran sus 
, órdenes sin que nadie se atreviera á contradecirle, 
iuzgó que podría gobernar tan autocráticamente 
los pueblos cultos como las bandas de contraban- 
distas, y le irritaba sobremanera el verse contra- 
riado primeramente por el Gobierno argentino y 
después por los representantes de su mismo pue- 
blo, cuyo jefe se llamaba, hasta el punto de alte- 

8 



114 BOSQUEJO HISTÓRICO 1813 

rar el número de los diputados que según él ha- 
bían de ir a la Asamblea nacional, de suspender 
en sus funciones los miembros de la Junta munici- 
pal creada en Abril, de instituir nuevamente la 
Junta, desconociendo la validez de aquella, y de 
seguir funcionando con preseindencia de las ins- 
trucciones que Artigas había querido darles en su 
domicilio para obligarlos á que se limitaran a rati- 
ficar las actas anteriores. Apénas tomadas las re- 
soluciones del dia 9, ordenó Artigas á su secreta- 
rio que le redactase una violenta comunicación en 
que apostrofaba á la Junta por la manera como ha- 
bía procedido; le mandaba que revocase los decre- 
tos votados y agregaba : « Que siendo la voluntad 
« de todos los pueblos que sus diputados asistie- 
re sen previamente á su alojamiento para imponer- 
ce se de lo que él tuviese que proponer respecto de 
« las actas del 5 y 21 de Abril, y no habiendo que- 
« rido verificar así, protestaba, anulando todo lo 
« obrado por el Congreso y pidiendo suspendiesen 
<c sus sesiones » (1). Entregó esta nota al Congre- 
so reunido el 10, un ayudante de campo de Arti- 
gas. Se leyó en alta voz y el Congreso dispuso que 
se contestara manifestando «que no se haría inno- 
vación alguna en el acta celebrada el dia 9 del co- 
rriente.» El elector D. Juan Francisco Martínez 
expresó «que no reconocía en la provincia oriental 
autoridad alguna sobre el Congreso»; y habiendo 
hecho moción D. Manuel Muñoz de Haedo para 
que en la contestación á Artigas se le dijese que 
quedaban suspendidas las sesiones hasta la nue- 

(1) Mo creo obligado íí aprovechar la oportunidad que me presenta esto> 
transcripción, para manifestar que mucho agradezco al General Don Bartolo- 
mé" Mitre el habérmela hecho conocer con algunos otros datos importantes 
relativos á los sucesos quo aquí narro, ea unos preciosos apuntes con que 
tuvo la bondad do ilustrarme en puntos que lo consulte-. La narración del 
año XIII no habría sido tan exacta, sin ol concurso generoso de su erudi- 
ción. 



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1313 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 115 

va convocatoria de los pueblos, quedó desechada 
por no haber quien la apoyase. 

El mismo dia 10 celebró el Congreso otra sesión 
solemne, á la que concurrieron sus veinticuatro 
miembros (1), siendo Manuel Artigas y Ramón Ca- 
ce res los que representaban á la fuerza armada, y 
declararon: que «reunidos en Congreso general de 
« esta Provincia Oriental losSres. electores libre- 
« mente nombrados por los veintitrés pueblos que 
« la componen, inclusos los dos nombrados por 
« los vecinos emigrados de la ciudad de Montevi- 
« deo, y dos mas por los ciudadanos armados que, 

« por estarlo, se hallan fuera de sus hogares 

« acordaron en las sesiones de los di as 8, 9 y 10 
<i de Diciembre del presente año de 1813, según 
<c parece de sus actas, que debían declarar y ele- 
ce claraban, usando de la soberanía con que esta- 
« ban autorizados, por libre y espontánea volun- 
<c tad de los pueblos comitentes : que estos vein ti- 
ce tres pueblos con todos los territorios de su 

« actual jurisdicción, formaban la Provincia Orien- 
« tal; que desde hoy sería reconocida por una de 
« las del Rio de la Plata, con todas las atribucio- 
<x nos de derecho; — Que su gobierno sería una 
« junta gubernativa compuesta de tres ciudadanos 
« nombrados por la representación de la Provincia; 

« que procedió después a la elección de di- 

« putados representantes por esta Provincia para 

• 

(1) Loi representantes que firman esta neta son: 

Juan José Ortiz y Juan José Durán, por Montevideo; Bartolomé de'Murtoz, 
* por Maldonado: Tomás García de Zúíiigu, por San CárloB, por Porongos y 
por Santa Lucía; Francisco Silra, por Rocha; Podro Pérez, por Santa Tere- 
sa; José Nuríefc, por Meló; Manuel Haedo, por Mercedes; Juan Franciico 
Martínez, por Santo Domingo Soriano; Leonardo Fernandez, por San Salva- 
dor; Pedro Calatayud, por las Víboras; Luis llosa Brito, por la Colonia; To- 
mas Paredes, por Puysandó; Andrés Duran, por Belén; Julián Sánchez, por 
el Colla; José Manuel Pérez, por Minas; Folipo Peres, por San José; Vicente 
Várela, por Piedras; José Antonio Ramírez, por Pintado; León Porcel de 
Peralta, por Canelones; Manuol Pérez, por Poñarol; Bonito García, por Pan- 
do; Manuel Artigas y Ramón Ciceros, por los vecinos armados. 



é. 

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116 BOSQUEJO HISTÓRICO 1814 



<c la asamblea general ordenando se publique 

« esta acta con la mayor solemnidad en todos los 
« campos d i ejército, se comunique á todos los 
« pueblos por sus respectivos representantes y al 
« Exmo. Sr. Director del Estado . » 

CXI — Artigas deserta del ejército sitiador 

No era posible hacer más visible la oposición 
que existía entre Artigas y los representantes del 

{meblo uruguayo, y no es de notarse ménos el va- 
or cívico de que dio pruebas el Congreso en esos 
días memorables. Pero no podía parecer esa con- 
ducta á un hombre como Artigas sino un acto de 
rebelión á la autoridad que se había arrogado por 
sí mismo. Si hubiese estado dotado de inclina- 
naciones democráticas, que nó más podía es- 
perarse de él, habría reconocido lo razonable del 
proceder de los electores y sobre todo el derecho 
con que procedían, y se habría sometido á la vo- 
luntad del legítimo soberano, dominando su despe- 
cho, nacido del amor propio lastimado. Las cir- 
cunstancias exijían, por otra parte, el sacrificio de 
las ambiciones personales en obsequio de los in- 
tereses comprometidos en la lucha contra el poder 
de los españoles; pero Artigas, que anteponía á 
todo su despótica voluntad, que no sabía moderar 
los ímpetus violentos de su cáracter, y que care- 
cía de criterio moral para juzgar con elevación los 
hechos que se producían, no pensó desde aquellos 
días de Diciembre sino en desahogar sus pasio- 
nes del modo que más lo sintieran los que repu- 
taba sus enemigos, y resolvió abandonar el sitio 
A, con sus caballerías, dejando descubierta el ala 
izquierda de la línea, que éstas ocupaban. Todos 
notaron con estupor el hecho, al aclarar el día 21 
de Enero de 1814. De los secuaces del caudillo no 
quedaban en su lugar más que su hermano Ma- 



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1814 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 117 

miel Artigas y el mayor general Pagóla, que se 
opusieron patrióticamente á seguirle. 

CXII — Gravedad de la actitud de Artigas 

Esta defección redujo á los sitiadores al más 
apurado trance. La plaza de Montevideo había re- 
cibido del Perú sumas considerables de dinero y 
tropas; habíanle llegado á fines de Julio de 1500 á 
2000 hombres aguerridos en las campañas de la 
independencia española; y á esas fuerzas se habían 
agregado otras en Septiembre y Octubre, que com- 
pletaron el número de seis mil combatientes, to- 
dos de primer orden. El ejército patriota no le 
igualaba en educación, ni en disciplina, ni en ar- 
mamento, aunque no le era inferior en valor y 
entusiasmo. Al sentimiento de poder que debía 
alentar á los sitiados en presencia de sus enemi- 
gos, se unía la necesidad de una solución pronta, 
pues que el cerco establecido por Rondeau tenía 
disminuido el comercio de importación que la 
Plaza mantenía con los puertos del Brasil, cau- 
sando la escasez creciente de comestibles y de 
otros artículos de uso indispensable. Estas razo- 
nes hacían temer que de un momento á otro aven- 
turaran los cercados una acción general, cuyo 
éxito no podía parecer seguro á los sitiadores. 
La defección de Artigas ocurrió en estas circuns- 
tancias. Expuestos los patriotas a ser atacados, 
é impotentes ya para oponer una resistencia sé- 
ria, Rondeau mandó inmediatamente retirar todas 
las fuerzas para formar a una legua de distancia 
otra línea de sitio, y pidió con urgencia refuerzos 
al Gobierno de Buenos-aires. 

Pero las Provincias-unidas pasaban por una si- 
tuación demasiado difícil para satisfacer las nece- 
sidades que creaba la conducta inesperada de 
Artigas. El ejército independiente había sido des- 



118 BOSQUEJO HISTÓRICO 1814 

trozado por los realistas el l 9 de Octubre en Vi 1— 
capugio y el 14 de Noviembre en Ayouma; estos 
hechos obligaron á las armas patriotas á retirarse 
para el Sud, abandonando el Alto-Perú á los ven- 
cedores; el enemigo proyectaba una campaña al 
centro mismo de las Provincias meridionales del 
Plata; y el Gobierno de Buenos-aires se sentía 
conmovido en su propia constitución por el influjo 
de tales acontecimientos, sin contar con fuerzas 
capaces de salvar su posición y la independencia. 
Las exijeneias de Rondeau se estrellaron contra 
este estado de cosas, que difundió la zozobra y la 
indecisión en todos los ánimos. ¿A dónde mandar 
los pocos auxilios de que podía disponerse? ¿A las 

Provincias del Norte? ¿A la Provincia-oriental? 

Tres veces mandó el Gobierno que se levantara el 
sitio de Montevideo con el fin de consagrar toda su 
atención á las necesidades del ejército vencido en 
Vilcapugio, que parecían más premiosas, y otras 
tantas revocó la orden. — Artigas se vengaba por- 
que los representantes de su pueblo no habían ido 
á su tienda á recibir instrucciones, pero hacia víc- 
tima de su rencor á la causa de su patria. 

CXIII — Artigas conspira contra la organización nacional 

Al retirarse del sitio llevó Artigas el pensamien- 
to de fomentar la rebelión en las provincias occi- 
dentales, en donde otros caudillos habían apare- 
cido con tendencias claramente definidas á eman- 
ciparse de la subordinación que todo orden cons- 
titucional establece entre las autoridades genera- 
les y locales. Había en la misma ciudad de Bue- 
nos-aires elementos poderosos dispuestos en igual 
sentido; y no debía ignorar el efecto que habían 
producido en todos esos ánimos las instruccio- 
nes escritas que habían recibido los diputados 
orientales de Abril y que Artigas tuvo el cuidado 



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1SU DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 119 

de hacer circular por todas las provincias, á ma- 
nera de programa destinado á dar dirección y uni- 
dad al sentimiento localista que nacía en todas 
partes, inculto y ana ir uieo. 

Con tales miras se dirijió al Norte, llegó en los 
primeros dias de Febrero á Belén, pueblecillo si- 
tuado sobre el Uruguay, mas allá del Arapey, y 
se puso en comunicación nuevamente con los ofi- 
ciales de Entre-ríos v Corrientes. Otorgues se si- 
tuó sobre el mismo río, cerca de Paysandii, en 
observación de las fuerzas que el Gobierno cen- 
tral tenía en Entre-rios, y poco después paso á 
esa provincia y peleó con las fuerzas nacionales. 
Fructuoso Rivera quedó cerca de Montevideo con 
instrucciones hostiles al ejército sitiador. 

CXIY r — El Directorio. Declara traidor á Artigas 

Los sucesos que por todas partes parecían pre- 
cipitarse contra la suerte de la América, indujeron 
á la Asamblea constiluyente á concentrar en un 
solo Director supremo el poder que desempeñaba 
un triunvirato, con el fin de aumentar el vigor de 
sus resoluciones. Don Jervasio Antonio Posa- 
das tomó posesión de ese puesto el 31 de Enero. 
Sus primeras medidas fueron tan severas como 
poco eficaces. Por consejo de su ministro de go- 
bierno, don Nicolás Herrera, hombre ilustrado 
y de talento, nacido en la Banda-oriental, lanzó el 
11 de Febrero un decreto en que se declaraba á 
Artigas infame, privado de sus empleos, fuera de 
la ley y enemigo de la patria. Se ofrecían seis mil 
pesos al que lo entregara vivo ó muerto, se pro- 
metía conservar en su empleo á todo comandan- 
te, oficial, sargento ó soldado de Artigas que se 
presentase al general del ejército sitiador; y se de- 
claraba traidores á los que perseverasen en la re- 
belión, amenazándoseles con ser juzgados y fusi- 



120 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1814 



lados dentro de 24 horas, si fueren tomados con 
las armas en la mano. 

CXV — El Directorio organiza el gobierno de Montevideo. 

Hechos de guerra 

Resuelto definitivamente que se atendiera con 
preferencia á la guerra oriental, el Directorio se 
propuso acelerar su terminación para consagrarse 
en seguida á los sucesos que se desarrollaban por 
el Norte. Declaró* en conformidad con el acta del 
10 de Diciembre, eme la Banda-oriental era parte 
integrante de las Provincias-unidas; y como no 
presentaron los diputados sus poderes en la 
Asamblea nacional, ni la Junta de gobierno ejer- 
cía regularmente sus funciones, debido tal vez á 
que en aquellos y en los miembros de ésta había 
partidarios de Artigas, como lo eran Larrañaga y 
García Znñiga, temerosos de disgustar á su Jefe ó 
interesados en romper la organización aprobada 
por el Congreso del Miguelete, el Director nombró 
para que ejerciera el gobierno-intendente á don 
Juan José Duran, dándole como asesor á don Re- 
migio Castellanos (7 de Marzo); ordenó á Brown, 
marino inglés que desempeñaba el mando superior 
de la escuadrilla argentina, que atacase las naves 
españolas mandadas por Romarate, que domina- 
ban la entrada del Uruguay y el Paraná, y se dis- 
puso á mandar dos expediciones, una por mar y 
otra por tierra, para cerrar el bloqueo de Montevi- 
deo y precipitar su rendición. Brown no fué feliz 
en su primer encuentro con los españoles ; pero 
consiguió al día siguiente (12 de Marzo) tomar la 
isla de Martin-García, cuya posesión aseguraba 
el ejercicio efectivo del dominio en los grandes 
afluentes del Plata. 

No obstante, el Directorio juzgó oportuno man- 
dar diputados al Gobernador de Montevideo para 



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1814 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 121 



negociar un armisticio; pero Vigodet, después de 
algunos pasos evasivos, contestó las proposicio- 
nes con un proyecto de tratado por el cual deberían 
Buenos-aires y todos los pueblos y ejércitos suje- 
tos a su gobierno jurar la constitución española y 
reconocer la soberanía del rey Fernando VII y, 
durante su ausencia, la de la Regencia (12 cíe 
Abril). El Director Posadas contestó con una pro- 
clama vehemente en que rechazaba tales condicio- 
nes y anunciaba al pueblo la continuación déla 
guerra (l 9 de Mayo). La escuadra argentina, que 
ya bloqueaba á Montevideo, siguió recibiendo 
otros buques; la española, encerrada en el puerto, 
recibió elementos de guerra, y fueron llamados á 
las armas, dentro de los muros de la ciudad, todos 
los hombres que tuvieran de 15 á 60 años de 
edad. 

CX VI — Combate iiaral en las aguas de Monterldeo 

El dia 14 las dos escuadras estaban prontas pa- 
ra el combate. La argentina se componía de cua- 
tro corbetas, un bergantín y dos buques menores. 
La española constaba de cuatro corbetas, tres 
bergantines, cuatro buques menores y numerosos 
lanchones. La última salió del puerto, se retiró 
la otra, ambas se dirijieron hacia el Este y tuvie- 
ron ese mismo día un encuentro del cual resul- 
tó un buque español inutilizado. El resto de ese 
día y el 15 se pasaron siguiendo los buques argen- 
tinos á los contrarios; se acercaron el 16 y libraron 
el combate definitivo, que dió el triunfo á las ar- 
mas independientes. Se rindieron dos corbetas, un 
bergantín y una goleta españoles; fueron incen- 
diaaos un bergantín y una balandra y los demás 
ganaron en desórden el puerto de Montevideo. Ca- 
yeron en poder de los vencedores 33 oficiales de 
mar y tierra, 2 capellanes, 2 cirujanos, 380 hom- 



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122 BOSQUEJO HISTÓRICO . 1814 

bres mas, 75 cañones, 210 fusiles y una cantidad 
considerable de otros artículos de guerra. 

CXVII— Inteligencias de los sitiados con los artfgulstas. 
Rendición de Montevideo 

El mismo día en que tuvo lugar este hecho glo- 
rioso para las armas argentinas, llegó el coronel 
don Carlos de Alvear al Cerrito con el objeto de 
tomar el mando supremo de las fuerzas sitiadoras, 
trayendo desde Buenos-aires un refuerzo de 1500 
hombres y algunos cañones. El 17 tomó posesión 
de su puesto. Los españoles comprendieron que, 
vencidos en el río é impotentes para vencer en 
tierra, se acercaba el término de su resistencia. 
En tales circunstancias invitó el general Vigodet á 
Brown para celebrar un armisticio y el canje de 
• prisioneros; pero el comodoro argentino contestó 
al día siguiente (19) que no admitiría condición al- 
guna mientras no fueran entregados al Gobierno 
de Buenos-aires la ciudad de Montevideo, sus for- 
talezas, arsenales, buques de guerra, y toda pro- 
piedad pública, permitiéndose á los militares que 
entregaran sus armas, según se acostumbra en 
rendiciones á discreción. 

Esta respuesta abatió los ánimos de los sitiados, 
y los indujo á buscar aliados en las fuerzas que 
obedecían á Artigas, esperando sin duda que su 
acción combinada obligase á Alvear á levantar el 
sitio ó á comprometerse en una batalla en que 
tendría por el frente á los españoles y á los orien- 
tales por la espalda. Romarate se había retirado, 
después de la pérdida de Martin-García, al arroyo 
de la China; había trabado relaciones amistosas 
con Otorgues, y este le servía tanto para propor- 
cionarle víveres, como para conducir sus comuni- 
caciones á la Plaza de Montevideo, y á él las que 
de ésta se le dirijían. Además, Otorgues había re- 



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18U DE L.V REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 123 

cibido de Vigodet proposiciones de avenimiento y 
las había contestado en términos incompatibles 
con la fidelidad que debía á la causa americana (1). 
Fundado en estos antecedentes, y sabedor de que 
Artigas trabajaba en Entre-rios en el sentido de 
rebelar á los caudillos entrc-rianos y correntinos 
contra la autoridad del Gobierno general, conci- 
bió el plan de aliarse con los rebeldes para triun- 
far de los independientes. Alvear tuvo noticia de 
estas negociaciones que Artigas autorizaba, las 
entorpeció astutamente y se resolvió á precipitar 
los sucesos tratando con Vigodet sobre la base de 
la entrega de Montevideo y sus dependencias. El 
20 de Junio, á las 3 y media de la tarde, se entregó 
por capitulación la Plaza; el 22 ocuparon las tro- 
pas de Alvear la fortaleza del Cerro, y el 23 guar- 
necían las de Montevideo, en cuyo día el general 
en jefe dió un bando recomendando el olvido de lo 

Ímsado y asegurando el respeto de las personas y 
as cosas. Con la plaza cayeron en poder del ven- 
cedor 335 cañones, mas de*8000 fusiles y todas las 
embarcaciones, así como 8 banderas, 2 maris- 
cales, 2 brigadieres, 7 coroneles, 11 tenientes co- 
roneles, 5300 más de tropa, y cuanto había sido 
del dominio de los vencidos. 

(1) Es indudable que estos trabajos contrarovolucionarios hubieran toma- 
do proporciones alarmantes, si Montcvidoo no hubiera caido tan pronto. 
Digo esto, porque algunos meses después (12 de Noviembre) un ciudadano 
oriental que llegó á presidir la Asamblea legislativa do su país, presentó al 
Enoargado de negocios de S. M. C. residente en Rio Janeiro, un Memorial 
en que desenvolvía esto pensamiento consignado en la nota do remisión: 

« Por noticias fidedignas recibidas del Rio-grande de San Pedro, pareco 
« que lo3 Jefes do la Banda-oriental José Artigas y Fernando Otorgues han 
a comisionado sus diputados pidiendo auxilios para continuar ía guerra en 
« nombre del Señor Don Femando VI I contra Ion rebeldes de Bueno* Aire». 

« Este incidente, que se halla revestido con todo el carácter do vordad, y 
« que demuestra el arrepentimiento do estos vasallos descarriados, y separa- 
« dos dol sendero de la justicia, me han estimulado íí elevarlo á conocimiento 
« de U. S., formando la adjunta memoria que, aunque concisa, no deja de in- 
« dicar las ventajas quo so seguirían á S. M., á la Nación y íí. las Provincias 
« Americanas, de que U. S. emprendiese una negociación con aqugllos man- 
m datarios y quo los auxiliase fomentando los deseos que en el dia los animan. » 



124 BOSQUEJO HISTÓRICO 



18U 



CXVIII — Airear es denunciado como desleal 

El coronel Alvear comunicó al Directorio que la 
plaza se había rendido á discreción; el general Vi- 
godet protestó más tarde contra esta aseveración, 
asegurando que se estipularon condiciones hon- 
rosas para los vencidos, y que esas estipulaciones 
se ratificaron, aún cuando el coronel Alvear no las 
observó lealmente. No hay completa seguridad de 
lo ocurrido; pero, á juzgar por lo que Alvear dijo 
en sus partes y manifiestos, lo que hubo es esto: 
Alvear temía de las inteligencias del general espa- 
ñol con las fuerzas de Artigas; quiso librarse de 
una infidencia, y se prevalió de la circunstancia de 
haberse entregado la Plaza sin ratificar los trata- 
dos, para no cumplirlos en todas sus partes des- 
pués del triunfo. Correspondió una conducta des- 
leal con otra desleal. Cierto es que en rigor de de- 
recho no obligan los tratados no ratificados eií la 
forma de costumbre; pero la moral obliga á cum- 
plir lo pactado, aunque haya deficiencia en las 
solemnidades de la forma, sobre todo cuando se 
han obtenido las ventajas que ellos prometen. La 
conducta del Jefe argentino fué inmoral, y no se 
justifica por más que lo fuera también la del ge- 
neral vencido. 



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LIBRO TERCERO 

LA A N A R q_U í A 



CAPÍTULO I 

ti 

LA AUTOCRACIA DE ARTIGAS EN LA PROVINCIA 

ORIENTAL 

CXIX — Alvear derrota i Otorgues. 131 IMrectorio nombra go- 
bernador de Montevideo 

Otorgues, que ya había peleado con fuerzas ar- 
gentinas en Entre-ríos, asumió en esos días, á la 
cabeza de unos mil hombres, desde su campa- 
mento en las Piedras, una actitud hostil para con 
los vencedores. Alvear creyó necesario atacarlo; 
se le acercó, pero como se considerase relativa- 
mente débil con los 200 hombres que llevaba, pi- 
dió infantería y entretuvo, mientras no le llegara, 
al caudillo contrario con parlamentos. Reforzado 
para las 7 de la noche del 25 de Junio, cargó á 
Otorgues á las 9, lo dispersó, tomándole prisione- 
ros y considerable número de caballos y bueyes, y 
dispuso que se le persiguiera. 

El Directorio agradeció públicamente sus servi- 
cios a las fuerzas de mar y tierra que acabaron de 
vencer la dominación española en el Rio de la Pla- 
ta; mandó que se celebrara el acontecimiento en 
todas las Provincias con una fiesta cívica; nom- 
bró para gobernador político y militar de Monte- 



126 BOSQUEJO HISTÓRICO 1814 

video, y delegado extraordinario del Director Su— 
premo, al coronel D. Nicolás Rodríguez Peña, no- 
table hombre público que desempeñaba la presi- 
dencia del Consejo del Directorio, y anunció ese 
nombramiento al pueblo de Montevideo en una 
proclama que se publicó por bando el 19 de Julio, 
día en que Rodríguez Peña tomó solemnemente 
posesión de su cargo, teniendo por secretario áD. 
Manuel Moreno, otro personaje de importancia. 
Todos estos sucesos se festejaron en Montevideo 
con grande estruendo. 

CXI- El Directorio trata la paz con Artigas 

Asegurada la independencia del Rio de la Plata, 
el Directorio volvió su atención hacia el Norte de 
las Provincias, en donde, como se ha dicho, las 
tropas españolas habían obtenido grandes venta- 
jas; pero no podía contraer á aquellos sucesos toda 
su acción, mientras quedara viva la insubordina- 
ción de Artigas, cuyos trabajos subversivos en las 
provincias del litoral uruguayo tomaban propor- 
ciones serias. Trató, pues, de reconciliarse con él. 
Las negociaciones se abrieron con Alvear y esta- 
ban tan adelantadas cuando Rodríguez Peña em- 
pezó á ejercer el gobierno, que este pudo dar un 
bando en Canelones el 22 de Julio, anunciando 
los arreglos de paz hechos con los diputados de 
Artigas, el que fué seguido dos dias después por 
una proclama publicada en Montevideo. Por con- 
secuencia, regresó Alvear con sus tropas á esta 
ciudad, pasando en seguida A Buenos-aires, y el 
Directorio revocó (17 de Agosto ) el decreto que 
ponía á precio la persona de Artigas, declarán- 
dolo buen servidor de la patria, reponiéndolo en 
su grado de coronel de blandengues y confirién- 
dole el empleo de comandante general de la cam- 
paña de Montevideo. Considerando innecesaria la 
» 



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1814 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 127 

permanencia de Rodríguez Peña en la goberna- 
ción de esta ciudad, le sustituyó con D. Miguel 
Soler. La Municipalidad de Montevideo demostró 
ademas sus sentimientos para con los vencedores, 
nombrando al general Alvear su Rejiclor perpe- 
tuo, quien aceptó con autorización del Director 
Supremo. 

CXXI — Artigas sigue insurreccionando las provincias del 
litoral. Guerra contra Artigas 

Parecía que estos actos ele recíproca tolerancia 
debieran asegurar la tranquilidad interior de las 
Provincias, por lo menos durante algún tiempo, 
de modo que pudieran dirijirse todas las fuerzas 
nacionales contra el enemigo de todos, unidas por 
la comunidad de los intereses. Pero no sucedió 
así. No se conformó Artigas con su posición sub- 
alterna , ni renunció á los trabajos anárquicos 
que había emprendido fuerade su provincia natal, 
en las de Entre-rios, Corrientes y Santa-fé. El Di- 
rector Posadas tuvo, pues, que volver á pensar en 
la guerra con el caudillo oriental; regresó Alvear 
á Montevideo, convino un plan de campaña con 
Soler, y ambos emprendieron su ejecución, avan- 
zando el primero desde la Colonia al interior del 
territorio y el segundo desde Montevideo, mien- 
tras la división de Valdenegro se dirijía contra las 
fuerzas artiguistas que, bajo el mando de Blas Ba- 
sualdo, oscuro y sanguinario caudillejo, obraban 
en Entre-rios. Él éxito fuó adverso á los artiguis- 
tas en los primeros tiempos de la campaña: Val- 
denegro destrozó completamente á Basualdo; Al- 
vear "hizo retroceder á Artigas desde el Rio Negro 
hasta el Arerunguá (departamento del Salto); Do- 
rrego derrotó á Otorgues (6 de Octubre) en el de- 
partamento de Maldonado, tomándole la artillería 
y las familias que llevaba, inclusa la suya propia, 



128 BOSQUEJO HISTÓRICO 1814 

y lo obligó á internarse en territorio brasilero por 
el Chuy; después de cuya acción se diriiió contra 
Rivera, que se hallaba en los Tres-árboles (arro- 
yo que desagua en el rio-Negro al Oeste del Sal- 
si-puedes) y lo persiguió hasta el Uruguay, en di- 
rección á las posiciones de Artigas. Al llegar á 
este punto recibió Rivera 800 blandengues que le 
dieron notable superioridad y tomó la ofensiva, 
viéndose Dorrego a su vez obligado á retirarse 
hasta la Colonia. 

Ya se ha dicho cuál era la composición del ejér- 
cito artiguista: casi su totalidad era de hombres 
del campo, la mayor parte indios mucho más in- 
cultos que los gauchos de nuestros días, como que 
habían vivido alejados de las poblaciones y de toda 
influencia civilizadora, manteniéndose del pillaje, 
sin respetos á la vida, ni á la autoridad de nadie 
que no fuera su jefe ó su cacique. Este fenómeno 
era común en el Rio de la Plata. Caudillos como 
Artigas, más ó ménos prestigiosos, más ó ménos 
rebeldes á la autoridad del gobierno general, más 
ó ménos favorables á la causa común de la inde- 
pendencia, se habían levantado en todas las pro- 
vincias, y capitaneaban grupos de hombres igual- 
mente incivilizados, enemigos de toda disciplina 
regular. De aquí los desórdenes y crímenes fre- 
cuentes, incompatibles con los progresos que he- 
mos realizado, cuya narración parece sujerida por 
un sentimiento de parcialidad á los que suponen 
que las cosas y los nombres eran entonces lo que 
hoy son. Pues debido á estas condiciones, que ex- 
plican la actitud de Artigas con más verdad que si 
se le atribuyeran pensamientos teóricos, ocurrió 
un hecho que caracteriza el sistema disciplinario 
de las bandas artiguistas. Refujiado Dorrego en 
la Colonia, Rivera retrocedió hacia Mercedes, y 
allí se le sublevaron los 800 blandengues que Ar- 



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¿ 1615 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 129 

tigas le había mandado, saquearon el pueblo, 
cometieron toda clase de violencias en el vecin- 
dario, y se dispersaron con sus oficiales, no sin 
haber intentado asesinar al mismo Rivera, que lo- 
gró casualmente huir casi desnudo. La mitad de 
los dispersos llegaron poco después al cuartel ge- 
neral de Artigas, en donde fueron recibidos 

como si nada hubiera pasado. 

Después de estos sucesos siguió Rivera en mar- 
cha en dirección al Arerunguá, llamando hacia sí 
todas las fuerzas diseminadas en la campaña y 
acercándose A Artigas, que había trasladado su 
cuartel general Alas márjenes del arroyo délas 
Sopas, situado al Norte y afluente del Arapey. Do- 
rrego se incorporó también á Soler y juntos si- 
guieron el camino que llevaba Rivera, hasta que se 
encontraron en los Guayabos, arroyuelo que dá 
aguas al Arerunguá, en donde se trabó una acción 
sangrienta que empezó a las 12 del dia 10 de Enero 
de 1815 y terminó A las cuatro de la tarde con la 
completa derrota de las tropas de Dorrego. 

CXXII — I#as tropas de Buenos-aires abandonan la 

Banda-oriental 

Miéntras estos hechos tenían lugar, Posadas ha- 
bía dividido la provincia de Entre-ríos en las que 
llevaron desde entonces este nombre y el de Co- 
rrientes (10 de Septiembre), y los capitanes de Ar- 
tigas seguían en estas dos provincias y en la de 
Santa-fé la guerra contra el Directorio, con éxitos 
parciales alternados. El gobierno general se ha- 
bía visto, pues, forzado á emplear sus ejércitos y 
á dividirlos en las cuatro provincias litorales. Por 
esta razón la guerra que por el Norte se seguía 
con los españoles carecía ele vigor; desde Mayo no 
había habido hecho militar de importancia, á no 
ser el desistimiento del proyecto de invadir las 



130 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



provincias meridionales que los realistas habían 
empezado á ejecutar, y su retirada hacia el Norte, 
que fué debida principal, si no exclusivamente, á. 
que, rendida Montevideo, habían perdido los ene- 
migos una de las bases más importantes de su 
campaña. Este estado de cosas había quebranta- 
do el prestigio de la administración Posadas; y 
como los que pesaban con su influencia en los 
acontecimientos locales se disponían á dar un im- 
pulso enérgico tanto á los sucesos del litoral como 
á los del Norte, obtuvieron la renuncia de Posadas 
y lo sustituyeron con Alvear (9 de Enero), á quien 
habían dado renombre los últimos hechos ¿le ar- 
mas. 

El nuevo Director juzgó que era imposible ven- 
cer al mismo tiempo á los enemigos de la indepen- 
dencia y á los enemigos del orden interno. Era 
necesario desatender á los unos ó a los otros y 
prefirió desatender la oposición que Artigas hacía 
en la Banda-oriental: ordenó á todas sus tropas 
que la evacuasen y dejaron á Montevideo el 25 de 
Febrero, llevándose los elementos de guerra que 
en ella tenían. 

CXXIII — Primer gobierno artlguista 

Dos días después la ocupó Yupes con 160 hom- 
bres y el 28 Otorgues, que tomó el título de Co- 
mandante de armas, haciéndose cargo de las fun- 
ciones de gobierno D. Tomás García de Zúñiga, 
quien publicó á los pocos dias (7 de Marzo) una 

Eroclama destinada á desvanecer los temores que 
abía inspirado, especialmente á los españoles, la 
presencia de Otorgues. No duró mueno tiempo, 
sin embargo, el efecto de esta medida. El sangui- 
nario Comandante promulgó casi al mismo tiem- 
po un bando en que amenazaba con imponer el 
castigo de muerte, dentro de 24 horas irremisible- 



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1815 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 131 

mente, á todo español que se mezclase en los ne- 
gocios políticos de la Banda-oriental; y poco des- 
pués tuvieron los vecinos de Montevideo la desgra- 
cia incomparable de que Artigas lo nombrara go- 
bernador político y militar, con lo que desapareció 
hasta el limitado freno que opusiera á su ferocidad 
la voluntad culta de García Zúñiga. 

CAPÍTULO II 

LA AUTOCRACIA DE ARTICAS EN LAS PROVINCIAS 

LITORALES 

CXXIV — Artigas disputa á las autoridades argentinas el domi- 
nio de las provincias litorales 

La guerra entre el Gobierno de las Provincias- 
unidas y Artigas había desaparecido de la Ban- 
da-oriental y nabía desaparecido para siempre. 
Ya no tenían los artiguistas que defender su 
predominio en el territorio de su patria, ni aún 
contra sus compatriotas que se distinguían por la 
inteligencia, la ilustración, la fortuna ó la posi- 
ción social, porque la casi totalidad había emigra- 
do para Buenos-aires, ó estaba á punto de emi- 
grar. Podían entregarse tranquilamente á la or- 
ganización de su gobierno, dejando también en 
libertad á los pueblos occidentales para arreglar 
entre sí sus propias diferencias y dedicarse por 
completo á vencer al enemigo común de la Amé- 
rica, que se preparaba en esos momentos para 
hacer nuevos y decisivos esfuerzos. 

Pero Artigas no se conformó con que se le de- 
jara en aptitud para satisfacer su ambición den- 
tro de los límites de su provincia natal; le hala- 
gaba el influjo que ejercía en las otras tres pro- 
vincias litorales, y aspiraba á ensanchar ese in- 



132 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1S15 



flujo, á dominar en Entre-ríos, Corrientes, San- 
ta-fé, Córdoba, Buenos-aires, y aún en el Para- 
guay, á ser la voluntad suprema ante la cual se 
rindiesen pueblos y góbiernos. Todo lo que no 
fuera esto, nada le importaba, ni aún las derrotas 
que sufrían las armas independientes en las bata- 
llas de cuyo éxito dependía la suerte futura de la 
América del Sud. Escribía el 28 de Diciembre á. 
D. Miguel Barreiro, que se hallaba en Porto-ale- 
gre desempeñando una comisión : ce Ud. adverti- 

cc ra el nuevo semblante de nuestros negocios 

« El gobierno se halla apurado ademas de las con- 
« vulsiones pasadas, tiene Vd. que Chile en Oc- 
« tubre fué tomado nuevamente por los limeños, 
« con cuyo motivo han mandado todos los artillc- 
« ros y mucha artillería á Mendoza. Pezuela (se- 
cc gun noticias) le ha derrotado en Tupiza la Ban- 
ec guardia á Rondeau, y cargó sobre él hasta el 
« Tueuman. Donde se hallaban ya en guerrillas. 

4J C_J 

« Alvear ha salido para arriba á fines del pasado, 
ce Los caciques Güicuruces que vinieron a presen- 
ce társeme y á quien di mis instrucciones, les ha- 
ce cen nuevamente la guerra sobre Santa Fé según 
ce noticias de un pasado que hacen 10 dias salió de 
« aquel Pueblo. — El Paraguay se ha decidido á 
« nuestro favor. Ya ha tomado á Misiones y apre- 
té sado á Matianda y demás que obraban allí por 
ce Buenos-aires. Espero únicamente por momen- 
« tos respuesta del Govierno. Los oficios del Co- 
« mandante de Fronteras encargado por su Go- 
ce vierno de darme parte son satisfactorios, pero 
ce ellos no llenan tocio el blanco de mis ideas, mien- 
<e tras el Govierno no delibere. Entretanto me di- 
ce ce dicho Comandante seguía sus marchas por 
<e el Paraná así a Corrientes según las insinuacio- 
ee nes de mi primer oficio á fin de obrar de acuer- 
« con nuestras tropas sobre Corrientes, etc. » Se- 



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181) DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 133 

gun se vé, las hostilidades del Paraguay, las de- 
vastaciones de los indios guaieurúes, los triunfos 
de los españoles, todo eso entraba en el número 
de los hechos que favorecían su designio. 

Así, pues , Dajó del Arerunguá al Hervidero, 
arroyuelo que fluye al Uruguay, al Sud del Dai- 
man, fundó allí el pueblo de la Purificación que 
debía ser célebre por las atrocidades que en 
él se cometieron con los españoles, y pasó 
(principios de Marzo) al Arroyo de la China, del 
suelo entre-riano, con el fin de dirijir personal- 
mente la guerra ofensiva contra el gobierno de las 
Provincias. La guerra adquirió así una nueva sig- 
nificación: no podían decir ya los artiguistas que 
el Director los perseguía en su patria; pero el Di- 
rectorio podía decir que Artigas salía de su pro- 
vincia para hacer la guerra á la autoridad general 
fuera de ella. Ante los ojos del mismo Artigas, era 
éste el agresor; aquél no haría en adelante más 
que defenderse. 

CXXV — Artigas en Santa-fe 

Su primer acto fué lanzar á Hereñú sobre Santa- 
fé, so pretexto de protcjerla, con montoneras de 
indígenas. Como era natural, dada la calidad de 
los combatientes, cometieron robos, asesinatos y 
violencias de todo género entre el pueblo del cam- 
po, cuyas inclinaciones eran adversas á Buenos- 
aires. "En seguida (20 de Marzo) se presentó Arti- 
gas en las inmediaciones de la capital de aquella 
provincia con cuanta indiada pudo reunir, procla- 
mando la desobediencia al Directorio y la alianza 
con los pueblos de Entre-rios y Corrientes. Cuatro 
días después se hizo la declaración de que la Pro- 
vincia no dependía de Buenos-aires, se destituyó 
al gobernador Diaz Velez, y se procedió a nom- 
brar á Candioti, miéntras las indiadas de Artigas 



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134 BOSQUEJO HISTÓRICO 1815 

mataban, saqueaban y desolaban cuanto hallaban 
en las inmediaciones de la ciudad. Simultánea- 
mente se manifestaron en Buenos-aires trabajos 
subversivos, uno de cuyos objetos era quebran- 
tar la subordinación de las tropas. La posición 
del director Alvear se hacía difícilmente sosteni- 
ble, porque estaba minada en sus mismas ba- 
ses; pero, juzgando que podría afirmar su poder 
infundiendo el terror por todas partes, dió un 
bando el 28 de Marzo por el cual amenazaba 
con la pena de muerte á los que perturbasen el or- 
den público, ásus cómplicesy ocultadores, á la vez 
que nacía marchar á Ignacio AlvarczThomas con- 
tra Santa-fé. Dos dias después Don Nicolás He- 
rrera, ministro del Directorio, expidió una circular 
en que ponía de relieve la conducta de Artigas y 
de los capitanes que lo secundaban; al siguiente 
día lanzó Alvear una proclama á todos los habitan- 
tes de las Provincias-unidas, contra el que acaba- 
ba de invadirlas personalmente dándose el título 
de Jefe de los orientales y protector de los pueblos; 
llama á las armas á todos los ciudadanos el 4 de 
Abril, y el Cabildo los proclama enérgicamente el 
5, usando para con Artigas los más duros califica- 
tivos. 

CXXVI — Sublevación contra Alvear en Fontezuelas 

Pero todas estas medidas fueron ineficaces para 
mantener á Alvear en el poder, porque tenía cerca 
de sí enemigos más temibles que Artigas, quienes 
sin conformarse con las miras de éste, deseaban 
rebajarla prepotencia del grupo demagógico de 
Buenos-Aires y dar una participación en los nego- 
cios públicos á la influencia provincial. En este 
movimiento de aspiración democrática entraba la 
totalidad de la campaña de Buenos-Aires y una 
buena parte de los habitantes de la ciudad, y se 



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1815 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 135 

creyó consultar las conveniencias generales del 
momento no excluyendo á Artigas de los trabajos 
revolucionarios que se hacían. El pronunciamiento 
partió de las tropas que marchaban contra el Cau- 
dillo oriental: el 3 de Abril manifestaron sus jefes 
y oficiales en Fontezuelas que negaban la obedien- 
cia á la autoridad suprema; el general Alvarez 
Thomas se dirijió á Alvcar invitándolo á que re- 
nunciase al mando y dejase al pueblo de Buenos- 
aires en libertad para que eligiera gobierno según 
su voluntad y el 6 del mismo mes se manifestó 
Artigas en igual sentido desde la Bajada del Pa- 
raná. 

CXXVII — Sublevación de Buenos-Aires. Nuevo gobierno 

Estos hechos, á los que se siguieron otros aná- 
logos, tenían desgraciadamente un vicio que había 
de trascender de un modo funesto: no constituían 
una revolución, porque el ejército no se revolucio- 
na nunca; era una sublevación, que ningún mili- 
tar puede llevar á efecto sin trastornar leyes pri- 
mordiales de su institución, sin cometer delito. El 
elemento popular, el elemento civil, se declaró 
recien el día 14, por medio del Cabildo, que, por 
ser autoridad constituida, no era tampoco el órga- 
no más aparente. Esa corporación intimó á Alvear 
que depusiese el mando; el Director contestó pro- 
poniendo que el pueblo elijiese su gobierno; pero 
el Cabildo insistió, y asumió el 16 la autoridad 
soberana confiando al general Soler la comandan- 
cia de las armas nacionales. El 21 se nombró una 
Junta de observación, se designó al general Ron- 
deau para que ocupase el directorio, y al coronel 
Alvarez para que lo desempeñase interinamente, 
miéntras el propietario no viniera del ejército del 
Norte. 



136 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



131» 



CXXVIII — Relaciones del nuevo gobierno con Artigas 

Estos acontecimientos obtuvieron la felicitación 
de Artigas, acompañada de protestas amistosas; y 
á su vez el ayuntamiento dispuso que se encargara 
á Londres un sable para Alvarez Thomas, otro 
para Artigas, y dos más para Valdenegro y Via- 
mont, que habían figurado notablemente en los 
últimos sucesos, y publicó además un manifiesto 
en que retractábalos términos con que había ha- 
blado de Artigas en la proclama del 5, aduciendo 
que le había sido impuesto por el Director. Los 
partidarios de éste fueron presos, y confiscados 
sus bienes. Artigas se mostró satisfecho con tales 
demostraciones, que lo colocaban en la situación 
de un verdadero coautor de los sucesos de Abril. 
No omitió por su parte nada que pudiera hacerlo 
aparecer en tal concepto á las muchedumbres. El 
29 de Abril dirigió desde su cuartel general un 
manifiesto «al muy benemérito pueblo de Buenos 
Aires» en nue trataba de justificar su conducta 
pasada por la de los gobernantes caídos. « Ciuda- 
« danos, les decía: Quando la división escancjalo- 
« sa que se fomentó entre nosotros llegó hasta el 
« exceso de empaparnos en nuestra propia sangre 
« y hacernos gustar por nuestra misma mano to- 
tí das las amarguras, los malvados me presénta- 
te ban á vosotros como autor de aquellas calami- 
« dades, escudando conmigo la intención iniqua 

« que los movía» «El grito del dolor, decía 

tí más adelante compendiando su pensamiento, 
tí era el primer homenaje que rendía á los laure- 
<( les con que me decoró la fortuna, y solo me fue- 
te ron preciosos en cuanto los consideraba útiles al 
« restablecimiento de la concordia. Así es que 
tí desde el carro de la victoria yo convidaba á mis 
« adversarios á la paz, yo les extendía mis brazos 



1815 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 137 

(( implorándola, bañando á vista de ellos con mi 
« llanto unas coronas cjue veía salpicadas con la 

«sangre de mis com paisanos» Y concluía: 

« Ciudadanos, Pueblo de Buenos-Aires, vuestros 
« hermanos los Orientales no dudan que sus vo- 
«tos serán correspondidos y abandonados al 
« transporte de una perspectiva tan encantadora, 
« olvidan sus quebrantos, y hacen sacrificios al 
« Dios Tutelar de la amistad de los Pueblos, para 
« que al recibir las felicitaciones que á su nombre 
« tengo el honor de dirigiros, nacía sea capaz de 
« contrariar nuestra unión, y en lo sucesivo solo 
« se vea entre nosotros una sola grande familia de 
« hermanos. » Después de esto, juzgándose due- 
ño de la situación, exijió que se le mandasen los 
mejores batallones de línea, la artillería, fusiles, 
una cantidad de dinero y las personas de Alvear 
y de los canónigos Santiago Figueredo y Pedro 
Pablo Vidal. El Director interino y el Cabildo no 
accedieron á tales pretensiones, pero cometieron 
la debilidad de mandar al caudillo, en vez de es- 
tas personas, las de siete individuos que estaban 
encarcelados por ser amigos del ex-director. Co- 
mo no eran estos los que Je interesaba sacrificar, 
Artigas los devolvió, según se dice, haciendo 
alarde de sentimientos nobles. 

Las negativas de Alvarez Thomas irritaron en 
extremo á Artigas; y las exijencias de este alar- 
maron de tal modo á Alvarez Thomas, que se 
apresuró á reunir fuerzas en la Capital y á man- 
dar una parte á Mendoza con el propósito de que 
atacaran por la espalda á Jos artiguistas, siempre 
que estos avanzaran hacia el Sud. Comprendiendo 
Artigas que no conseguía imponerse á los vence- 
dores de Alvear, dió aviso de que se retiraba de 
Santa-fé (primeros días de Mayo), y regresó efec- 
tivamente á su cuartel general ' de Pay-sandú, de- 



138 BOSQUEJO HISTÓRICO 1815 

jando ocupadas las provincias por varios de sus 
capitanes y trayendo consigo algunos de los caci- 
ques y tribus santafecinas que le habían acompa- 
ñado al Rosario. 

CXXIX — Actos de Otorgues, del Cabildo y de Artigas 

Durante el tiempo en que ocurrieron estos su- 
cesos siguió Montevideo bajo el despotismo bár- 
baro de Otorgues. Este caudillo predilecto de Ar- 
tigas instituyó una Junta de vigilancia, compuesta 
de criminales, con el fin de perseguir á los espa- 
ñoles y a las personas á quienes se juzgase afec- 
tas a la causa de Buenos-aires. No hubo familia 
honesta que no hubiese recibido brutales trata- 
mientos; la propiedad no mereció ningún género 
de respeto; en las calles más centrales, á medio 
día, se ensillaba y montaba con espuelas á los 
godos; y la vida dependía del capricho de cual- 
quiera soldado de la guarnición. La administra- 
ción pública no existía, pues no se llevaba cuenta 
de ella y apénas se hacía otra cosa que repartir 
sin tasa entre algunos explotadores el producto 
de las exacciones con que arbitrariamente se abru- 
maba á los vecinos. En su tiempo se entregó á las 
llamas, en la plaza, gran parte de los archivos pú- 
blicos. 

Bajo las impresiones que surgían de una situa- 
ción tal, se reunió el Cabildo y resolvió (25 do 
Abril) que en adelante se reconociese á Don José 
Artigas «con la misma representación, jurisdic- 
ción y tratamiento que un capitán general de pro- 
vincia, bajo el título de (.(Protector y patrono de la 
libertad», cuya disposición se comunicó á todos 
los cabildos por una circular. 

El 29 del mismo mes ordenó Artigas al Ayun- 
tamiento que las poblaciones mandaran diputados 
á un Congreso general de la provincia, que debe- 



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1815 DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 139 

ría reunirse en Mercedes; y en su cumplimiento 
se mandó el 10 de Mayo que cada pueblo nom- 
brase un diputado con poderes amplios « para 
tratar, mover y concluir todo cuanto sea con ve- 
niente al bien de la Provincia y defensa de ella». 

CXXX- Necesidades de la situación. Proyectos del Directorio 

La caída de Alvear importaba una esperanza 
para las provincias, pero nó, como se ha visto, 
para Artigas, por manera que el estado de gue- 
rra quedó subsistente cuando el Jefe de los orien- 
tales se retiró á Pay-sandú. El directorio do 
Alvarez Thomas no podía continuar así, mien- 
tras le fuera posible mejorar la situación del país. 
Rondeau había conseguido recientemente un 
triunfo contra los españoles, pero de tan escasa 
importancia, que no disminuían los peligros á 
que estaba expuesta la causa de la independen- 
cia; tanto menos, cuanto se anunciaba desde el 
año anterior una fuerte expedición de 15000 hom- 
bres procedente de la Península. Era necesario 
para contrarestar esos peligros que desaparecie- 
ran los obstáculos que oponían Artigas por un 
lado y las provincias occidentales por otro, y el 
gobierno de Alvarez Thomas , aconsejado por 
Tagle y San Martin pensó que se conseguiría esc 
resultado declarando la independencia de la Ban- 
da oriental y reuniendo fuera de Buenos-aires, 
léjos de la influencia de sus hombres, un congre- 
so en que estuvieran representadas todas las pro- 
vincias, y con facultades para constituir el Estado 
en armonía con las aspiraciones generales. 

CXXXI — El gobierno argentino propone la independencia déla 
Banda-oriental. Artigas la rechaza 

Por consiguiente, el Director comisionó á don 
Juan José Pico y á D. Francisco Bruno de Riva- 



140 BOSQUEJO HISTÓRICO 1815 

rola para que trataran con Artigas en su cuartel 
general. Las conferencias verbales no permitie- 
ron precisar ningún pensamiento, por cuyo moti- 
vo ere ve ron los comisionados que debían formu- 
larse las propuestas respectivas en un proyecto 
de tratado. Artigas presentó el suyo el Í6 de 
Junio, cuya cláusula capital decia: « Será reco- 
ce nocida la convención de la provincia Oriental 
« del Uruguay, establecida en acta del Congreso 
« del 5 de Abril de 1813 del tenor siguiente: — La 
« Banda Oriental del Uruguay entra en el rol para 
«formar el Estado denominado Producías Unidas 
a del Rio de la Plata. Su pacto con las demás pro- 
« vincias es el de una alianza ofensiva y defensiva. 
« Toda provincia tiene igual dignidad é iguales 
« privilegios y derechos y cada una renunciará el 
<( proyecto de subyugar á otra. La Banda Orien- 
« tal del Uruguay está en el pleno goce de toda su 
« libertad y derechos, pero queda sujeta desde 
« ahora, á la Constitución que organice el Congreso 
« general del Estado legalmente reunido^ teniendo 
« por base la libertad. » (Art. I 9 del proyecto). Se 
vé aquí en primer lugar que Artigas continuaba 
queriendo que su provincia integrara la nación ar- 
gentina bajo una constitución federal. En segundo 
lugar se nota la intención de que apareciera aca- 
tada por el Gobierno nacional la resolución que 
Artigas impuso á sus parciales reunidos informal- 
mente el 5 de Abril, y prevaleciendo, por lo mis- 
mo, sobre la declaración análoga que hicieron los 
representantes legítimos del pueblo congregados 
en Diciembre del mismo año. Este hecho, que 
prueba lo díscolo que era Artigas, tenía el incon- 
veniente de que los actos de la Junta de Abril ha- 
bían sido desautorizados tanto por los represen- 
tantes del pueblo oriental, como por los del pueblo 
de las otras provincias argentinas; por manera 



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1815 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 141 



que Artigas venía á confirmar con un pacto el he- 
cho histórico de la unidad nacional, bajo una for- 
ma tan arbitraria como inaceptable. 

Su proyecto contiene otra singularidad notable. 
Establece en el artículo l 9 que cada provincia re- 
nunciará el proyecto 'de subyugar á otra; pero 
dice el art. 13: « Las provincias y pueblos com- 
« prendidos desde la márjen oriental del Paraná 
« hasta la occidental (del Uruguay) quedan en la 
<c forma inclusa en el primer artículo de este trata- 
ce do, como igualmente las de Santa-fé y Córdoba, 
« hasta que voluntariamente no quieran separarse 
« de la protección de la Provincia Oriental del Uru- 
« guay y dirección delJefe de los orientales. » Es 
decir que la regla universal consignada en el ar- 
tículo primero tenía una excepción y esa era á fa- 
vor de la dominación exclusiva que Artigas quería 
seguir ejerciendo en las cuatro provincias occiden- 
tales de Corrientes, Entre-ríos, Santa-fé y Córdo- 
ba, conquistadas á la República-argentina por la 
fuerza de sus armas ó por la influencia de su vo- 
luntad. 

Por otros artículos reclamaba todo el armamen- 
to que Alvear había tomado á los españoles en 
Montevideo, gran cantidad de municiones de toda 
clase y nueve lanchas cañoneras armadas y listas 
del todo; exijía que Buenos-aires proveyóse con 
instrumentos de labranza á los labradores de la 
Provincia-oriental; y pedía el pago de doscientos 
mil pesos en dinero, á título de indemnización por 
las pérdidas que habían sufrido durante la guerra 
« los españoles en Europa. » Por supuesto, nada 
se decía de los cinco y más millones de pesos que 
la República-argentina había gastado para vencer 
el poder español que dominó la Provincia-oriental 
hasta Junio de 1814. 

A este proyecto, nó tan inconveniente quizás 



142 BOSQUEJO HISTÓRICO 1815 

por lo que pedía como por los peligros que entra- 
ñaba para la paz interior de las provincias del 
Plata, contestaron los representantes del Direc- 
torio al día siguiente con otro cuyas cláusulas re- 
solvían de un modo definitivo y radical las cues- 
tiones de autoridad y dependencia que habían 
servido de pretexto á la anarquía. El artículo 1? 
decía así: — «Buenos-aires reconoce la indepen- 
adenda de la Banda-oriental del Uruguay, renun- 
« ciando los derechos que por el antiguo régimen 
« le pertenecían ». Accediendo en parte á las pre- 
tensiones que tenía Artigas de dominar las pro- 
vincias occidentales, se estipulaba en el artículo 
5 9 que « las provincias de Corrientes y Entre-ríos 
« quedan en libertad de elejirse ó ponerse bajo la 
«protección del gobierno que gusten)). De este 
modo quedaba Artigas en aptitud de ser libremen- 
te el dueño absoluto de su provincia; y como te- 
nía dominadas de un modo completo las de Co- 
rrientes y Entre-ríos, aseguraba el dominio que 
ejercía en ellas. Otros artículos del contra-pro- 
yecto favorecían su situación, pues que Buenos- 
aires renunciaba á la indemnización de lo que 
habíale costado la toma de Montevideo, se esta- 
blecían derechos módicos para los principales ra- 
mos del comercio (4 por ciento), y se hacían pro- 
mesas recíprocas de amistad con olvido de todo lo 
pasado. 

Articas rechazó este proyecto, á pesar de cuan- 
tos esfuerzos hicieron los representantes del Di- 
rectorio por que lo aceptara, siquiera fuese en sus 
bases capitales. No quiso la independencia de su 

Í)rovincia, porque importaba hacerle renunciar 
os proyectos de prepotencia que tenía para con 
las demás; no quiso que se limitara su autoridad 
á la Provincia-oriental y las occidentales de Entre- 
ríos y Corrientes, porque se creía con derecho a 



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1815 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 143 

ejercerla en Santa-fé y Córdoba; no admitió que 
' se dejase al arbitrio de los pueblos entreriano y 
correntino el decidir quién había de gobernarlos 
ó protegerlos, porque era cosa ya resuelta por él; ni 
consintió que Buenos-aires apareciera renuncian- 
do la indemnización á que tuviera derecho por los 
castos de guerra hechos para independizar* á Mon- 
tevideo del poder de los españoles, y conservando 
las armas que les había tomado por efecto de la 
capitulación. Quería que Buenos-aires se some- 
tiera á su prepotencia, y que le diera fuerza para 
sostenerla y extenderla" indefinidamente. Era esto 
moralmente imposible, como se comprende. 

CXXXII — Xuevas tentativas de avenimiento con Artigas 

Quedaron, pues, rotas las negociaciones. Sin 
embargo, habiéndose reunido el Congreso convo- 
cado en Mayo, Artigas envió desde Pav-sandú 
á Buenos-aires ix los diputados D. Miguel Barrei- 
ro, D. José. A. Cabrera, D. Pascual Andino y 
D.'josé García de Cossio, con la misión de pro- 
poner bases de una paz provisional, cuyo objeto 
era contener los aprestos militares que el Direc- 
tor había empezado con ánimo de buscar por la 
fuerza la tranquilidad que no había hallado ni en 
el propósito de consentir la desmembración del 
territorio nacional. Los diputados presentaron el 
13 de Julio su «plan de concordia» y le dieron 
forma de tratado el 3 de Agosto, redactándolo en 
un solo artículo que decía: «Habrá paz entre los 
« territorios que se hallan bajo el mando y protec- 
« cion del Jete de los orientales, y el Exmo. Go- 
ce bienio de Buenos-aires». Como nada se determi- 
ba aquí, y los diputados de Artigas carecían de 
poderes formales, el comisionado del Directorio, 
que lo era Don Antonio Sáenz, les solicitó que pi- 
dieran poderes y expresasen cuáles habían de ser 



144 BOSQUEJO HISTÓRICO 1815 

los territorios aludidos y las condiciones de la paz. 
El Director escribió además personalmente a Arti- 
gas por inducirle á allanar estas dificultades. Pero 
todo fué inútil: nada se consiguió y quedaron las 
cosas como estaban. 

CXXXIII — El Directorio llama á todos los pueblos á congre- 
garse en Tucuinan. Artigas los llama á Pay-sandú 

Malográronse las tentativas de avenimiento 
con Artigas, pero quedaba aún la esperanza de 
restablecer buenas inteligencias entre las provin- 
cias, por medio del Congreso general. Eligióse 
para su reunión la ciudad de Tucuman, á fin de 
que no se temiera la influencia de Buenos-aires, 
y fueron invitados todos los pueblos á que envia- 
sen á él sus diputados. Artigas lo fué especial- 
mente. Pero, léjos de conformarse con que los 
orientales tuvieran su representación en Tucu- 
man, pensó en contrariar la obra de reconcilia- 
ción general que se iniciaba bajo los auspicios 
del nuevo Directorio, llamando álos pueblos ar- 
gentinos á otro congreso que se reuniría en Pay- 
sandú, donde Artigas tenía el núcleo de su fuer- 
za. Artigas no quería separarse de la comunión 
de las Provincias-unidas, pero tampoco quería 
que esa comunión recibiera inspiraciones y direc- 
ción fuera de las que emanasen de su voluntad 
personal. Ambicionaba ser el árbitro omnipotente 
del Rio de la Plata. 

CXXXIV— El Directorio abre campaña en las provincias 

litorales 

En presencia de tales hechos, Alvarez Thomas 
dió órden para que marcharan tropas á Santa-fé, 
destinadas á impedir que Artigas pasara de allí 
para adelante; dirijió una proclama á los santafe- 
cinos anunciándoles que no había conseguido con- 



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1815 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 145 

venir con el caudillo oriental bases decorosas ni 
justas; é hizo circular por las provincias, quince 
días después, un manifiesto en que narraba todo 
lo ocurrido. 

En estos momentos de conflicto interno, los 
ejércitos que operaban al Norte bajo las órdenes 
de Rondeau sufrieron un descalabro completo, en 
el paraje llamado Sipi-Sipi (Noviembre 28), que se 
cuenta entre los mayores desastres sufridos por la 
revolución. Allí fué casi exterminada la parte de 
ejército compuesta de orientales, que mandaba el 
coronel Pagóla (batallón núm. 6). Los españoles 
quedaron en posesión del Perú, de Chile, de las 
provincias argentinas del Norte, en todas partes 
como vencedores, y considerablemente reforzados 
por tropas y elementos de guerra que con abun- 
dancia les llegaban de España. Los revolucionarios 
retrocedieron hácia el Sud, perseguidos por la 
vanguardia del ejército realista. ¿Qué resistencia 
oponerles, miéntras durara la anarquía fomentada 
por Artigas? La situación era aflijente. 

CXXXV— Actitud de Artigas 

Artigas dictó medidas de defensa, sobre todo en 
Entre-rios y Corrientes, tan pronto como supo eme 
Viamont se dirijía á Santa-fé, cuyos habitantes 
se sentían favorablemente dispuestos para con las 
autoridades de Buenos-aires, después de las du- 
ras pruebas por que pasaron durante la permanen- 
cia de los artiguistas. Ordenó á Berdun, su co- 
mandante general en los territorios que se extien- 
den entre los rios Uruguay y Paraná, que reuniese 
en un lugar seguro de Corrientes á los europeos, 
recomendándole «que no anduviesen con conside- 
<c raciones para la ejecución de tan necesaria medi- 
te da», dispuso que Llambí fuera á dicha provincia 
para servir de asesor á su gobierno, sin consultar 

10 



146 BOSQUEJO HISTÓRICO 

la voluntad del que recibía la órden, y trasladó su 
cuartel general á la villa de Purificación, que ha- 
bía elejido para centro permanente de sus opera- 
ciones de guerra y de gobierno . 

CXXXVI — Cómo gobernó Otorgues 

Otorgues había seguido en Montevideo come- 
tiendo crueldades, escándalos y desórdenes de 
todo género, á pesar de tener cerca de sí á Fruc- 
tuoso Rivera, quien, si bien incapaz de inspirar 
sentimientos de disciplina á nadie, tenía la buena 
condición de no ser sanguinario. Los habitantes 
que podían huir, huían; los que no podían, vivían 
sin momento de tranquilidad. Esto, y la disipa- 
ción inaudita de los fondos públicos, merced á la 
cual no llegaban al Cuartel general todos los re- 
cursos que de allí se pedían, obligaron á Artigas 
á destituir á Otorgues y á nombrar delegado suyo 
á don Miguel Barreiro, uno de los muy pocos hom- 
bres cultos que le servían (29 de Agosto). 

CXXXVII— Cómo reprimía Artiga» los abusos 

El Delegado moderó la conducta de los que te- 
nían en su mano la fuerza, y consiguió restable- 
cer la tranquilidad algún tanto, aunque siguieron 
inspirando recelo sus facultades omnímodas y las 
instrucciones que había recibido con relación á los 
que le parecieran sospechosos. Dió cuenta minu- 
ciosa á Artigas del desórden administrativo de 
Otorgues y denunció á algunas personas compli- 
cadas en los desfalcos. Artigas fué severo con va- 
rios tie los culpables: confiscó sus bienes, y re- 
dujo á prisión sus personas ó los mandó ejecutar; 
pero, cuando recibió un estado en que se habían 
resumido los robos y escándalos de Otorgues, se 
limitó á esta medida: «Hoy mismo salen para 
« Torgues los documentos justificativos del pasa- 



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5815 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 147 

« do disgreño, para que, convencido, reconozca su 
«error» (1). 

CXXXVIII — Cómo se regularizó el servicio económico 

Las receptorías de las Aduanas de Montevideo, 
Maldonado y Colonia habían cobrado arbitraria- 
mente los derechos, y no se había llevado cuenta 
de ellos, ni había en los dos últimos puntos quien 
pudiera llevarla. Barreiro recibió órdenes para que 
nombrara comisarios capaces de regularizar un 
poco su servicio, y en cumplimiento nombró dos 
que recorrieron los puertos y dieron instrucciones 
verbales acerca de los derechos que se habían de 
cobrar, de la manera como se habían de llevar 
los cuadernos, y de los tiempos en que deberían 
remitirse los derechos recaudados á la caja de Ar- 
tigas. Como los comandantes habían sido los ad- 
ministradores de la hacienda en los pueblos, y 
como cada uno de ellos había procedido imitando 
á Otorgues, Barreiro les retiró esa facultad, con- 
fiándola á funcionarios civiles. 

CXXXIX— Cómo pensaba Artigas del pueblo y de los 

funcionarios públicos 

La policía, la justicia, todos los ramos de la 
administración habían estado descuidados com- 
pletamente. Barreiro atribuyó el hecho á que esas 
funciones se ejercían gratuitamente, y propuso á 
Artigas que se resumiesen en un solo hombre. 
Pero el Jefe de los orientales no acogió la indi- 
cacion, juzgando que no habría cómo retribuir 
sus servicios, ni sería fácil hallar quien los pres- 
tase mereciendo confianza; y aún cuando lo hubie- 
se, sería difícil que el pueblo tuviera la capacidad 
de dar con él; en tanto que, desempeñándolos el 
Cabildo, aunque sus miembros no habían inspi- 

(l) Carta de Artigas al delegado Barreiro.— 30 de Octubre de 1S15. 



148 BOSQUEJO HISTÓRICO 



1815 



radola mayor confianza, podrían satisfacer, debido 
á que aquella corporación no tenía otra misión 
que la de ejecutar, y á que influiría en su conducta 
la presencia de Barreiro y de Rivera. 

CXIi— Cómo gobernaba Artigas las provincias cu que 

dominaba 

El único legislador, ó mejor dicho, el único so- 
berano, era Artigas, pues nada se hacía sino por 
su orden. Dio al Cabildo las facultades de Gober- 
nador, y á Barreiro lo instituyó su delegado en 
Montevideo. El Cabildo estaba subordinado al 
Delegado y óste á Artigas, según la concepción 
teórica del Caudillo; pero en el hecho éste se re- 
lacionaba directamente con ambos, de modo que 
venían á ser simples agentes del Jefe supremo, 
aún tratándose de los detalles más insignificantes 
de la administración. Como el Cabildo no fuera 
tan inexorable como debiera ser en el cumpli- 
miento de las órdenes que había recibido para que 
remitiera á la Purificación los extranjeros que no 
fueran decididos partidarios del sistema, Artigas le 
censuró una vez de esta manera: «c U. S. nada me 
« dice de la remisión del resto de europeos que 
k tengo pedidos. Ellos son el principio de todo en- 
« torpecimiento, y los paysanos desmayan al ver la 
« frialdad de los magistrados. No me ponga U. S. 
c en el extremo de apurar mis providencias. Ya 
« estoy cansado de experimentar contradicciones 
te y siendo la obra interesante á todos los orien- 
« tales, ellos deben aplicar conmigo el hombro á 
« sostenerla. El que no se halle capaz de esta re- 
€ solución huya mas bien de nuestro suelo. Pocos 
«c y buenos somos bastantes para defender nuestro 
« suelo del primero que intente invadirnos. » El 
Cabildo trascribió este despacho á Barreiro, agre- 
gando: « que acaba de acordarse agregar á la re- 



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1815 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 149 

«c misión de ese resto que pide el Exmo. Sr. Ge- 
« neral, algunos otros cuya existencia en este des- 
ee tino se gradúe opuesta á los sagrados, dignos 
« fines del sistema de la libertad » (Noviembre 20 
de 1815). Artigas hacía también de juez con mu- 
cha frecuencia, y su autoridad como tribunal de 
última instancia, no era discutida. Es así que pe- 
día cuenta al Cabildo de sus menores actos, y le 
ordenaba lo que había de hacer en cada caso; ins- 
truía á Barreiro hasta de los cueros que había de 
reclamar á determinadas personas y de las coníe- 
siones que les había de exijir; disponía que se con- 
fiscasen los bienes a éste, que se castigase con tal 
pena al otro, que se impusiese tal indemnización 
al de más allá; y no pocas veces condenaba á 
muerte en su propio campamento sin forma de 
juicio, como lo hizo con Don José Pedro Jorría 
(jefe de unas fuerzas correntinas que cayó prisio- 
nero en una acción de guerra), en su cuartel ge- 
neral á los dos meses de tenerlo preso. 

Se vé que no gobernaba Artigas con ninguna 
de las" formas de gobierno adoptadas hasta enton- 
ces por los pueblos civilizados. Su voluntad, va- 
riable á cada momento, era el todo: poder legisla- 
tivo, poder judicial, poder ejecutivo. Había leyes; 
pero Artigas las desconocía. Había gobernadores 
y cabildos, pero sin autoridad propia, meros eje- 
cutores de las órdenes que recibían del Jefe. Había 
pueblo, y se invocaba su voluntad en circunstan- 
cias dadas; pero ese pueblo carecía de significa- 
ción política, porque estaba absolutamente some- 
tido al poder de su caudillo, á tal punto, que ele- 
gía capitulares con sujeción á la designación que 
préviamente se le hacía de las personas, y no se 
instalaban los electos sino después de haber apro- 
bado Artigas la elección hecha. No había sombra 
de democracia ó de figura republicana; no había ni 



150 BOSQUEJO HISTÓRICO 



1815 



aún un remedo de las formas monárquicas: el go- 
bierno de Artigas presentaba el tipo de la auto- 
cracia más acabadamente unipersonal y absoluta; 
era la negación de todo organismo político, por 
más embrionario eme se le conciba. Como gober- 
naba la Banda-oriental, gobernaba el Entre-rios 
y Corrientes; y su poder despótico se ejercía tanto 
como en los negocios civiles y militares, en los 
eclesiásticos de carácter administrativo: más de 
una vez recibió y obedeció el vicario Larrañaga 
la orden de que expidiera títulos de cura para 
eclesiásticos que el mismo Artigas le designaba, 
y cuyos servicios habían de prestarse ya en el 
territorio oriental, ya en el entre-riano ó el co- 
rrentino. 



LIBRO CUARTO 

« 



LA DOMINACION EXTRANJERA 



CAPÍTULO I 

LA INVASION PORTUGUESA 

CXU —Situación de Artigas á principios de 1810. Se prepara 
á la guerra con los portugueses 

El año de 1816 empezó de un modo poco satis- 
factorio para Artigas. Por un lado, las tropas de 
Buenos-aires habían sido bien recibidas en Santa- 
fé, por la esperanza de que establecerían un órden 
regular y de que serían respetadas las vidas, las 
propiedades y las buenas costumbres, tan mal- 
tratadas por las montoneras bárbaras que habían 
acompañado ú Protector de los pueblos libres. Por 
otro lado, empezaba éste á presentir que la coro- 
na de Portugal se preparaba para traer la guerra 
á los orientales, quienes habían librado verdade- 
ras batallas más de una vez contra oficiales del 
Brasil que invadían con fuerza armada sin otro 
fin que el de robar ganados, cuyos oficiales pre- 
tendían á su vez que no hacían otra cosa que in- 
demnizarse de los actos vandálicos que consu- 
maban los artiguistas en territorio brasileño. 

Se veía, pues, contrariado en la guerra exterior 
que hacía en las provincias occidentales del Uru- 
guay, y amenazado en su propio suelo por un 



152 BOSQUEJO HISTÓRICO 1816 

enemigo poderoso, á quien inútilmente había adu- 
lado un año antes, pensando que así haría des- 
aparecer los conflictos que se habían suscitado. 
Ante esta perspectiva, contrajo toda su atención 
á recuperar en Santa-fe el terreno perdido, lo que 
no tardó en conseguir, y á prepararse para resis- 
tir al nuevo enemigo. Los dineros eran escasos; 
dos ó tres meses antes calculaba Artigas que no 
podrían mandarle las aduanas del litoral platense 
más que sesenta pesos, _y debía á sus soldados los 
servicios de seis años. En Enero tenía hombres, 
pero nó armas: sólo contaba dos pequeños caño- 
nes en su cuartel general y una cantidad insufi- 
ciente de lanzas, sables y armas de fuego. A la 
dificultad que para obtener artículos de guerra le 
oponía la falta de moneda, se agregaba que care- 
cía el comercio de Montevideo de tales efectos, 
salvo las ofertas que de cuando en cuando hacían 
vendedores ambulantes y contrabandistas. Trató 
de remediar estas faltas pidiendo recursos pecu- 
niarios á Corrientes y Entre-rios, vestuarios a 
Santa-fé y Córdoba, y armas á Barreiro y á algu- 
nos comerciantes ingleses de Buenos-aires, que 
se las proporcionaban sigilosamente. Además, 
según escribió á Barreiro á fines de Febrero, es- 
peraba que después del tremendo contraste de 
Rondeau en Sipi-sipi se vería obligado el Directo- 
rio á ceder á sus pretensiones, y que recibiría en- 
tonces las armas, municiones y demás elemen- 
tos que necesitaba. Así quedaban las cosas á 
fines de Mayo. 

CXT.II — Portugal se prepara para Invadir 

Los temores que inspiraba á Artigas el Brasil 
no eran infundados. El monarca portugués, indu- 
cido principalmente por el estado de sus cuestio- 
nes con España, y alentado, según dicen los bra- 



1816 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 153 



sileños, por Don Lúeas Herrera (oriental), según 
otros por Don Manuel José García (argentino) 
y sobre todo por la disposición de muchas per- 
sonas de la Provincia, que preferían ser parte 
de Portugal antes que vivir en la anarquía 6 
bajo la dominación de España, se había deci- 
dido desde 1815 á tomar posesión de la Banda- 
oriental. Hay quienes sostienen que García obra- 
ba de inteligencia con el Dr. Tagle, y que el pro- 
yecto de éste era permitir á los portugueses que 
ocuparan el territorio oriental, para que con- 
tribuyeran por su interés propio á defender la 
independencia de las otras Provincias-unidas 
contra la agresión de Artigas y contra España, y, 
vencidos estos dos poderes, dirijir contra la do- 
minación portuguesa, naturalmente mucho más 
débil, todas las fuerzas argentinas. Estoes lo que 
con el tiempo sucedió. Pero, sea do ello lo que se 
quiera,- es lo cierto que la Corona hizo venir cerca 
de 5000 hombres desde Portugal para fines de 
Marzo, cuyo mando en jefe se confió á Carlos Fe- 
derico Lecor. 

Este general recibió el 4 de Junio unas extensas 
instrucciones, según las cuales debería atacar á 
Montevideo y ocupar militarmente toda la Banda- 
oriental, siendo después de conquistada una pro- 
vincia del Brasil, separada de la de Rio-grande 
por los límites que se habían señalado en instruc- 
ciones dadas al capitán general de esta última. 
Para el efecto había venido ya una parte del ejér- 
cito á Santa Catalina; Lecor recibió orden de ve- 
nir al mismo punto con otra parte, y de desembar- 
car con el todo de los 5000 hombres de las tres 
armas en la costa del Rio de la Plata; y se forma- 
ba otro cuerpo de ejército en Rio-grande, destina- 
do á invadir por la frontera. 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



CXLIII — Fracasa el Congreso de Pay-sandú. Se reúne el de 
Tueuman. Artigas se niega á que concurran á él las provin- 
cias litorales. 

Entre tanto, se habían hecho los trabajos pre- 
paratorios para los congresos de Pay-sandú y de 
Tueuman, convocados respectivamente por Arti- 
gas y por el Directorio. Las provincias no enviaron 
á Pay-sandú sus diputados, excepto Corrientes y 
la Banda oriental, cuyo hecho revela que no esta- 
ban dispuestas á reconocer el mando supremo del 
caudillo uruguayo. El congreso de Tueuman se 
instaló el 24 de Marzo, con los diputados de todas 
las provincias, ménos los de Santa-fé, que acaba- 
ba de sublevarse contra el Directorio, y los de 
Entre-ríos, Corrientes y Banda-oriental, que, co- 
mo se sabe, obedecían á Artigas. 

Las aspiraciones del Directorio y del Congreso, 
así como las del pueblo de Buenos-aires, se diri- 
jían á estrechar los vínculos de launidad nacional, 
ante la necesidad de resistir las invasiones espa- 
ñola y portuguesa, ambas poderosas. El Directo- 
rio, desempeñado por D. Antonio Balcarce desde 
el 16 de Abril, celebró tratados de paz con Santa- 
fé (28 de Mayo), que Artigas no quiso reconocer 
por haberse prescindido de su persona, y en los 
mismos días comisionó el Congreso al presbítero 
D. Miguel Corro, uno de sus miembros, para que 
tratara con aquel caudillo de que la Banda-orien- 
tal, Entre-rios y Corrientes enviasen sus diputa- 
dos. Artigas frustró las esperanzas protestando 
que nada podía hacer miéntras Buenos-aires no 
satisficiera sus exigencias. 

* 

CXIAV— Actitud de Buenos-aires ante la invasión portuguesa. 

Disposiciones de Artigas 

Aparte de estas medidas, el Congreso declaró 



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1816 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 155 



solemnemente la independencia de las Provincias 
unidas; la Junta de observación y el Cabildo de 
Buenos-aires destituyeron á Balcarce, expresando 
en un bando (11 de JulioJ que por su apatía, inac- 
ción y ningún calor observados para preparar la 
defensa del país en momentos en que los portu- 
gueses se preparaban á invadirlo, y nombraron 
una Comisión gubernativa interina, hasta que lle- 
gase D. Juan Martin de Pueyrredon, nombrado 
Director supremo por el Congreso, el cual invitó al 

£ueblo á la resistencia; el Cabildo de Montevideo 
amó á las armas á los orientales, prometiéndoles 
vencer al enemigo (22 de Junio); y Artigas orde- 
naba á Rivera que reuniese las milicias de Maído- 
nado y se situase en Santa-Teresa; mandaba otras 
divisiones á otros puntos de la frontera, calculan- 
do las cosas de modo que sorprendieran en un 
mismo día las guardias avanzadas del enemigo; 
hacía conducir de Montevideo á Canelones todo el 
tren volante disponible; armaba con 1500 fusiles 
que Lezica le mandó desde Buenos-aires, los 400 
abipones y demás indiada que se le enviaba de 
Entre-rios y Corrientes para engrosar las filas; 
nombra á Manuel Artigas para que sustituya á 
Rivera en la Comandancia de Montevideo y á Otor- 
gues para jefe de vanguardia; dá órden para que 
se confisquen los bienes de los portugueses y 
que se nombre un regidor para que los venda; pi- 
ae que se le mande á su cuartel general á todo 

Í>ersona sospechosa; prohibe absolutamente la sa- 
ida de toda persona de Montevideo; hace aumen- 
tar la artillería de la Colonia; ordena al Goberna- 
dor que auxilie las fuerzas próximas á la plaza, 
bajo amenaza de severas penas; y, por fin, se dis- 
pone á marchar el mismo Artigas de la villa Pu- 
rificación para ocupar el centro de las operacio- 
nes. 



156 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1816 



CXLV- Plan de campaña de Artigas. Su confianza en el éxito 

Se vé que en los meses de Junio y Julio el pue- 
blo y autoridades de Buenos-aires se preocupaban 
seriamente de prepararse contra los proyectos 
hostiles de Portugal, cuyo alcance no era bien co- 
nocido, y que toda la atención de Artigas se dirijía 
á la vez á conservar su dominio en las provincias 
litorales y á rechazar la invasión portuguesa. El 
diputado del Congreso de Tucuman permanecía 
todavía a fines de Junio en el cuartel general, rei- 
terando sus instancias conciliatorias y esperando 
que la misma solemnidad de las circunstancias in- 
duciría al caudillo oriental á secundar los trabajos 
de unificación que hacían los patriotas bien inspi- 
rados; pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. 
Artigas se creía bastante fuerte para sojuzgar las 
provincias argentinas y para vencer el poder mili- 
tar de los portugueses. Su plan era mandar á An- 
drés con 2000 hombres desde Corrientes á Misio- 
nes; hacer marchar las fuerzas de Entre-rios al 
Mandisoví, más allá de la Concordia, para que 
acudieran oportunamente á donde fuera necesario; 
dirijirse él con las milicias del cuartel general y del 
Rio-negro hacia el paso del Santa-María, afluente 
del Ibicuí; hacer correr á Otorgues con sus fuerzas 
y las de Cerro-largo por este punto hasta Santa- 
Tecla; y hacer ocupar por Rivera con las milicias 
de Maldonado las inmediaciones de Santa-Teresa. 
Todas esas tropas habían de llegar á sus destinos 
áun tiempo. Las de Misiones atraerían hacia sí 
el ejército portugués de Rio-Grande y caerían so- 
bre él rápidamente los cuerpos de aquel punto, de 
Santa-María y de Santa-Tecla. Lo mismo harían 
con el cuerpo de ejército del Sud Rivera y Otor- 
gues. De este modo serían batidos los portugue- 
ses en detalle, separados por grandes distancias, 



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1816 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 157 

y quedarían ((descompaginadas todas sus ideas»; 
vencidos en todas partes, les sería imposible to- 
mar á Montevideo y penetrar en el territorio orien- 
tal. Tales eran las miras de Artigas y sus espe- 
ranzas en el mes de Julio (1). No es extraño, pues, 
que se negara á desistir de sus proyectos de con- 
quistar el gobierno del Rio de la Plata. 

CXLVI — Pueyrrcdon. Lentitud de Rivera. Marcha de Artigas 

Pueyrrcdon , hombre de cualidades sociales y 
políticas distinguidas, empezó á ejercer el directo- 
rio con una proclama en que se exhortaba á la 
unión y á la concordia á los pueblos de la campa- 
ña (1 ? de Agosto) y con algunas medidas tenden- 
tes á mantener el orden. Barreiro obedecía las 
instrucciones de su jefe, tratando cruelmente á 
godos y porteños, muchos de los cuales fueron sa- 
crificados (purificados decía el lenguaje de la épo- 
ca) en la villa cíe Purificación. Rivera recibía ór- 
denes y más órdenes para que apresurara la orga- 
nización de las milicias y ocupara cuanto antes 
á Santa-Teresa, porque éste era, para Artigas, el 
punto que con mas urgencia reclamaba una de- 
fensa vigorosa, y el más desatendido. Las demo- 
ras de Rivera tenían muy disgustado al Jefe de 
los orientales. Este salió de Purificación el 27 de 
Agosto y se acercó á la frontera, para dirijir de 
más cerca la irrupción que llevaba al territorio 
brasileño, con la intención de obligar á los ejérci- 
tos enemigos á tomar una actitud defensiva y sal- 
var de su invasión á la Banda-oriental. 

CXLVII — Plan de la invaiion portuguesa 

No obstante los planes de Artigas, el ejército 
portugués llevó á cabo los suyos con notable regu- 
laridad. Se dividió en cuatro cuerpos: uno de 2000 

(1) Datos tomados de la correspondencia de Artigas con Barreiro. 



158 BOSQUEJO HISTÓRICO 181G 

hombres, mandado por Curado, debía invadir por 
el Norte; otro, bajo las órdenes deSilveira, de 1800 
hombres, había de penetrar por el Este; y el ter- 
cero, de 6000 hombres, bajo el mando de Lecor, 
invadiría por el Sud, quedando el general Pintos 
en Rio-grande con 2000 hombres para ocurrir á 
donde llegara á ser necesario, y. destacándose 
otras fuerzas para operar en las Misiones. 

€ XIj VIII — Marcha de Iiecor. Batalla de india-muerta 

La vanguardia de Lecor penetró por San-Miguel 
y se apoderó en Agosto de Santa-Teresa, situada 
entre la laguna Merim y el Plata. Lecor, que per- 
manecía en San Pedro del Rio-grande del Sud, 
comunicó desde aquí al Cabildo de Montevido, el 
24 de Octubre, que su gobierno se proponía resta- 
blecer el órden en la Banda-oriental y asegurar la 
vida y los derechos de sus habitantes contra las 
violencias de los artiguistas. Distinguidos orien- 
tales que le acompañaban y aconsejaban, escribie- 
ron en igual sentido a varias personas. Después 
de esto, avanzó Lecor con el grueso de su ejérci- 
to. Una columna de 1000 hombres de las tres ar- 
mas, desprendida bajo las órdenes de Pinto de 
Araujo Correa, se encontró con las fuerzas de Ri- 
vera, compuestas de 1400 á 1700 hombres de in- 
fantería y caballería, en el , paraje llamado de la 
India-muerta, y allí tuvo lugar el 19 de Noviembre 
una sangrienta batalla, en la que salieron los 
orientales completamente deshechos. Lecor llegó 
en Diciembre a Maldonado, recibiendo en el trán- 
sito numerosas partidas de milicias que compu- 
sieron un escuadrón activo y útil al invasor. 

CXLIX — Marcha de Silvelra y su incorporación á i cor 

Habíase dirijido el general Silveira á Yagua- 
ron a principios de Octubre. Invadió por ese pun- 



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¿1817 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 159 

to el territorio oriental y se encaminó hacia el 
Sud, buscando la incorporación con Lecor. Desde 
que pasó por Yaguaron hasta que salió de Cerro- 
largo, se le unieron numerosos grupos artiguis- 
tas que había destacados, y fueron agregados al 
ejército con sus respectivos oficiales, que conser- 
varon por el momento sus grados y recibieron 
después otros mayores. El general Sílveira siguió 
su marcha por la Cuchilla-grande. Al llegar al 
lugar denominado de Pablo Páez tuvo una de 
sus avanzadas un encuentro con Otorgues , po- 
co afortunado para aquélla, pero sin importan- 
cia con relación al movimiento que se operaba. 
Este siguió hasta las puntas del arroyo Cordoves, 
de allí al paso del Rey en el rio Yí, donde está 
ahora el pueblo del Sarandí, y luego al arroyo Ca- 
supá , afluente del Santa-Lucía-grande. Hasta 
aquí fué seguido el general Silveira por Otorgues, 
sin causarle daño. Al llegar á este punto se reu- 
nieron Otorgues y Rivera en el Tornero, arroyo 
que fluye al Santa-Lucía-chico, y acordaron ata- 
car al enemigo; pero poco después de comenzada 
la marcha retrocedió el primero y tuvo que seguir 
Rivera solo, incomodando á los portugueses en su 
marcha á Minas, de donde se dirijió á mediados de 
Enero de 1817 á las posiciones que ocupaba Lecor 
en Pan-de-azúcar. 

CJj — Derrota de los artiguistas cu las Misiones y en el Brasil 

Abreu, que había marchado á defender las Mi- 
siones, libró batalla a las fuerzas de Andresito el 
3 de Octubre cerca de San Borja, las derrotó y las 
obligó á volver á Corrientes. 

El general Curado mandó á Mena Barreto con- 
tra Berdun, que se había internado en el Brasil 
truis allá del Santa-María, y á Oliveira Alvarez 
contra Artigas, que estaba en Corumbé, al Norte 



160 BOSQUEJO HISTÓRICO 1817 

del Cuareim. Mena Barreto derrotó el 19 de Octu- 
bre en Ibiraeoahy á Berdun, y Oliveira Alvarez á 
Artigas el 27 del mismo mes en Corumbé, á pesar 
de ser muy inferiores en número sus fuerzas. Des- 
pués de estas victorias el territorio brasileño que- 
daba libre de enemigos v Curado en disposición 
de penetrar en la Banda-oriental por el Norte. 

CT.r — Loi intereses americanos y la independencia de la 

Banda-oriental 

Así, pues, las columnas de Artigas habían sido 
derrotadas en todas partes para fines de Noviem- 
bre, debido á la ignorancia de los jefes, á la indis- 
ciplina de los soldados y á la manera barbara de 
hacer la guerra, cuyos defectos esterilizaron la 
incuestionable bravura de las montoneras. Los 
planes del caudillo habían fracasado del modo 
más completo; el invasor podía entrar en Monte- 
video sin descargar un canon. Había llegado, sin 
duda, el tiempo -de. sacrificar ambiciones ilejíti- 
mas por salvar la independencia del país. ¿ Qué 
hizo Artigas en tan supremos momentos ? Se vá 
á ver. 

Desde 1810 hasta mediados de 1814 no mandó 
Buenos-aires tropas á la Banda-oriental con otro 
propósito que el de vencer la dominación espa- 
ñola. Había habido desacuerdos en ese tiempo con 
Artigas; pero esos desacuerdos, aunque graves, 
no se habían traducido en guerra de persecución 
contra el caudillo oriental. Conseguida la inde- 
pendencia común del Rio de la Plata, pretendió 
aquél ser el árbitro exclusivo y supremo de la 
Provincia y se le opuso el Directorio, como se opu- 
so en otras provincias á otros caudillos que que- 
rían ser los soberanos de ellas. Se inició entón- 
eos dentro de la Provincia el estado bien definido 
de guerra civil, que duró los siete meses corri- 



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1816 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 161 



dos desde fines de Junio hasta Febrero de 1815, 
en cuya fecha se retiraron las tropas argentinas 
para no inquietar más á Artigas en toda la ex- 
tensión de su suelo patrio. Pero Artigas no am- 
bicionaba la independencia de la Banda-oriental: 
aspiraba á extender su prepotencia personal á to- 
das las provincias y la ejerció absolutamente en 
las que* consiguió dominar desde principios de 
1814. Así, tuvo el Directorio que seguir en guerra 
con él, nó en su provincia, sino en Entre-rios, 
Corrientes y Santa-fé, que no lo eran; nó para ata- 
carle, sino para defenderse de su agresión. Artigas 
había invadido y sojuzgado provincias extrañas 
después de haberse enseñoreado de la suya, y las 
había sustraído déla obediencia á la autoridad 
general para imponerles su propia autoridad. La 
conducta de Artigas obligaba al gobierno á di- 
vidir sus fuerzas entre las provincias del Norte y 
las del Este, lo que importaba hacerlo tan impo- 
tente para vencer al caudillo como para triunfar 
de los españoles, y, por consecuencia, prolongar y 
agravar los peligros que rodeaban á la causa de la 
independencia y á la organización interna. 

Pensando fríamente en esta situación, algunos 
individuos juzgaban que la guerra que el Portugal 
traía á Artigas era favorable á los intereses de la 
colectividad argentina y aún á los de América, 
porque, vencido Artigas, podría restablecerse la 
unidad de las provincias, dar cohesión á sus ele- 
mentos, y destinar todas sus fuerzas al triunfo de 
la revolución sud-americana. Costaría esto la pér- 
dida, quizas temporaria, de la Banda-oriental; 
pero las Provincias-unidas estaban dispuestas á 
perderla en cambio de su tranquilidad, desde que 
propusieron á Artigas su independencia. En cam- 
bio volverían á la comunidad tres provincias que 
Artigas tenía separadas de hecho; y, sobre todo, 

u 



162 BOSQUEJO HISTÓRICO 



1816 



se adquiría la libertad necesaria para obrar con 
energía contra el dominador secular. Tolerar la 
invasión portuguesa era para aquellos individuos 
preferir un mal menor á otro mayor. 

CL1I — El Directorio provoca la unión para repeler á los 

Invasores 

Sin embargo, no todos estaban seguros de que 
las miras de la corona se limitaban á ocupar la 
Banda-oriental; y esa inseguridad por un lado, y 
por otro el sentimiento aún vivo de la comunión a 
que siempre había pertenecido el territorio uru- 
guayo, excitaron el patriotismo del pueblo de Bue- 
nos-aires 6 indujeron al Directorio á decretar me- 
didas contra los invasores, desde que se tuvo 
noticia de su aproximación á la frontera, tales co- 
mo la organización de 4000 hombres de infante- 
ría, el nuevo enrolamiento de esclavos libertos, 
etc. (Septiembre de 1816), cuyas resoluciones no 
se realizaron en parte porque no había de dónde 
sacar tanta gente de guerra. 

A fines de Octubre y principios de Noviem- 
bre, cuando ya habían sido derrotados Anclre- 
sito, Berdun y Artigas, se dirigió Pueyrredon 
á Lecor, á Artigas, al Cabildo de Montevideo 
y á Barreiro, ñor medio de su enviado el co- 
ronel don Nicolás de Vedia. Manifestaba al pri- 
mero que le causaba sorpresa la invasión de 
la Banda-oriental, le intimaba que se retirase 
más allá de la frontera, y le insinuaba qué es- 
taba dispuesto á auxiliar la resistencia que los 
orientales preparaban. A Artigas mandaba cópia 1 
de esta comunicación, le pedía que favoreciese la 
misión del coronel Vedia, y hacía votos por que 
« estos momentos de peligro fuesen los primeros 
« de una cordial reconciliación entre los pueblos 
« indentificados en los principios y objetos de la 



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1816 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 163 

« revolución de América, y que el esfuerzo nues- 
c tro conspirase á destruir los proyectos de agre- 
«sion de todo tirano usurpador». Al Delegado y 
al Cabildo les hablaba en igual sentido, haciendo 
notar que Artigas no le hubiese dado ni noticia de 
los peligros que amenazaban al pueblo orient/ü. 

CJL.III — Misión del coronel Vedia 

Salió Vedia de Buenos-aires con estas comuni- 
caciones" el 2 de Noviembre con dirección á Mon- 
tevideo, y de aquí el 16 hacia el campo de Lecor. 
Este general persuadió al comisionado argentino, 
mostrándole documentos, de que el Portugal no 
ocuparía territorio alguno al Oeste del Uruguay 

Íf del Plata, de que no consentiría que los españo- 
es pisasen el territorio que queda al Este de aque- 
llos ríos, y de que la ocupación no tendría los ca- 
racteres de una conquista. Con iguales afirmacio- 
nes contestó al Directorio. Vedia se trasladó en 
seguida al campamento de Artigas, le exhortó á 
que entrase en negociaciones de reconciliación 
con el Gobierno de Tas Provincias-unidas, asegu- 
rándole que éste era el camino por el cual todo el 
Rio de la Plata correría á rechazar al invasor, pe- 
ro que en caso contrario la Banda-oriental se vería 
sola frente á los acontecimientos. Artigas, que 
tenía noticia del desastre de India-muerta, que 
había sido vencido en toda la extensa línea de 
su defensa, que no podía esperar ya los favores 
de la fortuna, contestó que no permitiría que na- 
die mandase en jefe sino él; y que en cuanto á 
arreglos con los porteños, ya sabía Barreiro lo que 
había que hacer. 

CIíIV — Negociaciones de pacificación interna 

Efectivamente, Barreiro pidió á Pueyrredon, 
bajo la presión de las derrotas sufridas, que auxi- 



164 BOSQUEJO HISTÓRICO 1816 

liara la plaza de Montevideo, proponiendo los pac- 
tos que para ello creyese necesarios, que serían 
aceptados (30 de Noviembre). El Director le con- 
testó á los cinco días que daría los auxilios siem- 
pre que se prestara reconocimiento á las autori- 
dades nacionales. Barreiro aceptó la proposición 
y dió poderes (6 de Diciembre) á D. Juan José Du- 
ran, alcalde de primer voto, y á D. Juan Francisco 
Giró, rejidor defensor de menores, facultándolos 
«ampliamente y sin limitación alguna para que 
«trataran, estipularan y conviniesen con el Supre- 
«mo Gobierno» cuanto concierna al objeto de soli- 
citar los auxilios, cuvo poder fué acompañado de 
una nota en que el Delegado protestaba su vivo 
deseo de que la unión se realizara cuanto ántes, y 
de otra en que el Cabildo insistía en sostener que 
la unión era necesaria, porque siendo común la 
guerra, debería serlo también la defensa. 

El 8 de Diciembre llegaron los comisionados á. 
Buenos-aires, y el mismo día suscribieron el tra- 
tado de amistad en que se estipulaba: que la 
Provincia-oriental juraría obediencia al Soberano 
Congreso y al Supremo Director, entrando en la 
unión como una de las tantas provincias que la 
formaban; que juraría la independencia nacional 
proclamada por el Congreso, enarbolando la ban- 
dera argentina y enviando diputados al Congreso; 

Í? que el Gobierno enviaría fuerzas v auxilios para 
á defensa y para la guerra. Estas luerzas y auxi- 
lios debían ser, según el oficio con que los comi- 
sionados dieron cuenta de sus trabajos, 1000 hom- 
bres, 200 quintales de pólvora, 100,000 cartuchos, 
1000 fusiles, 8 cañones de bronce de gran calibre 
algunos de tren, con varias lanchas destinadas 
protejer las familias de Montevideo. 



1816 



DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 165 



CIA" — Artigas las desaprueba 

Este tratado se celebró en Buenos-aires con 
salvas y repiques y el pueblo acogió con entusias- 
mo la unión con los orientales y la guerra con 
los portugueses; pero Artigas desaprobó la con- 
vención por entender que nada debía tratarse con 
el Directorio sino el envío de auxilios, lisa y lla- 
namente, y Barreiro comunicó estas ideas el 19 de 
Diciembre á sus comisionados, aún cuando no es- 
taba de acuerdo con Artigas y se habían cumpli- 
do] exactamente sus instrucciones en el pacto del 
dia 8 (1). Por su parte el Jefe de los orientales 
mandó quemar el acta de la negociación en Mon- 
tevideo, en Entre-ríos y en Corrientes. El pueblo 
y Gobierno de Buenos-aires, sorprendidos con 
tal procederl el mismo dia en que iba á partir la 
primera expedición de tropas y elementos de 
guerra, dieron señales de profundo desagracio. 
Se revocó la orden de embarque y quedaron las 
cosas como estaban Antes de las negociaciones, 
salvo la mayor exaltación de los ánimos. 

CLVI — Juicio acerca del proceder de Artigas 

En esta ocasión, como en otras, fijé más dócil 
Artigas á sus resentimientos personales y á su 

(1) Debe consignarso que Barreiro procedió en esta ocasión con más pa- 
triotismo que fortaleza de carácter. Aún después do rotas la negociaciones, 
escribía al Director Pueyrredon estas palabras, que entresaco de la nota ori- 
ginal que tengo en mi poder: « Si todas las fuerzas de la Independencia 

« del Hud pasasen ;í establecer aquí su cuartel general, poco cuidado podrían 
«dar los que ostüisan por los lados del Norte y de! Oeste. Superada la actual 
«contienda, es preciso resultase el desconcierto universal de nuestro* enemigo* 
«y el firme atiento de la Xwrei Xacion que que ¡«moa formar. Yo cuento con 
«todo si V. E. tiene la dignación de poner el asunto en eso punto de vista....» 
(Comunicación del 10 de Enero de 1S17). Se v6 que á pesar do las ruidosas 
condenaciones fulminadas por Artigas, Barreiro seguía pensando y obrando 
en el sentido de los arreglos del S de Diciembre. Se vé" también que estos 
arreglos no fueron pérfidamente arrancados por el Director á los incautos 
comisionados orientales, como pretendió hacer creer Artiga9, sino que fueron 
deliberadamente autorizados por el Delegado de este. La verdad es que Ba- 
rreiro y Artigas estaban en polos opuestos. 



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166 BOSQUEJO HISTÓRICO 181S 

excesiva ambición que a los consejos de un pru- 
dente patriotismo. Exijir que el Gobierno argen- 
tino tomase sobre sí la responsabilidad déla gue- 
rra, manteniendo él intacta la prepotencia rebelde 
que ejercía en las cuatro provincias litorales, no 
era propio de hombres cuerdos; ni era razona- 
ble que viniera á ponerse bajo sus órdenes un 
ejército de cuyo éxito dependería la suerte de 
las Provincias-unidas. Vencido ya por los ejér- 
citos portugueses, debió considerarse por otra 
parte impotente para impedir por sí solo la con- 
quista de su patria. Prefirió, pues, que los por- 
tugueses dominaran la Banda-oriental á renunciar 
al dominio ilejítimo que ejercía en las provincias 
del litoral argentino; y esa preferencia no es con- 
ciliable con el patriotismo, sea cual se quiera el 
criterio con que se la juzgue. Debió pensar ade- 
mas que, perdida la Banda-oriental, perdía la 
única base firme de sus operaciones en Corrientes 
y en Entre-ríos, y que, por lo mismo, quedaría 
expuesto á desaparecer ele la escena política des- 
pués de presenciar la ruina de su obra. Artigas 
atentaba á la vez contraías Provincias-unidas, 
contra su propia patria y contra sí mismo. 
Así terminó el año de 1816. 

CliVII — Curado ayauza. Acciones de Aguapey, de Arapey 

y del Catalán 

Después de las derrotas sufridas en Corumbé y 
en las Misiones, se habían retirado Artigas al ■ 
Sud del río Cuareim y Andresito á Corrientes, en 
donde los dos caudillos trataron de reunir cuan- 
tas fuerzas pudieron. Artigas logró componer un 
total de 4000 hombres, que dividió en dos grupos: 
uno de 600 ó 700 bajo su mando inmediato, que 
se situó en los Tres-cerros del Arapey, al Norte 
del río del mismo nombre; y otro de 3400 pró- 



¿1817 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 167 



ximamente, bajo las órdenes del mayor general 
Don Andrés Latorre, jefe bravo, aunque incapaz, 
que ocupó un punto próximo al Cuareim. Andre- 
sito había formado un cuerpo de unos 600 hom- 
bres y ocupaba con ellos el Aguapey, al Norte de la 
afluencia del Ibicuí, frente á Itaquí. 

El ejército del general Curado continuó sus mar- 
chas hacia la frontera, dejando al brigadier Cha- 
gas en las Misiones, y se resolvió á atacar las tres 
columnas artiguistas una en seguida de otra. Or- 
denó á Chagas que pasara el Uruguay y batiese á 
Andrcsito; destacó al comandante Abréu con 600 
hombres para que fuera sobre Artigas y él con el 
resto de sus tropas quedó en situación de pelear 
con Latorre. Abren atacó á Artigas el 3 de Enero 
y lo derrotó, tomándole el parque de reserva y ca- 
balladas; Curado se encontró el 4 con Latorre 
cerca del arroyo Catalán, y consiguió la victoria 
después de una sangrienta batalla, en que los va- 
lientes defensores de la independencia oriental 
perdieron mil hombres, la artillería y gran canti- 
dad de caballos; y Chagas obtuvo resultados aná- 
logos contra Andresito el dia 19, después de cuyo 
triunfo recorrió los pueblos de las Misiones occi- 
dentales, los saqueó y los incendió bárbaramente, 
y robó cuantos ganados halló á su paso. Aque- 
llas poblaciones fueron exterminadas para siem- 
pre. 

CtVIII — Iiecor entra en Montevideo 

Las operaciones de Lecor no fueron ménos 
afortunadas que las de Curado. En cuanto se le 
incorporó Silveira en Pan-de-azúcar, siguió su 
marcha hacia el Oeste y llegó el 18 de Enero á dos 
leguas de Montevideo, sin ser molestado. A pesar 
de la ruptura de relaciones con Artigas y del pro- 
pósito de no intervenir en la guerra bajo la direc- 



•N t 
168 BOSQUEJO HISTÓRICO 1817 

cion del caudillo uruguayo, el Directorio no había 
dejado de protejer á los orientales mandándoles 
artículos de guerra. Dos ó tres días antes de la 
aproximación deLecor, había recibido Barreiro la 
última remesa, que consistía en 300 fusiles, 300 
fornituras, 30,000 cartuchos de fusil á bala y dos 
cañones con cien tiros á bala y otros cien á me- 
tralla. Sin embargo, Barreiro juzgó que no podría 
sostenerse dentro de la plaza, dado el espíritu de 
ella y las fuerzas del invasor, y abandonó la ciu- 
dad sin pérdida de tiempo. El 19 presentaron las 
llaves á Lecor los capitulares Don Juan Benito 
Blanco yD. Luis de la Rosa Britos, acompañados 
por el Vicario D. Dámaso A. Larrañaga, baio la 
ié de una capitulación en que se había estipulado 
que la ocupación sería temporaria, y el día veinte 
hizo su entrada solemne en la plaza el ejército in- 
vasor, cuyo general fué recibido bajo palio. 

CI.IX — El Cabildo pide la anexión de la Provincia al Brasil 

Este solo hecho hace presumir cuál sería el es- 
píritu de las autoridades provinciales; pero se pro- 
nunció de una manera más definida á los pocos 
días con un acto de la mayor trascendencia. El 
Cabildo gobernador, compuesto por los señores 
Juan José Duran, Juan de Medina, Felipe García, 
Agustín Estrada, Juan Francisco Giró y Lorenzo 
Justiniano Pérez, resolvió pedir la anexión al rei- 
no vecino y mandó á la Corte de Rio Janeiro sus 
dos miembros Giró y Pérez con el encargo de que 
pusieran en las manos del Rey una representa- 
ción fechada el 31 del mismo mes de Enero, en 
que se vertían estos conceptos entre otros : que 
representando los pueblos situados en la márgen 
izquierda del Uruguay, « se aproximaba al trono 
« de S. M. penetrado de admiración^ de respeto y 
« confianza en las bondades del Monarca poderoso 



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1817 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 169 

« á quien la América Meridional debe un espíen- 
te dor que parecía segregado de sus destinos, el 
« Brasil su felicidad, y el Continente oriental del 
« Rio de la Plata nada ménos que la vida; que 
« hacía siete años que estos pueblos habían empe- 
cí zado á sentir las dolorosas convulsiones de una 
<c revolución inevitable en su origen, pero desgra- 
« ciada y terrible en todas sus vicisitudes; que los 
« habitantes déla provincia habían hallado en los 
« Brasiles un asilo contra la persecución ó el furor 
« de los partidos; que en los momentos de su ago- 
« nía, cuando la opresión, el terror y la anarquía 
« en estrecha federación con todas las pasiones de 
« una facción corrompida iban á descargar el úlíi- 
« mo golpe sobre su existencia política, había in- 
terpuesto S. M. su brazo poderoso, ahuyentó al 
« asesino y los pueblos se hallaron rodeados de 
« un ejército que les asegura la paz, el reposo y la 
« protección constante de un Cetro que para ser 
« grande no necesitaba de nuevas conquistas. » 

Historiada así la época, exclamaba el Cabildo : 
« ¡ Con cuánta seguridad corren á besarlo los 
« hombres que poco Antes se veían como extran- 
jeros en su Patria, los que acosados y proscrip- 
« tos no encontraban á quién volver los ojos hu- 
« medecidos con el llanto de tantos días ! » Luego 
continuaba: «Este cuadro, señor, debe lisonjear 
« á V. M. mucho más que el de los trofeos que han 
« ganado las armas del Ejército pacificador sobre 
« las despavoridas cuadrillas de unos hombres que 
<¡c no tardaran en sufrir el castigo de sus excesos 

« ó renunciar á sus errados caprichos» 

<( El Cabildo gobernador.no encuentra un homc- 
« naje digno de la gratitud que respira para ofre- 
ce cerlo á los pies de S. M; pero si puede mirarse 
« como tal el voto uniforme y el clamor de todos 
« los Pueblos que representa por la incorporación 



170 BOSQUEJO HISTÓRICO 1817 

<( del territorio pacificado á la Nación que lo ha 
« preservado de tantos desastres, uniendo este 
«nuevo Reino á los tres que forman el Imperio' 
« Lusitano, V. M. jamás se arrepentirá de haber 
« dado al Mundo esta última prueba de predilec- 
« cion hácia nosotros y de amor á la humanidad. 
« — Nuestras calamidades no pueden tener otro 
« término, ni el incendio de las pasiones se apaga- 
« rá jamás, sino por la mediación de un potentado 
« que tome bajo su inmediato amparo al infeliz 
« Americano, que lo defienda y sostenga contra el 
« poder de las venganzas y le haga conocer las 
« dulzuras nunca probadas de un gobierno pater- 

cc nal y benéfico » 

No apreciarán bien esta conducta los que no 
conciban la situación c[ue produjo la dominación 
de Artigas; pero si se tiene en cuenta que nadie te- 
nía seguros sus bienes, que el honor de las fami- 
lias estaba á disposición del primero que quisiera 
mancharlo, que el pudor y la dignidad sufrían 
afrentas á cada momento en el hogar y en los pa- 
rajes más públicos, y que todos estaban expuestos 
á sufrir tormentos ó á perecer cuado menos lo es- 
peraban, no se extrañará que los mejor intencio- 
nados fueran los que pidieran amparo al primero 
que mostrara la voluntad de hacerlo efectivo y los 
que desearan vivir permanentemente al abrigo de 
sus leyes y autoridades regulares (1). 



(1) Haré notar de paso que el Cabildo que así procedió el 31 de Enero es 
el mismo que desaprobó el mea anterior el acta de pacificación del 8 d« 
Diciembre celobrada con dos de sus miembros caracterizados y en confor- 
midad con sus disposiciones. Lo que Tiene á demostrar una ves más que 
el Cabildo se vid obligado por la influencia de Artigas á desaprobar su pro- 
pia obra, es la inverosimilitud de que rocbazara libremente el reconocimien- 
to y la protección del Directorio quien al mes pedía al Brasil amparo y que- 
ría incluir la Provincia en el número de las del reino vecino, sin otra ra- 
zón que la de libertarla del despotismo brutal do Artigas y los suyos. Es que 
no babía en Diciembre y sí en Enero dentro de los muros de Montevideo un 
ejército que protojiera la actitud del Cabildo contra el poder del déspota. 



1817 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 171 

CLX — T,as guerrillas sitiadoras de Rivera 

Fructuoso Rivera, que había seguido de cerca 
los movimientos de Lecor, ocupó con sus fuerzas, 
entre cuyos oficiales se contaban los capitanes D. 
Juan Antonio Lavalleja, D. Ignacio y D. Manuel 
Oribe, las cercanías de Montevideo, y se aplicó á 
hostilizar con guerrillas los destacamentos portu- 
gueses y á privarles de ganados. Como el enemi- 
go había sido recibido con demostraciones de ad- 
hesión y simpatía, los sitiadores consideraron á 
los habitantes de los suburbios enemigos de la 
patria y cometieron contra ellos y sus bienes ac- 
tos de violencia deplorables; á tal punto, que Le- 
cor creyó necesario publicar (15 de Febrero ) un 
edicto por el cual serían tratados como salteado- 
res de caminos y perturbadores del órden y sosie- 
go públicos todas las partidas enemigas que ro- 
baren y maltrataren á vecinos tranquilos é inde- 
fensos; y cuando no pudieran ser aprehendidos los 
autores de tales hechos, se haría la más séria re- 
presalia en las familias y bienes de los jefes é in- 
dividuos de dichas partidas, á cuyo fin saldrían 
fuertes destacamentos del ejército portugués á 
quemar sus estancias y conducir sus familias á 
bordo de la escuadra. Para que se cumpliera me- 
jor tan bárbaro decreto se instituyó un cuerpo de 
vecinos con el fin de que dieran á los comandantes 
más próximos una noticia individual de todos los 
excesos que cometieran las partidas artiguistas 
contra la seguridad y tranquilidad de los habi- 
tantes. 

CLXI — tas guerrillas paisanas que servían á Lecor 

No se explica la manera como recibieron las 
poblaciones al invasor, sino por el deseo inmenso 
de tener seguros el honor, la vida, los bienes, la 



172 BOSQUEJO HISTÓRICO 1817 

tranquilidad, cuyos derechos primordiales del 
hombre habían sido constantemente atropellados 
durante la dominación de los caudillos. Lecor, 
ya por los hábitos civiles que traía, ya porque 
convenía á los miras de su Gobierno, estableció 
un orden regular donde sus tropas dominaban, 
inspiró confianza y no tardó en parecer necesario 
á los que disfrutaban los goces de la vida segura. 
Naturalmente, se hacía más y más sensible el 
contraste de las dos situaciones que se sucedían, 
á medida que las guerrillas patricias se sentían im- 
pulsadas á vengarse de los que con ellas no toma- 
ban las armas contra la conquista; y resultó de 
ahí (pie Lecor tuviera bajo sus órdenes, ántes de 
muchos días, un cuerpo de más de 500 guerrille- 
ros paisanos que neutralizaban en parte la acción 
de las partidas artiguistas por los servicios que 
prestaban al ejército portugués; pero á su vez 
contribuían á hacer desgraciada la posición de los 
moradores adictos á la causa nacional, por los ex- 
cesos á que también ellos se entregaban. 

CI-.XIX— Excursiones de los BÍiiados 

A pesar del edicto y de estas guerrillas tuvo Ri- 
vera constantemente intranquilos á los portugue- 
ses y privados de cereales y ganados; de tal modo, 
que las fuerzas de la plaza tuvieron que hacer en 
el curso del año diecisiete dos salidas para pro- 
porcionarse alimentos. La primera fué á cinco le- 
guas de distancia, en dirección á Toledo, de donde 
trajeron varias carretas cargadas de maíz y trigo. 
La segunda la emprendió Lecor en persona con 
5000 hombres, que llegó, pasando por Canelones, 
hasta el Pintado, arroyo que separa los departa- 
mentos de San José y Florida, y regresó con gran 
número de ganado vacuno y caballar. Rivera hos- 
tilizó esta expedición, reuniendo ásus 500hombres 



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1817 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 173 

de caballería los 200 de infantería que mandaba 
el capitán Ignacio Oribe, la pieza de artillería 
que dirijía Manuel Oribe, y las fuerzas que tenían 
en el Santa-Lucía el delegado Barreiro, Tomás 
García Zúñiga y Rufino Bauzá; pero no consiguió 
ventajas de consideración, no obstante sus valien- 
tes esfuerzos. 

CL.XUI- Deserción de Bauzá, Lapido, Oribe y otros 

Estos hechos demostraron que las guerrillas si- 
tiadoras no podían tener una influencia importante 
en la suerte de Montevideo; su puerto quedó ce- 
rrado para los patriotas; y continuaron los sacri- 
ficios estériles de vidas, de propiedades y de la 
honestidad; hechos todos que no pudieron parecer 
indiferentes á los pocos hombres inclinados al 
órden que figuraban en las fuerzas artiguistas. 
Otorgues sustituyó pronto á Rivera en la dirección 
de las operaciones que éste desempeñaba como 
jefe de vanguardia y se apresuró á abrir un puerto 
por consejo de García Zúñiga y de su secretario 
Atanasio Lapido, con el fin de suplir hasta cierto 

Íuinto la falta del de Montevideo; pero este hecho 
ué ocasión de nuevos crímenes y escándalos que 
« no podrían recordar sin ira el pueblo y la cam- 
paña de Canelones », según la expresión de Rive- 
ra. De ahí resultó que Bauzá se decidiera á deser- 
tar con su batallón de 600 negros y tres piezas de 
artillería, así como los dos hermanos Oribe, Ga- 
briel Velazco, Cárlos de San Vicente, Atanasio 
Lapido, V. Monjaime y otros muchos oficiales, 

Erevaliéndose de un bando del 9 de Junio en que 
-ecor prometía protejer á los gue dejasen el ser- 
vicio de Artigas. Fueron comisionados Monjaime 
y Oribe para arreglar con el Barón las condiciones 
de la pasada y éstas quedaron concluidas y firma- 
das el 29 de Septiembre, obligándose aquél á con- 



174 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1817 



ducir el batallón hasta el puerto de Buenos-aires 
en uno de los buques de la escuadra, en el con- 
cepto de que ni los jefes, ni los oficiales y soldados 
tomarían parte en ninguna guerra contra el ejér- 
cito pacificador en el término de un año. Se convi- 
no ademas que el batallón de libertos verificaría 
la pasada acercándose á las fuerzas avanzadas por 
el Cerrito, y tomando desde allí el camino que con- 
ducía, pasando por el arroyo Seco, al campo de 
la panadería de Vidal, en donde habían de deposi- 
tar sus armas. Se llevó á efecto el hecho del 2 al 
4 de Octubre, aunque no se dieron las fuerzas á la 
vela hasta después del 8, durante cuyo inter- 
valo hubo incidentes desagrables motivados por 
la deserción de los soldados, á que, según pa- 
rece, no era indiferente Lecor. Bauza escribió á 
Pueyrredon diciéndole que obraba así, « desenga- 
« ñado al fin de que la causa personal de Artigas 
« no era la de la patria, de que su tiranía los bar- 
« barizaba, de que no era posible fundar el órden 
« con hombres que lo detestaban por profesión » . 
El mismo y Oribe declararon «que no querían 
« servir a las órdenes de un tirano como Artigas, 
« que, vencedor, reduciría el país á la barbarie; y, 
«vencido, lo abandonaría». 

Desde este momento los portugueses ejercieron 
fácilmente su autoridad en las cercanías de Mon- 
tevideo; Otorgues tuvo que irse hácia Mercedes, 
después de haber escapado difícilmente de la ten- 
tativa de asesinato de uno de sus oficiales, y el ge- 
neral Lecor pudo creer llegada la oportunidad de 
anunciar á los pueblos, como les anunció (29 dé 
Diciembre), que «los caudillos que usurparon el 
« poder y la autoridad por la fuerza, no volverían á 
« tiranizarlos». 



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1817 DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 175 



CL.XIV— Política argentina con relación al Brasil 

Aunque la negativa de Artigas á cumplir el tra- 
tado de paz del 8 de Diciembre de 1816, retrajo al 
gobierno de las Provincias-unidas de tomar parte 
formalmente en la guerra contra los portugueses, 
por cuyo medio venía á realizarse de hecho el plan 
atribuido al Dr. Tagle, el Director trató, confor- 
mándose aún con ese plan, á pesar suyo, de hacer 
inequívoca la posición que conservaría la nación 
argentina para con la invasión portuguesa, y diri- 
jió á Lecor un oficio el primero de Febrero de 1817 
por el cual protestaba contra la prosecución de lns 
operaciones de guerra y hacía responsable al Por- 
tugal de la sangre que se derramara. Un mes des- 
pués (2 de Marzo), en cuanto tuvo conocimiento 
del edicto publicado en Montevideo el 15 de Febre- 
ro, dirijió otro oficio á Lecor anunciándole en tér- 
minos severos que quedaban rotas las relaciones 
con el gobierno portugués, y dispuso que los sub- 
ditos portugueses residentes en Buenos-aires fue- 
ran confinados á Lujan dentro de tres días; que se 
diera pasaporte á los oficiales portugueses de mar 
y tierra; que se tomaran represalias si Lecor lle- 
gara á ejecutar el edicto; y que ademas de los 
recursos ya enviados á las tropas de la Banda- 
oriental, se mandasen otros de todo género. Todo 
esto se hizo; pero como se trasladó á Buenos-aires 
el Congreso de Tucuman (12 de Mayo) y sus 
miembros optaban por que se conservase respec- 
to del Brasil una actitud de reserva, el Directorio 
mantuvo con la Corte, por medio de su ministro 
García, relaciones pacíficas. Así se explica que 
Bauzá con los oficiales y tropa (me le acompaña- 
ban, fuera auxiliado en su pasaje á Buenos-aires 
por la autoridad de Montevideo. 

En virtud de aquellas relaciones tuvo conocí- 



176 BOSQUEJO HISTÓRICO 



1817 



miento el ministro argentino de que el gobierno 
español había intimado al portugués que desistie- 
se de conquistar la Banda-oriental, y le había pro- 
puesto que combinaran sus fuerzas "para vencer la 
revolución americana. Llegó al mismo tiempo á 
Buenos-aires la noticia de que se preparaba en Es- 
paña una grande expedición al Rio de la Plata, y 
otra en Portugal con destino al Brasil. Profunda- 
mente alarmado el gobierno argentino por esta 
concurrencia de amenazas verdaderamente impo- 
nentes, se decidió á proponer al Congreso la apro- 
bación de un proyecto de tratado que García aca- 
baba de convenir con el Gabinete de Rio Janeiro, 
como medio de salvar la independencia sud-ame- 
ricana y de asegurar aún el porvenir de la Ban- 
da-oriental. Ese proyecto decía : — que la ocu- 
pación de este territorio no tenía otro objeto 
que perseguir á Artigas para asegurar la tran- 
quilidad de los brasileños, sin pretender dedu- 
cir de tal acto derecho alguno de dominio, y que 
Portugal se comprometía á transigir amigable- 
mente con la autoridad de las Provincias-unidas 
los términos de su desocupación;— que el Uruguay 
separaría los dominios de ambos países, quedando 
dentro de los argentinos el Paraguay, Entre-ríos y 
Corrientes; — que el Brasil no se aliaría con ene- 
migos de las Provincias-unidas, ni los protejería, 
ni les prestaría género alguno de auxilios, ni les 
permitiría paso ó puerto en los lugares ocupados 
por sus tropas; — que en caso de guerra con Espa- 
ña, serían aliados el Portugal y las Provincias ar- 
gentinas; — y que Articas no sería admitido en 
éstas, y sí perseguido, llamándose en caso nece- 
sario el auxilio de tropas brasileñas, que serían 
mandadas por jefes argentinos, etc. 

El Congreso aprobó estas bases con lijeras mo- 
dificaciones en los primeros días de Diciembre, y 



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1817 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 177 

el Director las remitió á García para que obtuviese 
la ratificación del Gobierno portugués. Este, por 
su parte, había dado instrucciones á Lecor (Sep- 
tiembre 2) en el sentido de que no permitiera des- 
embarcar en el territorio oriental ninguna fuerza 
extranjera que llegase con pretensiones hostiles, 
aunque fuese española, y de que se condujese co- 
mo poder neutral, dado el caso de que aquella 
■ fuerza se dirijiese á Buenos-aires; cuyas instruc- 
ciones favorecían á las provincias argentinas por 
lo difícil que habría sido al ejército español llevar- 
les la guerra sin contar con la base de Montevideo 
ó de Maldonado. 

CLXV — Artigas ante las primeras manifestaciones de su 

desprestigio 

A la vez que el Director trataba de asegurarse 
de que las pretcnsiones de Portugal se limitarían 
á la ocupación de la Banda-oriental y de que la 
expedición española no hallaría apoyo en los veci- 
nos, dirijía su empeño á sublevar la opinión de 
Santa-fé, Entre-ríos y Corrientes contra la prepo- 
tencia de Artigas. Esos trabajos por un lado, y 
por otro el despotismo bárbaro con que el caudillo 
oriental había abrumado á los pueblos occidenta- 
les, el descrédito en que cayó después de todas sus 
derrotas, y la atmósfera desfavorable que se pro- 
dujo al considerar que los desastres que sufría 
eran debidos á la soberbia insensata con que ha- 
bía rechazado el tratado de concordia celebrado 
con los diputados de Barreiro, fueron causa de 
* que el prestigio de Artigas disminuyera mucho en 
las provincias litorales, y de que caudillos como 
López, Hereñú y Ramírez empezaran á atraerse la 
adhesión de la campaña y á pensar en sustituir á 
su Protector. Sintiendo , Artigas que su estrella 
empezaba a oscurecerse, intentó rehabilitarse pa- 

12 



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178 BOSQUEJO HISTÓRICO UIT 

ra con los que habían estado acostumbrados A 
obedecerle, y propuso nuevas negociaciones. El 
Director se manifestó dispuesto á emprenderlas é 
invitó, como era natural, á Artigas á que mandara 
personas caracterizadas con poder bastante para 
tratar (Junio 10); pero el Caudillo, que había tenido 
la pretensión soberbia de que el Gobierno de las 
Provincias-unidas se colocara en una posición 
más humilde que la suya, se irritó ante la invita- 
ción, persuadido como estaba de que era él quien 
debía recibir los diputados en vez de mandarlos 
y quien debía dictar Jas condiciones en vez de re- 
cibirlas, y abandonó las gestiones que acababa 
de iniciar. 

Esta conducta no podía favorecer su ambición, 
ni su autoridad, porque lo presentaba á los ojos 
de todos como un díscolo que anteponía su vani- 
dad á los intereses comunes del Rio de la Plata. 
El descontento siguió extendiéndose y tomando 
formas visibles, y hubo, al parecer, en el propio 
ánimo de Artigas instantes de desaliento, según 
se infiere de la proclama que dirijió á los pueblos 
el 11 de Octubre desde la villa de Purificación, á. 
donde se había retirado después de los reveses 
sufridos, en cuyo documento se hace cargo de las 
inculpaciones que recibía por su conducta para con 
el Gobierno de Buenos-aires, invoca los sacrificios 
hechos por que no se mancillara la gloria del pue- 
blo oriental, asegura que á cada paso se ha visto 
impedido de mantener la buena armonía con aquel 
Gobierno, y declara que si esta idea no esta bien 
grabada en el corazón de los pueblos, puedan 
ellos decidir libremente de su suerte depositando 
en otra persona « la autoridad con que le habían 
condecorado», si la suya es un obstáculo á la rea- 
lidad de su suprema resolución. Por supuesto, no 
era esto más que una inútil palabrería: ni los pue- 



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1817 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 179 

blos eran libres, ni estaban en situación de elegir 
caudillo, ni se habrían atrevido á intentarlo den- 
tro de la extensión á que alcanzaba la voluntad 
de Artigas, ni éste estaba dispuesto á que tales 
cosas se hicieran. Después de esta proclama supo 
el Caudillo la deserción de B&uzá y de algunos 
grupos de caballería entre-riana. La ira que tales 
hechos le causaron está reflejada en la comuni- 
cación que dirijió al director Pueyrredon el 13 de 
Noviembiv, tan incoherente y sobrecargada de 
denuestos como extensa. Le reprochaba como 
crimen atroz el haber* publicado los arreglos del 
8 de Diciembre; le acusaba de la deserción de Bau- 
zá y demás personas que le acompañaron, atri- 



de la Banda-oriental; reconocía que el Director 
había mandado armas á los sitiadores; pero se 
quejaba de que también las hubiese remitido á 
las fuerzas del Paraná; y le acriminaba porque 
últimamente 'había optado por ser neutral en la 
guerra contra los portugueses, sosteniendo que 
no podía ni debía serlo, y conminándolo á que 
temlDlara por el castigo que le esperaba. Se ven 
aquí rasgos característicos de su política instin- 
tiva: no quiere aparecer separado de la comu- 
nión argentina, y por eso cree tener el derecho de 
reprobar la neutralidad del Directorio; se cree á la 
vez con el derecho de dominar todo el Estado 
y por eso habla al Director Supremo, nó como 
hablaría un rebelde á la autoridad nacional, si- 
no como quien, ocupando el primer puesto en la 
administración pública, acusa á su subordinado 
de indócil y le amenaza con terribles expiacio- 
nes. Artigas no tenía el sentimiento de su po- 
sición. 



buyéndole el pensamiento 




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180 BOSQUEJO HISTÓRICO 1818 

CL.XVI — Organización política de los portugueses en 

Montevideo 

El año de 1818 fué tan favorable á la invasión 
como desgraciado para Artigas. 

Por el lado del Sud, Lecor dominó todo el mar- 
gen del río de la Plata hasta la Colonia, cuya 
plaza se entregó espontáneamente, y se ocupó en 
concluir la organización del gobierno. La Banda- 
oriental debía formar una capitanía con adminis- 
tración" separada interina, siendo Lecor su gober- 
nador y capitán general. Ajustándose a las ins- 
trucciones que traía, declaró vigentes las leyes 
españolas que hasta entónces habían regido, si 
bien sustituyó el escudo por el portugués en el uso 
interno de las oficinas, y hacía pasar todos los ac- 
tos á nombre del Soberano de Portugal y del Bra- 
sil. Siguieron los cabildos ejerciendo cómo ántes 
el gobierno municipal con las mismas atribucio- 
nes y responsabilidades, cuyos miembros habían 
de ser elejidos como y por quienes ya ejercían el 
derecho electoral, reservándose el Gobernador el 
aprobar ó nó las elecciones, según fuesen ó nó 
arregladas á la ley. Los alcaldes regidores y el 
Consulado desempeñaron la administración de 
justicia con la misma autoridad y observando los 
procedimientos de costumbre, cuyos fallos eran 
apelables para ante una Cámara compuesta de 
dos letrados y dos hombres buenos, bajo la pre- 
sidencia del Capitán general. 

Se instituyó un procurador de la Corona, para 
que defendiera los intereses del Soberano en los 
pleitos que se promovieran. Las aduanas conti- 
nuaron administradas como lo habían sido; pero 
se estableció la libertad amplia de comercio, en 
virtud de la cual podían exportarse todos los pro- 
ductos del país indistintamente, é importarse to— 



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1818 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 181 

dos los que vinieran de afuera, cualquiera que fue- 
se su procedencia. En cuanto al pago del presu- 
puesto, era la regla que las rentas sirvieran para 
abonar los gastos y empleados civiles, y que se re- 
mitieran los sobrantes á la caja del ejército, para 
ser pagada con ellos la lista militar. Se vé que el 
objeto político del conquistador era acomodarse en 
cuanto le fuese posible á los sentimientos y cos- 
tumbres del pueblo, como medio de hacerse fácil- 
mente tolerable y simpático; y trató de asegurar 
este fin, haciendo observar á sus tropas un orden 
que contrastaba con la bárbara licencia de los sol- 
dados que les habían precedido, halagando á los 
curas párrocos de manera que éstos influyeran 
en la opinión de los feligreses, y haciendo que los 
jefes y oficiales se insinuaran en las relaciones 
privadas y contrajeran con las familias vínculos 
estrechos. 

. CIjXVII — Actos vandálicos de lo§ rlugraitdeses 

La acción de Lecor, á quien se había premiado 
ya con el título de Barón de la laguna, no se ex- 
tendía, empero, á largas distancias. Prevaliéndo- 
se del abandono en que yacían extensas regiones, 
invadían con frecuencia gruesas partidas de mili- 
cías brasileñas bajo la dirección de oficiales más ó 
ménos conocidos, se internaban hasta cincuenta 
leguas más acá de la frontera y volvían á su terri- 
torio llevando grandes cantidades de animales de 
todas clases, cueros, sebos, carretas y cuanto po- 
dían robar, después de haber destruido poblacio- 
nes y asesinado personas. Esas partidas obraban 
impunemente, y aún se dijo en denuncias hechas 
á Lecor que eran toleradas por el teniente gene- 
ral de Rio-grande D. Manuel Márquez. Entre sus 
jefes se distinguieron el alcalde Bentos González 
xla Silva, que más tarde ascendió á coronel, Alva- 



r 

* 

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182 BOSQUEJO HISTÓRICO 1818 

ro de Oliveira Bueno y Diego Follón. En una de 
sus incursiones sorprendieron á Otorgues, que 
vagaba con algunos hombres cerca del rio Negro, 
y lo llevaron preso. En otra se apoderaron de 
Francisco Delgado en las Cañas, no léjos del ac- 
tual pueblo de San-Gregorio. Derrotaron en otra 
ocasión al comandante Gregorio Aguiar en el Oli- 
mar-grande. Por manera que sus empresas van- 
dálicas favorecían á la vez el interés del Brasil y el 
suyo propio. 

CL.XVIII — Desocupación dtl Hervidero y de Pay-sandú 

El general Curado, que ya era Marqués de Alé- 
grete, emprendió el 7 de Febrero de 1818 su mar- 
cha hacia el Sud desde la margen izquierda del 
Cuareim, en donde había permanecido después de 
la acción del Catalán. Poco después de pasado el 
Arapey, sus avanzadas tomaron prisionero A La- 
val leja, que se había adelantado imprudentemente 
con algunos soldados á las fuerzas que mandaba. 
Estas fuerzas fueron batidas cinco días más tarde 
en el Guaviyú, al Sud del ríoDayman. Al apro- 
ximarse Curado, Artigas, que estaba en Purifica- 
ción, se dispuso á abandonar precipitadamente el 
punto que ocupaba y á privar al enemigo de to- 
dos los medios de subsistencia, para contener ó 
dificultar por lo ménos sus marchas. Hizo traer 
á la orilla oriental las embarcaciones de la entre- 
riana y dió orden para que todas las familias que 
habitaban la márgen del Uruguay desde el Hervi- 
dero hasta Pay-sandú, pasaran á Entre-ríos en el 
término de dos horas, so pena de ser pasadas á 
cuchillo. El ejército se dirijió hacia el Queguay; 
numerosas partidas se desprendieron de él con la 
órden de hacer cumplir las resoluciones del Jefe, y 
recorrieron en todas direcciones aquellos campos, 
arreando ganados, destruyendo casas y sementé— 



1818 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 



183 



ras y haciendo pagar con la vida la desobediencia 



Uruguay, ó que no se habían atrevido a arrostrar 
las miserias que les esperaban en las costas de- 
siertas del Entre-ríos. Las familias pudientes se 
trasladaron en erran número al Arroyo de la Chi- 
na, en donde Artigas tenía sus depósitos y las ca- 
jas del ejército, por más seguridad. 

CLXIX — Triunfos de Curado eu Entre-ríos 

Pero aún ahí había de serle adversa la suerte. 
El Barón de la laguna, que había estado incomu- 
nicado del ejército del Norte, mandó al Uruguay 
una escuadrilla de tres ó cuatro buques con el de- 
signio de que llegara hasta las posiciones que 
ocupara el Marqués. La escuadrilla entró en aque- 
llas aguas el 2 ele Mayo. Al llegar al Paso de Ve- 
ra, un poco al Norte del Arroyo de la China, una 
batería situada en la margen derecha le hizo fuego, 
con cuyo motivo se trabó un combate que tuvo 
poca importancia en sí mismo, pero que dió orí- 
gen á hechos de trascendencia. Llegó el ruido de 
los cañonazos al campo de Curado, situado cerca 
de Pay-sandú; se destacaron de él algunas fuerzas 
de caballería con el fin de averiguar lo que ocu- 
rría, y, habiéndose reconocido los portugueses de 
mar y tierra, no tardó el Marqués en saber la agre- 
sión de los artiguistas. Mandó inmediatamente á 
Bentos Manuel Riveiro con 500 hombres, orde- 
nándole que atacara las posiciones enemigas en 
combinación con los buques de guerra. Riveiro 
pasó el río de noche y tomó la batería el 19 con su 
guarnición de 600 soldados. Se dirijió en segui- 
da sobre el Arroyo de la China y entró en ella 
sin obstáculo. Se apoderó del tesoro, de Jas ar- 
mas, municiones y cuanto halló: impuso contribu- 
ciones de guerra y no pudo evitar algunos desór- 




habían podido vadear el 



184 BOSQUEJO HISTÓRICO 1813 

denes. Consiguió, sin embargo, inspirar tal con- 
fianza á las familias allí asiladas, que todas pidie- 
ron se las trasportara á Pay-sandú, y así se hizo 
empleando cuatro días en esta operación. En uno 
de los buques se encontraron impensadamente 
Lavalleja y su esposa y una hermana. 

CI-XX- Triunfo! de Curado en Pay-sandú 

La situación de Artigas se hacía, como se vé, 
cada día más insostenible. No podía tener ya la 
menor esperanza de recuperar el terreno perdido; 
pero no decayó por eso su ánimo. Llamó en su 
auxilio á Rivera, que se hallaba al Sud del río 
Negro, cerca de Guadalupe, con una columna 
respetable de caballería, tan pronto como sin- 
tió que Curado se le aproximaba. Rivera llegó 
á las cercanías de Pay-sandú cuando Riveiro 
atacaba las posiciones entre-rianas. Sorprendió 
el 24 de Mayo unas partidas portuguesas que 
guardaban en el Guaviyú las caballadas del ejér- 
cito, tomándoles 3000 cabezas. El 14 de Junio tu- 
vo un encuentro con otras guardias cerca de Pu- 
rificación, y el mismo día otro en las puntas del 
Chapicuy. Pero estas ventajas, cuyos efectos se 
reducían á tener intranquilo al ejército invasor, 
fueron neutralizadas por una sorpresa que llevó 
el 4 de Julio Bento Manuel Riveiro con 500 hom- 
bres á la división de Artigas, fuerte de 1200 com- 
batientes, que ocupaba la márgen izquierda del 
Queguay-chico. El guerrillero brasileño penetró 
en el campamento artiguista con sólo 100 solda- 
dos, dispei'só toda la caballería, envolvió á más 
de 800 infantes que huyeron á los montes próxi- 
mos, y se apoderó, según la palabra de Rivera, 
para cuando aclaró el día, «de todo, hasta de dos 
piezas de artillería, municiones, caballadas, equi- 
pajes, etc.» Fueron tomados en esta acción don 



1818 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 185 

Miguel Barrciro, su esposa y algunas otras per- 
sonas caracterizadas. El primero estaba engrilla- 
do y condenado á ser pasado por las armas. Los 
últimos estaban presos. Rivera apareció en el 
campo á las 8 de la mañana con 800 caballos, lle- 
vado por la noticia del desastre que le dieron al- 
gunos dispersos; pero, aunque sorprendió á su 
vez á Bento Manuel, no consiguió privarle de las 
ventajas obtenidas cuatro horas antes, sino en 
una pequeña parte. 

CI-XXI — Situación desgraciada de Artigas cu las provincia» 

litorales 

Artigas marchó al Este, esquivando nuevos en- 
cuentros, con las pocas fuerzas que pudo reunir, 
y dejando á Rivera á la cabeza de G00 hombres 
para que siguiese los movimientos de Curado. 
Este se vino Inicia el Sud, llegó al río Negré en 
Octubre. Allí, el 3 de este mes, apareció Rivera 
intentando una sorpresa sin conseguirla. Amena- 
zado por una fuerte columna de caballería, tuvo 
que hacer una larga retirada, en que sufrió menos 
material que moralmente. Después de este hecho, 
que fué el último del ano 1818, Curado quedó do- 
minando en todo lo largo del Uruguay, y como Lc- 
cor dominaba toda la extensión septentrional del 
Plata, no quedaba á los invasores por hacer otra 
cosa que someter los grupos aislados que re- 
corrían el interior del país sin plan, concierto, ni 
esperanzas. Uno de ellos, de 400 hombres, man- 
dado por el comandante Manuel Francisco Arti- 
gas, hermano del caudillo, poco avenido con él 
oesde el principio de la revolución, fué deshecho 
en el Canelón-grande, y su jefe cayó en poder de 
los portugueses poco después en San José. Don 
Tomás García Zúñiga vino desde Canelones con el 
coronel Márquez de Souza, y fué recibido con 



186 BOSQUEJO HISTÓRICO 1818 

públicas demostraciones amistosas en Montevi- 
deo. 

Todo esto persuadió á Articas de que el sen- 
timiento de la resistencia se había amortiguado 
aún en sus más decididos parciales, y llevó el des- 
aliento á su propio ánimo. «Amar su libertad, 
«decía al Cabildo de San José en Septiembre, es 

« de racionales; perderla es de cobardes Los 

«orientales no han olvidado sus sagrados debe- 
« res. Ruego á Vdes. que en mi nombre, y por el 
« bien general del país, quieran recomendárselos 
« siempre. Ellos hicieron el voto de la revolución; 
«y cuando los paisanos deberían ostentar la he- 
« roicidad de sus sentimientos coronando sus sie- 
« n *s con laureles de honor, no los pueden ahora 
« ni jamas marchitar con su indiferencia. No es la 

«inacción laque debe salvarnos La guerra 

« toflo lo paraliza, y nada debiera haber sucedido, 
« si penetrados toaos de la gravedad de este mal, 

« se hubiesen empeñado en su remedio Des- 

« graciadamente, se prostituyó el jefe don Tomás 
« García. Desde esta época desgraciada, todo ha 
« marchado al desórden. Espero que Vdes., sus- 
tituyendo otro en su lugar, reanimen los es- 
« fuerzos con que debe aparecer el órden y el bien 
« de toda la provincia. » Esta nota es el lamento 
quejumbroso y débil del que se siente desfallecer 
al final de su existencia política, después de haber 
malgastado su poderosa energía. 

Las causas de abatimiento moral no se habían 
producido solamente en la Banda-oriental: tenían 
existencia también en las provincias occidentales 
del Uruguay. La de Santa-fé, en que nunca tuvo 
un dominio continuo é incontestado, empezaba á. 
reconocer en Estanislao López su caudillo predi- 
lecto, no ménos enemigo de Artigas que de Bue- 
nos-aires. Se había levantado en Entre-ríos la 



á 1819 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 187 

figura (le Francisco Ramírez, hombre de talento 
natural, valiente y ambicioso, que sirvió á favor 
de Artigas al principio, pero que vino adquiriendo 
personalidad propia cada vez mas exclusiva á me- 
dida que los sucesos de la provincia lo contaban 
entre sus agentes principales y el caudillo oriental 
perdía prestigio. El prestigio de Ramirez liabía lle- 
gado al más alto grado desde que derrotó comple- 
tamente el ejército con que Buenos-aires había 
auxiliado la sublevación de Hcreñú y algunos 
otros jefes entre-rianos (Marzo 25 de 1818); y se 
había consolidado por la organización militar que 
dió á toda la provincia y por la severa disciplina á 
que la sujetó. En Corrientes seguía despotizando 
del modo más absoluto á nombre de Artigas el in- 
dio Andresito; pero ya habían empezado á pronun- 
ciarse en contra jefes de cierta importancia.^ Así, 
pues, la autoridad de Artigas, que empeza'ba á 
conmoverse en Corrientes, estaba contrabalancea- 
da en Santa-fé por la actitud de López y anulada 
en Entre-ríos por la personalidad de Ramirez. Ar- 
tigas no podía ser indiferente á los contrastes que 
por todos lados sufrían sus armas y su autori- 
dad. 

CI.XXII — El Cabildo cede territorios á Portugal. Nuevos 



Los trabajos de política interna del Barón de 
la laguna empezaron á dar resultados importan- 
tes desde los primeros dias del año 1819. El Ca- 
bildo de Montevideo era compuesto por los hom- 
bres más distinguidos entre los que prestaron 
adhesión á Artigas y al Portugal (1), y su auto- 



(1) Lo componían Juan J096 Darán, Juan Correa, Aguptin Estrada, Juan 
Francisco Giró, Juan Mcnendez Caldevra, Lorenzo Justiniano Pérez, Fran- 
cisco Joaquín Muñoz, José Alvarez. Juan Benito Illanco y Jen'miuio Pió 
Bianchi. 



limiíc» 



ridad no era visiblemente 




I 



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188 BOSQUEJO HISTÓRICO 1819 

trató de insinuarse en su ánimo por todos los 
medios suaves que le sujerían sus hábitos corte- 
sanos y lo consiguió en tal grado, que llegó á 
ejercer un influjo tanto mas peligroso cuanto iba 
revestido délas formas de la persuasión. El pro- 

Í)ósito oculto de la Corona era el de anexarse 
a Provincia oriental; el ostensible era el de una 
ocupación temporaria; podría llegar á realizarse 
el primero, ó solamente el segundo, según el gi- 
ro que tomasen los acontecimientos, cuyo futuro 
era incierto, ya por lo embrollado de Ja política 
europea, ya por la actitud resueltamente contra- 
ria á la ocupación que asumía España, y ya tam- 
bién por las miras de ulterior reivindicación que 
dejaban traslucir en sus actos el Gobierno de las 
Provincias-Unidas y los ciudadanos orientales 
que se habían conservado adictos á la causa de 
la unión argentina. En previsión de las contin- 
gencias posibles, quiso el Barón de la laguna ase- 
gurar algún provecho al Reino unido de Portugal, 
Brasil y Algarbes, y trabajó en el sentido de des- 
membrar el territorio recientemente conquistado. 
El Cabildo accedió dócilmente á sus deseos en la 
primera ocasión que se le presentó. 

El Rio de la Plata carecía de faros, por cuya ra- 
zón era peligroso navegar en 61. Naufragó un día 
la zumaca Pimpon en el Banco-inglés con pérdi- 
da de su cargamento y la vida de cincuenta per- 
sonas. El hecho produjo honda impresión en 
Montevideo, y el Cabildo se apoyó en ella para 
proponer secretamente el negocio al Barón. El 
oficio, que es de 15 de Enero, hacía notar la gran- 
de utilidad que reportaría la navegación, si se ele- 
vara un faro en la isla de Flores; ponderaba la 
falta de recursos para llevar á cabo esa obra, que 
a estaba iniciada; 6 invocando los poderes que 
abían dado los pueblos al Cabildo para promover 



t 



1819 DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 189 

las mejoras que se juzgaran convenientes, propo- 
nía principalmente dos cosas:— 1 9 que se traza- 
ra una línea por el Oeste de los fuertes de Santa- 
Teresa y San-Miguel, por la margen occidental de 
la laguna Merin, el río Yaguaron y el río Arapey 
hasta su afluencia en el Uruguay y que se agre- 
garan á la capitanía de San Pedro los dichos 
fuertes y terrenos del Norte del Arapey; — y 2 ? que 
el Portugal diera como indemnización las sumas 
que había entregado al ocupar la plaza para edi- 
ficios públicos y las que fueran necesarias para 
terminar el faro. El Barón contestó el 30 que le 
era satisfactorio emplear las facultades que nabía 
recibido de su Soberano para dar un nuevo testi- 
monio de los deseos que le animaban á hacer 
cuanto dependiera de su autoridad por el bien y 
felicidad de toda la Provincia, y que aceptaba la 
propuesta. El mismo día consignó el Cabildo el 
convenio en una acta reservada, y se ejecutó la 
demarcación de límites en Septiembre y Octubre 
por los comisarios que nombraron el Cabildo de 
Montevideo y el Capitán general de San Pedro. 
Elsta cesión cíe vastos territorios, hecha por una 
corporación municipal, es quizas la ménos justi- 
ficada y la más informal de cuantas se hayan he- 
cho espontáneamente. 

CliXXIII — El Cabildo se encarga de hacer someter á pueblos 

y caudillos 

La resistencia había cesado casi del todo; pero 
andaban de un lado para otro de la campaña 
partidas de gente armada que no perjudicaban si- 
nó á los habitantes pacíficos en sus bienes ó en 
sus personas. Lecor obtuvo que el Cabildo em- 
prendiera trabajos de pacificación que tuvieron el 
mejor resultado. El 19 de Diciembre recibió de 
Fernando Candía, coronel, jefe del departamento 



190 BOSQUEJO HISTÓRICO 181» 

de Canelones, de Simón del Pino, comandante de 
línea, y de otros oficiales, un oficio parlamentario 
colectivo en que manifestaban que, convencidos 
de que bajo la dirección de los caudillos de don 
José Artigas se destruye la prosperidad de la pro- 
vincia, cuya autoridad él se había arrogado cuan- 
do no debía reconocerse en ella otro gobierno que 
el del Cabildo, electo por todos los pueblos de la 
Banda-oriental, prometían someterse ellos, sus 
tropas y el territorio de'su jurisdicción ai orden 
de cosas establecido en Montevideo, bajo la con- 
dición de que se conservarían armados y orga- 
nizados, se les consideraría como milicias pro- 
vinciales sin obligación de hacer servicio activo 
fuera de sus distritos, v se indultaría á todos los 
pasados de uno á otro bando. Como estos tér- 
minos habían sido previamente acordados, no 
hubo oposición y quedó sometido el departa- 
mento. 

Pocos días después (26 de Diciembre) comisio- 
nó el Cabildo á sus tres miembros Juan José Du- 
rán, Lorenzo Justiniano Pérez y Francisco Joa- 
quín Muñoz para que se entendieran con las cor- 
poraciones y jefes de la campaña que habían 
manifestado intenciones de entrar en arreglos con 
el Barón de la laguna, recomendándoles que hi- 
cieran cuanto de ellos dependiese por convencer 
á todos de los muchos males que trae consigo la 
anarquía, de que la ocupación portuguesa era y 
debía ser temporaria por las cláusulas de la ca- 
pitulación firmada cuando se entregó Montevideo 
y ratificada después por el Monarca, y de que no 
sería entregada á los españoles la provincia una 
vez evacuada por los actuales ocupantes. La co- 
misión salió en seguida, y simultáneamente el 
Barón de la laguna con un cuerpo de ejército 
destinado á hacer más eficaz la acción de los 



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1819 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 191 

comisionados. No tropezaron éstos con obstácu- 
los: cabildos y partidas armadas se sometían con 
condiciones análogas á las que firmaron los je- 
fes de Canelones. 

El grupo más importante era el que mandaba 
Rivera, y el que más tardó en someterse, debido 
á que andaba al Norte del río Negro, lejos de la 
comisión pacificadora. Esta le maridó comunica- 
ciones; el portador Gregorio Espinosa las entregó 
en el paraje de los Tres-árboles, y Rivera se pres- 
tó á arreglos, comisionando á su vez al capitán 
Pedro Amigo para que los concluyera con el en- 
viado de los capitulares. En esta oportunidad 
cavó sobre el caudillo, á las 6 de la mañana, el 
teniente coronel D. Manuel Carneiro con fuerzas 
numerosas, cuya presencia allanó dificultades de 
dctaHe que estorbaban el término de las nego- 
ciaciones. El 2 de Marzo de 1820 escribió Rivera 
manifestando que se sometía con sus milicias. 
Se trasladó en seguida á Porongos y de allí á 
Canelones, por orden de la Comisión pacificadora, 
en donde se encontró con el general Lecor. Rive- 
ra conservó su grado de coronel y el mando de un 
regimiento de caballería. Con su sometimiento 
quedaba pacificado todo el Sud del río Negro. 

CL.XXIV — Artigas, nuevamente derrotado, huye á Corrientes 

Ai Norte no había ya resistencia. Artigas se 
había retirado, después del descalabro del Quc- 
guay-chico, á los orígenes del río Negro, en d n- 
de se disolvieron las fuerzas que le quedaban, por 
• no poder resistir á la activa persecución que le 
hacían columnas destacadas del ejército de Cura- 
do. Pero habían recibido cita, al disolverse, para 
un punto próximo al Cuareim. Como el ejército 
portugués había seguido su marcha al Sud, las 
fronteras septentrionales habían quedado sin ene- 



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192 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

migos, lo que permitió á Artigas pasar allá el 
resto del año 18 y la mayor parte del 19, forman- 
do una nueva columna con la agregación de par- 
tidas que hizo concurrir de Entre-ríos y Corrientes. 
Reunidos dos mil quinientos hombres, se dispuso 
á invadir el Brasil en ocasión en que se denuncia- 
ba una conspiración en la Colonia y Montevideo, 
fraguada por españoles y agentes de Artigas con 
el fin de apoderarse de ambas plazas y reconocer 
el dominio de España, cuyos principales coauto- 
res fueron aprehendidos. 

La columna artiguista penetró en el territorio 
brasileño destruyendo cuanto encontraba al pa- 
so, y señaló los principios de esta campaña con 
un triunfo sobre 500 hombres que mandaba el 
mariscal Abren en el Guirapuitá-chieo (14 de 
Diciembre de 1819). Algunas otras acciones de 
poca importancia tuvieron lugar en las proxi- 
midades del río Santa-María; pero Artigas se 
vió forzado á replegarse á su país, sobre el 
arroyo Tacuarembó, por haber acudido el Capitán 
general de Rio-grande con fuerzas respetables 
en auxilio de Abrcu, que ya había recibido la 
protección del brigadier Cámara. Artigas retro- 
cedió perseguido por el ejército real. Al llegar 
al punto designado, se situó en una posición, 
que creyó fuerte, se atrincheró precipitadamente 
y esperó la batalla, confiando el mando á Latorre 
y á Aguiar. Fué atacado el 22 de Enero de 1820, 
y perdió la batalla después de pelear con encar- 
nizamiento. Los portugueses se apoderaron de 
la infantería, artillería y bagajes, y Artigas se 
retiró con tres ó cuatrocientos ginetes, siguiendo 
el curso del Cuarcim, á Curuzu-cuatiá, punto 
fronterizo de Corrientes y Entre-ríos. 



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1S20 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 193 

CL.X XV — Artigas, peric^uido por IUmlrez , se refugia 

en el Paraguay 

Aquí terminó la guerra con los portugueses. Ar- 
tigas no volvió á pisar su suelo patrio. Llegado á 
Curuzu-cuatiá, mandó emisarios en todas direccio- 
nes con órdenes de que se le incorporaran fuerzas 
correntinas y entre-rianas, como si mandara en su 
propio país; pero las circunstancias habían cam- 
biado. Ramírez, inteligencia más poderosa que 
Artigas, había conseguido lo que a éste le fué im- 
posible : llegar á las puertas de Buenos-aires, 
aliarse con uno de sus partidos contra el otro é in- 
tervenir de cerca en los negocios de la capital de 
las Provincias-unidas. Recibió el 23 de Marzo, 
estando en el Pilar, la noticia de la invasión de Ar- 
tigas. Inmediatamente dió una proclama en que 
manifestaba que or sentía tener que separarse del 
« gran pueblo de Buenos-aires, pero que debía 
a partir para escarmentar á un enemigo orgulloso 
a que intentaba ocupar el territorio de Entre-ríos, 
tí insolentado por los mismos fratricidas que qui- 
te sieran ver sofocado en el continente todo género 
« de libertad » . 

Al saber Artigas la actitud de Ramírez, le diri- 
jió una comunicación severa en que lo trataba de 
rebelde y lo exhortaba á la obediencia, amena- 
zándolo con castigarlo de un modo ejemplar en el 
caso contrario; y se puso en marcha hacia el Sud 
con las fuerzas que había recibido de Corrientes 
(3000 hombres), única provincia en que aún] te- 
nía poder. Ramírez replicó á su vez (25 de Mayo), 
acriminándolo «por haberse atrevido á usurpar 
« con tropas suyas el mando de unas provincias 
« que tienen sus jefes naturales » ; y agregaba : 
« Pero ha llegado ya el momento en que una re- 
« petición inaudita de actos tiránicos, que han 

is 



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194 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

« marcado el mando de V. E. en Corrientes, en 
« Mandisovl y en la Banda-oriental, hayan disi— 
« pado el prestigio y que V. E. sea ahora conocido 

« como lo que es en realidad ¿ Qué especie de 

« poderes tiene V. E. de los pueblos Federales pa- 
cí ra darles la ley á su antojo, para introducir fuer- 
a za armada cuando no se le pide y para intervenir 
« como absoluto en sus menores operaciones in- 
a ternas ? ¿Por qué ha detenernos en una tu- 
ce tela vergonzosa? » Estas comunicaciones mues- 
tran mié clase de pretensiones animaba á los dos 
caudillos. 

Artigas llegó a las Guachas, costeando el Uru- 
guay y asolando los territorios que atravesaba ; 
en aquel punto encontró á Ramírez y lo derrotó 
completamente ( 13 de Junio ) . El caudillo entre- 
riano se retiró a la Bajada del Paraná, en don- 
de se rehizo. Artigas lo siguió hasta allá, lo ata- 
có y fué vencido, sufriendo enormes pérdidas 
(24 de Junio). Ramirez lo persiguió activamente, 
lo derrotó en el Sauce de Lema (17 de Julio), xm el 
Rincón de los Yuqueríes (22 do Julio), en el Moco- 
reta (24 de Julio), en las Tunas (27 de Julio), y 
finalmente en los Arboles (día 29), en donde se 
apoderó de toda la artillería, las armas, bagajes, 
numerosos oficiales y el famoso Monterroso, frailo 
franciscano apóstata, perverso, con alguna inte- 
ligencia, aunque grosero y desordenado en sus 
ideas, que sirvió á Artigas de secretario, y á quien 
redactó y escribió cuantos oficios, cartas y docu- 
mentos llevan la firma del Jefe de los orientales. 
Ramirez entró luego en la capital de Corrientes y 
se apoderó del que se titulaba su gobernador, 
después de una corta persecución. Artigas escapó 
difícilmente, refugiándose en el Paraguay, donde 
murió á los noventa años de edad, en Septiembre 
de 1850. 



Ni 

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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 195 



CAPÍTULO II 

» 

ARTIGAS 
CJLXXVI — Iictratu de Artigas 

Artigas era un hombre de estatura regular, de 
aspecto gauchesco, pero simpático en su conjun- 
to. Su cuerpo, medianamente grueso; solía ir ves- 
tido con desaliño, llevando de ordinario poncho y 
sombrero de paja. Su cabeza bien formada, nunca 
erguida, estaba cubierta por cabellos rubios, on- 
deados, largos, revueltos con frecuencia. La cara 
era ovalada, pálida, de color blanco poco alterado 
por la intemperie, de carrillos descarnados, barba 
escasa y larga, fisonomía de expresión afable co- 
munmente, aunque con rasgos enérgicos, fácil- 
mente variable. Tenía ojos azul-verdosos, de mi- 
rada oblicua, coronados por cejas pobladas y rec- 
tas que se arqueaban hacia el extremo interno ba- 
jo la acción cíe sentimientos enérgicos. La nariz, 
prominente y aguileña, se elevaba sobre una bo~ 
ca de perfil severo y dimensiones regulares. 

Artigas no carecía de inteligencia; pero sus 
concepciones eran poco extensas y generalmen- 
te superficiales. Era egoista, dominador y so- 
berbio, iracundo, cruel y vengativo. No sabía 
tener órden, ni imponerlo. No admitía trabas 
á su libertad personal, aunque nunca respetaba 
la de otros. Tenía el sentimiento de la patria, 
si bien inculto y materia!. Grande era la ener- 
gía de su carácter y la firmeza de sus propósi- 
tos, para con los cuales sabía ser abnegado. 
Leía y escribía pasablemente; pero carecía de toda 
otra instrucción. Las ideas políticas consignadas 
en sus documentos, en cuanto revelan algún co- 



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196 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

nocimiento histórico ó político, son propiedad de 
Monterroso, quien daba forma con ellas, aunque 
forma tosca é inconexa casi siempre, á los deseos 
instintivos del Jefe. Como militar, tuvo Artigas su 
táctica propia, pero empírica y sin inspiración, se- 
gún opinan los competentes en la materia, á la 
cual debió en parte las desgracias sufridas en los 
campos de batalla. Pocas veces se halló presente 
en acciones de guerra, y aún en ésas connó la di- 
rección á los jefes inmediatos, especialmente á La- 
torre, que era su preferido, á pesar de carecer de 
méritos intelectuales. 

CLXXVII- Medio en que se formó Artigas 

Ha dejado Artigas tras sí una fama siniestra, 
perpetuada por la tradición oral y por los escritos 
de su tiempo, en que le atribuyen hechos atroces 
y lo presentan como tipo de caudillo bárbaro y san- 
guinario cuantos contemporáneos suyos se ocu- 
paron de él, fueran amigos ó enemigos de su cau- 
sa, ó fueran indiferentes. La historia debe ex- 
plicar esos hechos teniendo presentes las influen- 
cias de la época, y juzgarlos con arreglo á las le- 
yes morales, ya que no es posible negarlos en lo 
que tienen de verdadero y de característico. 

Artigas fué hijo de un hacendado cuyo estable- 
cimiento estaba cerca de las Piedras. Por esta cir- 
cunstancia, aunque no se crió léjos de la sociedad 
culta de Montevideo y estuvo temporariamente en 
contacto con ella, influyó en su educación, desde 
los primeros años, la manera de ser de las pobla- 
ciones rurales; y en tal grado, que, niño aún, se 
rebeló contra la autoridad de sus padres y huyó 
del seno de la familia. Sus inclinaciones lo lleva- 
ron más lejos de la ciudad cuando apénas había 
entrado en la adolescencia, esa edad en que tien- 
den á desbordarse las pasiones. El campo era en- 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 197 

tunees, aún en las regiones meridionales de la 
Banda-oriental, el escenario en que el indio salva- 
je y el gaucho cuatrero daban diariamente á los 
pueblos civilizados el espectáculo de sus sangrien- 
tas correrías. 

El carácter naturalmente indisciplinado de Ar- 
tigas debía desenvolverse en un medio semejan- 
te, en que ninguna autoridad ejercían las leyes 
civiles y morales. En efecto, halló en el estableci- 
miento en que se había colocado, un modo de vi- 
vir poco restrictivo; se puso en contacto inme- 
diato con las tribus errantes y con los bandidos, y 
no tardó en acomodarse á sus costumbres. Aban- 
donó su morada nuevamente, y, buscando luga- 
res más libres, se fué al Norte del rio Negro, en 
donde el salvajismo conservaba toda su fisonomía 
primitiva y en donde el vandalismo desplegaba con 
lujo sus fuerzas. Allí empezó á dedicarse al con- 
trabando de animales y cueros, en compañía de 
gentes acostumbradas á la rapiña y á excursiones 
atrevidas. Despojar con desprecio de vidas y ries- 
gos en la Banda-oriental, vender los despojos en 
el Brasil y vice-versa, fué su ocupación durante 
mucho tiempo. Se acostumbró de este modo á los 
peligros y á mirar con tanta indiferencia la vida 
ajena como la propia, hasta que no halló reparo en 
asociarse con los más audaces bandidos. Tan 
práctico se hizo, con tanta sagacidad burlaba el 
celo de las autoridades ó solía triunfar en los lan- 
ces que no podía eludir, y era tanta la rudeza de 
sus procederes, que llegó á hacerse de renombre 
en los pueblos y de prestigio en los campos, y á 
infundir el terror por todas partes. 

Las autoridades se reconocieron por fin impo- 
tentes para librar al país de las cuadrillas de con- 
trabandistas y de criminales orientales y brasi- 
leños que lo cruzaban en todas direcciones, y rc- 



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108 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

solvieron de acuerdo con el Yirey valerse de Ar- 
tigas para perseguirlas. Lo indultaron, le dieron 
grados y sueldos, y Artigas se convirtió, en perse- 
guidor de los que por muchos años habían sido 
sus colegas y compañeros. No tenía entonces me- 
nos que treinta y ocho años de edad. Su conduc- 
ta como guarda general de la campaña no fué 
inconsecuente con la que había dado celebridad al 
contrabandista; sus procedimientos fueron suma- 
rios v crueles: le bastaba saber la condición de > 
los que caían en su poder, para condenarlos á 
muerte. La pena se ejecutaba dando apenas al 
condenado el tiempo suficiente para recitar el es- 
tropeado credo cimarrón y con frecuencia se aho- 
rraba la pólvora por tocar el ciolin ó enchipar á los 
ajusficiables, cuyas penas tenían más de feroces 
que de baratas (í). 

Se concibe lo que había de resultar necesaria- 
mente de una vida identificada durante tantos años 
con el salvajismo y la barbarie. Los ejemplos que 
todos los días presenciamos, nos muestran con 
sobrada elocuencia que el hombre no puede sus- 
traerse ¿Lias influencias del medio que le rodea; 
esas influencias lo modifican poco á poco y conclu- 
yen por identificarlo insensiblemente. Así es que, 
alejado desde los primeros años de los centros ci- 
vilizados, perdió sin darse cuenta de ello la escasa 
instrucción y las buenas direcciones que hubiera 
recibido en la infancia, y adquirió en cambio las 
cualidades características del indio nómade, del 
gaucho primitivo, en grado más ó menos pronun- 
ciado; es decir, se formó ignorante, sin los gustos, 
los sentimientos, los hábitos, ni las formas de la 

(\) Consistía la primera en decapitar á cuchillo y la secunda en ceñir el 
cuerpo del hombre con un enero fresco, dejando descubierta la cabeza. El 
cuero na en-.'ugía á me Tula >[im íc .-xvuba, y la víctima perecía con los sufri- 
mientos máa atroces. Los ejecutores solían gozarse en ver c?tc horrible c«poc- 
tío alo. 



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1S20 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 



199 



vida civil; apasionado por ese modo de sor de la 
vida agreste, voluntarioso, desordenad*:), sin ley 
ni regla, sin derecho y sin moral, que inspira el 
menosprecio de la propiedad, del honor, de la 
existencia, y que engendra todo ese conjunto de 
vicios y defectos que constituía la barbarie rural 
de aquellos tiempos. 

Su empleo de oficial de blandengues dió lugar á 
que empezara á relacionarse de cerca con la ofi- 
cialidad española y con las poblaciones civilizadas. 
Poco después (1800) fué destinado á ejercer una 
función civil en los arrabales de Montevideo, aun- 
que por poco tiempo. Estas relaciones debieron in- 
fluir en sus formas exteriores, debieron moderar 
la rudeza de sus modales, aún cuando no modifi- 
caran de un modo sensible el fondo de su perso- 
nalidad. Do ahí que cuando se le envió á la Colo- 
nia bajo las órdenes de Maesas, no tardara en re- 
belarse contra el órden regular que la disciplina 



Buenos-aires con la esperanza de que su gobierno 
lo mandara á sublevar la campaña de su patria, 
en donde podría dar amplia satisfacción á las ne- 
cesidades congénitas y facticias de su ser, lejos de 
autoridades que pudieran limitar su acción y en 
compañía de las bandas bárbaras á cuyo Indo se 
habían desarrollado (odas sus fuerzas impulsivas. 

De esta serie de hechos habían de surgir forzo- 
samente dos cosas: la selección de los elementos 
con que tendría que realizar sus futuras empresas, 
y el carácter que su personalidad propia habría de 
comunicar a todos los acontecimientos que reci- 
biesen su dirección. 

CI>XXVIII — Elcmeuío popular de que se *!rvií> Artigas 

Vino á la Banda-oriental y le rodearon inmedia- 
tamente, atraídos por la calidad y extensión de su 



de los cuarteles le imponía 




trasladara á 



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200 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

prestigio, todas las tribus salvajes y todas las po- 
blaciones bárbaras, de cuyo número salieron los 
más de los oficiales y jefes que después le acom- 
pañaron. Se extendió su nombre más allá del 
Uruguay por la magnitud inaudita de sus desór- 
denes y crueldades; invadió sucesivamente las 
provincias de Entre-ríos, Corrientes y Santa-fé, y 
recibió de ellas numerosos contingentes, y esos 
contingentes eran de indios salvajes (abipones, 
guaycurúes, etc.), en que figuraban como jetes sus 
propios caciques, y ae gauchos primitivos, nó 
menos bárbaros que los del Uruguay, entre cuyos 
bravos se eligieron los oficiales y aún los go- 
bernadores. Artigas recibió en sus filas, al invadir 
su patria como revolucionario, numerosos paisa- 
nos suyos pertenecientes á la clase culta, y se 
le agregaron fuerzas regulares, orientales unas, 
otras mandadas por* Buenos-aires; pero no tarda- 
ron en divorciarse esos dos elementos antagónicos 
que representaban respectivamente la civilización 
y la barbarie: se separaron, se combatieron, y 
Artigas siguió á la cabeza de los bárbaros, hala- 
gando sus instintos y tolerando, cuando nó fo- 
mentando sus vicios. 

CL.XXIX— Conducta de la cUio social que acaudilló Artigas 

Dada la composición de las huestes artiguistas, 
¿ cuál debía ser naturalmente su conducta en la 
Banda-oriental, en Corrientes, en Entre-ríos, en 
Santa-fé, en el Brasil, donde quiera que pisaran ? 
Es de presumirse. No había que esperar de ellas 
el respeto de ningún derecho, ni cierta regulari- 
dad en la comisión misma de sus abusos. El robo, 
el incendio, el asesinato eran los medios de que 
se valían para llevar á cabo sus designios cuando 
andaban en partidas sueltas, y no mucho ménos 
abusaban de su fuerza cuando se veían investidas 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 201 

do alguna autoridad. Memorables son las violen- 
cias cíe todo género que cometieron en 1811 por 
obligar á los nabitantes pacíficos de la campaña 
y de los pueblos a que siguieran al ejército en su 
retirada al Norte, y las que siguieron consumando 
en el tránsito y en el campamento del Ayuy. El 
gobierno de Otorgues en Montevideo fué lo "más» 
terrible que puede imajinarse, y no lo fueron mé- 
nos los gobiernos de Corrientes y Entre-ríos. 
Grande fué la desolación que llevaron á Santa-fé 
los que precedieron y acompañaron la entrada de 
Artigas, y apénas hicieron otra cosa que destruir 
vidas y propiedades las fuerzas que obligaron á 
desalojar la Purificación y Pay-sandú, las que 
mantuvieron el sitio del ejército portugués ence- 
rrado en Montevideo, y las que emprendieron la 
última campaña de Artigas en el territorio brasi- 
leño. 

Donde hubiera caballerías artiguistas, había de- 
vastación, no precisamente porque obedecieran 
una órden superior ó porque persiguieran la rea- 
lización de un plan sistemático, sino porque ese 
modo de proceder era el que mejor se armonizaba 
con su grado de civilización, con sus instintos, 
con sus costumbres. Si el lenguaje común de 
un pueblo pudiera presentarse como antecedente 
histórico, sería de citarse la conocida expresión de 
«tocarle el violin », generalizada en los campa- 
mentos artiguistas ántes que se incorporara al 
vocabulario de los federales de Rosas, para signi- 
ficar uno de los actos ordinarios de los soldados 
de Artigas. Esa conducta general no es el hecho 
* de una persona: es el hecho colectivo eme caracte- 
riza una clase social en una época determinada 
de su evolución educativa. 



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202 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1820 



CIXXI- Influjo de Artigas cu la conducta de !»• montoneras 

¿ Fué Artigas un factor de ese producto ? Im- 
porta esto preguntar si estuvo divorciado del ele- 
mento popular en que formó su personalidad y en 
que halló la fuerza con que trató de realizar sus 
aspiraciones. Artigas, aunque se elevara sobre el 
nivel general de sus secuaces, era una producción 
de ellos, porque le animaban los mismos senti- 
mientos, Jas mismas tendencias, los mismos há- 
bitos, el alma misma que animaba á las muche- 
dumbres agrestes de ambos lados del Uruguay. 
No podía, pues, serle antipática la obra de sus 
indios, de sus caciques y de sus gauchos, ni po- 
dría condenarla en nombre de la civilización sin 
renegar de todos sus antecedentes y sin romper 
de pronto los vínculos que le ligaban al medio y al 
momento histórico en que figuró. 

Es así que, en vez de acomodarse á la civiliza- 
ción y de aprovechar sus hombres y sus medios, 
trató á las clases cultas con cierta repugnancia 
parecida á la que por ellas tenían las tribus; se 
alejó siempre, como éstas, del contacto de las ciu- 
dades, y nunca pudo mantener buena armonía ni 
con las tropas disciplinadas que venían de Bue- 
nos-aires á compartir con sus bandas en las cam- 
pañas contra el enemigo común, ni con los indivi- 
duos particulares, jefes y oficiales de la sociedad 
civilizada de su provincia, que le ofrecieron el con- 
curso de su persona: las primeras hacen campa- 
mento aparte primero y son hostilizadas en segui- 
da aún cuando tuvieran el enemigo al frente: los 
segundos abandonan las filas del caudillo y se pa- 
san á las de Buenos-aires. Artigas conocía minu- 
ciosamente cuanto hacían sus soldados; pero 
nunca se preocupó ni de castigar sus crímenes, 
ni de correjir sus desórdenes, aún cuando estu- 



♦ 

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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 203 

viera por ser víctima de ellos el jefe más presti- 
gioso y de más humanitarios sentimientos de 
cuantos le obedecían. 

Las crueldades llevadas á cabo colectivamente 
por cuerpos de ejército no eran fomentadas por su 
tolerancia: eran ejecutadas por su órden. rué él 
quien dispuso en 1811 que le siguieran hasta más 
allá del Salto y de allí á Entre-ríos, sin ninguna 
necesidad militar, en momentos en que se cum- 

• plía un convenio de paz con los españoles, más 
de catorce mil individuos de familia, niños, muje- 
res y viejos, cuya partida costó el sacrificio de to- 
dos y la vida de muchos, para llevar después una 
existencia de miserias, de trabajos inmensos y 
de vergonzosas inmoralidades. De Artigas reci- 
bieron la órden Andresito en Corrientes, Otor- 
gues y Barreiro en Montevideo, para que confi- 
naran á los extranjeros allá, y aquí á los españo- 
les, y los trataran sin consideración, cuya órden 
dio lugar á crueldades y ejecuciones numerosas, 
muchas de las cuales se efectuaron en la Purifi- 
cación (1), cuartel general de Artigas. La desocu- 
pación del Hervidero y Pay-sandú, al acercarse 
el ejército de Curado, fué mandada también por 
él, y se ejecuté), según sus instrucciones, obligan- 
do á todas las familias á que pasaran á la mar- 
gen entre-riana, en donde habían de carecer de 
lo más indispensable para vivir los que no fueran 
bastante pudientes para bajar hasta el Arroyo 
de la China, y castigando con la muerte la des- 
obediencia forzosa de los que ñor falta de medios 
ó de recursos no habían abandonado su domici- 

* lio dentro del breve plazo que se les había seña- 
lado. El fué también el que dirigió personalmente 

(1) Rivera, al referirse en sus memorias í la fundación do este pueblo, dico 
con mareada intención y ontro parónte.^is, que lo» españoles pueden dmclfrar 
el nombro, aludiendo fi los muchos de esa nacionalidad que fueron purifica- 
dos en aquel paraje. 

é 



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204 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

la última invasión del territorio rio-grandés, en 
que cruzó las poblaciones destruyendo y lleván- 
dolo todo a sangre y fuego. Y, por fin, cuando pe- 
netró en Entre-ríos con el ánimo de vencer la re- 
belión de Ramírez, castigó las poblaciones próxi- 
mas al Arroyo de la China y al Gualeguay, en 
donde tomó la insurrecion una fuerza considera- 
ble, talando las propiedades é infundiendo el te- 
rror en los habitantes. Así, pues, no era Artigas 
una entidad moral superior y sin afinidad con el 
pueblo y las montoneras que le reconocían por je- 
fe, á quien pudiera considerarse obligado por las 
circunstancias á contemporizar con los excesos 
propios de muchedumbres bárbaras: era una per- 
sonalidad identificada con esas muchedumbres, 
que figuraba en todas las ocasiones prominentes 
como coautor principal de los hechos que dieron 
carácter á su época en toda la extensión en que 
ejercía su prepotencia. 

CI.X XXI — Artigas y la civilización del Rio de la Plata 

Por lo demás, la civilización que representaba 
Artigas no era precisamente la civilización del Río 
de la Plata en su tiempo. Se distinguían entonces 
más que hoy la ciudad y la campaña. Montevideo 
y Buenos-aires (prescindiendo del Alto-Perú), en- 
cerraban poblaciones que habían llegado, sino 
por su instrucción general, al ménos por sus sen- 
timientos morales y por sus hábitos sociales, á 
un alto grado de progreso, porque eran los pun- 
tos que recibían directamente la inmigración eu- 
ropea y el asiento de las instituciones y principales 
medios de civilización con que contaban estos paí- 
ses. Después de Montevideo y Buenos-aires, eran 
Córdoba y la Colonia los pueblos más adelantados, 
y tras ellos podrían citarse algunos otros, aunque 
de escasa importancia relativamente*» á que llega- 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 205 

ban las influencias de aquellos centros. Corrien- 
tes en la provincia de su nombre, la Bajada del 
Paraná y el Arroyo de la China en Entre-ríos, Ca- 
nelones, San José y otros en la Banda-oriental, 
pertenecían á ese número. La campaña de estas 
tres provincias era en lo demás una grande exten- 
sión de campos en que no se hallaban casi señales 

* de civilización, en que vivían poco ménos que en 
el estado natural los indígenas. Apénas una pe- 
queña parte do éstos, los que solían andar en las 
cercanías de los pueblos, habían empezado á pa- 
sar del estado salvaje al bárbaro, por la acción 
moderadora que recibían al ponerse en relación 
con los núcleos poblados. 

Había, pues, dos civilizaciones en el Río de la 
Plata: una avanzada, con la que nos aproximá- 
bamos á la europea; otra bárbara y salvaje, ex- 
clusivamente americana. El pueblo y el ejército 
de Artigas no correspondían á la primera: perte- 
necían á la segunda; eran el pueblo y el ejército 
del campo, de raza indíjena pura, que ni amaban 
ni conocían la civilización importada del extran- 
jero. Montevideo y la Colonia y en grado inferior 
los pueblos menores, fueron, al contrario, euro- 
peos y mestizos, que conocían y estimaban los pro- 
gresos y las costumbres importadas, que veían en 
el elemento artiguista un enemigo natural y que 
fueron por interés y por sentimiento pueblo espa- 
ñol ó portugués ó aporteñado ántes que pueblo de 
Artigas, miéntras éste representó un papel impor- 

# tante en la historia uruguaya. Por eso no puedo 
decirse que Artigas fué el prototipo de su época ó 
la encarnación del estado social del Río de la Pla- 
ta: fué el representante de la barbarie indígena, 
el caudillo de la clase inculta de los campos. 



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206 HOSQUEJO HISTÓRICO 1120 

CLiX XXII — Artigas y la forma de gotoierug ,* 

Es fácil suponer, conocidos estos hechos, qué 
clase de influencia ejercerían Artigas y sus secua- 
ces en la organización política de las provincias. 
No tenían ninguna noción de formas de gobierno, 
fuera de las que les había suministrado la expe- 
riencia durante el régimen colonial, ni podían te- 
nerla, puesto que carecían de la instrucción indis- 
pensable, cosa que no se extrañará si se tiene pre- 
sente que aún en las clases cultas eran muy po- 
cos los que sabían á este respecto más que lo que 
habían visto. El instinto no sujiere sino la idea del 
gobierno unipersonal; por eso se gobiernan todas 
las tribus por caciques y es la monarquía la for- 
ma de gobierno contra la cual ha tenido que lu- 
char la ciencia política en los países que progre- 
san. Esa era también, esencialmente, ta forma de 
gobierno que estaban acostumbrados á ver. Lue- 
go, era natural que no tuvieran la más remota no- 
ticia de la forma republicana, del gobierno dividi- 
do y subdividido, cuya unidad consiste en la armo- 
nía y correlación con que funcionan todas sus 
partes: la experiencia y el instinto no les daban 
otro dato que el de la unidad física, el del gobierno 
unipersonal, que es la esencia de la monarquía. 

Y, en efecto, el gobierno de Artigas, como el de 
los caudillos congéneres suyos, acatado por todos 
sus secuaces, fué el más unipersonal, el más mo- 
nárquico que pueda concebirse: él ejercía todos los 
poderes; nadie los ejercía con independencia si no 
era él ; todos los funcionarios públicos , como 
quiera que se llamaran, eran sus agentes, los 
ejecutores de sus órdenes. La noción de la re- 
pública, como que es producto exclusivo de la 
ciencia, de la razón acostumbrada á trabajos filo- 
sóficos, partió de los centros civilizados, aunque 



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1S20 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 207 

grosera al principio y desfigurada por pasiones 
demagógicas y por preocupaciones monarquistas 
que asomaron un momento empujadas por el te- 
rror que difundieron Ja anarquía interna y los pe- 
ligros que venían del exterior. 

CliXXXIII — Artigai y la forma de soberanía 

■ La soberanía, otro elemento de las constitucio- 
nes políticas, se definió á pesar, puede decirse, de 
la voluntad de los caudillos. Todos ellos se consi- 
deraron con derecho á ser autócratas, y en el he- 
cho lo fueron. Artigas no reconoció nunca, en nin- 
guna de las provincias, y ménos en las que llegó á 
dominar, voluntad superior á la suya : combatió á. 
Buenos-aires, porque no se le sometía; combatió 
á los pueblos del litoral uruguayo, mientras no se 
le sometieron; y emprendió la guerra contra Ra- 
mírez y Entre-ríos, porque se declararon localis- 
tas, autónomos, con soberanía propia. Mientras 
dominó en las dos bandas opuestas del Uruguay, 
ni el pueblo, ni nadie, hizo nunca acto de sobera- 
nía, ni aun para proclamarlo su Jefe en lo militar 
y político: Artigas decidió con su voluntad en la 
Junta de Abril de 1813; y dictó la disolución del 
Congreso de Diciembre y la anulación de sus ac- 
tos, porque no quiso someterse á su voluntad; el 
Cabildo de Montevideo le reconoció el título de ca- 
pitán general y de protector y patrono de la liber- 
tad de los pueblos, bajo el peso del terror infun- 
dido por la presencia de Otorgues; se impuso sin 

* formas en Entre-ríos y Corrientes; él dictó las 
leyes, si tal nombre puede darse á la expresión 
de su voluntad movediza comunicada á sus sub- 
ordinados, en todas las materias; y no sometió 
su acción á otras reglas que las que 61 mismo 
se dictaba. Artigas fué el autócrata más absolu- 
to que puede imaginarse; las otras formas de so- 



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208 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



• bcranía no tenían para él sentido moral, y habría 
castigado; siempre (castigó muchas veces) como 
criminal cualquiera manifestación democrática. 



los bárbaros del Río delaPlata fuerzas que contra- 
riaban la suya. La teoría democrática tuvo en los 
centros civilizados, especialmente en Buenos-ai- 
res, propagandistas elocuentes desde los prime- 
ros días de la revolución, y más de una vez se 
tradujo en hechos, ya por iniciativa del pueblo, 
ya por la de los poderes públicos, que tuvieron 
notable trascendencia en la suerte política de las 
provincias. Las poblaciones bárbaras carecían de 
nociones teóricas; pero en cambio sentía cada uno 
de sus individuos, acostumbrados á la vida indis- 
ciplinada y libre en que el hombre es el soberano 
de sí mismo, como sentía Artigas: odiaba la im- 
posición que le venía de afuera y amaba su pro- 
pia autonomía individual. El primero de estos 
sentimientos lo llevaba á pelear contra la prepo- 
tencia ó la autoridad que no era de su gusto; el 
segundo lo inducía á defender con abnegación y 
bravura al caudillo en quien reconocía el defen- 
sor de su libertad desenfrenada. Por eso fué Ar- 
tigas el caudillo de las poblaciones agrestes que 
se extendían al oriente del Paraná, miéntras 
defendió sus individualidades contra la autoridad 
disciplinada de Buenos-aires, y dejó de serlo des- 
de que esas poblaciones tuvieron caudillos loca- 
les que los defendieran contra la tiranía del « Pro- 
tector». * 

Pueblos que así sienten, no pueden ser otra 
cosa que anarquistas miéntras son bárbaros y 
demócratas desde que llegan á civilizarse por la 
acción de los centros cultos, si no viene un po- 
der contrario capaz de sojuzgarlos por tiempo in- 
definido y de sustituir lentamente unos hábitos 




cultos y en 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 209 



por otros. Por fortuna, los pueblos del Plata vie- 
nen verificando su evolución laboriosa: han recha- 
zado esas fuerzas prepotentes contrarias á su ins- 
tinto, pasan gradualmente el período de la anar- 
quía y tienden á regirse, á medida que se civilizan, 
por los principios de la democracia. Esa evolu- 
ción se debe, no á la tiranía de los caudillos, si- 
no á la acción combinada del sentimiento bárba- 
ro de las muchedumbres campestres y de la doc- 
trina reguladora de los centros ilustrados. 

CliXXXIV — Artigas y la organización federal 

El mismo sentimiento que impulsaba á los 
campesinos á la democracia, los arrastraba á 
querer la independencia de las pequeñas colecti- 
vidades. En pugna con esta tendencia, el régimen 
colonial acostumbró á las muchedumbres al es- 
pectáculo de las grandes unidades políticas, cu- 
ya noción empírica debió presentarse más oscu- 
ra á medida que las distancias se alejaran de las 
ciudades. Pero lo que debió aparecer con clari- 
dad al sentido de las poblaciones incultas son las 
formas ostensibles de la división administrativa, 
ya en intendencias, ya en partidos; son las auto- 
ridades que gobernaban en cada una dé un mo- 
do visible, dentro de jurisdicciones determinadas. 
Esto es lo que principalmente hizo su educación, 
lo que les creó el hábito de vivir formando uni- 
dades ménos extensas que la nacional, pero más 
que la del distrito que accidental ó permanente- 
mente ocuparan las agrupaciones indígenas. 

La historia de esas dos fuerzas contrarias (el 
instinto y el hábito) es la historia de la organiza- 
ción política argentina. Los centros ilustrados que 
no se sentían competidos sino por los hábitos crea- 
dos por la educación colonial, tendieron á la uni- 
dad centralista; las poblaciones rústicas, en cuya 

u 



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210 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

voluntad influía con fuerza el sentimiento innato 
de la autonomía local y más débilmente el hábito 
adquirido de las extensas comuniones, hallaron 
la conciliación práctica de estas dos tendencias en 
la federación, que mantiene la unidad total á la 
vez que respeta las autonomías parciales. Como el 
sentimiento natural era más poderoso que el há- 
bito adquirido durante la dominación española, 
fué más vigorosa la cohesión interna, autonómica 
de cada pronvincia, que la externa ó federativa de 
la nación; de lo que resultó que el caudillo, repre- 
sentante de la primera, fuera más querido y res- 

f>etado que el Director Supremo, representante de 
a segunda; y que se mantuviera fácilmente la uni- 
dad provincial, mientras sufría la nacional pertur- 
baciones que, aunque temporarias, fueron pro- 
fundas. Por lo que se vé que la federación del Río 
de la Plata no es obra de un hombre, ni de un par- 
tido, ni de una clase social, y sí de la acción recí- 
proca de dos fuerzas generales creadas y robus- 
tecidas en el curso de tres siglos por la evolución 
paralela y próxima de dos estados sociales. 

El papel que desempeñó Artigas en el vasto 
escenario de estos sucesos, fué necesariamente li- 
mitado, porque estaba determinada, ántes que él 
apareciera, la corriente de las ideas, extensa y 
poderosa; porque otros caudillos se repartieron en 
casi todo el país la representación de las fuerzas 
activas de las provincias; y porque no tuvo Artigas 
genio ni poder bastante para apoderarse del pres- 
tigio de esos caudillos, suplantándolos ó dominán- 
dol os siquiera fuera de un modo accidental. Su 
conducta fué ademas contradictoria, y esto esteri- 
lizó el influjo más benéfico que su personalidad 
hubiera ejercido, si hubiese obrado con unidad en 
todas las esferas. . 
En efecto, halagando el sentimiento ya forma- 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 211 



do de las provincias y sometiéndose aparente- 
mente á él, nombró en Abril de 1813 diputados, 
los mandó al Congreso argentino y dió gran cir- 
culación á las instrucciones que les dió. Esas 
instrucciones constituyen un documento notable, 
porque contienen los principios capitales del sis- 
tema federal, expuestos de modo que pocos los 
concebían con tanta claridad en aquel tiempo. Más 
• tarde, en distintas épocas, expresó ideas análo- 
gas, aunque nó tan completas, ni con tanta correc- 
ción. Pareció, por tanto, un caudillo que sentía y 
sabía el sistema político á que prestaba el con- 
curso de su voluntad, y pudo pretender el concep- 
to de ser uno de los pocos caudillos doctrinadores 
con que contaban las poblaciones campesinas. Si 
en sus relaciones con las provincias hubiera dado 
el ejemplo de llevar al terreno de los hechos lo 
más indispensable de aquellas doctrinas, aunque 
fuera de un modo grosero, que nó otra cosa hu- 
biera sido posible; si hubiera respetado en las 
provincias que dominó, el sentimiento localista de 
ellas, permitiendo que cada una hiciera de su au- 
tonomía el uso que quisiera, á imitación de las 
otras provincias, Artigas habría influido benéfica- 
mente en los instintos políticos de su pueblo y de 
los pueblos occidentales. 

Pero sus hechos eran opuestos á sus dichos: 
en ninguna de las tres provincias que dominó du- 
rante algunos años, dió señales de sentir la fe- 
deración, no ya como la exponía en los docu- 
mentos, pero ni aún como la entendían los otros 
caudillos. Ninguna tuvo algo que se pareciera á le- 
gislatura provincial; sus gobernadores eran nom- 
brados por Artigas con prescindencia del voto de 
las localidades: no tenían atribuciones propias, 
independientes del poder general; eran meros 
agentes de Artigas, cuyas órdenes cumplían como 



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212 BOSQUEJO HISTÓRICO 



1820 



cumplen nuestros jefes políticos las del presi- 
dente de la República; no había entre ellos esa 
especie de liga ó de alianza que unía entre sí á 
los otros gobernadores: todos dependían direc- 
tamente de Artigas. Por manera que implantó 
éste en las provincias de su dominio, en oposi- 
ción con las aspiraciones y costumbres localistas 
que constituían entonces el hecho federativo fun- 
damental, un régimen unitario absoluto, más ab- 
soluto que el del coloniaje, que se vino al suelo 
tan pronto como el sentimiento autonómico pudo 
triunfar de la fuerza del omnímodo caudillo. 

La discordancia fundamental de las doctrinas 
políticas que suscribía y los hechos políticos que 
realizaba, nace de que Artigas hacía lo único que 
era capaz de concebir, en tanto que decía en sus 
escritos lo que sus secretarios le redactaban. Obra 
de éstos eran los documentos doctrinales; eran 
obra de aquél los hechos administrativos. Artigas 
suscribía las doctrinas, porque la federación le 
permitía en su concepto ser el señor de su provin- 
cia y porque la palabra con que se designaba era 
el santo y seña de todos los que, como él, odiaban 
al círculo oligárquico que desde Buenos-aires pre- 
tendía sofocar el localismo y vencer al caudillaje 
de las provincias. 

Si, pues, acompañaba á éstos en la oposición 
al centralismo porteño y contribuía de este modo 
a mantener viva la resistencia de los pueblos que 
le estaban sometidos, y si por otra parte algo hu- 
biera hecho con la circular de 1813 y sus escri- 
tos posteriores en el sentido de dar á las tenden- 
cias instintivas de la campaña algunas determi- 
naciones teóricas, era indudable que neutralizaba 
en gran parte esas influencias con el ejemplo de su 
régimen unitario y de sus ambiciones absorbentes. 
Por fortuna para la federación del Plata, no tardó 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 213 



mucho Artigas en desprestigiarse por su nulidad 
militar y por el exceso de despotismo centralista 
con que abatió al principio y sublevó luego las dis- 
posiciones federalistas de las provincias litorales. 
Merece notarse que Artigas tuvo contra sí tres de 
las entidades más conspicuas de la federación ar- 
gentina en aquellos tiempos, que se hicieron no- 
tables de diversa manera : Ramírez, Güemes y 
Dorrego. ' 

CT.X XXV— Artigas y la independencia de la Banda-oriental 

El que haya seguido atentamente el curso de 
los sucesos desde que Artigas apareció en el esce- 
nario político hasta que se vió obligado á refujiarse 
en el Paraguay, se habrá apercibido de que no es- 
tuvo en la mente de ese caudillo el pensamiento 
de separar completamente la Banda-oriental de la 
comunidad argentina, sino que, al contrario, su- 
pone toda su conducta la intención de mantener la 
unidad. En efecto, cuando invadió la Banda-orien- 
tal como revolucionario en 1811, vino desde Bue- 
nos-aires en el concepto de militar argentino, obe- 



con recursos y fuerzas que esa autoridad le sumi- 
nistró. Continuó sirviendo bajo las órdenes de ge- 
nerales argentinos hasta 1813. 

En este año ocurrió un suceso que empezó á 
mostrar las miras del caudillo: se consideraba je- 
fe natural de los orientales y, como tal, con auto- 
ridad bastante para dirijir la política interna y pa- 
ra fijar el puesto que debiera ocupar la Banda en 
la organización nacional; convocó un congreso de 
varios comprovincianos suyos, hizo designar algu- 
nos para que representaran la Provincia del Uru- 
guay en la Asamblea nacional y los mandó con 
instrucciones para que votaran á favor de la fede- 
ración; es decir, á favor de la unidad del Estado. 



deciendo la autoridad común 




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214 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1820 



Se rebeló poco después contra el Jefe del ejér- 
cito sitiador y contra el Directorio; desertó del si- 
tio é invadió las provincias occidentales, some- 
tiéndolas á su mando, y vino el pronunciamiento 
de 1815, que causó la caída de Alvear y el triunfo 
de la influencia de las provincias, contrariada 
hasta entónces por el círculo oligárquico que go- 
bernaba desde Buenos-aires. Artigas aplaude al 
vencedor, hace suyo el triunfo y halaga al « muy 
benemérito pueblo de Buenos-aires » con públi- 
cos votos « por que nada sea capaz de contra- 
riar la unión de las provincias ». 

Como los jefes del movimiento veían en Arti- 
gas, más que un caudillo de la federación, un 
ambicioso anarquista que fomentaba el desórden 
interno y distraía lo mejor de las fuerzas que de- 
bían ocupar un puesto honroso en los campos 
en que se peleaba por la independencia, se deci- 
dieron á comprar la tranquilidad pública por el 
precio de tres provincias y le propusieron decla- 
rar independiente la Banda-oriental y dejar al 
Entre-ríos y Corrientes en libertad para que se 
pusieran bajo la protección del gobierno que qui- 
siesen. Artigas rechazó esa proposición en Junio 



día anterior, exijiendo que la Provincia del Uru- 
guay continuara siendo una de las Unidas del 
Río de la Plata. 

Las provincias mandan sus diputados al Con- 
greso de Tucuman en 1816; no los mandan las 
dominadas por Artigas, pero éste convoca á su 
vez los diputados argentinos para congregarse en 
Pay-sandú : prueba inequívoca de que tampoco 
en esta fecha pensaba en emancipar la provincia 
oriental de las occidentales, y sí en conservar su 
unidad. 

Viene en seguida la invasión portuguesa: el Di- 



de 1815 y sostuvo 

1 é i • • • • 




presentado el 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 215 

rectorio dá pasos hacia una conciliación que le 
permitiera entrar en la guerra con la esperanza de 
ejercer dignamente su autoridad. Artigas se opo- 
ne á someterse al Directorio, mantiene su acti- 
tud rebelde; pero, aún así, se queja hasta el último 
momento, conmina y amenaza por que el Direc- 
torio no cumple «el deber en que está de repeler la 
agresión extranjera». Artigas no hubiera emplea- 
do este lenguaje en los últimos momentos de su 
existencia política, si hubiese pensado que el pue- 
blo uruguayo se había separarlo de la nacionalidad 
argentina, que el Directorio de ésta nada tenía que 
ver en la situación actual de un nuevo Estado. Si 
le exijía que viniera al teatro de la guerra, es por- 
que creía que el territorio v pueblo orientales eran 
territorio y pueblo argentinos, y que siendo el Di- 
rector el gobernante superior ae todos los argen- 
tinos, debía protejer las personas y territorios que 
entraban en la jurisdicción nacional. 

Artigas fué rebelde al gobierno general, no sólo 
dentro de su provincia en los siete meses siguien- 
tes á la toma de Montevideo por Alvear, en que el 
Directorio hizo por que su autoridad fuera respeta- 
da, sino también fuera de su provincia, después 
que el Directorio se retiró de ella. Pero Artigas, 
resistiendo en su país y llevando la ofensiva fuera 
de él durante más de seis años, hizo cuestión de 
gobernante, no hizo cuestión de nacionalidad; se 
empeñó por mandar en vez de obedecer, pero con- 
servando la integridad territorial. Puesto que fué 
constantemente rebelde, y que sus armas predo- 
minaron en el Uruguay, Entre-ríos y Corrientes, se 
produjo una separación entre la autoridad directo- 
rial y la que asumió Artigas; pero eso fué sólo un 
aislamiento de hecho, que afectaba á las relacio- 
nes administrativas y nó al concepto de la unidad 
del Estado. Esto que sucedió con Artigas, sucedió 



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216 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

con todos Ips caudillos de su época: Ramírez, Ló- 
pez, Güemes y otros gobernaron por más ó mé~ 
nos tiempo en sus provincias, prescindiendo del 
gobierno común, con entera independencia; pero 
esa independencia era de hecho, accidental, relati- 
va á las personas; no llevó en sí el pensamiento 
de desmembrar la nación. Esas situaciones eran 
idénticas en el fondo á las que se producen en 
toda conducta revolucionaria interna: el gobierno 
de la revolución obra con independencia del go- 
bierno atacado, pero no entiende por eso indepen- 
dizar del Pistado el territorio que domina. Así fué 
la situación que surgió de la rebelión de Artigas: 
se sublevó éste contra la autoridad del Directorio, 
pero nó contra la unidad nacional. ¿Fué merito- 
rio ó nó el hecho de no aspirar á la independencia 
de la provincia uruguaya? No debe discutirse aquí, 
porque es cuestión política y nó histórica. Pero, 
juzgúesele como se quiera, ése es el hecho verda- 
dero. La conducta de Artigas correspondió á una 
cuestión personal: hubiérasele proclamado Direc- 
tor de las Provincias-unidas, y se habría logrado 
todo para él. Ese fué su móvil y nó el de emanci- 
par su patria, que la habría emancipado fácilmen- 
te si hubiese querido. 

CI.XXXVI — Propósitos fundamentales de Artigai 

No era, ni podía ser la independencia oriental 
un hecho simpático á Artigas, porque le habría 
obligado á conformarse con el gobierno de su sola 
provincia cuando pretendía dilatar su poder á las 
occidentales sin más limitación que la que le im- 
pusiera la suerte de sus armas. Su ambición de 
mando, que era su aspiración capital, se reveló 
desde los primeros días de la campaña contra los 
españoles: se dió inmediatamente el título de Jefe 
de los orientales y aspiró desde ese momento á la 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 217 

supremacía militar entre sus comprovincianos. 
Asumió en 1813, sin consentimiento del general 
en jefe ni de ninguna otra autoridad, la dirección 
de la política interna en sus relaciones con las 
Provincias-unidas, convocó una reunión de pai- 
sanos suyos y les hizo nombrar diputados, á quie- 
nes dio instrucciones en su propio nombre, arro- 
gándose la soberanía de' la provincia. El mismo 
» año intentó imponerse á los electores eme los pue- 
blos designaran, y el rechazo de esa imposición, 
que fué una de las causas que lo decidieron á aban- 
donar el sitio, le pareció que lo autorizaba para 
disolver el Congreso y anular sus actos, sin tener 
en cuenta para nada la soberanía popular. Hasta 
aquí se vé el hombre que quiere ser caudillo pre- 
potente en su país. 

Separado del sitio, se retira al Norte é invade la 
provincia de Entre-ríos y Corrientes. Había en to- 
da esta extensa zona algunos jefezuelos que se 
habían hecho de algún prestigio en sus respectivos 
lugares, pero ninguno que se hubiera atraído la 
adhesión de toda la provincia. Como Artigas goza- 
ba ya de nombre, fácil le fué imponerse a todos 
aquellos oficiales oscuros y hacerse su jefe supre- 
mo. Lo consiguió pronto. Los españoles de Mon- 
tevideo fueron vencidos entre tanto. Artigas, due- 
ño de toda la campaña oriental y de la entre-riana 
y correntina, exijió que se le entregara la plaza y 
lo consiguió á los siete meses de lucha. 

Desde este momento ejerció el poder absoluto 
en su patria. ¿ Renunció por eso el dominio de las 
provincias occidentales ? Nó: las gobernó con el 
mismo absolutismo que empleó en su provincia y 
dispuso de ellas como de cosa propia. No satisfe- 
cho con eso, pretendió avanzar al Oeste y al Sud; 
emprendió trabajos subversivos en Santa-íé, en 
Córdoba y en la provincia de Buenos-aires, inva- 



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218 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1820 



dió la primera, la dominó, y cuando triunfó la 
sublevación de Fontezuelas, pretendió imponerse 
al Directorio que surgió de la insurrección. No 
consiguió esto; pero intentó hacerse el arbitro de 
todo el Río de la Plata, convocando las provincias 
al Congreso de Pay-sandú é impidiendo que algu- 
nas mandasen sus diputados al de Tucuman. Más 
tarde envolvió al Paraguay en sus pretensiones de 
dominio y se ha visto que trató por último a Puey- 
rredon como si debiera subordinársele sin condi- 
ciones, á pesar de ser el Director de las Provin- 
cias-unidas. 

Esta y nó otra fué la ambición suprema de Arti- 
gas: ejercer el poder en el Río de la Plata, ser su 
gobernante absoluto y despótico, como lo fué en 
las tres provincias orientales del Paraná. Ante 
tamañas aspiraciones, la idea de independizar la 
Banda uruguaya habría sido un contrasentido, 
porque mutilaba el proyecto fundamental, redu- 
ciéndolo á la mínima proporción, anulándolo casi. 
Esta es la razón porque no la acarició nunca, por 
que la rechazó rotundamente cuando se le pro- 
puso. 

CLXXXVII — Artigas y la Independencia del Río de la Plata 

Es indudable que Artigas no deseaba la inde- 
pendencia de su provincia; pero no puede decirse 
que no quisiera la independencia del Río de la Pla- 
ta. Fué enemigo, y enemigo fiero de los españoles 
y portugueses, como lo fueron todos lo» caudillos y 
los pueblos de su tiempo. Con todo, no fué Artigas 
el enemigo más temible que tuvo la dominación 
española y podría tal vez decirse con verdad que 
más servicios le debió á él que á algunos de sus 
fieles generales. Aun cuando tuvo el sentimiento 
de americano, el móvil principal de su conducta 
fué su interés personal, su ambición de dominio, y 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 219 

le faltó la abnegación necesaria para sacrificar es- 
te interés personal al ínteres general de la inde- 
pendencia. Así es que rompió con su conducta re- 
belde, apónas firmada, la tregua que los sucesos 
del Norte aconsejaron al gobierno de Buenos-ai- 
res en 1811, obligándolo á infringir sus compro- 
misos y á continuar al Este del Uruguay una gue- 
rra contra los españoles y portugueses en que el 
éxito habría sido favorable á los aliados si no hu- 
bieran sobrevenido las influencias eventuales de 
la Inglaterra. Su deserción del sitio de Montevideo 
en 1814, después de su conducta frecuentemente 
insubordinada, puso en inminente peligro la em- 
presa y comprometió del modo más sério la posi- 
ción del Río de la Plata, sin otro motivo que el de 
no haber conseguido que triunfara su voluntad en 
cuestiones de política interna. 

Como si los conflictos que suscitó en la Banda- 
oriental no bastaran para debilitar la acción del 
gobierno argentino, obligada á dividirse en dos 
tea' ros lejanos, cuando más necesaria era á la 
causa común la unidad del esfuerzo, Artigas in- 
vadió las provincias occidentales, las insurreccio- 
nó y las puso en guerra con Buenos-aires, avivan- 
do el espíritu anárquico de las otras provincias, 
privando al gobierno central de recursos impor- 
tantes y poniéndolo en el caso de tener que des- 
tinar una parte de su reducido ejército á combatir 
sin éxito la extensa rebelión, y á sufrir derrotas 
tan crueles como gloriosas en los campos del 
Alto-Perú. 

A tal extremo llegó la ofuscación de Artigas, 
que favoreció las fuerzas españolas del Uruguay y 
de Montevideo, dando medios seguros á sus co- 
municaciones y suministrándoles recursos y en- 
trando en negociaciones, cuando se apuraban los 
esfuerzos por tomar cuanto ántes la plaza, á fin 



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220 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1820 



de contener con el concurso de las fuerzas desti- 
nadas á esta operación el avance victorioso del 



colocan á Artigas en una situación en extremo di- 
fícil, puesto que con todos ellos contrarió los inte- 
reses supremos de todo el Río de la Plata y aún 
de la América meridional, y asumió con algunos 
el papel de verdadero traidor á la causa de la inde- 
pendencia. 

CliXXXVIII— Artigas y la dominación portuguesa 

Artigas dio pretexto á los portugueses para que 
invadieran en 1816, porque éstos alegaron, lo que 
era verdad, que las caballerías artiguistas consti- 
tuían un peligro permanente para las poblaciones 
de la frontera brasileña, y que el Gobierno de las 
Provincias-unidas carecía de poder para impedir 
los excesos de aquellas bandas. La corte invocó 
la necesidad de intervenir para asegurar la tran- 
quilidad de sus subditos. 

Subió al Directorio Pueyrredon animado por el 
deseo de rechazar á los invasores, y no exijió para 
llevar á cabo sus miras otra condición que el reco- 
nocimiento de su autoridad por Artigas. ¿Cuál de- 
bió ser la conducta de éste en tan apuradas cir- 
cunstancias? Debió resignarse á renunciar tem- 
porariamente á la supremacía del mando, ya que 



no fuera conquistada por el extranjero. Ésta es la 
regla de conducta que observaron otros caudillos: 
no era Güemes, por ejemplo, mucho más civiliza- 
do que él, ni ménos déspota y señor de su provin- 
cia de Salta, ni más opuesto á halagar los instin- 
tos bárbaros del gaucho, ni ménos capaz de con- 
seguir triunfos en los campos de batalla; pero no 
rechazó el concurso de las fuerzas nacionales, ni 
se sintió mortificado al ponerse bajo las órdenes 



ejército 




Norte. Todos estos hechos 



con esa renuncia podí 




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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 221 

de los generales del Directorio cuando vio que las 
tropas del Virey del Perú amenazaban la integri- 
dad de las Provincias-unidas. Graves acusacio- 
nes le hará la historia por la conducta que obser- 
vó en las cuestiones internas del país; pero reco- 
nocerá á la vez con aplauso que la independencia 
del Río de la Plata debe mucho á sus memorables 
campañas. Artigas emprendió otro camino: sub- 
• ordinó todo á su inmenso egoísmo, prefirió pe- 
lear solo á pelear bajo las órdenes del gobierno ge- 
neral, y consiguió que su vanidad triunfara; pero 
perdió á su patria y se perdió á sí mismo. 

CMXXIX — Artigas y el caudillaje 

El caudillaje, tal como lo entendemos general- 
mente, es hijo lejítimo de la barbarie. Nace de ella, 
ó no nace. Por lo mismo, el caudillo tiene que lle- 
var los caractéres específicos de la madre que lo 
enjendra: Bel^rano no habría sido caudillo ja- 
más, por mucho que lo hubiese querido; López, 
Ramírez, Artigas, lo fueron fácilmente; puede 
decirse eme lo fueron ántes de haber tenido la 
conciencia de que lo eran. En 1810 no tenía la 
Banda-oriental, fuera de Montevideo , más que 
cuarenta ó cincuenta mil habitantes, diseminados 
en todo el territorio que se extiende del Plata al 
Ibicuy. No se necesitaban muchas fuerzas para 
dominar y gobernar esas poblaciones y para civi- 
lizarlas sin dar lugar á que surjieran caudillos: no 
. los hubo miéntras los españoles dominaron libre- 
mente el país; pero desde que el poder colonial se 
limitó á Montevideo sin que otro tan eficaz le sus- 
tituyera, salió Artigas. 

Producido el hecho, no era posible evitar las 
consecuencias naturales: se formaron al lado del 
caudillo capitanes á su semejanza, quienes fueron 
á su vez caudillos y contribuyeron á formar otros 



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222 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

en mayor número. Así nació y se desarrolló el 
caudillaje de la Banda-oriental. Todas las provin- 
cias del Río de la Plata tuvieron sus caudillos; 
pero sus caraetéres se diferenciaban según el pue- 
blo de que surjían y según el jefe superior á que 
obedecían. Artigas hubiera sometido, á haberlo 
deseado, sus oficiales y pueblos á cierta disciplina 
y á cierto órden bastantes para moderar el des- 
borde de las pasiones; pero no lo hizo, ni lo quiso, 
porque no sintió la necesidad de regularizar la 
conducta de las muchedumbres y porque intentar 
semejante obra habría equivalido, al principio, á 
limitar el campo de su acción, y, después, a que- 
brantar las relaciones que mantenía con los cau- 
dil lejos que obraban como sus inferiores en las 
provincias litorales del Uruguay. De ahí que mu- 
chos de los caudillos a que dió origen fueran in- 
morales, sanguinarios ó ladrones, déspotas, anar- 
quistas 6 ignorantes, como Otorgues, Blasito, An- 
dresito, Berdun y otros muchos que figuraron en 
órden más ó ménos secundario. 

Así, pues, ha sido Artigas el que inició y fo- 
mentó ese caudillaje anárquico y desenfrenado 
que tanta parte ha tenido en las desgracias de la 
Banda-oriental, y que ha venido modificándose á 
medida que la civilización se ha difundido de las 
ciudades al campo, ó que los elementos insanos 
han venido incorporándose á los centros civiliza- 
dos. 

CXC — Artigas ante su posteridad 

Eso ha sido Artigas. Tal resulta, estudiado con 
imparcialidad, sin designios preconcebidos, en el 
conjunto de los hechos que le pertenecen. La his- 
toria le consagrará pocas palabras que fueran ca- 
paces de halagarle si viviera; en cambio, .conde- 
nará severamente el papel que hizo en los sucesos 



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1820 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 223 

que se desenlazaron en el aciago año de mil ocho- 
cientos veinte, y lo condenará, nó en nombre de 
los particulares intereses orientales ó argentinos, 
sino en nombre de la moral y del derecho, cuyos 
principios son universales. Artigas no fué un per- 
sonaje exclusivamente oriental, ni exclusivamen- 
te argentino: pertenece igualmente á los países 
que se extienden á ambos lados del Uruguay. No 

9 hizo torio el mal al uno por beneficiar al otro; no 
favoreció las pasiones de éste contra las pasiones 
de aquél ó vice-versa: tuvo en los dos, amigos que 
le siguieron y enemigos que le odiaron, y en los 
dos hubo grandes pretensiones satisfechas y gran- 
B des pretensiones heridas por los designios y la 
conducta del indomable caudillo. 

Si los errores, pasiones y preocupaciones del 
año quince se hubieran perpetuado hasta hoy, no 
serían pocos los orientales y argentinos que le 
condenaran en nombre de todos los intereses le- 
jítimos de las dos repúblicas; y si salieran algu- 
nos á defenderle, ésos serían probablemente ar- 
gentinos y nó orientales, porque el criterio tradi- 
cional haría ver á aquéllos y nó á éstos en Artigas 
el amigo de las tendencias instintivas que, trans- 
formándose paulatinamente en ideas, han venido 
á resolver.se por fin en el gran movimiento político 
que ha triunfado definitivamente, ganando las opi- 
niones y el corazón de Jos pueblos. Pero las ajita- 
ciones de aquella época pasaron, y las ha sustituí- 
do la razón serena que vé las cosas y los hombres 
corno fueron y que los encomia ó censura según la 

* justicia requiere. Ahora que el pensamiento se 
siente libre de menguados influjos, no es fácil dis- 
tinguir quiénes deberán ser más severos en el fa- 
llo: si los que vieron levantarse ó los que vieron 
caer la figura del titulado Protector de I09 pueblos 
libres. 



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224 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 



CAPÍTULO III 

LA ANEXION AL REINO — UNIDO 
CXCI — Conducta política de tecor 

Expulsado Artigas y sometidos Rivera y demás 
oficiales que cruzaban el territorio con partidas 
de gente armada, quedaron concluidos los traba- 
jos de pacificación y pudo Lecor entregarse com- 
pletamente á los de organización y consolidación 
de su poder. En cuanto á esto último, sus ins- 
trucciones le trazaban el camino que había de se- 9 
guir: se le ordenaba que no contrariase las cos- 
tumbres del pueblo y que admitiese en el ejercito, 
con sus grados respectivos, á los jefes y oficiales 
que reconocieran su autoridad. Se comprende 
que tales instrucciones iban dirijidas á hacer fácil- 
mente aceptable la dominación portuguesa, y no 
puede desconocerse su eficacia inmediata; pero 
¿no envolvía un grave peligro para esa domina- 
ción el hecho de conservar en sus puestos y gra- 
dos los hombres más influyentes que el país te- 
nía? 

No tardó Lecor en apercibirse de esto, y consi- 
guió que se modificase el personal de los cabildos, 
introduciendo en ellos personas más adictas á la 
causa portuguesa; pero conservó en sus puestos a 
los militares, que debieron parecerle más temi- 
bles, en vez de contentarlos de otra manera. Es 
así que figuraban en el ejército: Rivera, con el gra- 
do de coronel; Juan Antonio Lavalleja, puesto en 
libertad en cuanto se hizo la paz, con el grado de 
teniente coronel; Bernabé Saenz, con el de mayor; 
Pedro Delgado, con el de ayudante; Juan José 
Martinez, con el de capitán cuartel-maestre; An- 



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I 



1S21 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 225 

tonio Toribio, con el de teniente; Julián Laguna, 
Ramón Mansilla, Bonifacio Isas (á) Calderón, 
Blas Jáuregui, Manuel Lavalleja, Bernabé Rivera, 
con el de capitán; Servando Gómez, Basilio Arau- 
jo é Hipólito Domínguez, con el de teniente, etc., 
etc. Pronto se verá lo que importó para los des- 
tinos de la Provincia la incorporación de estos 
elementos al ejército activo de la Potencia inter- 
ventora. 

■ 

CXCII— Política de Don Juan VI con relación á la 

Provincia-oriental 

Pensó entónces D. Juan VI regularizar y dar 
bases seguras á las relaciones pacíficas con los 
países limítrofes, así como cumplir la promesa 
que había hecho á los orientales de no mantener 
fuerzas en su territorio sino durante el tiempo in- 
dispensable para asegurar el orden interior. 

Respondiendo al primer propósito, envió el mi- 
nistro Pinheiro Ferreira á D. Juan Manuel de 
Figueredo en el carácter de agente diplomático 
cerca del Gobierno de Buenos-aires, con ins- 
trucciones para que reconociese la independencia 
de las provincias y negociase tratados de comer- 
cio y demás que son de uso entre naciones ami- 
gas, y recomendándole que tratara de convencer 
á estos pueblos, por su conducta pública y priva- 
da, de que ninguna parte quería tomar la Corte 
en las disensiones internas del Río de la Plata. 

Respondiendo al segundo propósito, $e dirijió en 
la misma fecha (16 de Abril de 1821) al Barón de 
la laguna, diciéndole que « siendo una verdad de 
« primera intuición que las cosas no pueden ni 
« deben quedar ahí en el estado en que actualmen- 
te te se hallan, tres son únicamente las hipótesis 
« que es lícito asentar sobre el estado futuro de ese 
« país, que hoy se halla ocupado por las armas 

15 



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226 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1821 



« portuguesas; pues ó se une de una vez cordial y 
« francamente al reino del Brasil, ó prefiere incor- 
« porarse á alguna de las otras provincias vecinas, 
«ó en fin se constituye en Estado independiente. 
« Que S. M., absolutamente dispuesto á hacer to- 
« do cuanto pueda asegurar la felicidad de esos 
« pueblos, ha resuelto tomar por base de su con- 
<c ducta para con ellos en esta ocasión, dejarles la 
« elección de su futura suerte, proporcionándoles 
« los medios de deliberar con plena libertad bajo 
« la protección de las armas portuguesas, pero 
« sin la menor sombra de coacción ni sugestión, la 
« forma de gobierno y las personas que por medio 
a de sus representantes, regularmente congrega- 
ce dos, entendieren que son Tas más apropiadas á 
«sus particulares circunstancias. Que en esta 
« conformidad quiere S. M. que V. E., tomando en 
«cuanto fuera posible por base las instrucciones 
« que tanto en Portugal como en este reino del 
« Brasil se adoptaron para el nombramiento y 
« elección de los diputados aue debían componer 
« las Cortes de este Reino-Unido, haga convocar 
« ahí unas Cortes extraordinarias en número pro- 
al porcional á la población de esa provincia, de 
« manera que ni sean en número tan apocado que 
« la temeridad de los partidos las puedan aterrar 
« ó seducir fácilmente, ni por otra parte sean tan 
« numerosas que resulte una funesta oclocracia, 
« para la cual tier iadamente esos 



Se colocaba luego en la hipótesis de que el Con- 
greso decidiera hacer de la Provincia un Estado 
independiente, que juzgaba lo más probable, y 
disponía que en tal caso hiciera recoger todas las 
fuerzas portuguesas y brasileñas y desocupase 
el territorio inmediatamente, ajustando con las 
nuevas autoridades los medios más acertados de 



« pueblos una decidid 




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» 



1821 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 221 

guarnecer los puntos militares de la frontera. Pa- 
saba después á la hipótesis « poco probable, pero 
posible » de que el Congreso decidiera la unión 
del reino del Brasil, y disponía que por ese. solo 
hecho sería el Barón gobernador y capitán gene- 
ral de la nueva provincia. Es de notarse que nada 
se prevenía para el caso de la incorporación á las 
Provincias-unidas. 

En las instrucciones dadas á Figueredo se ex- 
presaba que, como la parte de la Banda-oriental 
militarmente ocupada « ha perdido de hecho su 
« independencia, se ha servido S. M. que esta le 
« sea muy solemnemente restituida a la faz del 
« universo, para que en plena libertad, sin la me- 
ce ñor sombra de coacción ni sugestión, elija aque- 
« lia forma de gobierno y aquella constitución que 
« á sus representantes regularmente nombrados 
« parezcan las más apropiadas á sus particulares 
« circunstancias ». 

Y en las credenciales presentadas al Gobierno 
argentino se agregaba : « Llevando al grado de 
« su mayor extensión estos sentimientos de sa- 
« grado respeto, de que cumple se hallen anima- 
« dos los gobiernos y los pueblos, unos para con 
«los otros, ha mandado S. M. F. expedir sus 
« reales órdenes é instrucciones al Barón de la 
«laguna, general en jefe del ejército de ocupación 
« de la Banda-oriental, á fin de que haciendo con- 
« gregar en la ciudad de Montevideo Cortes gene- 
« rales de todo el territorrio, y nombradas de la 
« manera más libre y popular, éstas hayan de es- 
« coger, sin la menor sombra de coacción ni su- 
« gestión, la forma de gobierno y constitución que 
«de ahora en adelante estén persuadidos ser la 
«más apropiada á sus circunstancias. — Una vez 
« elejida por aquellas Cortes su independencia 
« del reino del Brasil, ya sea para unirse á algún 



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228 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1821 



a otro Estado, cualquiera que él pueda ser, es- 
« tán dadas las órdenes á las autoridades portu- 
« guesas, tanto civiles como militares, que hagan 
« inmediatamente entrega de sus comandos y ju- 
<¡c risdicciones á los correspondientes nombrados 
«por las referidas Cortes del nuevo Estado, y se 
« retiren para dentro de la frontera de este reino 
a del Brasil, con la formal y más solemne prome- 
<csade la parte de S. M. F. que jamas sus ejér- 
«citos pasarán esta divisa en cuanto aquellos 
« pueblos mantuvieren la actitud de paz y buena 
«vecindad, á cuya sombra únicamente 'pueden 
«prosperar la agricultura v la industria, cuya 
« prosperidad es el principal objeto de sus pater- 
« nales cuidados. » 

Aunque hay en todo lo transcripto- una notable 
apariencia de honradez y de injenuidad, no es de 
suponerse que el monarca juzgara más probable 
la independencia de la Provincia que su anexión 
al Reino-unido; porque ^cómo habría olvidado 
la representación que le dirijió en 1817 el Cabil- 
do gobernador de Montevideo, ni cómo puede 
pensarse que ignoraba el fin á que se dirijían los 
trabajos políticos de Lecor y de algunos de los 
prohombres uruguayos? Es presumible que don 
Juan VI obrara como obraba, porque estaba segu- 
ro de que sus deseos se cumplirían sin necesidad 
de recurrir á medios menos inconvenientes, y 
porque esperaba que el proceder así favorecería 
su política para con las Provincias-unidas; pero, 
como quiera que fuera, debe reconocerse que 
asumió una actitud que comprometía séfiamente 
su posición actual respecto del Río de la Plata y 
no ménos la que hubiera podido surgir de los he- 
chos siempre eventuales a que iban á dar lugar 
sus instrucciones. 



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1821 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 229 



CXCIII — Se convoca al pueblo para que resuelva acerca de su 

iudepeudeucía 

No tardó en dirijirse el Barón de la laguna al 
intendente de la Provincia, que lo era D. Juan Jo- 
sé Durán, manifestándole que su magestad el rey, 
consecuente con la liberalidad de sus principios 
políticos y la justicia de sus sentimientos, desea 
y es de su real voluntad que la provincia deter- 
minara sobre su futuro estado y felicidad; y que 
por consecuencia mandaba que se convocase un 
congreso extraordinario de sus diputados, los 
cuales deberían reunirse el 15 de Julio y ser ele- 
gidos evitando cuidadosamente la influencia de 
los partidos. (Oficio de 15 de Junio de 1821). 
Durán pudo contestar á esto que el Rey debía 
presumir la intención de no pertenecer al Reino- 
unido mióntras la Provincia no manifestara otra 
cosa por su propia y espontánea iniciativa, agre- 
gando que no se congregaría por la voluntad de 
un poder extraño; pero, como era cosa ya acor- 
dada, el Intendente convocó los diputados, dictó 
precipitadamente reglas electorales, y determinó 
el número de representantes con que había de 
concurrir cada departamento. Simultáneamente 
se dirijieron á diversos puntos algunas de las 
personas más adeptas á la política portuguesa 
con la intención de dirijir de cerca las elecciones 
y de influir en los ánimos indiferentes ó indecisos, 
y la elección se llevó á cabo por los cabildos 
unidos á los alcaldes territoriales. 

No satisfizo á todos esto, porque se prescindió 
de la masa del pueblo, llamando á elegir para 
asunto tan grave á corporaciones oficiales más ó 
ménos estrechamente vinculadas á la situación 
oue se creó en Enero de 1817, ni del agrado de to- 
aos fueron los electos, pues se dijo en tono de 



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230 BOSQUEJO HISTÓRICO 1821 



censura que lo habían sido los más obligados al 
Portugal, señalándose á Duran, que era intenden- 
te y brigadier; á Bianchi, que era administrador de 
aduana, síndico procurador, comandante del res- 
guardo, caballero de la órden de Cristo, diputado 
y agente secreto del gobierno; á García y Llambí, 
que eran miembros de la Cámara de apelaciones y 
gozaban sueldo; á Rivera, que era coronel del 
ejército portugués; á Larrañaga, decorado con la 
cruz de Cristo; á Maldonado, que era ministro de 
hacienda; y así á otros; pero se reconocía á la vez 
la honorabilidad de los más y el hecho de que res- 
pondían á la opinión de una buena parte del país. 

CXCIV — Congreso de 1821. Decreta la anexión al Reino- 
unido 

Las sesiones del Congreso empezaron el Domin- 
go 15 de Julio, en cuyo día no hizo otra cosa que 
instalarse y nombrar presidente y secretario. Le- 
cor mandó acuartelar todas las tropas y el regi- 
miento número 2, que bajó para el efecto de á bor- 
do, á pesar de estar pronto para dirijirse al Brasil, 
y así las tuvo miéntras no concluyeron las deli- 
beraciones del Congreso. Este celebró otra se- 
sión solemne el 18, asistiendo los diputados de 
Montevideo, de sus extramuros, de Canelones, de 
Maldonado, de la Colonia, de Mercedes, de So- 
riano, de San-José y de Cerro-largo, en número 
de dieciseis, entre quienes se hallaban las perso- 
nas más caracterizadas, tales como Juan José 
Durán, Dámaso Antonio Larrañaga, Tomás Gar- 
cía Zúñiga, Gerónimo Pió Bianchi, Alejandro 
Chucarro, Francisco Llambí, Fructuoso Rivera. 
Cuando se llegó á tratar el asunto del día, el 
Presidente (Sr. Durán) propuso: «Si, según el 
« presente estado de las circunstancias del país, 
« convendría la incorporación de esta provincia á 



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1821 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 231 

« la monarquía portuguesa, y sobre que* bases 
« ó condiciones; ó si, por el contrario, le sería 
« más ventajoso constituirse independiente 6 
« unirse á cualquiera otro gobierno, evacuando el 
« territorio las tropas de 5. M. F.» 

Usaron la palabra los Sres. Bianchi, Llambí, 
Larrañaga, y sostuvieron: que la Provincia orien- 
tal carecía de condiciones para ser independiente; 
ue ni Buenos-aires, ni Entre-ríos, ni España po- 
dan sostenerla en paz y seguridad; que sería 
peligroso unirse á Buenos-aires, porque, celosas 
de su poder las demás provincias, verían en la 
oriental una aliada de aquélla, y la envolverían en 
la guerra en que se hallaban; que por otra parte 
Buenos-aires y las demás provincias habían aban- 
donado á los orientales; y que, por consecuencia, 
no quedaba otro camino que el cíe la incorporación 
á la nación portuguesa. Como nadie se opuso, 
quedó resuelta la anexión. 

CXCV — Condiciones de la anexión 

Al día siguiente resolvió el Congreso que cada 
diputado consultara á sus comitentes acerca de 
las condiciones de la incorporación; que diera sus 
apuntes duna Comisión especial, para la cual fue- 
ron nombrados los Sres. Llambí, Larrañaga y 
García Zúñiga, y que ésta, con aquellos antece- 
dentes á la vista, redactase las cláusulas y las pro- 
pusiese en una sesión próxima. 

Así se hizo, con una prontitud inusitada. Vota- 
das las condiciones, se reunieron el Congreso, 
representando á la provincia Cisplatina, y el Ba- 
rón de la laguna, representando al Rey, el 31 de 
Julio del mismo año y acordaron: que la Provincia 
oriental del Uruguay se incorporaba al Reino-uni- 
do de Portugal, Brasil y Algarbes con la condición 
de que el territorio debería considerarse un Estado 



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232 BOSQUEJO HISTÓRICO 



1821 



distinto de los otros, bajo el nombre de Cisplatino; 
que sus límites serían el Océano, el Río de la Plata, 
el Uruguay, el Cuareim, la Cuchilla de Santa-Ana, 
el arroyo de Tacuarembó-grande, Yaguaron, la 
laguna Miní, el arroyo San-Miguel y el Chuy; que 
gozara el mismo rango que los demás de la monar- 
quía y tuviera su representación en el Congreso 
nacional, conformándose con los principios que 
estableciera la constitución del Estado; que se con- 
servaran por entonces las leyes que no se opusie- 
sen á los preceptos constitucionales; que los car- 
gos concejiles y empleos fueran conferidos á los 
naturales, ó habitantes casados ó avecindados en 
la Provincia, salvo el de capitán general, en cuyo 
cargo continuaría el Barón de la laguna; que se 
aceptaban las bases de constitución acordadas en 
aquel año por el Congreso general de la nación, 
etc., etc. 

El l 9 de Agosto solicitó el Congreso, á petición 
del Sr. Bianchi, apoyada por el Sr. Larrañaga, 
que se agregase al tratado de incorporación una 
cláusula por la cual llevarían las armas de Mon- 
tevideo la esfera armilar de las armas portugue- 
sas, y se usaría la escarapela militar de este reino 
con la adición del c lor celeste, á lo que accedió 
inmediatamente el Barón. 

CXCVI — Se jura el pacto de incorporación 

El cinco del mismo mes juraron el Congreso, el 
general Lecor y todas las demás autoridades y 
empleados, que observarían fiel y lealmente las 
bases de la constitución nacional y el pacto de in- 
corporación. Terminado el juramento, salieron del 
cabildo Lecor, los diputados, los capitulares, la 
cámara, el consulado y la comunidad ele San Fran- 
cisco, quienes se dirijieron á la Matriz con la ofi- 
cialidad y algunos particulares que los esperaban 



Di 



1821 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 233 

en la plaza. A una señal hecha con la bandera co- 
lorada que se había puesto en una de las torres de 
la iglesia, se empavesaron los buques y rompió 
una salva de artillería de mar y tierra. Díjose un 
Te-Deum y hubo en seguida otra salva. Lecor imi- 
tó con un banquete á las personas más distingui- 
das, después del cual se dirijieron los convidados 
á oír una representación en La comedia, al tiempo 
que sonaban salvas y cohetes. Al levantarse el te- 
Ion se vió expuesto un gran retrato do Don Juan 
VI, ante el cual se pusieron todos de pié, dieron 
vivas « al rey de Portugal y la Cisplatina oriental», 
y agitaron sus pañuelos, en tanto que la música 
tocaba una marcha y las damas arrojaban desde 
los palcos moñas azules, que prendieron al brazo 
derecho los jefes, oficiales y demás concurrentes 
(1). Cantado un elogio al rey por la Petronila, si- 
guió la representación. Tres días duraron las fies- 
tas, con funciones de teatro, salvas, iluminación y 
cohetes. 

CXCVII — Independencia del Brasil 

Mientras tanto, ocurrían hechos en el Brasil, 
que dieron lugar á trascendentales actos del Esta- 
do-cisplatino. Aquel país había sido una colonia , 
portuguesa hasta 1815. El revio elevó en Diciem- 
bre de este año á la dignidad y preeminencia de 
reino, en consideración á la importancia que ha- 
bía adquirido y á la utilidad que se reportaría de 
la identidad de todos los dominios déla Corona, 
, de lo que resultó el Reino-unido de Portugal, 
Brasil y Algarbes. Un año después se promulgó 
una ordenanza por la cual los primogénitos de 
la Corona, que se habían llamado príncipes del 
Brasil, tomarían el título de príncipes del Reino- 

(1) Algunos de loa oficiales portugueses habían entrado llevando ya mo- 
ñas azules en el brazo derecho. 



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234 BOSQUEJO HISTÓRICO 1821 

unido y duques de Braganza. A los cuatro años 
de este suceso (Febrero 26 de 1821) se juró en 
el Brasil la constitución que acababan de darse 
los portugueses, y el rey Juan VI, que residía en 
Rio-Janeiro, obligado por acontecimientos políti- 
cos de Europa, fué requerido por las Córtes para 
que volviera á Lisboa. Partió dejando á su hijo 
como Príncipe-regente del Brasil, auxiliado por 
un consejo de tres ministros, y encomendándole 
reservadamente, según se cree, que si era me- 
nester independizar el Brasil y hacerse su rey pa- 
ra conservar su dominio, procediera así. 

Las cosas se prepararon de modo que dieran 
este resultado. Las Córtes dispusieron que el Prín- 
cipe-regente se trasladara á Europa para comple- 
tar su educación, y que se dividiera el Brasil en 
cuatro provincias independientes entre sí, pero so- 
metidas á la metrópoli (29 de Septiembre), cuyo 
acto hirió el sentimiento brasileño ya conmovido 
por agitaciones populares y militares que enemis- 
taron á los naturales con los portugueses. Apa- 
rentó el Príncipe que obedecía el mandamiento 
de las Córtes, al mismo tiempo que hacía publi- 
car los decretos y alentaba la difusión de nume- 
rosos folletos contrarios á la determinación del 
gobierno nacional.' El pueblo se pronuncia con- 
tra la partida del Príncipe, suspende éste sus 
preparativos de viage, y recibe poco después (13 
de Mayo de 1822) de la municipalidad el título 
de <c Príncipe-regente constitucional y defensor 
perpetuo del Brasil », cuya decisión fué acogi- 
da con aclamaciones por el pueblo. Convocóse 
en Junio un congreso con el fin de que deci- 
diera cuál había de ser el régimen futuro del 
Brasil, y esa asamblea proclamó la independen- 
cia el 21 de Septiembre y saludó al Príncipe con 
el título de Emperador constitucional del Brasil, 



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1821 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 235 

para cuya coronación se señaló el día 12 de Oc- 
tubre. 

CXCVIII — Disturbios que la independencia del Brasil ocasiona 

en Montevideo 

No se mantuvo el Estado-cisplatino indiferente 
á estos sucesos. Ya en Mayo de 1821, al saberse 
la partida del rey Juan VI á Lisboa, se había le- 
vantado la guarnición portuguesa de Montevideo, 
mandada por el coronel Claudio Pimentel, exi- 
jiendo que se la considerase parte del ejército 
portugués y nó del brasileño, y que todas las au- 
toridades jurasen la Constitución dictada por las 
Cortes de Lisboa. Lecor accedió prometiéndoles 
que serían mandados á su patria; pero, decidido á 
servir á 1^ causa del Brasil, nombró una junta 
rovisional de gobierno con el ánimo ostensible 
e calmar la excitación producida y con el propó- 
sito real de que triunfara su política, cuya junta se 
compuso del jefe de los amotinados, el mayor 
Nepomuceno y los capitanes Jeremías y Plana. 
Lecor se reservó la presidencia, y quedó así arre- 
glado por el momento este incidente. Pero la 
tranquilidad no duró mucho tiempo. De los 5440 
hombres de tropa que tenía Lecor en la Provincia 
(1), había 2190 en Montevideo y de éstos eran 
1770 portugueses y sólo 420 brasileños. Se les 
debían muchos meses de sueldo, no se veía próxi- 
mo el día del embarque y, aunque los americanos 
debieron mostrarse resignados por el interés na- 
cional comprometido en su permanencia, ellos y 

los europeos fueron tan impacientes y tan descon- 

# 

fl) Estaban distribuidos así : En Montevideo: portngue*e*, 1300 infantes, 
340 caballo», 130 artilleros; americano*, 255 infantes, 120 artilleros. — En la 
Colonia, 500 portuguete*. En Canelones y San-José, 600 caballos america- 
no: En Maldonapo, 350 ¡wrtitgnete*. En Cerro-Largo, 300 americano*. En 
Soriano, Mbrcedk Rincón de Haedo, basta el Salto, 300 portuguete* y 1200 
americano*. 



236 BOSQUEJO HISTÓRICO 1822 

tentos estaban, que perdieron los respetos im- 
puestos por la disciplina, hasta el punto de suble- 
varse cinco veces en dieciocho dias ( 30 de Di- 
ciembre, y 5, 17 ( de tarde y de noche ) y 18 de 
Enero de 1822). Se les pacifico distribuyéndoles 
á cuenta un empréstito de más de doscientos mil 
pesos que se impuso a varias personas de las 
ciudad. 

CXCIX — Disposiciones de Don Pedro I y de las Córtes de 
Lisboa respecto del Estado-clsplatino 

Los representantes de los Estados americanos 
habían recibido orden de trasladarse á Lisboa. 
Don Pedro trató de convencerlos de que tal paso 
no convenía á los intereses brasileños, poraue su 

Í)resencia en las Córtes, impotente para modificar 
as resoluciones extremas de la mayoría portu- 
guesa, serviría para autorizarlas. Los que aspi- 
raban á la independencia, ya prevista por todos, 
se quedaron en Río-Janeiro; los que se conserva- 
ban fieles á Portugal, se fueron á Lisboa. Los di- 
putados del Estado-cisplatino, que lo eran Apari- 
cio y Lúeas José Obes, y que habían salido de 
Montevideo el 13 de Febrero, se hallaban en una 
situación difícil, porque su actitud comprometía la 
que había de asumir el pueblo oriental cuando lle- 
gara la ocasión de resolver si coatinuarfa unido á 
Portugal y Algarbes, ó si se incorporaría al futuro 
imperio. Obes y Aparicio no se opusieron, sin em- 
bargo, á la insinuación: accedieron á ella, persua- 
didos de que no le quedaba á su patria mejor par- , 
tido que el de seguir la suerte del Brasil, y per- 
manecieron en Río- Janeiro esperando la reunión 
de la asamblea en que figurarían como diputados 
cisplatinos. 

Es de notarse que coincidió con esto la discu- 
sión en las Córtes de Lisboa de la ocupación de la 



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1822 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 237 

Banda-oriental. Los portugueses que la promo- 
vieron alegaron que debía restituirse el territorio 
á España, porque había sido conquistado sin som- 
bra de derecho ni justicia, y era inconveniente 
agregarlo al Brasil. Los representantes de este 
Estado contestaron que los montevideanos se ha- 
bían unido espontánea y solemnemente por no 

{>oder constituir una nación por sí solos; que para 
os brasileños era esta posesión un punto estraté- 
gico precioso, y tenía la ventaja de dar límites 
naturales al Estado. Se unieron algunos portu- 
gueses á los que así pensaban y quedó la cuestión 
aplazada. (Abril de 1822). 

CAPÍTULO IV 

LA ANEXION AL BRASIL 
CC - Oposición de portugueses y brasileños en Montevideo 

Nó todas las provincias quisieron ejecutar con 
buena voluntad el decreto que convocaba la asam- 
blea legislativa y constituyente. Hubo pronuncia- 
mientos en contra en varios puntos, que costó so- 
focar. El general Juan Carlos Saldanha, presidente 
de la Junta gubernativa de Rio-grande, se había 
opuesto también, aunque no encontró apoyo en 
sus colegas. La Junta de Montevideo, dominada 
en su mayoría por su vice-presidente el brigadier 
portugués D. Alvaro da Costa, se mostró aaversa 
al giro que tomaba la política de D. Pedro y dió una 
proclama (28 de Junio de 1822) al ejército y al 
pueblo, recordándoles sus pactos con S. M. F. y 
exhortándolos á que siguieran siendo fieles á Por- 
tugal. Lecor suscribió este documento á pesar de 
haber manifestado su disconformidad; pero remi- 
tió sin demora una copia al Príncipe danüole cuen- 



1 



238 BOSQUEJO HISTÓRICO 1822 

ta de lo sucedido y protestándole adhesión y obe- 
diencia. Don Pedro expidió un decreto (24 de Ju- 
lio) por el cual quedaba suprimida la junta militar 
y se resumía toda la autoridad de la provincia en 
el general Lecor. Este recibió ademas instruccio- 
nes para que diera de baja á todos los militares 

Í)ortugueses que lo solicitasen y la orden de que 
íiciera elejir la diputación para la asamblea cons- 
tituyente convocada en Junio. 

La Junta no quiso obedecer el decreto, alegan- 
do que su institución dependía, nó de la autoridad 
del Príncipe rebelde, y sí de la autoridad de las 
Córtes y del Gobierno de Portugal. El general da 
Costa, su vice-presidente, temió que Lecor recu- 
rriera á la fuerza para disolver la corporación; y 
como no viera en 61 sino un traidor, se propuso 
deponerlo sublevando los cuerpos Talaveras y 
Voluntarios-reales, para cuyo efecto se puso de 
acuerdo con los oficiales superiores que los man- 
daban. Las fuerzas se pronunciaron contra el go- 
bernador y comandante de armas, y proclamaron 
á da Costa en este doble carácter. Lecor tuvo que 
huir precipitadamente (11 de Septiembre) hacia 
Canelones, en donde tenían su cuaríel general las 
tropas brasileñas. 

CCI — El pueblo de Mine video se decide por la reincorporación 
á Buenos-aires. Negociaciones con el Gobierno argentino 

Ambas parcialidades trataron desde este mo- 
mento de comprometer á los orientales en favor de 
su respectiva causa. El brigadier da Costa ocurrió 
á los cívicos de la ciudad y buscó el apoyo del Ca- 
bildo con insinuaciones más ó ménos francas de 
que tal vez habría llegado al momento de verificar- 
se la desocupación de Montevideo de acuerdo con 
la capitulación condicional de 1817. Creídos el 
pueblo y el Cabildo de que D. Alvaro procedía con 



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1822 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 239 



sinceridad cuando dejaba entrever la posibilidad 
de que los orientales quedaran dueños de la situa- 
ción, y alucinados ante tales perspectivas, no se 
preocuparon de otra cosa que de volver á la Union 
del Río de la Plata. Desde principios de Octubre se 
publicaron composiciones en verso (1) y en prosa 
con el fin de exaltar el sentimiento público. El 22 
apareció una proclama anónima en que se decía: 
, « Orientales : ya tenéis separado el Brasil de la 
<( Europa portuguesa, que es decir que sois libres 
<í para deliberar sobre vuestra suerte futura con 
« arreglo á un artículo cisplatino acordado para 
« cuando así sucediese. — Solo resta que pidamos 
« un Cabildo abierto para en él acordar la forma 
« de gobierno ¡que afiance la seguridad individual, 
« la de la propiedad, y haga poner en vigor los de- 
« reclios usurpados á los dignos orientales , por 
« una facción que dirijió la reunión de un congre- 
« so nulísimo en todas sus partes.» Y, después de 
algunos recuerdos históricos, concluía: « Entrar 
« en convenio con Buenos-aires, debe ser la deci- 
« sion nuestra, porque allí están los hijos de nues- 
« tros padres, y nó en el territorio del Brasil; esto 
« es fácil, y también se avendrán los voluntarios 
« reales, porque la venganza dice que : 

« Calle Esparta la inmortal, 
« Oculte sus glorias Roma, 

§ 

(1) Una de la 8 composiciones en verso quo aparecieron en las esquinas do 
las casas, es ésta : 

¿ Cuál es el gobiorno peor ? 
# Locor. 

¿ Quién dirijo su carrera ? 

Herrera. 
¿ Quién respira tiranía ? 

García. 
Ridicula fantasía ! 
Pretenden esclavirarnoi 
Y a todos así engañarnos 
Lecor, Herrera y García. 



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240 BOSQUEJO HISTÓRICO 1822 

« Calle el mundo, que ya asoma 
« La República Oriental » . 

A los pocos dias apareció un periódico revolu- 
cionario, El Pampero; y el Cabildo, habiendo re- 
suelto solemnemente emancipar la Provincia del 
Imperio del Brasil y del Portugal, y reincorpo- 
rarla á las Provincias-unidas, se apresuró a pe- 
dir auxilios á Entre-ríos y Santa-fé, á proponer > 
al gobierno argentino la reincorporación y á pe- 
dirle que mandara fuerzas para tomar posesión 
de la plaza de Montevideo. 

Influyó poderosamente en esta determinación 
una sociedad secreta que desde antes existía bajo 
la denominación de « Los caballeros orientales », 
en la cual figuraban algunos argentinos. Uno de 
éstos, el coronel D. Tomás Iriarte, que residía 
en Montevideo con licencia del gobierno de Bue- 
nos-aires, fué enviado por aquella sociedad con 
instrucciones para tratar con el ministro Riva- 
davia, que lo era de gobierno y relaciones exterio- 
res. 

Rivadavia tenía vivas simpatías por la causa de 
la reincorporación; pero pesaba también en sus 
deliberaciones la consideración de que apoyarla 
era exponerse á romper con Portugal y el Bra- 
sil cuando no estaba aún vencido el poder de los 
españoles. Por otra parte, era su colega en el mi- 
nisterio de hacienda D. Manuel José García, que 
sentía un temor invencible al caudillaje anárquico 
de la Banda-oriental, y que veía por esta causa en 
la ocupación portuguesa ó brasileña no sólo un 
hecho provocado por la actitud anti-patriótica de 
la campaña, sino también una condición de paz y 
tranquildad para la República-argentina. El go- 
bernador Rodríguez inclinado á las soluciones 
moderadas, se veía inducido á obrar con pruden- 



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y 1823 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 241 

cia en la cuestión oriental por los influjos encon- 
trados de sus dos ministros. Así, pues, al paso 
que Rivadavia mostró al coronel Iriarte sus sen- 
timientos personales, le significó que el Gobierno 
argentino no podía asumir la responsabilidad de 
un paso como el que se le pedía miéntras los 
orientales no instituyeran una autoridad con po- 
deres bastantes para proponer y acordar la rein- 
corporación, pues el Cabildo actual no los tenía; 
y, propendiendo á facilitar el resultado, agregó que 
si el brigadier da Costa entregaba la plaza al Ca- 
bildo y óste se unía á los propósitos de los « Ca- 
balleros orientales», en tai caso tropas argentinas 
pasarían á ocupar la ciudad de Montevideo. Ri- 
vadavia autorizó al coronel Iriarte para que pro- 
pusiera esto mismo al brigadier da Costa y le 
ofreciera para él y sus tropas buques de trans- 
porte hasta Europa, corriendo los gastos de viaje 
por cuenta del Gobierno de Buenos-aires. 

CCII— Trabajos del Cabildo entre los anexionistas al Brasil 

La sociedad secreta y el Cabildo recibieron con 
desaliento la respuesta de Rivadavia, por lo di- 
fícil que creían satisfacerla. Pero intentaron alla- 
nar las dificultades. Se dirijieron a varios jefes 
y otras personas influyentes de la campaña in- 
citándolas á que se rebelaran contra Lecor, y se 
empeñaron con algunos portugueses de la ciu- 
dad por que decidieran á la Junta militar presi- 
dida por don Alvaro, a verificar Ta entrega de las 
llaves como término de la ocupación provisional. 
Fueron ineficaces estos pasos, no obstante ha- 
ber motivado la sublevación de Juan Antonio La- 
valleja y una parte de las fuerzas que mandaba. 

Don Lúeas José Obes combatió indirectamente 
estos trabajos desde Canelones en un escrito que 
publicó el 11 de Abril (1823), rechazando la acu- 
le 



242 BOSQUEJO HISTÓRICO 1822 

sacion de traidor que se le hacía de Montevideo 
y demostrando con expresiones elocuentes las 
ventajas de la actitud que en favor del Brasil ha- 
bía asumido desde que, de viaje á Lisboa, se 
había detenido en Rio-Janeiro, y los benefieios 
que por esa estadía había recibido el Estado-cis- 
platino. El coronel Fructuoso Rivera, que había 
sido invitado desde el 6 de Mayo á desertar de 
las filas de Lecor, demoró la respuesta hasta Á 
que le llegó de Rio-Janeiro el grado de briga- 
dier á que fué ascendido el 26 de Mayo, y con- 
testó desde las Piedras (19 de Junio) en una ex- 
tensa nota, escrita por pluma ménos incorrecta 
que la suya, que la independencia absoluta de 
los orientales era imposible ó inconciliable con 
la felicidad de los pueblos. 

Merecen ser transcriptos estos conceptos, por 
referirse á hechos en que fué actor principal él 
mismo: « Señores: Cuando se trata de un pro- 
ce yecto á cuyos resultados están vinculadas cien 
<* generaciones, es preciso no dejarse deslumhrar 
«de las agradables apariencias de teorías bri- 
ce liantes. Nunca fué la Banda-oriental ménos fe- 
« liz que en la época de su desgraciada indepen- 
« dencia. La propiedad, la seguridad y los acre- 
cí chos más queridos del hombre en sociedad, cs- 
« taban á la merced del despotismo ó de la anar- 
« quía, y los deseos de los nombres de bien eran 
<( ineficaces para contener el torrente de los males 
« que oprimían á la patria ». 

CCHI — Actitud del brigadier da Costa ante las proposiciones 

de Buenos-aires * 

Se sometió á la deliberación de la Junta de go- 
bierno la propuesta del gobierno de Buenos- 
aires, y fué motivo de animados debates que se 
continuaron durante várias sesiones; pero, ha- 



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y 1823 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 243 

biendo prevalecido la opinión negativa, el briga- 
dier da Costa expresó al enviado argentino que 
si bien seríale forzoso desocupar la plaza desde 
que su Soberano no pensaba en poseerla perma- 
nentemente, y preferiría en todo caso devolverla 
á sus dueños naturales antes de entregarla al 
Brasil, no podía resolver nada sin que le llega- 
sen las instrucciones que había pedido á Lis- 
• boa. La respuesta del brigadier permitía espe- 
rar que la Corona de Portugal procedería con 
rectitud ordenando que se cumplieran las cláu- 
sulas de la capitulación de 1817, por cuyo motivo 
interesaba prolongar la resistencia de la plaza 
hasta que las instrucciones esperadas llegasen. 
Así fue* que los orientales propendieron á engro- 
sar los cuerpos de naturales, á que habían in- 
gresado desde antes algunos jefes y oficiales que 
residían en Buenos-aires y otros puntos de la 
República argentina, entre ellos don Manuel 
Oribe. 

CCIV — raii fuerzas de campaña se deciden por la anexión 

al Brasil 

Por su parte el general Lecor no se mostró mé*- 
nos activo. Pasó de Canelones á San-Josó, donde 
estableció su residencia interina, y expidió una 
orden del día (27 de Septiembre de 1822) en que 
manifestaba que, no siendo libre dentro de Mon- 
tevideo, se había trasladado á aquel lugar para 
sostener su legítima autoridad, hacer ejecutar las 
promesas y ventajas que el rey había prometido 
*á la división, y mantener en armonía las tropas 
y pueblos del país; declaraba que desconocía y 
rehusaba como ilegítimo el nombramiento de co- 
mandante interino en la persona del ayudante ge- 
neral don Alvaro da Costa; ordenaba que no se 
ejecutasen en adelante las órdenes que dicho 



244 BOSQUEJO HISTÓRICO 1822 

anudante general pasase como comandante inte- 
rino ó como presidente del extinguido consejo 
militar; prohibía á los oficiales, sargentos, cabos 
y soldados el prestarle obediencia; y llamaba á 
su lado á los soldados, prometiéndoles la baja 
absoluta ó mandarlos á Europa, según prefirie- 
sen. 

Ademas provocó manifestaciones públicas rui- 
dosas que dieron fuerza moral á su situación. El 4 
12 de Octubre (1822), día designado para la coro- 
nación, aclamó ante las tropas brasileñas por em- 
perador constitucional del Brasil y del Estado- 
cisplatino al príncipe don Pedro de Alcántara, 
haciendo jurar que guardarían y defenderían la 
constitución política que díctasela Asamblea cons- 
tituyente. Cinco días después reunió Fructuoso 
Rivera en el arroyo de la Virgen el regimiento de 
dragones de la Union, cuyo jefe era; llamó aparte 
a los hermanos Lavalleja, á Sáenz, Delgado, Du- 
rán, Martinez, Laguna, Mansilla, Isas, Jáuregui, 
Bernabé Rivera, Toribio y demás oficiales, así 
como al secretario Turreiro y al capellán fray 
Manuel Ubeda, á quienes instruyó del objeto que 
tenía el acto, y en seguida arengó á todas las fuer- 
zas, concluyendo con vivas á la religión, á la Asam- 
blea constituyente, al Emperador, a la Empe- 
ratriz, á la constitución, á la incorporación del 
Estado-cisplatino. Siguiéronse descargas de fu- 
silería y, días más tarde, un Te-Deurn cele- 
brado ante el mismo regimiento. Análoga de- 
mostración hicieron sucesivamente el regimiento 
de caballería de la Colonia, las milicias de Mal- * 
donado, y las juntas capitulares de San- José, 
Trinidad, Guadalupe, Colonia, Maldonado, Pay- 
sandú, Soriano, Mercedes, Tacuarembó, Durazno, 
Minas y otros pueblos. 

Todas las actas contienen la exposición de mo- 



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y 1823 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 245 



tivos, que acusan la intervención de plumas hábi- 
les y muy pocas, según se infiere de la unidad del 
pensamiento que en ellas domina y de la analo- 
gía de las formas. La razón capital que se alega s 
es la necesidad de poner término á la anarquía y * 
la conveniencia de unirse al Brasil, cuya gran- 
deza aseguraría el goce tranquilo de las liberta- 
p des. Todo el país se había adherido al Imperio pa- 
ra fines de Noviembre. No se había descuidado, 
pues, el Barón de la laguna. 

CC V— Aprestoi militares en Montevideo y en la campana 

Los aprestos militares habíanse hecho simul- 
táneamente con los trabajos de propaganda, den- 
tro y fuera de Montevideo. Lecor llamó á su 
cuartel general todas las fuerzas que le obede- 
cían, y las organizó, destinando á la vanguardia 
los hijos del país bajo las órdenes de Rivera. Pi- 
dió socorros al Emperador, noticiándole de cuanto 
acaecía; y el síndico García Zuñida confirmó es- 
tos datos, asegurando que toda la provincia se 
pronunciaba á favor del Brasil, en carta que es- 
cribió (Septiembre de 1822) al diputado Lúeas 
José Obes. Lecor ocupó la línea del Santa-Lucía 
y se dispuso á sitiar la Plaza. Da Costa, á su 
vez, que se vió privado de pronto de los recursos 
que recibía regularmente de Rio-Janeiro y ex- 
puesto á carecer de lo que le fuera más indis- 
pensable para sostenerse, se dirijió (Septiembre) 
á su compatricio el brigadier Madeira, ae Bahía, 
^pidiéndole auxilios, ó bien buques para traspor- 
tarse á aquel punto con sus tropas y reforzarlo 



con el Príncipe rebelde. Organizó en el ínterin 
su pequeño ejército, poniendo en la vanguardia los 
cívicos á las órdenes de D. Manuel Oribe. 

El 12 de Octubre hizo conocer en una órden 




también aquel general 



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BOSQUEJO HISTÓRICO 



del día los sucesos de Rio- Janeiro. « ; Bravos 
« soldados ! les decía; el Sr. D. Pedro de Alean- 
te tara, heredero del trono portugués, vá á ser hoy 
« proclamado Emperador del Brasil, privando así 
« á su augusto padre del gobierno cíe la mayor 
«c parte de la monarquía. Conoced ahora si pue- 
€ den emanar del rey las órdenes y autoridades á 
« que os querían hacer dar crédito, y estad cier- 
« tos de que aquél que los reconociere es enemi- 
<x go de la patria y vá á cooperar á la desmem- 
<r bracion del imperio lusitano. » 

Pensó da Costa poner fin con esto á la deser- 
ción que había sido numerosa en los días prece- 
dentes, y aprovechó la impresión para hacer sa- 
lidas arriesgadas. Mandó algunas compañías de 
infantería y un escuadrón de caballería á guarne- 
cer el paso del Miguelete y el potrero de Casava- 
lle, estando la vanguardia brasileña cerca de las 
Piedras. 

El 20 de Enero (1823) declaró Lecor sitiada la 
plaza de Montevideo por mar y tierra, con cuyo 
motivo avanzó la vanguardia de su ejército y 
obligó á da Costa á reforzar su posición de Ca- 
savalle con infantería, caballería y artillería. Al- 
gunas pequeñas acciones tuvieron lugar desde 
entónces: el 16 de Marzo se encontraron las van- 
guardias, mandadas respectivamente por Rivera 
y D. Manuel Oribe, de cuyo choque sangriento 
resultó que el primero perdiera 50 hombres muer- 
tos y heridos, y 7 oficiales y 150 soldados pasa- 
dos á las fuerzas del segundo, cuyas pérdidas „ 
fueron mínimas relativamente. 

CCVI — ta diplomacia argentina apoya la cauta de Montevideo 

En todo este tiempo no cesó la prensa argenti- 
na de ocuparse de los sucesos orientales y de 
tratarlos como si fueran propios de las Provin- 



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y 1823 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 247 

cias-unidas. Los sentimientos se manifestaron 
uniformes en favor de la reincorporación, y se 
sostenía la causa de Montevideo como si fuera 
exclusivamente americana. Se anunciaba desde 
principios de Febrero en el campo de Lecor que 
el gobernador de Buenos-aires se disponía á en- 
tablar reclamaciones ante el Emperador, visto el 
resultado negativo de las gestiones hechas cerca 
del general portugués, y á pesar de las aclama- 
ciones de Octubre y Noviembre, que eran tacha- 
das de forzadas, por haberlas promovido el mis- 
mo jefe que disponía de las fuerzas adictas al 
nuevo imperio. Él Barón de la laguna se prepa- 
ró contra esta clase de argumentos, aconsejando 
al síndico García Zúñiga que, como oriental, tra- 
tara de autorizar la anexión, invitando en su nom- 
bre exclusivo á los pueblos á que libre y espon- 
táneamente manifestasen su voluntad. El Síndico 
expidió una circular con este objeto el 1 ? de 
Abril; en los días siguientes se pronunciaron to- 
dos los cabildos, excepto el de Montevideo, rati- 
ficando el voto solemne del año anterior. 

En oposición con estos hechos acababan de 
aliarse el general Mansilla, gobernador de Entre- 
ríos, y López, gobernador de Santa-fé, con el fin 
de apoyar la causa de los orientales montevidea- 
nos con un ejército que pasaría el Uruguay, á cu- 
yo convenio se siguieron proclamas y providen- 
cias preparatorias (Marzo y Mayo). Rivadavia 
contribuyó por su parte á prestigiar esa actitud, 
nombrando el 2 de Abril á D. Valentín Gómez 
para que pasara á Rio- Janeiro y exijiera la des- 
ocupación de la Banda-oriental. Se suponía que 
el éxito no sería difícil, porque como el Empera- 
dor estaba en guerra con varias provincias domi- 
nadas por portugueses, sobre todo en Bahía, don- 
de se sostenía el brigadier Madeira con respeta- 



248 BOSQUEJO HISTÓRICO 1823 

bles fuerzas terrestres y marítimas, siendo de te- 
merse que Portugal apurara sus medios de acción 
ántes de reconocerse vencido, se juzgaba que el 
Imperio entregaría á los argentinos la Banda- 
oriental con preferencia á aumentar el número 
de sus enemigos. 

Pero los hechos vinieron pronto á desvanecer 
tales esperanzas. Madeira de Mello fué sitiado 
por tierra; la escuadra fué encerrada en el puerto 1 
por la brasileña, que mandaba lord Cochrane; y el 
bloqueo, decretado el 29 de Marzo, imposibilitó 
la entrada de toda clase de mercancías. Fueron 
frustradas varias tentativas audaces de Cochra- 
ne y rechazados uno ó dos ataques de los sitiado- 
res; pero empezaron (\ escasear las provisiones 
desde principios de fylayo y eran tan insuficientes 
á fines de Junio, que se hizo imposible la prolon- 
gación de aquel estado de cosas. El brigadier 
Madeira hizo, pues, embarcar sus tropas con to- 
dos los comestibles y objetos de valor que pudo 
reunir y drjó el puerto el 2 de Julio, después de 
clavar los cañones y destruir los almacenes, con 
trece buques de guerra y treinta y dos transportes 
en que se embarcaron también algunas familias 
contrarias á la situación política del Brasil. En 
seguida entraron en la ciudad los sitiadores ; 
Cochrane ^venció la resistencia que habían hecho 
los portugueses en Maranham y en Pará, y se 
vió el Emperador en aptitud de atender con liber- 
tad á las cuestiones del Plata. 

Parece que estos hechos tuvieron indeciso algún 
tiempo al gobierno de Buenos-aires, pues que el 
señor Gómez suspendió su viaje durante algunos 
meses; pero se decidió en Agosto que partiera, y 
el enviado se presentó al Gobierno imperial el 15 
de Septiembre exijiendo la evacuación del llamado 
Estado-cisplatino, por la razón de que no existía 



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3823 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 249 

acto en el cual los orientales se hubiesen declara- 
do separados de la comunidad argentina; estaba 



reconocida esa comunidad por el Portugal aesae 
el armisticio que firmó Rademaker en 1812; la 
ocupación de 1817 había sido con carácter de tem- 
poraria; eran nulas las declaraciones de anexión 
ele 1821 y 1822, por haber sido hechas bajo el po- 
der de las bayonetas extranjeras; y querían en la 
actualidad los orientales pertenecer á la Repúbli- 
ca-argentina y nó al Imperio del Brasil. 

No contestó el gobierno brasileño esta comuni- 
cación, ni otras que posteriormente recibió. Can- 
sado de esperar, el señor Gómez exijió el 26 de 
Noviembre una respuesta pronta y terminante, y 
declaró que cualquiera demora, así como la nega- 
tiva de entregar la plaza de Montevideo, tendrían 
consecuencias muy graves, de las que nadie sino 
el gobierno del Brasil sería responsable. Aún así 
tuvo el comisionado argentino que instar en una 
conferencia posterior (l 9 de Diciembre) que la 
Corona declarara cuál era su pensamiento acerca 
de la posesión disputada, y en esa ocasión le ma- 
nifestó el ministro del ramo que su gobierno no 
podría dar una respuesta definitiva miéntras no 
recibiese noticias que esperaba de Montevideo. 

CCVII — Se declara solemnemente la reincorporación á lai 

Provincias-unidas 

Esas noticias no habían de serle desagradables. 
Da Costa estaba en una situación análoga á la 
que había obligado al brigadier Madeira á aban- 
donar la posesión de Bahía: sitiado por tierra, 
bloqueado por agua, y escaso de recursos. Las es- 

Eeranzas que había tenido de recibir auxilios, se 
abían disipado ademqfs para fines de Septiembre, 

£ues que ya se sabía en esta fecha que Madeira, 
¡jos de mandarle los refuerzos solicitados, había 



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250 BOSQUEJO HISTÓRICO 1823 

tenido que ponerse en viaje á Europa, perseguido 
por la flota de lord Cochrane. Preveían, pues, los 
sitiados, tanto portugueses como orientales, que 
la resistencia hecha por ellos solos no podría ser 
duradera, y ya no veían posible los primeros otra 
cosa que firmar una capitulación más ó ménos 
honrosa, ni á los segundos quedaba otro recurso 
que el de favorecer moralmente las gestiones que 
hacía el enviado argentino en Rio-Janeiro, y alen- 
tar las disposiciones que habían mostrado los go- 
bernadores de Santa-fé y Entre-ríos, cuya empre- 
sa había fracasado ya por falta de dinero. A esto 

Ímede agregarse que probablemente conocían la 
ey recientemente promulgada en Buenos-aires 
(14 de Octubre), por la cual se autorizaba al Po- 
der ejecutivo para que negociase con el general 
Da Costa todo lo concerniente á la entrega de la- 
ciudad sitiada. 
Cediendo al influjo de estos motivos, se resolvió 

Sor fin el Cabildo á dar el paso solemne que des- 
e el principio de las negociaciones había exijido 
el ministro Rivadavia como una de las condiciones 
necesarias para apoyar en el terreno de los hechos 
materiales los deseos de los montevideanos. Fue- 
ron llamados á congregarse los vecinos de la Pla- 
za y sus extramuros por medio de sus represen- 
tantes, y éstos declararon el 20 de Octubre: que 
la Provincia toda y especialmente la Capital, se 
ponían libre y espontáneamente bajo la protec- 
ción de la provincia y gobierno de Buenos-aires, 
por quien es su voluntad que se hagan como y 
cuando convenga las reclamaciones competentes. 
En seguida acordaron por unanimidad de votos: 
— « que declaraban nulo, arbitrario y criminal el 
« acto de incorporación á la monarquía portuguesa 
«sancionado por el Congreso de 1821, compues- 
« to en su mayor parte de empleados civiles al 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 251 

«sueldo de S. M. F., de personas condecoradas 
« por él con distinciones de honor, y de otras co- 
cí locadas previamente en los ayuntamientos para 
« la seguridad de aquel resultado; — que declara- 
« ban nulas y de ningún valor las actas de incor- 
« poracion de los pueblos de la campaña al impe- 
<( rio del Brasil, mediante la arbitrariedad con que 
« todas se han extendido por el mismo Barón de 
« la laguna y sus consejeros, remitiéndolas á 
« firmarse por medio de gruesos destacamentos 
ec de tropas que conducían los hombres á la fuer- 
ce za á las casas capitulares, y suponiendo ó in- 
« ventando firmas de personas que no existían, ó 
ec que ni noticia tenían de estos sucesos, por ha- 
« liarse ausentes de sus casas; — y que declaraban 
« que esta Provincia oriental del Uruguay no per- 
<c tenece, ni debe, ni quiere pertenecer á otro po- 
ce der, estado ó nación que la del Río de la Plata, 
« de que ha sido y es una parte, habiendo tenido 
« sus diputados en la Soberana Asamblea Cons- 
« tituyente desde el año de 1814, en que se sus- 
<t trajo completamente del dominio español euro- 
ce peo ». Esta acta fué notificada al brigadier da 
Costa, que nada dijo, y al gobierno de Buenos- 
aires. 

CC VIII — Capitulación de Moa te video 

A los tres días se batieron los buques que blo- 
queaban á Montevideo con los que tenían los por- 
tugueses, apareciendo éstos vencidos. Tan floja 
fué la acción y tan distantes estuvieron las dos lí- 
neas enemigas, que la generalidad se persuadió 
de que no había sido otra cosa que un simulacro 
preparado de acuerdo por ambos jefes para moti- 
var la rendición de la Plaza. El hecho es que al 
día siguiente (24 de Octubre) se inició un cambio 
de notas entre Lecor y da Costa que terminó por 



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252 BOSQUEJO HISTÓRICO 1824 

un acuerdo estipulado el 18 de Noviembre y ratifi- 
cado el 19, según el cual se embarcarían con des- 
tino á Europa las tropas de Portugal; se reunirían 
al ejército imperial los dos batallones de libertos 
y los dragones de la provincia; se disolvería el 
cuerpo de cívicos; serían respetadas las autorida- 
des civiles y militares en sus personas y bienes, 
cualesquiera que fuesen sus opiniones políticas; 
y se entregarían á un destacamento imperial la 
fortaleza, puertas de la ciudad, guardias y esta- 
blecimientos públicos. Este pacto no se ejecutó 
miéntras no obtuvo la aprobación de la Corona, 
pero quedó definida laposicion de los actores. Los 
jefes, oficiales y muchos particulares que se ha- 
bían adherido á la causa portuguesa como medio 
para conseguir la incorporación de la Provincia 
á las Unidas del Río de la Plata, se ausentaron 
dirijiéndose á Buenos-aires, Santa-fé y Entre-ríos, 
en donde va estaban Juan Antonio Lavalleja y 
otros oficiales, desde que, conocida su subleva- 
ción, fueron perseguidos tenazmente por Rivera 
(1) y obligados á emigrar. 

CCIX — Geation diplomática confiada á D. Valentín Gómez 

Como es de suponer, estos hechos dieron á la 
política del Imperio una base más firme que la 
que había tenido, porque al hecho de las aclama- 
ciones repetidas se había agregado el de la pose- 
sión de todo el país, que no es cosa de poca im- 
portancia para los que no conocen mejor derecho 
que el éxito de la fuerza. Por .manera que, al ser 
urgido el gabinete de Rio-Janeiro por el Comisio- 
nado de Buenos-aires (notas del 27 de Enero y 5 
de Febrero de 1824) para que contestara sin más 
demora á la exijencia del Gobierno argentino, res- 

(1) Laralleja tuvo que escaparse & caballo en pelo, y no ae d«turo hasta 
que penetró en Entre-río». 



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1824 DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 253 

pondió el ministro Carvalho de Mello (6 de Fe- 
brero): que la voluntad conocida de la Provincia- 
oriental era la de incorporarse al Brasil, por cuyo 
motivo, si esa voluntad había de tener algún va- 
lor en el caso presente, no podía Buenos-aires 
pretender que dicha provincia se le uniera; que, 
aún cuando así no fuese, no podría resolver nada 
el Poder ejecutivo del Imperio, desde que corres- 
ponde á los cuerpos legislativos enajenar ó ceder 
cualquiera porción de territorio ocupado; y que la 
petición del Gobierno argentino envuelve un ata- 
que á los derechos del Brasil, adquiridos con 
grandes sacrificios en virtud de convenciones so- 
lemnes. El señor Gómez pidió á los siete días sus 
pasaportes, protestando contra las pretensiones de 
la Corona, y se retiró á Buenos-aires, a donde lle- 
gó el 12 de Abril, después de haberse salvado di- 
fícilmente del naufragio que sufrió en el Banco- 
inglés el buque en que iba". 

Se pensó que después de esto no cabía otra 
cosa que una declaración de guerra, y muchos la 
esperaron en el Plata y en el Brasil; pero no te- 
nía el Imperio por qué hacerla y Buenos-aires no 
estaba en aptitud de tomar la iniciativa, porque ni 
habían desaparecido los efectos de la desorganiza- 
ción nacional de 1820, ni la guerra con los espa- 
ñoles había llegado á un estado tal que pudiera 
tranquilizar los ánimos. Aún cuando esta actitud 
pasiva no fuera la que mejor se armonizase con 
la que asumió el comisionado en sus primeros 
pasos diplomáticos, las circunstancias no permi- 
tían tomar otra por el momento. 

CCX — Juramento de la constitución imperial 

El Emperador, al contrario, sin enemigos den- 
tro y sin temores sérios respecto de Portugal, 
podía obrar libremente, consumar en su seno la 



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254 BOSQUEJO HISTÓRICO 1124 

revolución política y en el Plata la conquista de la 
Provincia-oriental. Rechazó el proyecto de cons- 
titución que había aprobado la Asamblea consti- 
tuyente, disolvió este cuerpo, presentó al Conse- 
jo de Estado otras bases constitucionales y, redac- 
tado un nuevo proyecto con sujeción á ellas, fué 
sometido á la aprobación directa de los pueblos, 
mediante la declaración que hizo el Senado el 17 
de Diciembre (1823) de que ninguna objeción te- 
nía que hacerle y que lo juzgaba digno de la acep- 
tación de los ciudadanos. Se remitieron copias á 
todas las provincias. En la oriental fué aprobado 
el proyecto durante el mes de Febrero de 1824 por 
el Cabildo de la capital interina (que lo fué Maldo- 
nado miéntras duró la contienda de los dos gene- 
rales) y de los demás pueblos de campaña, con la 
condición de que fueran respetadas las cláusulas 
del pacto de unión de 1821. 

Como las fuerzas portuguesas desocuparon la 
plaza de Montevideo el 24 de Febrero, entraron 
á ella en seguida las brasileñas, se instalaron las 
autoridades, y el Cabildo procedió el 22 de Abril 
a aprobar el proyecto, lo que hizo expresando 
« que amaba sobremanera la augusta persona del 
« Emperador; que veneraba las sabias máximas 
« de su gobierno; que por lo mismo defería con 
« sumo júbilo y entusiasmo á dar el mayor apre- 
« ció y estima al proyecto de constitución que ha- 
« bía redactado el Consejo de S. M.; y que si án- 
<c tes no había procedido así, á pesar de estar 
« persuadido de la conveniencia por comunicacio- 
«nes del limo, y Exmo. Sr. Gobernador y capi- 
« tan general Barón de la laguna, era debido á 
« que no había estado expedito para manifestarse 
« con toda la espontaneidad requerida para dar 
« inequívocas señales de adhesión á la causa del 
« Brasil, que de buena voluntad se sigue. . . .» 



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1824 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 255 

Ya ántes que se dictara esta acta, que tanto se 
hace notar por la falta de carácter de sus firman- 
tes, habíase promulgado en Río Janeiro la cons- 
titución y había jurado el Emperador « que man- 
« tendría la religión católica apostólica romana y 
« la integridad é indivisibilidad del Imperio; que 
« observaría y haría observar la constitución po- 
€ lítica de la nación brasileña tal como se le había 
„ « presentado y había sido aceptada por el pueblo; 
« que observaría y haría observar igualmente las 
« leyes del Imperio; y que aseguraría el bienestar 
« general del Brasil miéntras dependiese de su 
« poder. » Al juramento del Emperador siguió el 
de sus subditos. El acto se celebró en Montevi- 
deo el 9 de Mayo con la x fórmula de « Juro por 
« los Santos Evangelios obedecer y ser fiel á la 
« constitución política de la nación brasileña, á 
«c todas sus leyes y al Emperador constitucional y 
« defensor perpetuo del Brasil, Pedro I ». Concu- 
rrieron, ademas de los funcionarios públicos, nu- 
merosas personas de las más caracterizadas, y se 
festejó el hecho con repiques, salvas, Te-Dewn é 
iluminaciones. 

CCXI — Disposiciones principales de la constitución jurada 

Las disposiciones principales de la constitución 
jurada son las siguientes: — El imperio del Brasil 
es la asociación política de todos los ciudadanos 
brasileños. Su territorio será dividido en provin- 
cias. Su gobierno es monárquico, hereditario, 
constitucional y representativo y la dinastía reinan- 
te es la de D. Pedro I. Son ciudadanos los que 
nacen en el Brasil, los que nacen en el extranje- 
ro de padre ó madre brasileño (con ciertas limita- 
ciones), los portugueses que residen en el Brasil 
desde la declaración de la independencia y los ex- 
tranjeros naturalizados. Lospoderes políticos son: 



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BOSQUEJO HISTÓRICO 



1821 



el legislativo, el moderador, el ejecutivo y el ju- 
dicial. Todos los poderes emanan de la nación, la 
cual es representada por el Emperador y la Asam- 
blea general. La religión católica apostólica roma- 
na es la del imperio; pero son permitidas todas las 
religiones, siempre que su culto se haga privada- 
mente, sin tomar las formas públicas del templo. 

El poder legislativo existe por delegación en una 
asamblea general compuesta de una cámara de 
diputados y una de senadores. La primera es 
electiva y temporaria; pero la segunda, aunque 
electiva, es vitalicia. No obstante, los príncipes 
del Brasil son senadores de pleno derecho. Las 
elecciones, tanto de diputados como de senado- 
res, son indirectas; es decir, que los ciudadanos 
nombran electores y éstos ehjen á los que han 
de ingresar en ambas Cámaras. Los senadores 
serán elejidos en triple número del necesario, y 
el Emperador preferirá según su arbitrio el tercio 
de los electos. Aprobados por la Asamblea los 
proyectos de ley, serán sometidos á la resolu- 
ción del Emperador. Si éste los acepta, contes- 
ta: « El Emperador consiente»; si no los acepta, 
contesta : « El Emperador meditará el proyecto 
para resolver en términos convenientes», ó se li- 
S mita á guardar silencio dentro de un término da- 

do. En estos dos últimos casos el proyecto es 
aplazado. 

El poder moderador tiene por objeto conservar 
la armonía de los otros poderes. Lo ejerce única- 
mente el Emperador, que es inviolable, sagrado 
é irresponsable. Entre las facultades de ese poder 
se hallan las de convocar extraordinariamente la 
asamblea, prorogar ó acortar el tiempo de sus se- 
siones, disolver la cámara de diputados, dar ó 
negar á las resoluciones de la asamblea el valor 
de ley, nombrar y despedir los ministros, perdo- 



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1824 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 257 

nar ó limitar los castigos impuestos por los jue- 
ces, y decretar amnistías. 

El poder ejecutivo tiene por jefe al Emperador, 
quien lo ejerce por medio de ministros, que son 
los responsables de todo acto contrario á la cons- 
titución ó á las leyes. El Emperador es asistido en 
sus funciones por un consejo de Estado com- 
puesto de diez personas á lo sumo, cuya opinión 
debe oír en los casos graves. Los consejeros son 
también responsables por los consejos que diesen 
en oposición con las leyes. 

El poder judicial es ejercido por jurados y por 
jueces de derecho. El jurado decide en cuanto a 
los hechos; los jueces de derecho aplican la pena 
ó absuelven, tomando por base el veredicto del 
jurado. Hay en la capital del Imperio un tribunal 
de justicia, cuyo objeto es la revisión de las sen- 
tencias que pronuncian los tribunales inferiores, 
y conocer en las causas de algunos altos funcio- 
narios. 

En cada provincia habrá un presidente nombra- 
do y destituíble por el Emperador; tribunales de 
justicia de segunda y última instancia; un consejo 
general compuesto de ciudadanos el ejidos indirec- 
tamente por el pueblo; y cámaras provinciales, 
tantas como sean las ciudades y villas. El presi- 
dente tendrá las atribuciones que la ley le dé. El 
tribunal conocerá las causas apeladas ante los 
jueces inferiores. Las cámaras de distrito promo- 
verán todas las mejoras económicas y municipa- 
les que necesite su jurisdicción, y las propondrán 
al consejo general; éste las discutirá públicamen- 
te, así como los proyectos que tengan por objeto la 
utilidad de toda la provincia, presentados por sus 
miembros; y, si resultan aprobados por mayoría, 
los propondrá al Poder ejecutivo, quien á su vez 
los pasará á la Asamblea general. 

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258 BOSQUEJO HISTÓRICO 1824 

El Emperador será sucedido en el trono por el 
descendiente legítimo, por órden de primogenitu- 
ra y de representación; y, extinguidos los descen- 
dientes legítimos de D. Pedro I, la Asamblea 
general elejirá una nueva dinastía. El heredero 
presuntivo se titula príncipe imperial; y los otros, 
solamente príncipes. La Asamblea determinará 
una dotación anual para el Emperador, la Empe- 
ratriz y los príncipes, así como para los maestros 
de los últimos. 

CCXII — Organización administrativa. El Cabildo intenta 
apartarse de la constitución jurada 

El Emperador dió un decreto, dos dias después 
de haber jurado la constitución, ordenando á las 
provincias que procedieran á elejir diputados y 
senadores en el número que se determinaba para 
cada una. Correspondían á la Cisplatina dos dipu- 
tados y un senador. Por consecuencia hízose la 
elección de electores, y éstos designaron las per- 
sonas que habían de concurrir á la primera asam- 
blea legislativa ordinaria del nuevo imperio (Agos- 
to á Noviembre). 

Al mismo tiempo se emprendieron los trabajos 
de organización de las autoridades provinciales, 
con cuyo motivo surgió una cuestión que no care- 
cía de gravedad. Como se ha visto, los cabildos 
orientales proclamaron la incorporación de la 
Provincia al Imperio á condición de que se respe- 
taran las bases arregladas en 1821 con el Reino- 
unido, según las cuales se conservarían las fun- 
ciones administrativas, las autoridades, leyes y 
costumbres que desde ántes regían. La constitu- 
ción imperial no traía una palabra relativa á estas 
condiciones; consignaba los mismos principios y 
las mismas reglas para toda la nación, sin excep- 
ción alguna. Jurarla incondicionalmente como la 



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y 1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 259 

juraron los orientales el 9 de Mayo, era renunciar 
de un modo tácito las reservas ántes hechas, 
puesto que se contraía el compromiso solemne de 
observar la constitución tal cual era, y todas las 
leyes del Imperio. 

El Cabildo se apercibió de los efectos de su ju- 
ramento cuando llegó la oportunidad de que se 
produjeran, y quiso remediar el error cometido ele- 
vando a la Corona un memorial lleno de bajezas 
repugnantes, en que se le pedía (17 de /Diciembre) 
que no se alterase el antiguo régimen. D. Pedro I 
contestó naturalmente que, obligado como los 
pueblos á cumplir la constitución y las leyes, no 
podía acceder al deseo que se le manifestaba cuan- 
do apénas hacía meses que todos habían jurado 
regirse por instituciones democráticas. El inci- 
dente concluyó en esto y también la série de he- 
chos que hicieron definitivamente de la Banda- 
oriental una provincia del Brasil, idéntica á las 
otras ante las leyes nacionales. 

CCXIII— Causas que motivaron la incorporación de la 
Provincia al Imperio 

Pero no había de ser duradera la obra. Se inició 
el año 25 en Buenos-aires con la noticia del triunfo 
/ alcanzado por las armas independientes en Aya- 
cucho el 9 de Diciembre último; se decía que ha- 
bían caído prisioneros el virey del Perú y tres mil 
hombres entre jefes, oficiales y tropa, y que que- 
daba terminada la larga y costosa guerra de la in- 
dependencia sud-americana. El pueblo festejó el 
hecho con grande entusiasmo, y como si todos 
pensasen que había llegado el momento de llevar- 
se á cabo el plan del doctor Tagle, se pronuncia- 
ron calurosamente por que se emprendiera la ex- 
pulsión «de los que dominaban» en la Banda- 
oriental. 



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260 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

La anexión de este territorio al Brasil no se hizo 
contra la voluntad de todo el país, es menester re- 
conocerlo, cualquiera sea el juicio que el hecho 
merezca: una parte considerable, tal vez la más 
importante por la condición personal y por el nú- 
mero, se adhirió á él espontánea y sinceramen- 
te, no tanto porque sus sentimientos se inclinaran 
más al Brasil que á Buenos-aires, ni porque re- 
conociera en la constitución monárquica excelen- 
cias que no tuviera la republicana, cuanto porque 
se sentían compelidos por circunstancias podero- 
sas. 

La Banda-oriental había sido desde 1811 hasta 
1820 el teatro de una anarquía y de un despotismo 
que espantaron á todos los que no habían sido ac- 
tores, y se temía que, abandonado el país á la 
fuerza bárbara, las desgracias se prolongarían in- 
definidamente. La estadística venía en apoyo de 
estos temores: la provincia tenía en 1810 más que' 
setenta mil almas, incluso veinte mil que pobla- 
ban á Montevideo; el año de la anexión la pri- 
mera cifra estaba reducida á los dos tercios y 
Montevideo no tenía ya sobre diez mil habitan- 
tes; las guerras, la arbitrariedad y la emigración 
hicieron desaparecer los demás. Las Provincias- 
unidas habían estado desorganizadas y en gue- 
rra desde principios de 1820; unirse á cualquiera 
de ellas, Buenos-aires ó Entre-ríos, sería some- 
terse á su suerte, continuar en la anarquía y en 
la guerra, prolongar las desventuras. 

El Brasil era una nación relativamente podero- 
sa; su Corte era brillante, y el gobierno se ejercía 
con regularidad por el respeto que le tenían los 
pueblos. La fusión con el Brasil aseguraría, pues, 
á los orientales, la paz y la tranquilidad, que era 
. lo que más deseaban por lo mismo que era lo que 
menos habían gozado; y, por consecuencia, no se 



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1625 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 261 

presentaba otro partido más aceptable que el de 
incorporarse al Imperio y participar de su existen- 
cia. 

Así pensaban muchos y obraron según pensa- 
ban, lo que no quiere decir que no hubiera otros 
que obedeciesen principalmente al móvil de reci- 
bir las distinciones con cuya esperanza halagaba 
el gobierno de Rio-Janeiro á los que no tenían en 
vista sino su egoismo. 

CCXIV — Cómo pensaban los orientales emigrados 
de la anexión al Brasil 

Pero los orientales emigrados no reconocían 
sinceridad en la conducta de sus comprovincia- 
nos brasileños, ni fuerza en las razones que que- 
dan enumeradas, ni espontaneidad en las adhe- 
siones al Imperio: todo había sido obra de la trai- 
ción, de la fuerza y del fraude. Según ellos, la 
Provincia-oriental en masa quería ser argentina, 
como lo había sido hasta la conquista portugue- 
sa, y llegaba el momento de lanzarse á la guerra 
para* reivindicar la provincia y la libertad ac sus 
habitantes. Agregaban que se habían frustrado 
los motivos de la incorporación al Brasil; que la 
población había seguido disminuyendo en Mon- 
tevideo y en la campaña; que los brasileños de 
Rio-grande habían robado en la Provincia-cispla- 
tina y llevado á la suya desde 1817 más de cuatro 
millones de cabezas de ganado, á cuyo hecho, 
consentido por las autoridades, se debía que hu- 
biese subido de 13 á 120 el número de saladeros 
que trabajaban en la capital rio-grandesa;" que 
á fin de hacer preponderar la voluntad de los bra- 
sileños en las deliberaciones de carácter popular, 
se Ies ponía en posesión de propiedades raíces 
arrebatadas á los naturales del país; que nada 
se había hecho en la isla de Flores á pesar de 



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BOSQUEJO HISTÓRICO 



13125 



haberse dado en 1819 al Brasil los territorios si- 
tuados al Norte del Arapey por que se constru- 
yera un fanal en aquel paraje; que estaban aban- 
donadas y casi destruidas las murallas y fortale- 
zas que rodeaban á Montevideo; y que la deca- 
dencia del comercio era tanta, que las rentas de 
aduana habían disminuido en cuatro años de cin- 
cuenta á veinte mil pesos, lo que daba lugar á que 
se abrumase a los habitantes con empréstitos 
forzosos y toda otra clase de exacciones. Había, 
pues, en concepto de los emigrados orientales 
dos causas para emprender la guerra: una, la 
anexión, llevada á cabo por la violencia y el fraude; 
otra, las desgracias que sufría la Provincia-cis- 
platina por la dominación extranjera. 

CCXV — Cómo pensaba el pueblo argentino 

Los argentinos, y especialmente los federales 
de Buenos-aires, encabezados por Dorrego, de- 
seaban la guerra por las razones que invocaban 
los orientales emigrados y porque, aún cuando 
la opinión de la Provincia-cisplatina hubiese sido 
favorable al hecho de la incorporación al Brasil, 
no se justificaba ese hecho miéntras no viniera 
á sancionarlo el voto de todas las provincias. La 
oriental era una parte del territorio argentino, y 
no podía ser separada válidamente de la comuni- 
dad sin el acuerdo de la nación entera. No ha- 
biendo existido tal acuerdo, la Provincia-cispla- 
tina pertenecía de derecho á las Provincias-uni- 
das, aún cuando de hecho estuviese incorporada 
al Imperio. 

Estas ideas, sostenidas por el enviado Gómez 
en Rio-Janeiro en 1823 y 1824, fueron objeto de las 
convicciones populares que se manifestaron sin 
cesar de palabra y por escrito. La noticia de Aya- 
cucho hizo pensar á los argentinos que habían 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 263 

desaparecido las causas que los condenaran á la 
inacción después de la retirada de Gómez, enar- 
deció los ánimos y provocó vehementes mani- 
festaciones en contra del Brasil. No había nú- 
mero de periódico que no se ocupara del asunto 
de un modo ú otro; y como si no bastaran los 
auince órganos de publicidad que había, se fun- 
daron otros especialmente dedicados á la cues- 
tión de la Provincia-oriental. «¿Los brasileros 
« han usurpado la Banda Oriental ? decia uno de 
« ellos. ¿Este territorio corresponde á la Nación? 
« ¿Por qué la Nación no le alcanza su independen- 
« cia y su libertad ? ¿ No puede ? | Oh ! ¿ Dónde 
« está entónces su prosperidad ? ¿ Dónde las gran- 
ee des ventajas adquiridas en cuatro años ? ¿ Don- 
« de el entusiasmo, el patriotismo y la razón de 
« los hijos del gran Río de la Plata? Al principio 
. « de la revolución, ignorantes, pobres, aislados y 
* « con enemigos hasta en el medio de las duda- 
ce des, se quiso y se alcanzó no sólo la libertad de 

« la Banda oriental ¡ Qué ! ¿ No hemos ade- 

a lantado? ¿No somos siquiera lo que éramos án- 
« tes? Pues si estamos con aquella fuerza, vamos 
« á acabar con esos usurpadores y tiranos. Hoy 
<c tenemos por amigos á todos los orientales, ra- 
a biosos por sacudir el yugo que los oprime; son 
«más que amigos, unas fieras que devorarán 
« hasta el nombre imperial: hoy las provincias li- 
« bres del Río de la Plata, decididas por la libertad 
« oriental, están prontas á alcanzarla y tanto me- 
ce jor cuanto, reunidas en Congreso, el órden será 
« restablecido y la acción simultánea y reglada: 
« hoy Buenos Ayres se considera con crédito, sus 
« habitantes decididos por hacer un sacrificio en 
« favor de sus glorias, en favor de sus hermanos, 
« contra el único Emperador en un Estado ame- 
<c ricano, y este sentimiento se ha robustecida 



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264 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



<( hasta el entusiasmo con la victoria de Ayacucho 
« que cortó la cabeza al león de España: hoy, en 
« nn, contamos con los españoles europeos que, 
« amigos de la Banda-oriental, no pueden sufrir 
€ á sus tiranos: ¿y aún queremos más para aca- 
« barios ? » 

CCXVI — Situación de la República argentina 

El gobierno se mostraba reservado. El 1? de • 
Febrero de 1820 había sido derrotado el Director 
de las Provincias-unidas por el caudillo entre-ria- 
no Francisco Ramírez, á consecuencia de cuyo he- 
cho cayó el Directorio y se disolvió el Congreso (13 
de Febrero), asumiendo el Cabildo provisional- 
mente el gobierno de la provincia de Buenos-ai- 
res. Desde cntónces, careciendo de autoridades 
nacionales, las provincias se habían gobernado á 
sí propias separadamente. La de Buenos-aires 
había sido administrada por una Junta de repre- 
sentantes que se declaró extraordinaria y consti- 
tuyente (3 de Agosto de 1821) y por un goberna- 
dor. Rodríguez, de quien se conocen ya algunos 
actos, había sido uno de éstos. 

Cumplidos los tres años que debían durar sus 
funciones, la Junta de representantes había elejido 
para sucederle al general D. Juan Gregorio de las 
Heras (2 de Abril de 1824), que es quien gobernaba 
en los momentos que estoy historiando, teniendo 
de ministros á D. Manuel José García en los depar- 
tamentos de gobierno, hacienda y relaciones exte- 
riores, y á D. Marcos Balcarce en el de la guerra. 
Ademas se había convocado el tercer congreso de 
las provincias, cuva instalación, que tuvo Yugar el 
16 de Diciembre cíe 1824, cuando hacía cerca de 
cinco años que el país carecía de autoridades ge- 
nerales, permitió restablecer la unidad del gótúer- 
jio y de las relaciones políticas por la ley funcia- 




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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 265 



mental del 23 de Enero de 1825 que declaró reno- 
vado solemnemente el pacto de unión y encomen- 
dó al gobernador de Buenos-aires el ejercicio del 
poder ejecutivo nacional, sin perjuicio de que las 
provincias se rigiesen interiormente por sus pro- 
pias instituciones, lo que importaba proclamar el 
principio federativo como ley suprema del Estado. 

Buenos-aires había gozado de tranquilidad en 
su aislamiento desde 1821, debido á la cual pudo 
remediar en parte los quebrantos (me había sufri- 
do antes de esa fecha y realizar importantes me- 
joras en la administración, que hicieron respeta- 
ble y digno de gratitud el nombre del ministro Ri- 
vadavia; la instalación del congreso constituyente 
permitía esperar que en breve se aumentara la 
fuerza del gobierno con el concurso de las provin- 
cias; y los triunfos de Sucre dejábanle en libertad 
para concentrar toda su acción en un punto deter- 
minado. 

Sin embargo, el estado de las cosas no era tal 
que se prestara á llevar al terreno de los hechos 
empresas que requiriesen considerable empleo de 
hombres y capitales. Las rentas de las provincias 
interiores no alcanzaban á cubrir su presupuesto 
interno, y por consecuencia mal podían suminis- 
trar dinero al gobierno nacional. Las rentas que 
Buenos-aires percibió en 1824 no llegaron tampo- 
co á satisfacer el pasivo de ese año. Algún crédito 
empezaba á tener esta provincia en Inglaterra; pe- 
ro era muy limitado é inseguro. En cuanto á hom- 
bres, todo dependía del entusiasmo que desperta- 
se la empresa y, sobre todo, del grado de cohesión 
efectiva que se estableciese entre las unidades 
componentes del Estado. No era posible esperar 
mucno en este sentido por el momento, pues que 
estaba por verse qué trabajos iniciaría el Congre- 
so y qué aceptación merecerían de las provincias. 



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266 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 



CCXVH — Cómo pensaba el Gobierno argentino 



Esta situación no era, en verdad, aparente para 
que el gobierno argentino se comprometiera en 
una guerra tan séria como la que deseaban argen- 
tinos y orientales. El ministro García, aunque 
ménos opuesto que en años anteriores á que la 
República-argentina interviniera en los negocios 



seguía temiendo que la incorporación de la pro- 
vincia uruguaya fuera origen de discordias interio- 
res; luego no puede extrañarnos que atribuyera al 
estado del país todos los inconvenientes que real- 
mente tenía. Su colega Balcarce pensaba de otra 
manera, era más accesible á las influencias popu- 
lares; pero no se atrevía á decidirse francamente 
por una actitud extrema, por temor de que el país 
no pudiera sostenerla, contando como debía con- 
tarse con que los puertos serían bloqueados y con 

3ue los recursos, ya exiguos, disminuirían consi- 
erabjemente. El gobernador Las Heras no tenía 
simpatías bien definidas; pero ante la indecisión 
de Balcarce y las inclinaciones de García, optaba 
por el aplazamiento, como partido el más discreto. 
No obstante, entendía el ministro de la guerra que 
esta regla de conducta no impediría auxiliar reser- 
vadamente la acción privada, llegado el caso de 
que ella intentara iniciar la guerra contra el Bra- 
sil, y agregaban algunos que se decían conoce- 
dores de su pensamiento íntimo, que de la marcha 
que llevaran los sucesos dependería el papel que 
hiciera públicamente el Gobierno en lo futuro. 



orientales, no era aún afecto a la 




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LIBRO QUINTO 

LA REINCORPORACION Á LAS PROVINCIAS- 
UNIDAS 



CAPÍTULO I 

LA REVOLUCION PROVINCIAL 
CCXVIII — Compromiso de reroluclonar la Banda-oriental 

El pensamiento de libertar la provincia del Uru- 
guay, estaba en todas las cabezas. Faltaba la ini- 
ciativa; y como no la tomaba el gobierno, resolvie- 
ron tomarla los emigrados orientales, empujados 
por el torrente de la opinión pública. Se reunieron 
un día D. Juan Antonio Lavalleja, D. Manuel Ori- 
be, D. Pablo Zufriategui, D. Luis Ceferino de la 
Torre, D. Manuel Lavalleja, D. Simón del Pino y 
D. Manuel Melendez, y se comprometieron por es- 
crito á invadir el territorio oriental bajo las órde- 
nes del aue tuviera más alta graduación militar, 

aue resultó ser el Coronel D. Juan Antonio Lava- 
eja. Tuvieron después varias reuniones, en las 
cuales acordaron: aumentar su número con algu- 
nos otros compañeros; enviar una comisión á la 
Banda-oriental con el fin de que anunciase á algu- 
nas personas el proyecto y preparase los ánimos; 
pedir dinero á los que simpatizasen con la empre- 
sa, para comprar armas y otros pertrechos; soli- 
citar algunos auxilios al ministro de la guerra; 



268 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

hacer gestiones por que se despachase en la adua- 
na de Montevideo un cajón que contenía 200 ter- 
cerolas y que fué depositado allí en 1823 por don 
Manuel Oribe; tratar de que se pronunciara á fa- 
vor de la revolución un batallón de pernambuca- 
nos que había en Montevideo; nombrar al señor 
de la Torre para eme hiciese en Buenos-aires el 
servicio de agente de los invasores, etc., etc. 

CC XIX — Trabaos preparatorios de la invasión 

Las armas fueron despachadas en la aduana de 
Montevideo; doña Josefa Oribe de Contuci cumplió 
felizmente la ardua tarea de comprometer á los 
sargentos pernambucanos á que se sublevaran 
con el batallón y se pusieran bajo las órdenes del 
sargento mayor D. Pablo Zufriategui llegado que 
hubiese el momento oportuno, para cuyo efecto le 
fueron remitidos á la señora de Contuci una can- 
tidad de cartuchos á bala que proporcionó el par- 
que de Buenos-aires y algún dinero que dió el 
señor de la Torre; se reunieron fuertes donativos 
de orientales y argentinos, entre quienes se distin- 
guieron D. Nicolás y D. Juan José Anchorena, don 
Pedro Lezica, D. Alejandro Martínez, D. Miguel 
Riglos y D. Ramón Larrea; y fueron enviados en 
comisión á la Banda-oriental los señores D. Ma- 
nuel Lavalleja, D. Atanasio Sierra y D. Manuel 
Freiré. v 

Desembarcaron en el paraje del Uruguay lla- 
mado de la Agraciada (1), tomaron caballos en 
la cercana estancia de don Tomás Gómez y se 

(1) No falta quien discuta este nombre desde hace poco tiempo, soste- 
niendo que el verdadero es Guaseada, y que tiene su origen en una graseria 
que hubo allí. No es admisible esta versión por varias raxones. Ni el caste- 
llano ni el portugués tienen tal vocablo, y mal pudieran los diversos domi- 
nadores de la Colonia designar aquel paraje con una palabra de que carecían. 
En algunos documentos brasileños de 1S25 se lee Graciada, que quiere deeir 
en su lengua lo mismo que agraciada en la castellana. He visto ademas en 
poder del señor don Domingo Ordoñana varios documentos públicos del 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 269 

internaron en la campaña en dirección á Cancio- 
nes. Los comisionaclos eran portadores de varias 
cartas en que se exhortaba á la insurrección á de- 
terminadas personas, cuidando de protestarles 
que no se trataba de resucitar la patria de Arti- 
gas. Algunos temores se manifestaron de que se 
volviera á tiempos como los pasados, que no pudo 
disipar del todo la palabra persuasiva de los en- 
viados, razón por la cual solo quedó asegurado el 
concurso de una que otra persona influyente. El 
pequeño grupo regresó al suelo argentino por el 
mismo punto en que había desembarcado, llevan- 
do mas desconsuelo que satisfacción en el alma. 

CCXX— Invailon de la Cisplatlna por los Treintaltres 

Preparado todo para la expedición, no obstan- 
te esos poco halagadores auspicios, se hizo una 
remesa de armas, pertrechos y monturas á una 
de las islas que forma el delta del Paraná, la cual 
está situada frente al paraje de la Agraciada. Sus 
conductores, que fueron los mismos tres indivi- 
duos de quienes se acaba de hablar, recibieron 
el encargo de esperar allí á los otros compañe- 
ros y de convenir con don Tomás Gómez las se- 
ñales que éste debería hacer desde la orilla á fin 
de que los expedicionarios pudieran cruzar el río 
Uruguay sin caer en poder de la escuadrilla im- 
perial, ni de los grupos de caballería que vigila- 
ban aquellos lugares. El señor Gómez debería 
ademas salir á recibirlos en la orilla, conducien- 
do caballos para los invasores. 

siglo xvnr, en que se dá al paraje de la referencia el nombro do Agraciada. 
No 63 fácil descubrir el oríg/m <'< motivo de esta denominación: pero, si ao 
tiene presento que muchos puntos son llamados por el nombro de alguna per- 
sona, ó de algún hecho 6 cualidad personal, no parecerá inverosímil que al- 
guna mujer que se hizo notar por lo agraciada sea la causa de que así so 
llame al punto en cuestión. Pero, sea cual fuere la verdad & este respecto, es 
innegable que el nombre actuares el mismo que ha tenido siempre, sin mo- 
dificación alguna. 



270 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

El Jefe de éstos salió de Buenos-aires en uno 
de los días de la primera quincena de Abril, á las 
cuatro y media de la tarde; se embarcó en eí 
puerto de Sánchez (costa de San Isidro) á las doce 
de la noche siguiente; se puso en camino al rom- 
per el día y llegó á la isla ya nombrada, pasando 
.por entre las del delta, con el retardo de algunos 
días causado por vientos contrarios. Cuando se 
reunieron los Treintaitres, ya había pasado la 
oportunidad que se había prefijado para la inva- 
sión: don Tomás Gómez había ido á la orilla del 
Uruguay con su caballada hasta tres noches se- 
guidas, y habíase visto obligado á emigrar por 
escapar á la persecución de las partidas brasi- 
leñas, ante cuyos ojos se había hecho sospe- 
choso. 

De ahí resultó que no fueran contestadas las 
señales préviamente acordadas con Gómez que 
hacía Lavalleja desde la isla en que él y los su- 
yos estaban ocultos; y que, cansados de esperar y 
apurados por la escasez de víveres, vadearan el 
rio don Manuel Oribe y don Manuel Lavalleja du- 
rante una noche oscura, y convinieran con los dos 
hermanos Ruíz, dueños de una estancia inmedia- 
ta, en que éstos anunciaran por medio de fogatas 
el momento oportuno para la invasión, en una de 
las noches próximas. 

El 18 hicieron los hermanos Ruíz la señal acor- 
dada, antes de media noche, y desembarcaron en 
el arroyuelo de los Ruices, distrito de la Agra- 
ciada (í), en las primeras horas del día diecinueve 
de Abril, estos Treinta y tres inmortales : Juan 

(1) Ha sido muy general la versión do que el dosoinbarco se efectuó en el 
Arenal-grande. Así lo dice don Luis C. de la Torre, íntimo de los Trein- 
taitres, en una monografía que dejó escrita. Personas á quienes don Manuel 
Oribe trató con amistad, aseguran que, cuando e$te general hablaba del des- 
embarco, se refería al Arenal-grande. Hoy sostienen algunos que el paraje 
aludido es la Agraciada. Juzgo quo no hay verdadera disidencia entre las 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 271 



Antonio Lavalleja (coronel); Manuel Oribe (tenien- 
te-coronel); Pablo Zufriategui, Simón del Pino 
(sargentos-mayores); Manuel Lavalleja, Jacinto 
Trápani, Manuel Freiré, Gregorio Sanabria (capi- 
tanes); Basilio Araujo, Manuel Melendez, Atanasio 
Sierra, Santiago Gadea, Pantaleon Artigas, An- 
drés Spikermann (oficiales de menor graduación); 
Juan Spikermann, Andrés Areguatí (sargentos); 
' Celestino Rojas (cabo primero); Carmelo Colman 
(ordenanza); Andrés Cheveste (baqueano); Ra- 
món Ortiz, Santiago Nievas, Avehno Miranda, 
Felipe Carapé, Francisco Lavalleja, Juan Rosas, 
Luciano Romero, Ignacio Nuñez, Juan Acosta, 
Joaquin Artigas, Dionisio Oribe (estos dos, ne- 

dos versiones, y que sucedo en esta cuestión lo que en la del desembarco do 
Liniers, en 1S07. Muohos Gscribcn que desembarcó en la Colonia, j así queda 
consignado en el párrafo LV do esta obra; pero no se quiere decir que en la 
misma ciudad y sí en su distrito ó jurisdicción, pues el paraje preciso del des- 
embarco de Liniers fué las Cónchalas, algunas leguas al N. O. de la Plaza do 
la Colonia. 

Examinada la región del Uruguay en que el hecho so realizó, se vé que 
desemboca el Catalán, formado por la confluencia del Arenal-grande y del- 
Arenal-chico. Dos ó tres leguas al Sud desagua el Agraciada, arroyo de mu- 
cha ménos agua y extensión que el otro. Y más al Sud, en el extremo superior 
de una entrada que hace el Uruguay, ontro la punta de Chaparro y el arroyo 
Sanee, sale una cañada que so llamó á principios de este siglo de Ouardiaza- 
W; años después, hacia 1S25, de los Ruices (a), y después, hasta hoy, de Gu- 
tiérrez. 

Los Treintaitres no desembarcaron en el arroyo á quo afluye el Arenal gran- 
de, ni en el Agraciada: desembarcaron en el do los Ruiccs. Si dioen algunos 
que el desembarco so efectuó en la Agraciada, es porque aluden al distrito 
á quo el arroyo así llamado dá su nombre, pues el arroyo de los Ruicc3 está 
en el distrito de la Agraciada. Así tambicn, si dicen otros, siguiendo la ver- 
sión antigua, que se verificó en el Arenal-grande, es porque tal era en 
1825 el nombre con que se designaba la extensión de tierra en que están com- 
prendidos el arroyo de los Ruices (Gutiérrez) y el Agraciada, por razón de 
los grandes arenales que cubren en aquellos parajes la orilla del Uruguay. 
Por eso dico don Ignacio Nuñez en sus «Efemérides» que Lavalleja arribó « á 
la costa oriental, desembarcando en el Arroyo de los Ruices, BU el Arenal- 
«GBANDE». 

Infiérese de esto que no son incompatibles, como se supone, las dos versio- 
nes, ni contrarias á la verdad. Lo que ha hecho creer otra cosa es quo se han 
confundido los nombres do dos seccionos territoriales con los de dos arroyos, 
ninguno de los cuales es el histórico. 

(a) Llamábase así esa cañada porque los hermanos Ruiz, á quienes he nom- 
brado poco ántes, tenían allí los campos do su propiedad. Hoy existen hijos 
suyos y otros parientes que llevan el mismo apellido, quienes tienen aún el do- 
minio de aquel campo y de otra fracción más que á sus causantes donó el go- 
bierno do Oribe como premio del servicio quo hicieron á los Treintaitros. 



272 H0SQUEJ0 HISTÓRICO 1825 

gros esclavos libertos), Juan Ortiz, José Palomo 
y Tiburcio Gómez (1). 

Lavalleja presidió, hincando una rodilla en el 
suelo, el solemne juramento que los Treintaitres 
hicieron en seguida del desembarco, de libertar á 
la patria de la dominación brasileña ó de perecer 

Í)or ella. En ese acto se desplegó por primera vez 
a bandera histórica que tremoló más tarde vic- 
toriosa en el Rincón de Haedo y en Sarandí. 

CCXXI — Primera victoria y proclama de Lavalleja 

Durante el día 19 se ocuparon los invasores en 
reunir caballos y en explorar las inmediaciones. 
Habiendo sabido que hacia el San-Salvador ha- 
bía un pequeño grupo de soldados imperiales 
mandados por el coronel Laguna, emprendieron 
marcha á hora avanzada de la tarde, alcanzaron 
y dispersaron el grupo y siguieron el camino a 
Soriano, recibiendo en el tránsito tal número de 
adherentes, que cuando llegaron á aquella anti- 
gua población (24 de Abril) formaban un cuerpo 
de más de cien personas. No hallaron quien les 
resistiera. 

Allí lanzó Lavalleja su primera proclama, que 
empieza con estas palabras:— « Viva la patria 

(1) De las varias listas que se conocen de los Treintaitres, he consultado la 

Íuo ha servido al Sr. Blanca para su celebrado lienzo; la que compuso don 
iuís Ceferino de la Torre con el auxilio de los principales jefes, sogun 61 me 
dijo: y una que so publicó en hoja suelta, sin fecha, pero que, á juzgar por su 
aspecto, debe ser anterior al año 40 6 45. Las tres son diferentes tanto en la 
nómina de las personas, tomo en los grados que se les suponen. Como no 
conozco el orígon de la primera y de la última, he preferido la segunda; pe- 
ro, íí fin do que el lector las conozca todas, indicaré las diforoncias. 

No figuran en la lista que tuvo presento el Sr. Blanca los dos últimos que 
nombro en el texto, y en su lugar so nombran Agustín Velazquez 6 Ignacio 
Medina. La lista impresa trae en voz do Ignacio Nuñoz, Celedonio Hojas, 
Basilio Araujo y Francisco Lavalleja, los nombres de Miguel Martínez, Ma- 
tías Gómez, Juan Arteaga y N. Velazco. Es do notarse que esta lista llama 
VeUixco y José Mudina á los quo nombra Velazquez 6 Ignacio Medina la dol 
Sr. Blanes. La lista impresa consigna que Velazco, Artenga y Medina mu- 
rieron en Ituzaingó, y que Dionisio Oribe y Joaquín Artigas eran negros 
esclavos. 



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1S25 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 



273 



« — Argentinos orientales !!! — Llegó en fin el 
« momento de redimir nuestra amada patria de 
« la ignominiosa esclavitud en que ha gemido por 
« tantos años, y elevarla con nuestro esfuerzo al 
<c puesto que la reserva el destino entre los pue- 
« blos libres del Nuevo Mundo. El grito heroico 
<( de libertad retumba ya por nuestros dilatados 
, « campos con el estrépito belicoso de la guerra, 
ce El negro pabellón de la venganza se ha despie- 
ce gado y el esterminio de los tiranos es induda- 
« ble.» Sigue diciéndoles: que animados por el 
fuego sagrado de la patria y decididos á arrostrar 
toda clase de peligros, se han lanzado á recon- 
quistar su libertad, sus derechos, su tranquilidad 
y su gloria; que los libres les hacen la justicia 
de creer que su valor y su patriotismo no se han 
extinguido y que su indignación se inflama al ver 
la Provincia Oriental como un conjunto de sé- 
res esclavos, sin derechos, sin leyes, sin opinión, 
sin gobierno, sin nada propio más que su desho- 
nor y sus desgracias; que corran todos á las ar- 
mas para vengar ala patria y mostrar al mundo 
que merecen ser libres; que « las provincias her- 
« manas sólo esperan su pronunciamiento para 
« protejerlos en la heróica empresa de conquistar 
« sus derechos; que la gran nación argentina, 
« de que son parte, tiene sumo interés en que sean 
« libres; que el congreso que preside los destinos 
« de aquella no trepidará en asegurar el de los 
« orientales, si se muestran decididos porque el 
« « árbol de la libertad se aclimate para siempre en 
« la Provincia »; y concluye así : « Colocado por 
« voto unánime á la cabeza de estos héroes, yo 
« tengo el honor de protestaros en su nombre y 
<( en el mió propio, que nuestras aspiraciones sólo 



« adquirirle su libertad. Constituir la provincia 




nuestro país, 



18 



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274 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1825 



« bajo el sistema representativo republicano en 
« uniformidad a las demás de la antigua unión. 
a Estrechar con ellas los dulces vínculos que án- 
« tes los ligaban. Preservarla de la horrible pía- 
« ga de la anarquía y fundar el imperio de la ley.» 

C CX XII — Movimientos militares de Rivera y otros jefes 

imperialistas 

En cuanto el cónsul del Brasil, residente en 
Buenos-aires, tuvo noticia del embarque de Lava- 
lleja, que fué el 17 de Abril por la noche, avisó al 
gobernador de la Colonia del Sacramento que La- 
valleja, Oribe y Alemán con 20 ó 30 soldados y 
algunos oficiales habían pasado con destino ai 
puerto de las Vacas y con la pretensión de atacar 
el campamento del Durazno, en donde tenían ofi- 
ciales ya comprometidos á pronunciarse en favor 
de la revolución. Le ordenó á la vez que comuni- 
case la noticia á los comandantes de Mercedes, 
Soriano y Pay-sandú á fin de evitar un ataque 
imprevisto, y que tomase las medidas que consi- 
derase convenientes. 

El gobernador cumplió sin demorar las órde- 
nes; y como recibió en esos días oficios del jefe 
derrotado en San Salvador por Lavalleja, en los 
cuales se le decía que los revolucionarios habían 
desembarcado el 23 en la Graciada y que ya te- 
nían cerca de 200 hombres, dispuso que el briga- 
dier Rivera marchase sobre ellos con un cuerpo 
de 500 soldados, de todo lo cual dió cuenta al 
cónsul Pereira Sodré. 

Rivera, como se sabe, era el jefe de campaña 
que contaba con la confianza más ilimitada del 
Barón de la laguna; había hecho cuanto había po- 
dido por merecerla, y últimamente (13 de Febre- 
ro) había publicado una especie de manifiesto, 
motivado por los sucesos de Buenos-aires, en que 



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182."» DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 275 



protestaba que sería fiel al Imperio. Así que re- 
cibió la orden del gobernador Manuel Jorge Ro- 
dríguez, tomó 70 hombres, y se encaminó hacia 
el arroyo Grande, cuya dirección le facilitaba el 
reunir las fuerzas que le eran necesarias para 
perseguir al enemigo, y lo aproximaba á éste en 
el supuesto de que Lavalleja se viniera hacia Ca- 
nelones, buscando el concurso de las pocas per- 
sonas que habían quedado comprometidas á pres- 
tarlo, y contando con que, llegado que hubiese al 
centro de la campaña habitada, le sería más fá- 
cil engrosar sus filas. Al llegar á Monzón, arro- 
yuelo que desagua en el Grande, hizo alto y man- 
dó pliegos al mayor Isas (a) Calderón, que se ha- 
llaba por el Perdido, otro arroyuelo que corre al 
Oeste y paralelamente al Monzón, ordenándole 
que se le incorporara sin pérdida de tiempo y que 
le diera noticias de Lavalleja. Iguales órdenes im- 
partió al coronel Borba y otros jefes de partidas 
diseminadas. 

CCXXIII — Prisión del brigadier D. Fructuoso Rivera 

Pero sucedió que Rivera fué sorprendido por 
los mismos sucesos que esperaba. Lavalleja sa- 
lió de Soriano con dirección á San-José y tuvo la 
fortuna de tomar al mensajero que Rivera había 
mandado á Isas, ántes que ninguna fuerza se 
hubiese incorporado al Comandante general. El 
chasque le enteró de la posición que éste ocupaba 
y de las fuerzas que tenía. Se pensó entónces in- 
tentar la prisión de Rivera mediante un engaño 
que consistiría en que Lavalleja tomara el camino 
que había de seguir Isas para operar la incorpo- 
ración, y en que, adelantándose el chasque, anun- 
ciara la llegada del jefe imperial. Se esperaba que 
Rivera, engañado por la falsa noticia, esperaría 
tranquilamente la aproximación de los revolucio 



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276 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

narios y que, producido este hecho, le sería im- 
posible huir. 

En efecto, como el mensajero había sido solda- 
do de Lavalleja en otros tiempos, se prestó á ser- 
virle ahora con lealtad. Retrocedió, pues, seguido 
de cerca por los revolucionarios; al aproximarse 
á las posiciones de Rivera, dió con una guardia 
avanzada de ocho hombres que mandaba el ayu- 
dante D. Leonardo Olivera, quien dió parte á* su 
jefe de que las fuerzas que se acercaban eran las 
de Calderón. Penetra confiado Olivera en el grupo 
de los patriotas y cae prisionero antes de reparar 
que estaba entre enemigos. Rivera, inducido por 
el parte de su ayudante, monta á caballo y se en- 
camina, acompañado por un negro, á las supues- 
tas fuerzas de Calderón, y es también aprehendi- 
do, desarmado y puesto bajo custodia (29 de 
Abril). 

Olivera se adhirió inmediatamente á la causa de 
la revolución y contribuyó á que los 70 hombres 
de Rivera pasaran á engrosar la columna patriota, 
con los cuales llegó ésta á tener el número de cien- 
to cincuenta combatientes. 

CCXXIV — Rivera ae compromete á servir á la revolución 

La captura de Rivera importaba para los liber- 
tadores tanto como un espléndido triunfo, porque 
privaba al Imperio del jefe más prestigioso de la 
provincia, del único que habría podido levantar y 
oponer sériamente á los revolucionarios las masas 
de la campaña, más obedientes á la autoridad de 
su caudillo que á los sentimientos de nacionalidad. 

No se limitó, empero, á esto la fortuna de los 
audaces libertadores. La circunstancia de hallarse 
entre éstos Lavalleja y Manuel Oribe, dió á los he- 
chos una dirección inesperada. Lavalleja, aunque 
de origen oscuro y formado en la escuela de Arti- 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 277 

gas, era naturalmente bondadoso y honrado, cuan- 
to podía serlo un hombre de sus condiciones. De 
inteligencia mediocre, carácter suave y sentimien- 
tos poco acentuados sin ser indefinidos, había se- 
guido la corriente gauchesca en los sucesos de los 
años de 1820 y siguientes; pero su fibra patriótica 
se había sentido herida en 1823 por el grito de los 
montevideanos, se había pronunciado contra Ri- 
vera y había sido perseguido por éste con tanto 
tesón, que tuvo que huir sin tiempo para ensillar 
su caballo, ni para completar su vestido. De es- 
tos hechos nació el resentimiento de los dos 
compadres. 

Oribe, de familia distinguida y educación esme- 
rada, se había formado en los centros cultos como 
ciudadano y en buenas escuelas como militar, lo 
que dió á su carácter naturalmente inflexible y 
enérgico, cierta firmeza sistemática. Por otra par- 
te, había dejado de obedecer á Rivera después que 
Lecor dominó las márgenes del Plata, y nabía si- 
do su enemigo valiente y encarnizado en 1823, 
cuando los orientales se dividieron por defender 
los unos la anexión al Brasil y los otros la confe- 
deración con las Provincias-unidas. La enemis- 
tad de Oribe y Rivera era tanto más profunda, 
cuanto concurrían á producirla los hechos políti- 
cos y las diferencias personales. 

Rivera se halló, pues, entre verdaderos enemi- 
gos, y como conocía ademas su propia importan- 
cia, no se le ocultó la gravedad de su posición. 
Desde el primer momento le preocupó, nó Lava- 
lleja, cuya clemencia le parecía fácil alcanzar, si- 
no Oribe, que ya se había hecho conocer por la se- 
veridad de sus resoluciones y por su voluntad in- 
domable, y que ejercía en la dirección de las ope- 
raciones revolucionarias un influjo superior al de 
ningún otro de sus compañeros. Temeroso de per- 



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278 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

der la vida, pidió á Jacinto Trápani que hiciera 
por salvarla. Este le tranquilizó, protestándole que 
no se pensaba en ir contra ella. 

Pasaron así algunas horas, en las cuales el as- 
tuto caudillo ideó la manera de salir airoso de 
aquel lance. Invitó á Lavalleja á una conferencia, 
se encerraron solos en un rancho y salieron de él, 
después de dos horas de conversación, mostrándo- 
se reconciliados. Lavalleja presentó poco después 
su compadre á la tropa formada, dándolo á cono- 
cer como su igual en la dirección de la campaña. 
Se había pactado que Rivera se plegaría al movi- 
miento con todas las fuerzas disponibles y que en 
las cartas, oficios y decretos figuraría en primer 
término por razón de su grado militar y con el fin 
de que sus parciales se sublevaran con más es- 
pontaneidad que lo harían si lo vieran ocupando 
un lugar secundario. 

Este hecho, en que Lavalleja muestra una ab- 
negación meritoria, á la vez que Rivera asegura el 
goce de su prestigio, quedando en aptitud para 
usarlo después como más convenga á sus aspira- 
ciones particulares, fué de mucho valor para la re- 
volución, porque le atrajo gran número de secua- 
ces que en otras circunstancias habrían sido sus 
enemigos y porque precipitó los sucesos, salván- 
dolos de eventualidades temibles. 

CCXXV — Plan de insurrección general. Sitio de Montevideo 

Indujo Rivera á sus oficiales, á Calderón, á 
Mansilla, á Laguna y á otros jefes de partidas que 
andaban en los departamentos inmediatos, á que 
se pronunciaran por la revolución. EL núcleo 
marchó en la noche de aquel mismo día con direc- 
ción á San-José, en donde se hallaba el coronel' 
Borba con un regimiento de paulistas. Antes de 
llegar ordenó Rivera al jefe brasileño que se le in- 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 279 

corporase. Borba obedeció sin sospechar que el 
Brigadier fuera ya enemigo del Imperio; se dió 
cuenta de su error al verse rodeado de fuerzas 
que creía, amigas y al oír de labios del mismo Ri- 
vera la expresión de la perfidia de que había sido 
víctima. 

Engrosada la columna revolucionaria con los 
200 prisioneros, siguió su viaje á San-José el 19 
de Mayo y de allí á Canelones. En este punto se 
le agregaron algunos grupos durante el día que 
permaneció en él, continuó marchando hasta el 
Cerrito de la Victoria, en donde se enarboló la 
bandera de los Treintaitres el 7 de Mayo, y se 
estableció el sitio de la Plaza. 

En los días siguientes se pensó principalmente 
en los trabajos de insurrección, se mandaron ofi- 
ciales á diversos distritos de la provincia, se nom- 
bró á Isas para Jefe del sitio, á Don Manuel Oribe 
para su segundo, á Don Leonardo Olivera para 
comandante de Maldonado, á Don Ignacio Oribe 
para el Cerro-largo, á Quiros se le destinó á levan- 
tar el centro de la campaña y al coronel Arenas se 
encomendó el sitio de la Colonia. Rivera fué á si- 
tuarse á inmediaciones del Yi con el fin de dirijir 
desde allí la insurrección de sus parciales, y La- 
valleja estableció el cuartel general en el Santa- 
Lucía-chico, á una legua de la Florida, nombrando 
á Zufriategui para jefe del estado mayor. Todo 
propendía á conseguir que el Sud del río Negro se 
- levantase á un tiempo por todas partes. 

CCXXVI — Medidas defensivas de la Plaza sitiada 

Lecor había recibido con inquietud la noticia de 
la invasión; pero la conducta de Rivera le causó 
la mayor alarma, conociendo cuánto podía la au- 
toridad de su nombre en el ánimo de los campe- 
sinos. El coronel Pintos se había retirado preci- 



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280 BOSQUEJO HISTÓRICO 182S 

piladamente de Canelones al sentir la aproxima- 
ción de los revolucionarios, infundiendo la alarma 
en el tránsito y en Ja Plaza. 

La presencia de los patriotas en el Cerríto pro- 
dujo en los pobladores de Montevideo una ajita- 
cion indescriptible que se manifestó de un modo 
en unos, de otro modo en otros, según los senti- 
mientos eran adversos ó simpáticos á la causa 
que se inauguraba con tanta fortuna. Muchas 
personas se pasaron de la Plaza al campo enemi- 
go; los sargentos pernambucanos cometieron la 
imprudencia de hacer manifestaciones subversi- 
vas sin órdenes ni dirección superior; y el Barón 
de la laguna, creyendo ver en estos hechos la se- 
ñal de una conspiración fraguada en la ciudad por 
ciudadanos orientales, dió orden de aprehender á 
vários, tales como Juan Francisco Giró, Juan 
Benito Blanco, Lorenzo Justiniano Pérez, Fran- 
cisco Solano Antuña, Ramón Masini, Eusebio 
González y José Alvarez; procedió enérgicamente 
contra los sargentos brasileños; puso á precio 
las personas del traidor Rivera y de Lavalleja, y 
mandó al Janeiro á García Zúniga con pliegos 
en que pedía refuerzos considerables con urgen- 
cia. 

A consecuencia de este pedido llegaron á Mon- 
tevideo en la primera quincena de Junio el almi- 
rante Lobo, el teniente general Gasello, de 1000 
á 1200 hombres, 70,000 pesos y una Junta des- 
tinada á juzgar á las personas que estaban en la 
Plaza ó á bordo de la escuadra en calidad de pre- 
sos políticos. Se anunció también la próxima lle- 
gada de dos fragatas y una corbeta con 400 ó 500 
hombres de desembarco, y la reunión de Abreu, 
Barreto y Bento con 2800 soldados. Se había 
proclamado ademas la ley marcial y se decía que 
el almirante Lobo debía marchar de un momento 



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1825 



DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 281 



á otro en la María-da-gloria con pliegos impor- 
tantes para el gobierno de Buenos-aires, de cuya 
actitud no se tenía buen concepto. 

CCXXVII — Complicidad de las autoridades y del pueblo 

de Buenos-aires 

No era infundada esta desconfianza. El parque 
de Buenos-aires había suministrado materiales de 
guerra á los Treintaitres ántes aún que verificaran 
su pasada. Sin embargo, cuando el cónsul brasi- 
leño preguntó al ministro García, en la conferen- 
cia que con él tuvo el 18 de Abril, si la empresa 
de los arrojados orientales contaba con la protec- 
ción del gobierno argentino, obtuvo una respuesta 
negativa. 

Pocos días después se supo en Buenos-aires 
que Lavalleja había pisado ya el suelo de su pa- 
tria; el pueblo y la prensa demostraron grande en- 
tusiasmo y exhortaban con tanta vehemencia al 
gobierno para que auxiliasé la revolución, que el 
cónsul Sodré se creyó obligado á preguntar por 
oficio del 30 de Abril « si el gobierno había toma- 
ce do parte en aquellos acontecimientos ó si la to- 
ce mará en el caso de que vaya adelante el proyec- 
« to de los tales aventureros » . García contestó 
(2 de Mayo) « que no estaba ni podía estar en los 
« principios bastante acreditados de su gobierno 
<( el adoptar en ningún caso medios innobles, y 
« ménos fomentar empresas que no sean dignas 
« de un gobierno regular ». 

Pero, en contradicción con estas protestas, el 
parque seguía suministrando armas y municiones 
en cantidades considerables, las cuales se embar- 
caban con poco sijilo, y hasta ocupándose las pa- 
trullas nocturnas en los trabajos ae carga. A los 
muy pocos días se cargó con ellas y con otras que 
la Comisión oriental había comprado, la goleta 



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282 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

Libertad del Sud, que emprendió viaje hacia el 
Buceo, conduciendo á bordo á D. Ramón Acha, 
D. Atanasio Lapido, D. Gabriel Velazco, D. Fe- 
lipe Maturana, D. Bonifacio Vidal y otros ciuda- 
danos orientales. Varios lanchones y otros buques 
habían partido con armas y con gente engancha- 
da notoriamente, y hasta se intentó abordar bu- 
ques de guerra del Imperio. 

El cónsul Sodré tuvo noticia de que la suble- 
vación de los pernambucanos de Montevideo ha- 
bía tenido por objeto apoderarse de la Plaza, pro- 
clamar inmediatamente la confederación con las 
Provincias-unidas y mandar diputados al Congre- 
so, que solicitarían el apoyo franco y decidido del 
Gobierno argentino. Este por su parte, se había 
dirijido el 9 de Mayo al Congreso demostrándole 
que la guerra iniciada en la Banda-oriental creaba 
la necesidad de asegurar las fronteras y pidiéndole 
autorización para reforzar la línea del Uruguay 
con la tropa veterana que no fuese necesaria á las 
provincias para conservar el órden interior; y el 
Congreso resolvió el 11 accediendo á todo lo pe- 
dido y ordenando ademas que concurriesen con la 
tropa de línea disponible todas las milicias y re- 
clutas, y que el Poder ejecutivo solicitase de la le- 
jislatura provincial de Buenos-aires los fondos 
que fueran menester para el sostenimiento del 
ejército movilizado. 

En vista de tales sucesos comunicó Sodré á su 
Corte los recelos que le inspiraba la República- t 
argentina y le advertía que la protección indirecta 
d§ Las-Heras se dirijía á tener en convulsión la 
Provincia-cisplatina con el propósito de fundar en 
el descontento de los orientales las gestiones que 
pensaba entablar ante las cortes de Inglaterra y 
el Brasil. (13 de Mayo). 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 283 

CCXXVIII — Comunicaciones de Larallcja con Buenos-aires 



Las embarcaciones salidas del puerto de Bue- 
nos-aires con armas, municiones, dinero y gen- 
te enganchada, llegaban á la márgen oriental á 
pesar de la vigilancia de la escuadra brasileña. 
Algunas se dirijieron a varios puntos del depar- 
tamento de la Colonia; otras vinieron á los de- 
partamentos de Montevideo y Canelones. Entre 



Sud, que llegó al Buceo el 12 Mayo conducien- 
do, como se ha dicho, varios ciudadanos y ade- 
mas cuarenta mil pesos en dinero, 1700 armas de 
fuego, sables y municiones, que mandaba el go- 
bierno argentino. 

Al comunicar este hecho el Comandante mili- 
tar al Cabildo de Guadalupe, le decía: « Todo ano- 
<( che mismo quedó en nuestro poder; con más que 
« aquel gobierno hermano, amante de la libertad 
« y engrandecimiento de la Provincia, oferta cuan- 
« to sea preciso y necesario ». Y, aludiendo á las 
medidas que Las-Heras había propuesto al Con- 
greso, agregaba: « Un ejército con todos los ele- 
<( mentos que las circunstancias exijen marcha al 
« Entre-ríos al mando del General D. Martin Ro- 
« driguez á situarse á las márgenes del Uruguay y 
« en nuestro auxilio; ya lo están 800 hombres de 
« la provincia de Entre-ríos, según órdenes re- 
ce cientes que aquel iefe ha tenido. Ya nada será 
« capaz de impedir la marcha de nuestras glo- 
« rias ». 

El mismo día Rivera y Lavalleja apoderaron á 
Zufriategui para que se acercara al Gobierno de 
Buenos-aires y entrara en negociaciones con él, 
instruyéndole del estado de las cosas y de las in- 
tenciones de la revolución, que eran ver libre la 



y su Gobierno 



estas últimas se cuenta 




Libertad del 



284 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

Provincia para mandar sus diputados al Congre- 
so, y solicitando oficialmente el auxilio de solda- 
dos, armas y dinero. Tres días después estaban 
en el Durazno los dos jefes. Acordaron allí nom- 
brar otros agentes para que se entendieran con el 
gobierno de Buenos-aires y se encargaran de todo 
cuanto fuera necesario á la revolución. 

CCXXIX— Decreto contra el pillaje 

Algunos desórdenes se habían cometido en cam- 
paña por soldados republicanos, que empezaban 
á alarmar á las poblaciones, temerosas de que 
volvieran los tiempos del artiguismo. Compren- 
diendo los jefes que nada se opondría tanto á sus 
trabajos como ese temor, si llegara á cundir, die- 
ron una orden del día en que expresaban (15 de 
Mayo) que « La experiencia ha manifestado des- 
« graciadamente en otras épocas, que en la re- 
tí volucion las pasiones se desenfrenan y los mal- 
ee vados se aprovechan en estos momentos para 
« cometer los delitos de deserción, homicidio, es- 
« tupro y latrocinio; y como tales hechos no evita- 
« dos en los principios, después se hace un hábito 
« general, que al fin consuma la ruina del país, 
« hemos acordado no perdonar medio alguno con 
« el fin de evitar sus desastrosas consecuencias». 
Después de esta reminiscencia, que no carecía 
de oportunidad, se hacía saber al ejército que 
«c sería castigado con la última pena, esto es, con el 
« cadalso, todo el que cometiere cualquiera de los 
tí delitos referidos », y se le prevenía que « para 
« sentenciar á tal pena al ladrón, bastaría que 
tí el hurto llegase al valor de cuatro pesos; que un 
« breve sumario en que resultase prueba semi-ple- 
<( na sería bastante para proceder a la sentencia, 
« no debiendo estar el reo en capilla más de vein- 
<c ticuatro horas, esto es, cuando las circunstanr- 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 285 

« cias no exijieran que la sentencia fuese más 
«brevemente ejecutada». 

Se dispuso que se tuviese este decreto por ley 
inviolable miéntras no se creara el gobierno que 
había de regir la provincia; que se hiciera su 
lectura diariamente por los sargentos de com- 
pañía; que se pasara copia á, los jueces y ca- 
B bildos y que se hiciera saber á los vecinos, que 
también quedaban sujetos á las disposiciones 
dictadas. La extrema severidad de esta resolu- 
ción hace suponer hasta nué punto había lle- 
gado el desorden á que se alude al principio, y el 
grado de las inquietudes que despertaba la sola 
posibilidad de que se reprodujeran. 

CCXXX— Se constituye el primer gobierno revolucionario. Se 
•ollcita la reincorporación á las Provincias-unidas 

Las columnas libertadoras se engrosaban y se 
armaban entre tanto. Con excepción de Monte- 
video, la Colonia y Mercedes, que estaban ocu- 
padas por fuerzas imperiales y sitiadas por repu- 
blicanos, los insurrectos dominaban al Sud del 
río Negro, de tal modo que las autoridades mu- 
nicipales y judiciales que se habían pronunciado 
á su favor, funcionaban en el lugar de sus asien- 
tos sin ser molestadas. 

Todos esperaban en Buenos-aires que tan pron- 
to como la nueva situación se afianzara, se decidi- 
rían las Provincias á tomar la causa bajo su res- 
ponsabilidad; razón por la cual apuraban á La- 
. valleja, á Oribe y á cuantos pudieran tener algún 
influjo en la marcha de los negocios, por que ins- 
tituyeran un gobierno y por que el voto popular 
viniera á dar autoridad á la obra comenzada. 

Así se quiso proceder., El 27 de Mayo se dirijió 
Lavalleja á los cabildos manifestándoles que ha- 
bía llegado la hora de convocar un gobierno pro- 



286 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1825 



visional eme representara á la Provincia con toda 
la legalidad que las circunstancias permitieran, y 
ordenándoles que nombraran con el concurso de 
los jueces territoriales y demás autoridades de su 
dependencia, « un sujeto de virtudes, patriotismo, 
instrucción y responsabilidad » para miembro de 
dicho gobierno, el cual debería instalarse en la 
Florida el 12 de Junio. El mismo día nombró 
á los señores' Joaquín Suarez, Alejandro Chu- 
carro, José Antonio Ramírez y Manuel Calleros 
para que constituyeran la Comisión provisional de 
hacienda de la Provincia. 

Instalóse el Gobierno en la Florida dos días des- 
pués del prefijado, compuesto de seis miembros y 
un secretario, cuya presidencia recayó en el Sr. 
Calleros (1). Lavalleja pronunció en el mismo 
acto algunas palabras llenas de sentimiento pa- 
triótico, y se retiró dejando una memoria en que 
daba cuenta de lo acaecido hasta aquel día. La re- 
volución había adquirido un poder respetable, 
pues que contaba 1000 hombres mandados por el 
mismo Jefe, otros 1000 bajo las órdenes de Rivera, 
300 que tenía D. Manuel Oribe, otros* 300 que 
obedecían á Quiros, la división de D. Ignacio Ori- 
be, la de D. Pablo Pérez y varios otros destaca- 
mentos; se habían dado patentes de corso; se ha- 
bía establecido una aduana en Canelones para el 
comercio exterior; se tenía considerable provisión 
de armas, municiones y otros elementos de gue- 
rra adquiridos en Buenos-aires por el crédito y 
amigos particulares del Jefe de la revolución; se , 
habían dirigido éste y Rivera al Poder ejecutivo 
nacional instruyéndole de sus circunstancias y ne- 

(l) Los seis miembros habían sido elejidos por los siguientes departamen- 
tos: Calleros, por el de la Colonia; Francisco J. Muñoz, por el do Maldonado; 
Loreto Gomensoro, por el de Canelones; Manuol Durán, por el de San- José; 
Juan José* Vázquez, por el de Soriano; y Gabriel Antonio Pereira, por el do 
San-Podro (actual departamento del Durazno). 



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3825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 287 

cesidades; y, aunque no se había recibido una 
contestación directa, se había sabido por conduc- 
to de la Comisión-oriental que sus disposiciones 
eran favorables y que ellas tomarían un carác- 
ter decisivo tan pronto como se presentasen co- 
misionados del Gobierno provisional de la Pro- 
vincia. 

A consecuencia de esta manifestación, el Gobier- 
no procedió á la vez que á nombrar á Lavalleja 
para general en jefe con el grado de brigadier y á 
Rivera para inspector general de armas, á comi- 
sionar á dos de sus miembros (Muñoz y Gomen- 
soro) para que pasaran á Buenos-aires y solici- , 
tasen ante el Congreso Nacional directamente la 
admisión de la provincia en la comunidad argen- 
tina y la intervención de todo el poder del Esta- 
do en contra del Brasil. Se pensaba que con esta 
medida se obligaría al gobierno de Buenos-aires 
á salir de su actitud reservada, haciendo públi- 
camente argentina la causa de la emancipación 
oriental, ó que, por lo ménos, aumentarían los 
recelos del Brasil al extremo de causar la ruptu- 
ra de relaciones ya harto tirantes, cosa que al fin 
había de dar el resultado que se buscaba. 

CCXXXI — lia opinión pública de Buenos-aires clama por la 

guerra 

No faltaba base para tales cálculos. En los mis- 
mos días en que el cónsul Sodré prevenía desfa- 
vorablemente á su gobierno, la prensa publicaba 
„ el manifiesto de Lavalleja con extensos comenta- 
rios en que se incitaba á las Provincias á tomar 
parte en la guerra. 

« Encendida la guerra en la Banda-oriental, sos- 
« tenida por todos sus habitantes, se decía; des- 
ee pues que todo medio de conciliación ha sido de- 
tf sechado por el emperador del Brasil; después 



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288 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

« que los orientales se han declarado en masa y 
« repetidas veces contra la incorporación al Im- 
a perio y contra la separación del Estado del Río 
tí de la Plata, ya no puede ponerse en duda que 
tí la guerra contra el Imperio del Brasil es una 
« guerra justa, que es una guerra santa y tanto 
« más cuanto ella debe contribuir á derribar ese 
« monumento de los principios añejos que ha 
tí puesto al frente de la América la Santa Alianza. 
« Podemos aun añadir que ésta es una guerra po- 
« pular de la república contra el imperio que la 

« amenaza» 

Y pasando á los medios con que se contaba 
para realizar estos deseos, se agregaba: « j Cua- 
tí les son las circunstancias que se oponen? La 
« falta de marina, de ejércitos y de soldados sólo 
« importa el apresurar los medios de formarlos. 
« Hay hombres y dinero; hay arbitrios que pue- 
tí den suplir en el entretanto. . . . ¿Qué puede te- 
« merse del Brasil en que no podamos amenazar- 
<f lo? Su marina incompleta, desprovista, mal pa- 
« gada, abundando en hombres mercenarios, sólo 
« presenta un fantasma que desharían cuatro cor- 
<( sarios. ¿No pueden armarse éstos en dos se- 
« manas?. . . La prudencia en la guerra tiene sus 
« límites como en otros casos. Estamos compro- 
(( metidos por principios, por conveniencia y aún 
<c por el honor, si es necesario, a libertar la Ban- 
« da-oriental. Llegó el caso de encenderse la gue- 
tí rra; debemos decir por qué lado nos decidimos, 
a debe hacerse el último esfuerzo; todo lo demás 
ce es contemporizar con la usurpación ó mos- 
« trar debilidad. iY debilidad en las provincias 
«del Río de la Plata!! |Nó, jamás! Abundan en 
« recursos y en patriotismo, que supera todas las 
tí necesidad.es; así, en nuestro concepto, sólo de- 
« be mirarse ahora ¿o que podemos hacer y no 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 289 

« trepidar en decir y declarar que haremos cuanto 
apodamos. » 

CCXXX1I — Lo* parth- alares emprenden el corso 

Uniendo al dicho el hecho, para probar que po- 
dían improvisarse escuadras y ejércitos capaces 
de triunfar, se armaron cinco balleneras y una 
balandra con dineros que la Comisión oriental 
suscribió públicamente, y se las destinó á apre- 
sar buques imperiales. La primera expedición se 
dirijió contra la corbeta de guerra Liberal, esta- 
cionada en la Colonia. Salieron los corsarios del 
puerto de Buenos-aires en la noche del 24 de Ma- 
yo; se acercaron al buque enemigo; pero, advir- 
tiendo que habían sido sentidos, tuvieron que vol- 
ver al punto de partida sin la presa deseada. 

El cónsul brasileño, que ya había pedido en los 
dias 11 y 20 medidas eficaces contra las continuas 
expediciones que se armaban en el puerto, se di- 
rijió el l 9 de Junio, con motivo de la tentativa 
frustrada, al ministro García, narrando lo ocurrido, 
pidiendo explicaciones de las miras del gabinete 
argentino y protestando contra la tolerancia de 
que se quejaba, la cual podría « dar motivo á un 
«justo rompimiento de los lazos de amistad que 
<(Ügan felizmente á entrambos gobiernos». Como 
el Ministro no respondió esta comunicación, el 
cónsul solicitó una entrevista, que tuvo lugar el 
dia 9. Parece que García eludió en ella el dar ex- 
plicaciones, alegando que no siendo Sodró otra 
cosa que cónsul, carecía de la personalidad nece- 
saria para tratar estos asuntos. Pero, no obstan- 
te, el gobierno, dictó el mismo día resoluciones 
tendentes á impedir los hechos que comprometían 
su posición de neutral. 



290 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



CCXXXIII — Proyectase una escuadra. Asonada contra «1 

cónsul brasileño 

Aunque nada inducía á creer que estas medi- 
das se llevarían á cabo, los exaltados dieron se- 
ñales de irritación, siguieron exhortando á la gue- 
rra y formando proyectos. La escuadra es lo que 
más les preocupaba, porque veían que el ejército 
se formaba, aunque lentamente, en Entre-ríos. 
Unos juzgaban que lo más práctico sería pedir 
á Bolívar la escuadra peruana para oponerla to- 
da entera á la del Imperio; otros pensaban que 
esa escuadra bloqueaba al Callao, que no estaba 
completamente vencido el poder de España, y que 
el tiempo y el dinero que necesitaría Ja flota para 
doblar el Cabo de Hornos y emprender operacio- 
nes en el Plata, serían más que los necesarios 
para formar otra en el puerto de Buenos-aires ó 
en la ensenada de Barragan. Se hablaba también 
de equipar buques en Valparaíso; pero no falta- 
ban quienes hallasen más difícil este proyecto. 
Lo hacedero y conveniente era repetir la operación 
del año 14: comprar buques mercantes, armar- 
los y entregarlos á marinos mercantes. Cualquie- 
ra capitán de buque sería un excelente oficial 
frente á los imperiales! 

Así se entretenían los ánimos cuando vinieron 
á llamar la atención del pueblo un bergantín y una 
goleta de la armada brasileña que se avistaron de 
improviso. Súpose que con dos bergantines más 
y otra goleta se ocupaban en cruzar incesantemen- 
te la distancia que media entre el puerto y la pun- 
ta del Indio, y que el Miércoles anterior ( 22 de 
Junio ) habían abordado y apresado un bergantín 
mercante que bajo la bandera de Buenos-aires 
venía desde Parnaguá. Tomáronse informes, pa- 
reció que la noticia se confirmaba y las pasiones 



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t 



1S22 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 291 

siguieron excitándose á las voces de j tropelía ! 
j insulto á la nación ! lanzadas de palabra y por 
escrito, hasta que estallaron el 29 en una vergon- 
zosa asonada con motivo de celebrarse el santo 
cuyo nombre llevaba el Emperador. El tumulto se 
dirijió al consulado gritando : «¡vívala patria! 
« ¡ muera el cónsul del Brasil ! ¡ mueran los bra- 
« sileros! muera el Emperador de los macacos ! » 
y, ya frente á la casa, frenéticos de ira, borraron el 
escudo que había sobre la puerta. Por otra parte 
los corsarios habían apresado una goleta que lle- 
vaba bandera brasileña ( Pensamiento Feliz ) y la 
habían conducido al puerto de Buenos-aires, en 
donde la tenían sin que nadie los molestara. 

CCXXXIV— Reclamaciones diplomáticas 

Estos hechos colocaban al gobierno argentino 
en una posición insostenible: ni asumía lealmente 
la responsabilidad de beligerante, ni cumplía con 
honradez los deberes de gobierno amigo. Con to- 
do, poco dispuesto el Imperio á entrar en guerra 
con las Provincias-unidas, soportaba con pacien- 
cia todas las irregularidades de que le noticiaban 
sus activos agentes. 

Rodrigo José Ferreira Lobo se había presenta- 
do en el puerto de Buenos-aires, según se anun- 
ció en Montevideo, como vice-almirante y coman- 
dante en jefe de las fuerzas navales estacionadas 
en el Río de la Plata, y en tal carácter ofició al go- 
bierno argentino ( 5 de Julio ) manifestándole que 
el Emperador creía que el gobierno de Buenos- 
aires auxiliaba la revolución oriental, porque no 
sólo se le había dado impulso en esta ciudad, insi- 
nuándose la insurrección, abriendo suscripciones 
á su favor y predisponiendo á la Banda-oriental á 
la llamada unión de las Provincias del Río de la 
Plata, sino que también se había hecho uso de los 



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202 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

papeles oficiales y de los periódicos del gobierno 
para llamar el odio general contra la incorpora- 
ción de la Provincia-cisplatina al Imperio, y se 
había suministrado armamento y dinero á los fac- 
ciosos. Se refería en seguida á los actos de los cor- 
sarios, haciendo notar que el gobierno los con- 
sentía, y concluyó diciendo que el Emperador ha- 
bía resuelto mandar fuerzas de mar y tierra para 
rechazar la fuerza en donde fuese menester; pero 
que, como no podía persuadirse de que el gobierno 
de Buenos-aires protejería la insurrección sin una 
declaración franca de guerra, no se decidía á ha- 
cer uso de los medios hostiles de que disponía sin 
exigir primero la explicación de hechos tan graves. 

El ministro García expresó al día siguiente que 
tendría gusto en contestar tan pronto como le 
constase que el Sr. Lobo se hallaba suficiente- 
mente caracterizado. El Vice-al miran te declaró 
que había procedido en virtud de órdenes de la 
Corona, y García repuso que ninguna comuni- 
cación diplomática podía tener lugar con quien se 
presentaba al frente de fuerzas pidiendo explica- 
ciones y carecía de las facultades requeridas por 
el derecho internacional ( 8 de Julio ). 

Pero, en seguida de definir así las posiciones de 
los dos personajes, tuvo el ministro la cortesía de 
satisfacer los deseos del Vice-al miran te, negando 
solemnemente el hecho de haberse promovido la 
sublevación de los orientales por el gobierno de la 
República; sosteniendo que si la revolución había 
recibido socorros de Buenos-aires, habían sido 
comprados por particulares con su dinero en uso 
de la libertad de comerciar que las leyes acorda- 
ban a todos los habitantes, sin excluir los enemi- 
gos naturales; recordando que se habían tomado 
medidas represivas contra los hechos que com- 
prometían la responsabilidad del gobierno; y de- 



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1S25 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 2 ( J3 

clarando por fin que, como el estado de la Banda- 
oriental afectaba hondamente la tranquilidad de 
las Provincias-unidas y era urgente establecer las 
relaciones definitivas de la República con el Im- 
perio, había determinado el Gobierno enviar á Río 
Janeiro una misión especial. Lobo, al acusar reci- 
bo de esta comunicación, aseguró que no debía 
tomarse como actitud hostil el haberse presentado 
en el puerto con parte de las fuerzas navales que 
mandaba; y que, interesado el Imperio en con- 
servar las relaciones amistosas, sólo trataría de 
impedir la exportación de efectos para los insur- 
gentes, y la salida de piratas, ya que eran infruc- 
tuosas las medidas del gobierno de la República. 
( 11 de Julio ). 

CC XXXV- Hostilidades populares a la marina imperial 

No obstante las protestas de García, las re- 
laciones diarias entre bonaerenses v brasileños se 
hacían de más en más difíciles. No podían ba- 
jar de los buques del Imperio los oficiales, ni 
aún vestidos de particular, que es como bajaban, 
porque eran objeto de los gritos y denuestos del 
populacho. Ni podían venir á la orilla del río los 
botes de guerra, porque sus soldados y marine- 
ros eran inducidos en seguida á desertarse, me- 
diante sumas de dinero que se les daban. La es- 
cuadra llegó á no poder servirse de sus botes y 
á tener que alquilar á caro precio los mercan- 
tes del puerto; pero ni éstos podía conseguir, 
porque sus dueños se negaban á prestarle ser- 
vicio alguno, por mucho que se les ofreciera. 

Por otra parte, el corso había tomado propor- 
ciones alarmantes: el San-Martin, el Maipo, el 
Conde de Amarante y otros corsarios empezaban 
á llamar la atención por sus empresas arries- 
gadas. Habían caído en su poder, ademas de al- 



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291 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1115 



gunos buques menores, el Grao-Pará y el Caro- 
lina, y había sido atacado últimamente el ber- 
gantín de guerra Gaivota. Otro buque, bergantín- 
goleta, que había viajado con el nombre de Gui- 
llermo, había sido adquirido por Casares, ar- 
mado y tripulado con 150 hombres, entre quie- 
nes figuraban algunos desertores brasileños, y 
estaba pronto en el puerto para levar sus anclas 
bajo el nombre de General Lavalleja, después 
de haberse aprovisionado con artículos destina- 
dos á la escuadra imperial, que cayeron en su 
poder con la embarcación que los conducía/ Al- 

Í^unos días después se aprestaron en el Riachue- 
o dos lanchones, uno de don Pascual Costa y 
otro de don Pedro Trápani, ámbos miembros de 
la Comisión oriental, y se anunció que debían 
abordar el bergantín sueco Palas, que estaba 
por emprender viaje con cargamento para Río Ja- 
neiro. 

En esos días (21 de Julio) fué sustituido Sodré 
por el capitán-teniente Antonio José Falcao da 
Frota, y recibido oficialmente en el carácter de 
cónsul y agente político del Brasil. Al ser ins- 
truido por su antecesor de algunos de los hechos 
que quedan referidos, recibió tan mala impresión, 
que manifestó al instante á su gobierno la nece- 
sidad de terminar las relaciones con el argenti- 
no, y su intención de retirarse si se reproducían 
los ultrajes (24 de Julio). En notas del 27 de este 
mes y del 9 y 31 de Agosto, denunció los preparati- 
vos de corso que se hacían y pidió contra ellos 
medidas eficaces. García le contestaba en breves 
notas, asegurándole que el gobierno los impediría. 

Y efectivamente, se registraban las embarca- 
ciones, se daban órdenes para que no se dieran 
á la vela sino en condiciones regulares; pero los 
corsarios no se detenían por eso: salían, de- 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 295 

volvían los despachos desde cierta distancia, y 
se dedicaban á perseguir las naves mercantes 
del Imperio, y aún las de guerra, cuando la oca- 
sión les parecía conveniente. 

CCXXXVI — Actitud de la prensa exaltada, con motivo de la 

diputación oriental 

Mióntras se sucedían los hechos marítimos y 
* diplomáticos que se acaba de referir, otros de dis- 
tinta naturaleza, pero no de menor gravedad, se 
desarrollaban en Buenos-aires y en la Provincia- 
cisplatina. Apénas llegaron ála Capital los dos 
miembros del Gobierno provisional uruguayo, se 
suscitó la cuestión de si serían oídos por el Go- 
bierno argentino. Aunque el sentimiento estaba 
formado, Jos prudentes y los exaltados no se ar- 
monizaban on puntos de la conducta que en el 
momento convenía seguir con relación á los ne- 
gocios orientales. 

Los unos, comparando el estado y las fuerzas 
morales y materiales de la República con las del 
Brasil, juzgaban que la unión de las provincias 
no estaba consolidada, que no había seguridad de 
que la paz y la buena armonía fueran duraderas, 
que si bien había prosperado Buenos-aires en los 
cinco años de aislamiento, estaban arruinadas las 
demás provincias, y que, por lo mismo, compro- 
meterse precipitadamente en una guerra interna- 
cional, era exponerse á que Buenos-aires tuviera 
que sostenerla sola, quizas contrariada por los 
caudillos, con probabilidades de éxito tanto más 
negativas cuanto el Imperio había conseguido pa- 
cificar las poblaciones y entrar en una marcha 
regular desembarazada, con poderosos elementos m 
de guerra más ó ménos organizados, de que care- 
cían las Provincias-unidas. 

L,os otros veían al Brasil pobre, rica á la Repú- 



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296 BOSQUEJO HISTÓRICO 1820 

blica argentina, y hallaban facilidades increíbles 
para arrojarse á la lucha y vencer. Debería for- 
marse el ejército con cuerpos de voluntarios que 
acudirían en gran número si se pusieran en juego 
las reuniones, proclamas y músicas, cuanto pue- 
da entusiasmar al hombre; con las tropas de lí- 
nea á que se destinarían los vagos que se captu- 
rasen; y con cuerpos de conscripción en que en- 
trarían todos los que tuviesen voto activo en las 
elecciones. 

Como los combates navales habían de librarse 
en los ríos, que tanto abundan en bancos, serían 
necesarios, no buques de alto bordo y sí cañoneras 
y lanchónos, cuya adquisición se haría en dos 
meses, y para cuya tripulación sobraban hombres, 
pues que se ofrecían hasta los marineros»de la es- 
cuadra imperial. Ademas el corso obligaría á las 
fuerzas del Emperador á dividirse, y las debilita- 
ría; arruinaría el comercio brasileño, repararía 
con sus presas los quebrantos del argentino, y. 
todo se haría de un modo fácil y pronto. 

Se concibe cómo resolvería la cuestión un pue 
blo que así pensaba. El Congreso no debería ti 
tubear para recibir á los agentes orientales y sa 
tisfacer sus deseos. « Si un ministerio más pre- 
« visor ó más decidido hubiera estado al frente de 
« Buenos-aires (decía El Argentino en su número 
« del 23 de Julio), ya las columnas argentinas ha- 
ce brían pasado el Uruguay. Olvidemos, sin em- 
« bargo, esta falta, y atendiendo á lo que somos 
« ahora, veamos lo que debe hacerse, lo que es 
« indispensable que se resuelva para la libertad 
« de nuestros hermanos. — Ellos, después de ha- 
ce berse unido en masa y empuñado la espada, 
« fuertes contra las tropas imperiales, y deseosos 
« de unirse á las demás provincias del Río de la 
« Plata, nombraron un gobierno provisorio y comi- 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 297 

« sionaron dos do sus miembros cerca del Con- 
« greso Nacional para que lo instruyesen de sus 
a votos y exigiesen de él cuanto demandan las 

«circunstancias ¿Cuál debe, ser, pues, la 

« contestación que dé el Congreso á los diputados 
« del Gobierno oriental ? Más propiamente: ¿ de- 

« berá contestarles ? Sí; ésta es la cuestión 

« única, porque si se contesta al Gobierno orien- 
« tal, se le reconoce de hecho y comienza ya á 
« hacer parte de la nación argentina; si no se le 
« contesta, quedan los orientales abandonados á 
« sí propios y sólo como rebeldes para el Imperio 

« que los dominaba Si se les deja de contes- 

« tar, es precisamente porque la contestación es 
« una declaración de guerra contra el Imperio; 
« porque se necesita ganar tiempo para formar el 
<c ejército que ha de hacerla y ha de triunfar ». Se 
extiende luego en demostrar que la declaración 
inmediata daría mejores resultados que si se es- 
pera á que hayan aumentado las fuerzas de la 
nación, y concluye con estas palabras: « Resulta, 
« pues, de todo que sólo hay recurso á las armas 
« para libertar la Banda-oriental, que las circuns- 
« tancias de hoy son las mejores que pueden pre- 
« sentarse. Se debe, pues, contestar al Gobierno 
« Provisorio Oriental, y admitir en el Congreso 
« los diputados de aquella provincia. Son meno- 
« res los inconvenientes que se ofrecen para ello, 
a que las ventajas ». 

CCXXXVII — Actitud del Congreso. Plah de la opinión 

moderada 

No obstante las opiniones de la prensa, el Con- 
greso se mantuvo nrme en su actitud reservada. 
La República argentina no estaba preparada para 
la guerra; por más que el gobierno la quisiera, 
era cuerdo no empezarla, ni provocarla, mién- 



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898 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1826 



tras no estuviesen prontas las fuerzas indispen- 
sables. Esto era lo que interesaba á los mismos 
orientales, aunque su natural impaciencia no les 
permitiera comprenderlo. Por otra parte, la ane- 
xión de la Provincia al Brasil se había hecho con 
formas solemnes, consultando la voluntad po- 
pular, por lo ménos aparentemente, y era me- 
nester que con iguales solemnidades se declarara 
rota esa unión y se incorporara la Provincia á las 
Unidas del Río de la Plata, a fin de que, llegado 
el momento, pudiera oponer el gobierno argentino 
al brasileño razones tanto ó más poderosas y 
análogas á las que éste pudiera aducir $n su fa- 
vor. 

Esta era esencialmente la opinión de los miem- 
bros moderados de la prensa. « Al volver n ues- 
te tras provincias del aislamiento en que han 
« permanecido por algunos años, se han pronun- 
« ciado de nuevo por un acto libre y espontáneo, 
« concurriendo todas ellas con sus diputados á 
«la instalación de un congreso general (había 
« dicho en Junio El Nacional); han jurado su 
« obediencia á las deliberaciones de esta augus- 
« ta corporación en los términos prevenidos por 
« una ley fundamental, y se ha sometido al 
« poder ejecutivo nacional encargado de la dé- 
te fensa del estado, y de la dirección de sus ne- 
<c gocios generales. Es en virtud de estos actos 
« solemnes que la autoridad ejecutiva, al mismo 
« tiempo que ha recibido esa investidura, se ha 
« hecho responsable por su parte de la seguri- 
<( dad, integridad y defensa del país, y ha entrado, 
« por consiguiente, en el deber de emplear á ese 
« efecto todos los medios que le ha consignado 
« y pueda extenderle la ley. El pueblo oriental, 
« pues, desde el momento que se halla expedito 
« para deliberar, debe uniformarse con la con- 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 299 

« ducta de las demás provincias de reproducir 
« sus votos y reconocer sus respectiva obliga- 
re ciones: en suma, entrar de nuevo por las mis- 
« mas vías que las demás en la asociación gene- 
« ral. No dudamos que así lo hará; pero estos 
« actos son de forma y deben llenarse del modo 
« más solemne y más completo, desde que no 
« hay un motivo poderoso ó invencible para re- 
« tardarlos. Verificado esto resultará que aque- 
« lia provincia no sólo pertenezca á la unión por 
« sus antiguos vínculos, sino por una delibera- 

« cion próxima, espontánea y decidida » 

Había, pues, que emprender este doble tra- 
bajo : acelerar la formación del ejército y pre- 
parar las declaraciones solemnes del pueblo uru- 
guayo, para llegar al hecho por que todos clama- 
ban. Así se hizo. 

CCXXXVIII — Hechos con que la autoridad argentina se pre- 
para á proclamar la incorporación de la Provincia-oriental 

El general Rodríguez salió de Buenos-aires 
el 16 de Agosto con dirección á Entre-ríos, 
acompañado por el coronel Don Manuel Rojas, 
jefe de su estado mayor, y por el teniente coro- 
nel Don Tomás Iriarte, su secretario militar y 
comandante general de artillería. Tomaron la 
misma dirección dos compañías de infantería, 
dos escuadrones de caballería y cuatro cañones, 
cuyas fuerzas debían servir de plantel al ejército 
mandado formar en el Uruguay, con tres ó cua- 
é trocientos hombres de caballería eme había ya 
en Entre-ríos reunidos con aquel objeto. 

El general Rodríguez dió una proclama en la 
villa del Paraná (14 de Septiembre), cuyos bre- 
ves términos no eran los más aparentes para 
tranquilizar el ánimo justamente preocupado del 
Emperador. « Yo os felicito, decía á los entre- 



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1 



300 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

« ríanos, porque la suerte señala hoy á vuestra 
« provincia como la vanguardia de la nación. — El 
c( Ejército de la República, provisto de todo, lie- 

« no de recursos no tiene por destino ator- 

« mentar, sino defender la tierra y vuestro repo- 
« so; sus armas no ofenderán sino á los enemi- 
« eos de la nación : á su voz todos ú la vez mar- 
te citaremos á donde nos llame el honor, cuyas 
« sendas os son harto conocidas. » 

Los conceptos señalados eran el anuncio de 
las miras actuales del Gobierno. Las provincias 
comprendieron que el objeto del ejército del Uru- 
guay era, más que el ostensible de guardar las 
fronteras, el oculto de invadir oportunamente la 
Provincia-oriental y buscar su rescate en los 
campos de batalla. Todas respondieron favora- 
blemente al llamado del gobierno. Córdoba hubo 
de poner en camino más de mil hombres; Salta 
mandó al coronel Paz con 600 cazadores y pro- 
metió contribuir con 1500 hombres más ; Men- 
doza debía hacer marchar un batallón; Corrien- 
tes suministró caballerías y tripulantes; la Rioja 
y Jujuí se dispusieron á dar mil combatientes ; 
San*a-féy Entre-ríos hacían esfuerzos análogos, 
y Buenos-aires ponía en movimiento sus infantes, 
sus artilleros y sus caballos, y preparaba por to- 
dos los medios una escuadra capaz de accionar 
en el mar y en los ríos. En Julio ordenó á las pro- 
vincias que pusieran sus contingentes bajo las 
órdenes del coronel La Madrid, y envió á éste di- 
nero para los gastos de la marcha hasla el Uru- 
guay; y en Agosto dio á Don Matías Zapiola la 
comandancia general de marina. 



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182* DE LA REPÚBLICA O. DLL URUGUAY 301 



CAPITULO II 

LA REINCORPORACION 

■* 

CCXXXIX— Hechos con que la revolución concurre al mismo 
fin. Se declara solemnemente la reincorporación á las Pro- 
vincias-unidas. 

Por su parto los orientales convocaron una 
asamblea en que estuviesen representados todos 
los pueblos de la Provincia, con el objeto de re- 
solver el problema de sus relaciones políticas. 
Mandaron diputados las jurisdicciones de la Flo- 
rida, Guadalupe, San-José, San-Salvador, Nues- 
tra-Señora-de-los-Remedios (Rocha), San-Pedro, 
Maldonado, San-Juan-Bautista (Santa-Lucía), 
Piedras, Rosario, Vacas, Pando, Minas y Ví- 
boras, y la asamblea se instaló en la Florida" el 20 
de Agosto, nombrando para su presidente á Don 
Juan Francisco de la Robla, diputado de Guadalu- 
pe y para secretario á don Felipe Alvarez Bengo- 
chea. El 22 se nombró a Lavalleja Gobernador 
y Capitán general de la Provincia. Los días si- 
guientes se emplearon en trabajos preparatorios. 

El 25 de Agosto se reunió la Asamblea espe- 
cialmente para celebrar el acto trascendental para 
que había sido convocada. Las anexiones á Portu- 
gal y al Brasil habían sido votadas en 1821, 1822 
y 1823, sin que las hubiera precedido una declara- 
ción deque la Provincia se independizaba y separa- 
ba de la nación argentina á que había pertenecido. 
Los diplomáticos ele Buenos-aires habían alegado 
ante la Corte de Río Janeiro que una anexión veri- 
ficada sin míe el pueblo anexado hubiese decla- 
rado explícita y solemnemente que no quería per- 
tenecer al Estado cuya parte era, debía reputarse 



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302 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

nula; y juzgó la Corte de tanta fuerza esta argu- 
mentación, que no se atrevió a refutarla directa- 
mente y ocurrió á la invención de que los orien- 
tales se habían independizado desde Artigas de 
hecho y de derecho, pues que Buenos-aires había 
reconocido esa independencia. Era necesario no dar 
lugar á que el Brasil devolviese los argumentos 
á la República-argentina después que la incorpo- 
ración se hubiese consumado, y por lo mismo 
debió declarar ante todo la Asamblea de la Flo- 
rida nulas y rotas las anexiones de 1821 á 1823, 
proclamar independiente la Provincia, y entonces 
usar la soberanía así desligada de todo vínculo, 
para expresar su voluntad de volver á la comunión 
argentina. 

Tal fué el procedimiento empleado en la memo- 
rable sesión del día 25. Empezó la Asamblea por 
declarar « írritos, nulos, disueltos y de ningún 
« valor para siempre todos los actos de incorpo- 
« ración, reconocimientos, aclamaciones y jura- 
« méritos arrancados á los pueblos de la Provin- 
« cia-oriental por la violencia de la fuerza unida á 
« la perfidia de los intrusos poderes de Portugal 
« y el Brasil, que la han tiranizado, hollado y usur- 
ee pado sus inalienables derechos y de he- 
te cho y de derecho libre é independiente del rey de 
«Portugal, del emperador del Brasil y de cual- 
« quiora otro del universo, y con amplio y pleno 
<( poder para darse las formas que en uso y ejer- 
ce cicio de su soberanía estime convenientes». In- 
mediatamente después de hecha esta declaración, 
en el mismo día, y continuando la série de razo- 
namientos, dijo la Asamblea que ee en virtud de la 
«c soberanía ordinaria y extraordinaria que legal- 
<e mente inviste para resol ver y sancionar todo cuan- 
ee to tienda a la felicidad de ella, declara: — que su 
<e voto general, constante, solemne y decidido es y 



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18¿«i DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 303 

« debe ser por la unidad con las demás provincias 
« argentinas á que siempre perteneció por los vín- 
«c culos más sagrados que el mundo conoce:— que 
« por tanto ha sancionado y decreta por ley funda- 
« mental lo siguiente: Queda la Provincia Oriental 
«del Río déla Plata unida á las demás de este 
« nombre en el territorio de Sud-América, por ser 
« la libre y espontánea voluntad de los pueblos 
« que la componen, manifestada por testimonios 
« irrefragables y esfuerzos heroicos desde el primer 
« período de la regeneración política de las Pro- 
« vincias. » El mismo día la Asamblea decretó el 
pabellón que provisionalmente usarían los orien- 
tales (1). 

CCXIi— La Asamblea provincial dicta leyes constitutivas 
y envía diputados al Congreso argentino 

Estas resoluciones fueron festejadas por el pue- 
blo y por las tropas, con tanto más regocijo cuan- 
to se contaba seguramente que el Congreso acep- 
taría la incorporación, satisfechas ya las necesida- 
des relativas al fondo y á la forma. 

El 26 se dió una ley creando tres ministerios pa- 
ra el despacho de los negocios de gobierno, gue- 
rra y hacienda; el 31 se dictó otra ley por la cual 
se autorizó al Gobernador para delegar el mando 
político en una ó más personas, siempre que las 
ocurrencias de la guerra ó cualquiera otra causa 
lo requiriesen; se prescribió que el Gobernador 
debería obtener el acuerdo de la Comisión-per- 
manente de la Asamblea toda vez que se tratase 
de concluir pactos ó alianzas que comprometieran 
los intereses de la Provincia, y se disponía que, . 

(l) Componían la Asamblea los señores Joaquín Suarcz, Juan Francisco 
déla Kobla, Luis Eduardo Pérez, Juan José Vázquez, Manuel Calleros, Juan 
de León, CíÉrlos Anaya, Simón dol Pino, Santiago Sierra, Atanasio Lapido, 
Juan Tomáa Nuiici, Gabriel Antonio Poreira, Manuel Lázaro Cortés, Igna- 
cio Barrio?. 



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304 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

llegado el caso de faltare! presente gobernador, le 
sustituiría interinamente en el mando del ejército 
el jete de más alta graduación y antigüedad, y 
en el gobierno los dos señores que actualmente 
ejercían esa función. 

El 2 de Septiembre suscribió la Asamblea una 
comunicación en que instruía al Congreso argen- 
tino de las declaraciones del 25 de Agosto, cuyas 
copias se le adjuntaban, y dió poderes á los seño- 
res Presbítero don Tomás Javier de Gomensoro 
y don José Vidal j Medina para que hicieran las 
gestiones que requiriera el propósito de la reincor- 
poración y para que representasen la Provincia en 
el Congreso. 

El 7 de Septiembre declaró libres todos los hom- 
bres que nacieran en la Provincia y prohibió el 
tráfico de esclavos de país extranjero, el cual ini- 
ciado en tiempo del coloniaje, había sido fomen- 
tado durante la dominación de los portugueses y 
brasileños, á pesar de estar prohibido en las Pro- 
vincias-unidas desde 1812. 

El 22 del mismo mes delegó Lavalleja el go- 
bierno de la Provincia en los señores don Ma- 
nuel Calleros, don Manuel Duran y don José Nu- 
ñez, usando la facultad que le acordaba la ley 
del 31 de Agosto, y expresando que había resuelto 
dirijir personalmente las operaciones de la guerra, 
y la Asamblea abolió el 30 de Diciembre el dere- 
cho de alcabala (el diezmo) que se pagaba en cada 
venta de cuadrúpedos (cuatropea) y de granos. 

CCXL.I— Conspiración contra-revolucionarla 

Las operaciones militares dieron al gobierno 
una fuerza moral considerable, en el sentido de 
probar á las Provincias-unidas y á las Poten- 
cias extranjeras que la constitución del gobierno 
era un hecho que reposaba en un movimiento ge- 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 305 



neral de opinión, en el dominio efectivo de la cam- 
paña. 

Seguía el sitio de Montevideo, durante el cual 
tenían lugar guerrillas y episodios de importancia 
secundaria, á excepción de uno que hubo de pro- 
ducir graves trastornos. Se sabe que Isas, llama- 
do vulgarmente Calderón, sirvió primeramente 
con Artigas, se sometió á los portugueses cuando 
éstos se apoderaron de la Provincia, y se plegó 
después á los Treintaitres, inducido por Rivera, 
bajo cuyas órdenes servía. Ya al llegar á San-- 
Josó se nabía rebelado contra la revolución y hu- 
bo necesidad de que su jefe lo disuadiera con 
reflexiones y promesas. Debido á los imprudentes 
compromisos que contrajo Rivera, se le nombró 
jefe superior del asedio; y como desconfiaban de 
su lealtad varios de los otros jefes, se acordó que 
D. Manuel Oribe ocuparía el segundo puesto, 
juzgando que la energía y lealtad de éste habían 
de impedir que el otro favoreciese á los sitiados 
haciendo ilusorio el cerco. 

A los pocos días de establecido el sitio hicieron 
una salida séria los brasileños, y Oribe aceptó 
la acción, contando con que el superior venaría 
en su auxilio, pues eran relativamente diminu- 
tas las fuerzas con que entró en la lucha. Pero, 
empeñada ésta, Calderón la presenció impasible- 
mente y tuvo necesidad Oribe de todo su natural 
arrojo para no caer en manos del enemigo. 

Poco después tuvo noticias el último de que se 
preparaba una conspiración en su campo, deque 
era una mujer la que llevaba y traía las comuni- 
caciones que sostenían los de la Plaza con el jefe 
de los conspiradores, y de que ese mismo día 
había de cruzar la línea de asedio. Oribe se situó 
personalmente en el paraje por que ella debería 
pasar, vió llegar á la emisaria, se apoderó de ella, 

20 



Di 



300 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



182-5 



le tomó la correspondencia, y supo entónces que 
se trataba con Calderón nada ménos que de ase- 
sinar á Oribe y demás jefes principales revolu- 
cionarios. Inmediatamente procedió á aprehender 
al conspirador, quien fué juzgado y sentenciado 
á muerte; pero no se ejecutó la pena por haber 
conseguido Rivera que Lavalleja le perdonara el 
día de su santo (24 de Junio), con la condición 
de que el traidor no tomara parte en la guerra (1). 

CCXIiII— Accione» parciales. Combate del Rincón de Haedo 

Según se había anunciado en Montevideo des- 
de principios de Junio, Abren, Bento Manuel y 
Barreto habían invadido la frontera con una co- 
lumna de ejército de 2000 hombres y se habían 
dirijido por el Norte del río Negro hacia su des- 
embocadura en el Uruguay. 

Ignacio Oribe tuvo en el Tacuarí un encuentro 
feliz con un destacamento, cuyo jefe, Caballero, 
cayó en su poder. El coronel D. Julián Laguna 
entró en Pay-sandú el 21 de Agosto, y una parte 
de sus fuerzas sorprendieron y desbandaron al 
mismo tiempo las imperiales, que habían salido 
á pasar la noche fuera del pueblo. Les hizo va- 
rios muertos y prisioneros, y recibió como pasa- 
dos varios grupos que, sumados á los 400 hom- 
bres que llevaba, ascendieron á cerca de 700. 

Rivera siguió en observación la columna impe- 
rial ue Abreu hasta que pasó al Sud cerca de Mer- 
cedes y entró en este pueblo (fines de Agosto). 
Desprendió luego el jefe brasileño una división 
bajo las órdenes del ya célebre guerrillero Bento 
Manuel con el fin de perseguir á Rivera, á quien 
encontró cerca del San-Salvador (en el Aguila) y 
Jo derrotó (4 de Septiembre), obligándole á reti- 

(1) Calderón no'respeto' su juramento. Se pasó al ejército imperial y 
sirvió* en él. 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 307 

rarse precipitadamente hacia el Este con pér- 
dida del mayor Mansilla y varios oficiales y sol- 
dados. 

Pero fué reparado pronto este contraste por 
uno de esos movimientos rápidos y audaces que 
dieron nombre y prestigio al émulo de Lava- 
lleia. Reunió sus fuerzas desbandadas en el Per- 
dido, pasó de allí á la Forida, concibió el proyec- 
to de imposibilitar las marchas de los brasile- 
ños, arrebatándoles las grandes caballadas que 
habían encerrado en el Rincón de Haedo, ó «de 
las gallinas», y se puso en camino, con el inten- 
to de sorprenderlos, el 15 de Septiembre. 

El 22, de noche, pasó el río Negro con 250 
hombres; penetró en el Rincón de Haedo por el 
istmo que lo separa del departamento de Pay- 
sandu, sorprendió las guardias mientras Latorre 
llamaba la atención de Abreu por el lado del 
Sud, y mandó inmediatamente recoger las caba- 
lladas, para sacarlas por donde había penetrado, 
ántes que la columna enemiga se apercibiese de 
la operación y la malograra. 

Pero no la había terminado aún cuando le vi- 
nieron partes de que llegaba al Rincón el coro- 
nel imperial Don Gerónimo Gómez Jardín con 700 
hombres, que eran el triple de los que tenía Ri- 
vera. El hecho era imprevisto para todos: ni éste 
esperaba á Jardín, ni Jardín sabía que se iba á 
encontrar con enemigos. Como el istmo es es- 
trecho, ancho el Uruguay y estaba muy crecido 
* el río Negro, no era posible" pensar en huir; por 
manera que no quedaba otra solución que la de 
rendirse ó intentar una sorpresa, arrostrando 
todos los peligros que entrañaba. 

El audaz caudillo prefirió lo último: reunió sus 
hombrés, cayó como un rayo sobre las colum- 
nas descuidadas de Jardín, y las deshizo sin clar- 



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308 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1B5 



le tiempo para prepararse. Con la sola pérdida 
de veinte nombres entre muertos y heridos, se- 
gún dice su parte á Lavalleja, mató 100 al ene- 
migo, inclusos un coronel, dos mayores y 16 ofi- 
ciales; tomó 300 prisioneros y 1500 armas de va- 
rias clases, y salió del Rincón llevándose ademas 
como siete ú 8000 caballos. El coronel Don Ju- 
lián Laguna y los capitanes Servando Gómez y 
Miguel Saenz'mandaban respectivamente el cen- 
tro, la derecha y la izquierda de la línea republi- 
cana en esa memorable acción, que tuvo lugar 
el 24 de Septiembre. Entre los prisioneros heri- 
dos había seis oficiales y treinta soldados que 
necesitaban cuidados especiales por la gravedad 
de su estado. No teniendo Rivera cómo asistir- 
los, tuvo la humanitaria atención de proponer á 
Abreu que se encargara de ellos, tomándolos 
en el caserío de la Columna real Braganza, don- 
de los dejó. Rivera y Latorre se retiraron hacia el 
Durazno. 

CCXLIII — Acción del Sarandi 

Miéntras se llevaba á cabo la empresa del Rin- 
cón de Haedo, Bento Manuel Ribeiro se dirijió 
á Montevideo con su columna victoriosa de 1200 
caballos, á donde llegó sin dificultades. Estando 
allí se supo que se aproximaba Bento Gonzalvez 
con una división de 1000 hombres, procedentes 
del Rio-grande, y se tuvo también noticia del 
suceso del Rincón. Proyectó Lecor atacar el cam- 
po de Lavalleja, que estaba en Santa-Lucía-chi- 
co, haciendo concurrir á él simultáneamente las 
caballerías de los dos jefes predichos. Salió sin 
pérdida de tiempo Bento Manuel con dirección 
al Norte y se libraron órdenes á Bento Gonzalvez 
para que se le incorporara, cuya operación se 
nizo con rapidez. 



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I 



1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 309 

Como los hermanos Oribe se apercibieron de 
la marcha de Rento Manuel, dieron parte á La- 
valleja y siguieron observando al enemigo. Lava- 
lleja se trasladó entonces al arroyo de la Cruz, 
impartiendo órdenes á Rivera para que viniera 
del Durazno hacia el Sud, y de la Cruz sedirijió 
con sus fuerzas y las de los Oribe á la cuchilla 
del Sarandí (vertiente al arroyo del mismo nom- 
bre que corre de Sud á Norte fiasta el Yí), en don- 
de le esperaba ya Rivera con su división. 

Era el 12 de Octubre. No se tardó en recibir 
parte de que el enemigo venía en la misma direc- 
ción y estaba á una legua de distancia. Se muda- 
ron caballos y se formó en seguida la línea de ba- 
talla, ocupando Rivera la izquierda de la línea, 
Manuel Oribe el centro, Zufriategui la derecha, y 
Quesada la reserva, á cuyo frente se colocó el Ge- 
neral en jefe. El enemigo se aproximó, cambió los 
caballos y se ordenó también para la acción. Los 
revolucionarios formaban como 2400 hombres- 
Ios imperiales tenían 2200. Estos se lanzaron á 
galope, al toque de degüello. Cuando estuvieron á 
tres cuadras de distancia, los orientales se preci- 
pitaron sable en mano á todo el correr de sus ca- 
ballos sobre la línea del frente, y, no obstante 
haber recibido una descarga á quema-ropa, la 
cargaron, la sablearon, la hicieron retroceder y la 
derrotaron. Los imperiales perdieron más de 400 
muertos, 50 oficiales y 400 soldados prisioneros, 
muchos heridos y dispersos, como 2000 armas de 
toda clase, 10 cajones de municiones y toda la ca- 
ballada. Los vencedores sólo tuvieron un oficial 
y 30 soldados muertos, y 13 oficiales y 70 solda- 
dos heridos. 



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310 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



CCXliIV— Actitud del Gobierno, argentino para ron el impe- 
rial, á la llegada de los diputados orientales 

Todos estos sucesos produjeron en Buenos-ai- 
res efectos importantes. Los diputados de la 
Asamblea de la Florida llegaron á la capital de la 
República a los pocos días de recibidos sus pode- 
res. Temerosos de aue no tuvieran asegurado el 
éxito, dieron ante tocto pasos privadamente cerca 
de los miembros influyentes del Congreso y del 
Poder ejecutivo en el sentido de que no se les des- 
echara cuando se presentasen, y comunicaron á la 
prensa las actas en que constaban las declaracio- 
nes sucesivas de independencia é incorporación 
de la Provincia-uruguaya. La prensa se manifestó 
más que nunca decidida en favor de la unión, y 
animó á los diputados á que se presentasen re- 
sueltamente al Congreso con sus poderes y actas. . 

Apercibido el agente Frota de la inminencia del' 
hecho, se dirijió al ministro García (10 de Septiem- 
bre) expresando : que desde hace días circulan 
impresos tres decretos de un nuevo y extraño 
cuerpo legislativo que establece como ley funda- 
mental la unión de la Provincia-cisplatina á las del 
Río de la Plata; aue el gobierno guarda silencio 
respecto de la tal decretada unión, como si quisie- 
ra darle tácito consentimiento, cuando lo conve- 
niente sería manifestar pública y francamente si 
la acepta ó la desconoce; y que, tanto por suponer 
que motivos de buena fé y de interés para los dos 
países se oponen á hacer tal declaración, cuanto 
por instruir ciertamente a su soberano, rogaba 
que el Ministro le informase de qué modo se pro- 
nunciaba en este asunto el gobierno de la Repú- 
blica. 

García contestó á los cuatro días « que el go- 
ce bierno no se halla en estado de pronunciarse con 



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* 



1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 311 

<( respecto á las declaraciones hechas en la Pro- 
« vincia Oriental, á que se refiere el Sr. Agente r>. 
Esta respuesta era tan significativa para el Sr. 
Frota como para los diputados orientales, por 
manera que, reputando éstos conocida oficialmen- 
te la voluntad ael Gobierno argentino, se presen- 
taron confiados al Congreso en la segunda quin- 
cena de Septiembre. 

CCXIiV— Protección del Gobierno argentino á los orientales. 
Manifestación popular con motivo de la victoria del Sarandí 

A los pocos días se recibió en Buenos-aires la 
noticia del suceso del Rincón de Haedo. El go- 
bierno suministró el 8 de Octubre á la Comisión 
oriental, por intermedio de los Sres. Lezica her- 
manos, la suma de 35566,00 pesos fuertes para 
los gastos de la guerra, sazón en la cual el ga- 
binete de Rio Janeiro se dirijía directamente al 
de Buenos-aires protestándole (10 de Octubre) 
que las tropas y buques mandados al Plata no 
tenían otro objeto que el de vencer la insurrec- 
ción de la Provincia-cisplatina, y manifestándose 
sorprendido de que el Gobierno de Buenos-aires 
se hubiese creído obligado á formar la línea del 
Uruguay, á armar tres bergantines y seis barcas 
cañoneras, y á comprar* más embarcaciones con 
el mismo fin. A la vez instruyó á su agente Fal- 
cao da Frota de los términos de esta comunica- 
ción, recomendándole que hiciera cuanto su pru- 
dencia le aconsejase por evitar un rompimiento 
que parecía ya inminente, dado el estado de la 
opinión pública y el envío de fuerzas al Uruguay 
con el fin probable de pasarlas á la Banda-orien- 
tal en el momento que parezca oportuno. Le au- 
torizaba ademas para publicar aquella nota, cre- 
yendo que entre tantos partidos que embarazaban 
la acción del Gobierno argentino, no faltaría algu- 



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312 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

no que se opusiera á una guerra que si bien cau- 
saría grandes males al Imperio, incomparable- 
mente mayores había de causarlos á la Repú- 
blica. 

Pero al mismo tiempo que estos pliegos, se 
recibieron en Buenos-aires los partes de la bata- 
lla del Sarandí, que produjeron un entusiasmo 
extraordinario en los nombres del pueblo y de la 
administración. Hubo manifestaciones públicas 
estruendosas y reuniones populares. Una de és- 
tas, muy numerosa, pasó el día 20 á las diez y 
media de la noche por el domicilio del agente 
brasileño, con una banda de música á la cabeza, 
y prorrumpió en vivas á los vencedores y mue- 
ras al Emperador, á sus amigos y á su cónsul. 
Da Frota pidió el 21 sus pasaportes y garantía 
para su persona. El ministro García le negó el 
22 lo primero, asegurándole que se dictarían pro- 
videncias eficaces para que tales sucesos no se 
repitieran, mientras por otro lado pasaba la Te- 
sorería á la Comisión oriental, por intermedio de 
los hermanos Lezica, 40,000 pesos fuertes. 

El agente insistió el 24 en su solicitud, v escri- 
bió el mismo día á su gobierno que había dado 
este paso porque « no era ya posible permanecer 
« un momento más aquí; en el estado de confla- 
« graeion en que todo esto se halla por el entu- 
« siasmo que en ellos produjo la acción perdida 
« por Bento Manuel, á punto de estar decretada 
« ya la guerra en el Congreso y tener que resol- 
« ver apenas la cuestión de si se ha de declarar 
« ó de si se ha de ir haciendo sin manifiesto al- 
ce guno » . Agregaba que « la llegada de Rivada- 

«via (de Europa) dió á esto gran impulso 

« y ya se expidió la orden para que las tropas de 
« Buenos-aires pasen, sin más ceremonia, á la 
<( Banda-oriental ». 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 313 

CCXIiVI— El Congreso admite la reincorporación de la Pro- 
vincia-oriental 

Los poderes de los diputados orientales y las 
actas de que eran portadores, habían pasado á 
informe de una comisión especial del Congreso; 
esta comisión había dado cuenta de sus trabajos; 
pero, no habiendo satisfecho á la Sala, ésta le 
devolvió los antecedentes para que informara de 
nuevo. 

Con tal motivo, tuvo la comisión varias sesio- 
nes secretas con los diputados, reconsideró su 
dictamen coi* sujeción á las explicaciones que és- 
tos le dieron, y presentó al Congreso el 24 de Oc- 
tubre un proyecto de ley en que se disponía : l 9 
que « de conformidad con el voto uniformo de las 
« provincias del estado y con el que deliberada- 
« mente ha reproducido la Provincia-oriental por 
« el órgano legítimo de sus representantes en la 
« ley de 25 de Agosto del presente año, el Con- 
« greso general constituyente, á nombre de los 
« pueblos que representa, la reconoce de hecho 
« reincorporada á la república de las Provincias- 
« unidas del Río de la Plata, á que por derecho 
« ha pertenecido y quiere pertenecer; 2 ? que en 
« consecuencia el Gobierno encargado del Poder 
« Ejecutivo Nacional, proveerá á su defensa y se- 
<( guridad ». 

Otros proyectos declaraban incorporados los 
diputados orientales al Congreso. Todos esos pro- 
yectos fueron aprobados en la sesión del 25 sin 
modificación, quedando, por consecuencia, incor- 
porada la Provincia-oriental á la República-ar- 
gentina, y representada en el Congreso consti- 
tuyente. 



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314 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1823 



CCXLVII — Se comuuica el decreto del Congreso al Gobierno 

brasileño 

El ministro García se dirijió el 4 de Noviembre 
por intermedio del Barón de la laguna á la Corte 
de Rio Janeiro, haciéndole saber: — «Que habien- 
« do los habitantes de la Provincia-oriental recu- 
« perado por sus propios esfuerzos la libertad de 
« su territorio, ocupado por las armas de S. M. I., 
« y después de instalar un gobierno regular para el 
« régimen de su provincia, han declarado solem- 
« neníente la nulidad de los actos por los cuales se 
« pretendió agregar aquel país al Imperio del Bra- 
<( sil y en su consecuencia han expresado 'que su 
<c ' voto general, constante y decidido era por la 
« ' unidad con las demás provincias argentinas, á 
« ' que siempre perteneció por los vínculos más sa- 
« ' grados eme el mundo conoce. ' » Trascribió en 
seguida el decreto del Congreso, y continuó expo- 
niendo que « pbr esta solemne declaración, el go- 
ce bierno general está comprometido á proveer ú 
« la defensa y seguridad de la Provincia-oriental; 
(( y él llenará su compromiso por cuantos medios 
« estén á su alcance, y por Jos mismos acele- 
« rará la evacuación de los dos únicos puntos 
«militares que guarnecen aún las tropas de S. 
« M. I. » 

CCXLiVIII - Manifestaciones de la Provincia-oriental 
con motivo de su reincorporación 

En cuanto á los orientales, celebraron, se- 
gún las circunstancias lo permitían, el hecho, 
desde tanto tiempo deseado, de la incorporación, 
y la Asamblea general procedió á constituir el 
gobierno definitivo, confiando á Lavalleja las fun- 
ciones del poder ejecutivo. En tal ocasión di- 
rijió éste una proclama al pueblo (17 de No- 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 315 

viembre), en que, después de asegurar que ha 
recibido el poder contrariando sus propósitos, 
dice estos bien inspirados conceptos : « Yo os 
«juro ante el cielo v la patria que antes que es- 
te pire el término efe la ley, y tan luego como las 
« circunstancias lo permitan, conservaré y pondré 
« en manos de vuestros representantes la autori- 
« dad que se me ha confiado. Juro también ser el 
« más sumiso y obediente á las leyes y decretos 
« del soberano congreso y gqbierno nacional de la 
<( república. Os prometo' también alejar de mí, en 
« cuanto me permita la condición de hombre, las 
« personalidades, los odios, los cobardes recelos. 
« Conozco que no soy el árbitro, sino el garante 
« del poder que me habéis confiado. No quiera 
« Dios que yo abuse de la autoridad para oprimi- 
« ros, ó que os niegue la protección de las leyes : 
« pero tampoco permita que me vea en el duro ca- 
« so de ejercitar su rigor contra el culpado. que la 
« despreciare. — ; Pueblos ! Ya están cumplidos 
« vuestros más ardientes deseos; ya estamos hi- 
ce corporados á la nación Argentina por medio de 
« nuestros representantes; ya estamos arreglados 
« y armados. Ya tenemos en la mano la salvación 
« de la patria. Pronto veremos en nuestra glorió- 
le sa lid las banderas de las provincias hermanas, 
<( unidas á la nuestra. Ya podemos decir que rei- 
« na la dulce fraternidad, la sincera amistad, la 

« misma confianza ! » 

En esos días dirijió otra proclama « á los con ti- 
ce neníales pobladores en los territorios de su ju- 

« risdiccion.» « ¡Acción del Sarandí !.... ¡12 

« de Octubre! les decía. ¡Ved ahí que acaba 

« de esparcirse un torrente de sangre americana 
« solo por complacer la sacrilega sed del cruel Pe- 
« dro, y de los mandones europeos ! ¿ Qué os inte- 
« resa á vosotros que pese tambiem su férreo yugo 



31G 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1825 



« sobre vuestros hermanos los Orientales ? ¿ Qué 
« gloria, qué honor, qué interés noble os conduce 
« á mataros con nosotros ?.... No halaguéis, pues, 
« por mas tiempo á esos verdugos y opresores sa- 
« orificándoos sin mas objeto que satisfacer su 
« orgullo y codicia en la dominación de esta pro- 
ce vincia. Abandonadlos á la ira del cielo y délos 
« hombres en la carrera de sus negros crímenes. 
« Abandonadlos antes que el fuerte ejército de las 
« Provincias Unidas que corre á asegurar la inte- 
« gridad y sistema del país, encuentre, en vez de 
« tranquilos y útiles moradores, enemigos obsti- 
« nados de nuestra justa libertad » 

CAPÍTULO III 

EL LITIGIO INTERNACIONAL 
CCXUX — El Brasil declara la guerra á las Provlncias-uiildaM 

Por su parte el Ministro de relaciones exteriores 
del Brasil manifestó el 6 de Diciembre á Raguet, 
agente de Estados-Unidos, que el Emperador ha- 
bía dado órdenes para que se equipara una escua- 
dra destinada á bloquear los puertos de las Pro- 
vincias-unidas, y al día siguiente se dió aviso de 
que dichos puertos iban á ser inmediatamente 
bloqueados por los buques estacionados en las 
aguas del Plata, cuyo número sería aumentado 
sin demora con los que estaban prontos á levar 
anclas. 

' El 10 decretó el Emperador la guerra, ordenan- 
do que se hicieran por mar y tierra al gobierno de 
las Provincias-unidas todas las hostilidades posi- 
bles y autorizando el corso y el armamento que 
quisieran emprender sus súbditos contra aquella 
nación. El mismo día dió un extenso manifiesto 



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1825 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 317 

en que historiaba bajo el punto de vista de sus in- 
tereses los sucesos ocurridos en la Provincia-uru- 
guaya y las relaciones mantenidas con Buenos- 
aires desde 1816, y concluía expresando que re- 
curría á la guerra cansado de sufrir y agotadas las 
esperanzas de llegar por otros medios á un aveni- 
miento. 

CCL — Al terminar el año vciuticiiico 

Al llegar el año veinticinco á su fin, importantes 
disposiciones militares empezaban á preparar los 
memorables sucesos que habían de desarrollarse 
antes de mucho. Ocho días después de la comu- 
nicación del ministro García á la Corte de Río Ja- 
neiro, se anunciaba en Buenos-aires que el oficial 
inglés Roberto Ramsay, puesto al servicio de la 
República-argentina, se embarcaba encargado de 
comprar buques de guerra y armas en los Estados 
de Europa. Algunos contingentes llegaron poco 
después de las provincias interiores con destino 
al ejército de observación situado sobre el Uru- 
guay, y el Gobierno tomaba providencias activas, 
antes de conocer la actitud del Emperador, en 
previsión de la campaña que ya podía reputarse 
abierta. 

El Brasil tenía en movimiento sus fuerzas. El 
23 de Noviembre había invadido Isas (á) Calderón 

Eor el lado de Yaguaron con doscientos y tantos 
ombres. El 28 pasaron la línea del Cuareim 
Abreu y Barreto con una división de 1200 á 1500, 
á la vez que la escuadra imperial tomaba posesión 
de la isla de Marti n-García, que se hallaba des- 
ocupada entonces completamente. A mediados de 
Diciembre, 500 hombres amenazaban internarse 
por el lado del Chuy en la Provincia, y el 21 el 
vice-al miran te Lobo declaraba bloqueados los 
puertos de Buenos-aires y demás poblaciones flu- 



318 BOSQUEJO HISTÓRICO 182& 

viales de ámbos lados del Plata en que dominasen 
las autoridades de las Provincias-unidas. 

Por su parte Lavalleja había llegado al Cerrito 
el 21 de Noviembre con una división de 900 com- 
batientes; había mandado al coronel Laguna hacia 
la jurisdicción del Salto, en los primeros días de 
Diciembre, para que observara á las fuerzas bra- 
sileñas que amenazaban por aquel lado, y queda- „ 
ba afines de ese mes reconcentrando las divisio- 
nes de Mercedes, Maldonado y otros puntos del 
Sud del río Negro, á fin de engrosar la de Rivera, 
que estaba pronta en el Durazno para emprender 
operaciones. Una proclama dada al pueblo el día 
19 llamándolo á las armas, hizo sentir á todos la 
proximidad de acontecimientos decisivos, y la ne- 
cesidad de concurrir á ellos con todos los elemen- 
tos de que pudiera disponer la Provincia. 

CCLiI — PrelimlnareK déla guerra 

E;i Congreso argentino inauguró el año 1826 au- 
torizando por unanimidad de votos al Poder eje- 
cutivo para que resistiese á la guerra que traía el 
Brasil á las Provincias-unidas, y decretando el 
mismo día el corso marítimo contra los buques y 
propiedades del Emperador y de sus subditos . 
(1. ° de Enero). El día siguiente acordó que que- 
daban á disposición del gobernador todas las tro- 
pas de línea y todas las milicias del territorio de 
la República, y autorizó al Poder ejecutivo para 
expedir despachos de brigadier á D. Juan Antonio 
Lavalleja y á D. Fructuoso Rivera « en atención á 
<( los distinguidos servicios que han prestado en 
« favor de la Provincia Oriental ». 

Las-Heras dirijió una circular á los gobernado- 
res de provincia exhortándolos á que avivaran el 
sentimiento público y á que tomaran medidas ca- 
paces de precaverlos contra toda contingencia 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 319 



opuesta á los intereses de la guerra, y expidió 
una proclama á los argentinos en general llamán- 
dolos a las armas en nombre de la libertad y otra 

particular á los orientales, en que les decía : 

« Ocupáis el puesto que se os debe de justicia : 
« formáis la primera división del ejército nacional: 
« lleváis la vanguardia en esta guerra sagrada; que 
« los oprimidos empiecen á esperar y que los viles 
« opresores sientan luego el peso de vuestras ar- 
ce mas. Esa vuestra patria, tan bella como herói- 
« ca, solo produce valientes : acordaos que sois 
« Orientales, y este nombre y esta idea os asegu- 
« rarán el triunfo . » ( 1. ° de Enero ). Poco más 
tarde decretaba el Congreso una renta vitalicia á 
cada uno de los Treintaitres héroes del 19 de 
Abril. 

CC lili— Elecciones y trabajos legislativo! de la Provincia 

Como nada había constituido ni organizado en 
la Provincia-oriental de modo que correspondiese 
á su nueva posición, la Junta de representantes se 
dedicó á promulgar algunas leyes que suplirían 
la falta de una constitución, miéntras no fuera 
ésta sancionada, é hizo también cuanto pudo por 
regularizar las relaciones de la Provincia con el 
Estado, con la cooperación bien intencionada del 
Poder ejecutivo. 

Habiendo dejado de ser uno de los diputados y 
decretado el Congreso á fin del año anterior que 
las provincias duplicaran el número de sus repre- 
sentantes, á fin de satisfacer con más acierto y 
autoridad las necesidades de la guerra, se eligió á 
los señores Mateo Vidal y Medina, Manuel More- 
no y Juan Francisco Giró para completar el nú- 
mero de la representación. El señor Giró no pudo 
aceptar el nombramiento, y se le sustituyó quin- 
ce días después (3 de Febrero) con don Bernar- 



320 BOSQUEJO HISTÓRICO 1826 

diño Rivadavia, quien tampoco pudo servir en ei 
Congreso los intereses de la Provincia-uruguaya, 
porque se lo impedían las obligaciones de otros 
puestos públicos á que había sido llamado. 

Estos nombramientos, que, como se habrá no- 
tado, recayeron los más en conspicuos persona - 
ies de Buenos-aires, demuestran, si nó que se 
hubiesen consultado todas las conveniencias po- 
líticas del momento, la sinceridad con que los 
uruguayos propendían á consolidar la unión so- 
bre la base de sentimientos cordiales y de mu- 
tua confianza. 

Tan plausibles disposiciones fueron confirma- 
das por la Junta de representantes el 2 de Fe- 
brero con la declaratoria de que (da Provincia- 
ce oriental del Uruguay reconocía en el Congreso 
« instalado el 16 de Diciembre de 1824 la repre- 
« sentacion legítima de la Nación y la Suprema 
« Autoridad del Estado ». 

Con relación al orden interno, decretó la Junta 
que se compondría de cuarenta diputados, que 
elejirían indirectamente los nueve departamentos 
en c[ue se dividía el territorio (1); declaró incom- 
patible la función de representante con cualquie- 
ra otro empleo civil ó militar (19 de Enero); pro- 
hibió á todas las autoridades el establecer im- 
puestos, el crear penas, y el designar sueldos ó 
pensiones, obligando al Poder ejecutivo á que 
presentase el último mes de cada año el presu- 
puesto de gastos y recursos, y el primero la cuen- 
ta de inversiones hechas en el año anterior; hizo 
responsables á los ministros por los actos que 
llevaran á cabo en el desempeño de sus carteras, 

Íf les prescribió que asistieran á las sesiones de 
a Junta, ya fuera á dar explicaciones, ó á ilus- 

(1) Eran los de Montevideo, Canelones, Maldonado, Cerro -largo, San-José, 
Colonia, Entre-Yí-y-río-Negro, Santo-Domingo-Soriano y Puy-sandú. 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 321 

trarse en los negocios de interés público (3 de 
Febrero); ordenó que viniera á la tesorería ge- 
neral todo el producto de los impuestos, y orga- 
nizó las oficinas que debían administrar las ren- 
tas generales (10 y 13 de Febrero); declaró que 
ningún individuo podría ser arrestado ni detenido, 
sino para ser juzgado por la autoridad respectiva 
en el más breve plazo; que la propiedad estaba al 
• abrigo de toda violación y de toda extorsión arbi- 
traría; que la industria sería libre de todas las 
trabas que se opusieran á su engrandecimiento, y 
que toda opinión manifestada de viva voz ó por es- 
crito ó por la prensa sería libre de toda censura 
y de tocia dirección administrativa, sin perjuicio 
ele ser castigados como delitos ó crímenes la in- 
juria, la calumnia y la sedición (8 de Julio). 

CCLIII— Ambiciones de Lavalleja 

Simultáneamente con estas leyes, que sentaban 
los fundamentos de la organización provincial, se 
operaban en el Poder-ejecutivo cambios no siem- 
pre bien aconsejados. 

Cediendo á la preocupación funesta de que se 
han de premiar con la más alta función ejecutiva 
los servicios hechos en la carrera de las armas, se 
designó al general Lavalleja para el empleo de go- 
bernador, facultándolo para nombrar delegado 
cuando no pudiera atender el empleo por sí mis- 
mo, cuya imposibilidad había de manifestarse des- 
de luego, puesto que no era conciliable la estabi- 
lidad que requiere el ejercicio del gobierno con la 
continua movilidad que imponen las necesidades 
ele la guerra. 

Por otra parte, Lavalleja, que carecía de dotes 
militares, era ménos apto aún para desempeñar 
el Poder-ejecutivo, pues ejiie era mediocre su in- 
teligencia y no había recibido preparación al- 

21 



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322 BOSQUEJO HISTÓRICO 



guna para las funciones de gobierno. No obstan- 
te, su amor propio, que ya empezaba á dejenerar 
en vanidad, le indujo á ejercer personalmente el 
poder hasta el 22 de Septiembre de 1825, día 
en que lo delegó á un triunvirato, y á hacerse 
cargo de él nuevamente el 7 de Abril, cuando 
más necesarios iban á hacerse sus servicios en 
la campaña. Muchas reflexiones le hicieron sus 
amigos, y aún el Gobierno nacional, por disuadir- 
lo, entre las cuales no eran las ménos poderosas 
las que se referían á la rivalidad del general Rive- 
ra, que se pretendía á su vez con mayores méri- 
tos y capacidad que su compadre, y más merece- 
dor, por consecuencia, de las distinciones de que 
éste era objeto. Pero fué todo inútil. 

Los inconvenientes de tal situación se hicieron 
sentir al poco tiempo tan vivamente, que la Junta 
de representantes tuvo que recurrir á. su autori- 
dad legislativa para remediar el mal, decretando 
el 5 de Julio que el gobernador delegara el go- 
bierno de la Provincia en la persona de D. Joa- 
quín Suarez, quedando éste investido con las 
mismas facultades y sujeto á todas las responsa- 
bilidades del gobernador propietario. La delega- 
ción duraría todo el tiempo eme el general Lava- 
lleja estuviese afecto al servicio nacional. 

CCI.IV — lia presidencia argentina. La capitalización de 

Buenos-alrei 

También la República trabajaba por constituir- 
se definitivamente. Se ha dicho ya que desde que 
se disolvieron las autoridades nacionales y quedó 
sin efecto la constitución de 1819 (año de 1820), 
las provincias permanecieron aisladas, sin pode- 
res comunes, nasta que el Congreso reunido en 
1824 renovó el pacto de unión y promulgó una ley 
constitucional en 1825. Disponía esta ley que las 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 323 

provincias se regirían interiormente por sus pro- 
pias instituciones mientras no se promulgase la 
constitución, y que el gobierno de Buenos-aires 
quedaba encargado del Poder-ejecutivo nacional 
hasta que se nombrase el que debiera ejercerlo 
definitivamente. 

Habíanse iniciado trabajos preparatorios de la 
constitución desde mediados ae ese año, consul- 
tando individualmente á cada provincia acerca de 
los principios fundamentales que habían de adop- 
tarse; pero la redacción y discusión del proyecto 
que con arreglo áesos principios se dictase, tenía 
que ser tarea muy larga, y se creyó que la guerra 
exijía salir cuanto ántes de la situación anormal 
que resultaba de estar confundidos en una sola 
persona los poderes ejecutivos de la nación y de 
la provincia de Buenos-aires. Era razonable que 
habiendo un poder general, distinto de los provin- 
ciales, fuera ejercido por una persona también 
distinta de los gobernadores; y era perfectamente 
compatible con las más sanas intenciones que en 
una época en que habría que imponer cargas y 
obligaciones extraordinarias á todas las provin- 
cias, no partieran las exiiencias del gobernante de 
Buenos-aires, mirado siempre con desconfianza 
por los otros gobernadores. 

Aunque mezclando con estas consideraciones 
móviles no tan inocentes, pues que realmente no 
se buscaba otra cosa que sustituir el régimen fe- 
deral por el unitario, se propuso al Congreso el 
, nombramiento de un presidente, y fué aprobado el 
proyecto por mayoría el 6 de Febrero. El 7 reca- 
yó el nombramiento en D. Bernardino Rivadavia, 
uno de los funcionarios más ilustres que ha teni- 
do la República-argentina, y el 8 se le dió pose- 
sión del cargo. Si el Presidente hubiese sido fede- 
ralista, este hecho no hubiera producido tal vez 



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324 BOSQUEJO HISTÓRICO 132G 

consecuencias graves, á lo menos por el momen- 
to, pues léjos de perjudicar la presidencia al ré- 
gimen federal, le es indispensable. Pero era Ri- 
vadavia uno de esos hombres progresistas, hon- 
rados é inflexibles, que creían al pueblo incapaz 
de grandes empresas, y que no contaban para 
iniciarlas y llevarlas á cabo sino con la inteligen- 
cia y la voluntad de individuos que tuvieran en 
sus manos todo el poder y la autoridad suprema 
de la Nación. El sistema unitario era en su con- 
cepto el único que pudiera hacer concurrir á la 
guerra todas las fuerzas del país, y dar grande 
impulso al progreso de las instituciones naciona- 
les, porque era el único que permitía al Presidente 
y al Congreso reglamentar hasta en sus detalles 
la administración interior de las provincias, com- 
peler á los funcionarios al cumplimiento de las 
obligaciones que desde arriba se les impusieran, 
remover los obstáculos, y dar unidad á la marcha 
que se operase á la vez en todos los puntos de la 
República, bajo la dirección de la inteligencia ex- 
cepcional del único centro de gobierno. Como la 
mayoría del Congreso era constituida de íDerso- 
nas que en el fondo pensaban como él, se decidió 
a aprovechar la oportunidad para imponer al país, 
con la organización unitaria de los poderes, todos 
los grandes proyectos administrativos que ocu- 
paban su mente. 

De ahí que el mismo día 8 se apoderara de las 
tropas de línea y de las milicias de Buenos-aires, 
poniéndolas bajo el mando de los generales Cruz 
y Soler, y que el 9 presentara al Congreso un 
proyecto por el cual se hacía a Buenos-aires ca- 
pital de la República, sustrayéndola á la auto- 
ridad de la lejislatura, magistrados y goberna- 
dor provinciales, a fin de que los poderes na- 
cionales pudieran desenvolver su acción libres 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 325 

de los conflictos que podrían resultar de la co- 
existencia de dos gobiernos en una ciudad mis- 
ma. 

Profunda emoción produjeron estos actos, par- 
ticularmente en Buenos-aires, cuya organización 
política y administrativa había llegado á un alto 
grado de perfeccionamiento. Se levantaron pro- 
testas en el seno del cuerpo legislador, el go- 
bernador Las-Heras se quejó del despojo que 
se hacía á la Provincia, y partían del pueblo 
acriminaciones apasionadas porque se destruían 
en una hora las instituciones provinciales radica- 
das en seis años de órden y de trabajo. 

Gran ruido hizo la discusión del proyecto en 
el Congreso; las pasiones se excitaron extraor- 
dinariamente en pro y en contra; nada se dejó 
de alegar; pero el proyecto se convirtió en ley el 
3 de Marzo; se comunicó el 7 á Las-Heras que 
la ciudad y el territorio de Buenos-aires queda- 
ban bajo la inmediata y exclusiva dirección del 
Congreso y del Presidente de la República, y en 
seguida se le declaró cesante por un decreto. 

CCIiV — Triunfo del unltarUmo 

El resultado de todo esto fué que desapareció 
la autonomía de la provincia de Buenos-aires, 
asi como la preponderancia que en ella ejercían 
los federalistas, sin que se hubiese realizado la 
separación de las autoridades nacional y provin- 
cial, que fué el objeto aparente y razonable de la 
ley de presidencia. Desde este momento fué se- 
riamente combatida la administración de Rivada- 
via dentro y fuera del Congreso. La actitud de los 
vencidos halló un nuevo motivo en el proyecto 
de ley que la Comisión de negocios constitucio- 
nales propuso el 4 de Junio acerca de si redac- 
taría el proyecto de constitución « sobre la base 



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326 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



« de un gobierno representativo republicano, con- 
« solidado en unidad de régimen ». 

El Congreso empezó la discusión el 14 de Julio; 
federales y unitarios apuraron en la tribuna y en 
la prensa los medios de persuasión; el 19 se votó 

Íj decidieron cuarentaitres votos contra once que 
a forma de gobierno fuera unitaria. Los diputa- 
dos orientales no estuvieron de acuerdo: dos 
(Campana y Sienra) votaron por la afirmativa; 
uno (Mateo Vidal) votó por la negativa; y el 
cuarto (Manuel Moreno) no votó por estar au- 
sente. 

La solución dada á este problema, que tantas 
agitaciones había ocasionado en la República-ar- 
gentina, era legal, sin duda; pero no es ménos 
cierto que iba contra el sentimiento de la mayo- 
ría del país. Esta oposición entre el sentimiento 
popular y las ideas de los que representaban al 
pueblo, que tan mal sienta en países regidos por 
instituciones democráticas, resultó fatalmente de 
la misma imperfección de las doctrinas que se te- 
nían acerca efe la representación. Las provincias 
habían nombrado sus diputados atendiendo más 
á la ilustración, espectabilidad y cualidades mo- 
rales de los electos, que á las opiniones que sos- 
tenían en materia constitucional. De ahí resultó 
que nó todos los representantes de provincias fe- 
derales fuesen federalistas. La oriental tenía cua- 
tro diputados; y de ésos, eran unitarios dos y dos 
nó. Cuando llegó el momento de decidir, cada 
miembro del Congreso votó en favor de sus opi- 
niones individuales; y como los más eran unita- 
rios, se resolvió contra la federación, á que in- 
dudablemente adhería el mayor número de las 
provincias. Resultó de ahí una verdadera revolu- 
ción llevada á efecto por los poderes públicos con- 
tra el pueblo, pero ocasionada, es lo. cierto, por 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 327 

la irregularidad con que éste procedió al elejir los 
que habían de llevar su voto al Congreso. 

En la lucha de los constituyentes con el pue- 
blo, tenían que ser vencidos aquéllos tarde ó 
temprano: era cuestión de tiempo. Y es sabido 
que los gobernantes que empiezan su carrera en 
pugna con la voluntad popular, están condena- 
dos á vivir penosamente miéutras no llega el mo- 
mento de su caída. 

El error de Rivadavia y los que le apoyaban 
consistió en no haber conocido esta ley de las 
. democracias, sino después de producido el mal. 
La oposición de los Federales de Buenos-aires 
continuó enérgica, implacable; y se difundió en 
las provincias occidentales, trabajó activamente 
algunos ánimos de la Banda-oriental, é hizo cuan- 
to pudo por desacreditar al gobierno y hasta por 
reducirlo á la impotencia en la guerra contra el 
Brasil! Tales son los excesos de que es capaz el 
hombre extraviado por las pasiones. 

CCtVI — Sucesos militares. Infidencia del general Rivera 

Los sucesos militares seguían entretanto su 
curso lento. El general Rodríguez pasó el Uru- 
guay el 28 de Enero con 1500 hombres de las tres 
armas y se situó sobre ese río cerca del arro vuelo 
de San-José, entre Guaviyú y Queguay, áesde 
donde expidió una proclama al ejército nacional 

Ít dictó providencias tendentes á organizar la de- 
fensa y á preparar la futura campaña. D. Ma- 
nuel Oribe batió el 9* de Febrero en el Pantanoso 
una partida de 300 brasileños que salieron del 
Cerro, matándoles 4 oficiales y 46 soldados. La- 
valleja llegó el 11 de Marzo al sitio de la Colonia 
(ya sostenido por 600 combatientes) con 300 hom- 
bres de infantería, 400 de caballería y 4 cañones, 
dispuesto á emprender operaciones decisivas so- 



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328 BOSQUEJO HISTÓRICO ' 1826 

bre la plaza en combinación con la escuadra bo- 
naerense. 

Como Bento Manuel estaba cerca del Cua- 
reim, dispuesto á pasar al Sud, donde había más 
de doscientas mil cabezas de ganado entre aquel 
río y el de Arapey, se dirijió contra él Rivera por 
haberle ordenado el general Rodríguez que lo sor- 
prendiera. El caudillo, de cuya buena voluntad 
no se estaba seguro desde la acción del Sarandí, 
tanto porque sus rivalidades con Lavalleja y el 
hecho de ser éste el más distinguido por las auto- 
ridades argentinas lo tenían irritado, cuanto por- 
que había influido en su ánimo la oposición fede- 
ral, aparentó cumplir la orden del General en jefe; 
pero hizo su marcha con deliberada lentitud con- 
tra la opinión de los jefes y oficiales que lo acom- 
pañaban, y cometió el acto imperdonable de po- 
ner en libertad á un portugués que había sido 
tomado por las avanzadas, dando lugar á que avi- 
sase á Bento Manuel la marcha de los republi- 
canos, á tiempo para evitar la sorpresa. 

Así sucedió que cuando llegó Rivera al Cua- 
reim el 19 de Mayo, ya el coronel brasileño ha- 
bía emprendido la retirada, si bien no con tanta 
holgura que le permitiera llevar una parte de los 
bagajes. El 20 dio cuenta de su frustrada opera- 
ción y se ocupó después en robar grandes canti- 
dades de ganado qiie hizo pasar á Entre-ríos pa- 
ra disponer allá de ellos como de cosa suya, y en 
mantener relaciones con entidades imperiales á 
fin de arreglar los negocios pendientes de tal ma- 
nera que desapareciesen de la Banda-oriental La- 
valleja y la intervención argentina y volvieran las 
cosas* af estado que tenían ántes del 19 de Abril 
de 1825. 

Estos proyectos no se descubrieron hasta más 
tarde; pero la conducta observada por Rivera en 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 329 

el Cuareim fué de tal gravedad, que el general 
Rodríguez se dispuso primeramente á someterlo 
á un consejo de guerra y prefirió después, por 
consideraciones políticas que le imponían las cir- 
cunstancias, mandarlo á Buenos-aires; con cuya 
medida consiguió, á sabiendas en parte y en parte 
sin saberlo, librarse de un elemento doblemente 
peligroso. 

CCIiVII — Las provincias y la guerra. Airear sustituye á 

Rodríguez 

Las provincias no correspondieron a las espe- 
ranzas que se tuvieron al principiar el año en su 
decidido concurso. La-Madrid se hizo revolucio- 
nario en una de ellas, y tras él se pronunciaron 
otros en otras provincias, por manera que em- 

Slearon en guerras civiles las fuerzas que habían 
e mandar contra el Brasil. Las que no se retra- 
jeron por este motivo, se vieron comprometidas 
en la lucha que el partido federal sostenía con los 

Í)oderes nacionales, y hallaron que era combatir- 
os lícitamente el abstenerse de concurrir con efi- 
cacia al triunfo de las armas argentinas en la 
guerra con la potencia extranjera. 

De ahí resultó que el Gobierno nacional busca- 
ra en Buenos-aires los recursos que en vano pe- 
día a las provincias, echando mano a las rentas 
que la capital producía, recurriendo á usos ex- 
traordinarios del crédito bancario, promoviendo 
empréstitos, creando cuerpos de enganchados por 
crecidos precios v promesas sumas, todo lo cual 
importaba sacrificios inmensos. 

Formadas de este modo, salieron del puerto de 
Buenos-aires en los meses de Abril. Mayo, Junio 
y Julio expediciones de tropas, armas, municio- 
nes, vestuario, etc., que iban á desembarcar en 
el puerto de las Concnillas y en el de las Vacas, 



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330 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1S2-5 



después de pasar felizmente por entre los nume- 
rosos buques de la escuadra bloqueadora. 

Reforzado ya con parte de estos contingentes, 
el general Rodríguez abandonó su campamento 
de San-José del Uruguay el 4 de Julio y llegó el 

13 del mismo mes al Durazno, en donde estable- 
ció su cuartel general. El 14 de Agosto fué nom- 
brado para sustituirle el general D. Cárlos de Al- 
vear, quien llegó á la Provincia-oriental á los po- 
cos días y se recibió del mando del ejército el 31. 

CCI/VHI— Combates marítimos de Enero y Febrero 

La escuadra imperial del Río de la Plata cons- 
taba, á mediados ae Enero, de treinta y tantos bu- 
ques, entre fragatas, corbetas y bergantines. El 

14 se presentaron ante Buenos-aires 13 de esos 
buques, A los cuales no hubo que oponer mas que 
los bergantines Balcarce y Belgrano armados en 
guerra, bajo las órdenes del intrépido Brown. Am- 
bos se acercaron á una corbeta y un bergantín 
enemigos en presencia de un inmenso pueblo que 
cubría la ribera; pero éstos no aceptaron el com- 
bate, á pesar de venir en su protección otros dos 
buques de igual clase. 

El suceso motivó grande entusiasmo; se hi- 
cieron suscripciones populares para comprar 
más buques y los marineros mercantes extranje- 
ros se ofrecieron á servir como si se tratara de 
una causa de su patria. El 27 contaba el Gobier- 
no argentino, ademas de los nombrados, la fraga- 
ta 25 de Mayo, los bergantines República-argen- 
tina y Congreso-constituyente, la goleta Sarandí 
y trece cañoneras pequeñas. 

El 5 de Febrero provocó esta escuadrilla á com- 
bate á los 17 buques brasileños, pero sin conse- 
guir su objeto. El 9 se hizo á la vela, alcanzó á 
la escuadra enemiga en la punta de Lara y se 



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» 



1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 331 

trabó el primer combate habido en esta guerra, 
del que resultaron bastantes muertos y heridos, 
contándose entre los primeros el comandante del 
29 de Agosto, y entre los segundos el del Caboclo 
(ambos brasileños). La corbeta Liberal y el ber- 
gantín Caboclo sufrieron considerablemente en 
su casco y arboladura, por cuyo motivo tuvieron 
, que arribar á Montevideo para ser reparados. El 
22 hizo Brown una salida sin importancia. El 24 
hizo otra, se fué contra nueve buques, incluso 
la fragata Emperatriz, de 44 cañones, que estaban 
situados al S. E. de la punta del Indio y los per- 
siguió hasta obligarlos á entrar en el puerto de 
Montevideo. 

CCLIX — Bloqueo y ataque de la Colauia 

Se dirigió del frente de Montevideo á la Colo- 
nia, con el intento de atacarla en combinación con 
fuerzas de tierra.' El 25 batió las trincheras de 
esta plaza, destruyó el fuerte de Santa-Rita y 
obligó á embicar al bergantín Real-Pedro, aun- 
que á precio del Belgrano, que varó, y de la vi- 
da de Cerré ti, comandante del Balcarcc. El 2 de 
Marzo lanzó á las diez y media de la noche seis 
pequeñas cañoneras con el fin de que incendia- 
ran los buques de guerra enemigos que perma- 
necían bajo las defensas del puerto; dos de ellas 
incendiaron un buque; las otras cuatro vararon, 
salvándose la única de ellas que pudo ponerse á 
flote, con la tripulación de las demás. Tomó á la 
• * vez el repuesto de víveres que los sitiados tenían 
en la isla de San-Gabriel, creando de este modo 
una situación apurada á la guarnición, cuyas co- 
municaciones terrestres estaban cortadas por los 
600 hombres que mantenían el sitio bajo las ór- 
denes de Arenas. 

Brown esperaba con impaciencia la llegada de 



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332 BOSQUEJO HISTÓRICO 1826 

Lavalleja al sitio, cuyo hecho habíase anunciado 
desde el 3 de Marzo, para emprender simultánea- 
mente por mar y tierra operaciones decisivas que 
habían de dar por resultado la toma de la Plaza. 
Pero el general Lavalleja no pudo llegar ántes 
del 11, según se ha visto, y la escuadrilla de 
Brown no estaba ya en aptitud de poner en prác- 
tica el plan concebido. El vice-al miran te Lobo 
había zarpado de Montevideo el 28 de Febrero, 
ignorando el rumbo que tres días ántes habían 
tomado las embarcaciones argentinas; al llegar 
al Banco-chico, camino á las costas de Buenos- 
aires, había recibido parte del Gobernador de la 
Colonia en que se le daba noticia de los sucesos 
ocurridos y se le pedían auxilios urgentes. Lo- 
bo tomó entónces la dirección al punto amenaza- 
do, á cuya vista llegó el 6 de Marzo. Tenía allí 
19 buques poderosos, pero no se atrevió á ata- 
car: fondeó á gran distancia y ordenó que se le 
incorporasen las fuerzas de Martín-García y la 
escuadrilla del Uruguay, juzgando que de este 
modo haría imposible la evasión de las naves 
republicanas. Se equivocó. El 13 por la noche 
hizo Brown levar anclas, pasó inesperadamen- 
te por entre las islas situadas al frente de la 
Colonia, y el 14 á las ocho de la mañana entra- 
ba c n sus catorce naves en el puerto de Buenos- 
aires. 

CCI^X — Brown sorprende las fragatas Nicteroy y Emperatriz 

Algunos días más tarde volvió á salir Brown 
de Buenos-aires con intención de hacer un reco- 
nocimiento, cruzó el Río de la Plata sin apercibir- 
se de que Lobo estaba situado ai Sudeste del 
Banco-chico-de-Ortiz, llegó hasta el puerto de 
Montevideo, y se encontró en él con la hermosa 
fragata Nicteroy, con la cual sostuvo un lijero 



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1S26 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 333 



de guerra menores que apresó en el camino. 

Reconocida la posición de la fragata, se pro- 
puso Brown apresarla en su fondeadero. Salió 
de Buenos-aires al amanecer del 26, con seis bu- 
ques, se dirijió a la punta del Indio, y como no 
halló enemigos, tomó el camino de Montevideo, 
creído de que aquéllos andarían por Maldonado, 
encargando particularmente la empresa del abor- 
daje á la 25 de Mayo que montaba, y al Indepen- 
dencia. A las 11 de la noche del 27 se acercaron 
á la escuadra imperial, que hallaron fondeada en 
línea en el puerto de Montevideo; la 25 de Mayo 

Í>asó por el lado de una gran fragata que no era 
a Nicteroy, ni pudo distinguir Brown si era bra- 
sileña ó de otra nacionalidad. Momentos después 
salió el almirante argentino de sus dudas: era la 
Emperatriz; pero ya ésta se había apercibido de la 
presencia de su enemigo y descargado sus ca- 
ñones; había pasado la oportunidad de la sor- 
presa y todo quedó reducido á un combate en 
que pereció el comandante de la nave imperial 
Y recibió ésta daño considerable. El vice-almirante 



hecho, acusado por su conducta en toda la cam- 
paña y sustituido por James Norton. 

CCL.XI— Combates del 11 de Junio y 30 de Julio 

El nuevo almirante se presentó en el puerto de 
Buenos-aires el 23 de Mayo, en cuyo día tuvo un 
encuentro con la escuadra argentina, sin conse- 
cuencias. El 25 hubo otro cañoneo de poca im- 

Portancia. El 11 de Junio estaban anclados en los 
'ozos 4 buques de cruz argentinos y 7 cañoneras; 
esperando el regreso de otros 6 que habían ido á 
las Conchillas con tropas y materiales de guerra, 
cuando fueron atacados de improviso por toda 



combate. Regresó llevando 





ocasión de este 



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334 BOSQUEJO HISTÓRICO 1826 

la escuadra imperial, compuesta de 31 buques. 
Brown la recibió sin levar anclas con una des- 
carga general. El fuego se sostuvo de parte á 
parte con vigor durante una hora, ¿i medio tiro 
de cañón, después de cuyo tiempo se retiró el 
almirante Norton sin causar daño. Esa misma 
tarde volvieron las 6 embarcaciones expediciona- 
rias; los imperiales intentaron impedir que se in- 
corporaran al resto de la escuadra, pero sin éxito. 

El 29 de Julio hubo otro combate á las 7 de la 
noche, durante el cual se hundió una goleta 'ene- 
miga. El 30, nuevo combate y sangriento, que 
duró más de siete horas, tomando parte 23 buques 
imperiales. Estos tuvieron que llevar á remolque 
una fragata, una corbeta y un bergantín. Los ar- 
gentinos perdieron la 25 de Mayo, completamente 
destrozada por los cuatro buques que la atacaron. 
Hubo en ella 14 muertos y 23 heridos, entre és- 
tos Brown, levemente, y el bravo capitán Espora. 
Esta acción fué la última de importancia que tuvo 
lugar en el año que trascurre. 

CCI-.XII~-8e organiza la administración provincial 

Tales fueron los acontecimientos habidos en el 
Río de la Plata hasta el fin de Agosto. Otros de no 
ménos trascendencia se verificaron ó se iniciaron 
en los cuatro meses siguientes. La Junta de re- 
presentantes y el Gobernador de la Provincia- 
oriental hacían esfuerzos patrióticos por llevar 
adelante la organización de la administración pú- 
blica y por ejecutar las leyes y decretos de los 

Í)odcres nacionales; pero sus esfuerzos se ma- 
ograban con frecuencia por falta de hombres ap- 
tos y de recursos pecuniarios. Las primeras in- 
teligencias del país servían al Brasil ó estaban 
excluidas por haberle servido; por manera que 
el Gobierno se vió en la necesidad de solicitar la 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 335 



cooperación de numerosas personas de Buenos- 
aires y la obtuvo para diversos servicios. Care- 
cía asimismo de rentas por estar el enemigo en 
posesión de Montevideo, Colonia y Maldonado, 
que eran los puntos por donde el país las recibía 
principalmente; lo que hizo menester que el Go- 
bierno de Buenos-aires supliese con el tesoro na- 
cional las deficiencias de los recursos propios 
de la Provincia. Ya había proporcionado creci- 
das sumas en varias ocasiones; pero, como las 
necesidades eran constantes y regulares, asignó 
a principios de Septiembre una suma mensual 
de 5000 pesos. 

Se pensó que este auxilio permitiría hacer algu- 
nas mejoras, y no tardó el gobernador Suarez 
en proponerlas á la legislatura, quien las aprobó 
con lijeras modificaciones por su ley del 6 de 
Octubre, que vino á reformar una buena parte 
del régimen administrativo. Se abolieron los tra- 
dicionales cabildos que tenían la dirección de la 
policía, y las alcaldías ordinarias (jue administra- 
ban la justicia. Como el territorio estaba dividi- 
do en departamentos, se subdividieron éstos en 
cuarteles, y se organizó el servicio policial de 
modo que el Poder-ejecutivo tuviera la suprema 
dirección en toda la provincia, hubiera por lo 
ménos un comisario en cada departamento bajo 
la dependencia de aquél, y fuera atendido cada 
cuartel por un alcalde, cuyo jefe inmediato sería 
el comisario del departamento respectivo. La jus- 
ticia debería ser administrada por jueces de paz, 
por tres jueces letrados que deberían cambiar de 
domicilio cada tres años, y por un tribunal. Los 
jueces de paz conocerían en asuntos de poco va- 
lor, los letrados fallarían los recursos deducidos 
contra las sentencias de aquéllos y ademas las 
cuestiones de mayor valor que se suscitasen; el 



336 BOSQUEJO HISTÓRICO 132G 

tribunal conocería los recursos opuestos á los fa- 
llos de los jueces letrados. Se instituyó ademas la 
deferí suría de los pobres y de los menores de edad, 
cuya función debería ejercer un letrado. A los po- 
cos días se solicitó el servicio de cinco abogados 
de Buenos-aires para desempeñar algunas de las 
magistraturas creadas. 

COliXIII— I^a constitución unitaria y los federales 

Al lado de estos trabajos laudables, que fueron 
el origen y el fundamento de la organización ac- 
tual, otros, ménos bien inspirados, se ocupaban 
en contrariar las aspiraciones lejí timas de la Pro- 
vincia. 

El l 9 de Septiembre fué presentado al Congreso 
por la Comisión de negocios constitucionales el 
proyecto del contrato político por que habían de 
regirse las Provincias-unidas. El 11 empezó la 
discusión, que continuó sin cesar, ya solemne, 
ya acalorada, pero siempre imponente, intervi- 
niendo los miembros más distinguidos de los dos 
partidos federal y unitario, hasta fines del mes de 
Noviembre. Fué sancionado el 24 de Diciembre 
y remitido con un manifiesto a las provincias, pa- 
ra que lo examinaran y declarasen si lo acepta- 
ban ó nó. Aún cuando interesaban á todos los 
partidos los puntos que afectaban á la libertad 
individual, lo que más les preocupaba era el sis- 
tema de organización de los poderes, porque se- 
gún se adoptase el unitario ó federativo, carece- 
rían ó tendrían las provincias autonomía propia, 
personalidad distinta, dentro de la personalidad 
del Estado. Pero esta cuestión había sido resuelta 
por el Congreso el 19 de Julio, prévia consulta 
á las provincias, contra los federales; y no era de 
presumirse que, por mucho que éstos hicieran du- 
rante los debates del proyecto de constitución, se 



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182G DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 337 

modificara en términos decisivos la opinión del 
Cuerpo constituyente. 

Perdidas, pues, las esperanzas de triunfo en 
este terreno, se propusieron conseguirlo cuando 
llegara el momento en que las provincias mani- 
festaran directamente su voto definitivo en pró 
6 en contra, y se dieron con ardor desde tempra- 
no á intrigar de todos modos y a difundir versio- 
ncs alarmantes acerca de la opinión pública, de 
las miras del gobierno, del curso que llevaban 
los sucesos de la guerra, etc., etc. Calumnias, 
mentiras, promesas, de todo se echó mano con 

Í>rofusion; de tal manera, que, á juzgar por esos 
lechos solos, nadie hubiera creído que la Repú- 
blica estaba empeñada en una tremenda guerra 
internacional. 

CC1.XIV — Insurrección rirerlsta 

Naturalmente, esos trabajos se extendieron á 
la Provincia-oriental. Varios miembros de la 
Juntado representantes, D. Manuel Oribe y otras 
personas más ó ménos influyentes recibieron pro- 
posiciones subversivas una y otras veces, sin aco- 
gerlas. Rivera, cuyo natural revoltoso se presta- 
ba con facilidad á toda empresa anárquica, impor- 
tándole poco las doctrinas políticas á que su con- 
ducta pudiera servir, entró pronto en relaciones 
con los federales y se hizo su connivente, á pe- 
sar de las relaciones de otro género que mantenía 
con los brasileños, atrayendo á su partido á va- 
rios jefes, funcionarios civiles y particulares. 

Fué sorprendido en estos trabajos por la órden 
de que se trasladara á Buenos-aires, en virtud de 
la cual se embarcó en el puerto de las Vacas el 24 
de Julio, desembarcó en las Conchas y llegó el 
mismo día á la Capital, en donde el Presidente le 
auxilió inmediatamente con 2000 pesos. Con esa 



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338 BOSQUEJO HISTÓRICO 1826 

facilidad proverbial que tenía para mentir y en- 
gañar, persuadió á Rivadavia de que todos sus 
afanes se habían contraído á servir los intereses 
del gobierno, y de que las acusaciones que se le 
hacían eran obra de sus enemigos personales. 
Tal maña se dió, que el Presidente llegó hasta 
manifestarle que pensaba confiarle el puesto de 
inspector general de armas. 

Pero nó por eso renunció a seguir su mal ca- 
mino. Asistió á los banquetes con que lo hala- 
gaban los opositores; preparó una sublevación 
en la Banda-oriental, encargando de los trabajos 
de propaganda á hombres como Jorge Pacheco, 
residente en San-José, a quien tuvo que desterrar 
el gobernador Suarez, « porque sembraba la des- 
ee confianza en los miembros de la Junta de re- 
« presentantes con sus discursos y escritos », y 
de las operaciones militares á su hermano Ber- 
nabé Rivera, á Caballero, Raña y otros, á quie- 
nes prometió que vendría oportunamente á po- 
nerse á la cabeza del movimiento. La insurrección 
estalló en distintos puntos á fines de Agosto, por 
manera que la primera tarea con que se encontró 
Alvear al tomar el mando del ejército, fué la de 
sofocar la rebelión antes que tomara cuerpo. 

CCLXV- Pacificación de la Provincia 

Antes de quince días había aprehendido á los 
jefes Bernabé Rivera y Caballero, y el coronel La- 
guna se encargó de perseguir y dispersar las 
partidas sueltas, a algunos de cuyos oficiales fu- 
siló. Raña y otros oficiales se incorporaron al 
ejército, en el que prestaron importantes servi- 
cios. El hecho de la pacificación fué celebrado en 
todo el país, y Alvear recibió felicitaciones por 
ello. El cabildo de Pay-sandú le escribió con tal 
motivo ofreciéndole auxilios, convencido de que 



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3826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 339 

<( la unión nos libra de las garras del tirano, nos 
<( constituye en nación y nos hará respetables de 
«todos » y expresando que había festejado la no- 
ticia dada por el coronel Laguna, « de quedar en 
« tranquilidad y sosiego los disturbios que algu- 
« nos mal aconsejados dirijían ». (Septiembre 14). 

El gobernador Suarez dirijió un mensaje á la 
legislatura (30 de Septiembre ), en que sedaba 
cuenta de la insurrección riverista y de su tér- 
mino, agregando que « de este modo la provincia 
« ha recuperado su tranquilidad y se ha afianzado 
« en el convencimiento de que no puede haber 
« libertad sin orden, ni orden sin el respeto y obe- 
« diencía á las autoridades. El aobierno felicita 
« de nuevo á la Provincia por la terminación de 
« este paso que ha puesto en claro los ocultos 
« designios de estos falsos apóstoles de la patria, 
« y no duda asegurar que él vá á ser el precur- 
«c sor de los brillantes triunfos que nos esperan 
« contra nuestros enemigos y que afianzaran pa- 
cí ra siempre nuestra libertad é independencia)). 
El mismo día el General en jefe del ejército ins- 
truía á las tropas, situadas en el paso de Quin- 
teros del río Negro, de que « las intrigas del 
<( enemigo habían hallado en nuestros mismos 
« compatriotas espíritus bastante débiles ó incau- 
« tos para dejarse seducir por sus pérfidos hala- 
« gos; de que su primer objeto fué hacer revivir 
n el monstruo de la anarquía, precursor fatal de 
« la esclavitud en que esta provincia gimió diez 
« años » ; de que los perturbadores hostilizaron el 
ejército cuando las fuerzas que lo constituyen 
estaban diseminadas en una inmensa extensión; 
y de que las fuerzas anárquicas habían sido ya 
disueltas, presos sus caudillos y concentrado el 
ejército. 



340 BOSQUEJO HISTÓRICO 1826 

C CI-X VI — Trabajos de los rireristas en favor de la 

causa imperial 

La prisión de Bernabé Rivera dio lugar á que se 
descubriesen los proyectos ocultos que él y su 
hermano Fructuoso trataban de realizar, y las in- 
fluencias extrañas que obraron en el ánimo de los 
insurrectos, pues se hallaron en su equipaje co- 
rrespondencias en que no se hablaba sino de este 
negocio. 

Una de las cartas, dirijida el 23 de Junio desde 
Río- Janeiro al general Rivera por el coronel D. En- 
rique Xavier Ferrara, portugués, edecán distin- 
guido del Vizconde de la laguna, decía que ya el 
Emperador tenía noticia de su prisión y que había 
ordenado á Lecor que le diera 25000 pesos á Rive- 
ra y otras sumas á los oficiales que le acompaña- 
ban. Agregaba que la prensa de Río-Janeiro lo 
atacaría fuertemente, pero que no hiciera caso, 
pues' era necesario proceder así «para el mejor 
éxito del negocio». En otra carta escrita en Mon- 
tevideo el 25 de Agosto decía el mismo á Bernabé 

Rivera: «La dificultad está en la errónea 

« alianza de la Banda Oriental con Buenos-Aires, 
« que precisamente impide á la Banda , Oriental 
« entrar en arreglos con el Brasil » Y persona- 
lizando las cuestiones, agregaba: «Lavalleja y Ori- 
« be trabajan contra su hermano ; sus proyectos 
« son malos; la política exije la seguridad general 
« del país y en particular la de mi compadre » 

Otro personaje, D. Juan Florencio Perea, escri- 
bía al mismo Bernabé Rivera el 21 de Agosto des- 
de Montevideo: «Sé, y me han asegurado aue 

«Felipe Caballero, V. Oroño y otros decididos 
<¡c orientales más se hallan mandando una reunión 
« considerable. Amigo, no abandonar la empresa: 
« ó Fructuoso regresa á la Provincia, de donde le 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 341 

« ha arrancado la intriga, ó no pertenezcamos ja- 
a mas sino á nuestra sola provincia. Yo marcho 
« mañana para el Río-Grande, en donde debo es- 
« tar, según acordamos con Fructuoso, para en- 
« tendernos oportunamente en lo relativo á las 
« operaciones de ambos ejércitos. » 

Ante estas pruebas inequívocas del proceder 
desleal de Rivera, no pudo el Presidente conser- 
var las impresiones favorables que había recibido 
de él, y decretó su prisión. Pero como el decreto 
llegó á oídos del caudillo antes que se ejecutara, 
emprendió la fuga favorecido por los enemigos de 
la situación y se refugió en el Rosario, ciudad de 
Santa-fé, cuyo gobernador era de los opositores 
de la autoridad nacional. Se le emplazó entónces 
para que compareciera ante los tribunales á de- 
fenderse de los cargos de alta traición que contra 
él resultaban; pero ni compareció, ni el Presidente 
logró oue el Gobernador de Santa-fé remitiera el 
acusado á disposición de la justicia. 

Pocos días después ( 10 de Octubre ) publicaron 
los diarios una carta en que Rivera pretendía pro- 
bar que era inocente; pero no era posible tomar 
en este sentido las cartas interceptadas, ni negar 
las sublevaciones habidas en la Provincia-orien- 
tal; y su propia carta lo desmentía, puesto que 
ademas de enunciar «que el gobierno regía ilegal- 
<c mente la presente administración», se pregunta- 
ba con una apariencia de candidez inaudita : « ¿ Se 
« me ha de considerar como traidor porque he se- 
« guido una correspondencia con mi hermano Ber- 
« nabé, aconsejándole que no reconozca ninguna 
« otra autoridad, sino la que es legítimamente na- 
« tu ral del país? » 

Después de estos hechos, la Legislatura de la 
Provincia juzgó necesario tomar una resolución 
severa con el fin de condenarlos y de prevenir 



342 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



182o 



otros análogos, la que comunicó al Gobernador 
(4 de Octubre) diciéndole entre otras cosas que ... 
« al haber sido informada oficialmente de los pro- 
<£ cedimientos anárquicos del mayor D. Bernabé 
« Rivera, que con algunos individuos armados ha 
« querido constituirse en órgano de la voluntad de 
« los habitantes de la Provincia y entablar preten- 
« siones que han alterado y comprometido el so- 
« siego público; y al haberlo sido al mismo tiempo 
<( de la precipitada fuga que ha hecho de la Capital 
<i el brigadier D. Fructuoso Rivera al averse decre- 
ce tado su arresto en virtud de datos relativos al 
<( crimen de alta traición é infidelidad, y no haber 
« comparecido al llamado que se le ha hecho se- 
« gun la ley para que respondiese en juicio públi- 
« co á los cargos que contra él resultasen; la Jun- 
« ta debe á su propia dignidad y al interés del ór- 
« den social la presente declaración: — La Junta es 
« el único órgano de la voluntad de la Provincia, 
« pues está compuesta de diputados elejidos libre- 
ce mente por los pueblos. — Cualquier individuo ó 
« individuos que quisieran considerarse autoriza- 
ce dos para reclamar derechos de la Provincia, ó 
« entablar pretensiones que puedan de algún modo 
« alterar el orden público, se consideran sediciosos 
« y anárquicos, y en consecuencia ellos mismos se 
« lian puesto fuera de las relaciones oficiales; y co- 
« mo enemigos y perturbadores del reposo públi- 
« co, están de hecho entregados á la vindicta pú- 
« blica» 

CCIiXVII — Operaciones de Brown en el Atlántico 

La guerra marítima estaba poco ménos que 
paralizada. La escuadra argentina, aunque ha- 
bía dado pruebas de arrojo y obtenido algunas 
ventajas parciales, era impotente para vencer la 
enemiga, muy superior por el número y el poder 



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1S26 DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 343 

de sus buques. El Gobierno sentía la necesi- 
dad de aumentarla, y no siéndole posible conse- 
guir esto en el puerto de Buenos-aires, había 
encargado que se compraran y armaran buques 
en los puertos del Pacífico. 

Grandes obstáculos se opusieron a que este 
pensamiento se realizara; pero á pesar de ellos 
se tuvo noticia en Agosto de que estaba á pun- 
to de partir de Chile una escuadra, comprada 
al contado por un millón y doscientos mil pe- 
sos. Se ordenó á Brown que saliera á recibirla, 
y éste dejó el puerto después del combate del 30 
de Julio, y salió á cruzar el Atlántico entre el 
Janeiro y las costas del Sud. Pero los cuatro 
buques que venían, viejos y mal tripulados, so 
perdieron al pasar de un océano al otro, y no pu- 



tos y el comercio del Brasd, y dedicarse á em- 
presas de corso, en las que deplegó grande au- 
dacia. 

El 30 de Octubre se reunieron la Sarandí, en 
que él iba, y la Chacabuco, en el cabo de Corrien- 
tes, de donde tomaron rumbo hácia las costas 
del Brasil. El 20 de Noviembre estaban frente 
á Río- Janeiro. En los tres días que permanecie- 
ron en aquellos parajes, apresaron seis buques. 
Los dos argentinos se separaron conviniendo en 
que se reunirían en Santa-Catalina, y confiaron 
las presas á un oficial, que se dirijió con ellas á 
los puertos de la República. 

El 26 llegó la Chacab uco á Santa-Catalina, se 
encontró allí, sin poder evitarlo, con una escua- 
dra enemiga, de la cual salió primeramente el 
navio Pedro I á perseguirla y después la fraga- 
ta María-Isabel, pero sin resultado. Br.own fué 
por otra parte á bloquear el Río-Grande, estuvo 
allí algunos días, durante los cuales apresó diez 



• do hacer Brown otra cosa 




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344 BOSQUEJO HISTÓRICO 1825 

buques, y regresó á Buenos-aires, pasando por 
entre la escuadra bloqueadora, el 25 de Diciem- 
bre. 

Al día siguiente emprendió operaciones contra 
la tercera división de aquella, (que se había in- 
ternado poco ántes en el Uruguay, con el objeto 
de cortar las comunicaciones del ejército con las 
provincias occidentales), llevando consigo al co- 
ronel Espora, al capital Rosales y á los oficiales 
Masón y Granville, y el bergantín Balcarce, las 
goletas Sarandí, Union, Guamaco, Uruguay, Pe- 
pa y Maldonado, y 8 cañoneras. 

El 28 la tercera división enemiga, que estaba 
frente á Higueritas, subió las aguas del Uru- 
guay; Brown la siguió de cerca hasta cierta al- 
tura", y se detuvo con miras de fortificar la isla 
de Martin-García para asegurar el éxito de la ope- 
ración comenzada, que tanta gloria había de dar á 
su nombre y á la República. 

G'CLXVIII — Organización del ejército en el Arroyo-Grand« 

Vencida la insurrección riverista v concentra- 
das en Quinteros las fuerzas del ejército, Alvear 
se dedicó activamente a organizarlo y á discipli- 
narlo, con el pensamiento de iniciar pronto la cam- 

§aña del Brasil que meditaba. Tan profunda mu- 
anza introdujo en las costumbres libres y licen- 
ciosas de la milicia, que habiéndose presentado 
en el ejército, según costumbre adquirida en los 
campamentos de Artigas, dos oficiales de la di- 
visión de San-José del Uruguay, llevando en su 
compañía dos jóvenes damas, hizo circular una 
órden del día severísima en la que se disponía, 
invocando la moralidad del ejército, que las mu- 
jeres fueran confiadas por uno de los capellanes 
al cuidado de buenas familias, y reducidos á pri- 
sión los oficiales. 



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1826 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 345 



Desesperanzado de recibir más contingentes 
después del último que le llegó de Buenos-aires 
A fines de Septiembre, mudó su campamento ha- 
cia el Durazno, pensando esperar allí la división 
de Mansilla, situada a la sazón en la Calera de 
las huérfanas. El general Soler, jefe del ejército 
de Buenos-aires, se despidió de sus tropas el 17 
, de Octubre, anunciándoles que iba á cumplir sus 
deberes en otra parte, y se puso en camino á la 
Provincia-oriental, nombrado por el Gobierno pa- 
ra tomar parte en la próxima campaña. 

Como el tiempo avanzaba y no venían las divi- 
siones con que debían concurrir Santa-fé y Entre- 
ríos, se trasladó el general Lavalleja á la primera 
de esas provincias y de ahí al Uruguay (5 de No- 
viembre), acompañado por Don Ricardo López 
Jordán, en cuya población deberían conferenciar 
los Comandantes de milicias y fijar el número 
de fuerzas que mandaran. Un mes más tarde vol- 
vió á Entre-ríos á tomar el mando de los contin- 
gentes que le habían prometido, de donde regre- 
só en seguida con sus esperanzas mal satisfe- 
chas, cuando ya estaba terminada la organización 
del ejército en el paraje llamado del Arroyo-Gran- 
de, debido en mucha parte á la contracción y las 
dotes del general Soler. 

CCIiXIX — El Emperador viene al teatro de la guerra 

Este momento fué de grandes agitaciones pa- 
ra el corazón de los beligerantes. Los brasileños 
* tenían 5000 hombres en Montevideo, 1000 en la 
Colonia, 1000 en la isla de Gorriti, 500 en la de 
Lobos y 12000 en Santa-Ana y otros puntos de 
la frontera de Río-Grande, los cuales obedecían 
al mando del Vizconde de la laguna. Descontento 
el Emperador por la inacción en que estaban sus 
fuerzas, decide venirse personalmente á poner 



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346 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



término á la guerra del Río de la Plata, anun- 
cia su intención el 12 de Noviembre con una 
proclama, se embarca en Río-Janeiro el 24 á 
bordo del navio D. Pedro I, que se puso en ca- 
mino escoltado por otros buques, llega á Santa- 
Catalina y de allí se traslada al lugar de las ope- 
raciones, á donde llegó el 2 de Diciembre, y el 
20 nombró para el mando en jefe del ejército el 
marqués de Barbacena. 

CCLXX — Se anuncia la marcha del ejército republicano 

Los argentinos no tenían en acción más que 
ocho ó 9000 hombres. Esperar á eme el enemi- 
go reconcentrase sus fuerzas y trajera el ataque 
con ellas, equivalía á esperar la derrota y á na- 
cer pesar sobre la Provincia-oriental toaos los 
desastrosos efectos de la guerra. Invadir el Bra- 
sil, era, por lo contrario, llevar el gravámen á las 
propiedades enemigas, y tener la libertad de li- 
brar batalla con solo una parte de los 20000 com- 
batientes que el Imperio nabía puesto en campa- 
ña. Alvear optó, pues, por la invasión, á pesar 
de los peligros que llevaría consigo el hecho de 
penetrar en un país enemigo para batirse con 
cuerpos de ejército bastante más fuertes que el 
suyo. La venida del Emperador á Río-Grande fué 
señal de c[ue sus tropas iban á precipitar los su- 
cesos, é indujo á los republicanos á no dejarse 
sorprender por ellos. 

El Presidente anunció álos pueblos (16.de Di- 
ciembre) que el Emperador se dirijía al Plata con 
cuantas fuerzas había podido acumular; hizo ver 
los peligros que se aproximaban, y, aludiendo á 
la división interna que debilitaba el poder real 
de la República, concluyó diciéndoles que « el 
«c destino los había colocado en una tan terrible 
« como gloriosa alternativa como la de vencer 6 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 347 

« ser vencidos; que la salvación de la patria y to- 
« dos los medios de vencer estaban ciertamente 
« en su unión y en su energía; que los valientes 
<í del ejército marchaban al encuentro del enemigo 
a y que los bravos orientales habían clavado ya 
« su divisa de libertad ó muerte » 

A esta proclama siguió dos días después una 
circular del ministro Agüero á todos los gober- 
nadores de provincia, en la cual se daban á la ac- 
titud, á los aprestos y á la intención del enemi- 
go proporciones mayores que la que en verdad 
tenían, esperando, sin duda, que la magnitud y 
la inminencia del peligro obligaría á las autori- 
dades provinciales á dar una tregua á las disen- 
siones internas para dedicar á la cuestión inter- 
nacional las fuerzas de que tan desgraciadamen- 
te abusaban. 

El 21 dió el Congreso otra proclama tendente 
á los mismos fines. « Pueblos argentinos»: (de- 
cía al empezar). « Ha llegado el momento de 
«comprobar á la faz del mundo con cuánta jus- 
« ticia ocupáis un lugar en la nomenclatura de 
«c las naciones ». Seguía la relación de los últi- 
mos hechos del Emperador, y concluía con ex- 
presiones tan patéticas como llenas de energía, 
entre las cuales se hallan éstas: « Si hay honor 
« nacional, si hay virtud patriótica, si hay digni- 
« dad republicana, es llegado el caso de acredi- 
te tarlo : mostrad al mundo entero que sois los 
« mismos que en tiempos desgraciados, á fuerza 
<c de coraje, habéis fundado este Estado ». 

Aún en esos días en que peligraban los dere- 
chos de la Provincia y el honor de la Repúbli- 
ca, se empeñaba Rivera en intrigar con la inten- 
ción de que se desconfiara de la lealtad del ge- 
neral Lavalleja y en persuadir á los jefes orientales 
de que debían revolucionarse contra su general 



348 BOSQUEJO HISTÓRICO 1S26 

y apartarse de la campaña que en esos momentos 
se iba a emprender. 

Tuvo Lavalleja que publicar un manifiesto pa- 
ra neutralizar esos trabajos subversivos (21 de 
Diciembre), un día después que el Gobierno pro- 
vincial proclamaba al pueblo anunciándole la 
marcha del ejército al territorio enemigo y exhor- 
tando á los que no iban en él para eme se prepa- „ 
raran á secundar sus esfuerzos. « El éxito depen- 
« de en gran parte de vuestra cooperación, les 
« decía, y ésta debe ser digna de vosotros y de 
« los solemnes compromisos que hemos contraído 
« en la larga carrera* de la independencia. Ante- 
« poned á todo interés el de la salvación pública; 
« prescindid de todo lo que no diga relación con 
« el odio á nuestros enemigos, persecución á sus 
« agentes, exterminio á la anarquía y gratitud 
« eterna á los guerreros de la República. Sus vir- 
« tudes, su ardor marcial, la conciencia de la 
«justicia de la causa, todo, en fin, lo que consti- 
pe tuye un ejército fuerte, casi invencible, presagia 
« el triunfo. El día está cercano ; y entonces 
« ¿ quién no se avergonzará de haber sido frío es- 
« pectador de los sucesos ? » 

CCl.XXi — Organización del ejército argentino 

El 25 de Diciembre ya estaba todo pronto pa- 
ra la marcha. El ejército había sido dividido en 
tres cuerpos. El primero, compuesto de caballe- 
rías milicianas y una división de caballería de lí- 
nea, que se puso bajo las órdenes de Servando 
Gómez, era mandado por el general Lavalleja y 
estaba destinado á ser la vanguardia. Figuraban 
en él las divisiones de Ignacio Oribe, de Olivera 
y de Laguna. El segunao cuerpo- se componía de 
los regimientos de caballería números 1,4, 8, 9 y 
16, el escuadrón de coraceros y el de milicias de 



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1826 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 349 

la Colonia. Era mandado personalmente por el 
general Alvear. El tercer cuerpo, bajo las órdenes 
del general Soler, constaba del regimiento de ar- 
tillería lijera, los números 2 y 3 de caballería, los 
batallones números 1, 2, 3 y 5 de tropa lijera y 
las milicias de Mercedes. Llevaba el parque y las 
maestranzas del ejército. 

• CCIiXXII — El ejército emprende tu marcha al Brasil 

El mencionado día 25 proclamó Alvear á los 
orientales del primer cuerpo con ese laconismo y 
elocuencia penetrante que distinguían su litera- 
tura marcial, y puso en movimiento sus varias 
divisiones, mandando la de Gómez al paso de 
Bustos en el río Negro; la de Olivera hácia San- 
ta-Lucía; la de Laguna al paso de los Sauces en 
el Queguay; la de Oribe al Cordobés, y otras par- 
tidas avanzadas hasta el arroyo Malo', que des- 
agua en el río Negro, por el Norte, más arriba de 
San-Gregorio. 

El 26 Tuzo formar de gran parada los cuerpos 
segundo y tercero en el Arroyo-Grande, les pa- 
so revista seguido de su brillante estado mayor, 
los proclamó, y marchó con el segundo a las cin- 
co v media de la tarde con dirección a Poron- 
gos, cuyo trayecto hizo soportando una recia tor- 
menta de viento y agua. Salió el tercer cuerpo 
en la misma dirección el día 28, cuando ya el se- 
cundo se disponía á vadear el Yí, para seguir 
después el curso del río Negro, tomado por Al- 
, vear para base de sus operaciones, contando 
con que lo desierto de aquellos parajes, lo nu- 
meroso de las corrientes (me habría que cruzar, 
y el hecho de no haber pisado nunca en esa di- 
rección ejército alguno, permitirían entrar en el 
Brasil sin que el enemigo lo sospechara, y por 
un punto que, por estar fuera de sus previsio- 



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350 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

nes, obligaría al general de Barbacena á desba- 
ratar sus planes. 

CCLXXIII — Acción del Juncal 

Se vé, por lo que queda dicho, que al comen- 
zar el año veintisiete estaban en vías de impor- 
tantes operaciones la escuadra y el ejercito de la 
República. Las dos escuadrillas enemigas per- 
manecieron en el Uruguay, casi á la vista, sin 
inquietarse, miéntras Brown fortificó la isla de 
Martin-García. Estos trabajos estuvieron bastan- 
te adelantados para el 18 de Enero, en cuyo día 
se dispuso el Almirante argentino á llevar á las 
3 y 1{2 de la mañana un ataque á la enemiga. El 
cañoneo duró hasta las 10 de la mañana, sin re- 
sultados de importancia. El 24 apresó, á dos le- 
guas más abajo de Martin-García , una goleta 
brasileña con 300 arrobas de pólvora, 796 pata- 
cones, un cañón y algunas otras armas, que se 
dirijía de Montevideo á la escuadra imperial. El 
8 de Febrero, concluidas ya las fortificaciones de 
la isla, emprendió Brown operaciones decisivas 
sobre la división enemiga. El 9 la atacó frente á 
la isla del Juncal, al Sud de Nueva-Palmira, y la 
venció completamente, obligando á rendirse á su 
bravo comandante D. Jacinto Roque de Sena Pe- 
reira, al bergantin Januario, y á las goletas Orien- 
tal, Vetcova y otra. El resto de la tercera división 
huyó hacia el Norte. El 10 tomó Brown dos go- 
letas cañoneras y una mercante en que los ven- 
cidos tenían su hospital. El 12 dejó en Martin- 
García los buques mas poderosos y siguió con 
los demás la persecución de los fugitivos. 

Estos habían incendiado frente á San-Salvador 
tres de sus naves, por haber encallado; habían 
llegado al Guale&uaychú con otras cinco v se ha- 
bían rendido^ con 500 hombres de tripulación, á 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 351 

las autoridades militares de aquel punto; las dos 
restantes, de las diecisiete que componían la ter- 
cera división, habían penetrado, sin ser vistas, 
por el Paraná-Gutiérrez, uno de los desaguade- 
ros del delta, y habían salido por otro, llamado 
de los Caracoles, más abajo de Martin-García, 
dirijiéndose á la escuadra que bloqueaba á Bue- 
nos-aires. Brown tomó los cinco buques rendi- 
dos en Gualeguaychú y mandó al valiente tenien- 
te-coronel Espora en persecución de los que pe- 
netraron en el delta, pero sin éxito, porque era 
ya tarde. 

Esta magnífica acción fué celebrada en Bue- 
nos-aires con repiques, músicas y manifestacio- 
nes populares y oficiales las más entusiastas. 
Se levantaron arcos y pirámides en las calles, 
adornados con los retratos del vencedor, de AI- 
vear, de Lavalleja y de Bel grano; pero los tras- 
portes de alegría no impidieron que se recibiera 
con dignidad al Comandante prisionero, quien 
fué tratado durante su prisión con las considera- 
ciones debidas á su valor y á su desgracia, y 
compatibles con las necesidades de su seguri- 
dad. 

CClvXXIV — El ejercito republicano Invade el Brasil 

Duraban aún las impresiones cuando se reci- 
bieron noticias no mános gratas del ejército. Se 
habían reunido los tres cuerpos el 4 de Enero 
y habían pasado al Norte del río Negro. El 6 lle- 
gó el primer cuerpo hasta el arroyo Malo y cam- 
paron los otros dos en el Tigre, al Oeste de aquél. 
Excesivo había sido el calor desde el día de la 
partida, extensos los incendios de campos y ex- 
tremada la seca. 

Para mediados de este mes se había acercado 
el comandante Servando Gómez con sus 300 dra- 



352 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

gones de línea al campo del ejército imperial, si- 
tuado en Santa-Ana, donde adquirió la certeza 
de que se ignoraba la dirección que llevaba Al- 
vear. El 14 había llegado éste al arroyo Tacua- 
rembó, y proclamado á los que le* seguían. 
« ¡ Soldaclos ! (les dijo). Antes que el astro que 
<( brilla en vuestras armas concluya hoy su carre- 
te ra, habréis pisado ya el territorio enemigo. Que 
« vuestra antigua disciplina no se desmienta con 
« una conducta indigna de vuestra gloria y del 

« honor déla República» «La rapidez de 

« vuestra marcha ha sido para el enemigo un rayo 
<r que le hirió por donde menos lo esperaba: vues- 
« tro destino es pelear y vencer: que el órden y 
« la disciplina os anuncien entre los pueblos del 
« Brasil, y el valor y la constancia entre las filas 
« del enemigo ». 

Y, en efecto, ese día pisó el ejército el territo- 
rio del Brasil. El 19 llegó el núcleo del ejército á 
la laguna Paracayá, frente á la cañada de Ace- 
guá, vió la primera casa desde que salió del 
Arroyo-Grande, y se encontró con la primera 
guardia avanzada del enemigo. 

CCLXXT- Movimiento precipitado del ejército imperial 

El Marqués de Barbacena había tomado el 
mando del ejército imperial el 1.° de Enero en 
Santa-Ana do Livramento, la Emperatriz había 
•muerto repentinamente y el Emperador había 
abandonado el teatro de la guerra y anunciadose 
en Río-Janeiro por actos violentos y desordena- 
dos que mucho dieron que decir. El ejército no se 
hübía movido hasta el 13, por creer que sería 
atacado en sus posiciones; ni se había organizado 
sériámente, debido hasta cierto punto á la rivali- 
dad de los generales que en él había, quienes se 
turnaban cada veinticuatro horas en el mando de 



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1S27 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 353 

los dos cuerpos, como medio de satisfacer con 
igualdad su amor propio. 

AI anuncio de que Alvear había pisado la fron- 
tera, el Marqués, completamente sorprendido, se 
puso en marcha precipitada hacia el Sudeste con 
miras de reunirse al mariscal Brown, que se 
había adelantado hacia el Yaguaron con su cuerpo 
de soldados alemanes, y de impedir que los repu- 
blicanos se apoderaran de Bagé, centro de las 
comunicaciones con las tres ciudades principales 
de la Provincia (Río-Grande, Porto-alegre y Río- 
Pardo) y depósito de comestibles destinados á la 
alimentación de las tropas. El 20 llegó á las altu- 
ras del Hospital, á la derecha del Pirahy-grande, 
pensando interceptar el paso; pero le fué impo- 
sible, porque ya Alvear se había movido de mo- 
do que impedía aquella operación. 

CCLXXVI — Toma de Bagó por los republicanos 

Desde este momento el esfuerzo de cada uno 
de los dos ejércitos se contrajo á llegar á Bagé, 

f)or dintintos caminos, antes que el otro. Lava- 
leja- entró el 23 en el pueblo con 100 hombres 
y permaneció dos horas. El 24 reconoció Al- 
vear sus inmediaciones, teniendo ya alguna ca- 
ballería enemiga á la vista. El 25 marchó el 
ejército en tres columnas. El 20 cayeron el pri- 
mero y segundo cuerpos sobre Bagé, pasando 
por su izquierda. Lavalleja entró en el pueblo, 
que había sido abandonado por sus habitantes 
con más de 300 mil pesos de artículos de comer- 
cio y los almacenes de víveres pertenecientes al 
ejército imperial, consistentes en fariña, aguar- 
diente, vino, yerba, tabaco, etc., y se apoderó 
de los efectos que contenían las casas particula- 
res de negocio, después de haber forzado sus 
puertas, y repartió la mayor parte entre dos ó 

25 



354 BOSQUEJO HISTÓRICO 18£7 

tres de los jefes que le acompañaban. Este hecho, 
que daba la peor idea de la moralidad del ejército 
y contrariaba los intereses políticos de la inva- 
sión, fué el origen de las desinteligencias que se 
manifestaron entre el General en jefe y el de la 
vanguardia. Miéntras el primer cuerpo y el se- 
gundo operaban su movimiento, los batallones 
números 2, 3 y 5 del tercero penetraron en la 
montaña y ocuparon la población. 

CCIiXXVII— Reorganización del ejército brasileño 

Quedaba así frustrado uno de los propósitos del 
Marqués de Barbacena, que era apoderarse del 
centro de las comunicaciones. Le faltaba reunirse 
con el cuerpo de Brown, que había marchado por 
la derecha á encontrarse con aquel más allá de 
Bagé. Queriendo evitar el General argentino esta 
junción, decidió seguir su marcha el 27; pero se lo 
impidió un temporal que duró tres días. Recien 
pudo moverse el 31 hasta Santa-Tecla, cuando ya 
el Marqués había adelantado camino, y- no pudo 
impedirse que cruzara el Camacuá y penetrara en 
un terreno escabroso, inaccesible á la caballería, 
que era el principal elemento del ejército republi- 
cano. 

Asegurada la situación de los imperiales, el 
Marqués se dedicó á reorganizar sus fuerzas, si- 
guiendo los consejos del brigadier Juan Crisósto- 
mo Callado, que acababa de llegar procedente de 
la Cisplatina. Hizo de todas las fuerzas dos divi- 
siones; dió el mando de la primera al brigadier Se- 
bastian Barreto Pereira Pinto y el de la segunda 
al mencionado brigadier Callado, destinando al 
mariscal Brown á la jefatura del estado mayor, 
cuyo puesto debería ocupar desde que se incor- 
porase. 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 355 

CCLXXVIII— Acciones del Vacacahy y del Ombú 

Alvear había tomado la dirección de San-Ga- 
briel, hacia el Norte, tratando de ocultar sus mo- 
vimientos al cuerpo de caballería enemiga que le 
seguía observando de cerca. El 7 campó en las 
puntas del Yaguarí y desprendió grupos de caba- 
llería en diversas direcciones. Uno de ellos, man- 
dado por Zufriategui, entró el 8 en San-Gabriel y 
tomó siete carretas cargadas con fusiles, tercero- 
las, municiones y pertrechos de guerra, y ademas 
el equipaje de la oficialidad del ejército brasileño. 
Otros, entre los cuales se distinguió el que obe- 
decía á Servando Gómez, tomaron para el 0 ar- 
mas, municiones, bagajes y unos 6000 caballos, 
que sirvieron para sustituir á los que llevaba el 
ejército, enflaquecidos y cansados por las peno- 
sas marchas que habían hecho en terrenos esca- 
brosos. Alvear continuó su marcha hacia el Nor- 
te, en dirección al arroyo Casikey, que desemboca 
en el Santa-María, afluente del íbicuy, en cuyo tra- 
yecto hizo retirar dos veces la caballería de Bento 
Gonzalvez por Lavalle en Vacacahy y dispersar 
por Mansilla en el Ombú la poderosa columna de 
Bento Manuel Ribeiro (13 y 16 de Febrero). 

CCLXXIX— El Marques de Barbacena sigue á Alvear 

La incorporación deBrown se efectuó el día 5. El 
Marqués siguió desde entonces continuamente á 
Alvear, persuadido de que éste huía. En los días 11 
y 13 se le reunieron otras divisiones, y el 17 de ma- 
ñana llegó á San-Gabriel, de donde había salido La- 
valleja algunas horas án tes. Alvear con el núcleo 
del ejército llevaba una ventaja de cuatro jorna- 
das. El Marqués proclamó allí á sus tropas, can- 
sadas «de perseguir». Les manifestó que si bien 
quisiera darles algún reposo, no le era posible, 



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356 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

porque un instante de demora les privaría de 
recoger los frutos de tantos trabajos y de termi- 
nar para siempre la guerra. « Redoblemos los 
«esfuerzos, agregaba, y en pocos días alcanza- 
ce remos al enemigo: la victoria es cierta y venga- 
ce remos en la ciudad de Buenos-aires las hostili- 
ce dades llevadas á cabo en las pequeñas pobla- 
« ciónos de Bagé y San-Gabriel. » 

Continuó el Marqués sus marchas tras del ejér- 
cito argentino, más seguro cada momento de que. 
éste eludía la batalla, por los carros y objetos del 
bagaje que Alvear había hecho abandonar ex- 
profeso con documentos en que el número de sus 
íuerzas aparecía falsamente reducido á cuatro.mil 
y tantos hombres, por cuyos medios pensó de- 
cidir al de Barbaccna á aceptar la acción donde el 
general de la República lo juzgara más conve- 
niente. 
♦ 

CCLXXX- Batalla de Ituzaíngo 

Cuando los republicanos llegaron cerca del Ca- 
cikey, sólo separaban á los beligerantes dos leguas 
de camino. Desde aquel punto retrocedió Alvear, 
por la derecha del Santa-María, con la intención 
de dominar el paso del Rosario y tener libre el 
pasaje al laclo occidental. Quiso el Marqués im- 
pedir tal operación, adelantándose á su enemigo; 
pero éste ganó rápidamente el 18 por la noche con 
el segundo cuerpo los caminos por donde aquél 
había de pasar, y se dirijieron el primero y tercer 
cuerpo al mencionado paso del Santa-María el 19, 
á la vista de los imperiales, cruzando los llanos 
de Ituzaíngo, cuyo nombre reciben de un arroyo 
que desagua en aquel río. 

Persistiendo Alvear en su propósito de apare- 
cer huyendo, y decidido á dar batalla en los cam- 
pos que acababa de andar, hizo vadear el río por 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 357 

algunas caballerías y bagajes en la tarde del 19 y 
dejó escapar algunos prisioneros con el intento de 
que dieran noticia de ese hecho al general enemi- 
go. En la noche siguiente se movieron los dos 
ejércitos: el imperial hacia el paso del Rosario, 
continuando su ficticia persecución; y el republi- 
cano hacia atrás, buscando el encuentro de los 
brasileños en Ituzaíngo, cuyo hecho se verificó 
al amanecer, con sorpresa del general de Bar- 
bacena. 

Se ordenaron el 20 los dos ejércitos para la ba- 
talla. El argentino se componía de 7000 hombres 
próximamente y de 9000, poco más ó rnénos, el 
brasileño. Aquél era más numeroso que éste en 
el arma de caballería; pero éste le superaba con 
mucho en la de infantería. La batalla duró más de 
seis horas; los dos ejércitos pelearon con valor, 
no obstante la flojedad que mostraron algunas 
fuerzas imperiales. Triunfó el republicano, que- 
dando en posesión del campo de batalla y causan- 
do al enemigo pérdidas sensibles, tales como la del 
general Abreu, la de varios otros jefes de menor 
graduación y la de 1200 hombres de tropa, todos 
muertos; la de diez piezas de artillería, dos bande- 
ras, la imprento, el parque y los bagajes; y la de 
numerosos prisioneros. 

El general vencido confesó á su gobierno la de- 
rrota que había sufrido, con estas palabras con que 

termina su parte : « En otro oficio daré cuenta 

« á V. E. de los oficiales que más se distinguieron, 
« porque, bien que tuviésemos que abandonar el 
« campo de batalla, los héroes que tanto se ilus- 
« traron en once horas de combate, veinticuatro 
« de marcha sin descanso, y cuarenta y ocho sin 
« comer, son en mi opinión tan dignos de las bue- 
« ñas gracias do S. M. I. como si á sus esfuerzos 
« hubiese acompañado la victoria». 




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358 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

Los vencedores tuvieron entre los muertos al 
coronel Brandzen y al comandante Bisary, ambos 
muy estimados. 

CCIiXXXI — Entra Brown al puerto de Buenos-aires. 

Festejos 

Las impresiones se sucedían en el Río de la Pla- 
ta sin dar descanso a los espíritus. Se celebraba 
todavía el combate del Juncal cuando su héroe 
cruzó el gran río desde las Conchillas hasta el 
frente de Quílmes (24 de Febrero), se encontró con 
la escuadra bloqueadora á las 4 1/2 de la tarde, 
peleó hasta ponerse el sol, hizo volar una goleta 
enemiga ( de cuyos 120 hombres sólo pudo salvar 
31a Sarandí ), y entró luego en el puerto, desem- 
barcando á horas avanzadas de la noche. El pue- 
blo le esperó en inmenso número, le recibió con 
músicas y aclamaciones, y algunos de sus miem- 
bros se disputaron el placer de tirar el carruaje á 
que subió poco después el Almirante. 

La noticia de Ituzaíngo llegó á Buenos-aires el 4 
de Marzo, pasando por Canelones, y produciendo 
estallidos de entusiasmo, superiores aún, si po- 
dían ser, á los motivados por los sucesos anterio- 
mente conocidos. Al contrario, tal descorazona- 
miento se apoderó de los imperialistas de Monte- 
video, que el general Magesse se vió obligado á 
ordenar el arresto de varios oficiales. 

♦ 

CCIiXXXII — Acción de Patagones 

Nuevos triunfos se anunciaron á los pocos días. 
El 27 de Febrero había aparecido frente á la boca 
del río Negro en la Patagón ia, una escuadrilla im- 
perial compuesta de las corbetas Duquesa de Go- 
ya é Itaparica, el bergantín Escudero y la goleta 
Constancia, á bordo de los cuales iban cerca de 
700 hombres bajo el mando de James Shepherd. 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 359 

El 28 entraron en el río, bajo los fuegos de las ba- 
terías que había en la costa, menos la Duquesa de 
Goya, que encalló. El 7 de Marzo desembarcaron 
las tropas, las cuales llevaron un ataque vigoroso 
á la guarnición de Patagones ; pero, habiendo 
muerto su Jefe en la primera descarga, y habiendo 
caído durante la acción los buques en poder de la 
escuadrilla argentina que allá había, los agresores 
se rindieron. 

Este triunfo, debido principalmente á los esfuer- 
zos de Santiago Jorge Bysson, dio á la República 
la corbeta Itaparica, de veintidós cañones; el ber- 
gantín Escudero, de veintiocho; la goleta Constan- 
cia, de tres; 65(J prisioneros, de los cuales eran 
250 ingleses y norte-americanos; y considerable 
cantidad de armas y municiones. 

El pueblo siguió la serie de festejos y el Gobier- 
no dispuso que en conmemoración de los triunfos 
conseguidos el 9 y 20 de Febrero y el 7 de Marzo, 
se diera á los tres buques rendidos en el río Negro 
los nombres de Ituzaíngo, Patagones y Juncal. 

CCLXXXIII — Combate de la Punta de Santiago 

Pasó tranquilamente la escuadra todo el mes de 
Marzo. El 6 de Abril de noche salió Brown con 
solo cuatro buques ( la barca Congreso, los ber- 
gantines Independencia y República y la goleta 
Sarandí ) con el propósito de realizar operaciones 
de que no se tenía noticia. Por desgracia vararon 
á las 2 1/2 de la mañana en la punta de Santiago 
los dos bergantines, y siendo inútiles los esfuerzos 
que se hicieron por ponerlos á flote, la Congreso y 
Sarandí tuvieron que ponerse á su costado para 
defenderlos. El enemigo, fuerte con veintidós bu- 
ques, cayó al amanacer sobre los argentinos y 
empezó á hacerles un fuego terrible. Mandó 
Brown la Congreso con órdenes á Buenos-aires; 



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360 BOSQUEJO HISTÓRICO 1S27 

pero no pudo este buque romper Ja línea y tuvo 
que entrar en el puerto ele la Ensenada, doncíe an- 
cló. La escuadra imperial continuó todo el día sus 
fuegos contra los dos buques varados y \n Saran- 
dí. El ocho se acercaron nuevamente dieciocho 
buques ; á las 7 1/2 de Ja mañana rompieron un 
fuego que duró todo el día. Al llegar la noche, el 
República estaba destruido y su tripulación había 
pasado á la Sarandí después de clavar los caño- 
nes y prenderle fuego. El Independencia había 
disparado 2000 tiros; quedaba hecho pedazos y 
presos los 69 tripulantes que sobrevivieron. Su 
comandante Drummond había muerto; y Gran- 
ville había perdido el brazo izquierdo. Brown, con- 
tuso, se retiraba el 9 á Buenos-aires, rompiendo la 
línea enemiga con la Sarandí y la Congreso. 

Este desastre glorioso, en que tres buques, dos 
de ellos varados, se sostuvieron dos días contra el 
fuego de 18 á 22 buques, costó á los imperialistas 
pérdidas de consideración. Condujeron al puerto 
de Montevideo 6 ó 7 buques desarbolados, algunos 
de ellos en mal estado, y dos inservibles. Habían 
muerto el comandante de uno, y ciento y tantos 
tripulantes más. Se dijo que uno de los bergan- 
tines sufrió tanto, que Brown apartó de él con ho- 
rror la mirada, al apercibirse de que no había un 
solo hombre de pió sobre cubierta. 

CCL.XXXIV— Hechos posteriores de ia escuadra 

Desde esta fecha se debilitó la acción de las 
dos escuadras beligerantes. Brown apresó el 15 
de Junio con la 8 de Eebrero la goleta enemiga 
María-Teresa, de 7 cañones, al Este de la Co- 
lonia, después de un combate enérgico; y hubo 
algunos otros incidentes en los meses posteriores 
del año veintisiete, pero de escasa importancia. 
Los sucesos marítimos que merecen mencionarse 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 361 

pertenecen á los corsarios, que seguían persi- 
guiendo con buen éxito el comercio brasileño, tan 
perjudicado desde el principio de la guerra. 

CC1XXXV-E1 ejército republicano persigue al enemigo, y se 

retira luego á loa Corrales 

El ejército brasileño se retiró del campo de ba- 
talla formado en cuadro, buscando un lugar se- 
guro en el río Jacuy, paso de San-Lorenzo. Se 
dirijió al Casikey; desde allí se trasladó el 25 de 
Febrero al Vacacahy y continuó luego su camino 
hacia el Norte, pasantlo por San-Sepé. 

El ejército argentino emprendió su persecución, 
pero con poca actividad, porque era escasísima 
su infantería para deshacer por sí sola los res- 
tos de la enemiga; y su caballería, extenuada des- 
pués de 400 leguas de marcha activa y los esfuer- 
zos de la batalla, no estaba en estado de obrar 
con éxito sobre los cuadros imperiales. Algunas 
columnas los hostilizaron hasta media noche del 
día de la batalla; y el 21 marchó el ejército al Ca- 
sikey, siguiendo los pasos del vencido, miéntras 
el coronel Paz iba sobre él con su división. 

Estaba ya el Marqués en el Vacacahy cuando 
entró Alvear en San-Gabriel y se situó sobre aquel 
río, tomando á los fugitivos una gran cantidad de 
mochilas que habían abandonado, muchos equi- 
pajes y un repuesto completo de municiones y 
pertrechos, cuyo valor se calculó en 350000 pe- 
sos. (26 de Febrero). De allí tomó el ejército ar- 
gentino la dirección del arroyo de los Corrales 
con el propósito de descansar, proveerse de los 
elementos que le hacían falta y emprender una 
segunda campaña que había de dar por resultado 
la dominación de todo el Río-Grande. Llegó á 
aquel arroyo el 19 de Marzo y campó, permane- 
ciendo sobre él durante un mes. 



362 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1S27 



CCLXXWl — Situación del Río-Grande después de 

Ituzaiugo 

El triunfo de Ituzaíngo redujo al Río-Grande 
á una situación penosa. El comercio se parali- 
zó completamente; los tenderos de las poblacio- 
nes de segundo y tercer orden encajonaban sus 
efectos; los comerciantes todos trataban de li- 
quidar sus negocios; las familias corrían á las 
ciudades que consideraban más fuertes; todos es- 
peraban que los argentinos se apoderaran del 
territorio del Sud, incluso el puerto de Río-Gran- 
de, miéntras el ejército imperial se refujiaba en 
lugares lejanos del Norte. 

Un coronel francés que servía al Imperio (He- 
naud) decía á su cónsul: « Según las rela- 
ce ciones más ciertas, la división del general 
«Brown, que mandaba la infantería brasileña, 
k comenzó el ataque sostenida por toda la eaba- 
« Hería. Al llegar á la primera línea de los espa- 
« fióles, éstos hicieron atacar los flancos del 
« ejército brasileño, que bien pronto se retiró en 
« desorden perdiendo su artillería, todos sus ba- 
te gajes y gran número de tropa. Se asegura en 
« este momento que los restos del ejército brasi- 
« leño se retiraron á Porto-Alegre, lo que dejará 
« en poder de los españoles una gran parte de 
« esta provincia y ellos acabarán por hacerse 
« dueños del puerto de Río-Grande. La provincia 
« está en gran peligro» 

CCI-XXXVII — Esfuerzos inútiles de Alvear por aumentar la 

infantería y las caballadas 

El pensamiento de Alvear era efectivamente 
apoderarse de esa provincia por el momento y no 
permitir descanso al ejército enemigo, tan pron- 
to como aumentase su infantería y estuviera pro- 



J 

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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 363 

vista de caballos la caballería. No cesó de instar 
al Gobierno argentino, mientras estuvo en los 
Corrales, porque le mandara siquiera fueran 500 
infantes, é hizo esfuerzos de todo género por que 
la Provincia-oriental le proporcionara las caba- 
lladas que le hacían falta. 

Pero Buenos-aires no tenía ya hombres dispo- 
nibles; las otras provincias occidentales estaban 
demasiado anarquizadas para obedecer las ór- 
denes del Presidente; y la oriental, que ya había 
contribuido con 3000 hombres, y que carecía de 
homogeneidad de sentimientos, por la oposición 
que hacían los riveristas al régimen político ac- 
tual y á los hombres que gobernaban, y, por una 
consecuencia de la lógica singular dé aquellos 
tiempos, también á la guerra que se sostenía en el 
extranjero, no pudo tampoco reforzar el ejército. 
Habría sido más fácil el abasto de caballos; pero 
no se reconoció la importancia de este elemen- 
to, y el ejército tuvo que seguir careciendo de 
él. 

CCIjXXXVIII — Se inicia la secunda campaña. Acción del 

C a macuá 

A pesar de estas contrariedades, se decidió 
Alvear á emprender la segunda campaña, espe- 
rando que le llegarían en el camino los auxi- 
lios y recursos que le hacían falta. Proclamó al 
ejército y partió de los Corrales el 13 de Abril. 
Él 14 había llegado al Yaguarí; el 18 entró la 
infantería en Bagé con fuertes lluvias y se situó 
la caballería á su rededor, con frente á Santa- 
Tecla. 

Supo Alvear que el general Barreto y los coro- 
neles Bento Manuel y Bento Gonzalvez estaban 
situados sobre el Camacuá, á diez leguas de Bagé, 
con un cuerpo de 1600 caballos. Tomó el 22 ba- 



364 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

jo sus órdenes 300 hombres del primer cuerpo, 
mandados por Lavalleja y las divisiones de La- 
valle, Zufriategui y Pacheco, y marchó durante 
la noche sobre el enemigo con ánimo de sor- 

Í)renderlo. No pudo realizarse la sorpresa; pero 
a caballería enemiga fuó atacada el 23, vencida 
y dispersada á tal punto, que no salieron del 
campo 400 hombres reunidos. Lavalleja, Oribe, 
Pacheco y otros merecieron ser vivamente elo- 
giados en el Boletín del ejército republicano. 

CCLiXXXIX — El ejército republicano se retira á Cerro- 
largo. L,os brasileños ocupan á Mald uñado 

Se esperaba que esta expedición serviría para 
recoger caballos en las inmediaciones del trayecto 
recorrido; pero la columna vencedora regresó sin 
hallar otros que los tomados á los imperiales dis- 
persos. Trascurrían un día y otro día sin que so 
vieran llegar tropas ni caballadas. Alvear llegó 
á ofrecer por cada caballo dos cabezas de ganado 
vacuno, sin conseguir ni aún así montar regu- 
larmente su caballería. 

La Junta de representantes correspondió á las 
instancias de Alvear recomendando al Goberna- 
dor el exacto cumplimiento de la ley de milicias y 
autorizándole para que tomara todas las medidas 
que creyera conducentes á la salvación de la 
provincia, « convencida de la justicia con que el 
« pueblo que representa debe oponer toda su fuer- 
« za á los medios de opresión de que se sirve el 
<( Imperio y corresponde dignamente á los inmen- 
« sos sacrificios que la nación hace por la libertad 
<( oriental » . (Abril 18). 

El general Soler, nombrado general de armas 
de la Provincia-oriental, ofreció en una proclama 
desde Canelones (28 de Abril) cien pesos á cada 
soldado del país que abandonase la guarnición 



• 

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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 365 

de Montevideo, y ademas el precio del arma- 
mento con que se presentara. Ef gobernador Sua- 
rez proclamó también al pueblo anunciándole que 
el ejército brasileño, «. engrosado con esclavos, 
« se preparaba á medir de nuevo sus armas » é 
invitándolo á que « corriera en masa á robuste- 
« cer las columnas de nuestros guerreros», y salió 
personalmente á campaña, delegando las ftincio- 
* nes gubernativas en el ministro D. Juan Fran- 
cisco Giró. Todo fué en vano: parece que estaban 
agotadas las fuentes de todo recurso. 

Dada esta situación, y el comienzo de la épo- 
ca en que abundan las lluvias, el ejército, que 
había llegado para el 16 de Mayo á las vertientes 
del arrovo Valuaron, siguiendo el camino que 
conduce ala ciudad ele Río-Grande, y que había 
derrotado el 26 la caballería de Calderón y Yucas 
Teodoro, se vi ó obligado á retroceder el 27, cuan- 
do el enemigo, lejos de él, más le temía. Llegó á 
Cerro-largo á mediados de Junio, hizo allí cuar- 
teles de invierno, y permaneció inactivo todo el 
resto del año. 

El Marqués de Barbacena había sido miéntras 
tanto reemplazado ppr el Vizconde de la laguna 
en el mando del ejército imperial (l 9 de Mayo), 
y el Vizconde á su vez en la presidencia de la Cis- 
platina por el Barón de Vila-bella. Este señaló 
el comienzo de sus funciones mandando una ex- 
pedición á Maldonado, en cuya ciudad entró por 
sorpresa el 17 de Mayo. Tomó prisionero al juez 
. Á de primera instancia, Dr. José Manuel Pacheco, 
y lo remitió á Montevideo, en donde fué tratado 
con ménos consideraciones que las que se le de- 
bían. Su Jefe se situó después en la punta del 
Este, del cual era Comandante, y proclamó al 
pueblo del departamento, anunciáncíole que iba á 
defenderlo contra los i'ebeldc*. 



366 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

CCXC — Estado interior de la República 

El estado interior de la República seguía em- 
peorando por momentos, é imponiendo á los hom- 
bres del gobierno determinaciones difíciles en 
los negocios exteriores. La constitución había si- 
do aceptada por algunas provincias; pero las más 
la habían rechazado, manifestando que preferían 
el régimen federal . Divididas en partidarias y 
adversarias de la presidencia unitaria, habían 
continuado la guerra civil iniciada el año an- 
terior y la habían extendido y hecho más san- 
grienta; de lo que resultó que por satisfacer las 
necesidades de sus propias contiendas desaten- 
dían completamente las de la guerra internacio- 
nal, comprometiendo, como se ha visto, la posi- 
ción del ejército. 

CCXCI— Rivadaria se decide á negociar la paz con el Brasil 

Viéndose Rivadavia en la imposibilidad de ven- 
cer simultáneamente al Brasil y á los caudillos 
que se le oponían, pensó en nacer las paces 
con el Emperador para emplear después el ejér- 
cito en la pacificación de las provincias, ya que 
no veía la posibilidad de pacificar primero las 
provincias para llevarlas á tiempo al teatro de la 
guerra. No ocultándosele, empero, la gravedad 
de la resolución, llamó á su despacho varias de 
las personas que gozaban de autoridad y les con- 
sultó el punto. La mayoría apoyó al Presidente, 
juzgando que el Brasil, agobiado bajo el peso de 
los inmensos gastos que le ocasionaban la es- 
cuadra y el ejército, y debilitado ademas por los 
quebrantos que causaba el corso á su comercio, 
no tenía ménos interés que las Provincias-uni- 
das en tratar una paz honrosa para ambos be- 
ligerantes. 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 367 

Se dice que Pueyrredon se opuso manifestando 
que el Emperador no cedería de sus pretensiones, 
conociendo, como debía conocer, que no estaba 
la República en situación de llevar adelante sus 
victorias; y que, precisamente porque la escuadra 
y el ejército causaban su ruina, debería esperarse 
á que esa ruina obrara en el ánimo del Monarca 
lo bastante para obligarle á entrar en vías razo- 
nables. El Presidente no halló fuerza en este ra- 
zonamiento ó pensó que era imposible esperar a 
que se produjeran los efectos previstos mientras 
ardía la guerra civil en la mayor parte de la Re- 
pública. 

El hecho es que nombró á don Manuel José 
García con el carácter de enviado extraordinario 
y ministro plenipotenciario cerca de S. M. I. (19 
de Abril), diciéndole en las instrucciones que «en 
« caso que el gobierno del Brasil consienta en tra- 
ce tar sobre el objeto de la paz, quedaba plenamen- 
<c te autorizado para ajustar y concluir cualquie- 
« ra convención preliminar cj^e haga cesar la gue- 
« rra, y que restablezca la paz entre la república y 
« el imperio del Brasil, en términos honrosos y con 
«garantías recíprocas para ambas partes, y que 
« lian de tener por base la restitución de la Pro- 
« vincia Oriental ó la erección y reconocimiento 
« del dicho territorio en un Estado separado, li- 
« bre é independiente, bajo las formas y reglas 
« que sus propios habitantes elijieren y sanciona- 
« ran: no debiendo exijirse en este último caso por 
% « ninguna de las partes beligerantes compensa- 
« cion alguna » (art. 2 9 ). 

CCXCII— Convención García 

No podía ir el Plenipotenciario en peor momento 
á Río-Janeiro. El 3 de Mayo se abrieron las se- 
siones legislativas, que habían estado suspensas 



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368 BOSQUEJO HISTÓRICO 1327 

desde el 6 de Septiembre. El emperador compa- 
reció personalmente al acto y expresó, después 
de lamentar la muerte de su esposa, que des- 
graciadamente la guerra entre el Brasil y Buenos- 
aires «continuaba y debía continuar hasta que la 
« provincia Cisplatina fuese desocupada por sus 
« invasores y reconociese Buenos-aires la inde- 
« pendencia de la nación brasileña y la integridad 
« de su territorio con la incorporación de la Ois- 
« platina, que libre y espontáneamente había que- 
« rido ser parte del Imperio ». 

Tres días después de esta declaración solemne 
llegaba García á su destino; y, aunque contaba 
con la influencia del Ministro ele S. M. B., no era 
dudoso que, dado el hecho, ó había de entrar en 
negociaciones dispuesto á reconocer al Emperador 
el derecho de soberanía en la Provincia-Cisplati- 
na, contra el tenor de sus instrucciones, ó ten- 
dría que volver á Buenos-aires desde el puerto de 
Río-Janeiro. García resolvió esta delicada posi- 
ción en el primer sentido, pensando que, como 
su Gobierno consentía en la independencia de los 
orientales, no perjudicaría las pretcnsiones esen- 
ciales de la República aún cuando la Provincia 
se separase de ella para seguir incorporada al 
Brasil. Lo esencial era la paz, porque, no con- 
siguiéndola, se corría el peligro inminente de que 
la nación se disolviera. 

Es verdad que sujetándose a esta línea de con- 
ducta infringía los términos incondicionales de las 
instrucciones que llevaba; pero no sería la pri- 
mera vez que tal infracción se hubiese realizado 
con aplauso de los que tenían el derecho de que- 
jarse. En todo caso, quedaba al Gobierno la fa- 
cultad de no ratificar lo que estipulase. Así, pues, 
desembarcó, inició las negociaciones y firmó el 
24 de Mayo una Convención preliminar en que se 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 309 

acordaba: — que la República reconocía la inde- 
pendencia é integridad del Brasil, renunciando 
« todos los derechos que podría pretender al te- 
« rritorio de la Provincia de Montevideo, llama- 
« da Cisplatina », y que el Emperador reconocía 
igualmente la independencia é integridad de la 
República (art. I 9 ); — que S. M. L prometía eui- 
, dar, de acuerdo con la Asamblea legislativa del 
Imperio, el arreglo de la Provincia-Cisplatina con 
sumo esmero, del mismo modo, ó mejor aún, que 
las otras provincias del Imperio, dándoles un ré- 
gimen apropiado á sus costumbres y necesidades 
(art. 2 9 );— que la República-argentina retiraría sus 
tropas del territorio Cisplatino, y las pondría en 
pié de paz, haciendo otro tanto S. M. en la mis- 
ma Provincia (art. 3 9 ); — que el Gobierno argentino 
pondría la isla de Martin-García in ¿tata qtio cuite, 
bellnm, retirando de ella las baterías y pertrechos 
(art. 4 9 ); — que la República-argentina pagaría el 
valor de las presas que hubieren hecho los corsa- 
rios cometiendo acto de piratería (art. 5 9 ); — que 
ambos gobiernos solicitarían del Rey de la Gran- 
Bretaña la garantía de la libre navegación del río 
de la Plata durante quince años (art. 8 9 ); etc. 

CCXCIII— J^a convención es univcrsalmentc rechazada 

Recien á mediados de Junio corrieron en Bue- 
nos-aires algunos rumores de que la paz estaba 
convenida, según cartas que vinieron de Río-Ja- 
neiro. El 20 llegó el negociador y fué introdu- 
cido al día siguiente á la audiencia del Presidente 
y sus ministros. Se conservaron secretas las con- 
ferencias durante cuatro días; pero al quinto ya 
se difundió la voz de que García había traicionado 
á la República, y vino á confirmarla la publica- 
ción del decreto en que el Poder-ejecutivo des- 
aprobaba severamente la convención preliminar, 

24 



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370 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

fundándose en que «el Enviado no sólo había 
« traspasado sus instrucciones, sino contravenido 
« á la letra y espíritu de ellas », y en que « las 
«estipulaciones que contiene dicna convención 
« destruían el honor nacional y atacaban la in- 
« dependencia y todos los derechos esenciales de 
«la República». La indignación que la conven- 
ción produjo en el pueblo, sin distinción de parti- 
dos, fué inmensa. Intentó García explicar su con- 
ducta públicamente, pero no le oyeron, ni los dia- 
rios gubernistas. 

C CX CIV — Renuncia Rivadavia el poder ejecutivo 

Los opositores se aprovecharon del estado ge- 
neral de los ánimos para inculpar al Gobierno y 
aumentar las dificultades con que hasta entonces 
había luchado heróicamente. Había llegado una 
hora solemne para Rivadavia. El rechazo del tra- 
tado implicaba la continuación de la guerra, y, 
por lo mismo, la necesidad de dar nuevas fuerzas 
al ejército y de activarlas operaciones que le ha- 
bían sido encomendadas. Buenos-aires había ago- 
tado sus recursos; era de todo punto indispensa- 
ble que las provincias contribuyeran con los su- 
yos; y para llegar á este resultado había que 
empezar por pacificarlas entre sí y por reconci- 
liarlas con el Gobierno nacional, sobre la base de 
la confianza y de satisfacciones recíprocas. Ni 
estas satisfacciones, ni aquella confianza serían 
reales si no se sustituía el régimen unitario por el 
federal, y si no venían á ocupar el poder hombres 
que por sus antecedentes políticos y morales va- 
liesen una fianza de lealtad para la mayoría fede- 
ralista del país. 

Rivadavia comprendió que era necesaria la des- 
aparición de todo lo que pudiese trabar esta evo- 
lución política, y renunció la presidencia ante el 



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1827 DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 371 

Congreso (27 ele Junio), pensando, dice su mensa- 
je, que no se haría quizas entonces justicia á la 
sinceridad de sus propósitos, pero que se la haría 
más tarde la historia. Al día siguiente proclamó a 
los pueblos de la República exhortándolos á que 
consagraran enteramente sus esfuerzos á la pa- 
tria, ahogando ante sus aras la voz de los intere- 
ses locales, de la diferencia de partidos y sobre 
todo la de los afectos y odios personales , tan 
opuestos al bien de los Estados como á la conso- 
lidación de la moral pública. 

CCXCV- El Congreso restablece el régimen federal de 182.'» 

El Congreso aceptó la renuncia el 30, suplican- 
do, empero, al renunciante que continuara ejer- 
ciendo el poder mientras no se nombrase el susti- 
tuto. Persuadida á su vez la mayoría unitaria de 
que no debe gobernarse á los pueblos bajo un régi- 
men y por hombres que ellos no quieren, so pena 
ele causar males más serios que los que se cjuisie- 
ran evitar, entró en arreglos con la minoría, con- 
viniendo inmediatamente en derogar las leyes que 
habían instituido la presidencia permanente y he- 
cho de Buenos-aires la capital de la República, y 
en restablecer la autonomía ele la Provincia y él 
régimen federal. 

Los prohombres ele ambos partidos (Gómez, 
Gorriti, Dorrego, Arenales y Castro) presentaron 
el 3 de Julio un proyecto ele ley por el que se dis- 
ponía : el nombramiento de un presidente provi- 
sional, encargado del poder ejeceitivo de la Nación 
y del gobierno de la ciudad y territorio de Buenos- 
ñires, hasta eiuc se reunieran los diputados de la 
antigua provincia de este nombre; la reunión de 
una convención nacional, compuesta de un dipu- 
tado por cada provincia, la cual nombraría el pre- 
sidente ele la República, recibiría los votos de las 



372 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

provincias relativos á la constitución aprobada ó 
diferiría este asunto hasta mejor oportunidad; la 
disolución del Congreso en cuanto recibiese noti- 
cia oficial de que la convención se hubiera instala- 
do; y que el nuevo Presidente emplease todos sus 
esfuerzos para hacer cesar la guerra civil y para 
que todos los pueblos concurrieran al grande ob- 
jeto de la guerra nacional, del modo que tan impe- 
riosamente demanda el honor de la República. 

El 5 fué nombrado el Dr. D. Vicente López para 
que desempeñara interinamente la presidencia, cu- 
yo puesto ocupó el 7. El 13 del mismo expidió un 
decreto relevando á Alvear del mando del ejército 
y nombrando en su lugar á Lavallcja, que se ha- 
llaba á la sazón en Buenos-aires. Ei 3 de Agosto 
se instaló la legislatura provincial de Buenos- 
aires; el 12 se eligió al coronel Borrego para go- 
bernador y capitán general; desde el 13 entró ésto 
en el ejercicio del poder ejecutivo de la provincia; 
el 18 se disolvió el Congreso ; y el 27 encargó la 
legislatura provincial al gobernador Dorrego del 
poder ejecutivo de la Nación, confiándole la di- 
rección superior de la guerra hasta la resolución 
de las otras provincias. 

Desde aquel día quedó restablecido el orden de 
cosas que un ano y medio antes había echado 
abajo la administración de Rivadavia, inducida por 
nobles y grandes propósitos, es verdad, pero con- 
trariando la opinión de la mayoría del país, que es 
la autoridad soberana en las democracias, y ciando 
prueba de no haber sabido prever las consecuen- 
cias funestas ¿]ue habían de seguirse necesaria- 
mente ála oposición entre el gobierno y las fuer- 
zas populares. 



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1827 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 



373 



CCXCVI— La ProTincia-orleiital aprueba la constitución 

unitaria 

La Provincia-oriental siguió el flujo y reflujo de 
la política que había tenido su centro de acción 
en Buenos-aires y su manifestación sintética en el 
movimiento de los poderes generales del Estado. 
Cuando el Presidente de la Junta de representan- 
tes recibió la constitución aprobada por el Con- 
greso, había suspendido ya sus sesiones aquel 
cuerpo legislador por no considerarse seguro en 
Canelones desde que el ejército marchó al Brasil, 

Ír no haber otro pueblo situado de tal manera que 
os actos de la legislatura tuvieran toda la publi- 
cidad necesaria. 

Fueron, sin embargo, convocados los represen- 
tantes para el primer día de Febrero. Se pasó á 
infórmela constitución, y se votó el 19 de Marzo 
ante una barra numerosa. De los veinte diputa- 
dos que asistieron á la sesión, dieron diecisiete 
su voto aprobatorio y los tres restantes votaron 
« por que se librase el pronunciamiento de la Pro- 
« vincia en el Soberano Congreso »; lo que im- 
portaba también aceptar la constitución, aunque 
en una forma ménos propia de una asamblea que 
ejercía con solemnidad excepcional la autonomía 
de la Provincia. Figuraban en ella muchos dé los 
hombres más distinguidos del partido republica- 
no (1). Sus miembros, el Gobernador, los funcio- 
narios civiles y el pueblo que componía la barra, 
prorumpieron en seguida de la votación en mani- 
festaciones de entusiasmo, cantaron el himno na- 

[1] No carece do interos el cono<umionto do sns nombres: D. Gabriel A. 
Pereira, Santiago Sayago, Francisco Martínez Nieto, Juan Susviela, Loren- 
zo Jastiniano Pérez, Antonio Mancebo, Pedro Francisco de Berro, Francisco 
Joaquin Muñoz. Franeisco Antonio Vidal, Juan Tomás Nuñez, Pedro Pablo 
de la Sierra, Pedro Nolasco Fernandez, José Alvares, Ignacio de Zufriato- 
gui, Mauricio Pérez, José Francisco Nufíez, Manuel del Baile, Alejandro 
Chucarro, Cárlos Vidal y Daniel Vidal. 



« 



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374 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

cional y recorrieron las calles dando vivas á la 
constitución y á Ja República. Duraron tres días 
los festejos públicos, y se sucedieron los de carác- 
ter privado hasta el 3 cíe Abril, día en que una de 
las sociedades de Canelones celebró el suceso 
con una gran fiesta que fué sumamente concu- 
rrida. 

El 9 dió á luz la Junta de representantes un 
manifiesto al pueblo, en que se contenían estas 
palabras : « Ya era tiempo de que nos presénta- 
te sernos ante el mundo de un modo digno, y así 
« como desgraciadamente fuimos el escándalo de 
« los pueblos, ahora sirviésemos de ejemplo para 
« aquéllos que hoy son tan desgraciados como 
« fuimos nosotros/ Si la anarquía nos hizo ^emir 
<( bajo el yugo de la tiranía doméstica, si ella 
« despobló nuestra tierra, y sirvió de pretexto á 
« un extranjero astuto que nos hizo arrastrar sus 
« cadenas por diez años, los principios de órden 
« que hoy practicamos contribuirán sin duda á 
k constituir el país y cerrar para siempre la revo- 
« lucion. Esta esperanza consoladora debe esti- 
« muíamos más á practicarlos, y constitución de- 
« be ser en adelante nuestra divisa. ...» 

CCXCVÜ — Doctrina de la constitución de 18«tt 

En verdad, si se prescinde de que la constitu- 
ción consagraba el sistema unitario, antipático á 
la mayoría de las provincias, y de que por esta 
causa tenía en sí el gérmen de graves trastornos, 
los legisladores orientales no carecían de razón 
para felicitarse, porque aquella constitución con- 
tenía principios y redas que, bien observados, 
habrían permitido á los pueblos prosperar sin 
mengua ue las libertades individuales, tanto co- 
mo es posible dentro de un organismo seme- 
jante. 



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1827 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 375 



Eran ciudadanos los que nacían en el territorio 
de Ja República; sus hijos, donde quiera que na- 
ciesen; los extranjeros residentes desde antes de 
1816 y los naturalizados. Todos los hombres eran 
iguales ante la ley: se prohibían los títulos de no- 
bleza y el tráfico *é introducción de esclavos. Na- 
die era responsable por las acciones privadas eme 
no perjudicasen á un tercero ó al órden público. 
La libertad de la prensa era declarada esencial á 
la conservación de la libertad civil y se mandaba 
que la garantiesen plenamente las leyes. El goce 
ae la vida , de la reputación , de la segundad 
y de la libertad, debería ser protejido por las 
leyes de tal manera que nadie podría ser obli- 
gado á hacer lo que ellas no mandan, ni im- 
pedido de lo que no prohiben. Quedaba prohibi- 
da la pena de confiscación. Nadie podría penetrar 
en el domicilio de una persona, contra la voluntad 
deísta, sino el juez, ó en caso de impedimento, 
su delegado, con órden suya consignada por es- 
crito. Nadie podría ser arrestado sin mandamien- 
to judicial fundado en la declaración de un testi- 
go idóneo, salvo el caso de ser sorprendido in- 
fraganti, en el cual todos los individuos del pueblo 
podrían arrestarlo y conducirlo ante el magistra- 
do. Nadie sería objeto de pena, ni confinación, si- 
no en virtud de juicio y sentencia legal. 

La soberanía de la Nación sería ejercida por 
tres poderes. El legislativo sería compuesto de 
dos cámaras: una de senadores elegidos indi- 
rectamente por cada provincia, y otra de repre- 
sentantes elegidos de un modo directo por el pue- 
blo. El judicial se ejercería por una corte suprema 
de justicia, compuesta de letrados nombrados por 
el Presidente, que conocería en las cuestiones 
suscitadas entre várias provincias, ó entre pro- 
vincias y particulares, ó entre provincias y los po- 



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376 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

deros de la Nación, ó entre funcionarios públicos; 
así como en las causas de almirantazgo y de los 
embajadores, ministros y toda clase de agentes 
de potencias extranjeras, y en los recursos de- 
ducidos contra los fallos de los tribunales de pro- 
vincia. El ejecutivo sería desempeñado por un 
presidente, electo indirectamente por el pueblo 
cada cinco anos. 

Cada provincia sería administrada por un con- 
sejo de administración, por un tribunal superior 
de justicia, por jueces de primera instancia, y por 
un gobernador. El consejo, elejido directamente 
por el pueblo, tendría á su cargo todo lo que se 
relacionase con la policía, la educación, las obras 
públicas, los establecimientos de beneficencia, y 
cuanto pudiera tender á la prosperidad interior 
de la provincia. Los jueces conocerían en prime- 
ra instancia y el tribunal superior nombrado por 
el Presidente en los recursos que contra aquéllos 
se dedujesen. El gobernador sería designado por 
el Presidente, en una terna que propondría el con- 
sejo de administración, duraría tres años en su 
empleo y estaría encargado de ejecutar las le- 

Íres, los decretos del poder ejecutivo, y las reso- 
uciones del consejo de administración, así como 
de nombrar los funcionarios cuya elección no es- 
tuviese especialmente encomendada á otras per- 
sonas. 

C CX C VIII — La Provincia-oriental se adhiere á la reacción 

federalista 

No obstante la voluntad decidida con que las 
autoridades orientales se habían adherido a la 
constitución de 1826, aceptaron la reacción ope- 
rada en la capital de la República en los últimos 
meses de Julio y Agosto, como si tuvieran el 
propósito de sacrificar todas las convicciones en 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 377 

obsequio á la armonía con los poderes nacionales, 
que entonces más que nunca requerían los com- 
promisos contraídos en la guerra con el Imperio. 
El 20 de Septiembre autorizó al Poder-ejecutivo 
de Buenos-aires, en conformidad con la ley na- 
cional del 18 de Agosto, para que administrara 
en lo relativo a la guerra, á la paz y á las rela- 
ciones exteriores, reservándose la legislatura la 
facultad de aprobar los tratados de paz, amistad 
y comercio, como condición de su validez. Le au- 
torizó también para que solicitara la concurrencia 
de las otras provincias para el rnás pronto resta- 
blecimiento de una representación nacional. El 
22 facultó al mismo gobierno para que celebrara 
con las naciones del continente americano alian- 
zas defensivas y ofensivas contra el Brasil, y el 
24 lo autorizó para negociar un empréstito de 
cinco millones de pesos. 

CCXCIX — Progresos de la administración interior de la 

Provincia 

Mientras de esta manera difícil, pero necesaria 
por el momento, conservaba sus relaciones inter- 
provinciales y contribuía a mantener una autori- 
dad que servía provisionalmente de centro de 
unión y de órgano á los pueblos del Río de la Pla- 
ta, iba completando la Junta de representantes la 
obra legislativa de la Provincia, auxiliada por la 
buena voluntad del Gobernador, que mostraba su 
celo ya dentro del círculo trazado ásus facultades 
t ejecutivas, ya invadiendo el campo reservado na- 
turalmente á la lejislatura, por la falta de reglas 
constitutivas que precisaran los límites de la ac- 
ción de ambos poderes. 

El 10 de Enero dispuso el Poder-ejecutivo que 
ninguna autoridad civil ó militar podría detener á 
ninguna persona de la jurisdicción ordinaria en 



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378 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

los cuarteles de tropa, vivac, cuerpo de guardia 
ó cárcel militar, so pena de responder al Gobier- 
no por la infracción y á las partes por el daño; y 
prescribió que el tomar infraganti determinaba la 
obligación de presentar al juez el arrestado en el 
tiempo más breve posible. El 13 reglamentó la 
ley que prohibía transitar de unos á otros depar- 
tamentos sin licencia de las autoridades, y el 23 
amplió esa reglamentación en el sentido de faci- 
litar al vecindario el cumplimiento de aquellas 
prescripciones aconsejadas por el estado de gue- 
rra. La Junta de representantes se ocupó tam- 
bién de los derechos individuales, dando reglas 
para asegurar la propiedad pecuaria (3 de Abril); 
propendiendo con el establecimiento de escriba- 
nías públicas en los pueblos á dar eficacia á los 
derechos creados por los contratos, legislando los 
abusos que se podían cometer por medio de la 
prensa, el modo de juzgarlos y las penas que me- 
recían (9 de Abril). 

Se cumplieron las leyes que establecían el po- 
der judicial, nombrándose numerosos jueces de 

Í>az para los siete departamentos ocupados por 
as autoridades republicanas, un juez letrado de 
primera instancia para el de Maldonado (Dr. José 
Manuel Pacheco), otro para los de Santo-Domin- 
go, Colonia y Pay-sandú (Dr. Juan José Alsina) 
y otro para los de Canelones y Entre- Yí-y-río- 
Negro (Dr. Gabriel Ocampo). Se confió la fiscalía 
al Dr. Juan Andrés Ferrera. (16 de Enero). — El 
día siguiente cesaron los cabildos. El 25 se de- 
cretó que cada juez de primera instancia fuera 
asistido por un escribano público. El 26 se re- 
glamentaron las funciones de los jueces de paz. 
El 3 de Abril se prescriben las solemnidades con 
que deben notificárselos fallos de los jueces. El 
7 se constituye el tribunal de apelaciones y se 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 379 

determinan sus facultades, y el 24 se nombran 
los primeros tres letrados que lo compusieron. 
La policía y las cárceles fueron también objetos 
de reglamentos especiales, que revelan esmero y 
laboriosidad (24 y 25 de Enero y 5 de Febrero). 

Se regularizó la administración de la hacienda, 
instituyendo la oficina de contaduría (10 de Ene- 
„ ro); se' crearon cinco clases de patentes de diez 
á sesenta pesos, y un impuesto de cuatro reales 
por cada res que se matara (Abril 8) y se regla- 
mentó su percepción (15 de Mayo); se impuso 
el derecho de dos reales por cada guía territorial 
que se expidiera (10 de Abril); el mismo día se 
estableció la contribución directa que habían de 
pagar los comerciantes, los fabricantes, los ha- 
cendados, los capitales á consignación y los la- 
bradores, y se dictaron reglas acerca del tiempo 
y modo en que debería hacerse el pago. Ademas 
se fijó el presupuesto de gastos de modo que co- 
rrespondían 3808,000 pesos á la gobernación; 
5300,000 pesos á la lejislatura; 6700,000 pesos 
al ministerio de gobierno; 29460,000 pesos á la 
magistratura; 62408,000 pesos á la policía y cár- 
celes; 10800,000 pesos á la instrucción pública; 
8400,000 pesos al ministerio de hacienda y con- 
taduría; 2880,000 pesos á la imprenta de fa Pro- 
vincia; 1080,000 pesos á los gastos militares; 
600,000 pesos á las pensiones y 6844,000 pesos 
á otros gastos, incluso los extraordinarios. Total 
de gastos en el año: ciento treinta y ocho mil 
# trescientos pesos. 

Como se habrá notado por la partida asignada 
en el presupuesto de este año, no se echó en ol- 
vido, a pesar de lo extraordinario de las circuns- 
tancias, la materia de la instrucción pública. El 
Gobernador decretó el 16 de Mayo que en cada 
una de las capitales departamentales y en los 



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380 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

pueblos de San-Cárlos, Rocha, Soriano y Santa- 
Lucía se abriera una escuela de primeras letras, 
dirijida por un maestro que ganaría sesenta pe- 
sos mensuales. La enseñanza sería gratuita. Po- 
drían concurrir niños de más de siete años. Se 
organizarían las clases según el sistema laucas- 
teriano, introducido en el Plata y puesto en bo- 
ga por Rivadavia. Se instituyeron juntas inspec- 
toras, compuestas del juez del lugar y dos veci- 
nos, que tenían el encargo de vigilar las costum- 
bres del maestro y su conducta en la escuela. Y 
comprendiendo la necesidad de formar buenos 
preceptores para que progresara la enseñanza, se 
decretó el mismo día el establecimiento de una es- 
cuela normal. Debería aplicarse en ella el siste- 
ma llamado de Lancaster. Serían sus alumnos 
los que aspirasen á ser maestros de instrucción 
primaria, y nadie podría ejercer en adelante esta 
profesión, si no hubiese sido alumno normal, sal- 
vo que anteriormente hubiese sido aprobado en 
examen rendido ante el Director general de las 
escuelas de la Provincia. 

Se echaron también los fundamentos de la es- 
tadística oficial, prescribiendo (26 de Marzo) que 
los curas de tudas las parroquias de la Provincia 
remitieran el primer día de cada mes á la secre- 
taría de gobierno un estado en que se consignaran 
las defunciones, los casamientos y los bautismos, 
con expresión del sexo, edad, estado, color y orí- 
gen (es decir, si eran libres ó esclavos los naci- 
dos, casados ó muertos). 

CCC — Lucha de los poderes driles con el militarismo 
capitaneado por Lavalleja 

Se vé cómo propendían la legislatura y el go- 
bernador Suarez á mantener las buenas relacio- 
nes con las otras provincias, y á crear, poco á poco 

í 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 381 



y según la experiencia lo requería, el orden legal 
relativo á los derechos y obligaciones de los ha- 
bitantes de la Provincia, y á las funciones admi- 
nistrativas que eran necesarias á la existencia po- 
lítica de la comunidad. No descollaba ningún ta- 
lento singular, ni se hacía gala de incorporar á 
la legislación grandes teorías; pero se hacían es- 
# fuerzos sinceros de buen sentido y de espíritu 

f>ráctico, cuyos defectos se habrían correjido pau- 
atinamen te, * según los hechos ó el progreso de 
las ideas vinieran indicándolos. 

Desgraciadamente, nó todos estaban anima- 
dos por tan plausibles móviles. La elevación del 
general Lavalleja al puesto que había ocupado 
Alvear en el ejército de la Nación, dio lugar á su- 
cesos lamentables. Pobre de inteligencia, de edu- 
cación y de carácter, no comprendió Lavalleja ni 
qué circunstancias extrañas lo habían favorecido, 
ni qué deberes le imponía el cargo que desem- 
peñaba. Creyó que debía el encumbramiento á sus 
propios méritos y se tuvo desde entonces, con 
más firmeza que antes, por el primer génio mili- 
tar y político cíe su país. Este concepto de sí pro- 
pio le indujo á desarrollar desmedidamente sus 
pretensiones do mandar en todo, á todos y sobre 
todos, por manera que se creyó con derecho á 
imponer su voluntad á legisladores, gobernador 
y jueces. Su odio á Rivera y á los riveristas se 
hizo más profundo ó más franco, y no olvidó en- 
tonces que los representantes de su provincia lo 
habían privado del poder ejecutivo contra su vo- 
luntad, y lo habían sustituido con don Joaquín 
Suarez. Todo este conjunto de ideas erróneas, 
de presunción, de odios y de resentimientos lo 
arrastró al terreno de las violencias, en el que era 
auxiliado y quizás estimulado por jefes que le 
rodeaban y por hombres de Buenos-aires, inte- 



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382 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

resatlos en hacer desaparecer del escenario po- 
lítico álos que habían prestado su conformidad 
a la constitución y á las tendencias oficiales del 
año xxvi. 

El militarismo invadió las esferas civiles. Los 
comandantes de los departamentos disponían de 
las personas y de las cosas, en nombre de los 
intereses de la guerra, como mejor cuadraba á 
su ilimitado arbitrio. Várias de las leyes que se 
promulgaron en el curso de este ano v el anterior 

I O . J 

estaban en pugna abierta con esa conducta y más 
de una vez pretendieron el Gobernador y los ma- 
gistrados hacerlas respetar; pero consiguieron so- 
lo avivar el antagonismo de las dos influencias y 
aumentar de más en más la dificultad de las rela- 
ciones entre los funcionarios civiles y los mili- 
tares. 

Dado el conflicto del poder moral de las leyes 
y de la magistratura con el poder material de los 
soldados, no era dudoso el triunfo de éstos. La- 
valleia venció la oposición de los jueces haciendo 
aprehender ruidosamente á dos de ellos, los doc- 
tores Eerrera y Ocampo, que habían pasado en 
Abril de los juzgados de primera instancia al 
Tribunal de apelaciones, los despojó de sus fun- 
ciones y les intimó que salieran de la Provincia, 
sin que hubiera precedido juicio ni sentencia, y 
á pesar de carecer ¿1 de facultades para tomar 
(ales medidas respecto de los funcionarios civi- 
les. El Gobernador reclamó enérgicamente con- 
tra ese abuso escandaloso de la fuerza y dió cuen- 
ta á la Junta de representantes, la cual á su vez 
aprobó la conducta del Ejecutivo, declaró arbi- 
trario el proceder del General en jefe y violatorio 
del art. 1? de la ley de S de Julio de 1826, y 
mandó que el Poder ejecutivo entablara queja 
formal ante quien correspondiera, y que se tras- 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 383 

eribiera al General en jefe todo lo resuelto (21 de 
Septiembre). 

La excitación era inmensa en todos los ánimos. 
Apénas la sorpresa permitía meditar en los hechos 
ocurridos y calcular la trascendencia que ten- 
drían. Los comandantes militares se habían com- 
prometido abiertamente en la revuelta contra las 
( autoridades civiles, provocando en los departa- 
mentos manifestaciones populares, encabezando 
la rebelión de las milicias, y celebrando reuniones 
en que se pedía el derrocamiento de todos los po- 
deres constituidos. (Días 20, 21, 22 y 23). 

La Junta de representantes contestó esa acti- 
tud con otra no ménos extrema. Declaró que, ha- 
biéndose disuelto el Congreso general constitu- 
yente, reasumía la parte de soberanía que había 
delegado la Provincia en sus diputados; y que 
por tal razón, y miéntras no se estableciesen un 
cuerpo representativo y un poder ejecutivo nacio- 
nales, sería responsable ante el Gobernador y la 
Legislatura de la Provincia, por la infracción de 
sus leyes, cualquiera autoridad militar, sea cual 
fuese su origen, que se hallare en el territorio 
provincial; cuya declaración mandó que se no- 
tificara al Gobernador de Buenos-aires, encargado 
de la guerra y de las relaciones exteriores, y al 
General en jefe del ejército. (21 de Septiembre). 
Por su parte creyó el gobernador Suarez que, 
como su nombramiento había ocasionado hasta 
cierto punto los resentimientos de Lavalleja, con- 
. tribuiría tal vez á conjurar la tempestad renun- 
ciando el cargo; pero la Junta de representantes 
no aceptó la renuncia, juzgando, con razón, que 
la autoridad legal no debía ceder voluntariamente 
á la pretensión de soldados amotinados (Septiem- 
bre 24). 



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384 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

- 

COCI — Derrocamiento de los poderes legales — Dictadura 

de Lavallcja 

Llegó en medio de agitaciones profundas el 4 de 
Octubre. Este día vino el general Lavalleja al Du- 
razno con algunas fuerzas, y concurrieron á la 
vez el general Julián Laguna, el coronel Leonardo 
Olivera, el coronel Pablo Pérez, el graduado de 
igual clase Adrián Medina, los coroneles Andrés 
Latorre y Juan Arenas y el teniente-coronel Mi- 
guel Gregorio Planes, comandantes respectiva- 
mente de los departamentos de Pay-sandú, Mal- 
donado, San-José, Cerro-largo, Colonia y Soriano, 
y el coronel Manuel Oribe, comandante general de 
armas, ñor sí y por el comandante del departa- 
mento de Canelones el teniente-coronel Simón 
del Pino. Reunidos todos estos comandantes, de- 
clararon que los pueblos y las divisiones de sus 
departamentos respectivos hablan acordado uná- 
nimemente que el Gobernador propietario y Capi- 
tán general de la Provincia reasumiese el mando 
y ordenase la cesación inmediata de la legislatura 
y del Gobernador sustituto; que hiciera las refor- 
mas que el estado de guerra exijía; y que, delegan- 
do el poder en la persona ó personas que quisiera, 
se dedicara á las operaciones militares que se le 
habían encomendado. 

Resolvióse en seguida llamar al general Lava- 
lleja para que oyera la expresión de la voluntad 
popular; y una vez presentí», tomó la palabra el 
general Laguna y le impuso del objeto ele la reu- 
nión, diciendo entre otras cosas que á los pue- 
blos y á las divisiones de su mando « habíales 
ce mostrado la experiencia que la Provincia no 
« podrá arribar al verdadero goce de su libertad 
« y derechos, miéntras mantenga en su seno y á 
« la cabeza de sus negocios más importantes á 



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1827 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 385 

« hombres corrompidos y viciados que por mas 
« de una vez han comprometido la existencia de 
« ella; hombres serviles y mercenarios que no 
« há mucho tiempo fueron agentes activos de los 
« portugueses, y que más recientemente, traicio- 
« nando la voluntad de los pueblos, compíotándo- 
« se con los agentes del sistema de unidad, que 
« ha concluido, han reconocido una constitución 
♦ ce en que, ni tuvieron parte los pueblos, ni tres 
« mil ciudadanos más respetables que en aquella 
« sazón se hallaban combatiendo por la libertad 
.« del país » 

Continuó hablando de los hombres peligrosos 
á la libertad y á la unidad nacional, y concluyó 
manifestándole en nombre de los pueblos, que 
ponía en sus manos el poder de la Provincia pa- 
ra mientras durase la guerra, con la condición 
de hacer cesar los que actualmente lo desempe- 
ñaban, de que convocara nueva legislatura des- 
pués de terminada la campaña, de que se ponga 
en relación con las demás provincias y mande 
diputados á la convención nacional, y de que 
delegue el mando en personas de probidad. La- 
valleja contestó conformándose con la voluntad 
manifestada y prometiendo que al día siguiente 
pondría en ejecución las soberanas resoluciones. 

La Junta de representantes y el Poder-ejecutivo 
se disolvieron protestando que no cesaban vo- 
luntariamente en el ejercicio de sus funciones, y 
sí obligados por la fuerza, de cuyo abuso hacían 
responsables ante la Patria á los jefes y oficiales 
que firmaron el acta del 4 de Octubre. 

( < rn Innovaciones desacertadas de la Dictadura 

Nada hizo Lavalleja en los tres últimos meses 
del año, capaz de atenuar tan incalificable aten- 
tado. Las más importantes de las rojormas que 



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386 BOSQUEJO HISTÓRICO 1827 

había prometido hacer están consignadas en su 
decreto del 6 de Diciembre. Abolió las alcaldías 
de distrito, los juzgados de paz y de primera ins- 
tancia y las comisarías de policía; é instituyó en 
su lugar consejos de administración, alcaldías or- 
dinarias y juzgados subalternos. 

Tendría, según este sistema, cada departamen- 
to tantos juecess ubalternos como distritos, un al- 
calde ordinario, un defensor de pobres y menores, 
un agente fiscal del crimen y un consejo de ad- 
ministración. 

Los jueces subalternos desempeñarían las fun- 
ciones de los jueces de paz y tenientes alcaldes y 
serían nombrados por el Gobierno dentro de una 
terna propuesta por el alcalde ordinario, pero ele- 
jida por el pueblo. 

Los alcaldes ordinarios tendrían las atribucio- 
nes de los jueces de primera instancia y de los 
comisarios de policía, y serían nombrados por 
el Gobierno con sujeción á una terna propuesta 
por el consejo de administración del departamen- 
to respectivo. Así debería hacerse también el nom- 
bramiento de los defensores y agentes fiscales. 

El consejo de administración se compondría en 
cada departamento por el alcalde ordinario, el de- 
fensor de pobres y menores y el agente fiscal, y 
tendría por objeto el cuidado de los intereses de- 
partamentales y proponer al Gobierno las mejoras 
necesarias. 

Todos esos funcionarios durarían un año en 
su puesto, y prestarían el servicio gratuitamente. 
El Poder-ejecutivo, asesorado por un letrado, co- 
nocería en los recursos deducidos ante los alcal- 
des ordinarios, miéntras no se reconstituyese el 
tribunal de apelaciones. „ 

La conducta política había enajenado á Lavalle- 
ja muchas de las simpatías de que fué objeto por 



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y 1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 387 

haber encabezado á los iniciadores de la revolu- 
ción de 1825; pero no había de serle menos fatal 
la manera como procedía en el gobierno; pues si 
la una lo revelaba ambicioso y díscolo, le presen- 
taba la otra como el más incapaz de los gobernan- 
tes. Su decreto de Diciembre era una prueba de 
ello. Abolió la separación de las funciones que 

♦ asegura al pueblo la inteligencia y la moderación 
en el trabajo administrativo, é implantó el siste- 
ma de la acumulación, fuente de desaciertos v de 
despotismo. Proscribió de la magistratura la ido- 
neidad especial de los letrados, para sustituirla 
por la ignorancia de los legos. Condenó la remu- * 
neracion de los servicios que constituye una ga- 
rantía de dedicación y de independencia, y obligó 
íi prestar gratuitamente servicios que absorberían 
todo su tiempo al hombre más laborioso, cuando 
tuviera la voluntad de dedicárselos. Y dispuso el 
cambio anual de los funcionarios, desconociendo 
los beneficios que reportaría la administración 
de la experiencia y la tranquilidad (pie dá á los 
funcionarios, ya que nó la mamovjlidad, por lo 
ménos la prudente duración de los empleos. Ha- 
cer de un solo hombre el juez, el comisario y 
el miembro del consejo administrativo de todo 
un departamento, sin exijir de él ninguna clase 
de competencia especial y sin darle ninguna re- 
tribución, era idear el sistema más perfecto para 
que ese hombre no quisiera ni pudiera hacer tales 
servicios al país. 

4 Y, en efecto, la innovación de Lavalleja fué una 
calamidad que no tardó en hacerse sentir en to- 
das partes, con no poco perjuicio de su crédito, ya 
harto quebrantado. 

CCCUI — Hechos de la escuadra en 1828 

No estuvieron más activas las escuadras belige- 



4 



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388 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

rantes en el curso del año de 1828 que lo habían 
estado en el último semestre del año anterior. La 
brasileña sostuvo el bloqueo desde su fondeadero 
ordinario entre la punta de la Atalaya y la del In- 
dio, al Sud de Buenos-aires. La argentina mantu- 
vo su núcleo en las proximidades de la punta de 
Lara, desde donde desprendía de cuando en cuan- 
do algunas naves para que prosiguiesen el corso, 
en que consistía la hostilidad marítima que se ha- 
cía al Brasil con algunas ventajas. 

A algunos episodios dió márien esta manera de 
hacer la guerra, entre los cuales despierta algún 
interés uno que tuvo por héroes al teniente-coro- 
nel Tomás Espora y ai jefe del bloqueo Pintos 
Guedes. El primero de éstos había realizado va- 
liosas presas en el Atlántico con el Ocho-de-Fe- 
brero. En una de las ocasiones en que entró en la 
ensenada de San-Borombon con el objeto de arri- 
bar al río Salado, como tenían por costumbre los 
corsarios argentinos, fué encerrado por ocho bu- 
ques imperiales (29 de Mayo). Espora se acercó 
al banco del Tuyú, situado en la parte meridional 
de la ensenada, con la intención de que los bu- 
ques enemigos, de mayor calado que el suyo, no 
lo abordaran; pero varó y no pudo evitar que le 
dañasen durante todo el día los cañones imperia- 
les. Estaba destrozado el Ocho-de-Febrero al lle- 
gar la noche. Inevitablemente perdidos, Espora 
hizo bajar toda la tripulación á tierra y quedó á 
bordo acompañado sólo por su inmediato el sar- 
gento-mayor Antonio Toll. La escuadra continuó 
sus fuegos al día siguiente, hasta que se rindió el 
buque argentino. 

Pintos Guedes recibió dignamente á los venci- 
dos, les dijo que «oficiales que se habían portado 
<c como los del Ocho-de-Febrero no merecían ser 
« prisioneros » y los hizo conducir á la línea de 



V 



1 

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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 389 

bloqueo para que volvieran al seno de sus fami- 
lias. Brown correspondió á este acto de nobleza 
devolviendo en cange á la escuadra bloqueadora 
á dos de los prisioneros de guerra: el capitán de 
fragata Guillermo Eirc y el teniente primero Anto- 
nio Carlos Ferreira (14 de Junio). . 

CCCIV — P oycctos de Brow» 

Mortificado el genio activo de Brown por la inac- 
ción á que estaba condenada la escuadrilla repu- 
blicana por su impotencia, y habiendo concebido 
un plan que, según él, había de dar por resultado el 
levantamiento del bloqueo siempre que se pudiera 
disponer de dos ó tres buques de fuerza, invitó 
publicamente á los pueblos para que se suscribie- 
ran con sumas de dinero destinadas á realizar 
aquel pensamiento ( Julio 8 ). A los tres días se 
verificó en la Comandancia general de marina una 
reunión de personas distinguidas, se nombraron 
comisiones recaudadoras para todas las provin- 
cias y se suscribieron allí mismo cantidades que 
sumaron cerca de veintitrés mil pesos. La prensa 
apoyó estos trabajos, se habló mucho de ellos en 
Buenos-aires; pero nada se hizo con entusiasmo, 
porque el cansancio y las esperanzas de una pa- 
cificación inmediata, de que pronto hablaré, ha- 
bían relajado, si así puede decirse, el nervio pa- 
triótico. 

CCCV — Lavalleja y el ejercito al entrar en el año XXVHI 

El ejército había permanecido en sus cuarteles 
de Cerro-largo sin emprender operación alguna á 

Eesar de eme los meses de Noviembre y Diciembre 
abían sido de los más aparentes para iniciar una 
nueva campaña. Debíase esto á que el General 
en jefe se ocupaba más de la política que de la 
guerra. Había trasladado la Capital al Durazno y 



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390 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

fijado en él su residencia. Algunos de los otros je- 
fes caracterizados se habían ido á Buenos-aires 
por no sufrir el hastío que se había apoderado del 
ejército. Todos exijían que algo se hiciera en esos 
tres ó cuatro meses de buena estación, que ya co- 
rrían adelantados. Lavalleja contestaba que esta- 
ba reuniendo poderosos elementos, que pronto 
invadirían el Brasil, que no descansarían hasta 
llegar á Río^Grande y á Porto-alegre, desde donde 
mandaría naranjas á Buenos-aires, según había 
prometido á personas de esta ciudad desde Julio. 
Al fin se presentó en el ejército, después de dele- 
gar el gobierno en D. Luis Eduardo Pérez, con es- 
casas caballadas, unos 800 soldados de caballería 
y un pequeño cuerpo de paisanos que tenían la 
misión especial de pasar á la Provincia el ganado 
vacuno que hallasen en el territorio vecino. 

CCCVI - Campana de 182» 

Se sabe que el ejército imperial era fuerte espe- 
cialmente en las armas de infantería y artillería, y 
que el republicano no pudo continuar la primera 
ni la segunda campañas por falta de la primera 
de aquellas armas. No obstante, se decidió La- 
valleja á emprender la tercera campaña con sola 
la caballería, dejando en Cerro-largo los infantes 
y los cañones y llevó á cabo su resolución á pesar 
de los consejos que le dieron el Jefe del estado 
mayor (José María Paz) y otros generales. 

Comenzó la marcha eí 10 de Enero con rumbo 
al Yaguaron. Se encontró álas veinte leguas con 
el enemigo, situado tras de unas fragosidades que 
los caballos no podían salvar. Resuelto el caute- 
loso Vizconde de la laguna á no salir de la defen- 
siva, se estuvo quieto en sus posiciones; y no ati- 
nando el General republicano con lo que nabía de 
hacer para obligar á su adversario indirectamente 



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182S DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 391 

á abandonar sus naturales defensas, se estuvie- 
ron el uno frente al otro largo tiempo. El ejército, 
acostumbrado Alas marchas y á las maniobras de 
Alvear, se mostraba impaciente y descontento. 
Lavalleja trató de calmar estas disposiciones con 
una proclama que expidió el 20 de Febrero, ani- 
versario de Ituzaíngo, en que decía á sús valientes 

guerreros: «El día que los enemigas abando- 

* <( nen esas escabrosidades, donde los tiene sepul- 
tados el terror de nuestra justa venganza, ese 
« día será el que cubriréis de lustre las armas de 
« la República » . 

Todavía á mediados de Marzo estaban los bra- 
sileños sobre el arroyo Grande de San Lorenzo, á 
doce leguas del Yaguaron, y los argentinos sobre 
el Sarandí, afluente de este arroyo; y tan pocas 
miras había de salir de tal situación, que Lavalle- 
ja se vino á la Capital de Cerro-Largo, en donde, 
con motivo de referencias desfavorables que se 
hacían á su conducta militar en un manifiesto que 
el general Alvear publicó acerca de las campañas 
de 1827, dió un decreto declarando que la prensa 
« quedaba expedita para los señores jefes y oficia- 
« les que quieran hacer uso de ella en defensa de 
ce los ultrajes que hayan recibido, con sólo la pre- 
« vención de no valerse del anónimo». ( 21 de 
Marzo). 

El trascurso de los meses trajo la estación peor 
del año. El frío y las lluvias, ya que nó el poder 
del ejército republicano, obligó al imperial á mo- 
verse buscando abrigo, y retrocedió hacia la ciu- 
dad de San-Pedro-de-Río-Grande en Mayo. La 
caballería de Lavalleja se contentó con seguirle, 
fraccionarse en grupos, cometer toda clase de de- 
predaciones (entre cuyos héroes se recuerda aún 
al indio Lorenzo, baqueano del General), y condu- 
cir á la Provincia-oriental los ganados que pudie- 



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392 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

ron recoger en el territorio que el enemigo dejó 
tras de sí. 

CC C VII— Sucesos militares de la Provincia 

Entre tanto seguíase sitiando á Montevideo, el 
General en jefe hizo ir á su esposa y consejera 
al ejército, \o que era indicio seguro de que la quie- 
tud continuaría, y las fuerzas brasileñas, que ha- 
bían estado encerradas en la Colonia, hacían li- 
bremente sus excursiones por el interior de la 
Provincia y sorprendían cerca del Durazno á ofi- 
ciales del ejército republicano que iban en camino 
á Buenos-aires con la seguridad de que los impe- 
rialistas no salían fuera de los muros de las ciuda- 
des ribereñas. No se veía á fines de Julio por todas 
partes sino señales de descomposición. 

CCCVIII — El Gobernador de Sauta-fé se prepara á invadir 

las Misiones 

El gobierno de Dorrcgo había pensado, según 
parece por insinuaciones del gobernador de Santa- 
fé, D. Estanislao López, mandar bajo el mando de 
éste un cuerpo de ejército á las Misiones-orienta- 
les, para que obrara allá miéntras el dirijido por 
Lavalleja ocupaba por el Sud al grueso de las 
fuerzas enemigas. López había acordado con su 
protejido Rivera llevar á éste como jefe de van- 
guardia, cuyo acontecimiento serviría para resta- 
blecer el prestigio del caudillo expatriado y pro- 
bablemente para hacer tangibles las diferencias 
personales que lo distinguían de Lavalleja. Pero 
el Gobierno de Buenos-aires, conocedor del ca- 
rácter falso é indisciplinado de Rivera, no ménos 
que de su profunda enemistad con Lavalleja, te- 
mió de su intervención en los sucesos militares 
que se proyectaban, y negó á López la autorización 
para que lo acompañara. El Gobernador de San- 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 393 

ta-fé le escribió con tal motivo el 15 de Febrero 
manifestándole que se había determinado á enca- 
bezar la expedición, para la cual estaba ya todo 

Í>ronto y no se esperaba más que la llegada de 
os auxilios que venían de Buenos-aires; pero que 
como « se le previene terminantemente que en la 
« expedición no haga lugar á Rivera por resistirlo 
• « las circunstancias presentes , el ínteres de la 
« provincia, que está ligado á la buena armonía 
« con los vecinos, y el interés público que se ex- 
<( pone como una razón de Estado, lo hacían ser 
« deferente á esa medida ». 

CCCIX — Rivera se anticipa á I,opez y pasa á la 
Provincia-oriental 

Sin embargo, fuera ó nó que posteriormente 
hubiese convenido algo reservado con López, pasó 
Rivera el 25 de Febrero del Gualemiaychú á So- 
riano con su hermano el sargento-mayor don Ber- 
nabé, los capitanes ayudantes José* A. Posólo y 
Manuel Iglesias, los oficiales Caballero, Sejas, 
Salado, Dubroca, Mieres, Larrosa (argentino) y 
Seisas (español) y 60 hombres más entre sargen- 
tos, cabos y soldados, la mayor parte orientales 
y los restantes de las demás provincias argenti- 
nas y de otras nacionalidades. De Soriano se di- 
rijió á Mercedes, en donde tomó todo el armamen- 
to y caballos que había y atrajo á algunos veci- 
nos; y desde allí pasó hasta el Durazno, hacien- 
do preceder su llegada por dos cartas datadas en 
« el Yapeyú (26 de Febrero), una para el goberna- 
dor Pérez y otra para el General en jefe del ejér- 
cito, en las que protestaba que al incorporarse á 
sus paisanos, protejido por grandes amigos, no 
traía otro pensamiento que el de atacar las Misio- 
nes como jefe subalterno del general Lavalleja. 
Le decía ademas al Gobernador que esperaba que 



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394 BOSQUEJO HISTORICO 182S 

él contribuiría « á que se concluyeran antiguos 
« disgustos entre dos jefes fuertes que pueden 
« bastar para aterrar al Brasil ». 

CCCX — Alarmas que causa la presencia de Rivera eu la 
Provincia. Medidas que se toman contra él 

Supo el ministro de la guerra don Juan Ramón 
Balcarce la pasada del caudillo el día 29 por la 
noche; y tan viva alarma le causó, que en el acto 
escribió al comandante general de armas de la 
Provincia, don Manuel Oribe, ordenándole que 
« desplegara todo el celo y la actividad que estu- 
« viera á sus alcances para que, dejando el sitio 
« (de Montevideo) á las órdenes de otros, se pusie- 
« se á la cabeza de las fuerzas que le fuera dable», 
levantando otras que acababan de llegar al cerco 
de la Colonia; que persiguiese á Rivera « en todas 
« direcciones hasta conseguir destruir y aniquilar 
« á él y á los que le acompañan; y en caso que se 
« tuviese la fortuna de tomarlo, hacer con él un 

«castigo ejemplar» «El Gobierno cree, 

« agregaba, que la destrucción de ese caudillo 
« que, según todas las noticias, está vendido á los 
« enemigos, le hará tanto honor al señor Coman- 
« dan te general de armas como el batir cualquie- 
« ra división enemiga; puesto que la permanen- 
« cia de aquél en esa provincia la envolvería en 
« la anarquía y tendría los más fatales resul- 
« tados». 

No había sido menor la impresión con que el 
gobernador Pérez recibió sucesivamente las car- 
tas y la persona de Rivera; pero tranquilizado por 
las seguridades que éste le daba de que no venía 
á convulsionar el país y sí á servirlo yendo con- 
tra el enemigo de todos, lo trató de un modo 
cordial y le hizo ofrecimientos, dando cuenta al 
gobierno de Borrego (3 de Marzo), á la vez que 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 395 

enviaba al general Lavalleja la carta que le estaba 
destinada. 

El General en jefe mandó á Rivera (día 6) la 
órden de que se incorporase al ejército; pero Ri- 
vera le contestó al sexto día desde el arroyo Gran- 
de negándole obediencia, porque juzgaba que su 
persona no estaría garantida. Con todo, le mani- 
festaba el deseo de servir bajo sus órdenes para 
•llevar la guerra « á los portugueses », pero desde 
las Misiones. « De allí, agregaba, tendré la sa- 
« tisfaccion de coronar la patria de triunfos y lle- 
« nar á V. E. de glorias ». 

Por su parte el Ministro de la guerra había re- 
cibido con desagrado la noticia de las relaciones 
entabladas por el Gobernador de la Provincia- 
oriental, porque entendía que mal probaba tener 
intenciones patrióticas quien había marchado 
desobedeciendo órdenes expresas del Gobierno y 
llevándose una fuerza armada, compuesta de cri- 
minales y desertores. Esto no obstó, empero, á 
que ocho días después de contestar en este sen- 
tido al Sr. Pérez, es decir, el 15 de Marzo, comi- 
sionara á D. Julián Gregorio de Espinosa con el 
fin de que decidiese á Rivera á que pasara á 
Buenos-aires ó al ejército con su fuerza, bajo la 
promesa de que « serían inviolables su persona 
y la de sus oficiales » y de que se les conservaría 
en sus empleos. Escribiendo al mismo Rivera en 
esa ocasión, le decía que esto era necesario, por- 
que de otro modo no se tranquilizaría el General 
en jefe y estaría dispuesto á llevar sus medidas 
al extremo, lo que sería funesto á la libertad de 
la Provincia, desde que el enemigo se apercibie- 
se de que la discordia los dividía. 

Al mismo tiempo que se hacían estas tentati- 
vas de conciliación, el coronel Oribe proclama- 
ba á sus comprovincianos desde el Durazno (7 



396 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

de Marzo) anunciándoles que « un hombre des- 
ee naturalizado y aspirante se había introducido 
« en la Provincia con el perverso designio de tur- 
ce bar su reposo y cruzar la marcha de nuestras 
« armas, que tan ventajosamente habían abierto 
« una nueva campaña contra el enemigo común »; 
declarándoles que « toda persona que le siguiere ó 
« le prestare auxilios de cualquiera clase, sería 
« condenada á la última pena á las dos horas de 
«justificada su delincuencia», é invitándoles á 
que se alistasen « bajo la enseña del orden y de 
« la decencia » y no perdieran de vista los sacri- 
ficios que costaba la libertad. 

CCCXI— Rivera marcha hacia la» Misiones 

Rivera aprovechó estos momentos de confusión 
y desconcierto, en que el Ministro de la guerra, 
el gobernador Pérez, Lavalleja y Oribe obraban 
sin regla fija, según sus inspiraciones individua- 
les del momento, cambiando de parecer de un día 
para otro, y contradiciéndose entre sí, para diri- 
jirse al Norte, resuelto á llegar alas Misiones an- 
tes que el Gobernador de Santa-fé y á arrebatarle 
los fáciles triunfos que allá le esperaban. Le al- 
canzó en el camino el comisionado de Balcarce, 
amigo íntimo de Rivera. Qué acordaron, es cosa 
que no trascendió, por más que la prensa de 
Buenos-aires se interesó en saber cuál era la po- 
sición en que el Caudillo quedaba respecto de las 
autoridades nacionales; pero los hechos posterio- 
res demuestran que se establecieron, si nó rela- 
ciones enteramente amistosas, pacíficas por lo 
ménos, entre él y el Poder-ejecutivo de Buenos- 
aires. 

CCCX1I — Rivera se posesiona de las Misiones 

Rivera entró en el territorio de las Misiones co- 



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182S 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 



397 



mo general de la vanguardia del Ejército del Nor- 
te, según se había convenido antes con el goberna- 
dor López. El 21 de Abril llegó á orillas del Haun; 
' hizo derrotar por Felipe Caballero una guardia 
brasileña que estaba en la márjen opuesta; pasó 
el resto de sus fuerzas el 22, y el 23 las fraccionó 
en tres divisiones. Mandó una sobre San-Fran- 
cisco bajo las órdenes de Caballero; con otra fué 
el mayor Rivera sobre San-Borja; y el General 
penetró en las sierras con la tercera. El 16 de 
Mayo pasaba Rivera al gobernador Dorrego el 
parte de estos hechos y de sus resultados. Ca- 
ballero había derrotado una pequeña partida; 
Bernabé Rivera había deshecho otro grupo, to- 
mándole cañones, municiones y caballos, y Fruc- 
tuoso había hecho rendir otra división de 160 
hombres, con armas y pertrechos, y había perse- 
guido al Gobernador, sin conseguir alcanzarlo. 
Es decir que se habían apoderado de las Misio- 
nes fácilmente, gracias al abandono en que las te- 
nía el Emperador y á la sorpresa. El vencedor 
agregaba después de enumerar los detalles de su 
empresa: « Esto es cuanto la República-argenti- 
« na ha ganado ; en adelante pondré en conoci- 
« miento de V. E. cualquiera otra ocurrencia que 
« tenga lugar por estos destinos.» 

Se recibió en Buenos-aires la noticia de estos 
sucesos, y se celebró con salvas de la escuadra 
y de la fortaleza, y con repiques de todas las igle- 
sias. El conductor de ella, que lo fué el ayudan- 
# te Posólo, aseguraba que ademas había tomado 
Rivera más de seis mil patacones, con los cuales 
agració á sus compañeros de armas, y que espe- 
raba ansioso la llegada del grueso del ejército 
mandado por López, para combinar nuevas ope- 
raciones. 



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398 BOSQUEJO HISTÓRICO 1S28 

CCCXIII — Oribe llega al Iblcuy en persecución «le Rivera 

Oribe había reunido algunas fuerzas, en núme- 
ro de ciento y tantos hombres, y había seguido, 
aunque con notable retardo, la derrota de Rivera. 
Al llegar al paso del Higo, en el Uruguay, al Sud 
de la desembocadura del Cuareim, se encontró con 
los conductores del parte con que Rivera anun- » 
ciaba la toma de Misiones á los gobernadores de 
Buenos-aires y Santa-fé, dos de los cuales hizo 
fusilar por ser desertores, y se apoderó de los 
oficios y cartas que traían. Siguió su marcha, du- 
rante la cual hizo fusilar algunos otros soldados 
riveristas, también por desertores, pasó el Ibicuy 
en la madrugada del 28 de Mayo, y campó en su 
márgen oriental, una legua más arriba del paso 
de Pintos. El 29 muy temprano batió un grupo de 
veintiún riveristas que venían á situarse en el 
mencionado vado y poco después se le presentó 
Bernabé Rivera, comisionado por el General, con 
proposiciones de avenimiento. 

CCCXIV — liases de concordia 

Se acordó por ambos jefes una suspensión de 
hostilidades, y se consignaron en una acta las 
cláusulas de una especie de tratado de amistad, 
que había de conducir á Lavalleja el teniente-co- 
ronel Freiré, firmada por el general Rivera y por 
Oribe, con una exposición del primero (Junio 2). 

Oribe mandó esa acta, ya nrmada por él, al 
vencedor de Misiones, para que también la fir- 
mara. Le mandó igualmente, para que se entera- 
ra de su contenido y como prenda de lealtad, una 
carta que escribía á Lavalleja dándole cuenta de 
lo acaecido y exhortándole á que aceptara las ba- 
ses estipuladas. «Resta ahora, le decía, que pen- 
« sando S. E. la gravedad del asunto con la ma>- 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 399 

« durez y prudencia que le distinguen, y oyendo 
« la exposición que dirije el Sr. Brigadier Rivera 
« por uno de sus oficiales, tenga en considera- 
« cion S. E. las utilidades efectivas de un ox- 
ee travío que presenta un término feliz, y que el 
« Sr. Rivera es acreedor á que se le releve de la 
(( ominosa nota de traidor con que, por equivoca- 
ce cion, lo clasificó problemáticamente el Sr. Mi- 
* « nistro de la guerra.» 

CCCXV — Solución que da Rivera a lan negociaciones 

No aprobó Rivera el pacto de su hermano: re- 
tuvo el acta y la carta que le había llevado el co- 
ronel López, agregado á las fuerzas perseguidoras 
por orden del Gobernador de Corrientes; indujo á 
ese jefe á que desertara con sus ginetes de la co- 
lumna de Oribe, persuadiéndolo de que había sido 
instrumento de un engaño, y contestó el mismo 
día 2, desde el puerto de Santa-Rosa, al coman- 
dante general de armas: que no había mandado á 
Bernabé para tratar y sí sólo para hacerle notar 
que peligraba la patria con el programa de asesi- 
nato que llevaba; que se internara en la Provincia 
á media legua del Cuareim en cuanto transcurrie- 
ran veinticuatro horas, so pena de hacerlo res- 
ponsable ante la patria « del descrédito que iba á 
« dar á ella y de gloria al enemigo común » . Le 
pedía, por vía de compensación sin duda, que man- 
dara una persona para recibir «los miles de cabezas 
« de ganado vacuno que gustara para el vecinda- 
« rio que le acompañaba, porque había suficiente 
« hacienda del Estado y de los enemigos que ha- 
« bían abandonado la Provincia ». Le ofrecía ade- 
mas un mes de sueldo en metálico para los oficia- 
les y soldados. 



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400 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1828 



CCCXVI — Se retira Oribe. Cómo gobierna Rivera 

las Misione* 

Oribe se sintió débil después de la defección de 
José López para acometer á Rivera, cuyas co- 
lumnas se habían engrosado considerablemente 
con vecinos de las Misiones. Por esto, y porque 
había recibido órdenes de suspender la persecu- 
ción, se retiró á Pay-sandú, dejando á Rivera en . 
el goce pacífico de sus conquistas. Desde entón- 
eos no se ocupo óste de otra cosa que de afirmar 
su poder, expedir decretos de hacienda relativos 
al percibo de derechos y al movimiento de anima- 
les vacunos, y hacerse dueño absoluto de las ren- 
tas y de los ganados, de los cuales dispuso en 
grandes cantidades para sí y para sus amigos sin 
el menor escrúpulo. 



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s 



LIBRO SEXTO 

LA INDEPENDENCIA 



CAPÍTULO I 

LA CONVENCION DE 1828 

CCCXV1I — Situación de las Potencias beligerantes al 
comenzar el a»o XXVIII 

Al llegar los principios del año xxvm había ya * 
realizado Dorrego sérios trabajos preparatorios 
para continuar la guerra con el Brasil, en términos 
que mostraban la resolución de sostenerla con vi- 
gor, á la vez que lo enorme de- los sacrificios que 
esto había de costar á la República. Por otro la- 
do, la situación del Imperio era tanto ó más apu- 
rada, porque lo extraordinario de los gastos había 
consumido sus recursos, al extremo de estar im- 
posibilitado su ejército para sostener la campaña, 

Íla mala fortuna de sus fuerzas de mar y tierra 
abía concluido por hacer comprender al pueblo de 
Río-Janeiro que todos los esfuerzos habían sido 
, estériles, y por desprestigiar al Monarca é introdu- 
cir la anarquía en los elementos del poder. Contri- 
buían á pronunciar este estado de los ánimos la in- 
tranquilidad en que permanentemente habían teni- 
do al comercio brasileño los corsarios argentinos 
desde que comenzó la guerra, y los considerables 
perjuicios que le habían ocasionado. Es así que los 

26 



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402 BOSQUEJO HISTÓRICO 1823 

dos pueblos deseaban la paz, y bien lo mostraron 
cuando se negociaba la convención de García. 
Ademas, no poseían más los imperiales en la Pro- 
vincia-oriental que las ciudades de Montevideo y 
la Colonia: todo el resto del territorio estaba domi- 
nado por los republicanos de tal modo, que habían 
funcionado tranquilamente los poderes provincia- 
les en Canelones, á nueve leguas del centro de las 
autoridades brasileñas, lo que revelaba que no 
tenía el Emperador poder bastante para recuperar 
el terreno perdido. 

CCCXVIII— Mediación del Ministro residente de S. M. B. 

En vista de esta situación, que perjudicaba los 
intereses comerciales de la Gran-Bretaña, se re- 
solvió su ministro residente en Río-Janeiro á in- 
( fluir en el ánimo del Monarca con el fin de que 
éste aceptara las bases capitales contenidas en las 
instrucciones que había dado Rivadavia al minis- 
tro García en Abril del año anterior; es decir, las 
que establecían el tratado de la paz, declarando la 
independencia de la Provincia disputada y la re- 
nuncia por ambos beligerantes á las indemniza- 
ciones de guerra. El Emperador concluyó por 
ceder en términos más ó menos explícitos á la 
presión del diplomático de la Gran-Bretaña y éste 
comunicó por medio de lord Ponsomby al gobier- 
no de Dorrego esa conformidad en los primeros " 
dias de Marzo. El 17 se dirijió el ministro Rojas 
al Gobierno delegado de los orientales, anuncián- 
dole que había recibido aquellas proposiciones. 

CCCXIX— Parten al Janeiro los Plenipotenciarios argentinos 

Dorrego no se opuso á reanudar las negociacio- 
nes, y áun accedió al deseo del mediador, de que 
fueran plenipotenciarios argentinos á Río-Janeiro; 
pero no pudo verificarse esto hasta el mes de Ju- 

i 

i 

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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 403 

lio, porque, entre otras dificultades que aparecie- 
ron, se cuenta, según parece, la de que la Corte 
del Brasil pretendía que, si bien independiente del 
reino brasileño, la Provincia fuera erijida en du- 
cado, bajóla soberanía personal del Emperador. 
La impaciencia popularaumcntaba de día en día 
al ver que se pasaban meses y más meses en 

* negociaciones y que no llegaba el momento de 
mandar ó de recibir los encargados de autorizar- 
las. Por fin el 12 de Julio se embarcaron el mi- 
nistro de la guerra Don Juan Ramón Balcarce y 
D. Tomás Guido, y partieron el día siguiente de 
madrugada con dirección á Río-Janeiro, llevando 
plenos poderes para concluir el tratado, cuyas ba- 
ses principales podían considerarse ya acordadas. 

CCCXX — Uii proyecto de tratado. Se recibe en Buenos-aires 
la convención del 27 de Agosto 

Un mes más tarde llegaban cartas de la Corte 
en que se aseguraba que la paz era un hecho y se 
hablaba de «condiciones honrosas», pero sin pre- 
cisar cuáles eran. Hubo un momento de dudas y 
de descontento. Las autoridades de Montevideo 
inundaron toda la campaña oriental á mediados 
de Agosto con hojas impresas, en que se contenía 
un proyecto de tratado que se decía propuesto por 
la Corona al Gobierno de Buenos-aires. La Pro- 
vincia-oriental sería, según ese documento, un 
Estado independiente; se establecían todas las re- 
glas fundamentales que regirían su organización 

* política; serían ciudadanos todos los orientales y 
los brasileños que quisieran jurar la constitución; 
habría un poder legislativo, otro judicial y otro 
ejecutivo, pero este sería desempeñado por una 
Regencia, cuyo funcionario sería nombrado por el 
Emperador, como Jefe supremo del Estado que 
sería, y que como tal se reservaría el derecho de 



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404 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

concluir tratados de paz, de guerra, de amistad, 
de comercio y de alianza con cualquiera otro Es- 
tado. Pero las impresiones que este papel produ- 

1*0 se desvanecieron a la llegada del secretario de 
os plenipotenciarios argentinos, D. Feliciano Ca- 
via, que desembarcó del paquete inglés Nocton, 
el 16 de Septiembre á las dos de la tarde, en el 
puerto de Buenos-aires, conduciendo los tratados 
firmados en Río-Janeiro el 27 de Agosto. Fué re- 
cibido por un pueblo numerosísimo, con salvas de 
la fortaleza y de la escuadra. 

CCCXXI— Se aprueba y se ratifica la convención. Sus 

efectos inmediatos 

Se había convocado para Santa-fé la Conven- 
ción Nacional en conformidad con la ley del 3 de 
Julio de 1826. Algunos diputados habían concu- 
rrido, celebraban sesiones preparatorias desde 
mediados de Mayo, y habían necho gestiones por 
que mandaran sus representantes las provincias 
que aún no estuviesen representadas. Faltaban to- 
davía bastantes cuando llegó el señor Cavia; pero 
Dorrego mandó órdenes inmediatamente para que 
se instalara con el fin de aprobar la convención 
de paz. El 23 de Septiembre llegaron á Santa-fé 
Moreno y Cavia, conduciendo el tratado prelimi- 
nar; el 24 se instaló la Convención, figurando en 
ella los representantes de la Provincia-oriental; el 
26 quedaron aprobadas las estipulaciones de Río- 
Janeiro y se autorizó al Gobernador de Buenos- 
aires para que las ratificara; se ratificaron el 29 y 
a las 4 de la tarde del mismo día se embarcaron el 
almirante Brown y el brigadier D. Miguel Azcué- 
naga en la fragata Nuevo 25 de Mayo y la goleta 
Sarandí, y el ministro inglés Parish en la corbeta 
Heron, con destino á Montevideo, llevando el en- 
cargo de cambiar en esta plaza la ratificación 



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1328 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 405 

de Dorrego por la del Emperador, que databa 
del 30 de Agosto. 

El 30 notificó el almirante Norton al Capitán 
del puerto de Buenos-aires que quedaba levanta- 
do desde ese día el bloqueo. El 4 de Octubre se 
hizo el cange de las ratificaciones. Inmediatamen- 
te se mandó un oficial á ambas líneas enemigas 
para que notificase el cese de las hostilidades, y 
á los pocos días se dió comienzo á grandes feste- 
jos en todas las ciudades del Río de la Plata, ex- 
cepto la de Montevideo, en que no tuvo la solu- 
ción ele la contienda internacional tan entusiasta 
acogida. 

CCCXXII-La convención declara la independencia de la 
Provincia-oriental. Disposiciones accesorias 

El tratado á que se ha hecho referencia esta- 
blece que Su Magostad el Emperador del Brasil 
y el Gobierno de Ta República de las Provincias- 
unidas declaraban la provincia de Montevideo, 
entonces Cisplatina, libre é independiente de to- 
da y cualquiera Nación, bajo la forma de gobierno 
que juzgase conveniente á sus intereses, necesi- 
dades y recursos (artículos 1? y 2 9 ); que inme- 
diatamente de ratificada 'la convención, convoca- 
rían los Gobiernos de la Banda-oriental y de 
Montevideo los representantes del territorio que 
respectivamente les estaba sujeto, los cuales nom- 
brarían un gobierno provisional que gobernaría la 
Provincia hasta la instalación del gobierno per- 
manente, y se ocuparían de formar una constitu- 
ción, que debería ser examinada por Comisa- 
rios de ambos gobiernos contratantes, para el 
solo efecto de ver si en ella se contenían artículos 
que se opusieran á la seguridad de sus respecti- 
vos Estados (artículos 4 9 , 6 9 y 7 9 ); que los dos 
Gobiernos, argentino y brasileño, se obligaban 



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406 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

á defender la independencia é integridad de la 
Provincia de Montevideo por el tiempo y el modo 
que se estipulase en el tratado definitivo de paz, 

Íf á protcjer al Gobierno legal, si ántes de jurada 
a constitución y cinco años después, fuese per- 
turbada la tranquilidad y seguridad por la guerra 
civil, limitándose esa protección á hacer resta- 
blecer el órden (artículos 3 9 , 10 y 11). Se estipuló 
ademas que las tropas de los* dos beligerantes 
desocuparían el territorio de la Provincia en el 
plazo de dos meses, pudicndo, empero, mantener 
el Brasil 1500 hombres en la plaza de Montevideo 
hasta cuatro meses después de nombrado el go- 
bierno provisional, y otros 1500 la República de 
las Provincias-unidas, donde mejor le pareciese, 
hasta que las fuerzas imperiales desalojasen com- 
pletamente todo el territorio oriental (artículos 12 
y 13) . Se comprometieron también los contra- 
tantes á emplear los medios que estuviesen á su 
alcance para conseguir que el río de la Plata y 
todos sus afluentes fueran libres por el término 
de quince años para la navegación de los subditos 
de una y otra Nación. 

CCCXXIII — Algunas Impresiones que motiva el hecho de 
la Iudepeudeucla oriental 

• 

Tan pronto como Dorrego conoció la conven- 
ción, remitió una copia al general Lavalleja. Al 
acusarle éste el recibo el l 9 de Octubre desde el 
Cerro-largo, le decía: « Si la guerra no ha podido 
« terminarse sino desligando la Provincia-orien- 
« tal de la República Argentina, constituyéndola 
« en un Estado independiente, ella sabrá dirijirse 
« al destino que se la prepara sin olvidar los sa- 
« grados lazos con que la naturaleza la ha identi- 
« ncado á las provincias hermanas; y ni podrá 
« desconocer jamas los nobles y graneles sacrifi- 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 407 

« cios que han prodigado para libertarla de la do- 
te minacion extranjera hasta constituirla en un 
« Estado independiente» . 

El 12 de Octubre anunció el mismo General al 
ejército en una proclama, que acababa de reci- 
bir la noticia oficial de que liabía sido ratificada 
la convención, por la cual quedaba terminada la 
guerra. 

A los cuatro días escribió el general Laguna al 
gobernador Dorrego desde el Durazno una carta 
de agradecimiento, en • que vertió conceptos que 
merecen transcribirse. «Este convencimiento (de- 
cía después de mostrarse reconocido por los 
esfuerzos que se habían hecho hasta conseguir 
una paz honrosa) y la necesidad de hacer ¡cesar 
<( una guerra que gravitaba solamente sobre esa 
ce heroica Provincia, que ha prodigado sus rique- 
(( zas y la sangre de sus hijos por la libertad de 
« ésta, hacen conformar al general que firma á 
« verla desligar para siempre de la asociación de 
« sus hermanas, quedando reconocida como un 
« Estado independiente. Nuestra población y re- 
<c cursos no serán lo bastante á colocarnos en el 
« grado de respetabilidad necesario; pero confío 
« en que la generosidad de V. E. y de la benemé- 
« rita provincia de Buenos-aires, no abandonarán, 
« á los orientales en su nuevo estado ». 

CCCXXIV— Generación de la independencia oriental 

Sintetizando los movimientos de opinión que se 
verificaron en la Provincia desde que fué poblada, 
aparece el hecho de su independencia resultan- 
do de circunstancias las más excepcionales, pues 
son pocos los ejemplos que contiene la historia 
de pueblos que. se han emancipado sin que in- 
fluyera su voluntad en ese hecho de un modo más 
ó ménos eficiente. 



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408 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

Colonizado su territorio por los españoles, na- 
die pensó en librarse de su poder mientras no 
se produjeron en Buenos-aires los sucesos del 
año x; y, una vez producidos, la población de 
Montevideo se levantó para oponerse al movi- 
miento revolucionario que entonces se iniciaba. 
Penetra la revolución al año siguiente en la cam- 
paña; vence tres años después las resistencias de 
Montevideo; la anarquía y el despotismo arti- 
guista sustituyen al gobierno colonial, y ya nadie 
piensa en reproducir lo pausado, pero tampoco en 
vivir como entidad independiente: los orientales 
se consideran parte de la nación argentina, quie- 
ren seguir confederados con las otras provincias 
y no desisten de esta aspiración, ni aún cuando el 
Gobierno general les propone la independencia 
como medio extremo de librarse de la bárbara 
guerra que le hacía su turbulento Caudillo. 

Llega así el año xvii. Los portugueses dominan 
la Provincia, sin hallar otra oposición que la de 
Artigas, entrando en las principales ciudades sin 
resistencia y siendo recibidos en ellas como un 
protector que viene á defenderlas de las arbitrarie- 
dades espantosas del caudillaje. El primer paso de 
los montevideanos es pedir la anexión al Reino- 
unido. La Provincia entera, representada por un 
Congreso, la vota en 1821 sin oposición y sin pro- 
testas, como una necesidad, sin duda, pero sin 
que le ocurriera otro término de opción que el di- 
fícil de seguir en la comunidad argentina. 

La separación del Brasil y el Portugal divide al 
poco tiempo á los orientales. Pueden éstos elejir 
entre ser portugueses, brasileños, argentinos ó in- 
dependientes: los unos se declaran por la incorpo- 
ración al Brasil; los otros prefieren apoyar á los 
portugueses á condición de ser en seguida argen- 
tinos; nadie piensa en emanciparse. Triunfan los 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 409 

imperialistas; la Provincia oriental se hace brasi- 
leña y los republicanos emigran á Buenos-aires y 
á Entre-ríos. 

¿Qué hacen allá? ¿Qué piensan? Obran y piensan 
como argentinos, invaden en el año xxv como ar- 
gentinos; ántes de seis meses consiguen que la 
República los admita en su seno; unen sus armas 
á las argentinas por consolidar la reincorporación, 
y las dificultades de la lucha hacen surgir por 
segunda vez el pensamiento de la independencia 
oriental. ¿Entre quiénes? ¿Entre los orientales? Nó. 
Entre los argentinos, así como ántes en Alvarez 
Thomas, ahora en Rivadavia. 

El Emperador resiste al Gobierno argentino en 
el primer momento; pero luego se le adhiere, apu- 
rado por la fuerza de los hechos. Las dos poten- 
cias se ponen de acuerdo para dar fin á la guerra 
que las arruina, bajo la condición de que la Pro- 
vincia-oriental no será parte de la una ni de la 
otra, sino que constituirá un Estado independien- 
te. Los poderes públicos del Brasil ratifican ese 
arreglo, le presta su consentimiento la Conven- 
ción nacional de Santa-fé; nadie lo pide al pueblo 
oriental, ni á su gobierno. Sólo vota el represen- 
tante que este pueblo tenía en la Convención, 
como uno de tantos diputados. El tratado habría 
obtenido la ratificación y se habría ejecutado sin 
ese voto y contra ese voto. 

Por manera que la independencia se produjo sin 
que tuviera una causa determinante en los prece- 
, dentes históricos, ni en el sentimiento popular, 
ni aún en la voluntad accidental de la Provincia. 
Fué un hecho impuesto á los orientales por la 
conveniencia de dos naciones, ninguna de las 
cuales era la Provincia misma. Es así que se 
descubre en la palabra de los generales Lava- 
Ueja y Laguna un sentimiento de contrariedad, 



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410 BOSQUEJO HISTÓRICO 182S 

de desconfianza en el porvenir y de resignación, 
á pesar del prestigio que han dado á todo acto de 
independencia territorial los errores políticos y las 
preocupaciones sociales. Nunca se justifica la in - 
dependencia por la independencia misma. Puede 
ser muy meritoria ó muy deplorable, según sea 
conveniente ó inconveniente á los progresos mo- 
rales y materiales la séric de hechos á que da 
origen. Con conciencia de lo que importaría para 1 
el porvenir de su patria, ó sin ella, los orientales 
no la desearon nunca y la desecharon alguna vez. 
La aceptaban ahora como se acepta un hecho 
necesario. ¿Tenían por qué felicitarse de la nueva 
situación á que fueron reducidos por las Poten- 
cias limítrofes? 

CAPÍTULO II 

LA CONSTITUCION DEL ESTADO-ORIENTAL 

CCCXXV— El Dictador resuelve que se restablezca el orden 

constitucional 

Cuando ya estaban adelantadas las negociacio- 
nes de paz y resuelto el envío de plenipotenciarios 
á Río- Janeiro, se dirijió el general Lavalleja desde 
el cuartel general del Cerro-largo á su Goberna- 
dor delegado, manifestándole que, como era proba- 
ble la paz, « había creído oportuno la realización 
« y nueva creación de la Representación Provin- 
cial; tanto para que nombrara al que debiese 
« sustituir al firmante, como para entender en los 
«intereses que correspondieran á la Provincia 
« luego que se realizase la paz »; por cuya razón 
le mandaba que impartiese las órdenes' necesa- 
rias á la más pronta reunión de los representan- 
tes, y que hiciese entrega de su puesto en cuanto 



V 

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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 411 



la Legislatura nombrase sustituto (7 de Julio). El 
Gobernador cumplió esta disposición expidiendo 
el 26 del mismo mes un decreto por el cual or- 
denaba que se hicieran las elecciones y que los 
electos concurrieran al Durazno, capital de la 
Provincia entonces. 

[ ; CCCXXVI— Las libertades populares y el militarismo 

No estaban los ánimos preparados del mejor 
modo para verificar libremente la elección, ni en 
las personas que más se indicaban para des- 
empeñar el empleo de representante. El milita- 
rismo no había cesado de oprimir y alarmar á la 
parte de pueblo que no favorecía al general La- 
valleia con sus simpatías, que era la parte más 
considerable, si se atiende al concepto de que 
los hombres gozaban. No hacía mucho que esa 
hostilidad había tomado formas ruidosas: el co- 
ronel Olivera, comandante del departamento de 



sus domicilios á los señores don Francisco An- 
tonio Vidal y don Antonio Mancebo, los había 
llevado á su división y mortificado con toda cla- 
se de vejaciones y molestias. En Pay-sandú se 
habían producido hechos análogos con lujo de 
notoriedad. Se corrían voces de que en Merce- 
des se había hecho otro tanto, y no se atribuía 
otra causa á estas arbitrariedades que el haber 
sido algunos miembros de la legislatura disuel- 
ta en Octubre del año anterior, y el ser ótros ad- 
versos á la conducta que había observado el Ge- 
neral en jefe y á la que seguían observando sus 
secuaces. Las autoridades civiles habían des- 
aprobado públicamente aquellos atentados; pero 
éstos habían quedado impunes. Nadie veía una 
autoridad que uniese á la voluntad la fuerza nece- 
saria para reprimirlos, y todos se sentían ame- 



Maldonado, había arrancado 




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412 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

nazados por poco que se mostraran desconten- 
tos de la situación. 

CCCXXVII — £• omnipotencia de dos caudillos 

Claro era que, llegada la época de las eleccio- 
nes, había de acentuarse más el despotismo mi- 
litar, por lo que se avivaba el interés de asegurar 
el triunfo á los candidatos de Lavalleja. Ese inte- 
rés tenía un estimulante poderoso en la compe- 
tencia que á este general hacía Rivera. Su cam- 
paña de las Misiones, aunque empresa fácil, había 
sido grandemente ponderada por la conveniencia 
de que aquel hecho pesara cuanto fuera posible en 
las negociaciones de paz. Las muchedumbres se 
dejaron entusiasmar por los repiques de las cam- 
panas y por el estruendo de las salvas, y, tan ol- 
vidadizas de lo pasado como crédulas y lijeras, 
restituyeron á Rivera todo el prestigio de otros 
tiempos. De esta manera, había ganado tanto en 
el concepto público el vencedor de las Misiones, 
como había perdido el jefe de los Treintaitres. Si 
hubiera existido una tercera entidad igualmente 
poderosa, pero sin los graves defectos y vicios que 
en aquéllas abundaban, es de presumirse que 
todos los bien intencionados se hubiesen inclina- 
do á ella; pero no era posible ya prescindir de los 
dos caudillos: ellos se dividían las fuerzas del país 
y se disputaban el poder; por ellos era indispen- 
sable sostener la lucha, cualesquiera que fuesen 
las contingencias. 

CCCXXVTII — Violencias y fraudes electorales. Profecía 

Muchos de los hombres que preveían lo funes- 
to que había de ser para el país el triunfo de cual- 
quiera de los dos rivales, se abstuvieron de tomar 
parte en las elecciones. Los más audaces y los 
más obligados concurrieron á las mesas electo- 



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182S DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 413 

rales y contribuyeron con su voto, con su fraude ó 
con su fuerza á asegurar el triunfo á los candi- 
datos que lo disputaban. No faltaron escenas 
violentas. En una de las mas ruidosas figuraron 
el comandante general D. Manuel Oribe y el te- 
niente coronel Soria. Este se presentó al Consejo 
de administración que presidía las elecciones de 
% Canelones, llevando el voto de su regimiento. El 
defensor de pobres y menores, D. Daniel Vidal, 
miembro del Consejo, le objetó que presentaba 
los votos de toda la división, cuando una parte 
estaba ausente y votaría donde estuviese, de lo 
que había de resultar que sus votos serían do- 
bles. 

Soria tomó esta observación como insulto al 
honor militar, amenazó al señor Vidal dando 
grandes voces con hacerle purgar la afrenta, dió 
parte al coronel Oribe, y éste dirijió inmediata- 
mente una nota al Poder-ejecutivo, en que acusa- 
ba con términos los más procaces al Defensor de 
menores y exijía que se pusiera remedio « á la 
« trascendencia de este escandaloso insulto», obli- 
gando á su autor a probar la calumnia ó á dar 
una satisfacción pública, sin perjuicio de correjir 
su audacia de modo que quedara satisfecho el ho- 
nor del querellante. Terminaba la comunicación 
advirtiendo al Gobierno que ce con la misma fecha 
« (23 de Agosto) y en prevención de los resulta- 
« dos, mandaba una copia al General en jefe ». 

Se vé en todo esto la intención de intimidar a 
los que componían las mesas electorales, y de 
imponerse aún al mismo Gobernador con la pre- 
vención insolente de que instruía al general La- 
valleja de lo acaecido. Esta conducta era tanto 
más injustificada, cuanto mostraron las informa- 
ciones á que inmediatamente procedió el alcalde 
ordinario D. Alejandro Chucarro, que no había 



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414 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

habido do parte del señor Vidal otra cosa que una 
observación hecha con formas circunspectas. 

Si así procedían los secuaces de Lavalleja, no 
ménos reprensible era el proceder de los amigos 
de Rivera. Se hizo tan general y tan notoria la 
arbitrariedad de los dos bandos, que algunos dia- 
rios de Buenos-aires creyeron deber exhortarlos 
á que moralizaran su conducta en obsequio al 
país. El Tiempo dijo con este motivo palabras 
cuya veracidad se confirma tanto más cuanto es 
mayor el tiempo que pasa. Todo había sido, se- 
gún él, hasta entonces, violencia é intriga, intri- 
ga y violencia; y era seguro que « si los orientá- 
is les no mostraran en aquellos momentos un pa- 
« triotismo, decisión y energía á toda prueba, 
« serían en adelante lo que habían sido siempre: 
« víctimas alternativamente del despotismo ó de 
« la anarquía.» 

CCCXXIX — L,os electos rehusau desempeñar la representación 

Habían terminado las elecciones en la campaña 
para fines de Agosto, pero no por eso habían des- 
aparecido las dificultades. Algunos de* los electos 
se excusaron de desempeñar el empleo, porque, 
como D. Gabriel A. Pereira, habían pertenecido á 
la Junta legisladora derrocada en Octubre. O ha- 
bía decretado la disolución un poder legítimo, de- 
cían, ó nó: en el primer caso, ese poder tenía en sus 
manos el ejercicio de la soberanía; en el segundo, 
debía volver á su puesto la Junta di suelta; en 
ambos era ilegal la nueva elección. El dilema era 
falso, pero producíalos mismos efectos que si fue- 
ra verdadero: los que argüían con él, no aceptaban 
el nuevo nombramiento. Otros, testigos de las in- 
fluencias que habían obrado en las elecciones, se 
excusaron manifestando que temían servir inte- 
reses personales y nó los de la patria. Otros no 



i 



1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 415 

renunciaban, pero tampoco se mostraban decidi- 
dos á concurrir al lugar en que había de insta- 
larse la legislatura. Había trascurrido el plazo 
señalado en las convocatorias y sólo alguno que 
otro representante habíase presentado en el Du- 
razno. Esta inasistencia obligó al Gobernador á 
dirijir una circular á las mesas electorales (10 de 
( Septiembre), en que les manifestaba que no se 
explicaba por qué no habían comparecido oportu- 
namente los diputados, y les ordenaba que hicie- 
ran concurrir á los que se habían mostrado re- 
misos y que se procediera á la elección inmediata 
de los destinados á reemplazar á los renuncian- 
tes. 

CCCXXX — Elecciones en Montevideo 

Cuando sobrevino la ratificación de la conven- 
ción preliminar de paz, hubo que proceder á ele- 
jir diputados en las plazas ocupadas por las au- 
toridades imperiales, para constituir el gobierno 
de (me habla el artículo G 9 ; pero como la conven- 
ción dispone que esas elecciones se harían « por 
« el reglamento adoptado para la de sus repre- 
(( sentantes en la última legislatura », surgió la 
duda de si ese reglamento era el aprobado por la 
legislatura oriental, ó el sancionado por la legis- 
latura del Imperio. García Zúñiga (barón de Vi- 
la-bella) que ejercíala presidencia, pretendía que 
las elecciones habían de regirse por las leyes del 
Brasil; el Gobierno oriental sostenía que la con- 
. vención del 25 de Agosto alude á la legislación 
de la Provincia, y que no puede suponerse otra 
cosa, puesto que sería contraria á todas las reglas 
de derecho reconocidas y acatadas por las nacio- 
nes la interpretación en el sentido de que vinie- 
sen á tener fuerza en el Estado-oriental, declara- 
do ya independiente, leyes de una potencia ex- 

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416 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1S2S 



tranjcra, como lo era para entonces el Brasil. 
No obstante estas razones, resolvió García Zú- 
ñiga proceder según la ley del Imperio y ordenó 
al Cabildo que hiciera asistir el viérnes 24 de Oc- 
tubre, a las ocho de la mañana, á todos los veci- 
nos que no tuvieran algún impedimento con el 
objeto de « oír en la iglesia Matriz la misa del 
« Espíritu-Santo, llevando una lista firmada con 
« el nombre de 31 individuos, que es el número 
« de electores que corresponde ii la feligresía ». 

Las autoridades orientales se quejaron al Go- 
bierno argentino del proceder del Presidente, con- 
trario á la convención, no sólo porque se aplicaba 
una ley extranjera, sino también porque se man- 
daba hacer la elección dentro de la ciudad de Mon- 
tevideo, á pesar deque el artículo 5 ? dispone que 
sellarían ((precisamente extra-muros, en lugar 
« que quede fuera del alcance de la artillería de 
« la misma Plaza, sin ninguna concurrencia de 
(( fuerza armada ». Dorrego envió á don Francisco 
Magariños con instrucciones y poderes para que 
arreglase las diferencias, en armonía con el espí- 
ritu de la convención (25 de Octubre), y las ges- 
tiones tuvieron tan satisfactorio resultado, no obs- 
tante el interés que se suponía en el barón de 
Vila-bella de influir porque fuera á la legislatura 
una mayoría de partidarios de don Nicolás Herre- 
ra, su candidato para la próxima gobernación, 
que el 31 de Octubre se efectuó la elección de los 
ocho representantes que correspondían á la po- 
blación nacional de Montevideo con sujeción álas 
leyes provinciales. 

CCCXXXI — Instalación de la Asamblea general constituyente. 

Primer gobierno nacional 

Habiendo quedado frustrada la primera convo- 
catoria por la inasistencia de los electos, el Poder- 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 417 

ejecutivo los llamó nuevamente para el día 8 de 
Noviembre, señalándoles San-José como punto 
to de reunión y residencia de la legislatura. Aún 
esta vez se tocaron sérias dificultades. A las re- 
sistencias que nacían de los intereses políticos se 
unió la que tuvo su origen en la gratuidad con 
que los diputados desempeñaban sus funciones. 
Aunque algunos eran pudientes, los más vivían 
con el fruto de su trabajo, en el centro de sus re- 
laciones. Si habían de abandonar ese centro y 
sus tareas sin la esperanza de hallar alguna com- 
pensación á las ganancias de que se vieran pri- 
vados, importaría condenarse á soportar necesi- 
dades y á comprometer su buen crédito . Este 
sacrificio era demasiado grave para muchos, y 
parecía serlo más por la injusticia que se comete 
cuando una colectividad exije que ciertos indivi- 
duos le consagren su inteligencia, negándoles la 
retribución que merece todo trabajo. Fué, pues, 
menester que el Gobernador se arrogara facul- 
tades impropias de su empleo, y que asignara die- 
tas á los representantes del pueblo, asumiendo 
la responsabilidad de esta infracción de las leyes 
y doctrinas constitucionales que regían. De esta 
manera y por los empeños de personas influyen- 
tes se consiguió que los diputados se reunieran, 
no ya para el 8, pero sí para el 23 de Noviembre, 
en número bastante para celebrar una sesión pre- 

Í>aratoria, en que se examinaron recíprocamente 
os poderes que llevaban, y acordaron instalar al 
día siguiente la tercera legislatura. 

El 24 se instaló efectivamente el Poder le aisla- 
dor y declaró abiertas sus sesiones ordinarias. 
Se discutió en seguida con qué carácter debería 
funcionar, y se acordó « que el carácter que in- 
« vestía y debía servir de distintivo á su represen- 
« tacion era el de Asamblea general constituyente 

27 

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418 



BOSQUEJO HISTÓRICO 



1823 



« y legislativa.de este Estado ». Con este motivo 
pronunció su Presidente Don Silvestre Blanco un 
discurso en que abundan conceptos patrióticos. 
Se muestra satisfecho del tratado que vino á de- 
clararlos independientes; hace protestas de gra- 
titud á la República-argentina, y especialmente 
á Buenos- aires; pondera la solemnidad de los 
momentos, y señala lós dos objetos primordiales 
de la Asamblea, que eran el nombramiento de 
gobernador provisional y la promulgación de la 
constitución política del nuevo Estado. 

La primera cuestión que preocupó á la Asam- 
blea fué la de gobernador, ya porque procedía 
nombrarlo ante todo en cumplimiento del tratado 
de paz, ya por las causas que trababan la libertad 
de la elección. En los comicios se habían dis- 
putado el triunfo los partidarios de Lavalleja y 
de Rivera, por manera que aparecían estos per- 
sonajes como candidatos inexcluibles. Don Luis 
E. Pérez no había hecho competencia á los dos 
caudillos, pero el solo hecho de estar ocupando 
el poder ejecutivo bastaba para que no se le echa- 
se en olvido. Afortunadamente figuraban en la 
Asamblea los hombres mejor intencionados que 
tenía el país. No se les ocultaba cuán gravísimos 
inconvenientes tenía el nombrar á cualquiera de 
los que pretendían ocupar el alto puesto de la go- 
bernación, y se venían preocupando del asunto 
desde mucho antes de ser electos diputados. Ex- 
cluir á Rivera y á Lavalleja, era una necesidad, 
porque la exaltación de cualquiera de ellos al 
poder traería consigo ¿a guerra civil. ¿ Y quién 
podría imponerse á esos caudillos desde su pues- 
to oficial con la sola fuerza de su autoridad civil ? 
Las miradas se habían dirijido inútilmente á todos 
los individuos de la reciente comunión: no se 
halló uno solo con el prestigio y las cualidades 



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3828 



DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 419 



necesarias para desempeñar el poder ejecutivo 
en tales condiciones. Se pensó entonces en bus- 
car la persona fuera del país, y desde este mo- 
mento no fué difícil la elección: ya en Agosto era 
generalmente aceptada la candidatura del general 
Rondeau, y se habían hecho después trabajos 
importantes para decidirlo á aceptar el nombra- 
miento. 

' Así, pues, instalada la Asamblea, resultó que 
su candidatura era la que contaba con adhesio- 
nes más numerosas á pesar de los intereses dis- 
tintos que se habían puesto en juego durante la 
elección de representantes. Pero había surgido 
una nueva dificultad. Cuando se pensó en Ron- 
deau era la Banda-oriental una provincia argen- 
tina y no importaba un obstáculo la nacionalidad 
del candidato. Los diputados, en su mayoría, 
habían sido elejidos también para componer una 
legislatura provincial. Aprobada la convención 
preliminar de paz miéntras el pueblo se ocupaba 
en sus tareas electorales, resultó que la provin- 
cia se había transformado repentinamente en Es- 
tado, y que, por efecto de este hecho de la polí- 
tica internacional, venía á ser Rondeau extranjero 
en el país en que era ciudadano cuando algunos 
minutos ántes se le designaba para desempeñar 
uno de los altos poderes. ¿ Qué hacer ante este 
hecho poco previsto ? La Asamblea no cambió 
por eso de propósito, sinó que allanó la dificultad 
por medio de una ley que tiene pocos precedentes 
en la historia constitucional de los Estados repu- 
blicanos. Declaró en su sesión del 30 de Noviem- 
bre que la persona del estado civil ó militar en 
quien recayese el nombramiento de gobernador y 
capitán general provisionales, debería ser cuan- 
do ménos: — l 9 nacido dentro del territorio llama- 
do hasta entonces Provincias unidas del Río de 



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420 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

la Plata; 2 9 de edad de 35 años cumplidos; 3 ? 
arraigado en dicho territorio con propiedad ó ca- 
pital que no bajara de diez mil pesos, ó empleo 
cuya renta equivaliera al producto de aquel valor; 
4 9 conocido amigo de la independencia y la liber- 
tad del país; y 5 9 de buen concepto público por 
servicios « remarcables » en favor de la una y de 
la otra. 

No podía negarse que concurrían en el general 
Rondeau todas estas condiciones, entre las cua- 
les es de notarse que no se incluyó ni la de ser 
previamente naturalizado. Poco le costó, pues, á 
la Asamblea reunirse al día siguiente y elegir go- 
bernador. La gran mayoría votó por Rondeau; 
algunos, muy pocos, votaron por Rivera, por La- 
valleja ó por Pérez. Como el electo residía en 
Buenos-aires, se resolvió en la misma sesión que 
miéntras durase su ausencia fuera sustituido Don 
Luis E. Pérez por el ciudadano D. Joaquín Suarez, 
y este tomó posesión del empleo el 2 de Diciem- 
bre, después de haber jurado desempeñarlo con 
probidad. 

CCCXXXII — Se declaran caducas las autoridades extranjeras. 
Pabellón y escarapela nacional. Movimiento de fuerzas ar- 
gentinas y brasileñas 

Las funciones de la Asamblea y del Goberna- 
dor estuvieron suspendidas desde el 3, durante 
ocho ó diez dias, con motivo de la traslación de 
esas autoridades á Canelones, decretada por la 
primera. El señor Suarez se mantuvo durante el 
interinato en una actitud reservada, sin atreverse 
á tomar ninguna resolución importante, salvo su 
decreto del 13 de Diciembre, expedido desde Mon- 
tevideo, en que declaró: que habiendo entrado el 
Estado de Montevideo en el pleno ejercicio de su 
independencia, habían cesado ya de hecho y de 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 421 

derecho en sus funciones todas las autoridades 
extranjeras y la protección de las personas, de las 
propiedades y de todos los derechos individuales * 
de los ciudadanos y habitantes del país estaban 
bajo la garantía y salvaguardia del Gobierno su- 

f>remo del Estado; y, por consecuencia, que no 
labia en el Estado de Montevideo más jurisdie- 
* cion que la del Gobierno nombrado por la repre- 
sentación nacional y de las autoridades constitui- 
das en ejercicio, por decreto de esta superioridad; 
que quedaba prohibido á los tribunales, magis- 
trados, cuerpos municipales, oficinas públicas y 
en general á todos los ciudadanos y vecinos cum- 
plir ni obedecer órdenes, providencias, ó decretos 
de toda autoridad extranjera; que los tribunales, 
magistrados, jefes y jueces del Estado protejerían 
abiertamente á los ciudadanos y vecinos que re- 
clamasen el poder de sus respectivas autoridades 
contra cualesquiera violencias ó atentados, expi- 
diendo prontas providencias, implorando en caso 
necesario el auxilio de la fuerza armada y dando 
cuenta al gobierno cuando las violencias ó atenta- 
dos emanasen de un poder extraño; y que el Go- 
bierno prometía del modo más solemne que respe- 
taría y liaría respetar las personas, las propieda- 
des, la independencia de las opiniones y la liber- 
tad de la imprenta. 

Revela este decreto los excelentes deseos de su 
autor; pero era más propio de un dictador que tie- 
ne en sus manos todos los poderes del Estado, 
que de un jefe del poder ejecutivo, sometido por la 
naturaleza de sus funciones á la autoridad de las 
leyes y de las decisiones judiciales. El hecho de 
haberse arrogado el Gobernador facultades que 
correspondían al Cuerpo-legislativo, y de haber 
asumido una actitud ante la cual aparecía el poder 
judicial como una entidad subordinada al ejecuti- 



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422 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 . 

vo, no produjo por el momento conflicto alguno 
t entre los poderes nacientes del Estado, debido á 
que las personas influyentes estaban inspiradas 
en aquellos momentos por propósitos de toleran- 
cia, y á que no todos tenían nociones claras de los 
límites que separan el campo de acción de las di- 
versas autoridades; pero, precisamente por esto y 
porque ya la clase militar había mostrado sus 
tendencias absorbentes, heredadas del despotis- 
mo omnímodo de Artigas, venía ese decreto á 
ejercer en los sentimientos é ideas de la gran ma- 
yoría del país una influencia funesta, puesto que 
inculcaba la noción de que el Poder-ejecutivo es 
un poder supremo, encargado de dirijir y correiir 
á los otros poderes. Esta era la doctrina del mili- 
tarismo, que venía ahora á ser consagrada por su 
clase antagónica, la clase civil, representada por 
uno de sus miembros más respetados. Pueblo 
que tal educación recibe, es pueblo que se prepa- 
ra á vivir bajo la presión de gobernadores y presi- 
dentes dispuestos por la tradición y por la fuerza 
actual de sentimientos, ideas y hábitos heredados, 
á ejercer la tiranía como forma regular de go- 
bierno. 

Instalada la legislatura en Canelones, procedió 
inmediatamente á ocuparse del pabellón y de la 
escarapela nacional. El 15 creó el primero, man- 
dando que se compusiera de nueve listas azul- 
celestes (1) sobre fondo blanco, con un sol coló- ' 
cado en un cuadrado blanco que debería dejarse 
en el ángulo superior del lado del asta. El Í % 9 se 
creó la escarapela, decretándose que fuera tárn 
bien de color azul-celeste. \ 

Todos estos actos que importaban el cumpli- 
miento por parte de las autoridades orientales deT 

[1] El número de las listas aiul-celestea correspondía al de los departa- 
mentos. 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 423 

tratado de Agosto, fueron precedidos y seguidos 

Í)or otros de igual significación que emanaron de 
as potencias pacificadas. Lavalleja había renun- 
ciado al mando del ejército de Buenos-aires al sa- 
ber que se había ratificado la convención prelimi- 
nar ( 2 de Octubre ) y había sido sustituido por el 
general Paz (26 del mismo). El ejército argentino 
había marchado por tierra á fines de Octubre con 
dirección á Buenos-aires, quedando en Cerro-lar- 
go jnil y tantos hombres, que á su vez se embarca- 
ron por el Buceo el 30 de Diciembre. Había sido 
desocupada la Colonia por los brasileños para los 
primeros dias de este mes. El 18 se retiraron de 
Montevideo otras fuerzas de la misma nacionali- 
dad, dejando en la Plaza algunos batallones, de 
acuerdo con lo pactado. 

CCCXXXIII— Rondeau ocupa el Poder, Primeros 

nombramientos 

Rondeau, á quien se había comunicado su nom- 
bramiento en cuanto tuvo lugar, partió de Buenos 
-aires el 15 de Diciembre, acompañado por el ge- 
neral Laguna y por el canónigo Vidal, en el buque 
de guerra argentino que llevaba su nombre; llegó 
á la Colonia y de allí tomó la dirección de Canelo- 
nes, último asiento del gobierno. El 22 se presen- 
tó ante la Asamblea á prestar el juramento que 
la ley prescribía; el mismo día tomó posesión del 
empleo y nombró en el acto á D. Juan Francisco 
Giró para que desempeñara los ministerios de go- 
bierno y relaciones exteriores, y provisionalmen- 
te los de hacienda y guerra. Designó también á 
D. Manuel Oribe para el mando del cuerpo núme- 
ro 9 de caballería y al general Laguna, su acom- 
pañante, para comandante en jefe de las milicias 
que se hallaban situadas en los departamentos 
fronterizos. 



J 



424 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 



CCCXXXEV — Actitud aparente de Rivera para con las 

autoridades orientales 

* 

La posición de Rondeau era de las más delica- 
das y difíciles. Se le había traído al poder por 
evitar la guerra civil que habría sobrevenido inme- 
diatamente si hubiera ocupado su lugar cualquie- 
ra de los dos caudillos rivales; y era obvio que 
para satisfacer tales propósitos debería cuidar el 
Gobernador de no despertar los celos, ni provogar 
la malquerencia de Rivera ó Lava] leja, tratando 
de equilibrar la influencia de estos, y de sobrepo- 
ner su autoridad propia á la de ambos pretendien- 
tes. No tardó Rondeau en comprender cuánta im- 
parcialidad y cuánto tino se necesitaba para conju- 
rar ó precaver los peligros de un conflicto. 

Dorrego se había apresurado á comunicar al 
general Rivera la conclusión de la paz y sus con- 
diciones y á manifestarle que debería procederse 
á la desocupación de las Misiones, que continua- 
rían siendo parte del territorio del Brasil. No le 
costó mucho al Caudillo hacerse cargo de la si- 
tuación en que quedaba su país, del papel que en 
él podría desempeñar, y de los medios por los 
cuales llegaría á insinuarse en el ánimo de sus 
compatriotas. La campaña de las Misiones le per- 
mitía presentarse como un patriota; lo mucho que 
se había elogiado su afortunado suceso era más 
que lo necesario para poder pasar por un genio 
ante las muchedumbres crédulas; y ambos con- 
ceptos valían tanto como la prueba más irrecusa- 
ble de que había sido víctima de la calumnia y de 
injustas persecuciones, que reclamaban, yaque 
nó una expiación, por lo ménos una confesión pú- 
blica y solemne. Si á esto se agregara algún he- 
cho extraordinario, como el de hacerse seguir por 
algunos millares de familias, con todos los objetos 



v 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 425 

do valor que tuviesen las iglesias y los edificios 
públicos, y por Ja gran cantidad de animales va- 
cunos que cubrían el territorio invadido, todo por 
exceso de admiración, de cariño v de adhesión á 
su eminente persona, [oh! entonces podría entrar- 
corno un héroe en la Capital de su patria. 

Concebido y hecho. Escribió el 18 de Noviem- 
, bre una extensa nota, desde el cuartel general en 
ítú, al «Gobierno provisorio del Estado soberano 
oriental», en que le decía que el Ejército del Norte 

Í>enetró hasta el centro de las Misiones orientales 
obrando hacer tremolar la bandera argentina y 
obligando al enemigo á dividir su ejército por im- 
pedir que las armas de la patria se extendieran 
triunfantes hasta las ricas provincias de San Pa- 
blo, talvez de Minas y probablemente de Santa 
Catalina; que en este estado se negoció la paz que 
desliga la Provincia-oriental de la federación ar- 
gentina y le asegura su independencia absoluta; 
que la soberanía de la Provincia-oriental era « el 
« único objeto de la invasión de Misiones en su 
« origen, y la del continente cuando se concibió 
« que no era difícil » ; que la guerra ha cesado 
para el Ejército del Norte, y que sus jefes, oficia- 
les y tropa á nada mas aspiran que a volar hacia 
sus padres, esposas é hijos, «mostrarles sus he- 
te ridas, llorar con ellos cíe gozo y poner sus espa- 
« das á los piés de la Patria, para que disponga 
« de ellas como un tributo, que á ella sola le per- 
« tenece, desde que ella sola es el árbitrio del 
• « destino de sus hijos » . 

CCCXXXV- Verdadera actitud de Rivera. Conducta 

del Gobierno 

Rivera, como de costumbre, no era sincero en 
sus protestas de amor á la paz y de falta de as- 
piraciones. Apénas hacía algunos días que había 



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426 BOSQUEJO HISTÓRICO 



manifestado á los jefes predilectos que le secun- 
daban en su campaña económica la intención de 
venirse a la Banda-oriental y de echar abajo sus 
autoridades para suplantarlas. En un párrafo de 
carta encabezado con la advertencia de « Reser- 
vadísino », había dicho al comandante Caballero: 
«La paz está echa, y yo tengo borden para no 
«moverme pero yo ede entran par del modo que . 
« me sea pocible y emos de llegar asta Sta. Ma. 
« por todo esto es preciso que Vd. tire ya á sacar 
« toda la ventaja que pueda pa. dejarnos vien 
«conlos que estamos comprometidos y ver si 
« algo podems. mandar para nuestras familias. — 
« Nuestra Vanda Oriental espera que nosotros la 
« saquemos de la esclavitud en que la tiene la al- 
« vitrariedad de algunos de sus ijos y aeste fin 
« travajamos con enpeño». 

Sin embargo, el gobernador Suarez convino, 
de acuerdo con la mayoría de la Asamblea, en 
que no era prudente cerrar al revoltoso las puer- 
tas de la patria, ya que intenciones tan pacíficas 
mostraba, y le contestó en el sentido de que re- 
gresara, sin esperar á que viniera Roncieau á 
tomar una determinación que no carecía en aque- 
llos momentos de gravedad. 

CCCXXXVI— Desocupación y despojo de las Misiones 

Rivera se había anticipado á la respuesta. Des- 
de antes de recibirla, y aún de resuelta por el Go- 
bierno, había ordenado á todos sus oficiales que 
concentrasen en un lugar dado todo el ganado que 
hallaran en el territorio de las Misiones. Uno de 
esos oficiales, el mismo Felipe Caballero á quien 
fueron dirigidas las palabras anteriores, había re- 
cibido estas instrucciones: « Le escribo en este 
« momento para decirle que es preciso que Vd. 
« aga cuanto pueda aser seguir todo el ganado 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 427 

« que le sea pocible de esos rincones que le dice 
« Chico Garrocho; desentendiéndose por ahora 

« de los puntos donde devía 'Vd. ir — Ya digo 

« á Vd. no es pocible aga Vd. cuanto pueda y trai- 
te ga (1) 40 mil reses. — ordene al comte.de 

« Sn. Franco, para que le dé vaquiano causa y 
« los honvres que nesecite el franses y digale que 
* « aga la angada y traiga cuanta madera pueda.... 
« — Despache á Sejas con la primera tropa la cual 
« que no vaje de 3000 ress. y prevéngale que me 
« avise ala llegada ala invernada para mandarla 
« recivir ». 

Reunidas unas doscientas mil cabezas de gana- 
do, hizo sacar de las iglesias y de todos los edi- 
ficios públicos y particulares cuantos objetos de 
valor tenían, sin excluir las campanas de las pri- 
meras (2); dispuso que las tropas que había. for- 
mado con la población indíjena marcharan hacia 
el Sud con sus mujeres, hijos y demás parientes, 
y, pronto ya todo ese inmenso tropel de soldados, 
familias, animales y carretas cargadas de botin, 
empezó á desocupar el territorio de las Misio- 
nes. (3) 

CCCXXXVII Confllcte con las autoridades brasileñas 

Al saber el Jefe de una división del ejército bra- 
sileño que en esa sazón se dirijía á las Misiones, 
que trataba Rivera de realizar una segunda edi- 
ción de la vandálica proeza consumada por Arti- 
gas en 1811, con la circunstancia particular de 
que aquel arrastraba familias y despojaba pueblos 
que pertenecían á una nación extranjera con la 

(1) Foltan aquí una 6 dos palabras, por haberse roto el ángulo dol original 
que las contenía. 

(2) Algunas de esas campanas fueron colocadas en las torres de la Iglesia 
matriz do Montevideo. 

(3} Se ha dicho que las familias arrancadas do sus domicilios no eran 
ménos quo 5000, ni se componían de mónos que dier 6 doce mil personas. 



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428 BOSQUEJO HISTÓRICO 1828 

cual se estaba ya en paz, intentó oponerse á que 
tal acto de barbarie se llevara á cabo, recurriendo 
á la persuacion. Rivera alegó qué los soldados 
misioneros le seguían voluntariamente y que las 
familias, ganados y objetos que se veían eran los 
objetos, ganados y familias cíe los emigrantes. A 
la vez que pretendía resolver de esta sencilla ma- 
nera la cuestión de derecho, y aplazar su solución « 
remitiéndola al gobierno, escribió á éste dándole 
cuenta de que estaba en camino, de lo que traía 
y de las dificultades suscitadas. 

CCCXXXVIII — Política de equilibrio 

La llegada de esta comunicación coincidió con 
la de Rondeau; por manera que, cuando se impu- 
so de ella, se encontró con que estaba cercana la 
venida de Rivera al territorio nacional, y con que 
era tanto más temible el peligro de la aproxima- 
ción de los dos caudillos rivales, cuanto el general 
Laguna, aunque nó tan partidario de Lavalleja co- 
mo del otro, había de querer hacer sentir á este su 
autoridad de comandante en jefe de las fronteras, 
por poco que se dispusiera á abusar de las nu- 
merosas é indisciplinadas fuerzas que le obe- 
decían. A la dificultad que en sí tenía esta cues- 
tión se agregaba la de satisfacer las necesida- 
des de tan numerosas familias como eran las 
que venían, y la de definir la posición en que ha- 
bían de quedar las divisiones del llamado Ejér- 
cito del Norte, cuya mayoría era de misioneros, 
subditos del Brasil. 

Se acordó solicitar la decisión de la Asamblea 
en lo relativo á las tropas que venían de Misio- 
nes, y se resolvió contestar á Rivera ordenándo- 
le que, no obstante la autorización para venir 
que le había dado el gobernador Suarez, suspen- 
diese sus marchas y se mantuviese en observa- 



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1828 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 429 

eion de las divisiones imperiales, ocupando la 
posición que juzgara más conveniente á fin de 
evitar cualquiera desorden en las tropas, familias 
5y ganados que traía. De este modo se conseguía 
tener lejos el único peligro que por entonces ins- 
piraba temores, con una causa aparentemente 
fundada, porque el mismo Rivera había sido el 

Í)rimero en mostrarse receloso en vista de las 
ucrzas del Vizconde de la laguna. Se le ordenó, 
ademas, respecto de las familias, que las alojara 
y les diese ocupación en los pueblos situados 
sobre el Uruguay. Y como tan necesario era, 
para mantener la paz, que el general Laguna no 
se acercara á Rivera, como que Rivera no se 
acercara al^ general Laguna, se le advirtió á éste 
que habiendo el Gobierno reservádose el enten- 
derse directamente con aquel, no debería preo- 
cuparse para nada del movimiento de las fuerzas 
con que penetrara en el territorio nacional. 

No terminaban aquí las dificultades. Había que 
nombrar á alguien para ministro de la guerra; y 
como las afinidades del Gobernador y los ante- 
cedentes de Laguna habían inclinado la balan- 
za al lado favorable á Rivera, se hacía menester 
tomar alguna medida que neutralizase esa causa 
de desequilibrio. Rondeau, descoso de proceder 
con imparcialidad, se había fijado en el coronel 
D. Nicolás de Vedia, por parecerle aparente pa- 
ra el ministerio en circunstancias como las que 
le preocupaban, y no se le mostró desafecto Gi- 
ró; pero habiendo observado D. Francisco Maga- 
riños que tal vez no tendría el candidato á su fa- 
vor las simpatías populares, se pensó en D. Igna- 
cio Oribe, se prescindió luego de ól por consejo de 
su hermano D. Manuel, y por fin después de al- 
gunas vacilaciones se optó por el coronel D. Eu- 
genio Garzón, militar perfectamente reputado. 



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430 BOSQUEJO HISTÓRICO 



1828 



CCCXXXIX — Crisis ministerial 

Se trató en seguida de la comandancia gene- 
ral de armas y de las comandancias militares de 
los departamentos, desempeñadas casi todas por 
secuaces de Lavalleja. El Sr. Magariños, á quien 
el Gobernador atendía mucho, insinuó la con- 
veniencia de suprimirlos, talvez con la intención 
de favorecer la causa de Rivera, de que era par- • 
tidario, pero limitándose á alegar que como co- 
rrespondían á las instituciones argentinas, ha- 
bían perdido su razón de ser desde que se inde- 
pendizó la Provincia. Habiendo ocurrido, ademas 
de esta reflexión, que paneció persuasiva, la de 
que se ahorrarían al Estado sumas de dinero im- 
portantes, se conformó el Gobernador con decre- 
tar la supresión, en momentos en que el minis- 
nistro Giró faltaba de su despacho por enfer- 
medad. 

La noticia de este hecho produjo mucho des- 
contento. Los primeros que desaprobaron la me- 
dida proyectada fueron naturalmente los que se 
vieron amenazados con la privación del empleo, 
por lo que afectaba á su interés personal. En se- 
guida se pronunciaron los parciales de Lavalle- 
ja, cuya causa política perdía sus sostenedores 
más decisivos. Y, por fin, muchos de los que 
atendían al bien del país con prescindencia del in- 
terés de los individuos y de los bandos políticos, 
juzgaron que la resolución de Rondeau no podía 
ser más inoportuna ni más impolítica, puesto 
que suprimía el apoyo de la fuerza precisamen- 
te en los momentos en que la paz corría el pe- 
ligro de ser alterada por la fuerza de un caudi- 
llo acostumbrado al desórden. El disgusto fué 
tanto, que el Sr. Giró renunció el dia 28 las car- 
teras de gobierno y relaciones exteriores, y po- 



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y 1829 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 431 

co después el Sr. Garzón la de guerra, si bien 
manifestando ambos que los pocos días de ex- 
periencia que habían tenido les había hecho com- 
prender que carecían de las aptitudes necesarias 
para satisfacer las aspiraciones generales. 

CC CXI.. — Consigue Rivera que su» tropas de ludios sean 
Incorporadas al Ejército nacional 

* La Asamblea, por su parte, respondió á la 
consulta del Poder-ejecutivo declarando (30 de 
Diciembre) que dada la voluntad manifestada en 
la nota del 18 de Noviembre por los jefes, oficia- 
les y tropa que componían el hasta entonces lla- 
mado Ejército del Norte, se considerarían en ade- 
lante pertenecientes al ejército del Estado de 
Montevideo. Esta resolución, impuesta induda- 
blemente por la necesidad de no resentir al ge- 
neral Rivera, que había pedido esta declaración, 
entrañaba más de una inconveniencia. En primer 
lugar se incorporaban al ejército nacional muchos 
centenares de misioneros, que eran subditos del 
Brasil, y que podían provocar reclamaciones de 
carácter temible. En segundo lugar se recibía á 
Rivera al frente de tropas relativamente nume- 
rosas, y prestigiado por el calificativo de « digno 
y benemérito general» que la tímida Asamblea 
le había prodigado, ya por tender á la concilia- 
ción ante la exiiencia que el Caudillo había he- 
cho de que se levantara la tacha de traidor que 
aún pesaba sobre su nombre, ya por el interés aue 
tenían sus parciales en rehabilitarlo para que les 
sirviese de centro y de apoyo en los trabajos que 
pronto habían de tener su desenlace final. 

CCCXtl — Cómo se resuelve la crisis ministerial 

Entró, pues, el Gobernador en el año de 1829 
con las dificultades propias de una crisis minis- 



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432 BOSQUEJO HISTÓRICO 1829 

terial de carácter político, producida á los cuatro 
ó cinco días de haber empezado á ejercer el po- 
der. Mucho se empeñaron él y otras personas 
porque se retiraran las renuncias, pero la firme- 
za de los Sres. Garzón y Giró obligó al Gober- 
nador á buscar otros funcionarios; y como no 
los halló suficientemente aptos ó dispuestos fuera 
de la Asamblea, se dirijió á ella el 3 de Enero 
demostrando lo difícil de su situación y solici- •' 
tando que se le permitiera nombrar á algunos de 
los diputados. 

ce El único modo de valorar el que suscribe, de- 
« cía, la distinguida consideración con que la Ho- 
« norable Asamblea Constituyente y Legislativa 
« lo elijió para desempeñar el cargo de Goberna- 
« dor y Capitán general provisorio del Estado, 
« fué el admitirlo en sus circunstancias y no tre- 
ce pidar en sacrificarle las comodidades de su vi- 
ce da privada y cuanto tiene de grata la indepen- 
« esencia y reputación de que gozaba en Buenos- 
ce aires Se lisonjea de nat>er por su parte he- 
ce cho todo lo que es imajinable para corresponder 
ce á una confianza que estribaba en aquella per- 
ce suacion (de encontrar en la opinión de sus ami- 
ce gos y de la mayoría de los habitantes del Es- 
ce tado'la base del nombramiento de que fué ob- 
ce jeto). Así es que apénas se recibió del Gobierno 
<e procuró que el nombramiento de Ministros re- 
ce cayese en sujetos de conocimientos y cualida- 
ce des dignas del desempeño de tales funciones... 
ce Esto no obstante, los adelantos que debió ox- 
ee perimentar en pocos pero necesarios dias han 
ce venido a quedar frustrados por las renuncias 
ce de aquellos en quienes el Gobernador que sus- 
« cribe repite haber depositado toda su confianza, 
ce Los motivos en que las fundan, el no sentirse 
ce con fuerzas para llevar por más tiempo sobre 



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182D DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 433 

« sus débiles hombros el grave peso de los negó- 
« dos públicos; el que sucumbirían á él sin que el 
«sacrificio que hicieran de si mismos pu liera ser 
« útil al país; las circunstancias que exijen en los 
« que han de componer la administración calida- 
« des extraordinarias y aptitudes poco comunes; 
« el considerarse con falta de estas; y el deseo de 
« que otros las llenen más completamente, son 
* « razones, señores Representantes, que podría 
<c desde luego alegar el que suscribe, si el deco- 
« ro del país, el interés de su buen nombre, y 
« quizas el compromiso que contrajo tan solem- 
« nemente no fuesen hoy más poderosos para obli- 
« garlo á sostener enérgicamente un puesto sem- 
« brado de espinas que comienza á serle desa- 
« gradable, y á que coadyuva la retracción que 
« observa en las personas que más debían ses- 
ee tener una obra á que sus esfuerzos anteriores 
« habían dado un impulso activo. En este estado 
« la paralización del Gobierno es una consecuen- 
te cia forzosa. Los compromisos gravitan de tal 
<c suerte sobre él, que cree encontrar obstáculos 
« para llenar aquel vacío. Satisfecho de otras 
« elecciones, ha hallado igualmente una tenaz 
« resistencia, porque, sin querer admitir el cargo 
« esponen motivos particulares que dejan perple- 
«jo al Gobierno y sin saber qué partido tomar 
a para salvar los inconvenientes del momento. El 
« quisiera una elección que penetrase á la Ho- 
ce norable Asamblea de sus más ardientes de- 
« seos, al paso mismo que contentase á todos los 

<c habitantes del Estado pero recomí la vista 

« y por doquiera encuentra tropiezos, se vé rodea- 
ce uo de inconvenientes y no le queda otro arbitrio 
« que dirijirse á la soberanía del pueblo para que 
« disculpe y conozca las causas que retardan el 
« dar vado á los negocios fiados á su cuidado, al 

28 



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434 BOSQUEJO HISTÓRICO 1829 

<í mismo tiempo que para tomar su consejo y 
« saber si para la elección de Ministros causará 
« perjuicio echar mano de alguno ó algunos de 

« los Honorables Representantes » 

La Asamblea contestó cuatro días después en 
términos muy satisfactorios para el general Ron- 
deau y agregando : « Que un ejemplo tan ilustre 
« da derecho al Exmo. Sr. Gobernador Provisorio 
« de encontrar en todas las clases ciudadanos ce- * 
« losos que le auxilien en el desempeño de sus 
« árduas tareas, y que á la voz de tan digno jefe se 
« harán ellos superiores á las inspiraciones de su 
« modestia, no reconociendo otro juez de sus apti- 
tudes que el encargado por su alto destino de 
« apreciarlas; y cuando el Exmo. Sr. Gobernador 
«Provisorio juzgare oportuno destinar alguno ó 
« algunos de los honorables miembros de la Re- 
ce presentación Nacional á ejercer empleos en que 
<( considere necesarios sus talentos, la Asamblea 
« General se prestará á privarse de sus servicios 
« defiriendo á los conceptos prudentes del Exmo. 

« Sr. Gobernador » 

Nuevos esfuerzos se hicieron con motivo de es- 
tas comunicaciones para traer las voluntades á la 
tranquiliquidad y la buena armonía y se consiguió 
que se retirara el decreto relativo á las comandan- 
cias, después de redactado, y que continuaran en 
sus funciones los Sres. Giró y Garzón, ocupando 
el ministerio de hacienda D. Francisco Joaquín 
Muñoz (8 de Enero), con cuyo nombramiento se 
quiso nó solo traer al gobierno el concurso de un 
hombre inteligente, sino también tranquilizar el 
ánimo de los que componían el círculo de Lava- 
lleja. 

CCCXIíII — Trabajos constitutivos del Estado 

Aunque los trabajos políticos de los partidos 
* 



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182» DK l.A REPÚBLICA O. l)KL LKLGUAY 435 

continuaron alarmando hoy á unos, mañana á 
otros, según el giro irregular que las circunstan- 
cias de cada momento les determinaban, la Asam- 
blea y el Poder-ejecutivo se dedicaron activamen- 
te á constituir y organizar el Estado desde media- 
dos de Enero. 

Entre las decisiones que más ó ménos directa- 
mente se relacionan con la constitución, sedien- 
ta la creación ( el 13 de Marzo ) del escudo de 
armas, que deberá consistir en un ovalo coronado 
por un sol, adornado por el exterior con trofeos 
militares y de marina y con símbolos de comercio, 
y dividido el interior en cuatro partes, por una lí- 
nea vertical y otra horizontal, en cuyas partes se 
figuraran: en la superior derecha, una balanza, 
símbolo de la igualdad y de la justicia, sobre es- 
malte azul; en la superior izquierda, el cerro de 
Montevideo, símbolo de fuerza, sobre campo de 
plata; en la inferior derecha, un caballo suelto, 
símbolo de libertad, en campo también de plata; 
y en la inferior izquierda, un buey, símbolo de 
abundancia, sobre esmalte azul. 

La Comisión de constitución presentó el 6 de 
Mayo el proyecto ele carta fundamental que se le 
había encomendado; la Asamblea lo discutió has- 
ta el 4 de Septiembre, sin detenerse á examinar 
en la mayor parte de los casos el valor de las doc- 
trinas adoptadas por los autores; y el 10 del mis- 
mo mes se reunió, oyó la lectura de todo el pro- 
yecto discutido, lo aprobó por unanimidad de 
votos, y el Presidente proclamó solemnemente 
« aprobada y sancionada la Constitución del Es- 
tado». (1) En conformidad con lo estipulado en el 
art. 7. ° de la Convención de 1828, la Asamblea 

(1) Votáronlos siguientes disputados: Silvestre Blanco [presidente], Ga- 
briel A. Pcreira [Primor-vico], Cristóbal Echevarriarza [Segundo-vicc], Ci- 
priano Payan, Juan P. Laguna, Pedro F. de Berro, Julián Alvarez, Juan B. 
Blanco, Pedro P. do la Sierra, Manuel Haedo, Juan M. Pérez, Jaime de Zu- 



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436 BOSQUEJO HISTÓRICO 132í> 

resolvió ( 19 de Septiembre ) que se pasase un 
ejemplar auténtico á las Potencias signatarias, 
recomendando al Poder-ejecutivo que hiciera ges- 
tiones porque se expidieran los comisarios de 
aquellas en el plazo más breve que fuera posible. 

El 14 de ese mes redujo á dos el número de 
los ministros del Gobernador, dispuso que todas 
las órdenes de éste deberían llevar la firma de 
uno de aquellos, hizo responsables á los minis- 
tros, y los sujetó á residencia en el país durante los 
seis meses que siguieran á la renuncia del cargo. 

CCCXLHI-Se legislan alpinos derechos individuales 

Los derechos de los individuos fueron objeto de 
leyes y decretos importantes. La Asamblea apro- 
bó el 3 de Junio una ley de imprenta en que se es- 
tablece que todo ciudadano puede publicar sus 
ideas sin previa censura, pero respondiendo de 
los abusos de la libertad el autor y, en su defecto, 
el impresor del escrito. Los abusos consistían en 
atacar los dogmas de la religión católica y la mo- 
ral pública; en provocar á la rebelión ó á la anar- 
quía; en publicar los vicios ó defectos privados de 
las personas que no son objeto de las leyes pena- 
les; y en imputarles falsos crímenes. Esos abusos 
eran castigados con multas, ó prisión, ó suspen- 
sión del derecho de publicar ideas por la prensa; y 
se encomendaba á juris de ciudadanos el juzgar 
en cada caso si había ó no abuso y qué pena me- 
recía el autor del abuso, previo juicio que seguían 
ante ellos verbal mente el acusador y el acusado. 

El Gobernador decretó el 18 de Mayo el rescate 
de todos los escla.vos, llamados libertos, que estu- 

dafiez, Jo?é Vázquez Ledesina, José F. Zuvillagn, José Ellauri, Joaquín A. 
Nuiiez, José B. Pereira de la Luz, Francisco A. Vidal, Alejandro Chucarro, 
Miguel Larreiro, Ramón Masini, Lorenzo J. Pcrez, Santiago Vázquez, An- 
tonio D. Costa, Manuel V. Pagóla, Solano García, Lázaro (Jadea, Franoiaco 
(¿areía Cortina, Luis Lamas. 



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1S2S DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 437 

viesen en servicio militar desde tres años an- 
tes y que hubiesen tenido parte en algunas de 
las batallas dadas durante la guerra contra el Bra- 
sil, considerando, con mucha razón , que bien 
merecían ser libres los que habían contribuido 
con su sangre á libertar un pueblo. El 14 de 
Agosto dió arbitrariamente otro decreto en contra 
* de los vagos, por juzgar que los hombres errantes, 
habituados á un ocio siempre funesto á la socie- 
dad, es la principal causa de los abigeatos que á 
menudo se consuman y de los desórdenes que 
obstan al bienestar de las clases laboriosas. Obli- 
gaba á todos los peones y capataces á servir bajo 
un contrato escrito y autorizado por el juez de 

{>az ó teniente-alcaltfe, y reputaba vagos a todos 
os que fueran hallados sin ese contrato, con ex- 
cepción de los que tuviesen un capital mayor que 
500 pesos, los oficiales licenciados ó retirados, los 
hijos menores de padres que tuviesen cómo man- 
tenerlos, los que conocidamente viviesen con el 
fruto de industria permitida, los que estuviesen 
físicamente impedidos para trabajar y los que tu- 
viesen edad mayor de 50 años. Toda persona ca- 
lificada de vago debería ser penada con tres meses 
de trabajos públicos la primera vez y con seis me- 
ses la segunda y ulteriores. 

CCCXLIV- Administración de Justicia. Hacienda 

Atendió la Asamblea á las necesidades de la 
justicia instituyendo nuevamente el tribunal de 
apelaciones, (2 de Julio) cuyos miembros nombró 
á mediados ele Agosto; reglamentando extensa- 
mente esta rama importantísima de la adminis- 
tración ( 10 de Agosto) ; y dando á la policía de 
todo el país una organización más completa que la 
que hasta entónces había tenido. 

La hacienda pública fué objeto de medidas im- 



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438 BOSQUEJO HISTÓRICO 1*39 

portantes. Ya el Gobernador había decretado el 
15 de Enero que pagasen el quince por ciento de 
derechos de importación todos los artículos ex- 
tranjeros que se despachasen por la aduana de 
Montevideo y las receptorías de Maldonado, Colo- 
nia, Soriano y Pay-sandú. La Asamblea consintió 
tácitamente esa invasión de sus atribuciones; su- 
primió el 11 de Abril los derechos de alcabala, de . 
reventa, de compostura, aranceles y policía, con- 
servando el de patentes en las bajas proporciones 
de 10, 15, 25, 35, 45 y 60 pesos; estableció el im- 
puesto del papel sellado desde medio real hasta 
nueve pesos (3 de Junio); modificó el decreto del 
15 de Enero declarando libres de derecho las má- 
quinas, instrumentos de agricultura, ciencias y 
artes, los libros, las imprentas y los mapas geo- 
gráficos que se introdujeran, sometiendo los de- 
mas artículos á un derecho de cinco á veinticinco 
por ciento, en cuya graduación no se tuvo por 
regla el favorecer los objetos de consumo univer- 
sal y recargar los objetos de lujo, y gravando es- 
casamente ó nada los productos nacionales des- 
tinados á la exportación (11 de Junio); suprimió 
el derecho de tránsito personal de uno á otro de- 
partamento que regía desde Enero de 1827 (21 de 
Julio) y estableció un derecho de puerto de 4 á b4 
reales para las embarcaciones del cabotaje, y de 3 
reales ó 2 por tonelada para los buques de ultra- 
mar, según fuesen extranjeros ó nacionales, (6 
y 15 de Julio). 

« 

CCCXLV —Instrucción pública 

La instrucción pública llamó desde luego la 
atención del Poder-ejecutivo. El decreto del 16 de 
Mayo de 1827 que mandó crear una escuela pri- 
maria en cada capital de departamento, en San- 
Carlos, Rocha, Santa-Lucía y Soriano, no se ha- 



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1829 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 439 

bía cumplido, ya por falta de recursos, ya porque la 
guerra era el objeto de la preocupación dominan- 
te. Al empezar el año xxix no había en todo el 

Í>aís, fuera de Montevideo, más que cuatro escue- 
as de primeras letras, distribuidas enMaldonado, 
Canelones, Mercedes y Durazno. Tampoco se ha- 
bía fundado la escuela normal, razón por la cual 
> no se formaron maestros, ni había, por conse- 
cuencia, cómo satisfacer una de las primeras ne- 
cesidades de la instrucción, sobre todo cuando se 
aspiraba á adoptar reformas, que lo era entonces 
la organización lancasteriana de las escuelas. 

Asegurada la paz exterior, se creyó oportuno 
emprender de nuevo la difusión de los conocimien- 
tos en las condiciones decretadas en 1827, y se 
dirijió el ministro Giró por su circular del 23 de 
Febrero á todos los Consejos departamentales or- 
denándoles que propendieran á fundar las escue- 
las ya decretadas , que integrasen las comisio- 
nes inspectoras, que alquilaran casas miéntras 
no se construían especiales según los planos que 
ya habían sido aprobados por el Gobierno; y que 
remitiesen a Montevideo, para ser examinadas 
por el Director, las personas que considerasen 
aptas para enseñar, si las hubiese, en cuyo defec- 
to se encargaría el Gobierno de buscar maestros 
en Montevideo y de mandarlos á donde hiciesen 
falta. 

Como condición para que estos propósitos se 
cumplieran, se nombró el mismo día al presbítero 
* D. Ignacio Zufriategui «director de las escuelas 
del Kstado, según el método lancasteriano», asig- 
nándosele un sueldo de cien pesos mensuales. 

Al día siguiente se decretó el establecimiento de 
dos escuelas públicas (una de niñas y otra de va- 
rones) en la ciudad de Montevideo/ y se encargó 
al Director de escuelas que propusiese los medios 



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440 BOSQUEJO HISTÓRICO 1829 

para llevar á cabo la resolución, y presentase el 
presupuesto de los gastos que habría que hacer. 

El 10 y 12 de Junio se constituyó la Junta ins- 
pectora cíe la Capital, con los Sres. Bianqui, Bus- 
tamante, Masim y Luna. Por decreto del 22 de 
Octubre se hizo obligatoria la vacuna para todos 
los alumnos de las escuelas públicas, en los pue- 
blos en que su administración estuviese estableci- 
da. El 28 se ordenó por segunda vez la apertura de 
la escuela de niñas, que había sido postergada 
por causas difíciles de superar , y se dispuso 
que la Junta inspectora fuese integrada con tres 
señoras nombradas por ella misma, á quienes se 
encomendaría lo concerniente á la nueva escuela. 

El 3 de Noviembre se decretó que los directores 
-de las escuelas del Estado dieran cada tres meses 
á la Junta inspectora noticia de los niños que se 
distinguieran por su moralidad, por su aplicación 
y constancia, ó por algún talento ó disposición 
particular para las ciencias ó las artes. Se pro- 
ponía con esto el Poder-ejecutivo estimular á la 
juventud estudiosa publicando sus notas del mo- 
do más solemne, y á sus padres prometiéndoles 
que esos informes servirían para obtener la pro- 
tección especial de las autoridades á favor de los 
alumnos distinguidos, en los casos en que se so- 
licitase para ellos alguna gracia. 

CCCXI.VI— Ejército, industrias, higiene, estadística, 

relaciones exteriores 

t 

Al mismo tiempo que se atendía á las necesi- 
dades primordiales del Estado, se reglamenta- 
ron los uniformes del ejército, (20 y 22 de Fe- 
brero); se creó una Junta de agricultura é indus- 
tria para que promoviese el adelanto del comercio 
y de las industrias, especialmente la pecuaria y la 
agrícola ( 20 de Febrero); se instituyó una Comi- 



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1829 



DE LA REPÚHLICA O. DEL URUGUAY 441 



sion de higiene, á la cual se encomendó la conser- 
vación de la salubridad pública (10 de Octubre); y 
se abrió un Registro estadístico, servido por una 
comisión central y ocho auxiliares, entre cuyos 
cometidos se incluyenron los de formar un censo 
general de la población, explorar y clasificar los 
terrenos del Estado según su aptitud productiva, 
, fijar el monto de los capitales fijos y circulantes, 
formar un cuadro de las importaciones y exporta- 
ciones habidas de 1800 á 1810, de 1810 á 1820 y 
de 1820 á 1830, y reconocer el caudal de los ríos y 
de los lagos, á fin de establecer cuáles podrían ser- 
vir como vías de comunicación. (30 de Septiem- 
bre). 

En el curso de este ano fueron sucesivamen- 
te reconocidos los cónsules de S. M. B. ( 31 de 
Enero); del Imperio del Brasil (1. ° de Abril); y de 
la república do Bromen (13 de Julio). A su vez el 
Estado-oriental nombró á los Srcs. D. Santiago 
Vázquez y D. Nicolás Herrera para que desempe- 
ñasen el empleo de agentes diplomáticos respec- 
tivamente en la República argentina y en el Impe- 
rio del Brasil (Septiembre 29), encargándoles espe- 
cialmente que aceleraran la revisión ó exámen de 
la constitución sancionada pocos dias antes, los 
comisarios de las Potencias signatarias de la con- 
vención de 1828. 

CCCXIiVII — I^as familias y ganados del Cuarcíni. Rivera 

se dirije al Durazno 

Pensó la Asamblea general haber satisfecho 
por de pronto las exijencias de Rivera con incor- 

Corar al ejército su tropas, y el Poder-ejecutivo se 
izo la ilusión de que, habiendo ordenado á aquel 
caudillo que permaneciese sobre la frontera del 
Norte, quedaban por lo ménos alejados los peli- 
gros. Sin embargo, Rivera estaba distante de 



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M3 BOSQUEJO HISTÓRICO 1829 

corresponder á tales esperanzas. Había llegado al 
Cuareim para principios de Enero, había nombra- 
do comandantes militares por su cuenta y riesgo, 
destinado algunos destacamentos á cuidar el ga- 
nado y mantener el órden en el numeroso pueblo 
que traía, y se había puesto en viaje para el Du- 
razno dejando todo aquello bajo el mando superior 
é interino de su hermano D. Bernabé. 

El día 11 estriba en el Arapev, mal impresiona- 
do por la falta de buenos caballos, que le impedía 
acelerar su marcha, y por la noticia de que las fa- 
milias se le desbandaban y de que sus oficiales se 
ocupaban en pasar gruesas cantidades de ganados 
al Entre-ríos y Corrientes para venderlos por 
cuenta propia, y de que numerosos particulares se 
dirijían de todas partes con miras de entrar en 
negocios con los indios; de todo lo cual infería que. 
su gran botín había de quedar reducido a la nada 
dentro de poco. Por evitar que de esta manera se 
malvaratasen tantos millares de ganado y que se 
dispersaran las familias, mandó á Bernabé que 
hiciera recorrer por partidas de soldados los pasos 
del Arapey con la órden de que no dejasen pasar 
ninguna tropa sin pasaporte del Jefe superior; que 
mandase otros destacamentos á los pasos del 
Uruguay con igual órden; que prohibiese á las 
familias el pasar sin permiso competente al occi- 
dente del Uruguay ó al Sud del Arapey; y que 
destinase una partida a recoger los ganados dis- 
persos que hubiesen quedado entre el Yuquerí y 
el Catalán. 

El día 12 estaba en el ítapebí grande. Dispuso 
desde allí que el coronel Gaspar Tacuavé hiciera 
campar las tropas y las familias en la barra del 
Guabiyú hasta que se le ordenase otra cosa. El 
13, ya en el Dayman, tuvo nuevos motivos de que- 
jas. Calderón, que había quedado de jefe militar 



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1829 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 443 

do Belén, se había dado á hacer pasar miles de 
reses al otro lado del Uruguay con miras de for- 
marse una estancia, lo que quiere decir que no 
solo se habían constituido en ladrones de lo ro- 
bado los oficiales de segundo v tercer orden, si- 
no también los encargados de impedir esos ro- 
bos. 

Si algo podía disculpar esto, dada la moral 
sui generis de aquellas gentes, es que Calderón 
no era exclusivo, sino que, al satisfacerse á sí pro- 
pio, protejía también eficazmente á cuantos que- 
rían imitarle. 

CCCXLVIH — Rivera protesta üdelidad á las autoridades 

Pocos días después llegaba Rivera al Durazno 
con sorpresa de todos los que le creían en el 
Cuareim. La Asamblea, que no había querido 
ocuparse de la moción hecha el 5 de Enero por 
Lapido para que se declarase al héroe de las Mi- 
siones «libre de las imputaciones de traidor y en 
« pleno goce de los privilegios y prerogativas 
« anexas á un buen ciudadano )>, se apresuró á 
ratificar, aunque simulando no hacerlo, su decla- 
ración del 30 de Diciembre en que se le reputaba 
digno y benemérito general, á cuyo acto contestó 
el que lo motivaba (i. ° de Febrero) protestando 
que se veía «colmado de la satisfacción que por 
« algún tiempo se vió privado » y (fue prestaba su 
« obediencia y respeto » á las autoridades consti- 
tuidas. 

CCCXIíIX — toa partidos en la Asamblea y el Pode r-cje cutí vo 

Desde este momento la lucha de los bandos po- 
líticos se hizo más activa y se dirijió principalmen- 
te A colocar en el poder á los caudillos rivales. La 
tenacidad de esa lucha y las alternativas que expe- 
rimentó en su curso, no pueden explicarse razo- 



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444 BOSQUEJO HISTÓRICO 1829 

nablemente sino por la composición de los centros 
oficiales en que las fuerzas antagónicas se desa- 
rrollaban. 

El Gobernador se había distinguido siempre por 
su moderación y deseo de ser im parcial; pero sus 
simpatías lo inclinaban más á favor de Rivera que 
de Lavalleja, probablemente porque, reconociendo 
los grandes defectos de uno y otro, veía en el pri- 
mero condiciones de inteligencia superiores á las 
del segundo, y, quizás, también le supuso inclina- 
ciones instintivas más liberales, que no eran sino 
una faz engañosa de la misma relajación moral de 
sus sentimientos y de sus hábitos, pues el que 
practica y consiente la licencia más ilimitada, deja 
nacer muchas veces por falta de austeridad moral 
lo que otros permitirían por respeto á la libertad 
ajena. De ahí que, no obstante el cuidado que 
tuviera Rondeau en no parecer desfavorable al 
círculo de Lavalleja, buscara siempre el medio 
de no comprometer la posición del otro círculo, 
cuyo triunfo definitivo era el que más había de 
satisfacerle. 

La Asamblea general, por otro lado, no conta- 
ba en su seno una mayoría capaz de asegurar 
ventajas permanentes á ninguno de los dos cau- 
dillos. Estaban representados en ella los intere- 
ses de Lavalleja y de Rivera; es posible que éste 
tuviera más partidarios que aquel; pero además 
de esos dos círculos había otros que se llamaban 
unitario, federal, neutral, cuyo interés no estaba 
encarnado en Lavalleja, ni en Rivera, y cuyo voto 
podía venir á favorecer accidentalmente tan pron- 
to al uno como al otro, según fueran las conexio- 
nes que surgieran de los giros variados é impre- 
vistos de la lucha de los dos bandos personales. El 
triunfo de estos en la Asamblea dependía déla co- 
munidad de intereses que consiguieran estable- 



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1829 DE LA RKPL'BUCA O. DEL URUGUAY 445 

cer con la mayoría de los elementos que les eran 
extraños. 

CCCIi — Rivera asciende á lo* primero* puestos de la 

administración 

La posición personal del Gobernador favoreció 
sin duda que á los pocos días de haberse tras- 
ladado el Gobierno á la Aguada, viniese Rivera á 
ocupar la jefatura del estado mayor general (21 
de Febrero), hecho que no podía parecer indiferen- 
te á los «lavallejistas» y que influyó en la falta de 
franqueza con que el pueblo tomó parte en los 
festejos con que se celebró la traslación de las 
primeras autoridades á Montevideo (1. ° de Mayo) 
á los pocos días de ver desocupada esta plaza- por 
las últimas fuerzas brasileñas, y en la renuncia 
ue simultáneamente elevaron más tarde (26 y 27 
e Agosto) los ministros del Gobernador. Este 
llamó en seguida al E. M. G. á Lavalleja, (dia 28); 
pero para confiar á Rivera pocos días después (16 
de Septiembre) los ministerios de gobierno, gue- 
rra y relaciones exteriores. 

CCCtl — T,availeja reemplaza á Rivera en el ministerio, y 

cae á su vez 

No era menester que influyera en estos hechos 
como causa eficiente única la voluntad del Gober- 
nador. Dada la venida de Rivera y las fuerzas y 
los elementos de opinión que tenía á su servicio, 
era inevitable la serie de sus exijencias y muy difí- 
cil resistirlas con éxito. Pero si la fatalidad tenía 
su participación en estos sucesos, también la tenía 
en los efectos que producían en el ánimo de los 
adversarios. Lavalleja y los suyos no se confor- 
maban con ser pospuestos; á cada paso que diese 
Rivera hacia la cumbre del poder, recibiría nuevas 
excitaciones su pasión, y había de llegar forzosa- 



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446 B0SQCEJ0 HISTÓRICO 1S30 

mente el momento en que los dos bandos trataran 
de asegurar su prepotencia exclusiva por medio 
de las armas. Así fué que, si bien ocupó Lavalleja 
el puesto de Rivera desde el 18 de Enero de 1830, 
tuvo que resignarse con que éste saliera á campa- 
ña con el empleo de comandante general, con que 
organizara en ella sus fuerzas y vigorizara el po- 
der que más tarde había de servirle de apoyo, 
y con que su política sufriera en el seno mismo 
del gabinete la oposición inteligente de Lucas 
Obes (ministro de hacienda). Pensóse que se 
daría un rudo golpe suprimiendo las comandan- 
cias militares (9 de Febrero), y esta medida hizo 
difícil su permanencia en el gobierno y le obligó 
a renunciar las carteras que servía, para ser reem- 
plazado por ministros riveristas como Ellauri, 
Laguna y Pereira, (4, 9 y 12 de Marzo) cuya ele- 
vación acabó de exasperar á su partido y de in- 
disponerlo con Rondeau. 

CCCI.ÍI — I,a Asamblea se revoluciona contra el Poder-ejecuti- 
vo y eleva á Lavalleja á la gobernación 

Como la fracción de la Asamblea con que te- 
nía más afinidades era la llamada unitaria, se 
unió con ella en el propósito de librar una cam- 
paña parlamentaria contra Rondeau y contra 
Rivera. No se hizo esperar la ocasión. El Go- 
bierno resolvió á mediados de Abril que saliera 
á campaña la mitad de uno de los batallones que 
estaban acuartelados en la Capital. Las fracciones 
coligadas, que componían la mayoría de la Asam- 
blea, se opusieron á la ejecución de la orden, 
temerosas de que esa fuerza de línea saliera á 
servir las miras visiblemente revolucionarias de 
Rivera; reclamó el Gobernador contra esta arro- 
gación de facultades ejecutivas, renunciando á la 
vez el y sus ministros condicionalmcnte para el 



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1830 DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY 447 

caso en que la Asamblea no rectificas*; su con- 
ducta; pero la Asamblea aceptó de plano en se- 
sión extraordinaria la renuncia, como si fuera 
incondicional é indeclinable, y nombró en el acto 
al general Lavalleja para que inmediatamente se 
hiciera cargo del poder con carácter interino (17 
de Abril). Sorprendidos por tal proceder Rondeau 

Íj sus ministros, que no se habían apercibido de 
os designios de la mayoría parlamentaria, quisie- 
ron reaccionar alegando que no podía aceptarse 
una renuncia condicional antes que la condición 
se hubiese cumplido, y protestando por la vio- 
lencia con que se les arrancaba un poder que en- 
tendían deber conservar hasta la constitución de- 
finitiva del Gobierno; pero la Asamblea declaró 
sediciosa y anárquica esa protesta y le opuso la 
confirmación de Lavalleja en el poder ejecutivo 
(18 y 25 de Abril). 

CCCIiHI — Guerra civil 

El nuevo gobernador compuso el ministerio con 
personas adictas á su persona (Giró, Ignacio 
Oribe, Román de Acha). Rondeau se retiró á 
Buenos-aires. Rivera asumió una actitud franca- 
mente rebelde á la Asamblea y el Poder-ejecu- 
tivo, tomando por pretexto la caida inopinada de 
Rondeau, promovió en los pueblos de campaña 
manifestaciones públicas contra la Asamblea y 
contra la Capital; destituyó funcionarios y los 
reemplazó por otros; se apoderó de los dineros 
que halló en las cajas departamentales, procla- 
mó ante sus soldados la desobediencia á los Po- 
deres residentes en Montevideo, y dió principio 
á la guerra civil hostilizando algunas fuerzas fie- 
les al gobierno. 

La Asamblea se preparó á la resistencia acor- 
dando facultades extraordinarias á Lavalleja (30 



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448 BOSQUEJO HISTÓRICO 1839 

de Abril) y éste, en su virtud, decretó la crea- 
ción de nuevas fuerzas, prohibió que se obede- 
ciesen órdenes de Rivera, suspendió la libertad de 
imprenta, destituyó al rebelde de todos los em- 
pleos que ejercía, disolvió los cuerpos militares 
que no le inspiraban confianza y por fin salió á 
campaña delegando sus facultades en los minis- 
tros (5 de Junio). 

CC CUV — Eos caudillos transijea 

Estos sucesos verdaderamente escandalosos, 
constituían ya el caso previsto en el artículo 10 
de la Convención de 1828, y obligaban á la Re- 
pública-argentina y al Brasil A intervenir para 
restablecer la tranquilidad, aunque la disposi- 
ción de sus gobiernos fuera la de apurar antes 
los medios persuasivos. Se hicieron gestiones pa- 
cíficas por hombres de Buenos-aires y de Mon- 
tevideo ante los caudillos rivales, v tuvieron tan 
buen resultado, que se pactó la paz el 16 de Ju- 
nio, obligándose Rivera A acatar las autoridades 
existentes hasta la definitiva constitución de los 
poderes, y el Gobierno á mantener á Rivera en 
la comandancia general de armas, á no ejercer 
contra el acto ninguno de hostilidad y á propo- 
ner á la Asamblea que conservase al general Ron- 
deau el sueldo de gobernador y capitán general 
mientras no se nombrara el presidente de la Re- 
pública, y A permitirle que volviera al país con el 
grado de' brigadier general que antes se le había 
reconocido. 

CCCtV — Se Jura la Constitución 

Entre tanto, los Comisarios del Brasil v de la 
República-argentina habían examinado en Río 
Janeiro la constitución aprobada por la Asam- 
blea y declarado que no contenía artículo nin- 



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1830 DE LA REPÚBLICA O. DEL URUGUAY 449 

guno opuesto á la seguridad de los Estados que 
ellos representaban, y que podía ser jurada in- 
mediatamente y ejecutada en la forma preserip- 
ta en la misma constitución (26 de Mayo). 

En consecuencia, mandó la Asamblea que las 
autoridades y pueblos la juraran el 18 de Julio, 
decretó su propia disolución para el día siguien- 
te al señalado para el juramento, y estos actos 
solemnes tuvieron lugar en los días indicados 
con fiestas á que concurrieron todas las clases 
del pueblo, aunque limitando sus expansiones 
patrióticas por la dolorosa impresión que habían 
dejado en su ánimo los sucesos que acababan de 
pasar, y por las ambiciones ardientes ó los temo- 
res que hacían augurar nuevos y cercanos desór- 
denes, dolores y vergüenzas. 



FIN 



* 



29 



ADVERTENCIA 



Al leer algunos de los pliegos después de impresos, se han notado esto> 



Se dice en la nota de la página 123 que «un ciudadano oriental que llego 

« a" presidirla Asamblea en su país,» debiendo decir: « un ciudadano oriental. 
hermano de otro que Hegó » etc. 

En la página 271, continuación de la nota que empieza en la página ante- 
rior, se dice que la cañada de los Ruices está situada «en el oxtremo superior 
« de una entrada que hace el Uruguay, entre la punta do Chaparro y el arro- 
■ yo Sauce », debiendo decir que está situada «algunas cuadras más al Norte 
« que la punta de Chaparra » . 



errores : 




■ r 




INDICE 



pág 

La tercera edición 5 

LIBRO PRIMERO 

LA D0I1NAC10R ESPAÑOLA 

CAPÍTULO 1 

LA CONQUISTA ESPAÑOLA 

I Descubrimiento dol territorio oriental. . . 2 

II Trabajos de Gaboto 8 

III Trabajos de Mendoza 9 

IV Elección v trabajos de lrala . ID 

ai . * 



V Ad minist ración ti c Caluma do Vaca . . .. ZLL> 



VI Desórdenes. Nuevos trabajos de lrala . . 11 

VII Mas desúrdenos. ( iobiernó do Versara' . . 13 
VIH (.Hibierno do Cácoros y do ürti/ do Zarate. 13 

IX Gobierno interino de Caray. . . . . . . . 15 

X Trabajos de Torres Navarrctc y de Torres 

de Vera y Aragón . . . 10 

XI Extensión del Paraguay en 1591 . . . , ,. 17 

XI 1 Gobierno de Hernando Arias de Saavnrira 1T 

CAPÍTULO II 

LAS CONQUISTAS BRASILEÑAS 

XIII División dol Gobierno del Paraguay ... 19 

\IV ünlnnnmrffll Hraail. . . ... Sí 

XV El territorio oriental dol Uruguay y los 
Panlistas . . . . . 20 

XVI Primera invasión de las autoridades brasi- 

leñas 21 

XV I I Tratado de paz y limites . 23 

XVI II Reivindicación de la Colonia ¿1 

XIX Restitución de la Colonia. Usurpaciones 
del Brasil. : • ~ 21 

XX Fundación y progresos de Montevideo. . 2íj 

XXI Comercio y progresos deja Colonia . . . 27 

XXII Invasiones brasileñas en tiempo de Salcedo 28 



>y Google 



ÍNDICK 

Páff. 

XXIH Primeras industrias. Los indígenas ... 29 

X\l v Tratado de sobre limites. ..... . IFI 

XXV Sub-gobicrno político y militar de Monto» 

video. Guerra guaraiiriea . 31 
XXVI Anulación del tratado de 175). Mala fé de 

Portugal 33 

XX Vil Caín paila do Ce bal los .... 33 

XXVIII Portugal inutiliza las victorias de Coballos 35 

XXIX Inútiles esfuerzos de Vertiz y Salcedo. . . 36 

XXX Vireinato do ¿Sucnos-aircs. Su extensión. 37 

XXXI Aumenta de íu-rza militar 38 

XXX11 Segunda eamjgafla de Cohollos 38 

XX XI 11 Tratado de limites de 1777 3<> 

XXXIV Ceballos favorece el comercio 40 

XXXV listado de la industria oriental 41 

XXXVI Proyectos administrativos. Progreso de 

IVfon te video 42 

XXXVIT División administrativa del vi minuto. . . 43 
XXXVIII Represión de inmoralidades administrati - 
vas 14 

XXXIX Invasiones brasileñas 45 



CAPITULO III 

LAS CONQUISTAS INGLESAS 

XL Sobrernon te en el gobierno de Montevideo. 46 

XL1 Guerra entre Inglaterra y España .... 47 
XLIÍ Primera invasión de Buenos-aires por los 

ingleses 7 47 

XLIII Preparativos para la reconquista. .... is 
XL1V Reconquista de Buenos-aires. Auxilios de 

Montevideo 41) 

XLV Primer acto revolucionariode Buenos-aires 5t) 

XLVI Manifestaciones democráticas 50 

XLVII Los ingleses invaden la Banda-oriental por 

Maldonado . 51 

XLVII I Marchan los ingleses hacia Montevideo. 

Combate sangriento 51 

XLIX Desastro del 20 de Enero. 53 

L Espíritu de la plaza después del desastre . 54 

Ll Desórdenes en la plaza situada 55 







50 


LUI Actitud de Buenos-aires . . 




56 


LIV Primera expedición auxiliar 


. Actitud del 




Cabildo de Montevideo. . 




57 


LV Segunda expedición auxiliar. 


Conducta del 








58 



I 

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ÍNDICE 453 

p&g. 

LVI Asalto y toma do Montevideo. ..... 58 

LVII Conducta posterior de los ingleses en Moñ^ 

tpvidoo. ~T. 60 

LVIII Trabajos complementarios de la conquista 61 
L1X Buenos-aires prepara su delcnsa. . . . . 61 
l.X K\ 1 pueblo impone la deposición del Virey. i>¿ 
1X1 Se intenta reconquistar la Uolonia .... 63 
LXI1 Los ingleses reciben fuerzas. Segunda in - 
vasión de Buenos-aires ~. 63 

LXIII Nombramiento do Vi rey. Acción del Mise - 
rere 64 

LXIV Desaliento de los jefes de linea 65 

I, XV Energía del sentimiento popular 6o 

LXV1 Ataque y defensa de buenos-aires .... 66 
T.XVU Rcsuíup'Ius cío la victoria 67 



LIBRO SEGUNDO 

LA REVOLUCION 

CAPÍTULO I 

LUCHA CON EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO I>K BUEXOS-AIRES 

LXVIII Tendencias de los criollos y los españoles 

pn el Plata ff) 

LXIX Proposiciones y amenazas de Portugal . . 70 

~ LXX Sucesos políticos de la Península. . . . . 71 

LXX1 Cuatro pretendientes al gobierno monHF 1 ~ 

quico del Plata • • • P~ 

LXXL1 Snlnrmn <!<■ las rivalidades T.i 

LXXHj Intrigas gup ahondan la división entre crio- 
llos y españoles • . ♦ • . • ^ 71 

LXXIV Ello y el Cabildo de Montevideo se lcVan - — 

tan contra el Jefe do los criollos . . ~. 74 
LXXV Los españoles siguen el movimiento en 

Pnenns-nirps 75 

T.XXVI Los americanos triunfan * * ' .* ¿2 

I.XXVTI Conducta do. la Junta suprema de Sevilla. 77 
LXXVIII El viroy Cisnoros cedo ala influencia crio - 

Un I 'ihorhirl r\n comercio . . 77 

LXXIX El americanismo de Buenos-aires se difun - 
de fin el Vi remato . . 78 

T.XXX La reacción triunfa en el alto Perú. Efecto 

que el hecho produce en Buenos-aires 79 

LXXXI Disolución de la Junta suprema de Sevilla. 80 
LXXX11 Propósitos rovolucinarios del pueblo el 20 

~de Mayo. ■ §j 

LXXXI1I Trabajos revolucionarios en los diasZA y 2¿ 62 



nir 



xJ by Gtíogle 



4 ÍNDICE 

LXXXIV Esfuerzos revolucionarios y contrarcvolu . 

cionarios del 23 y 24. ... . . 83 

LXX XV Triunfa la revolución americana el '4o de 

Mayo . . _ . 81 

LXXXVI Primeros trabajos de la Junta revolucio - 
naria 83 

LXXXVII Primeras resistencias 85 

LXXXVIII El pueblo y las autoridades de Montevideo 

se oponen á la actitud de Buenos-aires . 86 
LXXXIX Pa~sb diplomático de Montevideo. Declara » 

"" clones de Buenos-aires 88 

XC Montevideo declara la guerra a Buenos- 
aires 89 

CAPÍTULO U 

triunfo LOCAL ni' LA wKVOi.irriox 

XCI La camparía oriental se adhiere á la causa 

argentina. Artigas. .......... 89 

XCII Belgrano organiza los trabajos insurrcc ~ 

eionales. 7 91 

XCI 1 1 Prim e ros triunfos de La revo lución en l a 

campaña oriental . . 91 

XCIV PrTñu»r sitio de Montevideo ( .Y.i 

XCV Montevideo y Buenos-aires pactan una 

tregua ................ 94 

XCVI Solevanta el sitio. Conducta de Artigas. . 95 
XÜYll Hechos á <|uc dió motivo la conducta de 

Artigas . . . . . . ... ... . . . . 95 

XCVIII Continúa la guerra con Españoles y Por- 

tugueses ............... 97 

XCIX Buenos-aires hace la paz con los portu- 
gueses ................ 98 

C Campo del Ayuy. Artigas y Sarratea. . i 99 
CI Buenos-aires propone á Montevideo bases 

de arreglo 101 

CU Perplegidad del Gobierno argentino . . . 102 
CIII Se emprende la guerra. Segundo sitio de 

Montevideo. Acción del Cerrito .... 103 
CIV Hostilidades de Artigas contra el ejército 

patriota .• 103 

CV Motín militar contra Sarratea y otros je- 
fes. Artigas se incorpora álos sitiadores 104 
CVI Cambios de gobierno. Asamblea nacional 

~ de 1813 r~rr 105 

CVII Artigas y la diputación de Abril á la Asam- 
blea nacional 106 

CVIII Artigas y el Congreso elector de Diciembre 109 



ÍNDICE 455 

Pá«. 

CIX La Junta de electores delibera oponiéndose 

a Artigas . . . . * ; . . . . 112 

CX Artigas pretende imponerse ú la Junta 

electora ~ 113 

CXI Artigas deserta del ejército sitiador. . . . 116 
CXI] Gravedad ge la actitud de Artiga.-. .... 117 
CXI II Artigas conspira contra la organización 

nacional . 118 

CX.IV El Directorio. Declara traidor á Artigas. . 119 
CXY Kl Directorio organiza el gobierno de Mon - 

teyidoo. Hechos de guerra. . . . . ~. 120 
CXVI Combato naval en las a^uas de Montevideo 121 
CXVU Inteligencias do los sitiados con los arti- 

~~ guistas. Rendición de Montevideo . . . 122 
CXVII1 Alvear es denunciado como desleal. . . . 12 1 

LIBRO TERCERO 

LA ANARQUIA 

CAPÍTULO I 

I.A AUTOCRACIA nF. ARTlfiAS F.V I.A PROVINCIA— ORIENTA F. 

CXIX Alvear derrota á Otorgués. El Directorio 

» nombra gobernador do Montevideo. . . 125 
CX X El Directorio trata de pa/. con Artigas . . 12(1 
CXXI Artigas signo insurreccionando las provin - 
cias del litoral. Guerra contra Artigas 127 
CXXIÍ La"s tropas de Buenos-aires abandonan la 

Banda-oriental . . ." 129 

CXXI II Primer gobierno artiguista. . , 130 

CAPÍTULO II 

LA AUTOCRACIA DE ARTICAS F.N LAS PROVINCIAS LITORALES 



CXXIV Artigas disputa ¿ las autoridades argenti - 
nas el dominio de las provincias litorales 131 
CXXy Artigas en Santa-fé . . . . . . . . . . . 1TT3 

CXXV1 Sublevación contra Alvear en Kontczuclas. 131 
CXXVII Sublevación de Buenos-aires. Nuevo go - 
bierno . . 135 

CXXVIII Relaciones del nuevo gobierno con Artigas. 136 
CXXIX Actos de Otorgués, del Cabildo y de Arti- 

gas ... ..... ... . ./.T 7T. 138 

CXXX Necesidades de la situación. Proyectos del 

Directorio. . . 13f> 



CXXXI El gobierno argentino propone la indepen- 



Din 



456 ÍNDICE 

dcncia de la Banda-oriental. Artigas la 

rechaza VAS 

CXXXII Nuevas tentativas do avenimiento con Ar - 
tigas . . . 143 

CXXX111 El Directorio llama á todos los pueblos á~ 
congregarse en Tucuman. Artigas los 11a - 
iii;i a Pay-yandú. ........ . .~. 144 

CXXXIV El Directorio abre campaña en las provin - 
cias litorales 144 

CXXXV Actitud de Artigas. 145 

C XX X V i Cómo gobernó Otorgues 

( ■XXXVI 1 Cómo reprimía Artigas los abusos. . . . ♦ j-l' j 
CXXXV111 Como se regularizó el servicio económico. H7 
CXXX1X Cómo pensaba Artigas del pueblo y do ios 

funcionarios públicos . . . . • » • -~ 147 
CXL Cómo gobernaba Artigas las provincias cu 

que dominaba. 148 

LIBRO CUARTO 

LA D0IÜUCI0K EXTRANJERA 

CAPÍTULO I 

LA INVASION PORTUGUESA % 

CXL] Situación de Artigas á principios do 1816. 

Se prepara a la guerra con los portugue- 
ses 151 

CXLII Portugal se prepara para invadir. . . . . 152 
CXL111 f racasa el congreso de Pay-saudú. Se reú - 
ne el de Tti'iimah. Artigas se niega a que 
concurran a él las provincia.-, litorales. . 154 
CXIJV .Vi.md ti- Pncnos-airos auto la invasión — 
portuguesa. Disposiciones de Artigas . 154 
CXLV Plan de campaña de Artigas. Su contianza 

en ol i'-xito 150 

CXLVI Pucyrrcdon. Lontitnd de Rivera. Marcha. 

3g Articas. T 157 

CXLVI I Plan de la invasión portuguesa. ..... 137 

C\L\lll ,M;u v lia d e 1 . ccor . l i ain l la do li ulia- n m erl n. 1 "58 
CXLIX Marcha do Silveira y su incorporación á 

Lecor . 158 

CL Derrota do los artiguistas en las Misiones 

y en el brasil ............. 159 

CLI Los intereses americanos y la independen - 

cía de la líauda-orirntaF . ........ lfíü 

CLII El Directorio provoca la unión para repe - 
ler a los invasores ..... 1f>2 



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ÍNDICE 157 

Pág. 

CLHI Misión dol coronel Vodia Ka 

CLIV Negociaciones do pacificación interna. . . 163 

CLV Artigas las desaprueba 165 

CLVI Juicio i ai'üi'ca del proceder do Articas. ltió 
CLV! i Curado avau/a. Acciones de Aguapey, de 

~ ~Arapey y del Catalán . . . . . . . . . 166 

CLV1I1 Locor entra en Montevideo 107 

CLIX El Cabildo pide la anexión de la Provincia 

al Brasil. 108 

CLX Las guerrillas sitiadoras de Rivera. . . . 171 
CL.X1 Las guerrillas paisanas que servían á Lc- 

cor 171 

CLX1I Excursiones de los sitiados \ 172 

CLX1II Deserción de Bauza, Lapido, Oribe y otros 173 
CLX IV Política argentina con relación al Brasil. 17;» 
CLXV Artigas ante las primeras manifestaciones 

~ de su desprestigio. . . . 177 

CLXVI Organización política de los Portugueses 

en Montevideo. . . . . 180 

CLXVII Actos vandálicos de los riograndeses. . . 181 
CLX V II 1 Desocupación dol Hervidero y de Pay-sandú 1 S:¿ 
CLXIX Triunfos de Curado en Kutre-rios '. . . . LS3 

CLXX Triunfos do Curado en Pay-sandú .... 181 

CLXXI Situación desgraciada de' Artigas en las 

, pi<)\ i nr-ia- litorales. •••••••••• *S ,r> 

CLXXII El Cabildo cede territorios á Portugal. JNuc - 

vos limites. ............ 187 

CLXXÍII El Cabildo se encarga de hacer someter á 

"pueblos y caudillos .......... 189 

CLXXIV Artigas, nuevamente derrotado, huye á Co - 
rrí (MI tes . . 191 

CLXXV Artigas, perseguido por Ramírez, se refu - 
gia c n el P a ra g u a y 1 93 

CAPÍTULO 11 

i 

ARTIGAS 

CLXXV1 Retrato do Artigas. . . . 195 

CLXX Vil Medio en que se formó Artigas. . . . . 196 
CLXXy ill Elemento popular de que se sirvió Artigas 199 
CLXX1X Conducta de la clase social que acaudilló 

" Artigas 200 

CLXXX Influjo de Artigas cu la conduela do las 

montoneras 2 0 2 

CLXXXI Artigas y la civilización del Río de la Plata. 204 

CL.W.Vll Artigas y la forma de gobierno 2(X; 

rLXXXlll Artigas y la forma desoborauia 207 

ULXXX1V Artigas y la organización federal 209 



n¡nit¡7Prl hv C¡ 



J6oglc 



458 ÍNDICE 

Páe. 



CLXXXV Artigas y la independencia de la Banda- 

o r io i) tal 213 

CLXXXy i Propósitos fundamentales de Artigas. . . 210 
CLXXXVII Aricas y la independencia del hio de la 

Plata 218 

('XXX XV III Artigas y la dominación portuguesa. . . 220 

CLXXXIX Artigas y el caudillaje . . . 221 

CX.C Artigas ante su posteridad 222 

CAPÍTULO III 

LA ANEXION AL REINO-UNIDO 

CXCI Conducta política de Lecor. . . . . . . . 224 

CXÜD Folitica dé don Juan VI con relaciónala 

Provincia-oriental 22;> 

CXCIII Se convoca al pueblo para que resuelva 

"" acerca de su independencia . . . . . . 229 

CXCIV Congreso do 1821. Decreta la anexión al 

Reino-unido. 230 

CXCV Condiciones de la anexión 231 

CXCVI Se jura el pacto de incorporación 232 

C'XCV II I ndependencia del Brasil J&tt 

CXCV111 Disturbios que la independencia del Brasil 

ocasiona en Montevideo 23"> 

CXCIX Disposiciones de D. Pedro I y de las cortes 

dé Lisboa respecto del Kstado-cisplatino . 236 

' CAPÍTULO IV 

LA ANEXION AL BRASIL 

CC Oposición de portugueses y brasileños en 

Montevideo 237 

CCI El pueblo de Montevideo se decide por la 
" "reincorporación á Buenos-aires, Nego - 
ciaciones con el Gobierno-argentino 7 . 23S 
CCH Trabajos del Cabildo entre los anexionis- 

tas al Brasil. . 7~. 241 

CCIII Actitud del brigadier da Costa ante las pro- 
posiciones do Buenos-aires. . . . .•• 212 
CCIV Las fuerzas de campana se deciden por la 

" "anexión al Brasil . T 243 

CCV Aprestos militares en Montevideo y en la 

campana ............... 245 

CCVI La diplomacia argentina apoya la causa de 

Montevideo 24G 

CCVH Se declara solemnemente la reincorpora - 

cion á las Provincias-unidas . ..... 249 



nir 



ÍNDICE 459 

Pág. 

CC VI II Capitulación do Montevideo ... ♦ ♦ . • 251 
~~ CC1X Gestión diplomática contiada á don Valen - 

~tTn Gome/ 252 

CCX Juramento de la Constitución imperial. . 25-'> 
CCXI Disposiciones principales de la constitu - 

~ Cion jurada .' ... . . . • • "• 255 

CCXII Organización administrativa. Ej Cabildo in - 
tenta apartarse de la constitución jurada. 258 
CCXI1I Causas que motivaron la incorporación de 

la Provincia al imperto ... . . . . . 251) 

CCXIV Como pensaban los orientales emigrados 

de la anexión al Brasil 2<>1 

CCXV Cómo pensaba el pueblo argentino. . . . 262 
CÜXV'I Situación de la República -argentina. . . 2G4 
CCXV II ('orno pensaba el Gobierno-argentino . . 2<i0 

LIBRO qUINTO 

LA REINCORPORACION A LAS PROVINCIAS-UNIDAS 

CAPÍTULO I 

LA REVOLUCION PROVINCIAL 

CCXVIII Compromiso de revolucionar la Banda- 
oriental 26? 

CCXIX Trabajos preparatorios de la iuvasion. . . 268 
(JCXX Invasión de la (Jisplatina por los Treintai- " 

tres. 2fi9 

CCXXI Primera victoria y proclama de Lavallcja. 272 
CCXXI 1 Movimientos militares de Rivera y otros 

~ jetes imperialistas . . . . . . . . . . 274 

CCXXIII Prisión del brigadier D. Fructuoso Ri - 
vera 1 275 

CCXX1V Rivera se comprometo á servir á la revolu - 
ción 27i\ 

CCXXV Plan de insurrección general. Sitio de 

Montevideo ~ 27X 

CCXXVI Medidas defensivas déla Plaza situada. . 279 
CCXXVII Complicidad de las autoridades y del pue - 

" blo de Buenos-aires 281 

CCXXVIII Comunicaciones de Lavalleja con Buenos- 
aires y su Gobierno 283 

CCXXI X Decreto contra el pillaje . . ...... ."~?ST 

CCXXX Se constituye el primer gobierno revolucio - 
n ario. S e s o 1 1 c i t a 1 a re i n c o r p o ra c i o ñ~á 

to las Provincias-unidas 285 

CCXXXI La opinión pública de Buenos-aires clama 

POT la guerra 287 



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460 ÍNDICE 

Pág. 

CCXXXI1 Los particulares emprenden el corso . . . 289 
CCXXX111 Proycctaso una escuadra. Asonada contra 

t.»l cónsul brasileño 290 

CCXXXIV Reclamaciones diplomáticas . . . . . . . 291 

CCXXXV Hostilidades populares á la marina impe - 

rinl ' . : . 203 

CCXXXVI Actitud de la prensa exaltada con motivo 

de la diputación oriental . . . . . . . .. 295 

CCXXXVII Actitud del Congreso. Plan de la opinión 

~~~~¿~ - . - . . . "ür 

CCXXXV III Hechos con que la autoridad argentina se « 

prepara á proclamarla incorporación de 1 
T~1Wim-m.m-i,m1:il. . . . T 299 

CAPÍTULO II 

■fl LA REINCORPORACION 

-A^CCXXXIX Hechos con que la revolución concurre al 

~iiii.sifio1iii. St' declara solemnemente la 
reincorporación á las Provincias -unidas 301 
CCXL La Asamblea ~~j incial ~~a leyes const ~~ 

tntivas y envía diputados al Congreso ♦ 

argentino 303 

Cf'XI.l ( '< >n¿|>i r.-teion cent ra-roy< 1 nejonaria. ■ • • 3Ü-1 
( 'CXI. 11 Arciput',-, parciales. Combaic iIl-1 Rincón 

Ao HnnHn . - - ~ 3Qfi 

CCXLIII Acción del Sarandí 308 

CCXL1V Actitud del Gobierno argerrtino para con el 
imperial á la llegada de los diputados 

ñrinntnips - - - -~~ 310- 

('(."XI . V Protección del Gobierno argentino á los 
oriol ilales Man i Testación popular con 
motivo do la victoria del Sarándi . . ,~7 311 
CCXLVj El Congreso admite la reincorporación de 

la Provincia-ori* nfal . . . 313 

CCXLVII Se comunica el decreto del Congreso al 

Gobierno brasileño 314 

CCXLVIII Manifestaciones de la Provincia-oriental 

con motivo de su reincorporación ... 314 f 

CAPÍTULO III 

EL LITIGIO INTERNACIONAL 

CCXLIX El Brasil declara la guerra a las Provincias 

unidas . 31 G 

CCL Al terminar el afio veinticinco 317 

CCLI Preliminares de la guerra ' . . . 318 , 



» .i 



» 



V 



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